El atardecer me recuerda a ella. El sol poniéndose tras la tierra y las nubes, brillando aún en el cielo azulado, según ella espera, a mi encuentro, frente al museo. La noto cerca y lejana, fuera de mi alcance si intento rozarla, y aun así dispuesta a yacer en mi cama. ¿Cómo, si es que lo hay, y cuándo podré entrelazar mis dedos con los suyos fuera del lecho? ¿En qué momento nuestras miradas se fundirán en un cálido beso? Añoro su fragancia impregnando mi deseo, como su tierno cuerpo abrazado a mi pecho, pero por mucho que anhele no puedo hallarla más allá de en mis recuerdos, cual dulce memoria estancada en unos labios entreabiertos.
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domingo, 12 de mayo de 2019
sábado, 21 de noviembre de 2015
He buscado...
He buscado tus labios, con los míos, en unos que no
son tuyos. Y no te he encontrado. He acariciado pieles, manos, cuerpos,
creyendo verte; pero solo te he imaginado. Mis dedos anhelan ligarse a los
tuyos y se lanzan a cualquier nudo que les ofrezca una promesa similar, pero
sólo caen y caen en un abismo donde, obviamente, no te pueden hallar.
Mis párpados se cierran, mis ojos no quieren mirar,
y aunque mis susurros formen letras, sus palabras sólo te quieren encontrar. Ya
no sé cómo hacerlo si en mí reina tal pensamiento traidor; pues creo verte a lo
lejos, pero solo son espejismos muertos.
Los suspiros atraviesan mi pecho, como bien hizo el
anhelo en su momento, y arañan mi garganta, pero solo porque antes lo han hecho
con mi alma. Puede que estas palabras no te digan nada, mas sus uñas se clavan
en mi espalda, y mi cara, desgarrada, sangra; cansada de las noches de ausencia
y de tormenta; cansada ya de las noches donde el recuerdo, y la impaciencia,
son lo único que queda.
lunes, 23 de septiembre de 2013
La promesa
¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.
Una
caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y
expandiéndola por toda ella.
Un suave
beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes
por pasión, amor y deseo.
Unas
suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver
a reencontrarse.
Un “te
quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.
Recordó
cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó
cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de
mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó
cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de
sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó
como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los
jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión.
Haciendo que fuera suyo.
Miró al
oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las
gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la
caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo
evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le
dijo que debía soltarla.
Miró a
la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de
esas últimas imágenes.
Sintió
el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió
su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió
la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a
moverse ligeramente.
Sintió
como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez
inigualable.
Y vio su
cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de
su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a
reunirse y así cumplir su promesa.
Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.
¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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miércoles, 20 de febrero de 2013
El último (Carta - Final)
¡Buenas tardes queridos lectores! El otro día me pasé por Barcelona a repartir algunos relatos que he publicado por aquí, por lo que no sé si quienes lean esta entrada serán "novicios" en el blog o los de toda la vida. Aún así, me arriesgo dándoos la bienvenida y deseando que os guste lo que encontráis escrito por aquí. Además, he de añadir que se me ha ocurrido una idea a partir de lo que hice el martes, perfeccionada con un amigo dibujante (ya os contaré más adelante si eso, no hay que desvelar el pastel antes de hora), así que, cuando ya lo tenga preparado, intentaré avisaros con algo de antelación (supongo que una semana o por ahí).
Pero bueno, como siempre digo: no me andaré con rodeos (a pesar de que siempre lo haga en el inicio) y os dejaré con el relato de hoy, diciéndoos previamente un par de puntos a tener en cuenta.
En primer lugar, como bien indica el título, lo que se leerá a continuación vendría a representar ser una carta (para los curiosos del anterior relato, ya sabréis cual es), por lo que la he escrito y... ya está. Escrito y punto, sin corrección, sin maquetación, sin nada. Como cuando se escribe una carta a mano, con cierta prisa y lo importante es el contenido y el mensaje, nada más. Segundo, recomendaría leer previamente el anterior relato (El último) antes de leerse este relato. Solo es un consejo, por lo que podéis seguirlo o no. Así que, una vez dicho todo esto, os dejo ya con el escrito.
