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martes, 8 de octubre de 2013

Delicadeza

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Todo bien? Eso espero. Yo en breves empezaré una de las dos escuelas de escritura a las que asistiré este curso, por lo que quizá no se haga seguro que suba los relatos el lunes. Aún así, hoy os traigo un tipo de relato que hacía tiempo que no subía, así que espero que disfrutéis con la lectura que os ofrece.


Unas sábanas blanquecinas tapando dos cuerpos apegados el uno con el otro.
Una cabeza apoyada sobre su pecho, con los ojos cerrados y su boquita entreabierta, respirando lentamente y sintiendo los latidos del corazón de quien momentos antes ha amado. Escuchando como se calman, poco a poco, recuperando un ritmo normal pese a ir siempre acelerado ante su presencia.
Un brazo tras la cabeza de él, haciendo la mano de intermediaria entre ésta y la almohada. Otro brazo rodeando una femenina cintura, colocando su diestra en el desnudo muslo de su acompañante y moviéndola ligeramente para propiciarle suaves caricias por él, yendo de arriba abajo, de su pierna a su barriga y volviendo a descender.
Un suspiro escapándose de ambos labios, de ambos amantes, exhaustos y relajados en ese preciso instante de paz y tranquilidad en el que sólo se escucha el viento ulular fuera, a través de la ventana por la cual entraba la única iluminación de la sala.
Él abre sus ojos y la observa. Sonríe levemente, pues más allá de lo que pueda parecer, le tiene aprecio y estima.
Ella mueve ligeramente su cuello y alza la vista, viendo como la mira. No puede evitar devolverle la sonrisa mientras sus blanquecinas mejillas se ruborizan, embobándose con el cruce de miradas. Perdiéndose los dos en las pupilas del otro.
Un ligero movimiento por parte de ella para ponerse encima, sentándose sobre su pelvis, y dejando al descubierto desde sus pechos hasta su vientre. Para sonreírle picarona, atrevida, juguetona, y descender hacia él.
Unas frentes juntas, permitiendo observar mejor ese lugar que expresa todos los sentimientos y pensamientos sin necesidad de mediar palabras al que hacen llamar ojos, un sitio que poco a poco va siendo cerrando por sus párpados mientras sus labios se acercan despacio, rozándose hasta fundirse en un beso. Un beso oculto tras unos tirabuzones castaños.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas otras más opciones aquí abajo sin ningún tipo de problema. E, incluso, depende cómo creo que quizá llegaré a aceptar encargos, así que si tenéis alguna sugerencia o petición ya sabéis por dónde se puede contactar conmigo (aunque esto es algo que todavía tengo que mirármelo, por lo que no es del todo seguro).

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 23 de septiembre de 2013

La promesa

¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Una caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y expandiéndola por toda ella.
Un suave beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes por pasión, amor y deseo.
Unas suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver a reencontrarse.
Un “te quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.

Recordó cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión. Haciendo que fuera suyo.

Miró al oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le dijo que debía soltarla.
Miró a la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de esas últimas imágenes.

Sintió el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a moverse ligeramente.
Sintió como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez inigualable.

Y vio su cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a reunirse y así cumplir su promesa.


Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 9 de agosto de 2013

Ambarino

¡Buenos días queridos lectores! Espero que estéis pasando bien el verano, como debe ser. Hoy os traigo un tipo de relato que creo que hacía tiempo que no subía. Espero que sea de vuestro agrado y disfrutéis de la lectura.


Sentir tu cálida piel bajo mis labios, como se eriza el vello con mis caricias y tu boquita entreabierta, suspirando.
Besar tus brazos y piernas, tu espalda y rostro, tu fuente de palabras y cerrar los ojos mientras ambos disfrutamos.
Un masaje con fuerza y delicadeza recorriendo tus muslos y provocando que me mires, con incertidumbre y a la vez seguridad. Para acercarme a ti y volverme a besar, mirando mis ojos castaños con los tuyos ambarinos y asintiendo con la cabeza, que siga, que no me retenga, que te haga gozar.
Una mano insegura, tocando donde te hace jadear. Suaves movimientos, agradables e inexplicables sensaciones que nos hace acercarnos, estremecernos y rozar nuestros labios mientras nos miramos con cariño y ternura.
Un jadeo leve y una afirmación con la mirada, indicándome que baje y te bese sobre la fina tela, una fina tela que no tarda en desprenderse para dejar que mis dedos masajeen y jugueteen libremente junto a mi lengua mientras tú gimoteas.
Te llevas mi mano libre a la boca para morderla de placer, temiendo que se te escuche por si gimes demasiado fuerte. Yo sonrío levemente y continúo mientras me aprietas cada vez más hacia ti hasta que no aguantas y, en un último suspiro, tu cuerpo se relaja.


