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sábado, 2 de julio de 2016

XV

Caricias en una piel muerta que no va a volver, las manos se marchitan como las últimas flores que resistieron la tempestad del invierno. Las hojas caen por unas mejillas pálidas como aquellas plumas de aves extraviadas que alzaron el vuelo y huyeron hace tiempo, las gotas del viento golpearon el silencio y quebrantaron el hueso, hueco de tuétano.
La lluvia no se ha ido, pero tampoco es capaz de mojar. Los truenos persisten en la lejanía, en el eco de una cueva sin final, donde ningún relámpago es capaz de alumbrar, y los ojos confunden la profunda pupila con la realidad.
Una húmeda lágrima roza el oscuro cansancio de una mirada perdida en el abismo de su propio reflejo, en un espejo fragmentado que estalló bajo la presión de unas yemas titubeantes. Vidriosos ojos multiplicados y cristalinas lágrimas que se dividen incrementan la fatiga que allí reside. El suspiro no producido ahoga el gemido en un cuello de cuerdas mustias, incapaces de sonar ante un pensamiento acribillante de voces que chillan mudas, y las manos se cierran en un vano intento de aferrar aquello fugaz, de guardar, por unos instantes, un brillo que se desvanece en sus propias palmas.
El roce de los dedos por un cuerpo extraño pero conocido, envuelto en memoria, no ha sido capaz de soñar la realidad y sus puntas se desgastan. Como el sentimiento que guardan. Gotean sensaciones perdidas en fantasías irreales incapaces de cumplirse y la ilusión se consume en su propio anhelo zozobrante. Ya no hay nada más que caricias incapaces, falsos dedos amantes que luchan por alzarse sin poder moverse, y el murmullo ululante de quien padece temporales más allá de los nubarrones inamovibles.
Las manos despojadas de carne y pétalos caen enterradas bajo el fangoso suelo y, sepultadas por el propio desconsuelo, se tornan olvido en su ahora inherente abatimiento.

domingo, 7 de febrero de 2016

Se desvanece

Perdido en el tiempo de una destructora indiferencia. Aislado en un mundo de libros y letras. Te observo, a lo lejos, partir.
Veo tu sombra apartarse de mi mirada, girar la cabeza entre decidida y asustada, y escucho cómo, en un bello silencio, se parte mi alma. No puedo sostener mi mirada; los ojos caen y las lágrimas me encharcan. ¿Cómo puedo hablar si mi garganta ha sido cortada por unas tajantes y afiladas palabras? ¿Cómo puedo, siquiera, sostener tu presencia si fue creada con simple y vana niebla? Sencillamente, no puedo. Y admitir eso me destroza los dedos, que sangran desde todos sus recovecos. Y busco de nuevo las teclas del recuerdo.
Pues para mí, la belleza reside en el brillo de lo fugaz y una melodía de piano pronta a terminar. Y aquí, como ves, cada vez hay más silenciosa oscuridad. Las estrellas murieron hace ya tiempo, en explosiones de sentimiento, y el cielo se apagó bajo el infinito, aplastado por quimeras impropias de los mitos. Ahora sólo queda el mudo grito de quien escribe, como puede, desgarrándose (y la evidencia de una ausencia implacable). Los pies ya ni siquiera se dignan a levantarse y el agudo suelo se clava en mis carnes; alzo la cabeza en un último intento de verte, pero sólo me queda una mirada triste y un cansancio inagotable, pues tu sombra, a lo lejos, ya se ha vuelto inalcanzable.

