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martes, 23 de mayo de 2017

Corazón fragmentado en miles de cristales...

Corazón fragmentado en miles de cristales despedazados entre ellos, que bombea entre unas palmas sangrientas, atravesadas por sus punzantes ariscas, por apretarlo demasiado en un vano intento de juntarlo, de restaurarlo, ¿por qué sigues respirando? ¿Por qué no te detienes y provocas tu paro cardíaco, terminando así con este lastimero espectáculo? Los brazos están cansados, agotados de cargar con tu cadáver atrofiado, marchito en una primavera muerta. Tu tos no hace más que golpear y la cabeza se desespera con una mirada que busca salidas –o más bien huidas– sin llegar nunca a encontrar nada. ¿Por qué no paras? Los ojos, las pupilas, se cristalizan y difuminan, y tú sigues jadeante, con este esfuerzo, como si fuera a servir de algo. ¿Por qué lo haces, órgano, por qué? ¿Acaso no ves cómo no se te quiere? ¿Acaso no percibes que solo un servidor se preocupa por tu bienestar? Pero ni siquiera así te puedo ayudar, ni siquiera así. Te mueres, entre mis manos, y no eres capaz de aceptarlo; no eres capaz de comprender que no sé cuidarte como lo hicieron en su tiempo, antaño, antaño… Y te mueres entre unas manos frías, vacías de caricias, que buscan tu calor y no encuentran más que un sabor amargo, que un ácido corrosivo que consume tu hálito mientras mis suspiros y susurros procuran hacerte dormir, plácido, para que duermas y descanses sin sufrir demasiado. Mientras mis rodillas caen y, en el húmedo suelo, me acurruco a tu lado buscando darte la escasa calidez que queda en este pecho desgarrado…

miércoles, 11 de noviembre de 2015

—

Desconectar. Sólo me apetece desconectar. ¿Pero cómo hacerlo si no me quedan ni siquiera fuerzas para tirar del enchufe que me mantiene encendido a esta incesante corriente que me arrastra, que me arrastra…? ¿Cómo hacerlo?
Los brazos están débiles, exhaustos de tanto agotamiento, la mirada apenas se sostiene firme y se precipita a cada momento. Las piernas murieron hace tiempo y ahora cien cuchillos atraviesan mi pecho y su sufrimiento. No sé dónde me encuentro, no sé dónde me encuentro… Igual estoy en mi lecho, pero eso no quita que éste pueda ser bajo un techo de tierra, escondido a cuatro metros. Así es como lo siento, así es como lo siento…, con la inmovilidad atando cada una de mis extremidades, cada uno de mis pensamientos, que gritan en silencio.
Los suspiros se fueron corriendo; la resignación pasó a ser el momento. Y el cansancio se hizo eterno. Movimiento continuo por inercia de un descompuesto. Quizá los gusanos se encuentren poco satisfechos con este deshecho, con este mar de embrollos perdido en el subsuelo, mas tampoco se puede esperar demasiado de ello: los gusanos fueron quienes vomitaron mi cuerpo. Un cuerpo muerto que se encuentra podrido por dentro. Un cuerpo muerto que la desolación arreó hace demasiado tiempo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Vacío

Las gotas, como pedazos de un alma alquitranada por el tiempo que reventó ante un viejo y continuo sufrimiento, caían frente a sus ojos, oscurecidos como el temporal. La lluvia, guiada por el incesante viento, no dejaba de golpear la ventana. Y aquel sonido le relajaba. Pero los suspiros que escapaban de sus labios no eran de alivio, eran de cansancio.
Sus parpadeos eran cada vez más lentos, más fatigados, e iban acorde con sus inspiraciones. Meditaba con paciencia todo aquello que circulaba por su cabeza. Pero sabía perfectamente que ninguna idea le haría cambiar de parecer; ya había tomado una decisión y, en esa ocasión, ya no había vuelta atrás.
Había vivido todo lo que debía vivir. O eso quería creer para no autocompadecerse más; tenía suficiente con lo que los años le habían llevado a hacerlo ya. Y era hora de enfrentarse a aquello de lo que había huido tanto tiempo, a aquello que tanto había pospuesto con cualquier excusa sacada en el último momento.
Ya era hora. Y no vacilaría.
Sus ojos estaban cerrados, pensativos. Sus manos cruzadas, golpeándose los pulgares rítmicamente. Y sus labios, resecos y agrietados por la edad, fueron relamidos en un segundo por la punta de la lengua que guardaban en su interior.
No había alternativa. Lo sabía.
Abrió los párpados y observó su imagen en el cristal. El pelo blanquecino marcaba su longevidad pero eran las arrugas, aquellas cicatrices del tiempo en su rostro, las que definían su vida. Algunos pensarían que el sillón y el despacho demostrarían unas expectativas cumplidas, pero sólo lo harían quienes no fueran capaces de fijarse en aquel reflejo de mirada vacía. En aquellos ojos llenos de experiencias y carencias, llenos de una oscuridad que, paradójicamente, albergaba todo y nada. Un hueco repleto de sentimientos huecos a su vez.
Las palmas, ancianas, acariciaron los reposabrazos en un pestañeo. Al siguiente, raudas, colocaron una caja sobre la falda de su dueño. Tras un clic se levantó aquella tapa tallada con delicadeza y los dedos de la mano derecha, ayudados de un elegante giro de muñeca, cogieron su contenido. La cubierta se cerró. Y el arma descansó encima de ella.
No faltaba mucho para que cumpliera su cometido.
Otro suspiro. Esta vez el definitivo. Y él era consciente de ello pues, cuando su boca soltó todo el aire contenido, el cañón ya se había colocado en su sien.

