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viernes, 10 de marzo de 2017

Efialtes es una rosa en llamas (detenida en el tiempo)

Efialtes es una rosa en llamas detenida en el tiempo, ardiendo, sin cesar, en perenne destrucción, mientras la belleza, aún no ceniza, centellea junto al resplandor de la flama.
Belleza es aquello que no se acapara, que se escapa, que se filtra entre los dedos de la vista y el alma, rozando, con caricias, aquello que impregna, sin ser nunca apresada, ni siquiera en palabra.
Palabra es lo huidizo, rosa de instante, instante que roza, que busca una imagen exacta en la inexactitud de la contradictoria fantasía, ajena, mientras la fotografía mental de quien la graba se difumina… y estalla, en letras igualmente grabadas.


Caricia de alma, de alma acariciada, Efialtes no vive ni muere, pero tampoco ama, la inmortalidad la llama y la noche, oscuridad difamada, se posa en la tinta de quien la define pero no habla.


Efialtes es una rosa en llamas detenida en el tiempo, ardiendo, sin cesar, en perenne destrucción, mientras la belleza, aún no ceniza, centellea junto a su resplandor.
Es ojos, es manos, es caricia de ébano blanco, que susurra en silencio marmóreo y observa con los párpados cerrados.
Es sensación de sentimiento no encontrado, de vocablo perdido, extraviado, de mente difusa en paradojas mudas, que languidecen y contemplan el aire de un porvenir inminente por no llegar, mientras la yema de la caricia no encuentra qué acariciar y la entelequia provoca la añoranza.


Ilusión de ilusión, ilusión sin ilusionismo, delirio mimético que resbala en quimeras de largas zarpas, rotas, limitadas y limadas, Efialtes escribe, pero no habla, queda cautivada en un cielo de escarcha, en el frío de un témpano de ese tiempo que no avanza; paralizada, paralizada, en una estación abandonada.


Efialtes es una rosa en llamas que estalla, en pétalo y flama, y la dimensión exagerada la atrapa en una precipitada congelación fotográfica.

jueves, 20 de marzo de 2014

Musa onírica

"Últimamente sueño con ella.
Y sueño y anhelo se mezcla.
Deseando tenerla cerca,
cumpliendo esas fantasías oníricas
repletas de delicadeza."


Alargar la mano en el vacío oscuro de la ficción somnolienta, buscando aferrar aquella que a lo lejos centellea, tirar de ella para acercarla a mi presencia y perderme en la inmensa negrura que las pupilas de su intensa mirada expresan, notando una fría calidez que acerca nuestros cuerpos, desnudos, a través de suaves e innatas ternuras que transmiten melancólica satisfacción ansiosa.
Besar nuestros cuerpos como si cada roce fuera el último. Acariciar con la yema de los dedos su piel como quien toca porcelana, temiendo que esa ilusión desaparezca, rompiéndose en mil pedazos y dejándome solo en mitad de las tinieblas que rodean la solitaria cama, insomne en ese sombrío desierto de gélidas sábanas. Muertas como lienzos olvidados por los pinceles.
Notar sus brazos rodeando mi torso, acariciando mi espalda para atraerme hacia ella mientras mis palmas recorren su silueta como quien palpa seda. Cerrando los ojos al sentir sus labios, susurrantes, contra los míos, suspirantes. Fundiéndose poco a poco, descansando juntos en ese abrazo despojado de ropa y realidad.
Entreabrir ligeramente los párpados y observar sobre mí sus ojos clavados en mi rostro, curiosos y satisfechos, para separarse lentamente con su fina elegancia, acariciando mi mejilla para tranquilizarme, indicándome que no es ninguna despedida. Y contemplo los primeros rayos del alba despuntando a través de sus tirabuzones, que se desprenden de mis dedos, levemente enredados en ellos. Se inclina y sonríe, murmurando en mi oído que duerma y descanse. Que cuando caiga la noche volverá, acompañándome de nuevo hasta la próxima madrugada.

