El atardecer me recuerda a ella. El sol poniéndose tras la tierra y las nubes, brillando aún en el cielo azulado, según ella espera, a mi encuentro, frente al museo. La noto cerca y lejana, fuera de mi alcance si intento rozarla, y aun así dispuesta a yacer en mi cama. ¿Cómo, si es que lo hay, y cuándo podré entrelazar mis dedos con los suyos fuera del lecho? ¿En qué momento nuestras miradas se fundirán en un cálido beso? Añoro su fragancia impregnando mi deseo, como su tierno cuerpo abrazado a mi pecho, pero por mucho que anhele no puedo hallarla más allá de en mis recuerdos, cual dulce memoria estancada en unos labios entreabiertos.
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domingo, 12 de mayo de 2019
domingo, 8 de marzo de 2015
Quiero que me susurres al oído...
Quiero que
me susurres al oído, tras acercarte con sigilo, y que te sientes en mi falda,
sin camisa y contra mi pecho bien apretada; que muevas ligeramente la cadera,
como si te acomodases pero con unos roces tan explícitos que ambos sepamos su
verdadero objetivo, y que tu mano me acaricie la espalda, mientras tus susurros
siguen de tal forma que lo único que quiera es que tus labios se deslicen a los
míos en lugar de quedarse ahí, susurrándome al oído.
viernes, 11 de abril de 2014
Como un juego de luces y sombras
Como un
juego de luces y sombras que se entremezclan, mostrando dos cuerpos que se
funden en caricias y besos proyectados en un tapiz tenuemente iluminado. Delicado,
como aquella mano que trepa humilde por el tierno estómago que acaricia
con su palma, alcanzado ese pecho que encaja poco a poco entre sus dedos según
unos labios recorren la erizada piel de unos muslos temblorosamente desnudos.
Suspiros
tenues de placer que se pierden continuamente entre ellos, uno tras otro,
convirtiéndose en vagos pero preciosos recuerdos sonoros. Preciosos como aquel
bello rostro de ojos luminosamente entrecerrados que, pudorosos, observan aquel
que la sulfura con ternuras. Notando su cuerpo subir de temperatura y viendo
cómo, sus dedos, instintivos, van a su cabello y hombros, apretándolo contra su
intimidad para dejar de suspirar y empezar a jadear.
Ligeras
gotas rojizas asoman de su labio mordido por la vergüenza, ansiosa por engullir
los cohibidos gemidos que tiene retenidos en su interior pese a haberse fugado alguno al pronunciar, involuntaria, su nombre cuando notaba una
húmeda calidez frotarla suave. Produciéndole ligeros escalofríos de
placentera embriaguez.
Su rubor
crece, sonrojándose, cuando sus miradas son cruzadas otra vez, clavándose y
perdiéndose mutuamente en sus pupilas brillantes. Cuyo encuentro se interrumpe
al apartarse. A pesar de que los dos, de reojo, siguen mirándose.
Y la
pasión puede. Y gana el placer. Él trepa con su boca hasta sus pechos y luego
hacia sus labios, fundiéndose ambos mientras los dedos perfilan los cuerpos,
repasando ambas siluetas en la oscuridad. Delimitando sus formas y dando pie a
imaginar, a fantasear, a desear. Según los dientes, firmes pero vacilantes, buscan
tímidos morder la bulliciosa carne. Desahogando ese exaltado y raudo gimoteo,
convertido en resoplido y apetito. Expresando así, con ese sonido, el deleite
que la fruición ha conseguido.
jueves, 20 de marzo de 2014
Musa onírica
"Últimamente sueño con ella.
Y sueño y anhelo se mezcla.
Deseando tenerla cerca,
cumpliendo esas fantasías oníricas
repletas de delicadeza."
