Corazón fragmentado en miles de cristales
despedazados entre ellos, que bombea entre unas palmas sangrientas, atravesadas
por sus punzantes ariscas, por apretarlo demasiado en un vano intento de
juntarlo, de restaurarlo, ¿por qué sigues respirando? ¿Por qué no te detienes y
provocas tu paro cardíaco, terminando así con este lastimero espectáculo? Los
brazos están cansados, agotados de cargar con tu cadáver atrofiado, marchito en
una primavera muerta. Tu tos no hace más que golpear y la cabeza se desespera
con una mirada que busca salidas –o más bien huidas– sin llegar nunca a
encontrar nada. ¿Por qué no paras? Los ojos, las pupilas, se cristalizan y
difuminan, y tú sigues jadeante, con este esfuerzo, como si fuera a servir de
algo. ¿Por qué lo haces, órgano, por qué? ¿Acaso no ves cómo no se te quiere?
¿Acaso no percibes que solo un servidor se preocupa por tu bienestar? Pero ni
siquiera así te puedo ayudar, ni siquiera así. Te mueres, entre mis manos, y no
eres capaz de aceptarlo; no eres capaz de comprender que no sé cuidarte como lo
hicieron en su tiempo, antaño, antaño… Y te mueres entre unas manos frías,
vacías de caricias, que buscan tu calor y no encuentran más que un sabor
amargo, que un ácido corrosivo que consume tu hálito mientras mis suspiros y
susurros procuran hacerte dormir, plácido, para que duermas y descanses sin
sufrir demasiado. Mientras mis rodillas caen y, en el húmedo suelo, me acurruco
a tu lado buscando darte la escasa calidez que queda en este pecho desgarrado…
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martes, 23 de mayo de 2017
domingo, 21 de mayo de 2017
Ni siquiera a escuchar
El corazón tiembla ante la verdad: no puede más, no
puede más. El dolor que lo agujerea, lo desangra hasta el final. Toda emoción,
toda lucha, toda intención, es vana esperanza que perfora su interior. Ahogado,
en sangre, su propia sangre, suplica piedad. Y no hay nadie que se digne a
quererle, ni siquiera a escuchar.
miércoles, 12 de octubre de 2016
Quiero, quisiera... que alguien entrase en esa habitación funesta
Quiero, quisiera, que alguien entrase, poquito a poco, sin hacer mucho
ruido, y sin levantar mucho polvo –pues debe haber bastante polvo ahí
acumulado–, por la puertecilla agrietada de ese órgano tosedor. Me gustaría, me
agradaría, que alguien se acurrucase dentro, pese al frío interno, más intenso
que el de afuera, y se cubriera con las mantas viejas, manchadas de rojos
arañazos y roídas por pulgas amargas, que ahí se encontrasen. Estaría bien, muy
bien la verdad, que se quedase quieto, sin moverse, apreciando esta nada, en
algún rincón, a su preferencia, por muy pegajosos y salados que éstos fueran,
sin tener en cuenta las cicatrices de costras medio abiertas. Yo, por mi parte,
intentaría avivar un pequeño fueguecillo, algo a lo que ese alguien pudiera
acercar sus manos, pese a que seguramente fuese un breve brillo, una fugacidad,
una ilusión quizá, o un espejismo anhelante de anhelo, que aumentaría,
probablemente, la tiritona del cuerpo establecido en ese frágil no-domicilio.
Pero los hilos tejidos por el tiempo muerto podrían servir de entretenimiento a
los ojos que se irían cargando de cansancio según pasaran los suspiros
nocturnos, según pasaran, si es que pasaran siendo (pre)visibles, las lunas del
pesar; tan lejanas y a la vez tan cercanas al oleaje emocional que golpearía, a
veces tenue, a veces fuerte, ese deshogar. Removiendo esos cuadros,
(re)torcidos todos ellos, representantes de recuerdos y ficciones, de afanes
futuros que se sitúan en tiempos distantes, y de pasados remotos vívidos en un
presente eterno, que se mezclarían entre ellos en un vaivén de memorias
(ir)reales. Mas esos cuadros no deberían, no debieran tocarse, pues los gusanos
que los habitan mordisquean, y mordisquearían sin piedad, aún más el ya
carcomido papel restregado en esas paredes en un vano intento de ocultar el
mohoso recubrimiento que las conforma desde antes de los orígenes de esas ¿horribles?
memorias.
