Mostrando entradas con la etiqueta desesperación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desesperación. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de noviembre de 2014

Lúgubres pesadillas

Lúgubres pesadillas que me perseguís de día, ¿por qué no dejáis mi mente tranquila? Refugiaos en la noche, donde vuestra presencia es bien sabida (y en ocasiones hasta agradecida) y dejad el alba para la cordura (aunque ésta se ponga en duda). Retirad vuestras oscuras zarpas de mi alma, de mi persona, de mi cabeza trastocada, y dejadla libre para que se atormente, para que su desdicha aumente sin ser vosotras presentes y, de esta forma, vuestra tétrica noche parezca el suspiro de un dolor que alivie. Un sufrimiento en el cual me cobije como un cachorro perdido y huérfano que se cubre bajo el pelaje de su difunta madre.

Lúgubres pesadillas que me alcanzáis al atardecer, ¿por qué no esperáis a que desfallezca mi ser? Retiraos, pacientes, y haceos más fuertes con vuestra hambre creciente que yo vendré a inmolarme (como hago siempre que el Sol desaparece). Afilad vuestras negras garras y preparad la dentadura para ensangrentarla, pero permitidme disfrutar de la calma de esta tenue y última llama; ya os desahogaréis cuando sea apagada y se dé rienda suelta a vuestra matanza. Pues no hay por qué apremiar nada, mi suerte ya está echada.

Lúgubres pesadillas que me atrapáis en la oscuridad, ¿por qué me ocultáis de las estrellas? ¿Teméis que su brillo desvíe mi amor hacia ellas a pesar de su inalcanzable y lejana belleza? ¿Teméis que sea eso lo que mi ente desee? Pues desgarradme, abrid mi cuerpo, mi alma y mi mente y despedazadlo todo para devorarme. Aseguraos de que me quede con vosotras para siempre, que busque vuestro tormento cuando no seáis presentes y que, con ello, intensifique mi padecimiento al acompañarme únicamente un desconsuelo hueco de sentimientos no descompuestos.
Pero recordad, recordad que mi carcasa llora y grita entre sus grietas carcomidas. Y que esa armadura oxidada, que mi vacío guarda, no hará otra cosa que buscar ser salvada (para que sus cicatrices sean aliviadas) hasta que el abismo que en su interior alberga sea vuestro hogar permanente y así, finalmente, podáis engullirla y fundirla en vuestra noche perenne.

domingo, 8 de junio de 2014

Primero un disparo y luego silencio

Una pistola, dos hombres forcejeando y un cadáver en el suelo.

Quién hubiera adivinado que Erik, nada más llegar a casa, se encontraría con esa situación: su mujer frente a un desconocido con pasamontañas que la amenazaba con el cañón de un arma. Un cañón que disparó una bala nada más la puerta se cerró de golpe tras de sí.
No hubo gritos de dolor. Ni siquiera de desesperación por intentar salvarla. Solamente estupefacción. Todo lo había pillado de improvisto y su cabeza no parecía encajar nada.
El desconocido se giró y vio el rostro de Erik momentos antes de que éste, que al fin comprendía lo ocurrido, enrojeció y, temblando de rabia, se abalanzó sin dudarlo hacia el actual asesino. Lo empujó al suelo mientras las lágrimas empezaban a deslizarse por sus mejillas, pero el desconocido lo agarró de los hombros y ambos cayeron mientras la pistola se escapaba de las sucias manos del homicida. Un puñetazo por la derecha. Otro por la izquierda. Erik golpeaba al extraño que se intentaba proteger la cabeza con sus brazos antes de propinarle un rodillazo en la entrepierna, librándose así de la víctima convertida en agresor.
Erik se retorció, tirándose a un lado. El desconocido escupió sangre al suelo y, jadeante, se levantó. Pero no tardó en volver a caer. El nuevo viudo pateó sus piernas como pudo para tirarlo de nuevo y, de esta forma, enzarzarse otra vez en ese patoso mano a mano.

