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viernes, 7 de noviembre de 2014

Cajita de memoria

Dan. Quería llamarlo “Dan”. Así era como, en su cabeza, Elisabeth llamaba al desconocido al cual llevaba acompañando desde hacía días, al desconocido que acababa de entregarle una pequeña cajita que, al abrirse, producía una suave melodía.
Aunque no supiera su nombre ya no tenía interés en averiguarlo después de que él, al saber el suyo, le contestase que éstos en verdad no eran importantes. Pero ella necesitaba llamarlo de alguna forma y esa opción le gustaba, aunque nunca fuera a ser confesada.
“¿Quién eres?”, llegó a preguntarle Elisabeth en una ocasión, justo cuando se conocieron. Él la miró de reojo, contemplando su torso desnudo, y volvió la vista al frente. Aquellos ojos oscuros, cargados de una tristeza oculta bajo un manto de alegría e indiferencia, la habían hecho sentir más desnuda de lo que ya estaba. Y eso no le gustaba. No por ella, sino por él, por miedo a lo que le podría suceder.
La muchacha alargó el brazo y, mientras vacilaba sobre si posar la mano en su hombro, sus dedos lo rozaron. El joven se tensó por un momento y luego un suspiro, junto a su rostro, cayó de sus labios. No volvieron a hablar sobre eso.
La cajita de música seguía sonando, repiqueteando cada nota en su mecanismo. Y los recuerdos se acumulaban. Como el de aquella puerta cerrada con candado que se encontraba en una pared del carromato: él le dijo que ahí guardaba sus libros, que era como un armario usado a modo de biblioteca, pero ella, desde fuera, no había logrado apreciar que ahí cupiera realmente algo. O, antes de ese momento, también estaba cuando cocinaron truchas escarlata en una fogata improvisada. No importaba el tiempo que hubiera trascurrido entre un hecho y otro, todo se mezclaba en su cabeza en orden cronológico. Hasta que la tapa de la cajita se bajó y la música cesó.
Elisabeth se quedó quieta. Sus manos todavía rodeaban aquel regalo, sin saber muy qué hacer. Debía buscar unos papeles como Dan le dijo tras darle aquel pequeño artilugio pero la melodía, que todavía resonaba en su cabeza, parecía pedirle que la liberase. Así que abrió la tapa de nuevo con sus dedos temblorosos y, tras cerrar los ojos, se sumió en aquel plácido sonido.

[Cuento III de “El vagamundos”]

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Alguna vez has visto a las mariposas de fuego?

El hombre se sentó al borde del pequeño escenario adjunto a su carromato y miró a quienes se había reunido a su alrededor. Parecía extrañado por el interés que había generado, pero sabía que no debía desaprovecharlo.
–Y bien –empezó a hablar–, ¿alguna vez han visto a las mariposas de fuego?
La pregunta causó una pequeña conmoción. ¿Mariposas de fuego? Nadie sabía qué era aquello. Pero las imágenes que empezaban a cobrar forma en las mentes de los oyentes no eran ni mucho menos que formidables, en todos sus sentidos. Desde bestias enormes devora-hombres hasta pequeños seres imperceptibles. El tipo sonrió y, con un giro de muñeca que simulaba coger una manzana invisible en el aire, chasqueó los dedos para captar la atención de los presentes.
–Bueno, bueno –prosiguió–, me tomaré vuestro cuchicheo como un no. Cosa que es una lástima, por cierto.
Encogió los hombros, hizo una mueca con los labios y miró a un lado. Nadie dijo nada y él permaneció en silencio. Segundos, minutos, hasta que una joven de ojos verdes le preguntó:
–¿Qué son las mariposas de fuego, buen señor?
El desconocido sonrió otra vez y saltó al suelo impulsándose con sus manos. Miró a la chiquilla y le respondió “¡Algo magnífico!”. Ella quería contestar, pero él se puso el índice derecho en sus labios, torció la cabeza para indicarle que no dijera nada y se acercó a ella para llevar el dedo a la boca de su interlocutora. Pero antes de tocarla puso la mano izquierda junto a la diestra y simuló un estallido agitando delicadamente sus dedos.
Sus miradas se cruzaron. El forastero sonrió pícaro y la muchacha se ruborizó.
–Las mariposas de fuego, las mariposas de fuego… –comenzó, como si dudase sobre si contarlo o no–. ¡Ay, las mariposas de fuego! ¡Qué ser más bello! –Clavó sus pupilas en el rubor de la joven de ojos verdes–. Si ustedes pudieran verlo… ¡Si ustedes pudieran verlo…! Pero para eso he venido; para describírselo aunque no me vea capaz de alcanzar su majestuosidad, aunque no me vea capaz de poder describir cómo sus alas, bañadas en atardeceres, se baten grácilmente con lentos movimientos, como si fueran pájaros que vuelan flemáticos, inalterables por las prisas del tiempo o el viento.
Repasó todos los semblantes, expectativos y llenos de un curioso entusiasmo, y prosiguió:
–¡Explosiones de colores! –Repitió el gesto de las manos, pero esta vez más exagerado, como la gesticulación de su rostro. Algunos creyeron ver unas chispas saliendo de sus palmas–. ¡Rojos amaneceres y chiribitas amarillas!, que brillan cuando estos seres eclosionan de sus crisálidas antes de fundirse en una llama naranja cuando sus alas son desplegadas. ¡Destellos de flamas recién avivadas! E incluso –El hombre iba de aquí para allá, agachándose y mirando a cada persona según narraba–, lumbres azules. Fuegos fatuos vivos, pues se tratan de los machos, bien raros y poco conocidos. Que vuelan solitarios –Sus ojos volvieron a encontrarse con aquellos que guardaban esmeraldas en su interior– hasta que una hembra logra encontrarlos y, entonces –Cogió la mano de la chica para acercarla a él–, se unen en un baile de aleteos donde, ambos, desatan todo el calor que guardan en su interior formando un pequeño torbellino. –Hizo que la joven diera una pirueta–. Un pequeño torbellino de ardientes tonalidades que no se trata de otra cosa que la persecución del uno al otro al unísono rodeando una rama según ascienden, con ella, al cielo antes de caer en picado –Soltó a la muchacha tras levantarla y chasqueó los dedos– y, en un último estampido –El vestido estalló en llamas con forma de mariposa–, depositar los huevos en aquel carboncillo que han creado. Muriendo ipso facto.
Se hizo el silencio de nuevo pero el extraño, en un ademán tierno, sonrió con la intención de subir los ánimos. Luego levantó su brazo e hizo un medio círculo extendiendo la mano abierta hacia las nubes, mirando también en esa dirección. El Sol quedó oculto tras su palma y los rayos se colaron entre los huecos de sus dedos, manchándole la tez de puntos relucientes.
–Desgraciadamente –Su expresión pareció ensombrecerse cuando la silueta femenina se deshizo en polvo–, son inalcanzables. Como la luz del día, se filtran por cualquier ranura para evitar su captura y, en el caso de que alguien las atrape o las aplaste, desaparecen al convertirse en fina ceniza.

[Cuento I de “El vagamundos”]

domingo, 19 de octubre de 2014

Profundidad

“El pomo estaba helado y un escalofrío recorrió mi cuerpo, gritándome que no entrase, pero antes de poder pensar con claridad mi mano giró el picaporte y la puerta se abrió.
La habitación estaba sumida en la oscuridad, como si ésta fuera el material de sus paredes y muebles. Diminutas partículas de polvo bailaban frente a mis ojos en el pequeño sendero lumínico que brindaba la ranura de la entrada. Intenté atraparlas, como si pudieran retener la luz en la que se encontraban, pero las manos me dolían, como si se estuvieran congelando debido al ambiente de ese lugar.
Inspiré, con dificultades, y el vahó se escapó entre mis labios antes de seguir adentrándome.
Acaricié los muebles convertidos en sombra, escuché mis pisadas que hacían crujir el suelo y alcé la mirada al techo. Perlas diminutas centelleaban con un fuego casi extinto, muriendo en aquel cielo pintado de noche.
Los pasos seguían avante y mi cuerpo tropezó con un escritorio, tirando las cosas al suelo. Clac, clac, clac. Mi mano pulsó botones de una maquina de hierro al tantear sobre la mesa y luego tiró de una cuerdecilla; la luz se hizo un momento, permitiéndome ver las hojas esparcidas por el suelo (la mayoría en blanco, algunas de garabateadas y otras llenas de palabras), y estalló.
Moví los brazos intentando apartar los miles de puntos luminosos que aparecieron en la habitación, pero era inútil; el flash me había cegado. Así que cerré los ojos y noté cómo el lugar empequeñecía y empequeñecía, ahogándome.
No aguanté más y volví a abrir los párpados. Ahora mis pupilas parecían haberse adaptado a aquella negrura. Distinguían las siluetas donde antes no había más que una nada negra.
Pero la puerta ya no se veía.
Un sudor frío recorrió mi nuca, mi vello se erizó y las manos empezaron a temblar. Un nerviosismo creciente se iba apoderando de mi interior, abriéndose paso hacia el exterior según apartaba mis entrañas como un ser que excava con sus garras para llegar a una superficie incierta pero deseada.
Un pisotón en el suelo pareció detenerlo. Gruñendo.
Ladeé la cabeza y dudé entre seguir adelante o buscar aquella puerta extraviada. Aunque, más bien, fuera yo quien lo hubiera hecho. Vacilé en volver, pero lo desconocido me llamaba y yo no podía ignorar sus reclamos silenciosos.”