martes, 1 de julio de 2014

El hada de cristal

Su delicada y pequeña mano acarició con lentitud la frágil superficie, recorriéndola de arriba abajo. El tacto era frío, su contorno quebradizo y el material translucía. Como si se tratase de una gota de agua, una lágrima perdida en una tierna mejilla.
Las puntas de sus dedos no alcanzaron el final del recorrido; debía agacharse para continuar, pero no se molestó. Ya conocía de sobra aquella figura.
Ladeó levemente su cabeza, rozando con su puntiaguda barbilla la tela azul celeste de su vestido, y admiró con tristeza sus diminutas alas de libélula, que, como siempre, tenían un pequeño centelleo azul que brillaba cuando se movían. Además de dejar un ligero polvo que parecía refulgir mientras caía. Pero sólo se trataba de una mera ilusión; su polvo había acabado por desaparecer con el paso del tiempo y ahora, lo único que veía, era un recuerdo revivido en su cabeza.
Una sonrisa amarga se formó en la comisura de sus pequeños labios. El fulgor de sus alitas se apagaba según pasaban los días. Aunque no tenía miedo, ya no tenía miedo de lo que le pudiera ocurrir. Sabía a la perfección que tarde o temprano llegaría esta fecha y, no sin resignación, se sentía preparada para ello.
Poco a poco, como si estuviera en mitad de un ritual conocido únicamente por ella, se sentó en el suelo y miró al frente. Clavó su ensombrecida mirada en un desconocido horizonte y esperó en silencio. Un silencio en mitad de aquella creciente oscuridad que le hacía divagar entre sus malas memorias.
Malparado el día en que el viento la arrastró a ese lugar dominado por hombres de extrañas actitudes, encontrándose con aquel que la apresaría. Aquel que la apresaría para luego perderla, junto a su vida, en aquella tempestuosa tormenta marítima sin llegar a liberarla antes de la desgracia y, de esta manera, condenándola. Condenándola a hundirse junto al navío en las profundidades de aquel océano olvidado, atrapada en esa pequeña botellita de cristal que apestaba a alcohol barato, hasta que su vida, como su brillo, se apagase en un último hálito.

domingo, 23 de marzo de 2014

Un mundo sordo de entendimiento

¿Cuál fue la gota que colmó el vaso? ¿Cuál fue la primera lágrima que cayó de las nubes? ¿Qué trueno fue el que rugió de rabia, enfadado consigo mismo por no poder alcanzar al rayo? ¿Qué luz destelló mostrando ese breve momento de felicidad en una sonrisa rota por el llanto del cielo? ¿Cuándo empezaron a derrumbarse esos castillos inquebrantables que surcaban una bóveda celeste oscurecida? ¿Cuál? ¿Cuáles fueron? ¿Y cuándo ocurrió todo eso?
Lágrimas dulces caían, precipitándose al vacío esperando su muerte al colisionar contra aquello que las fragmentaría, dividiéndolas para juntarse con pedazos de otras, incompatibles, condenadas a buscar eternamente sus porciones perdidas, extraviadas en un olvidadizo recuerdo de un tiempo lejano ya abandonado.
Ronroneos ocultos en lenguas antiguas rompían la melodía de las lágrimas, imponiéndose ante esas míseras gotas de importancia subestimada por el desconocimiento de su origen mustiamente salado, gritando en aullidos oscuros de significado incomprendido. Bramando con fuerza al ser oídos pero no escuchados. Esmerándose en ese intento inútil de comprensión en un mundo sordo de entendimiento.
Centelleos invisibles refulgían parpadeantes, dando toques en un vano propósito de atención. Procurando alzar los ojos de la tierra al cielo, pretendiendo que dejasen de mirar al suelo, lleno de cadáveres y silencio sufrimiento que resonaba como cráneos huecos. Alumbrando con su luz rostros desconocidos y errantes, vagabundos en un paraje proclamado como suyo a pesar de no saber realmente qué les tiene oculto. Buscando entre esas caras una única mirada, aquella detenida, aquella que no camina. Aquella que observa silente todo lo que sucede, contemplando uno por uno los transeúntes del presente. Una mirada vacía y llena, de tristeza risueña y alegría melancólica, que habla sin palabras pese a no decir nada. Pues debe ser interpretada.
Y, mientras todos ululan sus miserias, ese tempestuoso y errabundo fulgor sigue buscando en el alboroto, cruzando torbellinos de gracia desdichada reflejada en deteriorados cristales de vasos rotos por el tiempo. Temiendo al descarrío y al encadenamiento en ese absorbente remolino.

jueves, 20 de febrero de 2014

Naufragio interno

Como una marea en calma tras la tormenta. Embarcaciones de sensaciones saliendo a flote, indolentes. Náufragos de una desolación emocional que los ha hecho zozobrar, precipitándolos al oscuro fondo de esa mar. Perdiéndose para siempre, ahogándose.
Sobreviven los más fuertes, los más resistentes. Pese a que todo sea escogido por un caprichoso azar. Quien, guerreando contra la fuerza de voluntad, decide a cuáles no salvar. Pues incluso los más arraigados en el interior de su ser, acabaron arriesgándose a desaparecer.
Una bruma de confusión y desorientación. Mezcla de salmuera y atmósfera sin haber ningún punto de unión. Nadando con esfuerzo en ese gélido líquido que conforma el firmamento. Fundado por pequeñas luces de esperanza que brillan a lo lejos. Ajenas de todos esos sentimientos revueltos, tercos y descontentos que se aferran, fatigados, a ese lejano sueño. Imaginando llegar pronto a buen puerto, donde estén seguros y cobijados para despedir a sus viejos compañeros extraviados, a sus antiguos camaradas que ahora surcan los mares de los pasados muertos, formando únicamente parte del recuerdo. Y, pese a lo ocurrido, anhelando reanudar la travesía. Zarpando con una nueva compañía. Volviendo así hacia esa peligrosa mar desconocida, cargada de riquezas vivas que aguardan ser descubiertas… algún día.