Sabía que vendrías, siempre supe
que estarías conmigo hasta el fin de los días. Pues, aunque ahora mismo no
estés presente físicamente aquí, sé que querrías estarlo y eso me reconforta,
dándome la sensación de que tu presencia sigue en este lugar, cuidándome y
abrazándome cuando más lo necesito.
Siento no haber estado yo allí
cuando lo necesitabas, lo siento muchísimo. No me di cuenta de mi error hasta
que fue demasiado tarde y, para entonces, temí haberlo estropeado tanto que no
me decidí a dar paso alguno. A pesar de que tu siguieras siendo igual de
persistente, igual de constante, igual de cuidadoso y cariñoso conmigo.
Y te pido disculpas por todo
ello, por mi comportamiento… Pero sé que no querrías que ahora entrase en este
tema, sé de más que querrías leer lo que nunca me atreví a decirte y… temo no
poder llegar a decírtelo nunca, y es por ello que escribo esta carta, es por
ello que intento expresarme como puedo mediante este lápiz y este papel, en el
cual escribo todo lo que me viene a la cabeza estos momentos.
Es por eso que no puedo parar de
pensar en pedirte disculpas, pero que sé firmemente que eso sería lo último que
querrías leer ahora: una carta de despedida en una disculpa.
Pero por alguna razón, no puedo
escribir estas palabras que tanto ansías, a pesar de que en mi pecho arda una
llama, agrandándose según pasan los días y no recibo noticias alguna sobre ti.
Ni siquiera una respuesta por mensaje… Pero supuse que no funcionaría tu
teléfono, por lo que dejé el mío bloqueado con el último mensaje que te mandé,
para que lo leyeras cuando llegaras.
Pues aquí no había pasado nada
hasta un par de días atrás, con otra de esas extrañas ondas en el oscuro
firmamento. Pero lo ignoramos y no tardó en llegar la catástrofe. Y ahora, con
miedo por lo que pueda decidir, te escribo esta misma noche. La misma noche en
la que esa extraña cosa surcó el cielo.
Te escribo para decirte lo que he
tenido miedo a decirte todo este tiempo, a pesar de todo lo que hemos pasado y
vivido juntos. Te escribo para decirte, de una manera clara, lo mucho que te
necesito a mi lado. El miedo que recorre mi cuerpo y, aunque te imagine
conmigo, no pueda vencerlo si no eres tú quien me abraza realmente. Te escribo
porque eres una pieza fundamental en mi vida. Eres esa pieza que yo he
rechazado sin saber lo que hacía realmente. Eres la pieza clave. La pieza final
y más importante.
Pero a pesar de todo lo que
escribo, de todo lo que te digo, sigo sin poder escribir lo que siento dentro
de mí. Quizá por no obtener respuesta el día que te lo dije. Quizá por miedo a
no volver a obtener respuesta. Y es por eso que como he dicho lo podrás
encontrar en el teléfono móvil.
Hasta pronto, ansío
verdaderamente encontrarme entre tus brazos y sentir tu calor.
Leyó la
carta en voz baja, para él mismo mientras unas pequeñas lágrimas humedecían sus
mejillas. Nada más acabar de leerla, miró de reojo el cuerpo inerte de la joven
y encendió el teléfono, lo desbloqueó y leyó el mensaje.
Sin
poder aguantar más, abrazó a la muchacha con fuerza, pero intentando no apretar
demasiado para no dañarla y lloró en un silencioso pero profundo llanto
mientras el móvil se resbalaba de su mano, cayendo al suelo, al ladearse, dejando
únicamente en su brillante pantalla el mensaje que le había enviado. “Te quiero”.
¿Qué os ha parecido? Este relato (incluyendo el final, ya que estaba puesto quise mantener el estilo de la carta) está escrito sin revisar para nada (a excepción de una lectura previa antes de publicarlo en el blog, claro está). Así que espero que os haya gustado y, si es así, ya sabéis que podéis compartirlo, opinar, comentar, etc... aquí abajo.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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