[1er Manuscrito de “El vagamundos”]

sábado, 26 de abril de 2014

Acompáñame

Acompáñame, ven conmigo, sin decir nada, sólo agarrando mi palma y siguiendo mis pisadas. Déjame guiarte, lentamente, por aquellos caminos inexplorados, extraños, desconocidos por todos. Incluso por mí mismo debido a su constante cambio. Yendo así por esos oscuros bosques de secretos vetustos que brillan tenuemente bajo nuestros pies, embarrados de incógnitas. Esperando ser resueltas en nuestras cabezas, donde vivirán ocultas en nuestras miradas. Comprendidas solamente por nosotros cuando éstas sean cruzadas.
Acompáñame, en silencio, solamente sujetando mis dedos y siguiendo mis pasos. Exploremos aquellas maravillas secretas. Las mismas que se encuentran cubiertas para no ser advertidas por ojos inexpertos, ojos que no saben apreciar su real belleza. Pero que, pese a ello, se encuentran descubiertas frente a cualquiera. Desnudas pero difusas. Como aquello que se esconde delante de quien no quiere que le observe, viendo así cómo solamente aquel que realmente le quiere puede verle.
Acompáñame, silente, únicamente rozando mis yemas y siguiendo mis huellas. Permite que te lleve a todos esos lugares que jamás imaginaste más allá de las letras. Consiente que mi presencia esté cerca, abrazándote sin tocarte, para así mostrarte lo que mi mente contempla. Hablándote con gestos y ojeadas, sin usar palabras. Y así, al fin, quedar maravillada con aquellas discretas confidencias, compartidas contigo para grabarlas en tu silueta como disimuladas memorias. Recuerdos únicos que evoquen cuando nuestras manos nuevamente se crucen.

sábado, 17 de agosto de 2013

El hombre que cayó de las estrellas

¡Buenas noches queridos lectores! Esta semana he estado fuera (otra vez) y acabo de volver a casa. Así que una vez acomodado y demás, os cuelgo aquí un pequeño cuento/relato que escribí en su día y espero que disfrutéis leyéndolo.


Sintió su cuerpo frágil. Ligero, como si pudiera flotar. Pesado, como si jamás hubiera descansado. Atrapado y a la vez libre.
Una mirada vacía que observaba todo, sin ver nada. Una boca abierta, dispuesta a hablar, pero tan seca que no era capaz de pronunciar palabra alguna. Una mente brillante, rebosante de ideas, pero detenida. Como una maquina sin aceite.
Y así se mantuvo, en el suelo, como el primer resplandor en el oscuro cielo. Un resplandor que ni siquiera las miradas más curiosas y atentas pudieron percibir.
Cerró sus pesados párpados. Pero no podía dormir a pesar de sentir su cuerpo agotado. Notó como las gotas empezaron a caer sobre él, mojando su áspero cuerpo y enterrándolo bajo el barro que caía en el cráter que él mismo había provocado.
Un suspiro se escapó de sus labios. No de desolación, ni de alivio. Sino de fuga. Pues su alma abandonó su cuerpo antes de ser enterrado. Un cuerpo que había sido rechazado, por no ser como los demás.
Un cuerpo que llegó del cielo, cayendo de él. Una noche sin estrellas, pues le abandonaron a su suerte. Y buscó ayuda. Pero no, no era un hombre como los demás. Era un extraño que buscaba indicaciones tras salir de un enorme agujero provocado en un estruendo. Un ser singular, nada particular. El desconocido que resplandecía.
Y todos quisieron ese esplendor.
Así que ignorando sus peticiones, se abalanzaron hacia él. Por ser diferente, por ser especial. En mitad de tanta gente corriente, en mitad de gente normal. Pero no pudieron quitarle su luz, pues la llevaba pegada a su aura, a su alma.
Y lo echaron. A pedradas y bastonazos. Golpeado por los ignorantes mientras los demás observaban, en silencio.
Hasta que su brillo parpadeó en el aire, saliendo de su boca, de su tos.
Todos miraron al suelo, a las gotas brillantes que se apagaron al momento. Y luego miraron al ser, sonrientes, mientras prosiguieron. Golpeándolo, hasta que huyó.
Corriendo por las callejuelas, yendo al exterior. Hasta su cráter, en el que se tiró.
Y miró al cielo, incomprendido y suplicando, mientras poco a poco su luz se iba atenuando. Hasta cerrar los ojos y suspirar.
Entonces fue, cuando en el cielo, todos los individuos lo vieron. Vieron en el cielo un centelleo. El de una única estrella, solitaria, brillar.


Y bien, ¿qué os ha parecido? Espero que hayáis disfrutado de la lectura y ya sabéis que, como siempre, podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 29 de abril de 2013

Agradecimientos

¡Buenas tardes queridos lectores!
Hoy os traigo otro relato dedicado, más concretamente a @MeriiHappyGirl, mi seguidora nº 70 en Twitter. Sí, sé que ahora tengo 69, pero ayer tenía 75 (claro, que hay muchos que no comprenden que yo no soy de hacer follorback sin motivo aparente a pesar de decirlo una y otra vez), pero bueno, eso no quita que ella no haya alcanzado tal número. Así que bueno, en esta ocasión dejé elegir "lugar, situación y época" y ella decidió "Londres, situación la que quisiera y actualidad". Como no tenía situación concreta (que vendría a ser la más importante para hacer el relato), revisé un poco su cuenta de Twitter y al final creí que éste tipo de relato le gustaría, así que lo hice, se lo mandé y, como le gustó, aquí lo podréis encontrar.
Espero que a vosotros también os guste (a pesar de que, como podréis ver, no sea del todo de mi estilo) y disfrutéis con la lectura.


Tenía prisa. Llegaba tarde a su cita. Y no era la primera vez. “No puedo volver a cagarla”, se repetía una y otra vez dentro de su cabeza mientras aceleraba su paso, esquivando a todos los que se encontraba por el camino (y, si era necesario, apartándolos).
Miró el reloj de su muñeca izquierda y caminó más deprisa. Sólo le quedaban dos calles y ya llegaría a la editorial, en la que un amigo le había dicho que lograría colarla si, esta vez, llegaba puntual. Pero sabía de más que no lo haría.
Sin esperárselo, se golpeó contra alguien y cayó al suelo. Junto a todos los papeles, algunos de los cuales llegaron a mojarse. “Ahora es cuando es el típico guaperas del que me enamoro y me monto toda una historia, lo típico” se dijo a ella misma. Pero no, no era “lo típico”, sino que el hombre la miró y fue a seguir con su camino.

-¡Eh! –grité-. ¿Es que no piensa ayudarme después de tirarme así?
-Ah… -ahora pareció haberme visto bien-. Discúlpeme… –dijo con un tono inseguro, como si se arrepintiera de verdad.
-Tsk –bufé.
El tipo me dio la mano, para ayudarme a levantarme y luego recogió los papeles, diciéndome que tenía prisa, ya que llegaba tarde a un sitio, y se despidió.
Casualmente yo iba en la misma dirección que él. Es más, entré en el mismo edificio y me dirigí a recepción mientras él cogía el ascensor.
Ahí, una jovencita me indicó la planta y subí con el ascensor.
Fui a la sala de espera y, allí, estaba el desconocido. Al verme agachó la cabeza, como todavía dolido por el infortunio de la calle, y yo me senté. Al poco un hombre salió del despacho e indico al joven de la bandolera que entrara.
No se demoró demasiado en salir y el mismo hombre que antes llamó al chico me dijo que entrara.
Era un despacho amplio, elegante. Él se sentó en el sillón y me invitó a sentarme en una de las sillas de delante el escritorio.
-El puesto es suyo.
-¿Así, sin más?
-Sí.
-¿Y eso? –pregunté, intrigada.
-¿Vio al mozuelo que salió antes? –esperó un momento y continuó cuando afirmé con la cabeza-. Pues verá, sin motivo aparente, renunció a la posibilidad de publicar sus escritos que, francamente, no estaban nada mal. Pero que se le hará.
-¿Entonces se quedarán con lo mío?
-Tenemos que tener algo para antes de acabar la semana, así que sí.