viernes, 10 de enero de 2014

Un último trago bajo el puente

¡Buenas noches, queridos lectores! ¿Qué tal el inicio de las clases? ¿Bien? Supongo que habrá quienes sí y quienes no, pero eso como con todo. Hace tiempo que no subo ningún relato dedicado que haya hecho por Twitter y tenía este pendiente que iba para kkornehope por ser la seguidora número 300 en cuanto di las bienvenidas que suelo dar por ahí a los nuevos seguidores. Pero bueno, no os entretengo más y aquí os dejo con el relato que pidió que fuera "El punto de vista más positivo de la persona más desgraciada. O que sería lo mismo, cómo seguir manteniéndose positivo a pesar de la adversidad." (que quizá no lo he logrado de manera completa, pero un servidor lo ha hecho de la manera en que lo ha interpretado).


Quizá ahora estaba solo. Quizá ahora ya no tenía nada. Quizá ahora le miraban con desprecio. Quizá ahora había perdido contacto con todo aquel que llegó a considerar una amistad. Quizá sus hijos no quisieran saber más de él mientras le culpaban de la muerte de su madre, su difunta esposa, que murió en un accidente donde ni él mismo conducía el vehículo. Quizá le echaban las culpas de absolutamente todas las cosas y las pocas palabras que le llegaban, normalmente en forma de carta, no eran las mejores del mundo. ¿Pero qué más daba? ¿Qué importaba ya? ¿Realmente tenía alguna importancia todo eso? ¿De verdad?
Hizo una mueca, torciendo los labios. ¿Pretendían hundirle con todo eso? Bien, ya ocurrió en su día. Ya se sintió culpable de todo. Ya se sintió lo peor del mundo. Ya sintió que quizá lo mejor sería que él fuese quien estuviera muerto en lugar de su mujer, que quizá muerto muchas cosas se solucionarían. Ya sintió que quizá debería intentar recobrar todo lo que había perdido a cualquier precio, incluso humillándose, con tal de que así pudiera rehacer parte de su vida perdida. Ya sintió todo eso y más. ¿Pero qué más daba? ¿Qué importaba ya? ¿Realmente tenía alguna importancia todo eso? ¿De verdad?
Cogió aire y suspiró. A veces hay imprevistos. A veces no siempre todo ocurre según los planes. A veces lo que creemos correcto realmente no es lo correcto y debemos aprender a mirar más allá. A veces debemos expiarnos por todos nuestros actos y ser conscientes de ello para aprender la lección. A veces hay que aprender que lo primero es sentirse bien con uno mismo y luego ya vendrá lo que opinen los demás. A veces hay que asentir y resignarse a escuchar lo que ya se han escuchado mil veces antes, aunque todas esas palabras sean meras mentiras y habladurías que quieren creerse unos individuos inconscientes de lo que realmente dicen. A veces, simplemente, hay que encogerse de hombros. Pues no siempre llueve a gusto de todos.
Río levemente y sonrío. Sí, a veces hay que ignorar lo que nos rodea, pues no siempre lo que se cree como cierto es la verdad. Y lo importante es saber que tú sí posees esa verdad. Sobre todo si es referente a uno mismo. Ignorando lo ajeno, haciendo caso únicamente a lo propio. Y zarandear con la cabeza, en forma de negación, para luego echar una risotada antes de dar el último trago a esa botella de licor desde debajo de aquel sucio puente en el que todos, tarde o temprano, nos encontramos alguna vez antes de levantarnos y emprender un nuevo camino.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Parece cumplir mínimamente los requisitos de la petición? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, compartir y opinar aquí abajo sin ningún tipo de problemas y espero que os haya gustado.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Como un frasco de cristal