lunes, 17 de junio de 2013

Raposo

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por fin subiré el relato (que pensé haber subido el lunes pasado) del sorteo que dije que celebraría mediante Twitter por los 100 seguidores (el que llevaba el hashtag de "#Relato100Followers"). Y el ganador fue Manu Raposo al acercarse más al número ganador (ya que nadie acertó el 78). Así que, como bien se dijo, el ganador de dicho sorteo podía poner todas las condiciones que quisiera para el relato y él pidió que en el relato hubiera un dragón, muerte y almas perdidas pero sin ningún héroe que salvase nada (como podréis encontrar aquí). Así que bueno, en eso basé el relato y esto es lo que ha salido. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Un rugido a lo lejos le despertó de golpe, pero no dudó ni un instante. Ya sabía que se escondía tras él.
Alzó la cabeza, se levantó y se sacudió sus peludas orejas. Luego estiró sus patas y desperezó los músculos, inactivos durante demasiado tiempo.
Miró al cielo.
No había duda.
Tarde o temprano las profecías debían cumplirse y ya había pasado demasiado tiempo desde la primera.
Cogió su fino chaleco negro y se lo colocó junto al cinturón del cual colgaba la funda de su espada. Luego se puso a la espalda el carcaj y el arco que los ancianos le dieron.
No tenía tiempo para más cosas, así que ante la incertidumbre de que más llevarse cogió un pequeño saco de cuero que ató a la correa del carcaj. Y, sin perder más tiempo, echó a correr siguiendo la corriente de las azuladas formas que transitaban por encima de los árboles.
Una ráfaga de viento le advirtió de que algo no iba bien así que saltó y, agarrándose de la rama de un árbol, empezó a trepar mientras iba saltando entre ellos.
No tardó demasiado en llegar a la explanada y, desde la rama del último árbol en el que se encontraba, lo observó.
Observó como la hierba era pasto de las llamas y el fértil suelo se convertía en dura roca.
Observó como el flujo en un principio azulado iban hacia esas llamas y, al salir de ellas, se volvía grisáceo.
Observó como una gigantesca forma, oculta por su propia sombra, estaba cara a él.
Y no vaciló. Cogió el arco y cargó la primera flecha, apuntando a algo que parecía cobrar vida del flujo grisáceo.
Un disparo certero disipó al humanoide de humo, pero eso provocó que delatase su posición pues, inmediatamente, notó como los rojizos ojos de la gigantesca criatura se clavaban en él.
Un miedo atroz invadió su cuerpo, obligándole a sacudir su cuerpo para quitárselo. Pero en ese intervalo de tiempo vio como se habían formado más humanoides. E iban hacia él.
Disparó algunas flechas, pero seguían avanzando y él no ganaba terreno. Por lo que guardó el arco y saltó desenvainando la espada.
Una vez en el suelo, empezó a correr en sus dos patas traseras, dando tajos a todos los humanoides que se encontraba de camino. Pero cada vez habían más y eso le impedía apenas avanzar, por lo que envainó la espada y, con un cuchillo que llevaba en el chaleco el cual se puso en la boca, empezó a correr a cuatro patas, dando tajos solamente a los que se cruzaran de frente.
Ahora sí que había logrado avanzar. Pero el fuego le cortó el paso.
Miró hacia arriba y vio al oscuro gigante, que abrió la boca mostrando una blanquecina sonrisa llena de colmillos.
Pisó el fuego y este se apagó de golpe, pero a partir de ese pisotón se formó un círculo entre los dos contrincantes.
El gigante desplegó sus alas y, ahora, con el fuego rodeándole, el joven zorro pudo verlo con claridad. Pudo ver con claridad como se trataba del dragón de las profecías.
Y, por ello, significando que los humanoides de humo eran las únicas representaciones terrenales de las almas absorbidas por este ser. Esclavos inútiles que vagan sin razón. Almas perdidas.
El zorro torció el morro y arrolló el cuchillo al gigantesco dragón, que lo apartó de un coletazo.
Enseñó sus dientes y el gigante pareció reírse de él, de su pequeño tamaño y su fuerza insignificante, pero no hizo nada. Como si esperase su ataque. Cosa que no tardó demasiado en suceder.
La plateada espada fue desenvainada de nuevo y, al alzarla como si fuera a dar un tajo, con una de sus patas traseras levantó la flecha del suelo que había lanzado por primera vez y la bateó con la parte plana de la hoja.
El inesperado proyectil dio de lleno a la coraza de escamas de la enorme criatura, haciéndola sangrar por su estómago. Haciendo que la rabia se apoderase de él.
Echó una llamarada hacia el zorro, pero éste la esquivó.
Intentó aplastarlo con su pata, pero rodó.
Un coletazo, también fallido, que él aprovechó para subirse a él y escalar por su espalda.
Rajó una de sus alas, impidiéndole empezar a volar como parecía que iba a intentar y siguió trepando hacia su cabeza, con la espada en la pata y ocasionándole cortes siempre que podía.
El dragón se movía, agitaba e intentaba cogerlo, pero no llegaba, hasta que él se colocó en su hombro.
Entonces, para su sorpresa, la cola le agarró por la cintura cuando saltó a un lado evitando un manotazo y lo tiró al suelo.
La enorme zarpa se colocó en su abdomen y los rojizos ojos se clavaron en sus castañas pupilas.
-Eres un enclenque. Débil e inútil. Nunca alguien como tú podría derrotarme.
El zorro calló.
-Depositaron sus esperanzas en ti. Y por ello han fallado.
Pareció que iba a abrir la boca para contestarle, pero notó como la zarpa empezó a presionar sobre él.
Liberó su pata con la espada de la presión y clavó la hoja en el centro.
El dragón ahogó un grito y le dijo que como prefiriera, que acabaría rápido.
Fue por ello que, en lugar de ir apretando lentamente, dejó caer todo su peso sobre su brazo. Aplastando por completo el frágil cuerpo del zorro.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que sea de vuestro agrado y seguramente para los 200 seguidores haga algo similar (ya que la verdad es que vi una participación medianamente activa en el hashtag).
Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar y demás aquí abajo o por donde creáis oportuno. Además de que tengo entre manos otro pequeño proyecto para quien le gustase los relatos algo macabros como el que colgué hace unos días titulado "Muñequito".