Todo parecía perfecto, aunque, al llegar a casa (cuando sonaban las últimas campanadas de la Torre del Reloj del Palacio de Westminster, marcando las doce), caí en que quizá el tipo había renunciado a su oportunidad por nuestro incidente en la calle.
“Pobre”, pensé y, antes de mandar el documento por correo electrónico al editor, modifiqué los agradecimientos. Añadiendo “Y al tipo con la chaqueta beige que me choqué con él en la calle. Quizá, sin su aportación, esta novela nunca habría sido publicada”.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que esta vez no puse cursiva en el relato, y seguramente a partir de ahora no lo haga, pues la cursiva a veces es importante y, si todo está escrito de esa manera, entonces no resaltaría. Pero bueno, ya sabéis de más que aquí abajo podéis opinar entre muchas otras cosas y, para el seguidor nº 80, le esperará decidir otros aspectos para un relato (cosa que ya especificaría cuando quedase poco para llegar).


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 16 de febrero de 2013

El último

¡Buenos días queridos lectores! Esta semana he estado algo ocupadillo, y pensaba subir el relato como muy tarde ayer, pero al final fui a dormir temprano (no me aguantaba..), es por eso que hoy os traigo un relato escrito en estos mismos instantes para que valoréis también un poquito mis "obras rápidas" y a ver qué os parecen. ¡Y ojo! Eso no quiere decir que no tenga relatos ya escritos y preparados, eh. Solo que si me viene la inspiración para algo que además puedo colgar en el blog, pues os lo muestro a vosotros primero.
Pero bueno, como siempre, me voy por las ramas, así que os dejo ya con el relato y espero que os guste a pesar de los hechos (que tranquilos, no spoilearé).


  Todo estaba arrasado. No quedaba nada ya en ese lugar. Ni siquiera en el mundo entero. Estaba solo. Completamente solo.
   Ya hacía días, semanas, meses, que había empezado a caminar por las solitarias carreteras. Y más aún el haber atravesado poblaciones y ciudades desérticas. No había visto nada vivo. Ni siquiera insecto alguno.
   Pero a pesar de ello no había perdido la esperanza pues, pocos días atrás, recibió un mensaje de texto de ella, antes de que se le apagara definitivamente el móvil, diciéndole que estaba bien y lo esperaba donde siempre. Que allí no había ocurrido nada. Y era por eso que había emprendido el camino, atravesando todos los lugares que tuviera que atravesar por tal de llegar a su destino. Y, por sus cálculos, solamente le debían quedar un par de días de trayecto.
   No iba con prisas, pues sabía que las noches podían ser peligrosas y frías, por lo que dormía al poco de ponerse el Sol. Pero tampoco se lo tomaba pausadamente, pues antes de que amaneciera ya se estaba preparando para seguir el trayecto, desayunando y comiendo mientras andaba.
   Acampó la última noche antes de llegar, estando a las afueras del pueblo, aunque esa noche le costó conciliar el sueño por los nervios y se percató de que otra onda, como las de los primeros días, surcó los cielos. Acabó por no darle demasiada importancia. Y al poco se durmió.

   Cuando divisó su población natal, desde lo alto de ese pequeño monte, y observó los edificios caídos se quedó inmóvil. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos: el lugar también había sido arrasado a causa de la catástrofe. El lugar donde un día estuvieron todas las personas que alguna vez le importaron estaba en ruinas.
   Conteniéndose las lágrimas y mordiéndose el labio inferior bajó corriendo la colina, llegando a una de las calles principales.
   Todo estaba hecho un desastre y, lo poco que se mantenía en pie aún estaba ardiendo. Pero, como las otras veces, no logró ver a nadie en la calle. Al menos, a nadie vivo.
   Con pasos lentos volvió a caminar por la acera que había recorrido miles de veces cuando jugaba de pequeño. Evitando, esta vez, los destrozos y cadáveres del suelo en lugar de las grietas y tapas de alcantarillas como hacía de niño.
   No tardó demasiado en llegar a su casa. No a la suya propia, sino a la de ella. La cual aún parecía mantenerse mínimamente.
   Por costumbre, llamó a la puerta. Acto seguido pensó en lo estúpido que había sido hacer eso y abrió la puerta, poco a poco, para luego cruzarla.
   Dentro estaba todo hecho una pocilga, con los muebles caídos, cristales rotos, alguna pared caída… Pero aún así cogió el teléfono inalámbrico y llamó al número del teléfono móvil, el cual sonó en el salón, donde se dirigió aún a paso lento.
   Nada más llegar se detuvo. Su fino y adorable rostro se encontraba con los ojos cerrados, apoyado en de lado en una esquina. Se acercó a ella pero, nada más hacerlo, se fijó en sus manos, las cuales parecían agarrar algo en su estómago.
   Temiéndose lo peor, corrió hacía ella y apartó sus manos, viendo así la estaca de manera que la había atravesado por la espalda.
   Entre sus piernas se encontraba el teléfono móvil, encima de un sobre. Ambos los guardó rápidamente en el bolsillo de su sudadera y volvió con ella.
   Acarició su mejilla, a la espera de alguna respuesta,  pero solo pudo ver como abría levemente los ojos y ladeaba, como podía, la cabeza para besarlo, diciéndole que sabía que nunca la dejaría sola. Diciéndole que le quería. Diciéndoselo en su último suspiro.


Espero que os haya gustado a pesar del final. Aún así ya sabéis que podéis decir la vuestra de todas las maneras que tenéis a disposición (que no son pocas, francamente), sin olvidar las valoraciones. Por cierto, os añado que últimamente informo sobre las ideas sobre el blog, subidas de relatos, búsqueda de "lectores beta"/"test readers" para relatos que quizá serán inéditos en el blog, y demás a través de mi Twitter, así que si alguien está interesado en estas cosas puede seguirme sin problema alguno.
Y añado que también tendré una pequeña "sorpresa" para la semana que viene al publicar una cosa con un estilo... Algo diferente (algo, no demasiado, eh) a lo publicado por ahora, si os ponéis a pensar un poco seguramente adivinaréis de qué se trata sin problema alguno. Pero bueno, esto ya se verá en el próximo relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 11 de febrero de 2013

Un bar cualquiera - Señuelo

Buenas noches queridos lectores, aquí tenéis el siguiente capítulo de Un bar cualquiera, algo corto pero que tendrá una gran importancia a los hechos que le sucederán. Y he de admitir que estos días no he tenido demasiado tiempo para ponerme a escribir para el blog, debido a una serie de inconvenientes... algo personales y que también se me han ocurrido más ideas para el pequeño mundo fantástico-medieval que estoy creando y mimando como una pequeña semilla para que crezca un enorme y fuerte pero bonito árbol. Y ahora está empezando a echar las raíces (historia, cuentos, leyendas, profecías...) para que, tras eso, pueda empezar a crecer.
Pero bueno, no os entretengo más, solo os digo que si alguien conoce algún programa para crear/generar mapas (gratuito preferentemente) que no sea hacerlo a mano con programas como Photoshop (nunca se me han dado demasiado bien estas cosas), me haría un favor enorme.
Aunque lo dicho, aquí os dejo con el capítulo que subo hoy aprovechando que tenía festivo (y así lo repasé un poquito antes de subirlo). Espero que os guste.