¿Qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo, valorarlo y demás aquí abajo y que todo es bien recibido.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Te quiero

Buenas noches queridos lectores. Por decirlo de alguna manera, pensé que esta semana debía colgar dos relatos en lugar de uno (por lo de la semana pasada), y eso haré. Os colgaré ahora mismito un relato que acabo de escribir y que espero que os guste.
Aunque antes de nada, quisiera aclarar que, como el anterior, está escrito todavía teniendo fiebre (y a lo mejor alguien, cuando lo lea, puede pensar que está relacionado, quién sabe...). También cabe destacar que no soy propenso a publicar aquí en el blog relatos como el que voy a publicar ahora, pero no me refiero a temática concretamente, sino a la manera de escribirlo (ya lo veréis cuando lo empecéis a leer) y, por último, esta vez la cursiva no aparecerá en todo el relato ya que hay una frase en cursiva que es importante (y, francamente, en cursiva y negrita quedaría algo mal). Así que bueno, os cuelgo ya el relato, aunque a nivel de "darlo a la luz" (página de Tuenti, Twitter, Facebook, Bubok, etcétera), seguramente lo colgaría mañana (además de que empieza ya a ser algo tarde).
Pero no me enrollo más (creo que esta será la frase que aparezca más veces en mi blog, no sé, es solo un presentimiento) y os dejo ya con la lectura. Espero que la disfrutéis.


Su olor impregnó mi olfato.
Su piel rozó mis labios. Provocándome un suspiro.
Sus ojos entrecerrados me observaron.
Su boca se abrió levemente, también jadeó. Al contacto de mis dedos.
Mis manos vagaron por su cuerpo. Acariciándolo.
Mis labios se deslizaron por su piel. Besándola.
Mis ojos se iban cerrando. Inmortalizando este momento.
Mi respiración se enlentecía mientras mis pulsaciones aumentaban.
Un gemido ahogado.
Sus dedos se enredaron en mi cabello, apretando con algo de fuerza.
Mis manos masajeaban suavemente sus muslos. Interiormente.
Sus labios se entreabrían, jadeantes.
Mis besos aumentaban la intensidad. Como el calor del momento.
Otro gemido. Esta vez más sonoro.
Mi humedecida lengua recorrió su vientre. Lentamente.
Sus manos acariciaban, con ternura y ansias, mi espalda.
Me detuve. En sus pechos. Provocando que jadeara más.
Abrí, lentamente, mis ojos. Mirándola al alzar la vista.
Ella me sonrío. Jadeante. Y yo continué.
Un tercer gemido. De sorpresa. De placer.
Ahogado rápidamente, a causa de un beso.
Un beso donde se entremezclaron, lentamente, ambas lenguas. Uniéndose.
Uniéndose pasionalmente.
Abrió los ojos de golpe. Otro gemido.
Luego los cerró. Y me abrazó con fuerza.
Acompañándome en ese compás.
Un compás donde nuestros cuerpos se unían en uno solo.
Un compás donde nuestras almas, individualizadas, pasaban a ser una.
Un compás que marcaba el ritmo de la pasión del momento.
Que marcaba el ritmo de nuestro amor.
Acompañado de jadeos.
Acompañado de palabras.
Acompañado de gimoteos.
Pero, siempre, guiado e impulsado por una frase:
Te quiero.