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 6 de junio de 2013

Muñequito

¡Buenas noches queridos lectores! Creo que al final haré lo de ir subiendo relatos cada X tiempo sin avisar ni nada, que viene a ser casi lo que hago últimamente (eso sí, siempre habría mínimo algo nuevo para cada semana). Pero bueno, esta vez se trata del relato "siniestro" que prometí dedicar al seguidor nº 90 pero que, a pesar de que dijera que por el tema está bien, a dicho seguidor no le gustó demasiado, por lo que creo que es mejor obviar quién es (a no ser que me indique lo contrario, en ese caso editaré la entrada para nombrarlo).
Pues lo dicho, aquí os dejo con éste relato y espero que lo disfrutéis. Aunque aviso que, antes de leerlo, quizá no sea mucho de vuestro agrado. Así que ya he avisado.


¿Me estás leyendo? Oh, cielo santo. Alguien me está leyendo. A mí. A un mero narrador de unas palabras que quizá vas a querer olvidar. No, no vas a quererlo, lo desearás. Así que antes de que empieces a leer este texto, que haré tan breve como me sea permitido, piénsalo dos veces. No por mí, sino por ti.
Porque lo que hoy será desvelado, mañana podría ser clausurado…


Era noche cerrada. Estaba en mi casa, observando por la ventana. Había tanta vida ahí afuera, abajo, a unos metros de mi posición. Tanta vida, inconsciente de lo que ocurría realmente. Tanta vida, prisionera de su ética y moral.
No, ahí no había vida. Ahí sólo había muñecos.
Y los muñecos están hechos para jugar, ¿no?

Me giré y observé su rostro. Un rostro cansado que expresó una mueca de terror al ver que volvía a tener mi atención.
Estaba medio desnudo, atado en una silla de madera y amordazado.
Me acerqué a él, sonriente, y acaricié su magullada barbilla mal afeitada, pues tenía diversos cortes de navajazos en un intento fallido de recortar esa horrible barba.
Miré a sus ojos, temerosos y llenos de pánico. Suplicantes.
Yo negué con la cabeza, sonriente, y le cogí del escroto con fuerza.
-Hoy toca el plato fuerte –dije.
Él lo captó a la primera y probó a rogar, inútilmente.
Yo cogí las tenazas que había a su lado, en una mesita, y las bajé hacia allí. Cogí la envoltura con ellas y empecé a tirar mientras escuchaba sus lamentos y ahogados gritos. Deleitándome con ello hasta que la arranqué, observando como empezaba a desangrarse.

