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lunes, 28 de julio de 2014

Impotencia

Llovía. Las nubes de tormenta hacían más oscura esa noche sin estrellas y los faros del coche apenas iluminaban dos palmos de ese asfalto cubierto por una densa y baja niebla. La gotas que caían del cielo repiqueteaban contra los cristales, como si tuvieran por misión romper el silencio, antes de ser dispersadas por el limpiaparabrisas y el viento. Y, poco a poco, la carretera se adentró de forma cada vez más zigzagueante en el bosque de aquella montaña, obligándome a moderar la velocidad del auto. Pero las ruedas resbalaron y el coche volcó.
Me golpeé la cabeza con el volante y el aturdimiento hizo que todo me diera vueltas. Como pude, me arrastré por la ventana rota y salí del vehículo accidentado. La lluvia seguía cayendo, persistente, y el suelo se encontraba enfangado.
Desorientado, me llevé la mano derecha donde noté que había recibido el golpe y miré mis dedos manchados de rojo: sangraba por la frente. Pero eso era lo que menos me importaba en aquel momento; la luna se había roto y el asiento del copiloto estaba vacío.
En un intento de mantener el equilibrio, me incorporé lo más rápido que pude para empezar a mirar hacia todas partes. Tenía que encontrarla. Tenía que saber dónde estaba. Tenía que socorrerla, ayudarla.
Mis ojos buscaron desesperados en mitad de la negrura hasta que miré al árbol de enfrente, iluminado gracias al único faro que quedaba encendido de forma parpadeante, y vi su cuerpo tendido en el suelo. No dudé y, a pesar de la torpeza que invadía mis movimientos, corrí hacia ella para echarme al barro y sostenerla entre mis brazos.
–No me abandones… –le dije abrazándola con fuerza–. Debes seguir aquí…, conmigo –las palabras eran cada vez más difíciles de pronunciar debido al nudo que se formaba en mi garganta–. L-lo solucionaré. Lo solucionaré todo… Pero aguanta, por favor… Aguanta.
No respondió.
La apreté con fuerza contra mí. El frío y la humedad de su cuerpo manchado de tierra y sangre me caló hasta los huesos antes de seguir hablando, entrecortado, según la vista se me nublaba a causa de las lágrimas que empezaban a brotar de mis ojos.
–No, no te mueras –le repetía suplicante–. No, no lo hagas… Debes aguantar, debes seguir aquí conmigo. ¡Debes…!
La voz se me cortó de golpe, mis puños se aferraron a su húmeda ropa y, el aguante que retuvo la impotencia de saber que no podría hacer nada con solo verla bajo el árbol, se rompió en forma de llanto. Un llanto desesperado y desolado. Un llanto que provocaba que abrazase con más ímpetu su cuerpo inerte, como si eso fuera a solucionar algo. Un llanto que sabía perfectamente que todo era inútil.
Y ahí me quedé: desconsolado y llorando en mitad de esa lluviosa oscuridad. Y, por primera vez, totalmente solo, perdido y roto.






(Relato leído por Elena)