Me gustaría, quisiera, estaría muy bien, la verdad, que esa silenciosa
compañía no trajera ningún (des)orden, que dejase todo según emerge, de no sé
dónde, y simplemente observase, sin molestarse, ni molestar a aquellas
diminutas criaturas hurañas que, desde su hollín, manejan, como pueden, esta
desmoronada carcasa. Yo agradecería su presencia, su compañía, pese al
resquemor que produciría, pese al incesante miedo a su huida, o a su marca
vacía, o a las huellas unidas sobre otras huellas antiguas que revolvieron las
cosas, y añadieron de otras, quebrando sus formas, marcando las horas,
queriendo fragmentos, de lágrimas y tiempo, salpicados de espeso carmesí,
virulento y sediento, de aquella desgracia que no abandona el cuerpo, en su
día.
Mas el dolor mitiga ese dolor temor, ese posible riesgo, ese
peligro de observación, de rozadura y emoción, con sus palabras; únicas
habitantes de esa cripta soterrada en una oscura cámara; invisibles pero tan
existentes como el vaho allí acumulado, junto a la eterna ceniza. No hay nadie
que se acerque siquiera a los barrotes previos a la pena. Por ello sólo queda
ese “Quiero, quisiera”, ese deseo tan punzante que atraviesa, pese a estar tan
bien velado en esa diminuta arqueta oculta en el fondo de un cajón de una
mesilla de polillas desnudamente muertas.
sábado, 18 de enero de 2014
¿Reloj de bolsillo o corazón con engranajes?
¡Buenos días, queridos lectores! Siento la demora con el relato de esta semana, pero espero que al menos el que subiré hoy al blog lo compense y os guste tanto como a mí (además de que sería interesante saber las interpretaciones que vosotros le dais al desenlace de la historia). Pero bueno, no os entretengo más y aquí os dejo el escrito:
"¿Reloj
de bolsillo o corazón con engranajes?", le preguntaron en su día. ¿Qué
respuesta era mejor? ¿Cuál era la solución? ¿Quizá debió escoger el contrario
al que eligió finalmente y así ahorrarse el complicarse? Quizá... Quizá..., esa
palabra que imagina futuros cambiando un imborrable pasado.
Pero su
elección ya fue tomada hace tiempo, sí, mucho tiempo. ¿Por qué lo hizo? Sólo él
lo sabe. Sólo él lo sabe. ¿Y si nunca lo comparte? Oh, eso es demasiado cuestionable.
Sus labios dictaron sonrientes lo que mandó la mente. Y no erraron. No, no.
Para nada fallaron.
¿Qué
escogió? Algo que guarda con recelo, oculto. ¿El corazón entonces? Puede. Quién
sabe. ¿El reloj? Caliente y frío. Qué juego más divertido, ¿eh? Divertido,
divertido. Divertida le resultó su resolución. Quería ambas opciones y ninguna
al mismo tiempo, al mismo momento. Tiempo y momento... ¿Eso no lo tenía que
controlar el reloj? ¿Acaso ese no era su trabajo? ¡Pues no! Los relojes
simplemente fueron ese invento que demostró la impotencia del ser humano. Sí,
demostró su impotencia por intentar dominar algo que se escapaba de sus manos.
Pues, ¿qué poder sobre el tiempo le da al hombre poseer semejante instrumento?
Lo único que consigue es someterse bajo sus mandamientos.
