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jueves, 17 de abril de 2014

Laberinto

Caminas lentamente por la oscuridad, sin saber qué te aguardará ésta. Tus pasos son firmes pero inseguros, quieres descubrir qué esconde pero al mismo tiempo te aterra. Y solamente vas armado con una antorcha que ilumina sin fuego.
Repasas cada pasillo, cada rincón, teniendo la sensación de que das vueltas en círculo sin llegar a ningún lado. Sin descubrir nada. Y la frustración, el desasosiego y la inquietud aumentan. Notando así cómo las tinieblas se ciernen poco a poco sobre ti, acariciando tu hombro y posándose sobre él para aferrarse en una caricia apenas percibida. Pero que ha clavado sus garras en tu carne, haciendo que vayas dejando un rastro de sangre. El cual, pausadamente, se bebe.
Tus fuerzas menguan según avanzas. El cansancio se incrementa y tu cuerpo y mente flaquean. Viendo sombras donde no hay nada más que negrura. Contemplando siluetas en esa tenebrosa nebulosidad. Formas irreales que imagina tu pensamiento, creadas a partir de tu demacrado intelecto. Quien lucha consigo mismo para no cejar.
Y la lobreguez se intensifica según liba tus gotas rojizas. Envolviendo tu endeble ser según observa su fragilidad con una invisible sonrisa, atestada de agudos dientes. Esperando el momento adecuado para hincar sus negros colmillos y devorarte. Fundiéndote con ella y haciéndote desaparecer, para siempre.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuando el corazón sangra

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por una serie de imprevistos (básicamente por la falta de disponibilidad de papel y tinta), este año no he podido entregar relatos en el Salón del Manga (una pena, la verdad). Por lo que bueno, espero que la próxima vez haya más suerte (y yo sea más previsor, también). Así que, por ahora, os dejo con este breve relato (aunque casi podría considerarse microrrelato) que espero que os guste y disfrutéis con su lectura.


Cuando el corazón sangra, sin ninguna herida física de por medio, no son gotas rojizas visibles al ojo humano. Son lágrimas puras, saliendo de sus vasos.
Es una herida, invisible para todo el mundo. Pero más dolorosa que la que cualquier criatura podría ver con sus pupilas.
Es una sensación, indescriptiblemente agonizante. Apoderándose de tu ser, desde el lugar más profundo de tus entrañas. Haciéndose fuerte dentro y volviendo débil a su huésped.
Es una muerte en vida, lenta y agónica, que te reconcome poco a poco con tal de poseerte hasta el último rincón. Por más recóndito que sea.
Y solamente hay un único pensamiento en tu cabeza, preguntándose lo mismo siempre. Preguntándose el porqué, preguntándose por qué tú…


¿Qué os ha parecido? Espero que hayáis entendido el significado y, pese a su corta extensión, haya sido de vuestro agrado (a pesar del amargo sabor de boca que pueda haber dejado). Ya sabéis que podéis comentar aquí abajo sin problemas, además de compartir, valorar y demás.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!