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viernes, 20 de junio de 2014

Ellos me lo dijeron

–Hazlo.
–Venga, hazlo.
–¿Por qué dudas?
–Que lo hagas.
–¡Hazlo!
–¡No! –grité, pero aquellas voces se clavaban en mi cabeza, cada vez más profundas, más insistentes.
–¿Por qué no?
–Es lo que siempre has querido.
–Siempre te quejabas de ello.
–Y venga a aguantarte.
–La misma cháchara cada día.
–Hazlo.
–Cumple con tu palabra y hazlo.
–¡No quiero!
–¡Qué lo hagas!
Caí de rodillas, las lágrimas nublaron mi vista y no pude hacer otra cosa que mirar a esa multitud de figuras difuminadas que se encontraban a mi alrededor.
Sus bocas seguían moviéndose, persistentes. Me tapé los oídos, pero ahí seguía su voz. ¿Por qué no me dejaban en paz? Ni siquiera me permitían pensar con claridad. Cualquier pensamiento que cruzase por mi mente era cortado por un “¡Hazlo!” cada vez más estridente.
Golpeé el suelo con los puños.
–¡Basta!
Silencio.
Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos, como si se tomasen aquel gesto como un desafío, como una falta de respeto. Y arrugaron lo que parecía ser su nariz mientras levantaban su labio superior, mostrando sus dientes de forma amenazadora según silbaban un agudo y desquiciante pitido.
Un inesperado temblor invadió mi cuerpo y me incorporé de un salto. Miré hacia todos lados, pero estaba rodeada por aquellas borrosas siluetas en mitad de una nada blanquecina.
–¡Fuera! ¡Largo! –volví a gritar y cerré los ojos para empezar a sacudir los brazos de un lado a otro en un vano intento de que dejasen de aproximarse-. ¡Dejadme!
Sonó un grito ahogado y luego otra vez silencio.
Una gota cayó en mi mejilla. Abrí los párpados y el pánico invadió mis pupilas. Caminé hacia atrás pero caí al suelo al tropezar con un taburete de la cocina.
Notaba mis manos pringosas. Las extendí frente a mí y vi que estaban manchadas de rojo. Un chillido escapó de mi garganta y perdí la conciencia.

Apunté la última palabra con la estilográfica y levanté la vista del bloc de notas. Miré a la muchacha que se encontraba frente a mí y entrecerré los ojos, dubitativo.
–Supongo que esto es todo por ahora.
–¿Puedo irme a casa?
–Lo siento –negué con la cabeza–, pero me temo que no.
–Dijeron que cuando acabase de explicarle lo sucedido podría irme a casa…
–Acaba de confesar un asesinato, señorita Anderson.
–¡Ellos me dijeron que lo abriese en canal! ¡Yo no quería!
–Ellos –remarqué la palabra con cierto retintín– son producto de su imaginación, señorita. Usted llamó a la policía alegando que alguien se había llevado a su marido y la encontraron en la cocina cubierta con su sangre, como demostraron las pruebas de ADN posteriormente, y aferrada a un cuchillo. –Me coloqué bien las gafas y crucé los dedos de las manos, apoyándolas sobre la mesa metálica de la sala de interrogatorios. “¿De verdad es necesario llamar a un psicólogo para determinar que una persona está claramente mal de la cabeza?”, pensé antes de proseguir tras soltar un sonoro resoplido–. No había nadie más allí, señorita. Y en caso de que así fuera, ¿qué iban a hacer Ellos con el cadáver de su marido?
–¡Se lo acabo de decir! –Golpeó la mesa con los puños. Parecía tenerlos apretados a más no poder, pero por alguna extraña razón ignoraba el dolor. Si es que de verdad lo sentía–. ¡Querían hacerle una disección o algo así!
–Y según sus palabras, aprovecharon que siempre se quejaba de que no era atento con usted y demás aspectos cotidianos que le desagradaban para comerle la cabeza y hacer que colaborase, ¿cierto?
La joven de rizos rubios asintió. Yo volví a soplar por mi boca entreabierta. Necesitaba un cigarro.
–¿No cree que quizá su mente ha buscado crearle una fantasía para así justificar el asesinato de su cónyuge?
–¿¡Y el cuerpo!? ¿¡Qué ha pasado con él!?
–Tiene herramientas en el garaje. Y la excusa de que son para el huerto –torcí el morro– no es muy fiable, la verdad.
–¡Pero si mi marido me sacaba dos cabezas! ¿¡Acaso es idiota o qué!? ¿¡Cómo pretende que yo hiciera eso!?
La chica hablaba atropelladamente y se había levantado de la silla. Parecía amenazante. Tragué saliva mientras aquellos labios, rojos como la sangre que todavía manchaba su vestido verde, seguían gritándome. Intenté decirle que se calmase, pero fue inútil.
Una palma, que sangraba por unos cortes que parecían producidos por las uñas de sus propios dedos, se levantó de pronto y yo hice un gesto para llamar a seguridad. Pero ambas manos fueron directas a su cara, que rompió en llanto. “Inestabilidad emocional”, pensé de inmediato y rodé los ojos.
Uno de los policías entró y rodeó a la muchacha con sus brazos de una forma aparentemente afectuosa pero con la suficiente fuerza como para tenerla bien sujeta. El segundo se acercó cuando estuvo seguro del asunto y le colocó lentamente las esposas para poder llevársela con su compañero a pesar de que siguiera balbuceando y tachándome de incrédulo e inepto.
 Exhalé e inspiré poco a poco para recuperar la compostura y me sequé el sudor de la frente.
–Aliens… –murmuré según tanteaba mi chaqueta para buscar la cajetilla de tabaco tras revisar las notas tomadas– Menudo disparate.