Abrí la puerta de un puntapié. E, ignorando el hecho de que no hubiera nada en la pequeña y oscura cámara, abrí la siguiente puerta. Francamente me habían mosqueado bastante el que me hubieran dejado ahí tirado mientras huía de esos tipos pues, no solo tuve que escapar por mi cuenta, sino que el coche ya no estaba y eso me obligó a volver caminando.
Quizá no debería haber vuelto y era una señal para dejarlo ya e irme a casa para retomar mi vida. Pero el hecho de que Alice hubiera desaparecido y, ellos, parecieran saber su paradero me obligó a emprender la marcha hacía su “pequeña base”.
Jack y James se encontraban sentados en la mesa más cercana a la puerta, tomándose un café tranquilamente y, nada más verme entrar, sonrieron. Supongo por el hecho de ver que había decidido volver con ellos, quizá porque había lograr escapar con el paquete. Qué más daba, el hecho era el mismo: al final había regresado a pesar de todo.
-Mira quién acaba de llegar.
-Sabía que no me defraudarías –dijo Jack, con una sonrisa.
Bufé y me acerqué un poco más a ellos y les tiré la bandolera encima la mesa, aunque luego me fijé en que allí ya había algo: una pequeña caja metalizada que no había visto antes por aquí, pero no le di mayor importancia y volví al tema central.
-Ya tienes tu paquete, ahora revélame el “misterioso objeto” que he cargado.
-Ah, ¿lo que has cargado? –cogió la bolsa, la abrió y me miró-. No era nada en especial –dijo metiendo la mano y sacando un pequeño paquete-, solo un tajo de periódicos. Un señuelo.
Su jueguecito ya me estaba hartando demasiado. Había accedido a darles un voto de confianza y, por el momento, parecía que lo usaban como un juguete nuevo. Por lo que volví a bufar y esperé, a ver que tenían que decirme.
-Pero tranquilo, todo esto ha sido por ti. ¿Ves esta cajita?
-Ajá.
-Es la solución… a tu pequeño problema. Aquí hay todo lo necesario para que se muestre tu don. Y creo que eso también te interesa a ti, Matt.
-Puede ser…
-Bien, bien –sonrió, mientras James abría la caja metálica-. Es algo que en un principio podría alterarte un poco. Aunque no solamente a ti, sino también lo que te rodea ya que los “dones” desconocidos y que no se han mostrado… normalmente se deben a alguna razón en especial. Pero aquí entra en juego Harry, ya que a nosotros se nos escapa de las manos.
-No lo acabo de entender…
-Tranquilo, una vez estés dentro sabrás a que me refiero.
James parecía haber sacado un extraño aparato de la grisácea caja, con unos pequeños conectores.
-Tendremos que volver a una habitación como antes, donde estuviste a solas con James, pero no te preocupes. Esta vez sí que descubriremos que esconde tu interior.


Bueno, ¿qué os parece? Espero que no acabéis cogiéndoles demasiado "manía" a Jack y/o James por las  "jugarretas" que le hacen al pobre de Matt. Ya veréis como al final... ¡Tranquilos, no os spoilearé! Y como digo siempre: sabéis de más que podéis opinar con las reacciones, comentar, enviarme algún mensaje mediante Contacto o, simplemente, compartir el capítulo.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 8 de febrero de 2013

Confusión

¡Buenas tardes queridos lectores! Hoy os traigo como prometí el sueño que tuve.. El jueves de la semana pasada, el cual he intentado escribir de la manera más comprensible que me ha sido posible pero que, aún así, tiene alguna que otra cosa que... podría requerir releerse.
Por cierto, en la página de Facebook (ni Tuenti ni Twitter) iré colgando algún fragmento de cosas que esté escribiendo o tenga entre manos, así podréis ver algunas cositas de mi trabajo que todavía sea inédito  y, además, podréis opinar o comentar lo que os parezca, ya que me gusta saber la opinión de mis lectores (que ya se empieza a escuchar más sus voces por el e-mail de contacto).
Pero bueno, os dejo con el sueño-relato y, como siempre, espero que disfrutéis de la lectura y, si hay algo confuso (como ya indica el propio título), releedlo, que es normal, ya que el sueño fue muy, pero que muy, raro.


   No sabía nada del exterior. Me parecía que llevaba décadas encerrado en esas oscuras habitaciones, donde de tanto en tanto me sacaban para hacerme un análisis de sangre y poco más antes de volverme a encerrar.
   Pero esta vez fue distinto. Tras sacarme de mi sombrío habitáculo, me llevaron cogido de los brazos por un pasillo fuera de lo habitual. Quizá ya no les era útil e iban a descartarme, eliminarme. Aunque según avanzaban los dos hombres, llevándome a rastras, pasamos por un pasillo que las paredes laterales era de plástico, y allí se podía apreciar algún tipo de museo o almacén arqueológico, aunque poco pude ver, pues no tardamos demasiado en entrar en otro oscuro pasillo, como el del inicio.
   Al final de dicho pasadizo se podían apreciar unas pequeñas luces anaranjadas, las cuales mostraban tres celdas donde solo la de la derecha parecía tener espacio. La de la izquierda y la del centro estaban rebosantes de unos individuos desconocidos.
   Cuando me echaron dentro de esa prisión pude observar que allí había cuatro personas más. Un tipo estaba sentado en una esquina, otro cogido de los barrotes, observándome, y luego una chica abrazada a un chico sentados en la cama.
   Cuando los dos supuestos guardias se fueron, el tipo cogido a los barrotes se acercó a mí, como inspeccionándome, para luego coger una barra de la puerta y ver que esta estaba abierta. Pero no se atrevió a salir y nos quedamos así hasta dormirnos.
   Cuando desperté, mis nuevos compañeros hacía tiempo que lo estaban y observaban fijamente la puerta. Estaba abierta. Y el rarito que me observó en nuestro primer encuentro ya no estaba allí.
   La luz naranja empezó a parpadear, emulando las señales de alarma.
   Las personas de las celdas vecinas empezaron a removerse, nerviosos, y a hablar entre ellos.
  Un sonido extraño provino del interior del oscuro pasillo.
 Con más curiosidad que miedo, me asomé levemente, y pude ver como algo blanquecino brillaba en la oscuridad. Acto seguido, esa cosa corrió hacia mí mientras veía a los otros presos intentando hacer un agujero en la pared con una cucharilla, como hacía la celda del centro y, la de la izquierda, parecía que querían abrir el agujero a puñetazo limpio.
  Fallo mío por despistarme, pues esa extraña criatura se abalanzó hacia mí, tirándome contra la pared y mordiéndome el antebrazo derecho con el que me había cubierto por acto reflejo.
  El muchacho que parecía ser conocido de la chica cerró la puerta mientras esta gritaba que me deshiciera de esa cosa, que parecía tratarse de los huesos de un dinosaurio raptor con vida propia. Así que, como pude, sin que este soltara mi antebrazo, coloqué su cabeza bajo mi axila izquierda y, mientras hacía presión con esta, moví el brazo derecho hasta conseguir desnucarlo y arrancar su cráneo del resto del cuerpo. Los huesos se desplomaron al instante y la mandíbula dejó de ejercer presión.
  Al final el resto del “equipo” logró hacer el agujero y salimos por allí. Fuera encontramos a nuestra izquierda el grupo del medio y, bajando por unas escaleras de delante nuestro, el grupo ruso de la izquierda.
  El grupo central, seguramente americano, no dudó y bajó cuando los rusos acabaron, pero no llegaron muy lejos, ya que esos tipos les dispararon flechas con unas cerbatanas que parecieron encontrar abajo.
  Nosotros esperamos pacientes a que se fueran y, cuando eso pareció, el individuo que parecía vivir en la esquina, bajó rápidamente.
  Por lo visto, uno del grupo debía estar quedándose de guardia, pues nuestro “amigo” no dio más de dos zancadas antes de encontrar la muerte por una cerbatana.
  Miré a la derecha y pude ver una puerta, así que se lo indiqué a la pareja que no dudó ni un instante, pues el chaval abrió la puerta entrando en un dormitorio y siguió recto, hasta la siguiente puerta, donde se trataba de otro dormitorio pero más serio; el primero parecía ser de algún adolescente y el del final de sus padres.
   El desconocido llamó a la chica después de echarse en la cama de más al fondo, pero esta no vino, sino que entrecerró la puerta y se tumbó en la cama. Nada más hacerlo, alzó la cadera y me miró, sugerente. Vacilé unos instantes, pero al final cedí. Al final no acabamos manteniendo relaciones completamente ya que, mientras estábamos en ello, un ruido extraño de la otra habitación nos distrajo.
   Ella se levantó para mirar por la ventana de la habitación y vio la ciudad en ruinas, con un grupo de extraños individuos alrededor de un barril en llamas. Yo no tardé en levantarme, curioso, e ir hacia allí mientras me subía los pantalones.
   Fui corriendo a la otra habitación, para avisar al muchacho, pero al entrar vi como estaba de rodillas en la cama, con la boca abierta y los ojos desorbitados. Unas alas negras surgieron de repente, rompiendo la parte de atrás de su camiseta, mientras escuchaba una especie de grito proveniente de su boca.
   Ahora todo vino a mi mente: después de ese desastre nuclear a niveles internacionales, casi toda la superficie resultó ser inhabitable para el ser humano, así que vivimos bajo tierra mientras arriba algunos seres iban mutando. Debido a las mutaciones, los residentes del subsuelo tuvimos que ir haciéndonos pruebas para garantizar que no mutáramos y, los que tenían riesgo de ello, eran encerrados.
  Por lo visto, aunque ni la muchacha ni yo hubiéramos mutado, el chaval pareció que sí y, según entendí, por el shock emocional de que la chica me hubiera elegido a mí en lugar de a él.
  Girándome de golpe le grité a la chica que corriera y se escondiera, pero que no fuera ni a la celda ni bajara las escaleras y eso hizo, salió corriendo por la puerta mientras yo volvía a girar la cabeza para mirar al muchacho. Por lo visto ahora tenía su mirada clavada en mí, sin haber cambiado de postura. Y me miraba fijamente. Me miraba a los ojos, con una furia y sed de sangre indescriptibles. 