Bueno, ¿qué os parece? Espero que os haya gustado y, francamente, después de unos anteriores relatos algo más chocantes, poner algo (que al menos yo considero) bonito, de vez en cuando no está de más. ¿Vosotros que opináis? Y sobre la manera en que lo he escrito (¡que está pensado como narrativa, es decir, relato, no verso, eh!), ¿qué os parece? Francamente es un asunto que me gustaría recibir vuestras opiniones aunque fueran vía e-mail como ya he recibido más de una. Aunque podéis hacerlo también mediante comentarios o, simplemente, hacer unos rápidos clics y listo (aunque en este caso prefiero la primera opción, no sé).
Y bueno, ahora si que creo que me despediré hasta el fin de semana que subiré la continuación del último capítulo de Un bar cualquiera (a no ser que esto empeore, que en todo caso os intentaré avisar con más antelación que esta última vez).


Así que... Hasta la próxima y un saludo~

miércoles, 20 de febrero de 2013

El último (Carta - Final)

¡Buenas tardes queridos lectores! El otro día me pasé por Barcelona a repartir algunos relatos que he publicado por aquí, por lo que no sé si quienes lean esta entrada serán "novicios" en el blog o los de toda la vida. Aún así, me arriesgo dándoos la bienvenida y deseando que os guste lo que encontráis escrito por aquí. Además, he de añadir que se me ha ocurrido una idea a partir de lo que hice el martes, perfeccionada con un amigo dibujante (ya os contaré más adelante si eso, no hay que desvelar el pastel antes de hora), así que, cuando ya lo tenga preparado, intentaré avisaros con algo de antelación (supongo que una semana o por ahí).
Pero bueno, como siempre digo: no me andaré con rodeos (a pesar de que siempre lo haga en el inicio) y os dejaré con el relato de hoy, diciéndoos previamente un par de puntos a tener en cuenta.
En primer lugar, como bien indica el título, lo que se leerá a continuación vendría a representar ser una carta (para los curiosos del anterior relato, ya sabréis cual es), por lo que la he escrito y... ya está. Escrito y punto, sin corrección, sin maquetación, sin nada. Como cuando se escribe una carta a mano, con cierta prisa y lo importante es el contenido y el mensaje, nada más. Segundo, recomendaría leer previamente el anterior relato (El último) antes de leerse este relato. Solo es un consejo, por lo que podéis seguirlo o no. Así que, una vez dicho todo esto, os dejo ya con el escrito.


   Sabía que vendrías, siempre supe que estarías conmigo hasta el fin de los días. Pues, aunque ahora mismo no estés presente físicamente aquí, sé que querrías estarlo y eso me reconforta, dándome la sensación de que tu presencia sigue en este lugar, cuidándome y abrazándome cuando más lo necesito.
   Siento no haber estado yo allí cuando lo necesitabas, lo siento muchísimo. No me di cuenta de mi error hasta que fue demasiado tarde y, para entonces, temí haberlo estropeado tanto que no me decidí a dar paso alguno. A pesar de que tu siguieras siendo igual de persistente, igual de constante, igual de cuidadoso y cariñoso conmigo.
   Y te pido disculpas por todo ello, por mi comportamiento… Pero sé que no querrías que ahora entrase en este tema, sé de más que querrías leer lo que nunca me atreví a decirte y… temo no poder llegar a decírtelo nunca, y es por ello que escribo esta carta, es por ello que intento expresarme como puedo mediante este lápiz y este papel, en el cual escribo todo lo que me viene a la cabeza estos momentos.
   Es por eso que no puedo parar de pensar en pedirte disculpas, pero que sé firmemente que eso sería lo último que querrías leer ahora: una carta de despedida en una disculpa.
   Pero por alguna razón, no puedo escribir estas palabras que tanto ansías, a pesar de que en mi pecho arda una llama, agrandándose según pasan los días y no recibo noticias alguna sobre ti. Ni siquiera una respuesta por mensaje… Pero supuse que no funcionaría tu teléfono, por lo que dejé el mío bloqueado con el último mensaje que te mandé, para que lo leyeras cuando llegaras.
   Pues aquí no había pasado nada hasta un par de días atrás, con otra de esas extrañas ondas en el oscuro firmamento. Pero lo ignoramos y no tardó en llegar la catástrofe. Y ahora, con miedo por lo que pueda decidir, te escribo esta misma noche. La misma noche en la que esa extraña cosa surcó el cielo.
   Te escribo para decirte lo que he tenido miedo a decirte todo este tiempo, a pesar de todo lo que hemos pasado y vivido juntos. Te escribo para decirte, de una manera clara, lo mucho que te necesito a mi lado. El miedo que recorre mi cuerpo y, aunque te imagine conmigo, no pueda vencerlo si no eres tú quien me abraza realmente. Te escribo porque eres una pieza fundamental en mi vida. Eres esa pieza que yo he rechazado sin saber lo que hacía realmente. Eres la pieza clave. La pieza final y más importante.
   Pero a pesar de todo lo que escribo, de todo lo que te digo, sigo sin poder escribir lo que siento dentro de mí. Quizá por no obtener respuesta el día que te lo dije. Quizá por miedo a no volver a obtener respuesta. Y es por eso que como he dicho lo podrás encontrar en el teléfono móvil.
   Hasta pronto, ansío verdaderamente encontrarme entre tus brazos y sentir tu calor.

