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viernes, 17 de marzo de 2017

Sin título

Quiero escribirte esta noche, tranquila, paciente, mientras los astros tiemblan, parpadeantes, en la oscuridad lejana. Quiero recorrer con mis dedos ficticios acabados en grafito tu blanca espalda, manchándola tenuemente de palabras dibujadas que signifiquen todo y al mismo tiempo nada.
Quiero poder besar, sin temer al porvenir, el alba que asoma entre la comisura de tus dedos, en el precipicio de la caricia y el deseo, mientras tus ojos se clavan, tiernamente, en mi cuerpo y la sombra que compone su forma en medio de esta nocturnidad de eterna apariencia.
Pues si eso ocurriera, bien sé que la calma vendría, sin necesidad de tormenta. Vendría, lo sé, por mucho que gritasen los cristales exteriores, azotados por gotas y vendavales. Lo sé.
Y sería una calma tan dichosa como el extravío en la pupila confundida con la silueta del párpado fundido con el resto de la habitación. Digna del merecido reposo que tanto anhela este mecanismo incansable que suelen llamar “corazón”.
Pues la pequeña explosión insonora, indolora, haría que pudiera descansar, al fin, en el pecho ajeno y su reconfortante calor. Mientras las palabras se funden, poco a poco, con el anochecer y su borroso sueño.


(En teoría no debería alargarse más del minuto 1:15
para tener leído el relato.)

sábado, 2 de julio de 2016

XV

Caricias en una piel muerta que no va a volver, las manos se marchitan como las últimas flores que resistieron la tempestad del invierno. Las hojas caen por unas mejillas pálidas como aquellas plumas de aves extraviadas que alzaron el vuelo y huyeron hace tiempo, las gotas del viento golpearon el silencio y quebrantaron el hueso, hueco de tuétano.
La lluvia no se ha ido, pero tampoco es capaz de mojar. Los truenos persisten en la lejanía, en el eco de una cueva sin final, donde ningún relámpago es capaz de alumbrar, y los ojos confunden la profunda pupila con la realidad.
Una húmeda lágrima roza el oscuro cansancio de una mirada perdida en el abismo de su propio reflejo, en un espejo fragmentado que estalló bajo la presión de unas yemas titubeantes. Vidriosos ojos multiplicados y cristalinas lágrimas que se dividen incrementan la fatiga que allí reside. El suspiro no producido ahoga el gemido en un cuello de cuerdas mustias, incapaces de sonar ante un pensamiento acribillante de voces que chillan mudas, y las manos se cierran en un vano intento de aferrar aquello fugaz, de guardar, por unos instantes, un brillo que se desvanece en sus propias palmas.
El roce de los dedos por un cuerpo extraño pero conocido, envuelto en memoria, no ha sido capaz de soñar la realidad y sus puntas se desgastan. Como el sentimiento que guardan. Gotean sensaciones perdidas en fantasías irreales incapaces de cumplirse y la ilusión se consume en su propio anhelo zozobrante. Ya no hay nada más que caricias incapaces, falsos dedos amantes que luchan por alzarse sin poder moverse, y el murmullo ululante de quien padece temporales más allá de los nubarrones inamovibles.
Las manos despojadas de carne y pétalos caen enterradas bajo el fangoso suelo y, sepultadas por el propio desconsuelo, se tornan olvido en su ahora inherente abatimiento.

martes, 9 de junio de 2015

Hoy he soñado

Hoy he soñado que estaba contigo, otra vez. He soñado que te amaba, que me querías, y que inundábamos nuestros cuerpos de caricias. He soñado que recorría tu piel fina con la yema de mis dedos, saboreando tu tacto con ellos, mientras una ligera sonrisa rompía tus comisuras. He soñado que tu cuerpo, suave, se moldeaba en mis manos, adaptándose, como el mármol al escultor y que encajaban, mis huecos con tus miembros, durante todo el proceso.
Hoy he soñado que nos encontrábamos, otra vez. He soñado que te quería, que nos amábamos, y que los besos inundaban esos recovecos tan difícil de verlos por culpa de las cicatrices del tiempo. He soñado que tu espalda se posaba en el suelo mientras tus labios se separaban y, con un suspiro, rompían tu garganta… según mis dientes marcaban tus pechos que, endurecidos, sólo pedían más y más mordiscos. He soñado que nos apretábamos, nos arañábamos y luego nos besábamos, acariciándonos y lamiéndonos aquellas heridas que, inocentemente, nos producíamos.
Hoy he soñado contigo, y con tu cuerpo, otra vez. He soñado que hacíamos bellos cuadros de poesía, con nuestro afecto, sin ni siquiera ser conscientes de ello mientras, a lo lejos, nos desvanecíamos en un sueño.

lunes, 5 de mayo de 2014

Quiero...

