Mostrando entradas con la etiqueta dulzura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dulzura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de enero de 2014

Eco de suspiros

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Qué os pareció el anterior relato? ¿Os gustó? Espero que así sea, además de que le dierais un poco a la cabeza. Pero bueno, hoy os dejo aquí un relato de una temática que hace tiempo que no subo. Espero que disfrutéis con la lectura.


Acariciar suavemente con las yemas del dedo índice, corazón y anular el mismo cuello que fue mordisqueado previamente por mis pequeños pero afilados dientes, encargados de marcarlo mientras ella jadeaba de placer en un vergonzoso sonido que todavía resonaba en las paredes de mi cabeza, incitándome a seguir mordiendo donde ahora tenía dispuestos los dedos que se deslizaban abajo, hacia sus hombros pero sin intención de detener ahí su trayecto.
Ver sus ojos cargados de astuta picardía brillando en mitad de la oscuridad, contemplando mi rostro aprovechando que ahora no tenía los párpados cerrados por el anterior gozo, de cuando, desnudándonos poco a poco, acabó ella exhausta tras un primer asalto del cual se podía apreciar, todavía, su rastro en las perladas gotas de sudor que relucían en su frente debido a la luz de la luna que entraba a través de la gran ventana que había en la habitación. Y que gracias a ello, podíamos ver nuestras siluetas en completa perfección y unión. Asemejando ser un único ser en las sombras proyectadas contra la pared.
Un beso dulce pero al mismo tiempo salado por las chispas de la transpiración de su rostro, causando una ligera sonrisa en sus rosados labios que se incrementa según nota mi mano bajar a sus pechos, palpándolos suavemente tanto con uña como con carne, provocando así que se endurezcan sus pezones. Demostrándomelo con un ligero suspiro placentero que se escapó de su boca justamente en mi oído. Haciendo que las carantoñas de mis labios vayan precipitándose hacia el acantilado de su barbilla, no sin pasar antes por su adorable naricilla y evitar, rodeándola, esa trampa provista de afilado marfil que sería mortal para mi lengua. Para así poder dejarme caer hacia sus senos y, en un rápido y modesto gesto, mordérselos.
Escuchar su sorprendido gemido y sonreír con visaje tímido. Ocultando la satisfacción entre los carnosos pechos que me llaman a gritos para ser mordisqueados mientras mi mano sigue obrando, bajando por su tripa según su vello se eriza y se le pone la piel de gallina por la delicadeza de mis ternezas sobre su aterciopelado vientre, ladeando el ombligo al cual mis labios iban dirigidos tras haber rozado sus senos, marcándolos de un rojo que contrastaba en su piel pero que ella permitió al seguir gimoteando de fondo según iba procediendo. Llegando así a él y lamiendo con la punta de mi lengua su alrededor para provocarle más escalofríos. Que me demuestra con cohibidos suspiros.
Y no tarda en entrar el dedo corazón y anular tras haber frotado su vulva y la pequeña semilla que ésta oculta, produciéndole bufidos semejantes a los que tenía cuando mi cuerpo se encontraba minutos antes encima del suyo, agitándose de manera energética mientras ella arañaba y marcaba mi espalda con dientes y garras, suplicando clemencia pero que, aún así, prosiguiera. Diciéndome insinuaciones con susurros en la oreja. Murmullos que estremecían mi cuerpo y estimulaban que mis embestidas aumentasen, provocando que me empujase para tirarme a un lado y cabalgarme hasta correrme según le agarraba el trasero con pujanza. Ayudándola a brincar hasta ensartarla en una última bajada. Y luego separarnos poco a poco, quedándonos al lado el uno del otro, entregándonos cariños e incitándome a que yo le prestara mi ayuda para que ella también terminase.
Por esa razón ahora me encontraba sometido bajo la presión de sus manos enredadas en mi pelo, apretándome con fuerza contra su sexo mientras sus muslos rodeaban mi cuello. Obligándome a relamer más adentro y comer de sus intimidades como ella había hecho conmigo en un buen inicio. Provocándome en su momento ligeros soplidos, parecidos a sus actuales gemidos que se grababan en mi cabeza como una melodiosa harmonía que sólo hacía falta escucharla una única vez para recordarla durante todo el resto de tu vida. Escuchando así pues, cómo aumentaba su tono por los húmedos juegos que ahí abajo se debatían, incrementándose lentamente según mis dedos, curiosos, exploraban su interior buscando proporcionarle un mayor e intenso placer. Terminando en un lujurioso aullido que gritaba mi nombre desgarrando sus cuerdas vocales.


Bueno, ¿qué tal? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, opinar y valorar aquí abajo sin ningún tipo de problema y además se suelen agradecer las aportaciones hechas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 17 de octubre de 2013

Música

¡Buenas noches, queridos lectores! Hoy os traigo un relato dedicado a lo que indica el propio título de la narración y, conociendo que hay un considerable número de músicos que leen mis relatos, espero que el escrito sea de su agrado. Así que no me demoraré más y ya os lo dejo aquí.