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Cómo va todo? En nada cae el Salón del Manga de Barcelona, ¿os pasaréis por allí? La verdad es que suelo repartir algunos relatos cuando me presento en sitios así y, algunos de ellos, son inéditos (por lo que no los podréis encontrar aquí). Además de que tengo un relato pendiente del Salón del Cómic pasado que debo subir, por lo que seguramente el jueves o el viernes lo cuelgue aquí si no surge ningún imprevisto.
Hoy os traigo un pequeño relato que me pidieron de hacer y me gustó tanto que creí que merecía ser publicado en una entrada. Me lo pidieron por Ask (donde acepto pequeños retos literarios) y querían que escribiera sobre el desamor, así que este es el relato que salió como resultado. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Era perfecta. Su sonrisa, su pelo, su suave piel y sus besos... Era perfecta. Todo su ser, toda ella. Tanto su físico como su carácter. Era la pieza del puzle que faltaba encajar en mi vida, a mi lado. Era perfecta. Como ella sola. Y no había nada que se le equiparase. Ese esplendor, esa capacidad para hacerme sentir lo más pequeño del mundo y al mismo tiempo el más afortunado por ser quien estaba a su lado. Era perfecta...
Pero como bien dije, lo era. Pues lo fue en su momento. Hasta que todo se rompió. Como en un frasco de cristal, cayendo al suelo y despedazándose en mil fragmentos. Todo se desvaneció.
Sus miradas pasaron de ser cálidas a ser más gélidas que el propio hielo. Sus caricias empezaron a brillar por su ausencia. Sus bonitas palabras pasaron a ser dagas clavándose en mi corazón. Cada vez más hondo. Y haciendo que este sangrase en forma de lágrimas contenidas en mi interior, sintiendo un nudo en la garganta que pedía auxilio, volver al pasado, solucionarlo. Pero ese grito siempre salía ahogado. Y parecía que no era escuchado. Ni siquiera interpretado.
Era perfecta, sí. Lo era. Pero las cosas cambiaron de la noche a la mañana. No por mí, pues la quería. Sino por ella, que ya no era la misma.
Y pese a todos mis intentos. Pese a todo el sudor, lágrimas e incluso sangre derramada. Pese a todo el daño físico, emocional y psicológico. Pese a todo el esfuerzo sobrehumano llevado a cabo a través de la ruptura de los límites que aguantaría cualquier ser humano. Pese a todo. A todo eso y más... Fue inútil.
Y un buen día, como bien apareció esa musa encarnada frente a mis ojos, atrapándome en sus delicadas manos de diosa y haciéndome suyo en cuestión de segundos, desapareció. Se fue y me dejó solo. Destrozado. Quitándole sentido a todo, pues ella... Ella era quien se lo había dado.


Bueno, ¿qué tal? ¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 26 de mayo de 2013

Pérdida

¡Buenos días, queridos lectores! Como bien dije hoy os traigo una pequeña sorpresa, ya que no es un relato cualquiera, no señor. Esta vez se trata del relato con el que he ganado mi primer concurso literario así que espero que disfrutéis de la lectura tanto como yo.


La miré. Sus ojos seguían resplandecientes. Como siempre.
Acaricié su suave mejilla, pero no se movió. Aparté el pelo de su rostro, colocándolo tras su diminuta oreja, y me pareció ver como una pequeña sonrisa se formaba en la comisura de sus labios. Pero sólo fue una ilusión.
Dijeron que no había ninguna otra solución. Que era lo mejor para la seguridad de todos. Dijeron que si se llevaba a cabo, todos los problemas desaparecerían. Que todo volvería a la normalidad y la felicidad volvería a estar en nuestros corazones.
¿Pero a qué precio? ¿Qué precio debíamos pagar hasta que eso llegara, hasta que las promesas y esperanzas se cumplieran?
Nos dijeron que era lo mejor. Y les creímos.
Desgraciadamente les creímos.
Creímos que la guerra lo solucionaría todo.
Quizá no fue sólo su culpa, quizá también fue la mía, la nuestra, por ayudarles. Por no estar solamente con ellos, sino colaborar también en el proyecto, batallando a su favor. Pero no éramos realmente conscientes de lo que ocurriría.
Sabíamos a lo que nos enfrentábamos, pero no a las consecuencias que eso desencadenaría.
Y aquí estoy, en el enfangado suelo, sosteniendo entre mis débiles brazos lo único que he llegado a amar realmente. Lo único que le daba sentido a estar también a favor de esa decisión.
Porque creí que también la protegería. Pero solamente conseguí exponerla.
Exponerla a un peligro inminente, constante y… mortal.