Un relámpago iluminó el cuerpo vencido. ¿Su reto? Haber vivido.

domingo, 17 de agosto de 2014

Una última ojeada

Su mano se posó sobre mi hombro en un suave gesto. Aspiré aire despacio y lo solté con la misma velocidad, ya había llegado la hora.
La saliva raspó mi garganta seca y la penumbra fue cerniéndose sobre mí. Ladeé la cabeza y ahí estaba: su larga túnica negra con una capucha que ensombrecía su apariencia pero que, al estar solamente oculta hasta la mitad, permitía ver aquellos dientes desgastados colocados en un cráneo sin labios.
Suspiré.
No hacía falta que dijera nada, ambos sabíamos qué tocaba. Mas una duda crecía en mi pecho. Y al final no pude evitar formularla:
–¿Por qué llevas esa máscara?
La presión del inicio se esfumó, me había soltado y parecía sorprendida. ¿Quizá no se lo esperaba?
–Déjame ver tu cara –le dije clavando mis pupilas en la parte que su capuz cubría.
Dio unos pasos hacia atrás y se apartó. El silencio invadió las tinieblas en las que estábamos sumidos y mi respiración menguó. Me quedaría poco para irme con ella o quedarme eternamente en ese paraje desconocido, en esa especie de limbo. Pero aún así, necesitaba saberlo.
–¿Por qué?
Su voz era suave, melodiosa. Distinta por completo a como pudiera haberla imaginado: áspera y ronca. Apagada, igual que la vida que con ella se llevaba.
Bajé la vista.
–Quiero verte.
Unos segundos de indecisión. Unos segundos de total inacción. Como si el tiempo se hubiera detenido incluso para nosotros mismos. Pero sus dedos, que dejaron de ser falanges, se movieron lentamente hacia su barbilla para subirla y permitirme ver su semblante que, pese a su lobreguez, era serio. Serio y bello. Pálido como su imagen de huesos.
Nuestras miradas se cruzaron. La mía llena de curiosidad. La suya llena de tristeza y oscuridad. Sus ojos, negros azabache, contenían una desolación digna de hacer perder la razón, de enloquecer a cualquiera que conociera la plenitud de los secretos que parecían albergar, la abundancia de visiones que debieron soportar.
Y nunca acababan. Eran como un pozo, un pozo sin fondo en el que morías antes de tocar el suelo, pues el pánico era quien se encargaba de destruirte después del sufrimiento.
–¿Por qué? –le pregunté–, ¿por qué, pese a tu belleza, llevas ese disfraz?
Titubeó. Sus mejillas, cadavéricas, se ruborizaron por un instante. Y su fina y pequeña boca se abrió para hablar. Pero no dijo nada. ¿Qué me iba a explicar que no supiera ya? ¿Qué me iba a decir más allá de que, cuando se es rechazada, tachada de monstruosidad, con una hermana a la que parecen adorar, no se puede hacer otra cosa que convertirse en aquello que se te otorga, mostrándote en esa horrible forma?
Sabía la respuesta. Y me la dijo sin palabras. Sólo con una sencilla mirada.
Sus ojos se entristecieron, aún más si era posible. Pero yo no quería verla triste.
–Acércate –le dije.
Y ella se acercó.
Su pelo, largo y oscuro como el firmamento, se deslizó por su delicado cuello en cuanto se inclinó para aproximar su rostro al mío. Nos miramos con sosiego y, tras cerrar nuestros párpados un momento, mis labios se fundieron con los suyos en un beso lento.

lunes, 28 de julio de 2014

Impotencia

Llovía. Las nubes de tormenta hacían más oscura esa noche sin estrellas y los faros del coche apenas iluminaban dos palmos de ese asfalto cubierto por una densa y baja niebla. La gotas que caían del cielo repiqueteaban contra los cristales, como si tuvieran por misión romper el silencio, antes de ser dispersadas por el limpiaparabrisas y el viento. Y, poco a poco, la carretera se adentró de forma cada vez más zigzagueante en el bosque de aquella montaña, obligándome a moderar la velocidad del auto. Pero las ruedas resbalaron y el coche volcó.
Me golpeé la cabeza con el volante y el aturdimiento hizo que todo me diera vueltas. Como pude, me arrastré por la ventana rota y salí del vehículo accidentado. La lluvia seguía cayendo, persistente, y el suelo se encontraba enfangado.
Desorientado, me llevé la mano derecha donde noté que había recibido el golpe y miré mis dedos manchados de rojo: sangraba por la frente. Pero eso era lo que menos me importaba en aquel momento; la luna se había roto y el asiento del copiloto estaba vacío.
En un intento de mantener el equilibrio, me incorporé lo más rápido que pude para empezar a mirar hacia todas partes. Tenía que encontrarla. Tenía que saber dónde estaba. Tenía que socorrerla, ayudarla.
Mis ojos buscaron desesperados en mitad de la negrura hasta que miré al árbol de enfrente, iluminado gracias al único faro que quedaba encendido de forma parpadeante, y vi su cuerpo tendido en el suelo. No dudé y, a pesar de la torpeza que invadía mis movimientos, corrí hacia ella para echarme al barro y sostenerla entre mis brazos.
–No me abandones… –le dije abrazándola con fuerza–. Debes seguir aquí…, conmigo –las palabras eran cada vez más difíciles de pronunciar debido al nudo que se formaba en mi garganta–. L-lo solucionaré. Lo solucionaré todo… Pero aguanta, por favor… Aguanta.
No respondió.
La apreté con fuerza contra mí. El frío y la humedad de su cuerpo manchado de tierra y sangre me caló hasta los huesos antes de seguir hablando, entrecortado, según la vista se me nublaba a causa de las lágrimas que empezaban a brotar de mis ojos.
–No, no te mueras –le repetía suplicante–. No, no lo hagas… Debes aguantar, debes seguir aquí conmigo. ¡Debes…!
La voz se me cortó de golpe, mis puños se aferraron a su húmeda ropa y, el aguante que retuvo la impotencia de saber que no podría hacer nada con solo verla bajo el árbol, se rompió en forma de llanto. Un llanto desesperado y desolado. Un llanto que provocaba que abrazase con más ímpetu su cuerpo inerte, como si eso fuera a solucionar algo. Un llanto que sabía perfectamente que todo era inútil.
Y ahí me quedé: desconsolado y llorando en mitad de esa lluviosa oscuridad. Y, por primera vez, totalmente solo, perdido y roto.






(Relato leído por Elena)

domingo, 13 de julio de 2014

¿Imaginario?