Alargar la mano en el vacío oscuro de la ficción somnolienta, buscando aferrar aquella que a lo lejos centellea, tirar de ella para acercarla a mi presencia y perderme en la inmensa negrura que las pupilas de su intensa mirada expresan, notando una fría calidez que acerca nuestros cuerpos, desnudos, a través de suaves e innatas ternuras que transmiten melancólica satisfacción ansiosa.
Besar nuestros cuerpos como si cada roce fuera el último. Acariciar con la yema de los dedos su piel como quien toca porcelana, temiendo que esa ilusión desaparezca, rompiéndose en mil pedazos y dejándome solo en mitad de las tinieblas que rodean la solitaria cama, insomne en ese sombrío desierto de gélidas sábanas. Muertas como lienzos olvidados por los pinceles.
Notar sus brazos rodeando mi torso, acariciando mi espalda para atraerme hacia ella mientras mis palmas recorren su silueta como quien palpa seda. Cerrando los ojos al sentir sus labios, susurrantes, contra los míos, suspirantes. Fundiéndose poco a poco, descansando juntos en ese abrazo despojado de ropa y realidad.
Entreabrir ligeramente los párpados y observar sobre mí sus ojos clavados en mi rostro, curiosos y satisfechos, para separarse lentamente con su fina elegancia, acariciando mi mejilla para tranquilizarme, indicándome que no es ninguna despedida. Y contemplo los primeros rayos del alba despuntando a través de sus tirabuzones, que se desprenden de mis dedos, levemente enredados en ellos. Se inclina y sonríe, murmurando en mi oído que duerma y descanse. Que cuando caiga la noche volverá, acompañándome de nuevo hasta la próxima madrugada.
Etiquetas:
anhelo,
delicadeza,
deseo,
fantasía,
miedo,
musa,
relato breve,
sueño,
ternura,
versos
viernes, 28 de febrero de 2014
Anhelo
Arrancarme
la piel a tiras, sin ningún tipo de morfina, notando la salobre impotencia
deslizarse por las heridas abiertas del deseo y el anhelo de tenerla cerca. De
rodear su cuerpo con mis brazos, de fundir mi boca con la suya en un roce de
labios producido por la cercanía de un abrazo que ansía el yacer a su lado. De
un abrazo que espera, vacío y falto.
Enlazar
los latidos de una respiración de suspiros, sosegada y calmada que marca
“Tranquila, estoy contigo. Y sí, estoy aquí… para ti.”, pretendiente de su
desahogo, de su llanto silencioso, del riego de sus lacrimosos ojos ansiosos
por cerrar sus párpados una vez seguros.
Una vez protegidos. Exponiéndome para detener los adversos flagelos del destino,
resguardándola despellejando mi cuerpo mientras sonrío. Susurrándole esas
palabras al oído, suave y decidido.
Esperando
que la sombría tormenta amaine y ceda, que las tinieblas nocturnas, desnudadas
por el destello crepuscular, no nos aterren; y que la demencia emocional cese,
aclarándose como las gotas saladas que llueven.
Voluntarioso
sacrificio, afanoso de la obtención de su júbilo; de la felicidad de esa fogosa
musa de llamas tristes, a la cual me acerco para usar mi cuerpo como su
combustible, aspirando arder consumido por su ser si con ello consiguiera
alegrarla. Aunque fuese brevemente, como sus sonrisas arrancadas. Esas ligeras
curvas en sus comisuras, dueñas de su rubor y sus dulzuras. Mínimas en estos tiempos
aciagos, y por ello deseoso de originarlas sin siquiera pensarlo.
Entregando
hasta el alma al Diablo, con tal de poder ver sus ojos centelleando y sus
labios tímidamente rasgados, en esa risa que siempre me tiene encantado.
Carbonizándome internamente, por el mero y sólido hecho de quererte, por el
laborioso afán de lograr que esa pequeña y radiante chispa de esperanza nazca en
el interior de su fuego; por mucho que mi cuerpo quede calcinado luego. Alcanzando
al fin ese abrazo oxidado, sediento de la esencia de su presencia, dejando de
estar falto y necesitado. Habiéndose con ella fundido, fusionado. Y yendo así, más
allá de todos aquellos vocablos que pueda haber usado éste zorro obstinado. En el
constante intento de obtener su exclusivo contacto, de su único y cariñoso rozamiento.