Quiero perderme en la negrura, explorar la noche cerrada y sin estrellas que tus pupilas albergan. Escudriñar todos los secretos guardados en ellas, repasando poco a poco los brillantes colores que las rodean. Y, así, conocer al fin aquellas palabras exactas que jamás fueron pronunciadas.
Quiero extraviarme en las curvas, deambular por esos parajes inexplorados que perfila tu silueta nocturna. Tantear con cautelosos dedos aquel terreno, acariciando su suave superficie que tienta a mis besos. Y, de esta manera, hallar la firmeza recíproca de tu aquiescencia.
Quiero despistarme en las señales, vagar errante en un efímero presente que, suspirante, iza mi velaje. Navegar entre susurros soplidos por la brisa de tu hálito, procurando arriar en cada puerto formado por imperceptibles y fugaces vocablos. Y, de esta forma, abordar cada riqueza etérea escondida en tu esencia.
Pero lo que más quiero, lo que más anhelo después de todo eso, es encontrarme en el cálido afecto de tus brazos apasionados. Repasar con las manos nuestros cuerpos mundanos, trazando caminos nuevos hacia cada recoveco antes de indagar con los labios inquietos. Y sentir el palpitar del erotismo creciente en nuestros seres, expresando su deleite con jadeos y gimoteos ascendentes, tornándose gozosos gemidos vehementes y ardientes que buscan provocar ese último orgasmo descollante.

viernes, 11 de abril de 2014

Como un juego de luces y sombras

Como un juego de luces y sombras que se entremezclan, mostrando dos cuerpos que se funden en caricias y besos proyectados en un tapiz tenuemente iluminado. Delicado, como aquella mano que trepa humilde por el tierno estómago que acaricia con su palma, alcanzado ese pecho que encaja poco a poco entre sus dedos según unos labios recorren la erizada piel de unos muslos temblorosamente desnudos.
Suspiros tenues de placer que se pierden continuamente entre ellos, uno tras otro, convirtiéndose en vagos pero preciosos recuerdos sonoros. Preciosos como aquel bello rostro de ojos luminosamente entrecerrados que, pudorosos, observan aquel que la sulfura con ternuras. Notando su cuerpo subir de temperatura y viendo cómo, sus dedos, instintivos, van a su cabello y hombros, apretándolo contra su intimidad para dejar de suspirar y empezar a jadear.
Ligeras gotas rojizas asoman de su labio mordido por la vergüenza, ansiosa por engullir los cohibidos gemidos que tiene retenidos en su interior pese a haberse fugado alguno al pronunciar, involuntaria, su nombre cuando notaba una húmeda calidez frotarla suave. Produciéndole ligeros escalofríos de placentera embriaguez.
Su rubor crece, sonrojándose, cuando sus miradas son cruzadas otra vez, clavándose y perdiéndose mutuamente en sus pupilas brillantes. Cuyo encuentro se interrumpe al apartarse. A pesar de que los dos, de reojo, siguen mirándose.
Y la pasión puede. Y gana el placer. Él trepa con su boca hasta sus pechos y luego hacia sus labios, fundiéndose ambos mientras los dedos perfilan los cuerpos, repasando ambas siluetas en la oscuridad. Delimitando sus formas y dando pie a imaginar, a fantasear, a desear. Según los dientes, firmes pero vacilantes, buscan tímidos morder la bulliciosa carne. Desahogando ese exaltado y raudo gimoteo, convertido en resoplido y apetito. Expresando así, con ese sonido, el deleite que la fruición ha conseguido. 

martes, 8 de octubre de 2013

Delicadeza

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Todo bien? Eso espero. Yo en breves empezaré una de las dos escuelas de escritura a las que asistiré este curso, por lo que quizá no se haga seguro que suba los relatos el lunes. Aún así, hoy os traigo un tipo de relato que hacía tiempo que no subía, así que espero que disfrutéis con la lectura que os ofrece.