sábado, 31 de mayo de 2014

Bestia

Abres los ojos tras unos segundos de estar y no estar, clavas los dedos en la húmeda tierra llena de suciedad y te pones a gatas, escupiendo sangre al suelo. Pero una patada en el estómago te hace rodar y te tira otra vez. La boca te sabe a mugre y hierro y percibes que quien te ha estado golpeando se acerca. Ladeas la cabeza, mirándolo de reojo, y percibes en la comisura de sus labios una sonrisa triunfal. Esa sonrisa que da por hecho que alcanzará la victoria pase lo que pase.
–Los de vuestra calaña deberían estar muertos –escuchas antes de girarte y notar un pisotón en tu pecho que te corta súbitamente el aliento.
Vuestros ojos se cruzan. Los suyos tienen seguridad y pena, decepcionados por esta actuación. Los tuyos tienen miedo, e impotencia.
Por favor…, suplicas en tu mente mientras miras al cielo nocturno bañado en nubarrones. Por favor…, insistes según notas el viento acariciando tu cabeza ensangrentada. “¡Por favor!”, gritas exasperado, exigiendo con una voz quebrada. Y al fin logras ver esa luz que tanto ansiabas que brillase en la bóveda celeste mientras tu contrincante se agacha para cogerte del cabello y escupirte en la cara según desenfunda una daga.
Tú pataleas, como si intentases zafarte. Y gruñes, mostrando que en realidad no es eso lo que pretendes. Él se aparta de golpe y te observa, confuso, para luego alzar la vista al firmamento. Su mirada está alterada, no se había fijado en que la persecución había durado más de lo previsto, en que la cacería se alargó debido a su soberbia. Esa arrogancia que fue la encargada de que ahora se horrorizase mientras veía cómo el cuerpo delgado, casi esquelético, del hombre que había derrumbado hacía rato, se iba incorporando según aumentaba su tamaño y crujían sus huesos. Adquiriendo una atroz corpulencia, propia de una bestia.
El montero lanza su daga, clavándotela en la espalda, pero apenas notas el dolor a pesar de que un pequeño hilo de sangre negra a la luz de las estrellas tiña tu oscuro pelaje. Y ya erguido sobre tus dos patas, giras la cabeza para olfatear el olor del cazador hecho presa.
Tus húmedos colmillos, asomándose bajo el hocico, se muestran en lo que parece una siniestra sonrisa, pero ambos sabéis que no estás riendo. Eres un animal. Un animal herido, acorralado y hambriento. Dotado además de intelecto y resentimiento.
Tu nueva caza se da la vuelta, queriendo huir como tú hiciste desde buena mañana, pero él no tiene la misma suerte; la áurea mirada, antes celeste, que reluce por tu apetito, se ha clavado en su espalda. Justamente como, segundos después, hicieron tus garras mientras un grito gutural rompía el silencio del bosque antes de ser acallado por un aullido.
Lo giras de un zarpazo y las uñas se clavan en su carne poco a poco. Pero él ya no grita, aprieta los dientes y siente cómo los ojos le estallarán en cualquier momento según la respiración se le hace dificultosa, exponiendo todo su cuello al brillo lunar. Tentando con esa primera vista de su palpitante y sudorosa yugular.

Y vuestras miradas se cruzan de nuevo. La suya está llena de miedo, e impotencia, turbada por esta actuación. La tuya de seguridad y pena, junto al resplandor de una rabia expuesta.

viernes, 28 de febrero de 2014

Anhelo

Arrancarme la piel a tiras, sin ningún tipo de morfina, notando la salobre impotencia deslizarse por las heridas abiertas del deseo y el anhelo de tenerla cerca. De rodear su cuerpo con mis brazos, de fundir mi boca con la suya en un roce de labios producido por la cercanía de un abrazo que ansía el yacer a su lado. De un abrazo que espera, vacío y falto.
Enlazar los latidos de una respiración de suspiros, sosegada y calmada que marca “Tranquila, estoy contigo. Y sí, estoy aquí… para ti.”, pretendiente de su desahogo, de su llanto silencioso, del riego de sus lacrimosos ojos ansiosos por cerrar sus párpados una vez seguros. Una vez protegidos. Exponiéndome para detener los adversos flagelos del destino, resguardándola despellejando mi cuerpo mientras sonrío. Susurrándole esas palabras al oído, suave y decidido.
Esperando que la sombría tormenta amaine y ceda, que las tinieblas nocturnas, desnudadas por el destello crepuscular, no nos aterren; y que la demencia emocional cese, aclarándose como las gotas saladas que llueven.
Voluntarioso sacrificio, afanoso de la obtención de su júbilo; de la felicidad de esa fogosa musa de llamas tristes, a la cual me acerco para usar mi cuerpo como su combustible, aspirando arder consumido por su ser si con ello consiguiera alegrarla. Aunque fuese brevemente, como sus sonrisas arrancadas. Esas ligeras curvas en sus comisuras, dueñas de su rubor y sus dulzuras. Mínimas en estos tiempos aciagos, y por ello deseoso de originarlas sin siquiera pensarlo.
Entregando hasta el alma al Diablo, con tal de poder ver sus ojos centelleando y sus labios tímidamente rasgados, en esa risa que siempre me tiene encantado. Carbonizándome internamente, por el mero y sólido hecho de quererte, por el laborioso afán de lograr que esa pequeña y radiante chispa de esperanza nazca en el interior de su fuego; por mucho que mi cuerpo quede calcinado luego. Alcanzando al fin ese abrazo oxidado, sediento de la esencia de su presencia, dejando de estar falto y necesitado. Habiéndose con ella fundido, fusionado. Y yendo así, más allá de todos aquellos vocablos que pueda haber usado éste zorro obstinado. En el constante intento de obtener su exclusivo contacto, de su único y cariñoso rozamiento. De esa suave y cálida fricción, cuerpo con cuerpo.

