Mostrando entradas con la etiqueta afecto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta afecto. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de marzo de 2017

Sin título

Quiero escribirte esta noche, tranquila, paciente, mientras los astros tiemblan, parpadeantes, en la oscuridad lejana. Quiero recorrer con mis dedos ficticios acabados en grafito tu blanca espalda, manchándola tenuemente de palabras dibujadas que signifiquen todo y al mismo tiempo nada.
Quiero poder besar, sin temer al porvenir, el alba que asoma entre la comisura de tus dedos, en el precipicio de la caricia y el deseo, mientras tus ojos se clavan, tiernamente, en mi cuerpo y la sombra que compone su forma en medio de esta nocturnidad de eterna apariencia.
Pues si eso ocurriera, bien sé que la calma vendría, sin necesidad de tormenta. Vendría, lo sé, por mucho que gritasen los cristales exteriores, azotados por gotas y vendavales. Lo sé.
Y sería una calma tan dichosa como el extravío en la pupila confundida con la silueta del párpado fundido con el resto de la habitación. Digna del merecido reposo que tanto anhela este mecanismo incansable que suelen llamar “corazón”.
Pues la pequeña explosión insonora, indolora, haría que pudiera descansar, al fin, en el pecho ajeno y su reconfortante calor. Mientras las palabras se funden, poco a poco, con el anochecer y su borroso sueño.


(En teoría no debería alargarse más del minuto 1:15
para tener leído el relato.)

martes, 9 de junio de 2015

Hoy he soñado

Hoy he soñado que estaba contigo, otra vez. He soñado que te amaba, que me querías, y que inundábamos nuestros cuerpos de caricias. He soñado que recorría tu piel fina con la yema de mis dedos, saboreando tu tacto con ellos, mientras una ligera sonrisa rompía tus comisuras. He soñado que tu cuerpo, suave, se moldeaba en mis manos, adaptándose, como el mármol al escultor y que encajaban, mis huecos con tus miembros, durante todo el proceso.
Hoy he soñado que nos encontrábamos, otra vez. He soñado que te quería, que nos amábamos, y que los besos inundaban esos recovecos tan difícil de verlos por culpa de las cicatrices del tiempo. He soñado que tu espalda se posaba en el suelo mientras tus labios se separaban y, con un suspiro, rompían tu garganta… según mis dientes marcaban tus pechos que, endurecidos, sólo pedían más y más mordiscos. He soñado que nos apretábamos, nos arañábamos y luego nos besábamos, acariciándonos y lamiéndonos aquellas heridas que, inocentemente, nos producíamos.
Hoy he soñado contigo, y con tu cuerpo, otra vez. He soñado que hacíamos bellos cuadros de poesía, con nuestro afecto, sin ni siquiera ser conscientes de ello mientras, a lo lejos, nos desvanecíamos en un sueño.

viernes, 4 de abril de 2014

Susurro nocturno

Dos siluetas, tendidas sobre la fresca hierba, húmeda por algunas gotas de rocío que empiezan a posarse encima de ella. Un pequeño mantel a un lado, de fina tela a cuadros rojos y blancos; apenas perceptibles bajo la escasa luz de la luna y las estrellas.
Dos manos, encajadas la una con la otra, sintiéndose como dos piezas de un puzle al fin unidas. Pero con las miradas de sus dueños perdidas, extraviadas en la infinidad del firmamento.
Un reflejo, visto de soslayo, provoca que los ojos de él contemplen el blanquecino rostro de la joven, iluminada con los rayos lunares, los cuales provocan que su mirada centellee. Más incluso que el propio lago que a su mismo lado se extiende.
Se le acerca, tímidamente, mientras la muchacha aún fascinada, pareciendo por el cielo hechizada, no se percata de cómo él, lentamente, aproxima ambos semblantes. Hasta que finalmente, ella, como si de vuelta a la tierra cayera, mira a su lado izquierdo, donde el rapazuelo.
Un ligero rubor se asoma en su faz, pero no se aparta, no lo empuja, sólo cierra su mirada. Esperando que el puzle de sus manos ocurra con sus labios. Disfrutando del encaje, del tímido ajuste en forma de beso que hace que se deje caer suavemente en el lienzo. Apegándose, el uno al otro. Concordando cada parte según aumenta el contacto. Sin dudar, directo. Pero lentamente, disfrutando del juego. Hasta que ella abre los ojos y suspira, observando arriba. Y él, en un susurro, hace que vuelva a cerrar los párpados y goce. Disfrutando de aquel sutil momento alejado de todo, cubiertos bajo el manto de luceros.