Unas sábanas blanquecinas tapando dos cuerpos apegados el uno con el otro.
Una cabeza apoyada sobre su pecho, con los ojos cerrados y su boquita entreabierta, respirando lentamente y sintiendo los latidos del corazón de quien momentos antes ha amado. Escuchando como se calman, poco a poco, recuperando un ritmo normal pese a ir siempre acelerado ante su presencia.
Un brazo tras la cabeza de él, haciendo la mano de intermediaria entre ésta y la almohada. Otro brazo rodeando una femenina cintura, colocando su diestra en el desnudo muslo de su acompañante y moviéndola ligeramente para propiciarle suaves caricias por él, yendo de arriba abajo, de su pierna a su barriga y volviendo a descender.
Un suspiro escapándose de ambos labios, de ambos amantes, exhaustos y relajados en ese preciso instante de paz y tranquilidad en el que sólo se escucha el viento ulular fuera, a través de la ventana por la cual entraba la única iluminación de la sala.
Él abre sus ojos y la observa. Sonríe levemente, pues más allá de lo que pueda parecer, le tiene aprecio y estima.
Ella mueve ligeramente su cuello y alza la vista, viendo como la mira. No puede evitar devolverle la sonrisa mientras sus blanquecinas mejillas se ruborizan, embobándose con el cruce de miradas. Perdiéndose los dos en las pupilas del otro.
Un ligero movimiento por parte de ella para ponerse encima, sentándose sobre su pelvis, y dejando al descubierto desde sus pechos hasta su vientre. Para sonreírle picarona, atrevida, juguetona, y descender hacia él.
Unas frentes juntas, permitiendo observar mejor ese lugar que expresa todos los sentimientos y pensamientos sin necesidad de mediar palabras al que hacen llamar ojos, un sitio que poco a poco va siendo cerrando por sus párpados mientras sus labios se acercan despacio, rozándose hasta fundirse en un beso. Un beso oculto tras unos tirabuzones castaños.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas otras más opciones aquí abajo sin ningún tipo de problema. E, incluso, depende cómo creo que quizá llegaré a aceptar encargos, así que si tenéis alguna sugerencia o petición ya sabéis por dónde se puede contactar conmigo (aunque esto es algo que todavía tengo que mirármelo, por lo que no es del todo seguro).

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Tengo frío...

¡Buenos días queridos lectores! El verano empieza a acabar, pero eso no es motivo por dejar el blog de lado sin ninguna fuerza mayor de por medio, así que aquí os dejo otro relato que escribí hace tiempo, el cual espero que disfrutéis con su lectura.


Oh, blanquecina y suave mano, que repasa el contorno mi rostro con sus finos dedos, guiándome a alzarlo, a mirar hacia arriba, con la punta de sus huesudas falanges.
Oh, finas y frías caricias que recorren mi cuerpo, erizando mi vello, poniendo mi piel de gallina por dicho tacto, por tal sensación que envuelve mi cuerpo. Una sensación que emana desde lo más profundo de mi ser. Reconfortante pero a la vez solitaria.
Oh, dueña de dichos mimos, ¿por qué me incita a elevar mi semblante si no quiere que vea todavía el suyo? ¿Por qué repasa mis mejillas con sus afiladas puntas, como si de lágrimas cayendo por éstas se trataran?
Pero no, no pare. Continúe, por favor, continúe.
Necesito que siga con sus dulces carantoñas y cánticos que endulzan mis oídos en un susurro apenas perceptible. Necesito que me hable, en murmullos, calmándome a pesar de las palabras inquietantes que sus labios descarnados sueltan.
Oh, prosiga con su labor, dulce dama que me trata como su hijo, como su amante, a pesar de ser casi desconocidos. Quédese aquí, conmigo.
Porque, a pesar de que todo esté oscuro, como si mis ojos estuvieran cerrados, soy capaz de ver su preciada mano con total claridad.
Pero hace mucho frío, amada señora. ¿Por qué hace tanto frío? Parece que todo mi alrededor estuviera gélido. Como si todo el calor, que parecía provenir de mi cuerpo, hubiera desaparecido.
Oh, la necesito, la necesito tanto. Necesito que esté aquí, a mi lado.
Y se lo suplico, déjeme ver su pálida faz, déjeme besarla. Por favor.
Pero no, acompáñeme al menos hasta el final. No, no se vaya.
Oh, no, por favor no. No aparte su oscuro velo de mi cuerpo, pues éste me abriga y reconforta del frío. A pesar de la sentencia que conlleva.