De esa suave y cálida fricción, cuerpo con cuerpo.
Etiquetas:
carbonización,
decisión,
demencia emocional,
deseo,
entrega,
espera,
felicidad,
heridas,
impotencia,
musa de fuego,
sacrificio
lunes, 11 de noviembre de 2013
Ella
¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy se me apetecía escribir algo de un ámbito algo duro, por lo que al final lo enfoqué hacia una temática más bien sexual y ha dado como resultado el relato que encontraréis a continuación. Así que espero que disfrutéis con la lectura de éste.
Las gotas perladas de sudor impregnaban nuestros cuerpos, salpicando las sábanas de la cama según los zarandeos iban aumentando. Cada vez más fuertes. Cada vez más profundos. Cada vez con más ansias.
Lo que en un principio habían sido pequeños gimoteos tímidos, ahora se trataban de audaces gemidos sin miedo. Gritos de placer que a veces se rompían, desgarrándose y sonando huecos, que incitaban a proseguir.
Sus uñas se clavaban en mi piel, arañándome con fuerza, agarrándose a mí como si fuera lo único que podía salvarla en esa lujuriosa marea de pasión. Llegando incluso a morderme el hombro con toda su dentadura por tal de aferrarse, dejándome las mismas señales que yo había marcado momentos antes en sus pechos.
Soltó un gemido agudo y abrió los ojos. Me miró fijamente y me empujó, apartándome de ella y tirándome boca arriba. Intenté alzarme de nuevo, pero antes de que pudiera hacer nada, se me abalanzó y clavó mi miembro en su vagina de un golpe seco.
Sus blancos dientes rasgaban su labio inferior según me preguntaba si me gustaban sus movimientos de cadera. Parecía querer sentirse dominante, ver que también podía producirme el placer que yo le daba a ella. Por lo que titubeé, haciendo ver que dudaba, y empezó a agitarse más violentamente, adelante y atrás, esforzándose para lograr proporcionármelo hasta que con un ligero movimiento de cabeza afirmé entre soplidos.
Eso convirtió sus zarandeos en botes, botes acompañados por su par de senos rebotando sobre ella. Provocándome ansias de querer acometer contra ellos y dejarle más huellas de mis fauces. Así que reintenté incorporarme, pero me tumbó nuevamente empujándome por la frente mientras susurraba un “no, no, no” juguetón y se inclinaba hacia mí. Poniéndome sus pezones al alcance de mi boca.
Quise contenerme, pero no logré evitar ceder ante esa provocación y atrapé uno de ellos entre mis dientes, mordisqueándolo y ocasionándole un pequeño chillido de sorpresa.
Tal vez no se esperaba que picase el anzuelo. Pero a modo de respuesta (y quizá de represalia) hundió mi pene en su sexo. Dejándolo dentro durante unos breves instantes. Unos instantes en los cuales yo llevé mis manos a sus omóplatos y la apreté contra mí con tal de deleitarme más. Rodeando sus pezones con mi lengua para dejarlos ensalivados antes de volver a dentellear su carne.
Volvimos a darnos la vuelta, dejándome a mí encima, pero se separó y se giró mientras se ponía a cuatro patas. Ladeó la cabeza y sonrió pícaramente. Yo cogí su pelvis, acercándola, y antes de poder penetrarla, ella volvió a revolverse para ser empotrada de golpe.
Esta vez fui yo quien bufó de sorpresa, quedándome sin respiración unos segundos. Me tumbé ligeramente sobre ella, relamiendo su espalda según acercaba mis labios a su oído, y la cogí de sus ubres para apretarlas según ambos nos sacudíamos el uno al otro. Dejando que me escuchase directamente y se regocijara con el deleite que me producía.