¿Entonces
rechazó el reloj, ese invento profano? ¡Para nada! O sí, quizá lo rehusó de él
mandándolo a un lugar recóndito. "¿Qué escogió?", ¿preguntas?
¿Todavía no te has hecho a una idea sobre lo que ideó? Pues bien sencillo:
simplemente puso un cronómetro a su corazón.
¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Ya sabéis que podéis compartir, opinar, valorar y comentar aquí abajo sin ningún tipo de problema y me entra curiosidad por las interpretaciones que le podáis dar.
¡Un saludo y hasta la próxima!
lunes, 4 de noviembre de 2013
Cuando el corazón sangra
¡Buenas tardes, queridos lectores! Por una serie de imprevistos (básicamente por la falta de disponibilidad de papel y tinta), este año no he podido entregar relatos en el Salón del Manga (una pena, la verdad). Por lo que bueno, espero que la próxima vez haya más suerte (y yo sea más previsor, también). Así que, por ahora, os dejo con este breve relato (aunque casi podría considerarse microrrelato) que espero que os guste y disfrutéis con su lectura.
Cuando
el corazón sangra, sin ninguna herida física de por medio, no son gotas rojizas
visibles al ojo humano. Son lágrimas puras, saliendo de sus vasos.
Es una
herida, invisible para todo el mundo. Pero más dolorosa que la que cualquier
criatura podría ver con sus pupilas.
Es una
sensación, indescriptiblemente agonizante. Apoderándose de tu ser, desde el
lugar más profundo de tus entrañas. Haciéndose fuerte dentro y volviendo débil
a su huésped.
Es una
muerte en vida, lenta y agónica, que te reconcome poco a poco con tal de poseerte
hasta el último rincón. Por más recóndito que sea.
Y
solamente hay un único pensamiento en tu cabeza, preguntándose lo mismo
siempre. Preguntándose el porqué, preguntándose por qué tú…
¿Qué os ha parecido? Espero que hayáis entendido el significado y, pese a su corta extensión, haya sido de vuestro agrado (a pesar del amargo sabor de boca que pueda haber dejado). Ya sabéis que podéis comentar aquí abajo sin problemas, además de compartir, valorar y demás.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
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tristeza
martes, 10 de septiembre de 2013
Pum pum, pum pum.
¡Buenos días, queridos lectores! Hoy os traigo un relato diferente. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque éste tipo de relatos los considero una especie de "relatos visuales". Estos relatos no se basan en los detalles ni demás, sino en los sucesos, es decir, son como si vieras una escena de televisión pero en letras. Lo importante es lo que ocurre y cómo. Los hechos, uno a uno de manera directa, clara y rápida. Nada más.
También he de decir que estoy con una novela que debo intentar terminar en un mes y medio y eso, se crea o no, implica bastante trabajo y dedicación (pese a que esté comunicativo en las redes y demás, eso no significa que no esté pensando en hechos que suceden, escribiendo y demás), es por ello que me he visto algo reducido a nivel de poder subir cosas en el blog, aunque mejor un relato a la semana que nada, creo.
Dicho esto, dejo aquí el relato y os recomiendo que, para este relato, si tenéis alguna canción de ritmo rápido y demás, quizá os ayude a poneros más en la situación, pero eso ya es a gusto de cada persona.
Un
disparo al frente. Falló. Adrede. ¿Para qué iba a querer matarlo a la primera?
¿Dónde estaría el espectáculo? Y lo más importante, ¿y la diversión? El
disparo, claramente, era para avisarle de que estaba allí y, él, iba a ser su nuevo
juguetito hasta que se aburriese. Y lo matara.
El tipo
de pelo oscuro, el “juguete”, al ver el disparo en la pared se tiró a un lado y
cogió el revólver que llevaba en la cintura para inmediatamente buscar al
causante del tiro fallido.
En un
inicio pensó que podría haber sido un francotirador debido al disparo,
pero lo descartó de inmediato. Si lo hubiera sido seguramente no hubiera errado.