   Leyó la carta en voz baja, para él mismo mientras unas pequeñas lágrimas humedecían sus mejillas. Nada más acabar de leerla, miró de reojo el cuerpo inerte de la joven y encendió el teléfono, lo desbloqueó y leyó el mensaje.
  Sin poder aguantar más, abrazó a la muchacha con fuerza, pero intentando no apretar demasiado para no dañarla y lloró en un silencioso pero profundo llanto mientras el móvil se resbalaba de su mano, cayendo al suelo, al ladearse, dejando únicamente en su brillante pantalla el mensaje que le había enviado. “Te quiero”.


¿Qué os ha parecido? Este relato (incluyendo el final, ya que estaba puesto quise mantener el estilo de la carta) está escrito sin revisar para nada (a excepción de una lectura previa antes de publicarlo en el blog, claro está). Así que espero que os haya gustado y, si es así, ya sabéis que podéis compartirlo, opinar, comentar, etc... aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 16 de febrero de 2013

El último

¡Buenos días queridos lectores! Esta semana he estado algo ocupadillo, y pensaba subir el relato como muy tarde ayer, pero al final fui a dormir temprano (no me aguantaba..), es por eso que hoy os traigo un relato escrito en estos mismos instantes para que valoréis también un poquito mis "obras rápidas" y a ver qué os parecen. ¡Y ojo! Eso no quiere decir que no tenga relatos ya escritos y preparados, eh. Solo que si me viene la inspiración para algo que además puedo colgar en el blog, pues os lo muestro a vosotros primero.
Pero bueno, como siempre, me voy por las ramas, así que os dejo ya con el relato y espero que os guste a pesar de los hechos (que tranquilos, no spoilearé).


  Todo estaba arrasado. No quedaba nada ya en ese lugar. Ni siquiera en el mundo entero. Estaba solo. Completamente solo.
   Ya hacía días, semanas, meses, que había empezado a caminar por las solitarias carreteras. Y más aún el haber atravesado poblaciones y ciudades desérticas. No había visto nada vivo. Ni siquiera insecto alguno.
   Pero a pesar de ello no había perdido la esperanza pues, pocos días atrás, recibió un mensaje de texto de ella, antes de que se le apagara definitivamente el móvil, diciéndole que estaba bien y lo esperaba donde siempre. Que allí no había ocurrido nada. Y era por eso que había emprendido el camino, atravesando todos los lugares que tuviera que atravesar por tal de llegar a su destino. Y, por sus cálculos, solamente le debían quedar un par de días de trayecto.
   No iba con prisas, pues sabía que las noches podían ser peligrosas y frías, por lo que dormía al poco de ponerse el Sol. Pero tampoco se lo tomaba pausadamente, pues antes de que amaneciera ya se estaba preparando para seguir el trayecto, desayunando y comiendo mientras andaba.
   Acampó la última noche antes de llegar, estando a las afueras del pueblo, aunque esa noche le costó conciliar el sueño por los nervios y se percató de que otra onda, como las de los primeros días, surcó los cielos. Acabó por no darle demasiada importancia. Y al poco se durmió.

