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martes, 9 de junio de 2015

Hoy he soñado

Hoy he soñado que estaba contigo, otra vez. He soñado que te amaba, que me querías, y que inundábamos nuestros cuerpos de caricias. He soñado que recorría tu piel fina con la yema de mis dedos, saboreando tu tacto con ellos, mientras una ligera sonrisa rompía tus comisuras. He soñado que tu cuerpo, suave, se moldeaba en mis manos, adaptándose, como el mármol al escultor y que encajaban, mis huecos con tus miembros, durante todo el proceso.
Hoy he soñado que nos encontrábamos, otra vez. He soñado que te quería, que nos amábamos, y que los besos inundaban esos recovecos tan difícil de verlos por culpa de las cicatrices del tiempo. He soñado que tu espalda se posaba en el suelo mientras tus labios se separaban y, con un suspiro, rompían tu garganta… según mis dientes marcaban tus pechos que, endurecidos, sólo pedían más y más mordiscos. He soñado que nos apretábamos, nos arañábamos y luego nos besábamos, acariciándonos y lamiéndonos aquellas heridas que, inocentemente, nos producíamos.
Hoy he soñado contigo, y con tu cuerpo, otra vez. He soñado que hacíamos bellos cuadros de poesía, con nuestro afecto, sin ni siquiera ser conscientes de ello mientras, a lo lejos, nos desvanecíamos en un sueño.

viernes, 11 de abril de 2014

Como un juego de luces y sombras

Como un juego de luces y sombras que se entremezclan, mostrando dos cuerpos que se funden en caricias y besos proyectados en un tapiz tenuemente iluminado. Delicado, como aquella mano que trepa humilde por el tierno estómago que acaricia con su palma, alcanzado ese pecho que encaja poco a poco entre sus dedos según unos labios recorren la erizada piel de unos muslos temblorosamente desnudos.
Suspiros tenues de placer que se pierden continuamente entre ellos, uno tras otro, convirtiéndose en vagos pero preciosos recuerdos sonoros. Preciosos como aquel bello rostro de ojos luminosamente entrecerrados que, pudorosos, observan aquel que la sulfura con ternuras. Notando su cuerpo subir de temperatura y viendo cómo, sus dedos, instintivos, van a su cabello y hombros, apretándolo contra su intimidad para dejar de suspirar y empezar a jadear.
Ligeras gotas rojizas asoman de su labio mordido por la vergüenza, ansiosa por engullir los cohibidos gemidos que tiene retenidos en su interior pese a haberse fugado alguno al pronunciar, involuntaria, su nombre cuando notaba una húmeda calidez frotarla suave. Produciéndole ligeros escalofríos de placentera embriaguez.
Su rubor crece, sonrojándose, cuando sus miradas son cruzadas otra vez, clavándose y perdiéndose mutuamente en sus pupilas brillantes. Cuyo encuentro se interrumpe al apartarse. A pesar de que los dos, de reojo, siguen mirándose.
Y la pasión puede. Y gana el placer. Él trepa con su boca hasta sus pechos y luego hacia sus labios, fundiéndose ambos mientras los dedos perfilan los cuerpos, repasando ambas siluetas en la oscuridad. Delimitando sus formas y dando pie a imaginar, a fantasear, a desear. Según los dientes, firmes pero vacilantes, buscan tímidos morder la bulliciosa carne. Desahogando ese exaltado y raudo gimoteo, convertido en resoplido y apetito. Expresando así, con ese sonido, el deleite que la fruición ha conseguido. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

La promesa

¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Una caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y expandiéndola por toda ella.
Un suave beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes por pasión, amor y deseo.
Unas suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver a reencontrarse.
Un “te quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.

Recordó cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión. Haciendo que fuera suyo.

Miró al oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le dijo que debía soltarla.
Miró a la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de esas últimas imágenes.

Sintió el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a moverse ligeramente.
Sintió como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez inigualable.

Y vio su cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a reunirse y así cumplir su promesa.


Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 9 de agosto de 2013

Ambarino

¡Buenos días queridos lectores! Espero que estéis pasando bien el verano, como debe ser. Hoy os traigo un tipo de relato que creo que hacía tiempo que no subía. Espero que sea de vuestro agrado y disfrutéis de la lectura.