¿Qué os ha parecido? Bueno, ya sabéis que podéis opinar aquí abajo, compartirlo, etcétera, etcétera. Así que no creo que haga falta dar más vueltas. Y deseo firmemente que os haya gustado el relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 24 de febrero de 2013

Un bar cualquiera - Recordando

¡Buenos días queridos lectores! Como indiqué por Twitter, hoy os subo el siguiente capítulo de Un bar cualquiera, a pesar del poco tiempo que dispongo este fin de semana (aunque seguramente no lograré hacer todo lo que tenía propuesto...), pero bueno, uno hace lo que puede. Además, con esta entrada voy a probar lo de añadir Sangría a todas las entradas sin tenerlo ya que hacer yo manualmente (así que quizá, los párrafos más antiguos que este, los relatos seguramente tendrán una sangría más larga, cosa que me dedicaré a reducir un día que disponga de tiempo).
Bien, no nos desviemos y os haré una pequeña y breve introducción al capítulo: esta vez e intentado que sea más largo que los últimos, es por ello que seguramente vaya a constar con dos partes (para no hacer entradas demasiado extensas), aunque eso no quita que vaya subiendo los capítulos cada dos semanas como dije en su día. Lo siento, pero no adelantaré las cosas, que luego todo son prisas (aunque ya me gustaría a mi poder hacer la serie semanal de verdad...). Pero bueno, os dejo ya con el  capítulo y espero que os guste.