   Cuando divisó su población natal, desde lo alto de ese pequeño monte, y observó los edificios caídos se quedó inmóvil. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos: el lugar también había sido arrasado a causa de la catástrofe. El lugar donde un día estuvieron todas las personas que alguna vez le importaron estaba en ruinas.
   Conteniéndose las lágrimas y mordiéndose el labio inferior bajó corriendo la colina, llegando a una de las calles principales.
   Todo estaba hecho un desastre y, lo poco que se mantenía en pie aún estaba ardiendo. Pero, como las otras veces, no logró ver a nadie en la calle. Al menos, a nadie vivo.
   Con pasos lentos volvió a caminar por la acera que había recorrido miles de veces cuando jugaba de pequeño. Evitando, esta vez, los destrozos y cadáveres del suelo en lugar de las grietas y tapas de alcantarillas como hacía de niño.
   No tardó demasiado en llegar a su casa. No a la suya propia, sino a la de ella. La cual aún parecía mantenerse mínimamente.
   Por costumbre, llamó a la puerta. Acto seguido pensó en lo estúpido que había sido hacer eso y abrió la puerta, poco a poco, para luego cruzarla.
   Dentro estaba todo hecho una pocilga, con los muebles caídos, cristales rotos, alguna pared caída… Pero aún así cogió el teléfono inalámbrico y llamó al número del teléfono móvil, el cual sonó en el salón, donde se dirigió aún a paso lento.
   Nada más llegar se detuvo. Su fino y adorable rostro se encontraba con los ojos cerrados, apoyado en de lado en una esquina. Se acercó a ella pero, nada más hacerlo, se fijó en sus manos, las cuales parecían agarrar algo en su estómago.
   Temiéndose lo peor, corrió hacía ella y apartó sus manos, viendo así la estaca de manera que la había atravesado por la espalda.
   Entre sus piernas se encontraba el teléfono móvil, encima de un sobre. Ambos los guardó rápidamente en el bolsillo de su sudadera y volvió con ella.
   Acarició su mejilla, a la espera de alguna respuesta,  pero solo pudo ver como abría levemente los ojos y ladeaba, como podía, la cabeza para besarlo, diciéndole que sabía que nunca la dejaría sola. Diciéndole que le quería. Diciéndoselo en su último suspiro.


Espero que os haya gustado a pesar del final. Aún así ya sabéis que podéis decir la vuestra de todas las maneras que tenéis a disposición (que no son pocas, francamente), sin olvidar las valoraciones. Por cierto, os añado que últimamente informo sobre las ideas sobre el blog, subidas de relatos, búsqueda de "lectores beta"/"test readers" para relatos que quizá serán inéditos en el blog, y demás a través de mi Twitter, así que si alguien está interesado en estas cosas puede seguirme sin problema alguno.
Y añado que también tendré una pequeña "sorpresa" para la semana que viene al publicar una cosa con un estilo... Algo diferente (algo, no demasiado, eh) a lo publicado por ahora, si os ponéis a pensar un poco seguramente adivinaréis de qué se trata sin problema alguno. Pero bueno, esto ya se verá en el próximo relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 3 de febrero de 2013

Sin palabras

¡Buenos días queridos lectores! Sé que esta semana no he subido ningún relato, pues quería subir algo que hiciera tiempo que no subía y el jueves soñé algo que creo que es merecedor de ser anotado, pero claro, como casi todos los escritos, deben ser revisados una y otra vez y aún más los sueños, para intentar que no sean confusos para el lector (y es por ello que está en revisión). Así que lo tendréis para la semana que viene.
Bien, también sé que hoy tocaría un capítulo de la serie Un bar cualquiera, pero me acaba de venir un poquito la inspiración y también hacía tiempo que no colgaba un relato así, por lo que he decidido ponerlo a cuenta del relato semanal. Además he pensado que, si dedico los capítulos de la serie dos semanas en lugar de una, quizá sean más extensos y mejores que dedicándoles solo una (mirad sino el cambio que hubo entre el último que colgué y los demás, y no solo en extensión). Así que seguramente haga que la serie sea cada dos semanas (a no ser que me venga la "santa inspiración").
Pero no es cuestión de que me "enrolle" demasiado, así que os dejo con este relato titulado "Sin palabras" y espero que os guste. Además de que creo que hacía mucho que no publicaba por el blog algo de este estilo.