Nota: Éste es un texto escrito a mitades de 2013, aunque contiene algunos ligeros retoques para que quede más pulido. Por esta razón quizá se noten algunas diferencias con los relatos más actuales.

domingo, 5 de enero de 2014

Despedida

¡Buenas tardes, queridos lectores! Siento la tardanza del relato de esta semana, pues me encontraba de viaje desde el día 28 hasta ayer, lo que me impidió poder subir nada. Pero eso no impidió que escribiera alguna cosa esos días, por lo que aquí os dejo algo que espero que os guste a pesar de su brevedad.


“Normalmente, cuando visitas a alguien que queda lejos, cuando vas de viaje a ver amistades o conoces a gente nueva con la que congenias, involuntariamente les entregas una parte de tu ser, una parte de tu afecto, una parte de tu cariño que, en la mayoría de los casos, te es devuelto en mayor o menor intensidad. Por ello, cuando toca la hora de despedirse, la hora de decir adiós (que en el fondo es un “hasta pronto” (o eso piensas en tu interior)), te duele. Y no te duele por la persona, no. Te duele por lo que representa para ti, por lo que ese alguien deja de ser (un desconocido, un extraño) y por lo que se convierte (una parte de ti). Es por esa razón que, cuando toca despedirse de quien has convertido en una pieza más de tu ser, duele tanto. A pesar de que, dentro de ti, te alegra el saber que ambos seáis importantes el uno para el otro.”
Leyó la nota susurrando cada palabra, recordando la voz de quien acababa de marcharse al imaginar cómo las pronunciaría. Era un día triste, sí. Llovía y las grises nubes cubrían el cielo. ¿Pero acaso el Sol no estaba tras ellas, brillando y dando calor a pesar de que no se pudiera ver? Fue justamente por esa razón que sonrió levemente a pesar de la tristeza que embriagaba su cuerpo, pues sabía que, como resplandecía ese astro tras los nubarrones, aquella persona también se encontraría ahí a pesar de los acontecimientos que pudieran suceder hasta poder volver a verse


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado pese a su brevedad? Espero que así sea. Además de que ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Inocencia

¡Buenas noches, queridos lectores! Sé que últimamente estaba subiendo un relato semanal, pero he escrito unos cuantos "tweets" mientras escuchaba una canción (que pondré al final, por si os interesa) que han dado como origen a este pequeño relato, el cual he querido compartir aquí. Aunque, de buen inicio, pensé en repartirlo en el Salón del Manga de Barcelona de este año y subirlo luego. Así que si os gusta quizá lo reparta, pero eso ya se vería según gustase o no. Y no me entretengo más, aquí os dejo el cuento.


Quisiste entrar en mi cabeza, ver los mundos que guardaba.
Yo te lo negué y te enfadaste.
¿Por qué no entendías que estos también ardían?

Todas las historias albergaban vida, maravillas. Y lo sabías.
Pero también poseían muerte, pesadillas. Y no me creías.

No te negaba la entrada por gusto, lo hacía por tu felicidad. Yo me guardaba el sufrimiento, y tú me lo aliviabas con una sonrisa. Una de tus magníficas sonrisas que eran mejor que cualquier historia que yo jamás inventara. Pues lo que me transmitía no lo lograba ningún relato, ni con miles de palabras.
Tú te preguntabas porque no te lo mostraba todo y yo te decía que en la vida había intriga, misterios que debían resolverse con el tiempo. Tú hinchabas los mofletes y, entre enfada y divertida, asentías.
Oh, si tú supieras, querida… Si supieras que tu corazoncito era más frágil que el mío. Que yo debía cuidarme de guardártelo, de protegértelo de todo el mal que habitaba fuera. De las llamas abrasadoras del dolor y la desgracia...
Te contaba narraciones fantásticas, con miles de aventuras, viajes y hazañas que debían llevar a cabo unos protagonistas. Te contaba cuentos de tierras lejanas, dominadas por la ficción y la magia.
Pero siempre preguntabas: ¿y luego qué pasaba?
Un nudo se formaba en mi garganta. ¿Qué respuesta esperabas? ¿La verdadera o la falsa? No lo sabía y con un “vivían felizmente” acababa.
No quería decirte la incertidumbre de su vida. El azar que existía. No quería que supieras que no se sabía cómo terminaba.
Y te contaba esa piadosa mentira, que podía ser tan cierta como errónea.
Tú sonreías y cerrabas los ojos, soñando con fábulas. Yo apagaba la luz y besaba tu frente mientras te arropaba. Esperando a que te durmieras, quedándome en tu cama atento a que ningún temor nocturno te aterrara.
Pues pese a todo siempre serías mi pequeña.
A quien protegería y cuidaría.
Hasta el fin de los días.




¿Qué tal? ¿Os ha gustado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas cosas más aquí abajo sin ningún tipo de problemas. Además de que quizá ponga música al blog, pero no sé si sería molesto para algunas personas y mejor ponerla únicamente en las entradas con los relatos que crea que lo requieran.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!