Aunque no tardó en voltearse y poner sus piernas rodeando mi espalda, apretándome contra ella y dándome a entender que no le faltaba demasiado por terminar.
Nos fuimos apegando más y, mientras sacaba la lengua jadeante y el pecho se le alzaba y bajaba aceleradamente, yo la embestía una y otra vez con la boca abierta, exhalando toda mi fruición. Notando mi miembro hundiéndose y emergiendo de su vagina continuamente, incrementando los suspiros y bufidos de ambos. Hasta que soltó un último grito y abrió los ojos para besarme según me corría en su interior.
Bueno, ¿qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, opinar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema. Dicho esto, espero que hayáis disfrutado con leyéndolo.
¡Un saludo y hasta la próxima!
jueves, 6 de junio de 2013
Muñequito
¡Buenas noches queridos lectores! Creo que al final haré lo de ir subiendo relatos cada X tiempo sin avisar ni nada, que viene a ser casi lo que hago últimamente (eso sí, siempre habría mínimo algo nuevo para cada semana). Pero bueno, esta vez se trata del relato "siniestro" que prometí dedicar al seguidor nº 90 pero que, a pesar de que dijera que por el tema está bien, a dicho seguidor no le gustó demasiado, por lo que creo que es mejor obviar quién es (a no ser que me indique lo contrario, en ese caso editaré la entrada para nombrarlo).
Pues lo dicho, aquí os dejo con éste relato y espero que lo disfrutéis. Aunque aviso que, antes de leerlo, quizá no sea mucho de vuestro agrado. Así que ya he avisado.
¿Me
estás leyendo? Oh, cielo santo. Alguien me está leyendo. A mí. A un mero
narrador de unas palabras que quizá vas a querer olvidar. No, no vas a
quererlo, lo desearás. Así que antes de que empieces a leer este texto, que
haré tan breve como me sea permitido, piénsalo dos veces. No por mí, sino por
ti.
Porque
lo que hoy será desvelado, mañana podría ser clausurado…
Era
noche cerrada. Estaba en mi casa, observando por la ventana. Había tanta vida
ahí afuera, abajo, a unos metros de mi posición. Tanta vida, inconsciente de lo
que ocurría realmente. Tanta vida, prisionera de su ética y moral.
No, ahí
no había vida. Ahí sólo había muñecos.
Y los
muñecos están hechos para jugar, ¿no?
Me giré
y observé su rostro. Un rostro cansado que expresó una mueca de terror al ver
que volvía a tener mi atención.
Estaba
medio desnudo, atado en una silla de madera y amordazado.
Me
acerqué a él, sonriente, y acaricié su magullada barbilla mal afeitada, pues
tenía diversos cortes de navajazos en un intento fallido de recortar esa
horrible barba.
Miré a
sus ojos, temerosos y llenos de pánico. Suplicantes.
Yo negué
con la cabeza, sonriente, y le cogí del escroto con fuerza.
-Hoy
toca el plato fuerte –dije.
Él lo
captó a la primera y probó a rogar, inútilmente.
Yo cogí
las tenazas que había a su lado, en una mesita, y las bajé hacia allí. Cogí la
envoltura con ellas y empecé a tirar mientras escuchaba sus lamentos y ahogados
gritos. Deleitándome con ello hasta que la arranqué, observando como empezaba a
desangrarse.
“Ojalá”,
pensé mirando por la ventana. “Ojalá”. Y me giré, observando la silla de madera
manchada y vacía al lado de la mesita con una caja de herramientas.
“Ojalá
llegue ese día, el día donde los que vivimos podamos jugar con los muñecos.”
Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que es corto, pero creo que lo suficiente intenso además de dejar claro cierto mensaje. Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar, compartir, etcétera aquí abajo.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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deseo,
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fantasía,
ficción,
gritos,
imaginación,
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narración,
relato breve,
relato dedicado,
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sensaciones,
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súplicas,
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violencia
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