Suave caricia en la cabeza, filtrada a través de los oídos, que empapa tu cerebro de pequeñas gotas que van recorriéndolo por cada uno de sus rincones. Despacio, impregnando su sabor incluso en los más recónditos recovecos.
Susurros en un viento que resuena ululando en cuanto cierras los párpados. Una brisa interna que se filtra por todo tu ser, erizándote poco a poco el vello, provocándote sensaciones que sin su empuje jamás creerías sentir.
Experimentando un efecto totalmente nuevo y único según se acompañan y perfilan las notas, una tras de otra.
Escuchas, dejando la mente en blanco, dejando de cavilar. Solamente oyes, percibes y dejas que tu mente se filtre a través de cada sonido, entremezclándose con todos ellos. Sintiéndolos suyos mientras ellos, a la inversa, la cautivan haciéndola soñar cosas completamente extraordinarias y fantásticas. Cosas que en un principio parecían inimaginables.
Un pequeño oleaje se acumula en tu interior y, el cuerpo, incauto e inconsciente, lo estimula oscilándose de una manera casi imperceptible.
El ritmo aumenta, se intensifica, y la negrura de tu cabeza cobra más tonalidades y colores. Más formas y movimientos. Hasta crear un paraje completo alrededor de ti, pues también te dibujas en él.
Avanzas, sintiendo una extraña e inexplicable emoción hacia todo. Recorres cada camino trazado y sin explorar. E investigas más allá de lo que nunca irías si no fuera por esa melodía que suena de fondo en mitad de esa aventura.
Hasta que cesa. Y todo desaparece con ella.
Abres los ojos y encuentras una terrible exaltación dentro de ti por lo vivido, aunque al mismo tiempo también descubres la desilusión por el hecho de haberlo perdido. Y observas al músico con su instrumento, quien ha precisado cada uno de los detalles que has recorrido, a pesar de que aparenta no ser consciente de ello.
Sonríes levemente y te parece que asiente unos momentos antes de que empiece a tocar la pieza nuevamente mientras tú, sintiendo una extraña emoción crecer, cierras de nuevo los ojos para sumergirte otra vez en el mundo que tu mente te ofrece. Pese a saber que no será lo mismo que has vivido anteriormente.
Pero la novedad y lo desconocido te atrae de manera significante.
Haciendo que, aún así, te resulte totalmente excitante.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado o, incluso, se ha dado el caso de que alguien experimente la música de una manera similar a la detallada en la historia? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problemas y toda opinión siempre será bienvenida, además de que si hay alguna duda, se intentará aclarar.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Tengo frío...

¡Buenos días queridos lectores! El verano empieza a acabar, pero eso no es motivo por dejar el blog de lado sin ninguna fuerza mayor de por medio, así que aquí os dejo otro relato que escribí hace tiempo, el cual espero que disfrutéis con su lectura.


Oh, blanquecina y suave mano, que repasa el contorno mi rostro con sus finos dedos, guiándome a alzarlo, a mirar hacia arriba, con la punta de sus huesudas falanges.
Oh, finas y frías caricias que recorren mi cuerpo, erizando mi vello, poniendo mi piel de gallina por dicho tacto, por tal sensación que envuelve mi cuerpo. Una sensación que emana desde lo más profundo de mi ser. Reconfortante pero a la vez solitaria.
Oh, dueña de dichos mimos, ¿por qué me incita a elevar mi semblante si no quiere que vea todavía el suyo? ¿Por qué repasa mis mejillas con sus afiladas puntas, como si de lágrimas cayendo por éstas se trataran?
Pero no, no pare. Continúe, por favor, continúe.
Necesito que siga con sus dulces carantoñas y cánticos que endulzan mis oídos en un susurro apenas perceptible. Necesito que me hable, en murmullos, calmándome a pesar de las palabras inquietantes que sus labios descarnados sueltan.
Oh, prosiga con su labor, dulce dama que me trata como su hijo, como su amante, a pesar de ser casi desconocidos. Quédese aquí, conmigo.
Porque, a pesar de que todo esté oscuro, como si mis ojos estuvieran cerrados, soy capaz de ver su preciada mano con total claridad.
Pero hace mucho frío, amada señora. ¿Por qué hace tanto frío? Parece que todo mi alrededor estuviera gélido. Como si todo el calor, que parecía provenir de mi cuerpo, hubiera desaparecido.
Oh, la necesito, la necesito tanto. Necesito que esté aquí, a mi lado.
Y se lo suplico, déjeme ver su pálida faz, déjeme besarla. Por favor.
Pero no, acompáñeme al menos hasta el final. No, no se vaya.
Oh, no, por favor no. No aparte su oscuro velo de mi cuerpo, pues éste me abriga y reconforta del frío. A pesar de la sentencia que conlleva.


¿Y bien? ¿Os ha gustado y/o habéis podido entender sin problemas el significado del relato? Espero que sí. Además, ya sabéis que podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!