sábado, 31 de mayo de 2014

Bestia

Abres los ojos tras unos segundos de estar y no estar, clavas los dedos en la húmeda tierra llena de suciedad y te pones a gatas, escupiendo sangre al suelo. Pero una patada en el estómago te hace rodar y te tira otra vez. La boca te sabe a mugre y hierro y percibes que quien te ha estado golpeando se acerca. Ladeas la cabeza, mirándolo de reojo, y percibes en la comisura de sus labios una sonrisa triunfal. Esa sonrisa que da por hecho que alcanzará la victoria pase lo que pase.
–Los de vuestra calaña deberían estar muertos –escuchas antes de girarte y notar un pisotón en tu pecho que te corta súbitamente el aliento.
Vuestros ojos se cruzan. Los suyos tienen seguridad y pena, decepcionados por esta actuación. Los tuyos tienen miedo, e impotencia.
Por favor…, suplicas en tu mente mientras miras al cielo nocturno bañado en nubarrones. Por favor…, insistes según notas el viento acariciando tu cabeza ensangrentada. “¡Por favor!”, gritas exasperado, exigiendo con una voz quebrada. Y al fin logras ver esa luz que tanto ansiabas que brillase en la bóveda celeste mientras tu contrincante se agacha para cogerte del cabello y escupirte en la cara según desenfunda una daga.
Tú pataleas, como si intentases zafarte. Y gruñes, mostrando que en realidad no es eso lo que pretendes. Él se aparta de golpe y te observa, confuso, para luego alzar la vista al firmamento. Su mirada está alterada, no se había fijado en que la persecución había durado más de lo previsto, en que la cacería se alargó debido a su soberbia. Esa arrogancia que fue la encargada de que ahora se horrorizase mientras veía cómo el cuerpo delgado, casi esquelético, del hombre que había derrumbado hacía rato, se iba incorporando según aumentaba su tamaño y crujían sus huesos. Adquiriendo una atroz corpulencia, propia de una bestia.
El montero lanza su daga, clavándotela en la espalda, pero apenas notas el dolor a pesar de que un pequeño hilo de sangre negra a la luz de las estrellas tiña tu oscuro pelaje. Y ya erguido sobre tus dos patas, giras la cabeza para olfatear el olor del cazador hecho presa.
Tus húmedos colmillos, asomándose bajo el hocico, se muestran en lo que parece una siniestra sonrisa, pero ambos sabéis que no estás riendo. Eres un animal. Un animal herido, acorralado y hambriento. Dotado además de intelecto y resentimiento.
Tu nueva caza se da la vuelta, queriendo huir como tú hiciste desde buena mañana, pero él no tiene la misma suerte; la áurea mirada, antes celeste, que reluce por tu apetito, se ha clavado en su espalda. Justamente como, segundos después, hicieron tus garras mientras un grito gutural rompía el silencio del bosque antes de ser acallado por un aullido.
Lo giras de un zarpazo y las uñas se clavan en su carne poco a poco. Pero él ya no grita, aprieta los dientes y siente cómo los ojos le estallarán en cualquier momento según la respiración se le hace dificultosa, exponiendo todo su cuello al brillo lunar. Tentando con esa primera vista de su palpitante y sudorosa yugular.

Y vuestras miradas se cruzan de nuevo. La suya está llena de miedo, e impotencia, turbada por esta actuación. La tuya de seguridad y pena, junto al resplandor de una rabia expuesta.

domingo, 18 de mayo de 2014

Más allá

—Más allá de toda muralla y toda ciudad. Más allá de toda casa construida en pueblos y villas. Más allá de toda obra humana. Mucho más allá, todavía se puede observar aquello que al hombre tanto fascina pero a su vez aterra.
¿Y qué hay más allá, en aquellas tierras lejanas de parajes vírgenes e inexplorados donde el verde abunda? ¿Qué hay más allá, en aquellas altas montañas de picos nevados dotadas de profundas cavernas que se adentran en el corazón de la tierra? ¿Qué hay más allá, en aquellos oscuros bosques donde la luz del día no es capaz de alcanzar la superficie debido a que viven bajo una constante noche de nubes? ¿Qué hay mucho más allá, donde la vista nos engaña? Quién sabe lo que hay en ese lugar. Quién sabe siquiera qué secretos y tesoros puede aguardar. Pues raramente alguien retorna y, cuando lo hace, nada quiere contar. ¿Miedo? ¿Recelo? ¿Ciego, mudo, sordo o todo al mismo tiempo? Quién sabe, pero si no fuera porque su lengua sigue intacta, cualquiera afirmaría que ha sido cortada.
Muchos se preguntarán qué debe haber en ese territorio ignoto, inhabitado… ¡Oh, inhabitado no! Pues que no haya hombre viviendo sobre esas regiones no implica que no pueda haber otra criatura. Pero claro, ¿quién sabe exactamente lo que reside? ¿Los ancianos, los viejos, los sabios, los eruditos…? ¿Los guerreros, los soldados, los renegados, los milicianos…? ¿Los campesinos, los pueblerinos, los reyes, los soberanos…? ¿Tal vez los magos? ¿O, por una ocasión, los afortunados son los cuentacuentos? Pues, ¿quién habrá visto más mundo que un propio vagabundo? ¿Y qué son los propios cuenteros más allá que extraños y solitarios viajeros?
Por hermosos y horribles paisajes he transitado. Bajo tormentas y diluvios he caminado. En desiertos de arena, tierra y fango he andado. Y debéis saber que, solamente con el valor de mi cuerpo, a los elementos me he enfrentado. Observando a bellas y preciosas criaturas y a otras más espantosas que, en múltiples ocasiones, tuve que evadir para estar ahora mismo aquí.
Pues… ¡Cuernos, dientes y garras! Todos dispuestos para acabar con mi savia en un preciso instante. Pero también sabiduría y monstruosa comprensión, que ni los más cultos jamás abarcaron. Filosofías ocultas que nosotros no entenderíamos al estar escritas en viejas runas. Artes oscuras que en buenos escondrijos se camuflan. Y armas de leyendas que perduran a la espera de aquel valeroso o valerosa que sea lo suficientemente noble para llegar a empuñarlas algún día y así blandir todo su poderío (¿quizá tú serás a quien han elegido?).
Pero ciertamente, todo esto son meros cuentos. Crónicas, relatos, narrados, escritos enterrados y otros de desvelados. ¿Y eso los hace falsos? Oh, ¡para nada! Pues, como en toda mentira, en cada historia hay algo de verdadero. Esperando para ser descubierto.