Me levanté del suelo rascándome la nuca, dolorida, y miré a mí alrededor. Todo parecía haberse detenido. En un solo parpadeo toda la estancia quedó en blanco y negro y recordé como James me miraba mientras un enorme cansancio se apoderaba de mi cuerpo, haciéndome perder las fuerzas y desfallecer cayendo al suelo mientras Jack acababa de sacar el extraño aparato de la caja.
Pero yo seguía en esa estancia, me había levantado y Jack estaba aún con las manos dentro de la caja metálica y James todavía me observaba.
-Estás en un recuerdo –dijo una conocida voz a mis espaldas.
Me giré inmediatamente y observé, de nuevo, a Harry. A pesar del poco contacto que había mantenido con él y, que quizá fuera el miembro más desconocido y misterioso para mí, hasta el momento era el único que me había caído realmente bien.
-Ahora mismo tu cuerpo físico, tu verdadero cuerpo, se encuentra en otra habitación. Acompáñame, así lo verás.
No dudé y le seguí, entrando por una puerta tras de él. Pero nada más pasarla volvió a pasar lo de la otra vez: veía desde los ojos de Harry, no los míos. Pues mi cuerpo se encontraba en una silla metálica, atado por los tobillos y las muñecas, además de la frente a esa silla. Pero tenía los ojos cerrados, como si durmiese.
James estaba a mi lado, a punto de ponerme un extraño casco mientras Jack parecía activar la máquina que había encima de la mesa de delante de mi cuerpo. La escena todavía seguía inmóvil, en blanco y negro.
-¿Todavía seguimos en un recuerdo? –mi voz resonó en mi cabeza, pues no fue pronunciada por mis labios.
-Sí. Pero esta vez en uno mío, es por ello que lo ves desde mis ojos. En esta ocasión no hay ningún truquillo de James por en medio como la otra vez.
En el fondo tenía su lógica, pues no podría recordar nada de esto si realmente estaba dormido. Aún así seguía sin saber del todo que ocurría. Harry pareció escucharme los pensamientos, pues de pronto la escena fue desapareciendo hasta volver a estar ambos en un solo sitio. Solo que esta vez era un lugar completamente blanco.
-¿Entonces, tú estás en la sala conmigo?
-Ajá, incluso también llevo en la cabeza el mismo aparato que viste que te estaban poniendo. A mí me dejaron consciente para poder mostrártelo como acabo de hacer –su voz seguía igual de amable que siempre, eso era otra cosa que me gustaba de él-. Además que como yo ya conozco “mi don” no corro riesgo alguno con esta máquina –sonrió-. Es por ello que debo encargarme también de que tú no lo corras.
-Entiendo… Pero, ¿qué es este lugar exactamente?
-Un almacén, podría decirse.
-¿Un almacén? ¿De qué? ¿Para qué…?
-De tus vivencias, por decirlo de alguna manera.
Harry pasó su pulgar derecho por el monóculo, como limpiándolo, y luego lo giró lentamente hacia la izquierda. Una tanda de imágenes empezaron a invadir el lugar, pero no imágenes delante de nosotros sino como si rebobinaran una cinta de vídeo y nosotros nos quedáramos quietos en el mismo lugar. Hasta que al final se detuvo en una escena. La que recordé cuando James hurgó en mi cabeza. Solo que esta vez, en lugar de estar en mi cuerpo de trece años, me veía a mí mismo. Veía a mí yo pasado detenido en el tiempo a escasos metros de distancia.
-¿Qué recordabas en estos momentos, Matt? –Me preguntó mirándome de reojo un instante, luego pareció volver a analizar a mí yo infantil.
-Recordé… –me rasqué la barbilla, haciendo memoria- Recordé el accidente, la mudanza y… todo lo relacionado con el porqué repetí curso. ¿Acaso es importante?
-Puede que sí, puede que no –dio suaves golpecitos en su monóculo, como si estuviera concentrado-. Vayamos al recuerdo inicial.
Harry me indicó mirar a mis propios ojos y estos parecieron agrandarse hasta adentrarnos en la negra pupila. Adentrándonos en el recuerdo.
Esta vez sí que volví a mi cuerpo infantil, concretamente de siete años. Y todavía más concretamente en el asiento de copiloto en el coche de mi madre.
Sé perfectamente que a esta edad debería estar sentado atrás, pero llevábamos los paquetes de unos nuevos muebles que habíamos comprado, por lo que no tenía espacio y me senté delante.
“No fuerces nada, deja que las cosas sucedan” las palabras de Harry resonaron en mi cabeza, pues no se encontraba por ninguna parte. Así que le hice caso y el recuerdo avanzó.
Miraba por la ventana, tanto la de la puerta como por el vidrio de la luna, aprovechando que era la primera vez que montaba enfrente y tenía una mejor visión que desde lo que veía siempre desde atrás.
Cada dos por tres llamaba la atención de mi madre, indicándole las formas que cobraban las nubes en el azulado cielo y ella reía diciéndome que las veía y señalándome de vez en cuando alguna que ella veía.
-Veo, veo –dije.
-¿Qué ves?
-Una cosita.
-¿De qué color es?
 -De color… De color… ¡Naranja!
-¿Naranja…? ¿Tu suéter? –preguntó mirándome.
-No, no. Frío, frío.
-Uhm… -empezó a mirar por todos lados, mientras yo veía que nos acercábamos a lo que había visto-. ¿Quizá tu maquinita?
Negué y ella siguió buscando, aunque no tardé en avisarla de que nos estábamos acercando.
Ella se extrañó y miró al frente de nuevo, pues se había despistado de la conducción, y frenó de golpe, pues por poco nos chocamos con la cisterna roja de un camión.
-¡Que susto! ¡Podías haber avisado antes a mamá!
-Lo siento… Pensé que si no te decía nada verías antes lo naranja...
-¿Lo naranja? El camión es rojo, cielo.
-Yo no digo el camión, mami.
-¿Entonces? –volvió a preguntar mientras observaba de reojo hacía donde mi pequeña manita indicaba.
No tuvo tiempo a reaccionar, pues su cara lo expreso todo. Nada más girar el rostro para ver lo que señalaba el camión explotó a causa del fuego producido en el motor.
Yo la miré a ella, quien se giró rápidamente hacia mí y me indicaba que me agachase. Todo sucedía muy lento y, cuando un trozo de metal rompió el cristal y me cortó en la mejilla cerré los ojos con fuerza. Desapareciendo de mi vista toda la escena.
Cuando ya no escuché nada abrí los ojos, poco a poco. Con miedo. Y miré a mi madre.
-¿Mamá? –pregunté-. ¿Mamá…?
Cogí su mano, aferrada al volante, y la puse entre mis manitas. Al instante vi como una pieza metálica atravesaba su abdomen, pero seguía sin entender porqué no reaccionaba cuando la llamaba. Seguía sin entender porqué estaba quieta, mirando al frente. No supe que era la muerte hasta ese instante.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que el final es algo... "chocante" por así decirlo, aunque es mejor que opinéis vosotros sobre esto, cosa que podéis hacer comentando, opinando, valorando... etcétera, etcétera. Pero bueno, nos vemos en la próxima entrada. Ya sabéis que por cualquier cosa, podéis contactar conmigo sin problemas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 16 de febrero de 2013

El último

¡Buenos días queridos lectores! Esta semana he estado algo ocupadillo, y pensaba subir el relato como muy tarde ayer, pero al final fui a dormir temprano (no me aguantaba..), es por eso que hoy os traigo un relato escrito en estos mismos instantes para que valoréis también un poquito mis "obras rápidas" y a ver qué os parecen. ¡Y ojo! Eso no quiere decir que no tenga relatos ya escritos y preparados, eh. Solo que si me viene la inspiración para algo que además puedo colgar en el blog, pues os lo muestro a vosotros primero.
Pero bueno, como siempre, me voy por las ramas, así que os dejo ya con el relato y espero que os guste a pesar de los hechos (que tranquilos, no spoilearé).