sábado, 18 de enero de 2014

¿Reloj de bolsillo o corazón con engranajes?

¡Buenos días, queridos lectores! Siento la demora con el relato de esta semana, pero espero que al menos el que subiré hoy al blog lo compense y os guste tanto como a mí (además de que sería interesante saber las interpretaciones que vosotros le dais al desenlace de la historia). Pero bueno, no os entretengo más y aquí os dejo el escrito:


"¿Reloj de bolsillo o corazón con engranajes?", le preguntaron en su día. ¿Qué respuesta era mejor? ¿Cuál era la solución? ¿Quizá debió escoger el contrario al que eligió finalmente y así ahorrarse el complicarse? Quizá... Quizá..., esa palabra que imagina futuros cambiando un imborrable pasado.
Pero su elección ya fue tomada hace tiempo, sí, mucho tiempo. ¿Por qué lo hizo? Sólo él lo sabe. Sólo él lo sabe. ¿Y si nunca lo comparte? Oh, eso es demasiado cuestionable. Sus labios dictaron sonrientes lo que mandó la mente. Y no erraron. No, no. Para nada fallaron.
¿Qué escogió? Algo que guarda con recelo, oculto. ¿El corazón entonces? Puede. Quién sabe. ¿El reloj? Caliente y frío. Qué juego más divertido, ¿eh? Divertido, divertido. Divertida le resultó su resolución. Quería ambas opciones y ninguna al mismo tiempo, al mismo momento. Tiempo y momento... ¿Eso no lo tenía que controlar el reloj? ¿Acaso ese no era su trabajo? ¡Pues no! Los relojes simplemente fueron ese invento que demostró la impotencia del ser humano. Sí, demostró su impotencia por intentar dominar algo que se escapaba de sus manos. Pues, ¿qué poder sobre el tiempo le da al hombre poseer semejante instrumento? Lo único que consigue es someterse bajo sus mandamientos.
¿Entonces rechazó el reloj, ese invento profano? ¡Para nada! O sí, quizá lo rehusó de él mandándolo a un lugar recóndito. "¿Qué escogió?", ¿preguntas? ¿Todavía no te has hecho a una idea sobre lo que ideó? Pues bien sencillo: simplemente puso un cronómetro a su corazón.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Ya sabéis que podéis compartir, opinar, valorar y comentar aquí abajo sin ningún tipo de problema y me entra curiosidad por las interpretaciones que le podáis dar.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Como un frasco de cristal

¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Cómo va todo? En nada cae el Salón del Manga de Barcelona, ¿os pasaréis por allí? La verdad es que suelo repartir algunos relatos cuando me presento en sitios así y, algunos de ellos, son inéditos (por lo que no los podréis encontrar aquí). Además de que tengo un relato pendiente del Salón del Cómic pasado que debo subir, por lo que seguramente el jueves o el viernes lo cuelgue aquí si no surge ningún imprevisto.
Hoy os traigo un pequeño relato que me pidieron de hacer y me gustó tanto que creí que merecía ser publicado en una entrada. Me lo pidieron por Ask (donde acepto pequeños retos literarios) y querían que escribiera sobre el desamor, así que este es el relato que salió como resultado. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Era perfecta. Su sonrisa, su pelo, su suave piel y sus besos... Era perfecta. Todo su ser, toda ella. Tanto su físico como su carácter. Era la pieza del puzle que faltaba encajar en mi vida, a mi lado. Era perfecta. Como ella sola. Y no había nada que se le equiparase. Ese esplendor, esa capacidad para hacerme sentir lo más pequeño del mundo y al mismo tiempo el más afortunado por ser quien estaba a su lado. Era perfecta...
Pero como bien dije, lo era. Pues lo fue en su momento. Hasta que todo se rompió. Como en un frasco de cristal, cayendo al suelo y despedazándose en mil fragmentos. Todo se desvaneció.
Sus miradas pasaron de ser cálidas a ser más gélidas que el propio hielo. Sus caricias empezaron a brillar por su ausencia. Sus bonitas palabras pasaron a ser dagas clavándose en mi corazón. Cada vez más hondo. Y haciendo que este sangrase en forma de lágrimas contenidas en mi interior, sintiendo un nudo en la garganta que pedía auxilio, volver al pasado, solucionarlo. Pero ese grito siempre salía ahogado. Y parecía que no era escuchado. Ni siquiera interpretado.
Era perfecta, sí. Lo era. Pero las cosas cambiaron de la noche a la mañana. No por mí, pues la quería. Sino por ella, que ya no era la misma.
Y pese a todos mis intentos. Pese a todo el sudor, lágrimas e incluso sangre derramada. Pese a todo el daño físico, emocional y psicológico. Pese a todo el esfuerzo sobrehumano llevado a cabo a través de la ruptura de los límites que aguantaría cualquier ser humano. Pese a todo. A todo eso y más... Fue inútil.
Y un buen día, como bien apareció esa musa encarnada frente a mis ojos, atrapándome en sus delicadas manos de diosa y haciéndome suyo en cuestión de segundos, desapareció. Se fue y me dejó solo. Destrozado. Quitándole sentido a todo, pues ella... Ella era quien se lo había dado.


Bueno, ¿qué tal? ¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 17 de junio de 2013