lunes, 5 de mayo de 2014

Quiero...

Quiero perderme en la negrura, explorar la noche cerrada y sin estrellas que tus pupilas albergan. Escudriñar todos los secretos guardados en ellas, repasando poco a poco los brillantes colores que las rodean. Y, así, conocer al fin aquellas palabras exactas que jamás fueron pronunciadas.
Quiero extraviarme en las curvas, deambular por esos parajes inexplorados que perfila tu silueta nocturna. Tantear con cautelosos dedos aquel terreno, acariciando su suave superficie que tienta a mis besos. Y, de esta manera, hallar la firmeza recíproca de tu aquiescencia.
Quiero despistarme en las señales, vagar errante en un efímero presente que, suspirante, iza mi velaje. Navegar entre susurros soplidos por la brisa de tu hálito, procurando arriar en cada puerto formado por imperceptibles y fugaces vocablos. Y, de esta forma, abordar cada riqueza etérea escondida en tu esencia.
Pero lo que más quiero, lo que más anhelo después de todo eso, es encontrarme en el cálido afecto de tus brazos apasionados. Repasar con las manos nuestros cuerpos mundanos, trazando caminos nuevos hacia cada recoveco antes de indagar con los labios inquietos. Y sentir el palpitar del erotismo creciente en nuestros seres, expresando su deleite con jadeos y gimoteos ascendentes, tornándose gozosos gemidos vehementes y ardientes que buscan provocar ese último orgasmo descollante.

miércoles, 30 de abril de 2014

Brillo

Y si el tiempo pudiera detenerse ahora, en esta oscura noche de negro cielo, mis dedos recorrerían eternamente esa espalda de tenue brillo, con ligeras caricias que simularían susurros al oído. Murmullos que recordaría tu mente cuando el reloj retomase su labor, haciendo desaparecer mi presencia de tu habitación y quedando únicamente en ese difuso y apenas perceptible recuerdo. Como el escalofrío que erizó el vello de tu cuerpo.
Y si el tiempo se hubiera detenido, quizá ahora acariciarías inconscientemente una de tus mejillas, arrugada por una leve y desconocida sonrisa. Repasando con tus yemas el mismo lugar donde mis labios se posaron antes de marchar, despidiéndose prometiendo volver siempre que el tiempo volviera a suspenderse.
Pero el tiempo no se detiene. Y me mantiene a raya, observante. Entreabriéndome una puerta en la oscuridad para permitir que vea tu fina luz grisácea, creciendo y disminuyendo como el fuego de una vela, pero yendo acorde a una respiración suave y serena. Rodeada de disimuladas chispas que mueren y resurgen como suspiros, perdidos en ese lejano y extraño vacío pensativo. Incitando a detenerse y contemplar a escondidas, admirando aquel sutil fulgor que tu delicada esencia exterioriza. 

sábado, 26 de abril de 2014

Acompáñame

Acompáñame, ven conmigo, sin decir nada, sólo agarrando mi palma y siguiendo mis pisadas. Déjame guiarte, lentamente, por aquellos caminos inexplorados, extraños, desconocidos por todos. Incluso por mí mismo debido a su constante cambio. Yendo así por esos oscuros bosques de secretos vetustos que brillan tenuemente bajo nuestros pies, embarrados de incógnitas. Esperando ser resueltas en nuestras cabezas, donde vivirán ocultas en nuestras miradas. Comprendidas solamente por nosotros cuando éstas sean cruzadas.
Acompáñame, en silencio, solamente sujetando mis dedos y siguiendo mis pasos. Exploremos aquellas maravillas secretas. Las mismas que se encuentran cubiertas para no ser advertidas por ojos inexpertos, ojos que no saben apreciar su real belleza. Pero que, pese a ello, se encuentran descubiertas frente a cualquiera. Desnudas pero difusas. Como aquello que se esconde delante de quien no quiere que le observe, viendo así cómo solamente aquel que realmente le quiere puede verle.
Acompáñame, silente, únicamente rozando mis yemas y siguiendo mis huellas. Permite que te lleve a todos esos lugares que jamás imaginaste más allá de las letras. Consiente que mi presencia esté cerca, abrazándote sin tocarte, para así mostrarte lo que mi mente contempla. Hablándote con gestos y ojeadas, sin usar palabras. Y así, al fin, quedar maravillada con aquellas discretas confidencias, compartidas contigo para grabarlas en tu silueta como disimuladas memorias. Recuerdos únicos que evoquen cuando nuestras manos nuevamente se crucen.

