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jueves, 21 de febrero de 2019

Madrugada 21

Es de noche. Madrugada 21. No ha sido un mal día. Tampoco uno bueno. Simplemente ha sido.
La noche llega y los ojos de las personas se cierran, acurrucados al calor ajeno y confortable, a la piel cálida que los abraza en medio de la oscuridad. Otra noche como otra, y nada más. Manos juntas, suspiros y ronquidos, pausa y tranquilidad. Quizá alguna ventana abierta, con la luz encendida, a saber por qué, frente a los ojos turbios de quien fuma, en el balcón, sin poder dormir. Otra noche como otra.
La calle descansa, la luna se recuesta entre las nubes y las estrellas observan, somnolientas, cómo nada sucede, cómo la vida duerme. Es de noche y nadie, nadie más allá de los insomnes, que confunden el tiempo y creen estar en un día sin sol, lo perciben. Porque, ¿quién iba a notarlo, si no es importante, si nada ocurre? Es otra noche, otra como otra, y nada más.



martes, 8 de octubre de 2013

Delicadeza

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Todo bien? Eso espero. Yo en breves empezaré una de las dos escuelas de escritura a las que asistiré este curso, por lo que quizá no se haga seguro que suba los relatos el lunes. Aún así, hoy os traigo un tipo de relato que hacía tiempo que no subía, así que espero que disfrutéis con la lectura que os ofrece.


Unas sábanas blanquecinas tapando dos cuerpos apegados el uno con el otro.
Una cabeza apoyada sobre su pecho, con los ojos cerrados y su boquita entreabierta, respirando lentamente y sintiendo los latidos del corazón de quien momentos antes ha amado. Escuchando como se calman, poco a poco, recuperando un ritmo normal pese a ir siempre acelerado ante su presencia.
Un brazo tras la cabeza de él, haciendo la mano de intermediaria entre ésta y la almohada. Otro brazo rodeando una femenina cintura, colocando su diestra en el desnudo muslo de su acompañante y moviéndola ligeramente para propiciarle suaves caricias por él, yendo de arriba abajo, de su pierna a su barriga y volviendo a descender.
Un suspiro escapándose de ambos labios, de ambos amantes, exhaustos y relajados en ese preciso instante de paz y tranquilidad en el que sólo se escucha el viento ulular fuera, a través de la ventana por la cual entraba la única iluminación de la sala.
Él abre sus ojos y la observa. Sonríe levemente, pues más allá de lo que pueda parecer, le tiene aprecio y estima.
Ella mueve ligeramente su cuello y alza la vista, viendo como la mira. No puede evitar devolverle la sonrisa mientras sus blanquecinas mejillas se ruborizan, embobándose con el cruce de miradas. Perdiéndose los dos en las pupilas del otro.
Un ligero movimiento por parte de ella para ponerse encima, sentándose sobre su pelvis, y dejando al descubierto desde sus pechos hasta su vientre. Para sonreírle picarona, atrevida, juguetona, y descender hacia él.
Unas frentes juntas, permitiendo observar mejor ese lugar que expresa todos los sentimientos y pensamientos sin necesidad de mediar palabras al que hacen llamar ojos, un sitio que poco a poco va siendo cerrando por sus párpados mientras sus labios se acercan despacio, rozándose hasta fundirse en un beso. Un beso oculto tras unos tirabuzones castaños.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas otras más opciones aquí abajo sin ningún tipo de problema. E, incluso, depende cómo creo que quizá llegaré a aceptar encargos, así que si tenéis alguna sugerencia o petición ya sabéis por dónde se puede contactar conmigo (aunque esto es algo que todavía tengo que mirármelo, por lo que no es del todo seguro).

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 8 de noviembre de 2012

Un bar cualquiera - ¿Respuestas?

¡Buenas tardes estimados lectores! Como os dije, hoy os cuelgo la continuación de Un bar cualquiera ya que resultó ser el relato victorioso en la encuesta (3-1). Anda que... Podríais ser un poquitín más participativos, que la literatura no muerde. Al menos no más allá de la imaginación.
Pero antes, quería avisar de que seguramente las entradas las subiré por la tarde debido a que, básicamente, me es más cómodo y fácil subirlas. Además de que me da algo más de tiempo para echar un último repaso a los escritos antes de subirlos, aunque claro, los que ya tenía escritos de antes, suelo dejar un poco la esencia del momento. Al menos eso intento. Y este es el caso de este capítulo de la nueva serie semanal, que ya lo tenía escrito (como algunas continuaciones de Un día más en la rutina), por lo que seguramente se notará un poco la diferencia cuando sea un relato recién escrito a uno guardado de antaño.
Bueno, no me enrollo más. Esta vez, el relato no es tan "movidito", es más bien pausado, aunque espero que eso no sea motivo para que os deje de gustar. Además de que se presentaran a un par de personajes nuevos, pero no os adelantaré más cosas; leedlo mejor vosotros.
Y, dicho esto, aquí tenéis el relato:

Las palabras de Jack me habían desconcertado, confundiéndome y poniéndome nervioso por ello. ¿Cómo podía ser yo uno de esos mutantes cuando nunca había mostrado ninguna anomalía? Ni siquiera en las muchas visitas al médico u hospital. Lo que decía no podía ser verdad, me estaría mintiendo o se lo estaría inventando. No había otra explicación.
-Matt, sé que quizá no entiendas lo que está pasando -su voz estaba calmada-, pero debes confiar en mí -su mano volvió a la normalidad-. Te iré contando por el camino.
Al escuchar su voz mi mente encontró una respuesta a todos los interrogantes que surgían en ella. Él. Debía aceptar acompañarlo o apartarlo completamente de mí, pero sabía perfectamente que si escogía una cosa eliminaría por completo la segunda opción. No dudé y le respondí, rápidamente, sin pensarlo dos veces.
-Quiero saberlo todo.
Torció sus labios, a muestra de sonrisa, y se dio la vuelta para abrir la puerta y salir por esta. Tomé esa sonrisa como una señal para que le siguiera, así que lo hice tras coger mi chaqueta de cuero marrón y ponérmela, además de coger las llaves del piso para cerrar la puerta. Cuando me giré para seguirlo ya estaba bajando las escaleras, a punto de llegar al vestíbulo.
A pesar de rozar los treintaicuatro años siempre he sido bastante perezoso cosa que hace que, a pesar de estar en un tercer piso, use el ascensor para subir y bajar cuando seguramente cualquier otra persona de mi edad hubiera podido alcanzarlo con un par de saltos. Así que, mientras él acababa de llegar abajo, yo fui hacia el ascensor, pulse el botón, esperé a que llegara dando golpecitos con el pie. Al llegar subí nada más abrirse las puertas y estuve esperando, tras pulsar la letra correspondiente, a que bajara al vestíbulo. Como en las películas, en este ascensor sonaba una musiquita de espera mientras funcionaba. El ding del ascensor indicó su llegada y se abrieron las puertas. Nada más salir me dirigí a la puerta de entrada.
Jack estaba fuera, en un deportivo. Me miraba fijamente, serio, esperando a que subiera. Con toda la calma me dirigí al vehículo, abrí la puerta del copiloto y me senté.
-Has tardado -se limitó a decirme con tono molesto.
No respondí a su clara afirmación, así que prosiguió.
-Lo prometido es deuda. Te contaré lo que ocurre y cual es el problema en el que necesito de tu colaboración -se crujió los dedos, mientras estiraba los brazos adelante, y puso el coche en marcha-. El caso es que no se conoce claramente tu mutación, pero no debe ser demasiado significativa, la habríamos notado mucho antes. Aún así ha sido mejor que lo notáramos nosotros a que hubieras sido tu mismo o cualquier… otro -aceleró el automóvil-. Por lo que no tienes debes preocuparte de nada. Alice ha desaparecido si, pero es mejor por el momento ya que…
-¿¡Cómo puede ser mejor que mi mujer haya desaparecido!? -Le interrumpí echándole eso en cara, pues ya me había callado suficiente con preguntas que seguramente me fuera a responder más adelante. Aceleró.
-No te sulfures –dijo con una calma odiosa-. Todo a su tiempo. Déjame terminar –suspiró-. Que haya desaparecido garantizará que no nos interrumpa, además de que sabemos su posición y, antes de que digas nada, por ahora no podemos llegar hasta ella –respiró hondo-. Siguiendo con el tema principal, te llevaré a un lugar donde conocerás a unos cuantos más del equipo. Intenta ser paciente.
El coche frenó de golpe. Habíamos llegado muchísimo más rápido de lo que imaginaba. Jack salió del coche y yo le seguí. Puso el seguro pulsando un botoncito de las llaves y se dirigió hacia un callejón al comprobar que iba hacía él.
Después de caminar un buen trazo, bajó por unas pequeñas escaleras que parecían dar al sótano del bloque de pisos del lado izquierdo. Al llegar a una puerta tachonada con algunas tablas de madera dio tres golpes en estas. Estaba a punto de reprocharle el hecho de que allí no había nadie, pero la puerta se abrió hacia dentro. Por lo visto habían recortado los tablones clavados, tras ser colocados, a la medida justa de la puerta para que pudiera abrirse con normalidad.