Bueno, espero que os haya gustado y lo hayáis entendido después de todo. El final es bastante claro y concluyente, por lo que creo que leyendo solo eso ya se puede entender de que va el sueño que tuve, aunque claro, la gracia de las historias es leerlas totalmente de pa a pe. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar por comentarios, votando o marcando las casillas que creáis, compartiéndolo por los medios que tengáis o contactar directamente conmigo por los medios expuestos en el apartado de Contacto.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 25 de enero de 2013

Aventura

¡Buenas noches queridos lectores! Estoy en proceso del capítulo, pues ha habido ciertos momentos donde me he quedado algo encallado con cosas bastante "malas" por así decirlo, haciendo que algún día no escribiera nada para que mi cabecita hiciera algún que otro reseteo, a ver si se le borraba alguna que otra idea mala. Pero bueno, como aún seguimos entre semana, os pongo el relato que toca, titulado "Aventura", el cual se me ocurrió hará un par de días, como inicio de una nueva aventura precisamente, es decir, novela, serie... Pero como por ahora estoy con lo de Un bar cualquiera, ya si eso escribiría algún capítulo según me viniera y, si eso, más adelante quizá lo haría público (eso de llevar varias series, novelas y demás al mismo tiempo, en mi cabeza no tengo problema, pero en el momento de escribirlo puede organizarse un follón... Además de que mejor ir pausado que en caso de necesidad se puede recurrir a estos ases en la manga).
Aunque bueno, ya os he entretenido bastante, os dejo con este pequeño relato que casi vendría a ser un mini prólogo. Espero que os guste.


   Se levantó rápidamente de su cama. Todavía era de noche, pero el sueño que tuvo logró disipar todas las dudas que había tenido hasta el momento.
   Exaltado y al mismo tiempo nervioso, buscó dentro del enorme baúl que tenía frente a su cama, sacando de allí la vieja espada que heredó de su padre y la funda que le fabricó su madre, atándosela así a su cintura.
 Seguía con los ropajes para dormir puestos, pero no le importaban, pues en ocasiones abrigaban incluso más que su ropa normal. Y, una vez metido algo de fruta y carne en sal dentro de una pequeña bolsa y algunas monedas de oro en otro saquito, salió de la vivienda sin olvidar cerrar la puerta con llave.
  Miró al cielo nocturno, estrellado como siempre, y se fijó en el astro que le indicó su abuelo cuando era pequeño, diciéndole que su brillo le guiaría a innumerables aventuras. Así que, haciendo caso de esas palabras, emprendió su travesía hacia lo inexplorado. Guiado solamente por un desconocido centelleo blanquecino.


Bueno, ¿qué os parece? Sé que es algo corto, pues vendría a ser un pequeño prólogo como he dicho antes, pero si os ha interesado o gustado ya es buena señal. Aún así, ya sabéis que podéis comentar y opinar aquí abajo lo que creáis conveniente. Por lo que nos vemos en uno o dos días con el capítulo de Un bar cualquiera.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 20 de diciembre de 2012

Un bar cualquiera - Aclaración

¡Buenas tardes-noches queridos lectores! Espero que al menos os hayáis pasado por el link que os pasé, pero os añado en este post otro donde podréis ver las librerías físicas en el que estará mi libro durante la oferta. Según vaya apareciendo en más librerías, sean tanto físicas como online, os iré pasando los links. Además de que en nada intentaré poner un gadget en la barra lateral derecha donde aparezcan mis libros publicados en Bubok.
Pero bueno, volviendo al tema de la entrada de hoy, he de deciros que esta vez el capítulo es bastante corto, pero hay que en el próximo, siendo vacaciones, os prometo que será mejor. Aún así, espero que os guste.
Aquí os lo dejo.


El silencio se apoderó del lugar. Jack seguía mirándome y James, de tanto en tanto, le echaba una ojeada. Como si buscara ayuda. Supongo que por ello fue el primero en romper el silencio.
-Es una larga historia –empezó-, Matt. Pero si. Era y es real.
-¿Dónde está?
-Ocupado –cortó James-. Lo que te explicó en el sueño es verdad, por lo que no puede permitirse el lujo de tomarse demasiados descansos.
-Aja…
-Bien. Ahora que todo está aclarado tenemos cierto asunto entre manos que resolver. Y deberás acompañarnos.
Les miré con cierto recelo, alzando una ceja. En teoría no sabían mi supuesta habilidad, solamente que habían logrado hecho perder el control, y querían mandarme a un lugar desconocido con ellos. Que seguramente sería algún encargo no demasiado normal.
-Lo sé –habló James de nuevo-. Pero tranquilo, no será muy difícil.
Jack confirmó sus palabras y yo solamente suspiré, accediendo a acompañarles.
Salimos de ese lugar, yendo a la primera sala que había entrado en ese lugar. En una de las mesas se podía observar al joven de nombre desconocido, leyendo varios folios y documentos. Jack carraspeó y él ladeó la cabeza para mirarnos y saludarnos con un leve gesto de mano. Luego salimos.
Al salir subimos al deportivo de Jack, sentándose James en el lugar del copiloto y yo detrás de él. El pelinegro puso en marcha el vehículo y salimos rápidamente de ahí.


Sé que es corto, ya lo dije antes, pero espero al menos que os guste. Además de que como ya he indicado en los próximos habrá mucha más "chicha". Pero es que últimamente, con unos últimos trabajos, el libro y el Trabajo de Recerca (que tengo que finalizar estas vacaciones), no doy abasto por más que me gustaría. Quizá sea por una mala organización, no lo negaré. Aún así, prometo que este fin de semana (si encuentro una cosita) os haré una pequeña sorpresa prenavidades.
Como siempre, podéis votarlo, compartirlo y opinar lo que os venga en gusto y como prefiráis.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Camino al infierno

¡Buenas tardes queridos lectores! ¿Todo bien? Espero que si. Como dije os haré un pequeño spoiler sobre la serie semanal, pero pequeñito, así que no esperéis demasiado y, por si alguien no quiere leerlo, lo pondré en una letra algo más pequeña y de diferente letra.
Pues bien, en este pequeño avance os digo que se descubrirá más cosas sobre el peliblanco, además del pasado de Matt y su desconocida condición. Sin olvidar que se revelarán ciertas cosillas sobre el porqué de las habilidades y clasificaciones como humanos y no humanos. Pero todo esto lo veréis en ese capítulo, no lo explicaré por aquí. Será la serie quien lo explique.
Bueno, dicho esto, ya lo veréis el próximo miércoles/jueves si no ocurre nada que me impida subir el capítulo (ya sabéis que me excusaría lo antes posible). Y vamos ahora con el relato de hoy.
Es un relato futurista, ciencia ficción, que habla sobre cierto accidente en cierto lugar, cosa que descubriréis al leerlo. Además otras pequeñas cosillas que iréis viendo. Dicho relato tiene una continuación, es decir: lo divido en dos (ya que es bastante largo). Pero la continuación (que es más corta) dependerá de vosotros, los lectores, para variar. Y, por si os interesa, abajo del todo os dejo un pequeño soundtrack con el que hará la lectura... más intensa, emocionante.
Pero no me andaré con más rodeos y ya lo pongo. Espero que os guste.