jueves, 17 de abril de 2014

Laberinto

Caminas lentamente por la oscuridad, sin saber qué te aguardará ésta. Tus pasos son firmes pero inseguros, quieres descubrir qué esconde pero al mismo tiempo te aterra. Y solamente vas armado con una antorcha que ilumina sin fuego.
Repasas cada pasillo, cada rincón, teniendo la sensación de que das vueltas en círculo sin llegar a ningún lado. Sin descubrir nada. Y la frustración, el desasosiego y la inquietud aumentan. Notando así cómo las tinieblas se ciernen poco a poco sobre ti, acariciando tu hombro y posándose sobre él para aferrarse en una caricia apenas percibida. Pero que ha clavado sus garras en tu carne, haciendo que vayas dejando un rastro de sangre. El cual, pausadamente, se bebe.
Tus fuerzas menguan según avanzas. El cansancio se incrementa y tu cuerpo y mente flaquean. Viendo sombras donde no hay nada más que negrura. Contemplando siluetas en esa tenebrosa nebulosidad. Formas irreales que imagina tu pensamiento, creadas a partir de tu demacrado intelecto. Quien lucha consigo mismo para no cejar.
Y la lobreguez se intensifica según liba tus gotas rojizas. Envolviendo tu endeble ser según observa su fragilidad con una invisible sonrisa, atestada de agudos dientes. Esperando el momento adecuado para hincar sus negros colmillos y devorarte. Fundiéndote con ella y haciéndote desaparecer, para siempre.

viernes, 11 de abril de 2014

Como un juego de luces y sombras

Como un juego de luces y sombras que se entremezclan, mostrando dos cuerpos que se funden en caricias y besos proyectados en un tapiz tenuemente iluminado. Delicado, como aquella mano que trepa humilde por el tierno estómago que acaricia con su palma, alcanzado ese pecho que encaja poco a poco entre sus dedos según unos labios recorren la erizada piel de unos muslos temblorosamente desnudos.
Suspiros tenues de placer que se pierden continuamente entre ellos, uno tras otro, convirtiéndose en vagos pero preciosos recuerdos sonoros. Preciosos como aquel bello rostro de ojos luminosamente entrecerrados que, pudorosos, observan aquel que la sulfura con ternuras. Notando su cuerpo subir de temperatura y viendo cómo, sus dedos, instintivos, van a su cabello y hombros, apretándolo contra su intimidad para dejar de suspirar y empezar a jadear.
Ligeras gotas rojizas asoman de su labio mordido por la vergüenza, ansiosa por engullir los cohibidos gemidos que tiene retenidos en su interior pese a haberse fugado alguno al pronunciar, involuntaria, su nombre cuando notaba una húmeda calidez frotarla suave. Produciéndole ligeros escalofríos de placentera embriaguez.
Su rubor crece, sonrojándose, cuando sus miradas son cruzadas otra vez, clavándose y perdiéndose mutuamente en sus pupilas brillantes. Cuyo encuentro se interrumpe al apartarse. A pesar de que los dos, de reojo, siguen mirándose.
Y la pasión puede. Y gana el placer. Él trepa con su boca hasta sus pechos y luego hacia sus labios, fundiéndose ambos mientras los dedos perfilan los cuerpos, repasando ambas siluetas en la oscuridad. Delimitando sus formas y dando pie a imaginar, a fantasear, a desear. Según los dientes, firmes pero vacilantes, buscan tímidos morder la bulliciosa carne. Desahogando ese exaltado y raudo gimoteo, convertido en resoplido y apetito. Expresando así, con ese sonido, el deleite que la fruición ha conseguido. 

viernes, 4 de abril de 2014

Susurro nocturno

Dos siluetas, tendidas sobre la fresca hierba, húmeda por algunas gotas de rocío que empiezan a posarse encima de ella. Un pequeño mantel a un lado, de fina tela a cuadros rojos y blancos; apenas perceptibles bajo la escasa luz de la luna y las estrellas.
Dos manos, encajadas la una con la otra, sintiéndose como dos piezas de un puzle al fin unidas. Pero con las miradas de sus dueños perdidas, extraviadas en la infinidad del firmamento.
Un reflejo, visto de soslayo, provoca que los ojos de él contemplen el blanquecino rostro de la joven, iluminada con los rayos lunares, los cuales provocan que su mirada centellee. Más incluso que el propio lago que a su mismo lado se extiende.
Se le acerca, tímidamente, mientras la muchacha aún fascinada, pareciendo por el cielo hechizada, no se percata de cómo él, lentamente, aproxima ambos semblantes. Hasta que finalmente, ella, como si de vuelta a la tierra cayera, mira a su lado izquierdo, donde el rapazuelo.
Un ligero rubor se asoma en su faz, pero no se aparta, no lo empuja, sólo cierra su mirada. Esperando que el puzle de sus manos ocurra con sus labios. Disfrutando del encaje, del tímido ajuste en forma de beso que hace que se deje caer suavemente en el lienzo. Apegándose, el uno al otro. Concordando cada parte según aumenta el contacto. Sin dudar, directo. Pero lentamente, disfrutando del juego. Hasta que ella abre los ojos y suspira, observando arriba. Y él, en un susurro, hace que vuelva a cerrar los párpados y goce. Disfrutando de aquel sutil momento alejado de todo, cubiertos bajo el manto de luceros.