  Todo estaba arrasado. No quedaba nada ya en ese lugar. Ni siquiera en el mundo entero. Estaba solo. Completamente solo.
   Ya hacía días, semanas, meses, que había empezado a caminar por las solitarias carreteras. Y más aún el haber atravesado poblaciones y ciudades desérticas. No había visto nada vivo. Ni siquiera insecto alguno.
   Pero a pesar de ello no había perdido la esperanza pues, pocos días atrás, recibió un mensaje de texto de ella, antes de que se le apagara definitivamente el móvil, diciéndole que estaba bien y lo esperaba donde siempre. Que allí no había ocurrido nada. Y era por eso que había emprendido el camino, atravesando todos los lugares que tuviera que atravesar por tal de llegar a su destino. Y, por sus cálculos, solamente le debían quedar un par de días de trayecto.
   No iba con prisas, pues sabía que las noches podían ser peligrosas y frías, por lo que dormía al poco de ponerse el Sol. Pero tampoco se lo tomaba pausadamente, pues antes de que amaneciera ya se estaba preparando para seguir el trayecto, desayunando y comiendo mientras andaba.
   Acampó la última noche antes de llegar, estando a las afueras del pueblo, aunque esa noche le costó conciliar el sueño por los nervios y se percató de que otra onda, como las de los primeros días, surcó los cielos. Acabó por no darle demasiada importancia. Y al poco se durmió.

   Cuando divisó su población natal, desde lo alto de ese pequeño monte, y observó los edificios caídos se quedó inmóvil. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos: el lugar también había sido arrasado a causa de la catástrofe. El lugar donde un día estuvieron todas las personas que alguna vez le importaron estaba en ruinas.
   Conteniéndose las lágrimas y mordiéndose el labio inferior bajó corriendo la colina, llegando a una de las calles principales.
   Todo estaba hecho un desastre y, lo poco que se mantenía en pie aún estaba ardiendo. Pero, como las otras veces, no logró ver a nadie en la calle. Al menos, a nadie vivo.
   Con pasos lentos volvió a caminar por la acera que había recorrido miles de veces cuando jugaba de pequeño. Evitando, esta vez, los destrozos y cadáveres del suelo en lugar de las grietas y tapas de alcantarillas como hacía de niño.
   No tardó demasiado en llegar a su casa. No a la suya propia, sino a la de ella. La cual aún parecía mantenerse mínimamente.
   Por costumbre, llamó a la puerta. Acto seguido pensó en lo estúpido que había sido hacer eso y abrió la puerta, poco a poco, para luego cruzarla.
   Dentro estaba todo hecho una pocilga, con los muebles caídos, cristales rotos, alguna pared caída… Pero aún así cogió el teléfono inalámbrico y llamó al número del teléfono móvil, el cual sonó en el salón, donde se dirigió aún a paso lento.
   Nada más llegar se detuvo. Su fino y adorable rostro se encontraba con los ojos cerrados, apoyado en de lado en una esquina. Se acercó a ella pero, nada más hacerlo, se fijó en sus manos, las cuales parecían agarrar algo en su estómago.
   Temiéndose lo peor, corrió hacía ella y apartó sus manos, viendo así la estaca de manera que la había atravesado por la espalda.
   Entre sus piernas se encontraba el teléfono móvil, encima de un sobre. Ambos los guardó rápidamente en el bolsillo de su sudadera y volvió con ella.
   Acarició su mejilla, a la espera de alguna respuesta,  pero solo pudo ver como abría levemente los ojos y ladeaba, como podía, la cabeza para besarlo, diciéndole que sabía que nunca la dejaría sola. Diciéndole que le quería. Diciéndoselo en su último suspiro.


Espero que os haya gustado a pesar del final. Aún así ya sabéis que podéis decir la vuestra de todas las maneras que tenéis a disposición (que no son pocas, francamente), sin olvidar las valoraciones. Por cierto, os añado que últimamente informo sobre las ideas sobre el blog, subidas de relatos, búsqueda de "lectores beta"/"test readers" para relatos que quizá serán inéditos en el blog, y demás a través de mi Twitter, así que si alguien está interesado en estas cosas puede seguirme sin problema alguno.
Y añado que también tendré una pequeña "sorpresa" para la semana que viene al publicar una cosa con un estilo... Algo diferente (algo, no demasiado, eh) a lo publicado por ahora, si os ponéis a pensar un poco seguramente adivinaréis de qué se trata sin problema alguno. Pero bueno, esto ya se verá en el próximo relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 9 de diciembre de 2012