–Qué tiempos, ¿eh?
–Ajá…
–Pero supongo que tarde o temprano debía ocurrir, nada es eterno.
–No viniste al funeral.
–Me surgió un imprevis…
–Julia también tenía planes y los aplazó todos con tal de venir.
–Ella siempre ha sentido debilidad por ti… –dijo a lo bajini, más para él mismo que para Sam–. Lo sé. Me llamó al finalizar el funeral y me contó cómo fue.
–Silencioso.
–Lo sé.
–Andrew lloró y se fue. Julia no lo detuvo.
–Sobre eso me gustaría hablarte.
–¿Sobre Andrew?
–Más bien sobre todo lo que a ti respecta.
–¿A qué te refieres?
–Julia me llamó porque estaba preocupada por ti.
Sam alzó la vista de la fotografía que sostenía entre sus manos para mirar a John, quien para variar tenía parte del rostro oculto por la sombra de uno de sus sombreros. ¿Quizá quería esconder su dolor para que no se desmoronase?
–El ataúd estaba vacío, Sam. Ben, al igual que Andrew, han sido siempre producto de tu imaginación.
–¡Vosotros los veíais!
–Éramos críos. Te seguíamos el juego. Julia se ha preocupado porque opina que esto empieza a ir demasiado…
–¡Mientes!
–Ya me gustaría a mí estar mintiendo… Lo pasábamos bien.
–P-pero… –Volvió a bajar la vista, sus ojos estaban llorosos.
–Shh…, tranquilo. –Respiró hondo–. He traído conmigo a una persona. Puede ayudarte.
–¡No necesito ayuda!
–Oh, Samuel, cálmese por favor –dijo un tipo que acababa de entrar.
–Él es el doctor Matthew.
–Usted puede llamarme Matt, si así lo prefiere.
–Te ayudará. Te llevará con él y…
–¿¡Q-quieres ingresarme en un loquero!?
–No, no, Sam. En absoluto. ¿Qué clase de amigo haría esto? Simplemente será hacerle unas visitas, hablar con él de vez en cuando y ya está. Nada más.
–Exactamente. Es parecido a quien hace recuperación por un hueso roto. No tiene ninguna complicación, ya verá.
–¿Por qué haces esto, John…?
–Por ti –calló un momento–. Y por Julia.
Sam tragó saliva. La verdad es que Julia parecía afectada en el funeral. ¿Sería por él en lugar de Ben? La verdad es que recordaba haberla pillado mirándole mucho esa mañana durante el entierro. Tenía lógica, pensó. Quizá sí era lo mejor. Volvió a tragar saliva y dejó el marco encima de la cómoda.
–Por Julia… –repitió Sam.
–Venga por aquí. Le llevaré en mi coche para llegar antes.
Matthew le rodeó con su brazo y lo acercó a él para ayudarle a caminar hasta la salida. John se quedó a solas y miró la fotografía. En ella aparecían ellos tres: Sam, Julia y él. Junto a dos siluetas más: Ben y Andrew.

lunes, 21 de octubre de 2013

"El mejor plan del mundo"

¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os traigo un relato que he escrito a través de un pequeño reto que he pedido por Twitter. Las palabras claves han sido "Asesinato, amor, inteligencia, frío y carcajadas" (como bien indica este tweet), así que de eso ha tratado el relato. Pero el escrito me ha generado dos posibles finales: uno de no ficción y otro de ficción/fantasía. Aunque al no decidirme por cuál de ambos dejar, he decidido por una vez subir un relato con dos posibles finales y que vosotros, lectores, os quedéis con el que más os guste. Dicho esto, os dejo con el relato.


Una carcajada rompió el silencio de esa oscura noche de invierno. El frío helaba sus desnudos dedos y su enrojecida nariz. Se relamía los labios para humedecerlos, pero eso sólo provocaba que se agrietasen más. Y, tras otra carcajada, la comisura de estos se partió levemente. Pero ya nada le importaba.
Miro al suelo, iluminando con su farol la blanquecina nieve salpicada de rojo, y ladeó la cabeza.
Se agachó, poniéndose de cuclillas, y apartó los rizos de oro de su cara. Era tan bella. Parecía que durmiese, como otras veces la había visto en su cama, tras amarse apasionadamente. Pero él sabía perfectamente que ya no era así. No dormía. O al menos no como todo el mundo suele entender el hecho de dormir.
Chasqueó con la lengua a modo de negativa.
-Si hubieras sido más buena –empezó a reprocharle en un susurro en su oreja mientras el vaho se escapaba de sus rasgados labios y volvía a lamerlos-. Si hubieras sido más buena, quizá ahora vivirías –ladeó la cabeza y miró directamente sus párpados cerrados-. Yo te quería. Y lo sabías. Pero tú me obligaste –suspiró sobre su pálido cuello-. No quería llegar a esto. Deberías haber sido más buena. Debiste haber sido más buena…
Se levantó y se río tristemente para luego negar con la cabeza y murmurar la palabra “mujeres…”.
Clavó en el suelo la pala, con la que momentos antes había golpeado su cabeza para dejarla inconsciente y que no sufriera por el disparo directo a su pecho, y empezó a cavar. Tenía toda la noche, pues no eran ni siquiera las once.
Notaba como su sudor rociaba su piel por el esfuerzo. No estaba demasiado acostumbrado a los esfuerzos físicos continuos y eso le costaría unas agujetas durante una semana. Pero él estaba alegre. “El mejor plan del mundo”, se había dicho muchas veces antes de llevarlo a cabo.
-Te lo di todo –empezó a hablar, desahogando parte de su ira-. No tenías nada. Ni a nadie. Y yo te lo di todo –le echó en cara mientras clavaba con más fuerza la pala en el suelo congelado-. Un trabajo, un hogar, incluso una familia que te apreciaba. Y tú, desagradecida, así me lo pagaste –salió del hoyo y miró de nuevo el cadáver-. Pero tranquila, nadie notará tu ausencia. Porque eras una don nadie.
Cogió el cuerpo por los pies y lo arrastró al agujero, arrojándolo con cuidado. Miró de nuevo su cara y acercó su boca a sus labios. Besándolos por última vez.
-Yo te quería. Y lo sabías. Pero tú me obligaste –besó su mejilla-. No quería llegar a esto. Deberías haber sido más buena –besó su cuello-. Debiste haber sido más buena. Y quizá ahora vivirías…
Juntó su frente con la suya y cerró los ojos, despidiéndose en su mente de ella.