Nota: Éste es un texto escrito a mitades de 2013, aunque contiene algunos ligeros retoques para que quede más pulido. Por esta razón quizá se noten algunas diferencias con los relatos más actuales.

domingo, 30 de marzo de 2014

Páginas hambrientas

Abrir las páginas en blanco, observándote impasibles. Notar su frialdad esperando ser caldeada y alimentada con esas emociones que brotan de tu ser, transmitidas a través de negra tinta que fluye como tu misma sangre, manchando hojas y hojas con bellas letras que se comunican entre ellas, formando imágenes y sensaciones que van más allá de aquellos folios insensibles, hambrientos de vocablos.
Sentir un desorden mental, un caos de ideas que luchan entre ellas dentro de tu cabeza. Alterándote por querer dominar esa situación, esa batalla perdida con antelación, ese ajetreo que, si cobrase forma propia, fuera de tu mente, le agarrarías de las muñecas para ponerla contra la pared y acabar besándola mientras sus piernas rodean tu cintura para tirarte al catre, colocándose encima y siendo esa acumulación de pensamientos quien se pusiera dominante, desvistiéndote y mostrando tu evidente desnudez. Exponiendo tus miedos y anhelos. Exhibiéndote ante sus lujuriosos ojos, ansiosos de tus términos. Cogiéndolos uno a uno y liquidándolos, comiéndoselos como quien abre una caja de bombones y tira aquellos que no le gustan para zamparse sin piedad el resto, delante de un atormentado hambriento.
Forcejeas en una desesperada esperanza que se afana en dirigir aquel ente providente del todo y la nada, de la negra oscuridad que todo alberga y nada muestra. Queriendo ser tú esa vela que ilumina y disipa sus tinieblas, cogiendo palabras e ideas como quien revisa una vieja biblioteca.
Pero te golpea, te empuja, te ahoga y te folla. Agarrando tus manos para ponerlas en su cintura, intentándote distraerte en ese placer literario de escupir sin esculpir. Y es cuando finges el orgasmo, cuando engañas a ese amasijo abstracto, cuando le dices haber terminado, que lo tiras a un lado y tú te pones encima. Pero no lo maltratas, no le haces daño a pesar de que él te haya dejado desgarrado, sangrando caracteres rojamente entintados. Vocablos de lascivia contenida que fueron liberados de manera impulsivamente impúdica.
No, no le hieres. Incluso dejas que sus uñas, rabiosas, se claven en tu espalda para acercar vuestras caras, turbias y borrosas, que parecen desvanecerse. Quedando anónimas de nombre, pero conocidas de efigies. Amantes insoportables que se odian a muerte pese a necesitarse, tolerándose en contadas ocasiones aunque se disputen siempre el puesto dominante. Haciendo el amor a fuego lento, cociendo todo con suaves y cautelosos movimientos, vigilando que el resultado sea preciso y hermoso, procurando dejar apartada la vulgaridad, ocultándola nuevamente en la oscuridad. En ese pozo sin fondo repleto de monstruos famélicos, insaciables y roñosos. Atentos a todo con sus ojos peligrosos.
Y suspiras, jadeas y ambos gemís. Rodeándoos mutuamente con vuestros brazos, ciñéndoos hasta fundiros de nuevo para volver a ser un único ente de cuerpo y mente tras haber arrancado parte de vuestra esencia y plasmarla en aquellas páginas, ahora satisfechas.

domingo, 23 de marzo de 2014

Un mundo sordo de entendimiento

¿Cuál fue la gota que colmó el vaso? ¿Cuál fue la primera lágrima que cayó de las nubes? ¿Qué trueno fue el que rugió de rabia, enfadado consigo mismo por no poder alcanzar al rayo? ¿Qué luz destelló mostrando ese breve momento de felicidad en una sonrisa rota por el llanto del cielo? ¿Cuándo empezaron a derrumbarse esos castillos inquebrantables que surcaban una bóveda celeste oscurecida? ¿Cuál? ¿Cuáles fueron? ¿Y cuándo ocurrió todo eso?
Lágrimas dulces caían, precipitándose al vacío esperando su muerte al colisionar contra aquello que las fragmentaría, dividiéndolas para juntarse con pedazos de otras, incompatibles, condenadas a buscar eternamente sus porciones perdidas, extraviadas en un olvidadizo recuerdo de un tiempo lejano ya abandonado.
Ronroneos ocultos en lenguas antiguas rompían la melodía de las lágrimas, imponiéndose ante esas míseras gotas de importancia subestimada por el desconocimiento de su origen mustiamente salado, gritando en aullidos oscuros de significado incomprendido. Bramando con fuerza al ser oídos pero no escuchados. Esmerándose en ese intento inútil de comprensión en un mundo sordo de entendimiento.
Centelleos invisibles refulgían parpadeantes, dando toques en un vano propósito de atención. Procurando alzar los ojos de la tierra al cielo, pretendiendo que dejasen de mirar al suelo, lleno de cadáveres y silencio sufrimiento que resonaba como cráneos huecos. Alumbrando con su luz rostros desconocidos y errantes, vagabundos en un paraje proclamado como suyo a pesar de no saber realmente qué les tiene oculto. Buscando entre esas caras una única mirada, aquella detenida, aquella que no camina. Aquella que observa silente todo lo que sucede, contemplando uno por uno los transeúntes del presente. Una mirada vacía y llena, de tristeza risueña y alegría melancólica, que habla sin palabras pese a no decir nada. Pues debe ser interpretada.
Y, mientras todos ululan sus miserias, ese tempestuoso y errabundo fulgor sigue buscando en el alboroto, cruzando torbellinos de gracia desdichada reflejada en deteriorados cristales de vasos rotos por el tiempo. Temiendo al descarrío y al encadenamiento en ese absorbente remolino.

jueves, 20 de marzo de 2014

Musa onírica

"Últimamente sueño con ella.
Y sueño y anhelo se mezcla.
Deseando tenerla cerca,
cumpliendo esas fantasías oníricas
repletas de delicadeza."