Entonces se le iluminó el rostro y pareció comprender que, quien fuera que
fuese el pistolero, quería darle un aviso de que estaba allí. Pero esa cara le
duró bien poco pues, al ocurrírsele tal “genialidad”, alzó la cabeza y recibió
un golpe directo a la nariz de la culata del arma. Instintivamente se llevó las
manos a la cara, comprobando efectivamente que se la había roto. Enfurecido
miró adelante y vio al otro tipo, joven, de pelo rubio oscuro y una barba mal
afeitada de un par de días. Al devolverle la mirada sonrió, provocando al juguete una rabia interior que hizo que
se abalanzara hacia él, tirándolo al suelo, y poniéndole el cañón en la sien.
Él se rió más.
-¿¡De
qué te ríes, gilipollas!?
-De que
no te has dado cuenta que te llevo apuntando los huevos todo este rato –y se
volvió a reír.
-¿Qué
coj…?
No acabó
su pregunta. Otro disparo. Esta vez directo a su objetivo. Le reventó el
escroto de un solo tiro, haciendo que juguetito
se apartara, gritando. El rubiales se levantó y lo miró. Luego le pisó la
mano donde llevaba el arma hasta que la soltó y pudo chutarla bien lejos.
-Resolvamos
esto a la antigua –dijo, lanzando su pistola también lejos-. A puño limpio, ¿te
parece?
-Hijo de
put…
No le
dejó acabar de nuevo la frase. Le pateó la boca mientras le recriminaba sus
malos modales con una risilla estúpida, infantil. El juguete no aguantó más y se tiró encima de él de nuevo, golpeándole
directamente sin dudar un momento. Empezó por darle puñetazos directamente a la
cara y luego en los costados, pero él se reía más y más. Lo tomó por loco, pero
le había reventado los cojones y no iba a perdonárselo. Así que le siguió
golpeando, de nuevo en la cara.
Hasta
que el pelirrubio paró uno de los golpes tras escupirle sangre a la cara y lo
miró serio. Dejando de reírse. Eso intimidó a juguete y recibió de lleno su imprevisible cabezazo. Luego lo giró
y se puso él encima. Su mirada le intimidaba.
Le
volvió a propinar un cabezazo y volvió a su rostro esa sonrisa burlona, pero
como si pretendiera ocultarla. Aunque al siguiente cabezazo no pudo evitar
volver a reírse.
Juguete, trastornado, no aguantó más y
sacó una navaja de un bolsillo interior de su americana para clavársela
inmediatamente en el costillar del supuesto trastornado. Éste se detuvo de
golpe y lo miró con los ojos como platos. Juguete
sonrió.
El
muchacho acercó su cara a él y lo miró directamente a los ojos. Luego lo besó. Juguete se apartó de inmediato,
empujándolo, y él se rió de nuevo.
-Bueno,
bueno –soltó una descabellada carcajada-. Ya me has entretenido suficiente,
pero me aburres –bostezó, exageradamente-. Así que te acabo de dar, como
algunos dicen, el beso de la muerte –volvió a reír.
-¿Pero
qué mierdas dices?
-Shh,
shh. Ahora verás.
Sus ojos
brillaban como una estrella y juguete no
entendía nada. Aunque a los pocos segundos sintió como su pecho se oprimía,
para luego notar un dolor punzante en su corazón. A los pocos segundos, éste
reventó.
-Y por
eso yo no estoy quieto, juguetito mío –volvió a reír-. Porque si me detengo me
pasaría lo mismo.
Dicho
esto, el joven lleno de moratones y heridas pasó tranquilamente por el
vestíbulo, pulsó el botón y entró al ascensor mientras daba golpecitos con el
pie de manera inquieta. Para que su corazón no explotase.
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Yo a estos relatos los considero casi como los típicos esbozos rápidos que puede hacer un dibujante en una libreta, sin pensarlo demasiado. Pero ya sabéis que podéis opinar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problemas.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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