¿Y bien? ¿Os ha gustado y/o habéis podido entender sin problemas el significado del relato? Espero que sí. Además, ya sabéis que podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 9 de agosto de 2013

Ambarino

¡Buenos días queridos lectores! Espero que estéis pasando bien el verano, como debe ser. Hoy os traigo un tipo de relato que creo que hacía tiempo que no subía. Espero que sea de vuestro agrado y disfrutéis de la lectura.


Sentir tu cálida piel bajo mis labios, como se eriza el vello con mis caricias y tu boquita entreabierta, suspirando.
Besar tus brazos y piernas, tu espalda y rostro, tu fuente de palabras y cerrar los ojos mientras ambos disfrutamos.
Un masaje con fuerza y delicadeza recorriendo tus muslos y provocando que me mires, con incertidumbre y a la vez seguridad. Para acercarme a ti y volverme a besar, mirando mis ojos castaños con los tuyos ambarinos y asintiendo con la cabeza, que siga, que no me retenga, que te haga gozar.
Una mano insegura, tocando donde te hace jadear. Suaves movimientos, agradables e inexplicables sensaciones que nos hace acercarnos, estremecernos y rozar nuestros labios mientras nos miramos con cariño y ternura.
Un jadeo leve y una afirmación con la mirada, indicándome que baje y te bese sobre la fina tela, una fina tela que no tarda en desprenderse para dejar que mis dedos masajeen y jugueteen libremente junto a mi lengua mientras tú gimoteas.
Te llevas mi mano libre a la boca para morderla de placer, temiendo que se te escuche por si gimes demasiado fuerte. Yo sonrío levemente y continúo mientras me aprietas cada vez más hacia ti hasta que no aguantas y, en un último suspiro, tu cuerpo se relaja.


¿Qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo, valorarlo y demás aquí abajo y que todo es bien recibido.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 23 de junio de 2013

Shh...

¡Buenas noches, queridos lectores! Como estos días la mayoría de vosotros estaréis de celebración por San Juan, fin de curso, iniciación de vacaciones y demás, he decidido colgar el relato ahora, en estos momentos (todo y que será mañana cuando avise por las páginas y demás) para quien quiera leerlo ya.
Además, viendo las últimas temáticas que protagonizaban los últimos relatos subidos al blog, pensé que este gustaría y rompería un poco con lo último leído por vosotros. Sin olvidar que también espero que sea de vuestro agrado. Así que aquí os dejo con el nuevo relato. Espero que disfrutéis con la lectura.


Quiero estar contigo, sentir tu cuerpo pegado al mío, abrazados sin mirarnos.
Quiero deslizar tus suaves prendas al suelo, como tú harías con las mías, desnudarnos poco a poco, sin mirarnos.
Sintiendo cada vez más el calor del uno con el de otro, hasta que, desnudos, nuestros cuerpos se encuentren y vuelvan a entrelazarse en un abrazo. Y, con delicadeza, el agua (también caliente), empiece a caer sobre nuestras cabezas, deslizándose por nuestros hombros, por nuestra espalda, por nuestro cuerpo. Y tú te gires, dándome ésta, pero aferrando mis manos para que no te suelte. Aferrando mis manos contra tu vientre, por el cual se van deslizando poco a poco las gotas que están cayendo sobre nosotros. Y yo, guiado por ellas, empiece a acariciar con delicadeza tu cuerpo, ayudando a repartir el agua pura por todo éste. Desde tu cuello, tu escote, tus pechos, hasta tu vientre, tu cintura, tus muslos. Lentamente, sin mirarnos.
Quiero notar como abres tu boquita, tímidamente, para soltar un suspiro que se convierta en vaho, y dejes mis dedos deslizarse con libertad. Subiendo de tus muslos. Pero no para ir a esos lugares, sino para ir a tu espalda y acariciarla. Frotarla. Suavemente. Sin que tú te gires, sin que tú me mires.
Quiero bañar tu cuerpo desnudo junto al mío, con caricias líquidas, caricias que te transmitan mil sensaciones, que te hagan suspirar a pesar de estar tocando levemente tu desnuda piel.
Quiero que entonces te gires y alces la cabeza, para mirar a mis ojos directamente, y acercar tus húmedos labios a los míos. Atrapándolos en un suave beso de apenas unos segundos. Y luego me abraces, sin mirarme, para acariciar tiernamente mi dura espalda, y susurres unas palabras que yo acallaré con un “Shh…”