Alargar la mano en el vacío oscuro de la ficción somnolienta, buscando aferrar aquella que a lo lejos centellea, tirar de ella para acercarla a mi presencia y perderme en la inmensa negrura que las pupilas de su intensa mirada expresan, notando una fría calidez que acerca nuestros cuerpos, desnudos, a través de suaves e innatas ternuras que transmiten melancólica satisfacción ansiosa.
Besar nuestros cuerpos como si cada roce fuera el último. Acariciar con la yema de los dedos su piel como quien toca porcelana, temiendo que esa ilusión desaparezca, rompiéndose en mil pedazos y dejándome solo en mitad de las tinieblas que rodean la solitaria cama, insomne en ese sombrío desierto de gélidas sábanas. Muertas como lienzos olvidados por los pinceles.
Notar sus brazos rodeando mi torso, acariciando mi espalda para atraerme hacia ella mientras mis palmas recorren su silueta como quien palpa seda. Cerrando los ojos al sentir sus labios, susurrantes, contra los míos, suspirantes. Fundiéndose poco a poco, descansando juntos en ese abrazo despojado de ropa y realidad.
Entreabrir ligeramente los párpados y observar sobre mí sus ojos clavados en mi rostro, curiosos y satisfechos, para separarse lentamente con su fina elegancia, acariciando mi mejilla para tranquilizarme, indicándome que no es ninguna despedida. Y contemplo los primeros rayos del alba despuntando a través de sus tirabuzones, que se desprenden de mis dedos, levemente enredados en ellos. Se inclina y sonríe, murmurando en mi oído que duerma y descanse. Que cuando caiga la noche volverá, acompañándome de nuevo hasta la próxima madrugada.

viernes, 7 de marzo de 2014

Acordes de sudor

Lento movimiento de dedos, acompasados y perfectamente coordinados, yendo uno detrás de otro como quien toca una pieza en el piano, acariciando las teclas una por una, deslizando la yema de los dedos por ellas, con el roce necesario para provocar que la melodía, procedente de sus entrañas, se escape suave. Delicada y tiernamente, como la carne de blanco marfil que tiembla nerviosa, impaciente por ser tomada con esa sensualidad armoniosa.
Vello erizado en la piel, sintiendo distintas tonalidades invadiendo tus oídos para incitarte, provocarte a continuar ese placentero baile pasional, esa contienda anímica que deseas que nunca tenga final. Procurando alargarla hasta la eternidad, hasta el fin de los días, donde el cielo se rompa y caigan las estrellas del placer, sintiendo el desaparecer y gozando con todo ello, unánime. Conforme al absoluto decaer, correspondiendo a ese trance cercano a la muerte.
Punzadas, dentelladas y sudor recorriéndote la tez. Moviendo los hombros cargados para librarte de aquel peso aferrado con sus sanguinolentos dientes. Embistiendo adelante para satisfacerte con la música que sale de sus cuerdas vocales, rotas en aullidos de deleite. Rodeando su figura con tus brazos, estrechándola contra la tuya y apretando con fuerza tus manos, buscando inmortalizar esa continua fruición, como las notas grabadas en tu mente que reviven entre las cuerdas en plena vibración. Esa unión momentánea pero perpetua en el recuerdo, en vuestras cabezas bien secreto. Pues ambos amantes resultáis ser infieles; uno a su duque y otro a su pianoforte.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El océano de la mente

¡Buenas noches, queridos lectores! Sé que no suelo hacer más de una entrada por semana, pero esta es diferente al resto. Hoy os expondré un relato que escribí en el tren (es la segunda vez que escribo en un sitio público) y la verdad es que lo hago con la esperanza de recibir algún comentario acerca del resultado. Pero bueno, aquí os dejo con la lectura, la cual espero que disfrutéis.


Una marea en calma residiendo dentro de un único individuo dejándose llevar por las suaves y tranquilas olas de ésta. Dejándose llevar por el sosiego del recuerdo de la brisa acariciando su suave piel y alborotando ligeramente su pelo. Dejándose llevar por la blanca espuma que se produce en su pensamiento y lo arrastra poco a poco agua adentro, hasta sumergirlo por completo. Hasta zambullirle totalmente en las profundidades abismales de aquel océano.
Y, él, como si se tratase de un cuerpo inerte carente de vida, se deja llevar cual a títere.
Escucha las burbujas de oxígeno, cargadas de existencia y memorias, escaparse de su nariz y no de su cosida y acallada (desde hace años) boca.
Ve como esas transparentes pompas huyen hacia la luz, sin poder hacer nada, pues pese a intentar atraparlas, él se hunde cada vez más. Rozándolas levemente con la yema de sus dedos antes de perderlas para siempre.
Y la oscuridad lo envuelve más y más, quedando sumergido en una noche eterna. Una noche eternamente fría y desprovista de sensaciones, desprovista de sentido.
Notando entonces, en ese preciso instante, cómo se ahoga.
Provocándole desear, desde lo más profundo de su ser, una mano a la que aferrarse con tal de salir de allí y volver a la orilla. Una orilla en la que pueda recobrar el aire que le falta e impregnarlo de nuevos recuerdos.


¿Qué os ha parecido? La verdad es que me gustaría saberlo, por lo que todo comentario (como siempre) será bien recibido. Y ya sabéis que podéis opinar y valorar como veáis más oportuno, además de compartirlo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima! 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuando el corazón sangra

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por una serie de imprevistos (básicamente por la falta de disponibilidad de papel y tinta), este año no he podido entregar relatos en el Salón del Manga (una pena, la verdad). Por lo que bueno, espero que la próxima vez haya más suerte (y yo sea más previsor, también). Así que, por ahora, os dejo con este breve relato (aunque casi podría considerarse microrrelato) que espero que os guste y disfrutéis con su lectura.