   Las garras arañaron su armadura, dejando una marca profunda, pero no lo suficiente para dañar al portador, el cual dio una patada a la bestia, lanzándola hacia atrás. Luego dio un rápido corte, partiéndola en dos, y escupió al cadáver.
   Estaba sólo en ese lugar. Todos los demás habían muerto o eso parecía, ya que no obtenía respuesta del otro grupo.
   Miró al frente, viendo como más criaturas se acercaban por el estrecho pasillo, y maldijo el momento en que aceptó la misión.
   Casi todas sus armas de fuego estaban agotadas. Las baterías que tenía no podía malgastarlas, eran su sustento vital para que el corazón siguiera bombeando y su cabeza activa en caso de recibir un golpe fatal. Su cuerpo estaba cansado, pero la adrenalina le mantenía en pie.
   Llevaba horas, días, semanas en ese espantoso lugar. Y, en ese tiempo, solamente había visto como esos seres se iban llevando las vidas de sus compañeros, uno a uno.
   ¿De donde aparecieron? ¿Por qué vinieron? No sabía la respuesta, simplemente sabía lo que las noticias habían dicho antes de ser llamado para la misión: la colonia número 47 había sufrido un ataque desconocido de unos atacantes también desconocidos. Solo hubo un superviviente y, este, tras contar lo sucedido murió la primera noche en que lo hospitalizaron. Dijeron que las pesadillas lo mataron. Pero él sabía que no era así, sino que debió hablar demasiado.
   No dudó y, al primer engendro que se lanzó hacía él, con las garras por delante de sus fauces, le disparó de lleno en el rostro con una de las pocas armas aún con munición. Su cara, si es que se le podía decir así la parte delantera de su mollera, solo constaba de una enorme mandíbula que ocupaba casi toda la pequeña cabeza y unos pequeños orificios que serían sus ojos. Además de que por encima, yendo de allí hasta el final de su abdomen, tenía diversos pinchos, aunque no eran demasiado afilados pues lo comprobó con su equipo al escanear el primero que mataron.
   El animal cayó al suelo, con el cráneo reventado por el laser. “Siempre a la cabeza. En caso de duda, siempre a la cabeza” les habían enseñado y, aunque no siempre funcionara, en esta ocasión no se equivocaron. Solo que a los más grandes había que estallarles también el torso, sino seguían atacando. A ciegas, pero seguían atacando.
   El resto se dirigió hacía su posición, tanto por las paredes como el techo, además del suelo. Eran como unos bichos escurridizos que nunca acabas por exterminar.
   Rápidamente cogió una de las plataformas circulares de su cinto, pulsó el botón del medio, y la lanzó frente a la entrada pentagonal. Nada más tocar el suelo se activó un escudo azulado hasta los límites de los muros. Esos seres no dudaron y siguieron avanzando, lanzándose de lleno a la zona azulada.
   Los primeros la lograron traspasar, pero muertos. Ese muro artificial daba una corriente eléctrica en la parte de quien lo tocara y, como el ser lo traspasó, lo electrocutó entero. Friéndolo vivo.
   El punto negativo es que ese dispositivo absorbía demasiada energía. Y él la necesitaba.
   Pasaron cinco más después del primero. También muertos. Pero el dispositivo empezó a brillar de color rojo, indicándole que empezaría a alimentarse de las baterías del usuario debido a que las del aparato ya se habían vaciado.
   Por eso, él, activó la defensa sólida. Haciendo que la pared eléctrica traspasable se volviera consistente, dejando almacenada allí la electricidad. Haciendo que fuera rompible.
   Las criaturas empezaron a embestir la defensa, llevándose descargas, mientras el pelilargo activaba su espada que constaba con un filo láser. Lo bueno de esas armas es que no gastaban su energía. Por ello tarde o temprano se vería obligado a usarlas. Arriesgándose a recibir más arañazos como el primero que marcó su armadura. Pero estaba preparado.
   Escuchó unas pisadas detrás de él, haciendo que se girara instantáneamente. Pero no por peligro, sino por alegría. Eran pasos de otro de los suyos, algún superviviente del segundo grupo, ya que en la primera bifurcación se vieron obligados a separar el grupo inicial en dos debido a lo amplia que era la colonia.
   En su hombro se podía ver claramente el número nueve, número que tenían los que se encargaban de las armas pesadas y las municiones.
   En su mente agradeció al Todopoderoso que le mandara una ayuda dentro de ese averno.
   El desconocido le saludó alzando la mano y él le señaló con el pulgar la acumulación de criaturas en el pasillo. El otro afirmó con la cabeza rápidamente y no tardó en llegar y poner a punto una ametralladora pesada que empezó a disparar nada más romperse el escudo.
   Los seres cayeron como moscas, reventados por la lluvia de balas que estaban recibiendo. Manchando todo de su sangre azul celeste.
   Los que lograron sobrevivir a tal ataque fueron atravesados por la espada láser.
   -Pensé que todos habían muerto –dijo quien portaba la espada mientras se limpiaba la sangre de su frente.
   -Número siete fue uno de los primeros en caer –dijo con una voz algo metálica, debido al casco que llevaba puesto-, por ello perdimos la comunicación. Yo también pensaba que estaba sólo.
   -Gracias a Dios llegaste a tiempo, no me quedan apenas recursos.
   -Entiendo, luego te suministraré lo que necesites número dos. Ahora debemos asegurar un perímetro y acabar con la misión.
   -Kilian, mi nombre es Kilian –se presentó el experto en lucha-. Estando en este abismo no creo que importen las designaciones. ¿Así que cuál es tu nombre?
   -No estoy autorizado para revelar mi identidad, al igual que tú. Número dos.
   -Llámame Kilian.                                                                                                                   
   -Como quieras, número dos. Si quieres que te apode Kilian, lo haré. Pero no esperes lo mismo de mi parte.
   -En fin… -escupió al suelo-. ¿Cuál es el plan?
   -Tu deber es encargarte de eso. Kilian. Los número dos no solo luchan. También planifican.
   El tipo lo sacaba de quicio, ahora entendía porque le mandó con el otro grupo. Pero aún así le indicó que pusiera cargas explosivas en el pasillo por el que había venido y en el que ahora cruzarían ya que, por lo visto, aunque él fuera el último superviviente no quedaban más bestias de esas en la zona de la que vino. Y, en caso de fallar, esas criaturas no saldrían del lugar accidentado.
   Número nueve obedeció y puso los explosivos, sincronizándolos con las baterías de emergencia aferradas a sus latidos. A los de ambos, por si uno de los dos moría que el otro pudiera escapar y detonarlo desde fuera. Tras eso, Kilian recibió los suministros y se inyectó un energizante en el cuello para recuperar fuerzas ahora que su nivel de adrenalina había disminuido.
   Sin perder más tiempo, se pusieron en marcha. Atravesando ese largo y oscuro pasadizo. Yendo directamente a las fauces de las bestias.



¿Os gustó? Espero que si, tanto como a mi escribirlo. Además de que opino que leerlo con la canción hace que se intensifique la escena, pero eso es a gusto de cada uno. Como el hecho de que a mi muchas veces me gusta escribir escuchando música (mejor soundtracks que canciones, francamente. Aunque desconozca de donde sea dicha música). Así que bueno, ya sabéis; si os gusta podéis votarlo, compartirlo, expresarlo y todo lo que queráis. Y me despediré ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un bar cualquiera - Encargado

¡Buenas tardes estimados lectores! Espero que les gustara el último relato, aunque francamente sé que se podría mejorar un poco. Mea culpa. Y bueno, he de avisar de que esta es una semana de locos (al menos para mi...), así que haré lo que pueda este fin de semana para subir el relato. Pero tranquilos, lo tendréis. ¿Acaso os iba a dejar sin?
Pero no me andaré con más rodeos. Os dejo con la continuación del último capítulo de Un bar cualquiera (Recuerdos), pero como avisé en esa entrada, este capítulo también es algo corto, por lo que dependiendo de vosotros, este jueves subo la continuación o... a esperar otra semana. Aunque no creo que vaya a ser "tan cruel", seguramente os acabaré haciendo aunque sea un spoiler. Y vale, ya os dejo la continuación, disfrutad de la lectura~