Final 1 (no-ficción):
Salió del foso y empezó a cubrir el cuerpo con la tierra sacada previamente junto a la nieve. Una vez cubierto, cogió la luz e iluminó el segundo cuerpo.
-Y a ver qué cojones hago ahora yo con este perro –dijo mirando con rabia a un joven castaño. 

Final 2 (ficción):
Un dolor punzante atravesó su cuello mientras sus ojos se abrían como platos y se ponían en blanco mientras su boca intentaba gritar auxilio sin salirle ningún sonido.
En cuestión de segundos cayó de lado, justo en el agujero donde debía estar la joven, quien ahora se encontraba firme limpiando su boca llena de sangre.
-Lo siento, querido –dijo con una voz dulce-. Yo también te quería, pero en este amor debes permitirme algún que otro capricho… o te convertirás en mero ganado.
Sonrió melancólicamente y salió del hoyo con la ayuda de otra mano. La de su amante al que su recién ex-novio también creyó haber matado. 


¿Y bien?, ¿qué final os ha gustado más, el primero o el segundo? Ya sabéis de más que aquí abajo podéis comentar sin problemas lo que creáis conveniente, expresando vuestra opinión, además de valorarlo, compartirlo y demás.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 30 de septiembre de 2013

Cansancio

¡Buenas tardes-noches, queridos lectores! Hoy os traigo un relato que considero algo chocante y con el que tenía la duda sobre si subir este o uno más "suave" que vendría a ser como los "relatos visuales" que expliqué con el relato "Pum pum, pum pum.", aunque supongo que el segundo ya lo subiré en otra ocasión. Así que espero que disfrutéis con la lectura.


Sintió su cuerpo pesado, cansado. Como si jamás hubiera descansado.
Los ánimos no estaban por los suelos, sino por debajo. No veía puertas, ni tan sólo ventanas a un futuro mañana. Simplemente veía una caja, en una pared, con un pequeño cristal enfrente. Un cristal usado a modo de espejo.
Se miró en él, reflejando su rostro. Pero no le gustó lo que le mostraba, su cara.
Así que lo golpeó, con todas sus fuerzas, dando un único puñetazo que lo rompió en mil pedazos. Rompiendo su imagen. Despedazándola.
Suspiró y se calmó, volviendo al estado del inicio. Y, con la mano ensangrentada, abrió el armario para observar su interior casi vacío.
Pero sabía dónde debía buscar. Un frasco pequeño, marrón, el cual no tardó demasiado en encontrar.
Una vez lo tuvo entre sus manos lo miró, lo destapó y observó. Pequeñas píldoras, blanquecinas como el mármol. Como dos cuernos de marfil recién tallados y pulidos. Como la sonrisa de la dama que sonreía a sus espaldas.
Aunque no dudó. No dudó en ningún momento. Y vació el contenido en sus palmas. Donde estuvieron unos breves instantes, antes de bajar por su garganta.
Un estruendo, alguien cayendo. Un golpe, contra el suelo. En la mente, un vacío infinito. Todo de color rojo, como el charco del piso. Y las pupilas en blanco, como la mano de la dama que ahora agarraba su alma.


¿Y bien? ¿Qué tal? ¿Cuál es vuestra impresión al respecto del relato? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar, opinar y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 23 de septiembre de 2013

La promesa

¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Una caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y expandiéndola por toda ella.
Un suave beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes por pasión, amor y deseo.
Unas suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver a reencontrarse.
Un “te quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.

Recordó cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión. Haciendo que fuera suyo.

Miró al oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le dijo que debía soltarla.
Miró a la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de esas últimas imágenes.

Sintió el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a moverse ligeramente.
Sintió como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez inigualable.

Y vio su cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a reunirse y así cumplir su promesa.


Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 10 de septiembre de 2013

Pum pum, pum pum.

¡Buenos días, queridos lectores! Hoy os traigo un relato diferente. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque éste tipo de relatos los considero una especie de "relatos visuales". Estos relatos no se basan en los detalles ni demás, sino en los sucesos, es decir, son como si vieras una escena de televisión pero en letras. Lo importante es lo que ocurre y cómo. Los hechos, uno a uno de manera directa, clara y rápida. Nada más.
También he de decir que estoy con una novela que debo intentar terminar en un mes y medio y eso, se crea o no, implica bastante trabajo y dedicación (pese a que esté comunicativo en las redes y demás, eso no significa que no esté pensando en hechos que suceden, escribiendo y demás), es por ello que me he visto algo reducido a nivel de poder subir cosas en el blog, aunque mejor un relato a la semana que nada, creo.
Dicho esto, dejo aquí el relato y os recomiendo que, para este relato, si tenéis alguna canción de ritmo rápido y demás, quizá os ayude a poneros más en la situación, pero eso ya es a gusto de cada persona.