Cuando el corazón sangra, sin ninguna herida física de por medio, no son gotas rojizas visibles al ojo humano. Son lágrimas puras, saliendo de sus vasos.
Es una herida, invisible para todo el mundo. Pero más dolorosa que la que cualquier criatura podría ver con sus pupilas.
Es una sensación, indescriptiblemente agonizante. Apoderándose de tu ser, desde el lugar más profundo de tus entrañas. Haciéndose fuerte dentro y volviendo débil a su huésped.
Es una muerte en vida, lenta y agónica, que te reconcome poco a poco con tal de poseerte hasta el último rincón. Por más recóndito que sea.
Y solamente hay un único pensamiento en tu cabeza, preguntándose lo mismo siempre. Preguntándose el porqué, preguntándose por qué tú…


¿Qué os ha parecido? Espero que hayáis entendido el significado y, pese a su corta extensión, haya sido de vuestro agrado (a pesar del amargo sabor de boca que pueda haber dejado). Ya sabéis que podéis comentar aquí abajo sin problemas, además de compartir, valorar y demás.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Como un frasco de cristal

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Cómo va todo? En nada cae el Salón del Manga de Barcelona, ¿os pasaréis por allí? La verdad es que suelo repartir algunos relatos cuando me presento en sitios así y, algunos de ellos, son inéditos (por lo que no los podréis encontrar aquí). Además de que tengo un relato pendiente del Salón del Cómic pasado que debo subir, por lo que seguramente el jueves o el viernes lo cuelgue aquí si no surge ningún imprevisto.
Hoy os traigo un pequeño relato que me pidieron de hacer y me gustó tanto que creí que merecía ser publicado en una entrada. Me lo pidieron por Ask (donde acepto pequeños retos literarios) y querían que escribiera sobre el desamor, así que este es el relato que salió como resultado. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Era perfecta. Su sonrisa, su pelo, su suave piel y sus besos... Era perfecta. Todo su ser, toda ella. Tanto su físico como su carácter. Era la pieza del puzle que faltaba encajar en mi vida, a mi lado. Era perfecta. Como ella sola. Y no había nada que se le equiparase. Ese esplendor, esa capacidad para hacerme sentir lo más pequeño del mundo y al mismo tiempo el más afortunado por ser quien estaba a su lado. Era perfecta...
Pero como bien dije, lo era. Pues lo fue en su momento. Hasta que todo se rompió. Como en un frasco de cristal, cayendo al suelo y despedazándose en mil fragmentos. Todo se desvaneció.
Sus miradas pasaron de ser cálidas a ser más gélidas que el propio hielo. Sus caricias empezaron a brillar por su ausencia. Sus bonitas palabras pasaron a ser dagas clavándose en mi corazón. Cada vez más hondo. Y haciendo que este sangrase en forma de lágrimas contenidas en mi interior, sintiendo un nudo en la garganta que pedía auxilio, volver al pasado, solucionarlo. Pero ese grito siempre salía ahogado. Y parecía que no era escuchado. Ni siquiera interpretado.
Era perfecta, sí. Lo era. Pero las cosas cambiaron de la noche a la mañana. No por mí, pues la quería. Sino por ella, que ya no era la misma.
Y pese a todos mis intentos. Pese a todo el sudor, lágrimas e incluso sangre derramada. Pese a todo el daño físico, emocional y psicológico. Pese a todo el esfuerzo sobrehumano llevado a cabo a través de la ruptura de los límites que aguantaría cualquier ser humano. Pese a todo. A todo eso y más... Fue inútil.
Y un buen día, como bien apareció esa musa encarnada frente a mis ojos, atrapándome en sus delicadas manos de diosa y haciéndome suyo en cuestión de segundos, desapareció. Se fue y me dejó solo. Destrozado. Quitándole sentido a todo, pues ella... Ella era quien se lo había dado.


Bueno, ¿qué tal? ¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 17 de octubre de 2013

Música

¡Buenas noches, queridos lectores! Hoy os traigo un relato dedicado a lo que indica el propio título de la narración y, conociendo que hay un considerable número de músicos que leen mis relatos, espero que el escrito sea de su agrado. Así que no me demoraré más y ya os lo dejo aquí.


Suave caricia en la cabeza, filtrada a través de los oídos, que empapa tu cerebro de pequeñas gotas que van recorriéndolo por cada uno de sus rincones. Despacio, impregnando su sabor incluso en los más recónditos recovecos.
Susurros en un viento que resuena ululando en cuanto cierras los párpados. Una brisa interna que se filtra por todo tu ser, erizándote poco a poco el vello, provocándote sensaciones que sin su empuje jamás creerías sentir.
Experimentando un efecto totalmente nuevo y único según se acompañan y perfilan las notas, una tras de otra.
Escuchas, dejando la mente en blanco, dejando de cavilar. Solamente oyes, percibes y dejas que tu mente se filtre a través de cada sonido, entremezclándose con todos ellos. Sintiéndolos suyos mientras ellos, a la inversa, la cautivan haciéndola soñar cosas completamente extraordinarias y fantásticas. Cosas que en un principio parecían inimaginables.
Un pequeño oleaje se acumula en tu interior y, el cuerpo, incauto e inconsciente, lo estimula oscilándose de una manera casi imperceptible.
El ritmo aumenta, se intensifica, y la negrura de tu cabeza cobra más tonalidades y colores. Más formas y movimientos. Hasta crear un paraje completo alrededor de ti, pues también te dibujas en él.
Avanzas, sintiendo una extraña e inexplicable emoción hacia todo. Recorres cada camino trazado y sin explorar. E investigas más allá de lo que nunca irías si no fuera por esa melodía que suena de fondo en mitad de esa aventura.
Hasta que cesa. Y todo desaparece con ella.
Abres los ojos y encuentras una terrible exaltación dentro de ti por lo vivido, aunque al mismo tiempo también descubres la desilusión por el hecho de haberlo perdido. Y observas al músico con su instrumento, quien ha precisado cada uno de los detalles que has recorrido, a pesar de que aparenta no ser consciente de ello.
Sonríes levemente y te parece que asiente unos momentos antes de que empiece a tocar la pieza nuevamente mientras tú, sintiendo una extraña emoción crecer, cierras de nuevo los ojos para sumergirte otra vez en el mundo que tu mente te ofrece. Pese a saber que no será lo mismo que has vivido anteriormente.
Pero la novedad y lo desconocido te atrae de manera significante.
Haciendo que, aún así, te resulte totalmente excitante.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado o, incluso, se ha dado el caso de que alguien experimente la música de una manera similar a la detallada en la historia? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problemas y toda opinión siempre será bienvenida, además de que si hay alguna duda, se intentará aclarar.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 8 de octubre de 2013