Me incorporé de golpe. Estaba en una cama, dentro de una estancia casi completamente vacía, pues sólo había una pequeña mesita de madera con una lamparita a mí lado, de paredes grisáceas.
Miré a mí alrededor otra vez y reparé en que la mesita tenía un pequeño cajón. Acerqué mano, temblorosa, al paño y, nada más cogerlo, escuché como una puerta se abría a mis espaldas, haciendo que ladeara un poco la cabeza instintivamente. Aunque no vi quien había entrado.
-¿Así que ya estás despierto –dijo una voz suave que inspiraba serenidad-, eh Matt?
Me giré por completo y observé atentamente al desconocido. Era un hombre, más joven que yo, pero no demasiado. Seguramente tendría unos veintisiete años, quizá algo menos. Su pelo, negro como el carbón, era corto, aunque una mecha verdosa caía de la parte derecha de este, como si se tratara de una patilla de color verde esmeralda, solo que algo más oscura.
Sus ojos, o mejor dicho su único ojo visible, ya que el izquierdo estaba tapado por una especie de monóculo con el vidrio tintado, era de un color marrón, marrón abedul.
A nivel de vestimenta, llevaba unos pantalones “multibolsillos”, como los de los electricistas, de color azul oscuro juntamente a una camiseta negra con el logotipo de una serie que había visto hacía tiempo por televisión. Algo relacionado con no sequé isla.
Él sonrió amistosamente. Luego se presentó, supongo lo hizo a que no disimularía mi análisis; nunca se me había dado bien mirar a alguien de escondidas.
-Harry, mi llamo Harry Dietrich. Se podría decir que soy el encargado del funcionamiento de este lugar –bostezó, a la vez que estiraba el brazo contrario del que utilizaba para taparse la boca-. Trabajo que, aunque te pueda parecer justamente lo contrario, no es nada fácil. Además, si sucede algo, pues bueno… la culpa para el bueno de Harry.
No respondí verbalmente, simplemente asentí y prosiguió.
-Pero bueno, no pretendo aburrirte con mis problemas. Tenemos que ir afuera, Jack te estará esperando.


Sí, lo sé. Es corto, muy corto. Podría haber juntado este capítulo con el anterior. También lo sé. Pero en toda serie hay capítulos cortos que tarde o temprano llevan a otro de más largo y, por ello, no hay que ser impacientes que seguramente subiré la continuación antes del próximo miércoles-jueves de la semana que viene. Y bueno, sin ir más lejos, ¿que os pareció? Espero que os gustara a pesar de su brevedad.
Y ya sabéis de sobra que podéis expresaros abajo, donde la reacción de "melancólico" creo que al final, por desgracia, se va a tener que quedar ahí hasta nuevo aviso.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 4 de noviembre de 2012

Flashes

¡Buenas noches estimados lectores! Este puente he andado un pelín ocupado debido a estar con familia y al Salón del Manga de Barcelona, por lo que he estado bastante ocupado francamente. A pesar de esto, he podido ver que, por alguna extraña razón, los votos de la encuesta van y vienen, desapareciendo a veces y no sé el porqué (la última vez, antes de que se pusiera a 0 a mi vista, iban 2-1, a favor de "Un bar cualquiera"). Espero que para cuando acabe la encuesta los votos se vean, sino solo me podré basar en ese 2-1 que vi.
Cambiando de tema, seguramente los miércoles-jueves haga la serie semanal y los "findes" el relato suelto, además de cosas varias, pero esto ya se determinará mejor en la próxima entrada, de momento os dejo con el relato de hoy, que trata de otro sueño mío pero, este, es el más extraño que he tenido hasta ahora.
¿Por qué, os preguntáis? Pues eso se debe a que este sueño llega a continuar cuando incluso me despierto, aunque sea levemente (supongo que ya lo comprenderéis cuando lo leáis), además de que es uno de los más paranoicos que he tenido. Aunque, también, es uno donde incluye algún mensaje subliminal de mi subconsciente o, al menos, esto me ha llegado a transmitir. Otra cosa es que lo haya podido entender bien o no.
Pero bueno, no me iré por las ramas y os lo dejo a continuación para que podáis leerlo:


   Otro flash azulado invadió mi vista, mostrándome el rostro de un desconocido. Solo duró unos segundos por lo que seguí andando por la calle, como si nada, pero otro flash volvió. Otro desconocido, también parecía dormido, pero algo me decía que no lo estaba. Seguía caminando, intentando desviar mis pensamientos de estos flashes aunque estos parecían no gustarles la idea, pues otro ocupó mi visión y, este, no duró unos segundos.
  Esta vez podía ver perfectamente el rostro de los desconocidos. Algo me decía que eran personas, pero su aspecto no era del todo parecido a un ser humano: su cara tenía diversos bultos, sobretodo en mejillas y pómulos,  y el bello de su cara, pues esta cara masculina disponía de una espesa y oscura barba, seguramente castaña pero el liquido azul que la rodeaba le daba un tono más oscuro, parecía puntiaguda, como las púas de un puerco espín.
   La calle volvió a mi mirada y llegué a la puerta de mi casa. Puse la mano en el pomo y lo giré. Un nuevo flash, momentáneo, ocupó mi mente.
   El hombre abría la boca y los ojos exageradamente, como si intentara gritar, como si estuviera sufriendo y, mi vista, se iba alejando de su rostro, dejándome ver como este estaba desnudo, dentro de un tubo lleno de líquido azul y lleno de cables. A su lado había otro cuerpo, de una mujer. Al otro lado, otro hombre y, así, sucesivamente, haciendo una hilera de cuerpos masculinos y femeninos desnudos, dentro de tubos, despertándose poco a poco al abrir los ojos y la boca, intentando gritar. Intentando mostrar su sufrimiento.
   Volví a la realidad y pensé en el último flash. Parecía que estuvieran en un laboratorio. ¿Quizá eran experimentos? ¿Quizá intentaban mandarme algún mensaje? No lo sabía. No sabía absolutamente nada a, excepción, de que aunque esos cuerpos fueran unos seres un tanto extraños, algo me decía que eran personas.
   Una especie de déjà vu cruzó mi mente diciéndome que algo no encajaba en el lugar. Miré a mí alrededor, todo parecía normal, pero este parecía decirme que estaba allí por alguien, que esa no era mi verdadera vida.
   Entré en casa y mi madre me recibió, echándome la bronca por cualquier tontería, como solía pasar. Solo que, esta vez, esa extraña sensación, me decía que no era la verdadera, que había algo raro en ella que no lograba ver por mucho que intentara fijarme.
   Acabé subiendo a mi habitación, dando un portazo al encerrarme dentro debido al cabreo, y me tumbo en la cama.

   Acto seguido me despierto, tras haberme tumbado en la cama de esa supuesta realidad, debido al griterío de mi padre diciéndome que me despierte, que ya era hora. Yo le respondí, inconscientemente, que ya estaba despierto. Pero seguía con los ojos cerrados y, hacía nada, estaba soñando. Entonces, ¿cómo podría haber estado despierto si estaba dentro de un supuesto sueño?
   Bajo y voy al baño, donde me quedo mirándome al espejo. <<Esta rutina me está matando>> sale de mis labios, sin que yo lo pensara y, estas palabras, hace que mi mente asocie algunas palabras: “matando de consumiendo, me consume esta rutina”. Al pensar eso veo un rostro parecido al mío en el reflejo del espejo, pues me siento identificado, pero solo por los ojos ya que, el resto de la cara, es bastante distinta. Empezando por el hecho de que ese rostro era de un adulto. Me froto los ojos y miro de nuevo al espejo, donde ahora veo mi rostro normal solo que tiene unas ojeras enormes y, en la parte más cercana a la nariz del ojo derecho, tengo un pequeño arañazo que el día anterior no tenía.
   Suspiro y noto mis hombros y brazos cansados y pesados, como si me hubiera peleado o algo similar hacía relativamente poco. Miro de nuevo al espejo y veo unos ojos, mirando mi reflejo desde detrás de mí. Vigilándome.