Un disparo al frente. Falló. Adrede. ¿Para qué iba a querer matarlo a la primera? ¿Dónde estaría el espectáculo? Y lo más importante, ¿y la diversión? El disparo, claramente, era para avisarle de que estaba allí y, él, iba a ser su nuevo juguetito hasta que se aburriese. Y lo matara.
El tipo de pelo oscuro, el “juguete”, al ver el disparo en la pared se tiró a un lado y cogió el revólver que llevaba en la cintura para inmediatamente buscar al causante del tiro fallido.
En un inicio pensó que podría haber sido un francotirador debido al disparo, pero lo descartó de inmediato. Si lo hubiera sido seguramente no hubiera errado. Entonces se le iluminó el rostro y pareció comprender que, quien fuera que fuese el pistolero, quería darle un aviso de que estaba allí. Pero esa cara le duró bien poco pues, al ocurrírsele tal “genialidad”, alzó la cabeza y recibió un golpe directo a la nariz de la culata del arma. Instintivamente se llevó las manos a la cara, comprobando efectivamente que se la había roto. Enfurecido miró adelante y vio al otro tipo, joven, de pelo rubio oscuro y una barba mal afeitada de un par de días. Al devolverle la mirada sonrió, provocando al juguete una rabia interior que hizo que se abalanzara hacia él, tirándolo al suelo, y poniéndole el cañón en la sien. Él se rió más.
-¿¡De qué te ríes, gilipollas!?
-De que no te has dado cuenta que te llevo apuntando los huevos todo este rato –y se volvió a reír.
-¿Qué coj…?
No acabó su pregunta. Otro disparo. Esta vez directo a su objetivo. Le reventó el escroto de un solo tiro, haciendo que juguetito se apartara, gritando. El rubiales se levantó y lo miró. Luego le pisó la mano donde llevaba el arma hasta que la soltó y pudo chutarla bien lejos.
-Resolvamos esto a la antigua –dijo, lanzando su pistola también lejos-. A puño limpio, ¿te parece?
-Hijo de put…
No le dejó acabar de nuevo la frase. Le pateó la boca mientras le recriminaba sus malos modales con una risilla estúpida, infantil. El juguete no aguantó más y se tiró encima de él de nuevo, golpeándole directamente sin dudar un momento. Empezó por darle puñetazos directamente a la cara y luego en los costados, pero él se reía más y más. Lo tomó por loco, pero le había reventado los cojones y no iba a perdonárselo. Así que le siguió golpeando, de nuevo en la cara.
Hasta que el pelirrubio paró uno de los golpes tras escupirle sangre a la cara y lo miró serio. Dejando de reírse. Eso intimidó a juguete y recibió de lleno su imprevisible cabezazo. Luego lo giró y se puso él encima. Su mirada le intimidaba.
Le volvió a propinar un cabezazo y volvió a su rostro esa sonrisa burlona, pero como si pretendiera ocultarla. Aunque al siguiente cabezazo no pudo evitar volver a reírse.
Juguete, trastornado, no aguantó más y sacó una navaja de un bolsillo interior de su americana para clavársela inmediatamente en el costillar del supuesto trastornado. Éste se detuvo de golpe y lo miró con los ojos como platos. Juguete sonrió.
El muchacho acercó su cara a él y lo miró directamente a los ojos. Luego lo besó. Juguete se apartó de inmediato, empujándolo, y él se rió de nuevo.
-Bueno, bueno –soltó una descabellada carcajada-. Ya me has entretenido suficiente, pero me aburres –bostezó, exageradamente-. Así que te acabo de dar, como algunos dicen, el beso de la muerte –volvió a reír.
-¿Pero qué mierdas dices?
-Shh, shh. Ahora verás.
Sus ojos brillaban como una estrella y juguete no entendía nada. Aunque a los pocos segundos sintió como su pecho se oprimía, para luego notar un dolor punzante en su corazón. A los pocos segundos, éste reventó.
-Y por eso yo no estoy quieto, juguetito mío –volvió a reír-. Porque si me detengo me pasaría lo mismo.
Dicho esto, el joven lleno de moratones y heridas pasó tranquilamente por el vestíbulo, pulsó el botón y entró al ascensor mientras daba golpecitos con el pie de manera inquieta. Para que su corazón no explotase.


¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Yo a estos relatos los considero casi como los típicos esbozos rápidos que puede hacer un dibujante en una libreta, sin pensarlo demasiado. Pero ya sabéis que podéis opinar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problemas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 26 de agosto de 2013

Victoria

¡Buenas noches queridos lectores! Hoy, a las tantas de la madrugada, os traigo un relato que he escrito hará cosa de unas escasas horas el cual lo adjuntaré con una banda sonora abajo (como ya he hecho en más de una ocasión) pero por el hecho de que me ha inspirado este relato. Aunque, esta vez, a diferencia de las otras, la banda sonora tiene diversas partes, como el relato, y cada una está ligada con una parte del relato (que, leído a velocidad más o menos normal, debería encajar en el tiempo). Pero bueno, aquí os dejo el relato y abajo el vídeo.


Sus rodillas se hundieron en el suelo, junto a la hoja de su espada. Sus manos se posaron sobre su regazo, mientras agachaba la cabeza. El silencio inundaba el lugar y sólo se podía percibir la brisa ululando por el interior de su dañado casco.
La sangre corría por el descampado, formando nuevos ríos y charcos, manchando de rojo el verde prado. Tintando de granate los estandartes clavados. Fluyendo de los cuerpos del suelo, la mayoría sin poder volver a ser reconocidos nunca más.
Alzó la cabeza al cielo y miró con sus pequeños ojos las nubes, buscando una respuesta mientras se enfrascaba en sus recuerdos, rememorando como había ocurrido todo, recordando el crepitar del fuego en la chimenea incitándole a ir a la guerra, a hacerse un nombre batallando.

Golpes de escudos, los unos con los otros y contra los pechos de sus portadores. Jinetes en altivas monturas centelleando bajo la luz del día, como estrellas en mitad del firmamento, por sus armaduras pulidas. Guerreros, soldados todos ellos, de mismas condiciones e igualdades. Héroes para sus seres queridos, monstruos para sus enemigos.
Miró la explanada que se extendía frente a él y observó los otros combatientes. Luego suspiró, dejando que el viento acariciara su rostro y cabellera antes de colocarse el yelmo, justo al sonar a lo lejos el gran cuerno. Indicando el comienzo del gran acontecimiento.

Cerró los ojos, relajando todo su cuerpo, y revivió otro momento, uno de más cercano. El último vivido.

Recordó el acero brillar bajo los soles. Las chispas saliendo con su choque y los gritos eufóricos de los batallantes, disfrutando ser portadores de la muerte. Rememoró las lecciones aprendidas de joven llevadas a la práctica, manejando el hierro en lugar de la madera. Y la euforia, la alegría, el bienestar tras insertar la hoja de su arma en el pecho de quien momentos antes le intentaba matar.
Un encuentro de espadas, un resplandor momentáneo entre ellas, en el cielo, y un cuerpo cayendo al suelo. Un vencedor avanzando a por otro vencedor, luchando sin descanso hasta convertir a uno de ellos en perdedor. Muriendo y matando honradamente en un combate hasta el final.
Sin importar nada más que la gloria y el honor por ser el campeón de campeones.

Las nubes amenazaron en el cielo para dar paso a la lluvia. Las gotas repiquetearon en su magullada armadura, oscurecieron el color de su capa y empaparon su piel, limpiándola de toda mancha y suciedad.
Regaron la hierba y lavaron la tierra de todo mal producido. Y finalmente respondió al invicto, dándole un claro mensaje, pues pese a ser el mejor de todos ya no quedaba nadie para alabarle, más allá del cielo y los Dioses, que fueron meros espectadores.




Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que haya sido de vuestro agrado y se haya podido compaginar bien la música con el relato, pese a que quizá alguna parte de la narración es demasiado breve para esa "sección" dentro del soundtrack, pero creo que si se escucha antes la música y luego se lee con ésta se sabrá compaginar bien. Además, ya sabéis que aquí abajo podéis valorar, comentar, compartir y demás sin ningún problema.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Tengo frío...

¡Buenos días queridos lectores! El verano empieza a acabar, pero eso no es motivo por dejar el blog de lado sin ninguna fuerza mayor de por medio, así que aquí os dejo otro relato que escribí hace tiempo, el cual espero que disfrutéis con su lectura.


Oh, blanquecina y suave mano, que repasa el contorno mi rostro con sus finos dedos, guiándome a alzarlo, a mirar hacia arriba, con la punta de sus huesudas falanges.
Oh, finas y frías caricias que recorren mi cuerpo, erizando mi vello, poniendo mi piel de gallina por dicho tacto, por tal sensación que envuelve mi cuerpo. Una sensación que emana desde lo más profundo de mi ser. Reconfortante pero a la vez solitaria.
Oh, dueña de dichos mimos, ¿por qué me incita a elevar mi semblante si no quiere que vea todavía el suyo? ¿Por qué repasa mis mejillas con sus afiladas puntas, como si de lágrimas cayendo por éstas se trataran?
Pero no, no pare. Continúe, por favor, continúe.
Necesito que siga con sus dulces carantoñas y cánticos que endulzan mis oídos en un susurro apenas perceptible. Necesito que me hable, en murmullos, calmándome a pesar de las palabras inquietantes que sus labios descarnados sueltan.
Oh, prosiga con su labor, dulce dama que me trata como su hijo, como su amante, a pesar de ser casi desconocidos. Quédese aquí, conmigo.
Porque, a pesar de que todo esté oscuro, como si mis ojos estuvieran cerrados, soy capaz de ver su preciada mano con total claridad.
Pero hace mucho frío, amada señora. ¿Por qué hace tanto frío? Parece que todo mi alrededor estuviera gélido. Como si todo el calor, que parecía provenir de mi cuerpo, hubiera desaparecido.
Oh, la necesito, la necesito tanto. Necesito que esté aquí, a mi lado.
Y se lo suplico, déjeme ver su pálida faz, déjeme besarla. Por favor.
Pero no, acompáñeme al menos hasta el final. No, no se vaya.
Oh, no, por favor no. No aparte su oscuro velo de mi cuerpo, pues éste me abriga y reconforta del frío. A pesar de la sentencia que conlleva.


¿Y bien? ¿Os ha gustado y/o habéis podido entender sin problemas el significado del relato? Espero que sí. Además, ya sabéis que podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 3 de agosto de 2013

Doble víctima

¡Buenos días queridos lectores! Siento no haber subido nada cuando llegué ya a casa, aún así aquí os dejo un pequeño relato y supongo que en breves retomaré la serie de Un bar cualquiera. Mientras espero que disfrutéis con la lectura que encontraréis a continuación.


La lluvia empapaba la calle, resbalando por las paredes, resbalando por las aceras, arrastrando la inmundicia del suelo hasta las cloacas, pero dejando aún más negro el suelo.
Las gotas repiqueteaban contra las ventanas, chocando en ellas, incansables. Como si esperasen a que alguien les abriese.
Una pequeña, escurridiza y salada, se fusionaba con las dulces encima de los poros de aquel rostro oculto bajo la sombra de su mojado sombrero.
La gabardina, antaño marrón y ahora negruzca, ya no le protegía del clima, de la tempestad. Se pegaba a su cuerpo, como si formase parte de su piel, a la cual le costaba transpirar.
Un brillo en el cielo, una estrella fugaz.
No pidió deseo alguno, ya que como él, era un cometa errante con un pasado triste y un futuro más oscuro. Destinado a ir a la deriva, sin rumbo. Como le ocurría a su observador nocturno.
Se agachó levemente, notando los zapatos llenos de agua, y miró enfrente, al pavimento ensangrentado.
Estaba solo en el lugar, no quedaba nadie con vida en esa callejuela. Pues lo que más quería yacía a sus pies. Sucio, húmedo e inerte. Como su alma, despedazada.
Estiró la mano y acarició el rostro del difunto. Pasó los dedos por su castaño pelo y se mordió el labio inferior.
Impotencia, rabia y mil sensaciones más. Explotando desde lo más recóndito de su interior, ansiando salir. Pero debía mantenerlo dentro, guardado, esperando.
Para cuando llegase el momento de la represalia poder hacerlo como mandaba.
Pues se vengaría de los causantes, acabando con quienes creyeron acabar con él.
Cogió el cuerpo entre sus brazos y miró de nuevo al cometa del cielo, el cual, por unos instantes, iluminó los dos rostros idénticos.


Espero que hayáis disfrutado con el relato y ya sabéis que podéis comentarlo, valorarlo, compartirlo y demás aquí abajo, cosa que siempre se agradece.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 17 de junio de 2013