Recuerdo

¡Buenas tardes estimados lectores! Esta vez si que no me retrasaré con el relato correspondiente al fin de semana. Aunque he de admitir que me he tomado un pequeño respiro y tonto de mi, ahora tengo acumulado todo.
Pero bueno, el relato que hoy os traigo está escrito ahora en un momentito. Creo que haré eso de tanto en tanto, chasquear los dedos y dejar que surja de mi mente lo que haya en ese momento y escribirlo. A ver si os gusta también mis improvisaciones, aunque sé perfectamente que todo depende de la inspiración en estos casos y, por ello, habrá relatos mejores y otros de peores. Pero espero que nunca consideréis ninguno como "malo".
También he estado pensando en abrir alguna pequeña sección donde suba algunas de las canciones (básicamente soundtracks, si no lo son todas...) que más me han gustado, y creo que gustarían, para escribir algún relato o alguna parte de ese. Aunque eso ya se verá.
Otra cosa que he pensado es que, al haber jugado estos días un poco a un juego llamado Spore, intentar usar el creador de criaturas de este juego para moldear muchas de las que caminan y rondan por mi cabecita, paseandose de arriba abajo. Alguna vez para acompañarlas de un relato, otras de su historia y, otras, simplemente de una descripción y explicación, además de si fueron planteadas para algún relato. Pero eso ya lo miraré y seguramente sería en el mismo hueco de los relatos de fin de semana, el de miércoles-jueves de la serie semanal no lo tocaré.
Pero bueno, volviendo al relato, espero que os guste y disfrutéis de la lectura.


   El columpio iba disminuyendo su velocidad, deteniéndose, en mitad de ese solitario parque y esa también solitaria tarde. No hacía mucho que había empezado a ponerse el sol, causando la oscuridad del lugar. Aunque las luces blanquecinas de las farolas que había por la calle iluminaron de nuevo ese lugar gracias a su tenue brillo.
   Puso los pies en el suelo, cosa que no había hecho desde que subió encima de ese pequeño y oscuro asiento. Antes solía ir al balancín, pero desde que él no estaba allí no era lo mismo. Ni siquiera visitar ese parque que hicieron suyo, reparándolo y construyéndolo ambos. Juntos.
   No tenía demasiadas cosas, pero la sencillez del lugar hacía que fuera más especial. Hasta que ocurrió ese infortunado accidente automovilístico, donde le perdió. Por culpa de alguien que más tarde salió impune.
   Apretó los dientes. Apretó con más fuerza las cadenas que había en sus pequeñas y delicadas manos. Pisó con más fuerza el suelo.
   Estaba cabizbaja, con la mirada oculta por la sombra de su cabeza causada por un pequeño farol que había a su espalda. Un ligero brillo se deslizó por su blanquecina mejilla hasta la barbilla, donde se precipitó a la arena del suelo. Tras ese diminuto destello, más gotas húmedas y resplandecientes, por contraste a la perlina luz, fueron bajando, lentamente.
   Odiaba lo que había sucedido. Siempre se preguntaba el porqué y nunca obtenía respuesta. Aunque lo deseara desde lo más profundo de su alma. Aunque deseara que las tornes se hubieran intercambiado. Pero por mucho que deseara, lo sucedido no cambiaría.
   Se levantó, sin ganas de hacer nada a excepción de llorar y, por ello, le brotaba una rabia interna. No quería llorar, prometió no hacerlo. Se lo prometió. Pero fue una promesa que nunca pudo cumplir.
   Otra vez su mente se preguntó cómo podía haber ocurrido tal cosa. Porque la dejó sola a pesar de todas las promesas. Miró al cielo, enfadada. Pero algo, pequeño y frío, hizo disipar todas esas ideas de su cabeza.
   Un pequeño copo blanco de nieve había tocado su pequeña y fina nariz, haciendo que se volviera agua por su calor corporal. Después de ese, más copos pequeños empezaron a caer del cielo y un arrepentimiento invadió su ser mientras sus ojos grandes y azules centelleaban levemente debido a que seguían húmedos.
   Se preguntó cómo le había podido culpar de abandonarla si nunca lo quiso hacer. Otra lágrima se deslizó mejilla abajo. Se preguntó también cómo le había podido acusar de abandono, pues nunca la había abandonado.

Espero que os haya gustado el relato "instantáneo". Ya sabéis que podéis opinar aquí abajo, comentar qué tal o compartirlo. Hay un gran número de posibilidades y ninguna restricción. Así que adelante, que no muerde. Pero bueno, nos vemos en la entrada que tocará para el siguiente capítulo de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!