“Ojalá”, pensé mirando por la ventana. “Ojalá”. Y me giré, observando la silla de madera manchada y vacía al lado de la mesita con una caja de herramientas.
“Ojalá llegue ese día, el día donde los que vivimos podamos jugar con los muñecos.”


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que es corto, pero creo que lo suficiente intenso además de dejar claro cierto mensaje. Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar, compartir, etcétera aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 25 de enero de 2013

Aventura

¡Buenas noches queridos lectores! Estoy en proceso del capítulo, pues ha habido ciertos momentos donde me he quedado algo encallado con cosas bastante "malas" por así decirlo, haciendo que algún día no escribiera nada para que mi cabecita hiciera algún que otro reseteo, a ver si se le borraba alguna que otra idea mala. Pero bueno, como aún seguimos entre semana, os pongo el relato que toca, titulado "Aventura", el cual se me ocurrió hará un par de días, como inicio de una nueva aventura precisamente, es decir, novela, serie... Pero como por ahora estoy con lo de Un bar cualquiera, ya si eso escribiría algún capítulo según me viniera y, si eso, más adelante quizá lo haría público (eso de llevar varias series, novelas y demás al mismo tiempo, en mi cabeza no tengo problema, pero en el momento de escribirlo puede organizarse un follón... Además de que mejor ir pausado que en caso de necesidad se puede recurrir a estos ases en la manga).
Aunque bueno, ya os he entretenido bastante, os dejo con este pequeño relato que casi vendría a ser un mini prólogo. Espero que os guste.


   Se levantó rápidamente de su cama. Todavía era de noche, pero el sueño que tuvo logró disipar todas las dudas que había tenido hasta el momento.
   Exaltado y al mismo tiempo nervioso, buscó dentro del enorme baúl que tenía frente a su cama, sacando de allí la vieja espada que heredó de su padre y la funda que le fabricó su madre, atándosela así a su cintura.
 Seguía con los ropajes para dormir puestos, pero no le importaban, pues en ocasiones abrigaban incluso más que su ropa normal. Y, una vez metido algo de fruta y carne en sal dentro de una pequeña bolsa y algunas monedas de oro en otro saquito, salió de la vivienda sin olvidar cerrar la puerta con llave.
  Miró al cielo nocturno, estrellado como siempre, y se fijó en el astro que le indicó su abuelo cuando era pequeño, diciéndole que su brillo le guiaría a innumerables aventuras. Así que, haciendo caso de esas palabras, emprendió su travesía hacia lo inexplorado. Guiado solamente por un desconocido centelleo blanquecino.


Bueno, ¿qué os parece? Sé que es algo corto, pues vendría a ser un pequeño prólogo como he dicho antes, pero si os ha interesado o gustado ya es buena señal. Aún así, ya sabéis que podéis comentar y opinar aquí abajo lo que creáis conveniente. Por lo que nos vemos en uno o dos días con el capítulo de Un bar cualquiera.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 23 de diciembre de 2012

Elegido

¡Buenas tardes queridos lectores! ¿Todo bien por ahí? Espero que si. Pero bueno, hoy os traigo lo prometido: una sorpresita prenavideña. Y aquí os la traigo, pues se trata de un relato original que escribí con 9 años (dispensad algunas faltas ortográficas por favor) y para que veáis que es original os colgaré la foto del escrito para que podáis leerlo vosotros mismos.