Dentro reinaba  la oscuridad, aunque al poco rato una bombilla de techo, con su respectiva cuerdecilla, se encendió, dejándonos así ver al tipo que había justo delante de mí.
-Oh, parece que has traído una nueva amistad la cual supondré que es de merecer nuestra confianza, pues ha sido conducido aquí por un viejo conocido. ¿Me equivoco?
-No, no te equivocas.
-Bien -hizo una sonrisa gentil y abrió la puerta de detrás suyo para dejarnos pasar.
El chico parecía rondar por los veinte y pocos, aunque iba vestido de manera muy formal, al igual que sus maneras. Incluso su peinado era de ese estilo. El traje, por lo que pude ver con esa poca luz, debía ser caro, pues en las tiendas convencionales nunca había visto trajes parecidos a esos. Incluso parecía que fuera de otra época, rondando el siglo diecinueve.
Pasé tras de Jack y el joven desconocido detrás mío. El sótano, que antes me había parecido una jaula para pájaros, se ampliaba muchísimo más tras esa segunda puerta, además de que estaba mucho mejor iluminado. Disponía de unos pocos fluorescentes colocados estratégicamente para iluminar solamente las partes que parecían más útiles, como las pocas mesas y sillas que había por allí.
La mayoría de las paredes estaban cubiertas por archivadores y habían un par de ordenadores encendidos en las mesas del fondo, pero estos solo disponían de la iluminación azulada de sus pantallas. Para ser un simple sótano con un par de cosas sencillas me pareció que el espacio estaba bien aprovechado.
-¿Para qué tantos archivadores? -Pregunté intrigado.
-Ah, no tienen nada de especial: papeles, folletos, algún que otro mapa… Nada del otro mundo -respondió Jack como si le aburriera el tema y se dirigió a la cafetera que había en una mesita. Se sirvió un café y luego fue a la mesa metálica más apartada del lugar, justamente a la otra punta de los ordenadores-. ¿Más preguntas?
-No, creo que no…
-Bien -habló un tipo alto, con el pelo despeinado de color grisáceo y barba de un par de días mal afeitada. Me miró de arriba abajo y se sentó al lado de Jack. Sus ojos tenían un color azul mar, el cual daba una agradable calma y serenidad.
A pesar de su aspecto, el agradable sosiego que producía el color de sus ojos daba la impresión de que se pudiera confiar en él; no daba señal alguna de peligro o motivo para molestarse. Al contrario, daba una sensación de confianza.
-¿Quién es? -Preguntó a Jack sosteniendo todavía su mirada en la mía.
-Matt, se llama Matt Storm. Él también tiene… cualidades.
-Entiendo… -esbozó una pequeña sonrisa, apenas visible-. Y bien, Matt Storm, ¿sabes tus cualidades?
Antes de poder responder a la pregunta sentí un pequeño mareo que, aunque duró poco, provocó que casi fuera de narices al suelo si no me hubiera sujetado a una mesa.
-Por lo visto no las sabe y, si es que tiene, deben estar bien escondidas –se auto respondió-. ¿Estás seguro de que este sirve?
Jack me echó una mirada antes de responder.
-No tengo ninguna duda.
 -Bien.
Se levantó, vino a mi lado y me miro fijamente. Su acción me inquietó pero fue solo un momento, ya que esa sensación de nervios fue sustituida por una agradable y suave calma que hacia descansar cada rincón de mi, antes tenso, cuerpo. Tras eso me indicó que lo acompañara. Y eso hice, sin saber muy bien el porqué, pero lo hice.
Pude observar de reojo como Jack asentía con la cabeza de manera confirmatoria a lo que estaba haciendo. Tras eso volví la mirada al frente y ese tipo me abrió una puerta metálica que había entre dos archivadores, marcándome que pasara primero.
La estancia era pequeña y estaba iluminada con un solo fluorescente algo fundido, haciendo que estuviéramos casi a oscuras. Me señaló la silla de la pared del fondo y me senté ahí. Minutos después de que el tipo cerrara la puerta, cogiera una silla de plástico para ponerla enfrente de la mía de metal y se sentara, perdí la consciencia.


¿Y bien? ¿Os ha gustado? Espero que si y lo expreséis donde las reacciones y, si no es así, siempre podéis comentarlo o mandar algún mensaje al correo electrónico proporcionado. Espero que no se os haya hecho demasiado largo la continuación (son un par de páginas a word). Pero bueno, me despido ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!