Raposo

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por fin subiré el relato (que pensé haber subido el lunes pasado) del sorteo que dije que celebraría mediante Twitter por los 100 seguidores (el que llevaba el hashtag de "#Relato100Followers"). Y el ganador fue Manu Raposo al acercarse más al número ganador (ya que nadie acertó el 78). Así que, como bien se dijo, el ganador de dicho sorteo podía poner todas las condiciones que quisiera para el relato y él pidió que en el relato hubiera un dragón, muerte y almas perdidas pero sin ningún héroe que salvase nada (como podréis encontrar aquí). Así que bueno, en eso basé el relato y esto es lo que ha salido. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Un rugido a lo lejos le despertó de golpe, pero no dudó ni un instante. Ya sabía que se escondía tras él.
Alzó la cabeza, se levantó y se sacudió sus peludas orejas. Luego estiró sus patas y desperezó los músculos, inactivos durante demasiado tiempo.
Miró al cielo.
No había duda.
Tarde o temprano las profecías debían cumplirse y ya había pasado demasiado tiempo desde la primera.
Cogió su fino chaleco negro y se lo colocó junto al cinturón del cual colgaba la funda de su espada. Luego se puso a la espalda el carcaj y el arco que los ancianos le dieron.
No tenía tiempo para más cosas, así que ante la incertidumbre de que más llevarse cogió un pequeño saco de cuero que ató a la correa del carcaj. Y, sin perder más tiempo, echó a correr siguiendo la corriente de las azuladas formas que transitaban por encima de los árboles.
Una ráfaga de viento le advirtió de que algo no iba bien así que saltó y, agarrándose de la rama de un árbol, empezó a trepar mientras iba saltando entre ellos.
No tardó demasiado en llegar a la explanada y, desde la rama del último árbol en el que se encontraba, lo observó.
Observó como la hierba era pasto de las llamas y el fértil suelo se convertía en dura roca.
Observó como el flujo en un principio azulado iban hacia esas llamas y, al salir de ellas, se volvía grisáceo.
Observó como una gigantesca forma, oculta por su propia sombra, estaba cara a él.
Y no vaciló. Cogió el arco y cargó la primera flecha, apuntando a algo que parecía cobrar vida del flujo grisáceo.
Un disparo certero disipó al humanoide de humo, pero eso provocó que delatase su posición pues, inmediatamente, notó como los rojizos ojos de la gigantesca criatura se clavaban en él.
Un miedo atroz invadió su cuerpo, obligándole a sacudir su cuerpo para quitárselo. Pero en ese intervalo de tiempo vio como se habían formado más humanoides. E iban hacia él.
Disparó algunas flechas, pero seguían avanzando y él no ganaba terreno. Por lo que guardó el arco y saltó desenvainando la espada.
Una vez en el suelo, empezó a correr en sus dos patas traseras, dando tajos a todos los humanoides que se encontraba de camino. Pero cada vez habían más y eso le impedía apenas avanzar, por lo que envainó la espada y, con un cuchillo que llevaba en el chaleco el cual se puso en la boca, empezó a correr a cuatro patas, dando tajos solamente a los que se cruzaran de frente.
Ahora sí que había logrado avanzar. Pero el fuego le cortó el paso.
Miró hacia arriba y vio al oscuro gigante, que abrió la boca mostrando una blanquecina sonrisa llena de colmillos.
Pisó el fuego y este se apagó de golpe, pero a partir de ese pisotón se formó un círculo entre los dos contrincantes.
El gigante desplegó sus alas y, ahora, con el fuego rodeándole, el joven zorro pudo verlo con claridad. Pudo ver con claridad como se trataba del dragón de las profecías.
Y, por ello, significando que los humanoides de humo eran las únicas representaciones terrenales de las almas absorbidas por este ser. Esclavos inútiles que vagan sin razón. Almas perdidas.
El zorro torció el morro y arrolló el cuchillo al gigantesco dragón, que lo apartó de un coletazo.
Enseñó sus dientes y el gigante pareció reírse de él, de su pequeño tamaño y su fuerza insignificante, pero no hizo nada. Como si esperase su ataque. Cosa que no tardó demasiado en suceder.
La plateada espada fue desenvainada de nuevo y, al alzarla como si fuera a dar un tajo, con una de sus patas traseras levantó la flecha del suelo que había lanzado por primera vez y la bateó con la parte plana de la hoja.
El inesperado proyectil dio de lleno a la coraza de escamas de la enorme criatura, haciéndola sangrar por su estómago. Haciendo que la rabia se apoderase de él.
Echó una llamarada hacia el zorro, pero éste la esquivó.
Intentó aplastarlo con su pata, pero rodó.
Un coletazo, también fallido, que él aprovechó para subirse a él y escalar por su espalda.
Rajó una de sus alas, impidiéndole empezar a volar como parecía que iba a intentar y siguió trepando hacia su cabeza, con la espada en la pata y ocasionándole cortes siempre que podía.
El dragón se movía, agitaba e intentaba cogerlo, pero no llegaba, hasta que él se colocó en su hombro.
Entonces, para su sorpresa, la cola le agarró por la cintura cuando saltó a un lado evitando un manotazo y lo tiró al suelo.
La enorme zarpa se colocó en su abdomen y los rojizos ojos se clavaron en sus castañas pupilas.
-Eres un enclenque. Débil e inútil. Nunca alguien como tú podría derrotarme.
El zorro calló.
-Depositaron sus esperanzas en ti. Y por ello han fallado.
Pareció que iba a abrir la boca para contestarle, pero notó como la zarpa empezó a presionar sobre él.
Liberó su pata con la espada de la presión y clavó la hoja en el centro.
El dragón ahogó un grito y le dijo que como prefiriera, que acabaría rápido.
Fue por ello que, en lugar de ir apretando lentamente, dejó caer todo su peso sobre su brazo. Aplastando por completo el frágil cuerpo del zorro.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que sea de vuestro agrado y seguramente para los 200 seguidores haga algo similar (ya que la verdad es que vi una participación medianamente activa en el hashtag).
Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar y demás aquí abajo o por donde creáis oportuno. Además de que tengo entre manos otro pequeño proyecto para quien le gustase los relatos algo macabros como el que colgué hace unos días titulado "Muñequito".

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 26 de mayo de 2013

Pérdida

¡Buenos días, queridos lectores! Como bien dije hoy os traigo una pequeña sorpresa, ya que no es un relato cualquiera, no señor. Esta vez se trata del relato con el que he ganado mi primer concurso literario así que espero que disfrutéis de la lectura tanto como yo.


La miré. Sus ojos seguían resplandecientes. Como siempre.
Acaricié su suave mejilla, pero no se movió. Aparté el pelo de su rostro, colocándolo tras su diminuta oreja, y me pareció ver como una pequeña sonrisa se formaba en la comisura de sus labios. Pero sólo fue una ilusión.
Dijeron que no había ninguna otra solución. Que era lo mejor para la seguridad de todos. Dijeron que si se llevaba a cabo, todos los problemas desaparecerían. Que todo volvería a la normalidad y la felicidad volvería a estar en nuestros corazones.
¿Pero a qué precio? ¿Qué precio debíamos pagar hasta que eso llegara, hasta que las promesas y esperanzas se cumplieran?
Nos dijeron que era lo mejor. Y les creímos.
Desgraciadamente les creímos.
Creímos que la guerra lo solucionaría todo.
Quizá no fue sólo su culpa, quizá también fue la mía, la nuestra, por ayudarles. Por no estar solamente con ellos, sino colaborar también en el proyecto, batallando a su favor. Pero no éramos realmente conscientes de lo que ocurriría.
Sabíamos a lo que nos enfrentábamos, pero no a las consecuencias que eso desencadenaría.
Y aquí estoy, en el enfangado suelo, sosteniendo entre mis débiles brazos lo único que he llegado a amar realmente. Lo único que le daba sentido a estar también a favor de esa decisión.
Porque creí que también la protegería. Pero solamente conseguí exponerla.
Exponerla a un peligro inminente, constante y… mortal.