Aunque bueno, pensé en que esto no bastaría, por lo que os colgaré una renovación de este relato además de especificar ciertas cositas para que no quede tan confuso en algunos aspectos (lo dicho, en mi cabecita está bien claro, pero lo importante es que el lector lo entienda, pero en esa edad como yo lo entendía, para mí era suficiente). Aquí os dejo la nueva versión:


   En un mundo de dragones y demás criaturas mágicas, donde el hombre apenas tenía poder, ni siquiera en sus propios reinos, nació un niño, un niño humano que más tarde sería capaz de guiar a sus iguales para tomar las riendas de su civilización y alcanzar su meta. Dicho joven sería conocido como el Elegido, pues su verdadero nombre se desconocería debido a que no tendría importancia alguna ya que su importancia recaería en sus actos.
   Aún así, el Elegido toparía un día con un rival digno. Tan digno y honrado sería, que este no caería bajo su espada ni la de sus fieles, pues lograría vencerlo. Pero a costa de algo preciado tanto para él como para su estirpe: su vida. Es por ello, que en el momento de la verdad, la criatura capaz de derrotarlo deberá observar el valor de su corazón y plantearse si este realmente se encontraba preparado para el enfrentamiento pues, si no lo estaba, por mucho que lo intentase, perecería. Y, es por ello, que muchos ineptos, creyentes de ser la criatura que acabaría con la tiranía del hombre, morirían en vano.

    -¿Qué ocurre, mago? –Preguntó un consejero de la asamblea Dragonante.
     -Se me ha aparecido una visión.
  -¿Una visión? –Preguntó extrañado el anciano dragonante, que vestía con unas túnicas marrones algo desgastadas.- ¿Cómo era la visión?
    -Mataban a todos. Sin excepción. Ellos se alzarán de sus mugrientas moradas y adoraran a un único ser, que será capaz de aniquilar a toda criatura que encuentre a su paso.
    -¿Quiénes son ellos, mago?
  -Los humanos. Un hombre nacerá y, cuando crezca, ya nada importará, pues a todos nos matará. Pero, aún así…
    -¿Aún así qué?
  El aún más viejo dragonante, el cual poseía dotes mágicas y capacidades que otros dragonantes no poseían, tosió y luego carraspeó, para acabar con su visión.
  -Hay un dragón… O más bien criatura… En este mundo que podrá detener su avance de conquista a costa de nuestras muertes, pues no será el Elegido que se lo encontrará a su paso, sino él que se encontrará al joven al suyo y por ello logrará vencerlo. Pero, desgraciadamente, dicha criatura no está entre nosotros. Aunque, a pesar de ello, muchos necios creerán poder, yendo al paso del hombre para cruzarse con ellos, pero es por ello que no lo derrotarán, pues lo habrán buscado.
   Tras hablar sin apenas coger aire para respirar, el brujo cayó al empedrado suelo por faltas de fuerzas mientras el consejero corría a la asamblea Dragonante, apresuradamente por traer las nuevas.


Bueno, espero que les haya gustado este pequeña sorpresa que tenía reservada para vosotros como mi regalo anticipado de Navidad. Y añado que para mi, un dragonante, vendría a ser como una mezcla entre humano y dragón, es decir, como un humanoide réptil pero más parecido a los dragones que al resto de reptiles, además de que su parte humana solamente sería en el hecho de llevar vestimentas, tener sociedades y caminar a dos patas para usar las delanteras como manos. Pero aún así, si lo habéis imaginado diferente, dejadlo tal cual: sea libre la imaginación y el poder imaginar.
Aún así, os añado un pequeño dibujo que hice detrás del folio en su momento. No lo recuerdo muy bien, pero creo que simboliza al Elegido guiando a los hombres por la conquista y arrasando con todas las criaturas que encuentran a su paso, en este caso, algo parecido a los dragones/monstruos que dibujaba en esa edad:

Nótese que la armadura del Elegido está escamada, como si fuera de escamas de dragón,
además de la corona, que puede ser perfectamente hecha con colmillos de diversas 
bestias.