Bueno, espero que hayáis disfrutado con esta lectura. Y cabe añadir que quizá me plantee de subir los relatos sin introducción ni nada de por medio a no ser que deba comunicar algo expresamente, dejando así las entradas sólo con la lectura. Pero bueno, ya sabéis que cualquier cosa la podéis comentar donde creáis oportuno, además de valorar y opinar sobre los relatos.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 23 de mayo de 2013

Pasión

¡Buenas noches, queridos lectores! Hoy os traigo un relato algo subido de tono (mucho más de los que habéis visto por ahora en el blog, la verdad) que, a pesar de ello, espero que os guste y lo disfrutéis leyendo. Así que aquí os lo dejo:


Besos recorriendo tu fina y desnuda piel. Soplidos que hace que se erice levemente para, tras un lametón, suspires por esa agradable e inexplicable sensación.
Dedos acariciando tus piernas, subiendo más rápidamente que mi boca mientras tú vas abriendo éstas. Llegar a la única zona tapada con una prenda y mirarte a los ojos con la poca iluminación que había en la oscura habitación.
Observar como asientes, tragando saliva, para luego yo sonreír tiernamente y empezar a lamer, lentamente, por encima de la tela mientras tú jadeas, tímida, mordiéndote el labio inferior.
Un gemido se te escapa cuando mi mano se desliza por debajo de donde mi lengua juguetea y ya no puedes parar. Los jadeos se hacen más intensos, aunque los gemidos aún son tímidos, y la prenda ya hace tiempo que está tirada al suelo, con las demás, dejando a mi boca juguetear libremente por donde mis dedos masajean. Dándote placer que expresas en forma de suspiros.
Llevas las manos a mi cabeza, entrelazando tus dedos en mi pelo, apretando mi rostro contra ti para que, en un último gemido, arquees la espalda y me aprietes todavía más antes de soltarme.
Levanto la cabeza, tras dar un pequeño beso, y te miro. Estás exhausta pero me indicas para que me acerque.
No dudo y subo, entre besos y lametones, de tu vientre a tus pechos (dejando uno marcado con un pequeño mordisco juguetón).
Miro tu rostro, acercas tus labios a los míos, me besas lentamente mientras notas como mi cuerpo se acerca al tuyo. Te abrazas a mí, con fuerza, mientras el beso se incrementa, juntando nuestras lenguas apasionadas. Pero te detienes un momento. El mismo momento en que abres los ojos y jadeas al notar como ya he entrado en ti.
Me miras, sonriente y picarona, y te acercas a mi oído para decirme unas palabras que sólo yo comprendería y luego arañarme levemente la espalda. Incitando a moverme.
No tardo demasiado en hacerlo, mientras veo como tus suspiros pasan a ser jadeos, tus jadeos a gemidos y tus gemidos a bellas palabras entrecortadas. Como casi igual ocurre conmigo.
Te apartas un momento, empujándome, y te pones arriba.
Te acercas a mi rostro, pero no con el tuyo, sino con tus pechos para que, cuando me entretenga con ellos, tu des un pequeño bote que haga que ambos nos quedemos sin respiración momentáneamente. Y vuelta a empezar. Sólo que, esta vez, estás tú arriba. Dominando la situación.
Pero no tardas en cansarte un poco y alzas tu cadera. Yo te tomo de la cintura y te ayudo, siendo más rápido y fuerte, provocando que los leves jadeos de cuando tú te movías se conviertan en profundos gemidos.
Y volvemos a dar la vuelta, poniéndome encima, para terminar mirándote a los ojos mientras te lo digo y tú me lo dices a mí. Y, con un apasionado beso, notes la calidez entrando en tu interior mientras ahogas el último gemido en mis labios.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y hayáis disfrutado de esta breve pero intensa lectura. Y ya sabéis que más abajo podéis comentarlo, compartirlo y demás (no será por falta de opciones). Además, si no lo hago mañana (sí, serían ya tres subidas seguidas, quizá mi inconsciente se siente mal por no haber subido apenas nada estos días y busca compensarlo), lo subiría este fin de semana, ya que tengo una pequeña sorpresa para vosotros (que quienes me sigan por Twitter seguramente ya habrán visto).
Aún así...

   ¡Un saludo y hasta la próxima!