Delicadeza

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Todo bien? Eso espero. Yo en breves empezaré una de las dos escuelas de escritura a las que asistiré este curso, por lo que quizá no se haga seguro que suba los relatos el lunes. Aún así, hoy os traigo un tipo de relato que hacía tiempo que no subía, así que espero que disfrutéis con la lectura que os ofrece.


Unas sábanas blanquecinas tapando dos cuerpos apegados el uno con el otro.
Una cabeza apoyada sobre su pecho, con los ojos cerrados y su boquita entreabierta, respirando lentamente y sintiendo los latidos del corazón de quien momentos antes ha amado. Escuchando como se calman, poco a poco, recuperando un ritmo normal pese a ir siempre acelerado ante su presencia.
Un brazo tras la cabeza de él, haciendo la mano de intermediaria entre ésta y la almohada. Otro brazo rodeando una femenina cintura, colocando su diestra en el desnudo muslo de su acompañante y moviéndola ligeramente para propiciarle suaves caricias por él, yendo de arriba abajo, de su pierna a su barriga y volviendo a descender.
Un suspiro escapándose de ambos labios, de ambos amantes, exhaustos y relajados en ese preciso instante de paz y tranquilidad en el que sólo se escucha el viento ulular fuera, a través de la ventana por la cual entraba la única iluminación de la sala.
Él abre sus ojos y la observa. Sonríe levemente, pues más allá de lo que pueda parecer, le tiene aprecio y estima.
Ella mueve ligeramente su cuello y alza la vista, viendo como la mira. No puede evitar devolverle la sonrisa mientras sus blanquecinas mejillas se ruborizan, embobándose con el cruce de miradas. Perdiéndose los dos en las pupilas del otro.
Un ligero movimiento por parte de ella para ponerse encima, sentándose sobre su pelvis, y dejando al descubierto desde sus pechos hasta su vientre. Para sonreírle picarona, atrevida, juguetona, y descender hacia él.
Unas frentes juntas, permitiendo observar mejor ese lugar que expresa todos los sentimientos y pensamientos sin necesidad de mediar palabras al que hacen llamar ojos, un sitio que poco a poco va siendo cerrando por sus párpados mientras sus labios se acercan despacio, rozándose hasta fundirse en un beso. Un beso oculto tras unos tirabuzones castaños.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas otras más opciones aquí abajo sin ningún tipo de problema. E, incluso, depende cómo creo que quizá llegaré a aceptar encargos, así que si tenéis alguna sugerencia o petición ya sabéis por dónde se puede contactar conmigo (aunque esto es algo que todavía tengo que mirármelo, por lo que no es del todo seguro).

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 23 de septiembre de 2013

La promesa

¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Una caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y expandiéndola por toda ella.
Un suave beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes por pasión, amor y deseo.
Unas suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver a reencontrarse.
Un “te quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.

Recordó cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión. Haciendo que fuera suyo.

Miró al oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le dijo que debía soltarla.
Miró a la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de esas últimas imágenes.

Sintió el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a moverse ligeramente.
Sintió como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez inigualable.

Y vio su cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a reunirse y así cumplir su promesa.


Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 9 de agosto de 2013

Ambarino

¡Buenos días queridos lectores! Espero que estéis pasando bien el verano, como debe ser. Hoy os traigo un tipo de relato que creo que hacía tiempo que no subía. Espero que sea de vuestro agrado y disfrutéis de la lectura.


Sentir tu cálida piel bajo mis labios, como se eriza el vello con mis caricias y tu boquita entreabierta, suspirando.
Besar tus brazos y piernas, tu espalda y rostro, tu fuente de palabras y cerrar los ojos mientras ambos disfrutamos.
Un masaje con fuerza y delicadeza recorriendo tus muslos y provocando que me mires, con incertidumbre y a la vez seguridad. Para acercarme a ti y volverme a besar, mirando mis ojos castaños con los tuyos ambarinos y asintiendo con la cabeza, que siga, que no me retenga, que te haga gozar.
Una mano insegura, tocando donde te hace jadear. Suaves movimientos, agradables e inexplicables sensaciones que nos hace acercarnos, estremecernos y rozar nuestros labios mientras nos miramos con cariño y ternura.
Un jadeo leve y una afirmación con la mirada, indicándome que baje y te bese sobre la fina tela, una fina tela que no tarda en desprenderse para dejar que mis dedos masajeen y jugueteen libremente junto a mi lengua mientras tú gimoteas.
Te llevas mi mano libre a la boca para morderla de placer, temiendo que se te escuche por si gimes demasiado fuerte. Yo sonrío levemente y continúo mientras me aprietas cada vez más hacia ti hasta que no aguantas y, en un último suspiro, tu cuerpo se relaja.


¿Qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo, valorarlo y demás aquí abajo y que todo es bien recibido.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!