Y bueno, aprovecho para decir que ya puse el gadget en la columna lateral derecha. Espero que os haya gustado mi pequeño regalito casero y lleno de recuerdos, así que nos vemos.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Y todo acabó

¡Buenas noches estimados lectores! ¿Pensabais que os ibais a quedar sin relato de fin de semana? Pues no, quizá algo tarde, pero dicen que lo bueno se hace esperar.
Me he dado cuenta que la ranura de "Melancólico" de reacciones ha quedado tapado por el dichoso "twittear". Esta semana que viene intentaré ir mirando como solucionar el problema.
Bien, bien, voy a empezar diciendo que el retraso tiene justificación: ando con la corrección y revisión final de la primera parte de una saga que ando haciendo. Por eso ando algo liadillo. Pero no os diré más detalles hasta llegada la estrena o este apunto de llegar.Así que bueno, centrémonos en el relato que hoy os traigo recién sacado del horno de mi inspiración (si, lo acabo de escribir para vosotros, estimados lectores. Me sentía inspirado.)
Es un relato breve, podría decirse que una historieta élfica, todo y que no lo es del todo. Una vez leído comprenderéis a que me refiero.
Esta recién sacado de mi cabeza mientras escuchaba algunas canciones que uso a veces para escribir. En este caso usé la de "After the Fall" de "Two Steps From Hell" (debajo del relato os dejaré el vídeo de Youtube, para quien la quiera escuchar mientras se lee el relato, cosa que recomiendo.)
Así que a continuación os dejo el relato, disfrutadlo:


Una guerra terminada. Unos bandidos asaltando uno de sus pelotones. Unos guerreros cansados luchando por sus vidas. Un arquero apuntando desde la copa del árbol. Una flecha con mi nombre grabado en su punta. Un disparo certero. Un golpe mortal.
Había servido a mi rey durante todos estos años de vida. Le había sido tan fiel como a mi esposa, quien me esperaba en casa. Había luchado por su gloria y honor para extender su reino al largo del continente. Para garantizar la protección del reino y de mi familia de otros agresores. Pero ya había vivido mucho y la dama negra pareció darse cuenta. Por ello grabó mi nombre en esa flecha del arquero más torpe de esa escuadrilla de bandoleros.
Desdichada mi fortuna en ese instante. Pero benevolente en los instantes pasados, donde la gloria y el honor me sobraba por tantas arduas victorias.
Vi al arquero. Un muchachuelo joven, de cabellera rubia, algo oscura, y tez muy pálida. Ojos grandes, como los de un niño, y pecas en sus mejillas. Orejas puntiagudas. Un Et’inei en la vieja lengua. Un elfo común en la vulgar, la lengua humana.
Seguramente sería un ladronzuelo que se vio obligado a unirse a ese grupillo para tener algo que llevarse a la boca. Lo vi un momento y lo comprendí. Él también me vio y me entendió. Ambos supimos que luchábamos por unas causas justas. Ambos luchábamos por poder volver a casa, con nuestros seres queridos y que la guerra dejara de amenazar nuestro porvenir.
Saltó, hacia mí, intentando coger la flecha al vuelo. Pero no llegó y cayó al suelo de bruces. Como yo de mi montura. Se levantó como pudo, mientras yo le observaba desde el suelo y mis compañeros, ignorándome, seguían enfrascados en la lucha.
Vino arrastrándose hacia mí y me envolvió en sus brazos. Era joven, sí. Pero sólo de rostro. Debería tener la misma edad que yo. Me miró y me habló en la vieja lengua. No lo comprendí. Él lo entendió y, como pudo, tradujo unas disculpas.
–Yo… Siento –dijo.
Sonreí y cerré los ojos, lentamente. Él me abrazó con más fuerza mientras repetía sus palabras, entrecortadas. Lloraba. Lloraba por un desconocido. Y yo sonreía. Sonreía por un desconocido. Y, mientras veía que mi vida se escapaba con mis últimos alientos, él puso su cabeza en mi pecho herido, mezclando sus preciadas lágrimas con mi sangre.
Quién adivinaría que, después de todo este tiempo batallando, no llegué a comprender a mis enemigos hasta que, uno de ellos, me abatió sin desearlo realmente. Y que el mismo que me abatió me comprendió. Nos comprendió a todos.



Bueno, ¿les gustó? Espero y deseo que si. Ya sabéis de sobra que podéis votarlo, comentarlo y demás en todas las opciones que tenéis al final de cada entrada. Pero bueno, esto es todo por ahora, intentaré arreglar lo de "melancólico" de las reacciones y a ver si sale todo bien. Así que me despido ya hasta la siguiente entrada que narrará la continuación de Un bar cualquiera, formando así la tercera parte de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!