¿Qué os ha parecido? Bueno, ya sabéis que podéis opinar aquí abajo, compartirlo, etcétera, etcétera. Así que no creo que haga falta dar más vueltas. Y deseo firmemente que os haya gustado el relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 21 de mayo de 2013

Divinidades

¡Buenas tardes queridos lectores! Siento la demora, pues estaba pensando en una cosita que hacer con los microrrelatos, que ya veréis más adelante. Pero bueno, esta vez si que no me andaré con rodeos y os dejo con un relato


Una oleada de viento le obligó a entrecerrar los ojos. Acto seguido un ser de enormes dimensiones ocultó el sol, sumiéndole en la total oscuridad. Y, tras unos breves segundos, la criatura bajó sus gigantescas alas según descendía al suelo.
No se dejó llevar por la primera impresión. Ni siquiera dejaría que notara su sorpresa al verlo. Desenfundó rápidamente la espada que llevaba a la espalda y saltó, propinando inmediatamente un tajo de abajo arriba.
Unas gotas perladas de color rojizo brillaron en el aire. El silencio absoluto se hizo de golpe. Pero ningún cuerpo cayó.
La angelical criatura había desenfundado también su arma y había atravesado el hombro izquierdo del joven. Clavándolo en la espada y sosteniéndolo.
Aún así, éste, había logrado un golpe efectivo. Antes de que el divino ser se diera cuenta, una línea horizontal rojiza se formó en su pecho y, en unos segundos, empezó a brotar la sangre a chorros.
El ángel se sorprendió al ver la recta en un inicio, pero luego su rostro se llenó de terror y sorpresa. No comprendió como había podido. Pero mientras se distraía con su herida, el muchacho aprovechó para librarse del arma enemiga.
En apenas unos segundos, estaba de nuevo en el suelo, desplegando unas oscuras alas que habían aparecieron en su espalda mientras sonreía levemente.
Cogió una perla roja que aún flotaba en el aire con la yema de su dedo y se la llevó a la boca.
-Delicioso –dijo.
En otro rápido movimiento, de apenas un abrir y cerrar de ojos, saltó de nuevo y proporcionó los últimos cortes necesarios para abatir a su oponente, quien cayó al suelo. A pedazos.


¿Qué os ha parecido? Espero que esté a la altura para remediar todos estos días en los que no he podido subir nada (y que espero que la normalidad vuelva por aquí cuanto antes). Además, si puedo, mañana os colgaré un relato un tanto especial.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 25 de marzo de 2013

Lluvia

¡Buenos días, queridos lectores! Ayer volví de Londres, pero fue a las tantas, por lo que no pude subir nada nuevo, ni siquiera el capítulo de Un bar cualquiera y además mañana mismo me vuelvo a ir de viaje aprovechando la Semana Santa, volviendo el domingo (que seguramente estaré con familia, como el lunes y todo eso...) por lo que solamente podré subir algún relatillo suelo si tengo algún momento para hacerlo, como estoy haciendo ahora mismo.
Pero bueno, como dije que subiría un relato del móvil, eso haré aunque ya esté en casa. Por lo que si se cuela alguna palabra rara (por culpa del "corrector") disculpadme, aunque me lo revisaré mil veces antes de darle a publicar.
Y aquí os dejo ya con el relato, escrito un día en el tren dirección a Barcelona y que, a lo mejor, si no se para algo de atención puede tener algún que otro momento confuso, pero aún así espero que disfrutéis de esta lectura.


Afuera llovía, levemente. Algunas gotas golpeaban el vidrio de la ventana y se deslizaban hacia abajo debido a la velocidad del vehículo. Otras, cuando éste se detenía y abría sus puertas, chocaban contra el encharcado suelo mientras una fría brisa recorría todo mi cuerpo. Pero eso ocurría en un trasfondo. Pues mi mirada se centraba únicamente en la ventana de enfrente, perdida entre el millar de cosas que pasaban ante ella. Ignorando el oscurecido y triste cielo que producía aquella llovizna. Ignorando el grisáceo día que había conquistado el cielo desde toda la mañana.
Mis pensamientos iban más allá. Se sumergían entre esas nubes, ese cielo, esa lluvia, y se preguntaban el significado de todo esto. No de la lluvia, no de la tormenta, sino de la vida, de la existencia.
Se preguntaban qué fin tenía todo, cuál era la finalidad de nuestra presencia. Cuál era el sentido de la vida, y el de la muerte. Por qué no recibíamos señal alguna que fuera verdadera y fiable de nuestra misión, por qué debíamos seguir con este proceso llamado "vida" si no había nada oculto al final de ésta.
Preguntas, cuestiones y demás que invadían mis pensamientos mientras mi mirada estaba perdida. Pero en unos segundos, cuando de repente pareció aclararse todo, iluminándose mi rostro y con los ojos centelleantes saboreando la obtención de la respuesta, el pitido del tren me apartó de mi trance, indicándome que ya había llegado a mi parada y que debía darme prisa antes de que cerrarán las puertas, sino llegaría tarde a mi estudio.
A pesar de haber estado tan cerca de obtener la respuesta.


Bueno, tengo que admitir que el relato está escrito con influencia de los pensamientos que circulaban por mi mente ese día en el tren, así que viene a ser un relato-reflexión, más que un relato propiamente dicho, aunque espero que aún así os haya gustado la narración y ya sabéis que podéis opinar, comentar, compartir y demás. Incluso si tenéis un tema preferente para que escriba un relato, me lo plantearé y si me gusta, quizá suba un relato en el blog con el tema, situación o demás que habéis propuesto. Pero bueno...


¡Un saludo y hasta la próxima!