Sentir tu cálida piel bajo mis labios, como se eriza el vello con mis caricias y tu boquita entreabierta, suspirando.
Besar tus brazos y piernas, tu espalda y rostro, tu fuente de palabras y cerrar los ojos mientras ambos disfrutamos.
Un masaje con fuerza y delicadeza recorriendo tus muslos y provocando que me mires, con incertidumbre y a la vez seguridad. Para acercarme a ti y volverme a besar, mirando mis ojos castaños con los tuyos ambarinos y asintiendo con la cabeza, que siga, que no me retenga, que te haga gozar.
Una mano insegura, tocando donde te hace jadear. Suaves movimientos, agradables e inexplicables sensaciones que nos hace acercarnos, estremecernos y rozar nuestros labios mientras nos miramos con cariño y ternura.
Un jadeo leve y una afirmación con la mirada, indicándome que baje y te bese sobre la fina tela, una fina tela que no tarda en desprenderse para dejar que mis dedos masajeen y jugueteen libremente junto a mi lengua mientras tú gimoteas.
Te llevas mi mano libre a la boca para morderla de placer, temiendo que se te escuche por si gimes demasiado fuerte. Yo sonrío levemente y continúo mientras me aprietas cada vez más hacia ti hasta que no aguantas y, en un último suspiro, tu cuerpo se relaja.


¿Qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo, valorarlo y demás aquí abajo y que todo es bien recibido.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 23 de mayo de 2013

Pasión

¡Buenas noches, queridos lectores! Hoy os traigo un relato algo subido de tono (mucho más de los que habéis visto por ahora en el blog, la verdad) que, a pesar de ello, espero que os guste y lo disfrutéis leyendo. Así que aquí os lo dejo:


Besos recorriendo tu fina y desnuda piel. Soplidos que hace que se erice levemente para, tras un lametón, suspires por esa agradable e inexplicable sensación.
Dedos acariciando tus piernas, subiendo más rápidamente que mi boca mientras tú vas abriendo éstas. Llegar a la única zona tapada con una prenda y mirarte a los ojos con la poca iluminación que había en la oscura habitación.
Observar como asientes, tragando saliva, para luego yo sonreír tiernamente y empezar a lamer, lentamente, por encima de la tela mientras tú jadeas, tímida, mordiéndote el labio inferior.
Un gemido se te escapa cuando mi mano se desliza por debajo de donde mi lengua juguetea y ya no puedes parar. Los jadeos se hacen más intensos, aunque los gemidos aún son tímidos, y la prenda ya hace tiempo que está tirada al suelo, con las demás, dejando a mi boca juguetear libremente por donde mis dedos masajean. Dándote placer que expresas en forma de suspiros.
Llevas las manos a mi cabeza, entrelazando tus dedos en mi pelo, apretando mi rostro contra ti para que, en un último gemido, arquees la espalda y me aprietes todavía más antes de soltarme.
Levanto la cabeza, tras dar un pequeño beso, y te miro. Estás exhausta pero me indicas para que me acerque.
No dudo y subo, entre besos y lametones, de tu vientre a tus pechos (dejando uno marcado con un pequeño mordisco juguetón).
Miro tu rostro, acercas tus labios a los míos, me besas lentamente mientras notas como mi cuerpo se acerca al tuyo. Te abrazas a mí, con fuerza, mientras el beso se incrementa, juntando nuestras lenguas apasionadas. Pero te detienes un momento. El mismo momento en que abres los ojos y jadeas al notar como ya he entrado en ti.
Me miras, sonriente y picarona, y te acercas a mi oído para decirme unas palabras que sólo yo comprendería y luego arañarme levemente la espalda. Incitando a moverme.
No tardo demasiado en hacerlo, mientras veo como tus suspiros pasan a ser jadeos, tus jadeos a gemidos y tus gemidos a bellas palabras entrecortadas. Como casi igual ocurre conmigo.
Te apartas un momento, empujándome, y te pones arriba.
Te acercas a mi rostro, pero no con el tuyo, sino con tus pechos para que, cuando me entretenga con ellos, tu des un pequeño bote que haga que ambos nos quedemos sin respiración momentáneamente. Y vuelta a empezar. Sólo que, esta vez, estás tú arriba. Dominando la situación.
Pero no tardas en cansarte un poco y alzas tu cadera. Yo te tomo de la cintura y te ayudo, siendo más rápido y fuerte, provocando que los leves jadeos de cuando tú te movías se conviertan en profundos gemidos.
Y volvemos a dar la vuelta, poniéndome encima, para terminar mirándote a los ojos mientras te lo digo y tú me lo dices a mí. Y, con un apasionado beso, notes la calidez entrando en tu interior mientras ahogas el último gemido en mis labios.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y hayáis disfrutado de esta breve pero intensa lectura. Y ya sabéis que más abajo podéis comentarlo, compartirlo y demás (no será por falta de opciones). Además, si no lo hago mañana (sí, serían ya tres subidas seguidas, quizá mi inconsciente se siente mal por no haber subido apenas nada estos días y busca compensarlo), lo subiría este fin de semana, ya que tengo una pequeña sorpresa para vosotros (que quienes me sigan por Twitter seguramente ya habrán visto).
Aún así...

   ¡Un saludo y hasta la próxima!