Quién hubiera adivinado que Tom, nada más llegar a esa casa, descubriría que la esposa del hombre al que había venido a buscar se encontraría ahí. Él quería acabar con el asunto lo más rápido posible y esa mujer no tenía nada que ver con todo el meollo. ¿Qué culpa tenía ella de que su marido le hubiera jodido la vida tras despedirlo? ¿Qué culpa tenía ella de que su marido, al despedirlo, hubiera causado que su novia lo dejase, se hubiera quedado sin casa y todo lo que se llevaba a la boca proviniera de un comedor social? ¿Qué culpa tenía ella de que, desolado y con ese rencor creciente en su pecho, se viera obligado a empeñar hasta casi la última de sus posesiones con tal de poder comprar ese arma a un tipo que encontró en las calles? Ninguna. Esa mujer no tenía ninguna culpa.
Y ahí estaba: él frente a ella. Pistola en mano y silencio absoluto. Hasta que un portazo a sus espaldas lo asustó y, sin querer, apretó el gatillo como acto reflejo. Viendo cómo la señora, sorprendida, recibía el disparo y caía al suelo. Viendo cómo, al darse la vuelta, se encontraba cara a cara con Erik, quien parecía no caber en sí mismo. Y, aunque su antiguo jefe no lo reconoció por llevar el rostro oculto, la rabia que su mirada poseía era la misma que tiempo atrás había visto en su propio rostro cuando se miraba en el espejo. “¿Qué has hecho, Tom…?”, se cuestionó él al captar la situación mientras sus ojos se enrojecían, llorosos.
Pero no tuvo demasiado tiempo para pensar. Un golpe lo derribó y, para cuando se enteró de lo que estaba sucediendo, un puñetazo le cruzó la cara y su pistola se había deslizado hasta el cadáver.

En un vano esfuerzo por librarse de las manos del desconocido que, desesperadas, no paraban de arañarle la cara, Erik le quitó el pasamontañas de un tirón y ambos se apartaron. Tom tenía el labio partido y casi toda la cara hinchada por los golpes que había recibido. Erik sangraba por la falta de carne y piel en su semblante, que ahora no se hallaba en éste, sino bajo las uñas de su antiguo empleado.
No comprendía qué sucedía. Él siempre le había tratado con respeto. Tuvo que despedirlo por una reducción de personal que le mandaron desde arriba. Pero como le ocurrió a Tom, les ocurrió a diecinueve personas más. No era culpa suya.
Erik se tocó el costado y empezó a toser. En la trifulca había recibido otro golpe ahí y, ahora que la cosa parecía haberse calmado y la adrenalina no era tan presente en su organismo, empezaba a dolerle todo.
El ex-empleado observaba silente, dudando sobre qué hacer. Pero sabía que pocas alternativas tenía ya. Había matado a una persona. Una persona amada por otra, otra que se encontraba allí con él y que no le dejaría irse tan tranquilo. Sabía que tarde o temprano volvería a embestirle y la pelea proseguiría. Sabía que la cosa ya no podía terminar bien de ninguna manera.
Suspiró, casi en un llanto ahogado, y tragó saliva mientras observaba de reojo su única posesión, dispuesta en el suelo.
El hombre del traje rasgado se fijó de inmediato en las intenciones de su antiguo trabajador y miró también la pistola. Levantó la vista y la mirada de ambos se cruzaron, diciéndose todo lo que debían decirse sin mediar ni una palabra.
Los pobres desgraciados no dudaron más; se tiraron hacia el cuerpo difunto de la mujer con tal de apoderarse del arma y, tras un brusco forcejeo entre cuatro manos, un disparo marcó el silencio definitivo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Como un frasco de cristal