Raposo

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por fin subiré el relato (que pensé haber subido el lunes pasado) del sorteo que dije que celebraría mediante Twitter por los 100 seguidores (el que llevaba el hashtag de "#Relato100Followers"). Y el ganador fue Manu Raposo al acercarse más al número ganador (ya que nadie acertó el 78). Así que, como bien se dijo, el ganador de dicho sorteo podía poner todas las condiciones que quisiera para el relato y él pidió que en el relato hubiera un dragón, muerte y almas perdidas pero sin ningún héroe que salvase nada (como podréis encontrar aquí). Así que bueno, en eso basé el relato y esto es lo que ha salido. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Un rugido a lo lejos le despertó de golpe, pero no dudó ni un instante. Ya sabía que se escondía tras él.
Alzó la cabeza, se levantó y se sacudió sus peludas orejas. Luego estiró sus patas y desperezó los músculos, inactivos durante demasiado tiempo.
Miró al cielo.
No había duda.
Tarde o temprano las profecías debían cumplirse y ya había pasado demasiado tiempo desde la primera.
Cogió su fino chaleco negro y se lo colocó junto al cinturón del cual colgaba la funda de su espada. Luego se puso a la espalda el carcaj y el arco que los ancianos le dieron.
No tenía tiempo para más cosas, así que ante la incertidumbre de que más llevarse cogió un pequeño saco de cuero que ató a la correa del carcaj. Y, sin perder más tiempo, echó a correr siguiendo la corriente de las azuladas formas que transitaban por encima de los árboles.
Una ráfaga de viento le advirtió de que algo no iba bien así que saltó y, agarrándose de la rama de un árbol, empezó a trepar mientras iba saltando entre ellos.
No tardó demasiado en llegar a la explanada y, desde la rama del último árbol en el que se encontraba, lo observó.
Observó como la hierba era pasto de las llamas y el fértil suelo se convertía en dura roca.
Observó como el flujo en un principio azulado iban hacia esas llamas y, al salir de ellas, se volvía grisáceo.
Observó como una gigantesca forma, oculta por su propia sombra, estaba cara a él.
Y no vaciló. Cogió el arco y cargó la primera flecha, apuntando a algo que parecía cobrar vida del flujo grisáceo.
Un disparo certero disipó al humanoide de humo, pero eso provocó que delatase su posición pues, inmediatamente, notó como los rojizos ojos de la gigantesca criatura se clavaban en él.
Un miedo atroz invadió su cuerpo, obligándole a sacudir su cuerpo para quitárselo. Pero en ese intervalo de tiempo vio como se habían formado más humanoides. E iban hacia él.
Disparó algunas flechas, pero seguían avanzando y él no ganaba terreno. Por lo que guardó el arco y saltó desenvainando la espada.
Una vez en el suelo, empezó a correr en sus dos patas traseras, dando tajos a todos los humanoides que se encontraba de camino. Pero cada vez habían más y eso le impedía apenas avanzar, por lo que envainó la espada y, con un cuchillo que llevaba en el chaleco el cual se puso en la boca, empezó a correr a cuatro patas, dando tajos solamente a los que se cruzaran de frente.
Ahora sí que había logrado avanzar. Pero el fuego le cortó el paso.
Miró hacia arriba y vio al oscuro gigante, que abrió la boca mostrando una blanquecina sonrisa llena de colmillos.
Pisó el fuego y este se apagó de golpe, pero a partir de ese pisotón se formó un círculo entre los dos contrincantes.
El gigante desplegó sus alas y, ahora, con el fuego rodeándole, el joven zorro pudo verlo con claridad. Pudo ver con claridad como se trataba del dragón de las profecías.
Y, por ello, significando que los humanoides de humo eran las únicas representaciones terrenales de las almas absorbidas por este ser. Esclavos inútiles que vagan sin razón. Almas perdidas.
El zorro torció el morro y arrolló el cuchillo al gigantesco dragón, que lo apartó de un coletazo.
Enseñó sus dientes y el gigante pareció reírse de él, de su pequeño tamaño y su fuerza insignificante, pero no hizo nada. Como si esperase su ataque. Cosa que no tardó demasiado en suceder.
La plateada espada fue desenvainada de nuevo y, al alzarla como si fuera a dar un tajo, con una de sus patas traseras levantó la flecha del suelo que había lanzado por primera vez y la bateó con la parte plana de la hoja.
El inesperado proyectil dio de lleno a la coraza de escamas de la enorme criatura, haciéndola sangrar por su estómago. Haciendo que la rabia se apoderase de él.
Echó una llamarada hacia el zorro, pero éste la esquivó.
Intentó aplastarlo con su pata, pero rodó.
Un coletazo, también fallido, que él aprovechó para subirse a él y escalar por su espalda.
Rajó una de sus alas, impidiéndole empezar a volar como parecía que iba a intentar y siguió trepando hacia su cabeza, con la espada en la pata y ocasionándole cortes siempre que podía.
El dragón se movía, agitaba e intentaba cogerlo, pero no llegaba, hasta que él se colocó en su hombro.
Entonces, para su sorpresa, la cola le agarró por la cintura cuando saltó a un lado evitando un manotazo y lo tiró al suelo.
La enorme zarpa se colocó en su abdomen y los rojizos ojos se clavaron en sus castañas pupilas.
-Eres un enclenque. Débil e inútil. Nunca alguien como tú podría derrotarme.
El zorro calló.
-Depositaron sus esperanzas en ti. Y por ello han fallado.
Pareció que iba a abrir la boca para contestarle, pero notó como la zarpa empezó a presionar sobre él.
Liberó su pata con la espada de la presión y clavó la hoja en el centro.
El dragón ahogó un grito y le dijo que como prefiriera, que acabaría rápido.
Fue por ello que, en lugar de ir apretando lentamente, dejó caer todo su peso sobre su brazo. Aplastando por completo el frágil cuerpo del zorro.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que sea de vuestro agrado y seguramente para los 200 seguidores haga algo similar (ya que la verdad es que vi una participación medianamente activa en el hashtag).
Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar y demás aquí abajo o por donde creáis oportuno. Además de que tengo entre manos otro pequeño proyecto para quien le gustase los relatos algo macabros como el que colgué hace unos días titulado "Muñequito".