 Sus labios rozaron levemente los suyos, con los ojos cerrados. Lentamente, según éstos iban separándose, sus párpados se abrían, para que las dos miradas se pudieran encontrar, expresando todo lo que sentían sin palabra alguna. Otra vez volvieron a besarse suavemente, pero sin cerrar los ojos, mirándose fijamente.
Sus manos acariciaron su espalda, las de él acariciaron sus mejillas, suaves y finas como la porcelana. Sin separar las miradas. Y juntaron sus frentes, mientras él bajaba sus manos por el cuello y brazos, para luego ir bajando su cabeza poco a poco, con besos lentos y suaves.
Besó su labio inferior, su cuello, su escote. Acarició sus brazos y sus manos, bajando y subiendo las yemas de sus dedos.
Con mucha lentitud se separó un poco de ella, despegando sus cuerpos que previamente habían estado unidos uno encima del otro. Y, con movimientos todavía más delicados, desabrochó el fino hilo que había entre ambos pechos, dejándolos libres, para que él pudiera seguir bajando, besándolos. Pero se detuvo un momento, tanto con los labios como con sus manos, para escuchar los suspiros de ella. Suaves y tímidos.
Siguió con su recorrido, besando y acariciando su vientre hasta llegar a sus muslos, los cuales masajeó mientras rozaba con sus labios cerca de su interior. Los suspiros se incrementaron, tratándose de jadeos, aún más tímidos. Aunque, cuando llegó allí y besó, ella no pudo retener un pequeño gemido, haciendo que rápidamente se mordiera el labio inferior por haberlo soltado y, él, sonriera tiernamente al haberla escuchado. Pero no abrió los ojos, ni alzó la cabeza, siguió con su labor, bajando esta vez la suave y fina tela que cubría la intimidad de su amada para volver a besarla mientras, ésta, le apretaba con fuerza sus hombros.
No tardó demasiado en subir, esta vez sin tanta lentitud y no solamente con sus carantoñas, pues una mano se había quedado abajo y su lengua ahora recorría su piel. Vientre arriba. Hasta alcanzar sus senos, donde esta vez, su húmeda lengua los recorrió poco a poco, incluyendo sus pezones. Sin embargo no se detuvo allí y, según iba subiendo, ella iba acariciando su espalda a pesar de temblarle el pulso.
Sus miradas se volvieron a encontrar. La de él tierna, la de ella jadeante y llena de cariño, pero no tardaron en perderse, al ser cerradas en un beso donde, él, aprovechó para que, lentamente, se unieran en uno solo.
Ella abrió los ojos, sin despegar sus labios, pues por un momento fue doloroso, pero por otro también placentero y no sólo por la sensación física, sino por quien era la otra persona.
Sin querer sus uñas arañaron su piel, mientras él le susurraba al oído las palabras que muchas otras veces le había dicho. De todo corazón.
Ella cerraba los ojos, atrapándole el hombro en su delicada boca, a pesar de los mordiscos que le proporcionaba para aguantar sus gimoteos más profundos. Pero él no tenía tanta vergüenza y, de tanto en tanto, sus jadeos invadían los oídos de ella.
Hasta que, con esos lentos y harmoniosos movimientos, ella inclinó la cabeza hacia atrás y dejó que un jadeo saliera de su boca, junto al suyo, para expresar el clímax al que había llegado. Al que habían llegado.
Sus labios rozaron levemente los suyos, con los ojos cerrados. Lentamente, según los labios iban separándose, sus pupilas se abrían, para que las dos miradas se pudieran encontrar, expresando todo lo que habían sentido sin decir palabra alguna.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo, pues francamente hacía mucho que no me salían relatos así de "tiernos", por decirlo de alguna manera (vosotros mismos lo podéis comprobar). Pero creo que no hace falta deciros que podéis opinar lo que creáis conveniente más abajo, además de comentar qué os ha parecido o simplemente el hecho de ampliar el plazo con los capítulos de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!