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Cómo va todo? En nada cae el Salón del Manga de Barcelona, ¿os pasaréis por allí? La verdad es que suelo repartir algunos relatos cuando me presento en sitios así y, algunos de ellos, son inéditos (por lo que no los podréis encontrar aquí). Además de que tengo un relato pendiente del Salón del Cómic pasado que debo subir, por lo que seguramente el jueves o el viernes lo cuelgue aquí si no surge ningún imprevisto.
Hoy os traigo un pequeño relato que me pidieron de hacer y me gustó tanto que creí que merecía ser publicado en una entrada. Me lo pidieron por Ask (donde acepto pequeños retos literarios) y querían que escribiera sobre el desamor, así que este es el relato que salió como resultado. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Era perfecta. Su sonrisa, su pelo, su suave piel y sus besos... Era perfecta. Todo su ser, toda ella. Tanto su físico como su carácter. Era la pieza del puzle que faltaba encajar en mi vida, a mi lado. Era perfecta. Como ella sola. Y no había nada que se le equiparase. Ese esplendor, esa capacidad para hacerme sentir lo más pequeño del mundo y al mismo tiempo el más afortunado por ser quien estaba a su lado. Era perfecta...
Pero como bien dije, lo era. Pues lo fue en su momento. Hasta que todo se rompió. Como en un frasco de cristal, cayendo al suelo y despedazándose en mil fragmentos. Todo se desvaneció.
Sus miradas pasaron de ser cálidas a ser más gélidas que el propio hielo. Sus caricias empezaron a brillar por su ausencia. Sus bonitas palabras pasaron a ser dagas clavándose en mi corazón. Cada vez más hondo. Y haciendo que este sangrase en forma de lágrimas contenidas en mi interior, sintiendo un nudo en la garganta que pedía auxilio, volver al pasado, solucionarlo. Pero ese grito siempre salía ahogado. Y parecía que no era escuchado. Ni siquiera interpretado.
Era perfecta, sí. Lo era. Pero las cosas cambiaron de la noche a la mañana. No por mí, pues la quería. Sino por ella, que ya no era la misma.
Y pese a todos mis intentos. Pese a todo el sudor, lágrimas e incluso sangre derramada. Pese a todo el daño físico, emocional y psicológico. Pese a todo el esfuerzo sobrehumano llevado a cabo a través de la ruptura de los límites que aguantaría cualquier ser humano. Pese a todo. A todo eso y más... Fue inútil.
Y un buen día, como bien apareció esa musa encarnada frente a mis ojos, atrapándome en sus delicadas manos de diosa y haciéndome suyo en cuestión de segundos, desapareció. Se fue y me dejó solo. Destrozado. Quitándole sentido a todo, pues ella... Ella era quien se lo había dado.


Bueno, ¿qué tal? ¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 23 de septiembre de 2013

La promesa

¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Una caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y expandiéndola por toda ella.
Un suave beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes por pasión, amor y deseo.
Unas suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver a reencontrarse.
Un “te quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.

Recordó cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión. Haciendo que fuera suyo.

Miró al oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le dijo que debía soltarla.
Miró a la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de esas últimas imágenes.

Sintió el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a moverse ligeramente.
Sintió como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez inigualable.

Y vio su cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a reunirse y así cumplir su promesa.


Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Las garras de la mente

¡Buenas noches, queridos lectores! ¿Cómo van los últimos exámenes? Espero que todo bien, tanto los de Selectividad como los de recuperación. Pero bueno, hoy os traigo un nuevo relato que escribí hace poco y casi que se podría decir que es "recién salido del horno". Aún así, espero que disfrutéis con la lectura.


Corría y corría. No sabía hacia donde, ni siquiera tenía claro el motivo cuando cambiaba de dirección. Lo único importante era correr. Correr antes de ser alcanzado. Antes de ser atrapado.
Las ramas de los árboles arañaban mi cara y mis ropajes. Los arbustos los destrozaban y me causaban cortes. Pero no podía detenerme. Debía correr. Correr y no parar bajo ninguna condición.
El agotamiento pesaba en todo mi cuerpo, pero la adrenalina y el miedo de lo que me perseguía le obligaban a continuar y no mirar atrás. No podía mirar atrás, porque si lo hacía… ya sería demasiado tarde.
Di un salto, cayendo por una colina rodando. Me levanté de inmediato y seguí hacia adelante. Viendo el sol a lo lejos, ocultándose tras las enormes montañas que escondían infinitas ciudades y maravillas entre sus valles y sus cimas. Haciendo que la sombra se me cerniera tanto por detrás como por delante. Que me rodease hasta ocultarme.
Grité que no lo hiciera, que no se fuera. No debía hacerlo, no podía hacérmelo. No, no y no. Por nada del mundo. No podía dejarme aquí en medio, abandonado, sin faro alguno que me guiase.
Escuché un cuchicheo a mis espaldas, cercano y frívolo. Mierda, ¡mierda! Me había detenido sin darme cuenta al ver mi única esperanza desaparecer delante de mis narices. Emprendí de nuevo la marcha, pero sabía perfectamente que ya no serviría de nada. Me atraparía y no podría huir. No podría escapar de sus frías garras y haría conmigo lo que quisiera. Formaría parte de mí, aferrándose hasta lo más profundo de mi alma. Y todo por mi culpa y desesperanza.
Una sonrisa de formó en la comisura de mis labios y una sonora carcajada salió de ellos. Una risa tan profunda que parecía provenir desde las mismísimas entrañas de mi ser mientras abría los ojos como platos y miraba al frente.
Me había atrapado, sí. Me había atrapado y me envolvía. Me dijeron que no debía dejar que eso ocurriese. ¡Pero necios quienes lo dijeron! ¡No querían que viera una nueva visión de la realidad! Una visión nueva, plena y llena de cosas que cualquier otro no hubiera ni podido imaginar.
Pues lo que vosotros nombrasteis como locura, a mí se me presentó como una visión mucho más perfecta de la realidad. Donde las emociones son más fuertes e intensas. Donde todo cobra distintos sentidos y significados. Donde nunca nada está mal porque no existe el bien. Y todo con una única sinfonía: una risa continuada que nunca se apaga.


¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que así sea y que el título no diera demasiadas pistas sobre lo que trataba el relato. Aún así, ya sabéis que aquí abajo podéis comentar, valorar, opinar, compartir y lo que vosotros creáis conveniente.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 16 de enero de 2013

Amor

¡Buenas tardes queridos lectores! Como prometí, traigo un relato esta semana y el fin de semana continuaré con la serie semanal (espero no defraudaros). Aún así, como ya dije, los relatos sueltos los iría colgando cuando encontrara un hueco de lunes a viernes, sin día fijo para ponerlo, así si me venía la "inspiración" en algún momento y el relato me gustaba, quizá os lo enseñaba tal cual.
Pero yendo al relato, en este el título seguramente no se asemejará demasiado al contenido que estarías pensando al leerlo, si alguien tenía una ligera idea, me sorprendería en parte, pero tampoco es muy complicado. Aunque mejor no digo nada más y dejo que juzguéis vosotros mismos al leer este relato breve el cual decidí no retocar apenas nada (solo corregir) después de escribirlo (hace relativamente poco). Espero que os guste.


   Las guerras terminaron, las peleas cesaron, las disputas se solucionaron. En esos momentos, el odio y la muerte por parte del hombre para los hombres terminó. En esos momentos, la comprensión y la estima afloró, dejándose ver para todos los hombres que no habían visto la luz hasta ese día.
   Lástima que eso solo sucediera cuando los días de su reinado fueran a terminar finalmente, pues el gigantesco astro que se precipitaba hacía su mundo era imparable.
  Lástima que, el sentimiento más sincero y al mismo tiempo más oculto del hombre, solo surgiera en los momentos de desesperación. Cuando ya estaba todo perdido.
  Pues, si dicho sentimiento de colaboración y prosperidad guiada por la estima colectiva hubiera brotado antes de sus corazones, quizá ese fatídico día hubiera podido ser evitado. Quizá, ese fatídico día pudiera ser arreglado. Quizá.
   Pero ese quizá nunca llegó y su gloriosa era acabó.


Bueno, espero que os haya gustado a pesar de su brevedad y, como dije, ando mirando un poco el retoque del estilo de los relatos y tal, aunque me gusta demasiado el tipo de letra Georgia en cursiva. Así que por ahora, de aquí en adelante, lo que haré será poner de otro color lo que sea el relato.
Volviendo al escrito, ¿os esperabais que fuera de este estilo? Espero poder pillaros de improvisto, pues no sabía muy bien que título ponerle al relato.
Y creo que quizá últimamente escribo sobre hechos catastróficos y demás, eso puede a deberse a que ando en mitad de la escritura de leyendas, sucesos, profecías y demás para una novela fantástica-medieval (por ejemplo, el relato de Guerra o el cuento de Pequeña estrella tendrían influencia o formarían parte de ese mundo que estoy construyendo a base de líneas y líneas de palabras, pues no es lo mismo que esté en mi cabeza que transmitirlo en el texto y, espero, que en esos dos ejemplos os guste lo que hayáis visto por ahora).
Aunque bueno, creo que ya me estoy alargando un poquitín y estoy indagando sobre un proyecto futuro que de momento está bastante lejos de terminarse, así que me despido ya, diciendo que nos veremos este fin de semana con un nuevo capítulo de Un bar cualquiera y me voy que tengo todavía muchos quehaceres.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!


Edit: Quise modificar lo de las reacciones, conseguí poner 5 y que se vieran bien sin cortarse. ¿El precio? Se han perdido casi todas los votos (excepto los de "divertido", que al ser el primero no lo toqué y quizá por ello no se han perdido). Así que francamente, no sé si he pagado un precio bastante alto con tal de solucionar el problema... Así que agradecería si pudierais volver a hacer vuestras pequeñas contribuciones en las Reacciones otra vez, os lo agradecería muchísimo..