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 16 de enero de 2013

Amor

¡Buenas tardes queridos lectores! Como prometí, traigo un relato esta semana y el fin de semana continuaré con la serie semanal (espero no defraudaros). Aún así, como ya dije, los relatos sueltos los iría colgando cuando encontrara un hueco de lunes a viernes, sin día fijo para ponerlo, así si me venía la "inspiración" en algún momento y el relato me gustaba, quizá os lo enseñaba tal cual.
Pero yendo al relato, en este el título seguramente no se asemejará demasiado al contenido que estarías pensando al leerlo, si alguien tenía una ligera idea, me sorprendería en parte, pero tampoco es muy complicado. Aunque mejor no digo nada más y dejo que juzguéis vosotros mismos al leer este relato breve el cual decidí no retocar apenas nada (solo corregir) después de escribirlo (hace relativamente poco). Espero que os guste.


   Las guerras terminaron, las peleas cesaron, las disputas se solucionaron. En esos momentos, el odio y la muerte por parte del hombre para los hombres terminó. En esos momentos, la comprensión y la estima afloró, dejándose ver para todos los hombres que no habían visto la luz hasta ese día.
   Lástima que eso solo sucediera cuando los días de su reinado fueran a terminar finalmente, pues el gigantesco astro que se precipitaba hacía su mundo era imparable.
  Lástima que, el sentimiento más sincero y al mismo tiempo más oculto del hombre, solo surgiera en los momentos de desesperación. Cuando ya estaba todo perdido.
  Pues, si dicho sentimiento de colaboración y prosperidad guiada por la estima colectiva hubiera brotado antes de sus corazones, quizá ese fatídico día hubiera podido ser evitado. Quizá, ese fatídico día pudiera ser arreglado. Quizá.
   Pero ese quizá nunca llegó y su gloriosa era acabó.


Bueno, espero que os haya gustado a pesar de su brevedad y, como dije, ando mirando un poco el retoque del estilo de los relatos y tal, aunque me gusta demasiado el tipo de letra Georgia en cursiva. Así que por ahora, de aquí en adelante, lo que haré será poner de otro color lo que sea el relato.
Volviendo al escrito, ¿os esperabais que fuera de este estilo? Espero poder pillaros de improvisto, pues no sabía muy bien que título ponerle al relato.
Y creo que quizá últimamente escribo sobre hechos catastróficos y demás, eso puede a deberse a que ando en mitad de la escritura de leyendas, sucesos, profecías y demás para una novela fantástica-medieval (por ejemplo, el relato de Guerra o el cuento de Pequeña estrella tendrían influencia o formarían parte de ese mundo que estoy construyendo a base de líneas y líneas de palabras, pues no es lo mismo que esté en mi cabeza que transmitirlo en el texto y, espero, que en esos dos ejemplos os guste lo que hayáis visto por ahora).
Aunque bueno, creo que ya me estoy alargando un poquitín y estoy indagando sobre un proyecto futuro que de momento está bastante lejos de terminarse, así que me despido ya, diciendo que nos veremos este fin de semana con un nuevo capítulo de Un bar cualquiera y me voy que tengo todavía muchos quehaceres.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!


Edit: Quise modificar lo de las reacciones, conseguí poner 5 y que se vieran bien sin cortarse. ¿El precio? Se han perdido casi todas los votos (excepto los de "divertido", que al ser el primero no lo toqué y quizá por ello no se han perdido). Así que francamente, no sé si he pagado un precio bastante alto con tal de solucionar el problema... Así que agradecería si pudierais volver a hacer vuestras pequeñas contribuciones en las Reacciones otra vez, os lo agradecería muchísimo..

viernes, 11 de enero de 2013

Guerra

¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.


   Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
   Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
   Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
   Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
   No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.


¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 9 de diciembre de 2012

Recuerdo

¡Buenas tardes estimados lectores! Esta vez si que no me retrasaré con el relato correspondiente al fin de semana. Aunque he de admitir que me he tomado un pequeño respiro y tonto de mi, ahora tengo acumulado todo.
Pero bueno, el relato que hoy os traigo está escrito ahora en un momentito. Creo que haré eso de tanto en tanto, chasquear los dedos y dejar que surja de mi mente lo que haya en ese momento y escribirlo. A ver si os gusta también mis improvisaciones, aunque sé perfectamente que todo depende de la inspiración en estos casos y, por ello, habrá relatos mejores y otros de peores. Pero espero que nunca consideréis ninguno como "malo".
También he estado pensando en abrir alguna pequeña sección donde suba algunas de las canciones (básicamente soundtracks, si no lo son todas...) que más me han gustado, y creo que gustarían, para escribir algún relato o alguna parte de ese. Aunque eso ya se verá.
Otra cosa que he pensado es que, al haber jugado estos días un poco a un juego llamado Spore, intentar usar el creador de criaturas de este juego para moldear muchas de las que caminan y rondan por mi cabecita, paseandose de arriba abajo. Alguna vez para acompañarlas de un relato, otras de su historia y, otras, simplemente de una descripción y explicación, además de si fueron planteadas para algún relato. Pero eso ya lo miraré y seguramente sería en el mismo hueco de los relatos de fin de semana, el de miércoles-jueves de la serie semanal no lo tocaré.
Pero bueno, volviendo al relato, espero que os guste y disfrutéis de la lectura.


   El columpio iba disminuyendo su velocidad, deteniéndose, en mitad de ese solitario parque y esa también solitaria tarde. No hacía mucho que había empezado a ponerse el sol, causando la oscuridad del lugar. Aunque las luces blanquecinas de las farolas que había por la calle iluminaron de nuevo ese lugar gracias a su tenue brillo.
   Puso los pies en el suelo, cosa que no había hecho desde que subió encima de ese pequeño y oscuro asiento. Antes solía ir al balancín, pero desde que él no estaba allí no era lo mismo. Ni siquiera visitar ese parque que hicieron suyo, reparándolo y construyéndolo ambos. Juntos.
   No tenía demasiadas cosas, pero la sencillez del lugar hacía que fuera más especial. Hasta que ocurrió ese infortunado accidente automovilístico, donde le perdió. Por culpa de alguien que más tarde salió impune.
   Apretó los dientes. Apretó con más fuerza las cadenas que había en sus pequeñas y delicadas manos. Pisó con más fuerza el suelo.
   Estaba cabizbaja, con la mirada oculta por la sombra de su cabeza causada por un pequeño farol que había a su espalda. Un ligero brillo se deslizó por su blanquecina mejilla hasta la barbilla, donde se precipitó a la arena del suelo. Tras ese diminuto destello, más gotas húmedas y resplandecientes, por contraste a la perlina luz, fueron bajando, lentamente.
   Odiaba lo que había sucedido. Siempre se preguntaba el porqué y nunca obtenía respuesta. Aunque lo deseara desde lo más profundo de su alma. Aunque deseara que las tornes se hubieran intercambiado. Pero por mucho que deseara, lo sucedido no cambiaría.
   Se levantó, sin ganas de hacer nada a excepción de llorar y, por ello, le brotaba una rabia interna. No quería llorar, prometió no hacerlo. Se lo prometió. Pero fue una promesa que nunca pudo cumplir.
   Otra vez su mente se preguntó cómo podía haber ocurrido tal cosa. Porque la dejó sola a pesar de todas las promesas. Miró al cielo, enfadada. Pero algo, pequeño y frío, hizo disipar todas esas ideas de su cabeza.
   Un pequeño copo blanco de nieve había tocado su pequeña y fina nariz, haciendo que se volviera agua por su calor corporal. Después de ese, más copos pequeños empezaron a caer del cielo y un arrepentimiento invadió su ser mientras sus ojos grandes y azules centelleaban levemente debido a que seguían húmedos.
   Se preguntó cómo le había podido culpar de abandonarla si nunca lo quiso hacer. Otra lágrima se deslizó mejilla abajo. Se preguntó también cómo le había podido acusar de abandono, pues nunca la había abandonado.

Espero que os haya gustado el relato "instantáneo". Ya sabéis que podéis opinar aquí abajo, comentar qué tal o compartirlo. Hay un gran número de posibilidades y ninguna restricción. Así que adelante, que no muerde. Pero bueno, nos vemos en la entrada que tocará para el siguiente capítulo de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!