   Nada más verlos me vuelvo a despertar, esta vez por culpa del despertador. Por lo visto, mi padre sigue durmiendo y aun quedaba algo de rato para tener que ir a clase.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha transmitido alguna cosa que se pueda pasar por alto? ¿Habéis podido entenderlo del todo? Me gustaría saber vuestras opiniones, ya sea comentándolo o por algún e-mail al correo electrónico del blog. Sino, al menos, ya sabéis que podéis valorarlo y compartirlo con vuestras amistades (que nunca está de más, francamente).
Así que esto es todo por el momento. No olvidéis, si tenéis tiempo, de votar el vídeo del concurso literario en el que participo, me haríais un gran favor. Os dejo de nuevo aquí el link del vídeo del concurso y bueno, esto es todo por ahora.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 1 de noviembre de 2012

Arachs

¡Buenas noches estimados lectores y... Feliz Halloween! (o castanyada, para los congéneres catalanes) Hoy empezaré informándoos de que han escrito ¡mi primera reseña! Universo La Maga ha sido quien se ha dedicado a redactarla y, francamente, ¡estoy eufórico, emocionado! Dicha reseña la podréis encontrar aquí. Espero que podáis echarle un vistazo, incluso han incluido uno de mis relatos.
Pero bueno, no me alargaré mucho más, a continuación trataré sobre el relato de hoy o, mejor dicho, sueño (ya dije que hacía tiempo que no subía ninguno y que ya era hora en una anterior entrada).
Pues bien, este sueño es algo raro y confuso y aparecen algunas personas y cosas concretas, por lo que he retocado y perfilado más esos detalles para que podáis imaginaros la lectura tal y como yo tuve el sueño. Pero bueno, aquí os lo dejo:


   Me encontraba reunido en el interior de una clase de mi instituto, solo que esta vez las mesas individuales se encontraban formando un cuadrado, dejando vacío el centro. Todos hablaban a la suya, ignorando al resto, pero el tema era común: qué debíamos hacer.
   ¿Sobre qué? Sencillo. Por lo visto queríamos ir al pasado, a la boda de dos miembros de la reunión debido a que nadie había podido asistir en su debido momento y, desde ese día, habían sucedido unos extraños sucesos de los cuales no estaba demasiado bien informado.
   La puerta se abrió y, desde el oscuro pasillo, entró un anciano encapuchado, vestido con una oscura túnica y llevando en su mano derecha un viejo cetro. Se trataba del guardián, que venía a informarnos de que los Aranchs estaban listos, por lo que debíamos darnos prisa en elegir las cuatro personas, como mucho seis, que iban a ir pues, si tardábamos demasiado, se acabarían poniendo nerviosos.
   Empezamos a debatir y decidir quienes irían y, por precaución, se eligió solamente a cuatro jóvenes, de entre catorce y diecisiete años, por si ocurría algo. Yo, para variar, figuraba entre ellos, teniendo dieciséis años.
   En dicho trayecto me iban a acompañar un viejo amigo, de pelo corto y castaño y piel ligeramente morena, llamado Rubén. También una tal Laia, si bien recuerdo, a quien no conocía de nada y sería más pequeña que yo. Finalmente, una chica nombrada Luna.
   Los cuatro salimos al pasillo y cada uno tomó un rumbo distinto. Yo bajé por unas escaleras, llegando hacía el salón de mi casa. Allí, me puse unas botas de montaña, el reloj digital de muñeca, cogí el móvil y subí a mi habitación para coger una espada de madera, la cual me puse en uno de esos huecos de los vaqueros donde se pone el cinturón.
   Acto seguido salí del garaje, donde habían unas especies de barcas. Me imaginé montado en una de estas con Rubén, mientras que en otra estarían Laia y Luna, para luego llevarnos a un mar oscuro, hundirnos y aparecer en el pasado. Pero me equivoqué.
   El guardián nos indicó para subir, si, pero tras eso dio un golpe con el bastón y unas criaturas, negras como la noche de unos tres metros de altura, con un cuerpo delgado pero corpulento y unos brazos y piernas mucho más finos que su torso pero con garras y pies más grandes que sus brazos y patas. Tenían, además, unas alas algo desgarradas por las puntas y, su cabeza, parecía ser de un reptil, disponía de unas orejas que parecían pequeños cuernos y unos dientes afilados, a pesar de que solo uno abrió la boca y fue para emitir un sonido algo agudo.
    Lo más inquietante eran sus ojos, sus diminutos ojos. Unos los tenían rojos. Otros verdes.
   Parecían pequeños puntitos en sus enormes cabezas, sin pupila. Parecían que podían ver tu alma con un solo vistazo y, eso, hacía que te estremecieras y tu piel fuera recorrida por varios escalofríos.
   Las criaturas, o Arachs como había dicho el guardián, se colocaron detrás de las balsas, uno por cada una. Luego, tres sobrantes, se colocaron enfrente y el guardián montó sobre el primero.
   Tras eso caí inconsciente.
  No me desperté hasta llegar a una cabaña de madera, o eso parecía, donde todavía era de noche. Allí, un señor me indicó que debía pasar por una puerta, para luego preguntar al dependiente. Y eso hice, crucé la puerta y vi a un tipo vendiendo figurillas, de todo tipo, incluso algunas de pesebre. Por acto reflejo quise comprar algunas, fueran las que fueran.
   Tras llenar un pequeño barril de ellas, me avisó de que con el viaje se me podrían perder, pero yo ignoré ese comentario, pues ya había tomado rumbo al camino que me había indicado para llegar con el resto de personas.
  Llegué a lo que parecía un muelle, solo que en lugar de barcos habían una especie de columpios de madera, colgando encima de una neblina que impedía ver lo que había debajo.
   El guardián me indicó mi sitio; al lado de una niñita que estaba en el centro del columpio y que tenía a su otro lado a una señora mayor. Por lo visto esos "columpios" de madera eran para tres personas, separando los huecos de cada una con una raya roja pintada encima la madera.
   Una vez me senté, la neblina fue ascendiendo, hasta que no pudimos ver los demás columpios y yo volví a perder la consciencia tras observar como a la señora también le pasaba.
   Cuando desperté, solo estábamos la chiquilla y yo. Esta me empezó a dar prisas para que pasara a una madera horizontal, la cual parecía pertenecer al muelle que antes había habido detrás nuestro para subir al balancín.
   Me coloqué con precaución y me senté. Tiré un poquito a la derecha y la niña también se colocó.
   Pude observar como la gente se quitaba de los columpios y se ponía en postes iguales o, simplemente, desaparecía de mi campo de visión por culpa de la niebla.
   Entonces vi a diversos Arachas, volando entre esta. Pero, a diferencia de los anteriores, estos eran más pequeños, de un metro y medio, y sus ojos eran anaranjados.
   Estos, iban recogiendo cosas, al sumergirse en la niebla, y entregándoselas a personas, a sus respectivos dueños si recordaban de quien era y, sino, al primer individuo que encontraran, por eso a mí me dieron más dinero del que realmente llevaba encima y, como pude ver, la niñita se quiso aprovechar de ellos reclamando todavía más dinero del que ya le habían dado.
   Uno, luego, me entregó mi barrilete de madera, que por dentro estaba afelpado de un color rojo, solo que ahora estaba completamente vacío. Por lo visto las figuritas se habían perdido por el camino.
   Tras un rato ahí sentado, escuché como alguien me llamaba. Me giré y vi a la chica de pelo largo y oscuro llamada Luna, sentada en el mismo tablón que yo, solo que alejada unos metros, por lo que se fue acercando y me dijo que fuera hacía la derecha, ya que era la única manera de salir. Así que hice caso, pero en más de una ocasión estuve apunto de caer, cosa que hizo que mi miedo aumentase y me costara más seguir. Para rematarlo, la niña no paraba de dar prisas y quejarse.
   Al final llegué a otro muelle de esos, me puse en pie y observé como Luna y la dichosa cría llegaban también, de una manera mucho más rápida.
   Tras eso, Luna y yo salimos de allí por una puerta y nos encontramos en una sala en blanco. Un señor nos dijo que, como era la primera vez, nos habían llevado un día antes del previsto para tener más tiempo, como regalo. Aunque mi instinto me decía que algo había salido mal.
Acto seguido, el hombre desapareció junto a la sala, encontrándonos frente a uno de esos jardines laberínticos, el cual estaba en el sitio donde se iba a celebrar la boda al día siguiente.
Miré a Luna, que ahora iba con un elegante vestido, seguramente para la ocasión, y luego al todavía nocturno cielo. Algo, en mi interior, me decía que ese lugar no era para nada seguro.


Y bueno, después de ese último presentimiento, me desperté. Creo que es uno de mis sueños donde ocurren muchísimas cosas y las recuerdo todas (o casi todas) con bastante detalle, pero no logro entender el significado que tiene, si es que posee alguno. Pero bueno, espero que os haya gustado, si es así ya sabéis que podéis votarlo, twittearlo, comentarlo o, incluso, enviarlo. Además de que quedan 5 días para finalizar la votación de la serie semanal.
¡Ah! Si tenéis algo de tiempo, por favor, os pediría que votarais mi vídeo para el concurso, me harías un gran favor, de verdad.
Pero ya es tarde, así que me despido por hoy y nos vemos este sábado o domingo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!