Mostrando entradas con la etiqueta sensaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sensaciones. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de octubre de 2016

Quiero, quisiera... que alguien entrase en esa habitación funesta

Quiero, quisiera, que alguien entrase, poquito a poco, sin hacer mucho ruido, y sin levantar mucho polvo –pues debe haber bastante polvo ahí acumulado–, por la puertecilla agrietada de ese órgano tosedor. Me gustaría, me agradaría, que alguien se acurrucase dentro, pese al frío interno, más intenso que el de afuera, y se cubriera con las mantas viejas, manchadas de rojos arañazos y roídas por pulgas amargas, que ahí se encontrasen. Estaría bien, muy bien la verdad, que se quedase quieto, sin moverse, apreciando esta nada, en algún rincón, a su preferencia, por muy pegajosos y salados que éstos fueran, sin tener en cuenta las cicatrices de costras medio abiertas. Yo, por mi parte, intentaría avivar un pequeño fueguecillo, algo a lo que ese alguien pudiera acercar sus manos, pese a que seguramente fuese un breve brillo, una fugacidad, una ilusión quizá, o un espejismo anhelante de anhelo, que aumentaría, probablemente, la tiritona del cuerpo establecido en ese frágil no-domicilio. Pero los hilos tejidos por el tiempo muerto podrían servir de entretenimiento a los ojos que se irían cargando de cansancio según pasaran los suspiros nocturnos, según pasaran, si es que pasaran siendo (pre)visibles, las lunas del pesar; tan lejanas y a la vez tan cercanas al oleaje emocional que golpearía, a veces tenue, a veces fuerte, ese deshogar. Removiendo esos cuadros, (re)torcidos todos ellos, representantes de recuerdos y ficciones, de afanes futuros que se sitúan en tiempos distantes, y de pasados remotos vívidos en un presente eterno, que se mezclarían entre ellos en un vaivén de memorias (ir)reales. Mas esos cuadros no deberían, no debieran tocarse, pues los gusanos que los habitan mordisquean, y mordisquearían sin piedad, aún más el ya carcomido papel restregado en esas paredes en un vano intento de ocultar el mohoso recubrimiento que las conforma desde antes de los orígenes de esas ¿horribles? memorias.
Me gustaría, quisiera, estaría muy bien, la verdad, que esa silenciosa compañía no trajera ningún (des)orden, que dejase todo según emerge, de no sé dónde, y simplemente observase, sin molestarse, ni molestar a aquellas diminutas criaturas hurañas que, desde su hollín, manejan, como pueden, esta desmoronada carcasa. Yo agradecería su presencia, su compañía, pese al resquemor que produciría, pese al incesante miedo a su huida, o a su marca vacía, o a las huellas unidas sobre otras huellas antiguas que revolvieron las cosas, y añadieron de otras, quebrando sus formas, marcando las horas, queriendo fragmentos, de lágrimas y tiempo, salpicados de espeso carmesí, virulento y sediento, de aquella desgracia que no abandona el cuerpo, en su día.
Mas el dolor mitiga ese dolor temor, ese posible riesgo, ese peligro de observación, de rozadura y emoción, con sus palabras; únicas habitantes de esa cripta soterrada en una oscura cámara; invisibles pero tan existentes como el vaho allí acumulado, junto a la eterna ceniza. No hay nadie que se acerque siquiera a los barrotes previos a la pena. Por ello sólo queda ese “Quiero, quisiera”, ese deseo tan punzante que atraviesa, pese a estar tan bien velado en esa diminuta arqueta oculta en el fondo de un cajón de una mesilla de polillas desnudamente muertas.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Una historia – Dónde se encuentran las caricias del viento, del tiempo, del invierno y el infierno

I

La inmensidad de la soledad del alma en el universo infinito, que se extiende entre los múltiples fragmentos de ésta, rodeándose por su niebla al fluir entre sus grietas cual ríos en la tierra.
Las percepciones alteradas por la inmensurable saturación de emociones inidentificables, cual rostros borrados en negros garabatos, que estallan en desconocidas formas, cual fuegos de artificio imperceptibles para nuestras retinas, demasiado viejas, demasiado antiguas, para ser capaces de captar siquiera el colorido no-color de esa explosión.
Y el lienzo en blanco que supone esa oscuridad perenne que acompaña a todo ser hasta la muerte desde su muerte, lleno de pinceladas invisibles que atravesaron en lágrimas rojas sus fauces, sus patas, sus garras desgarradas por aquellas propias almas mutiladas que no logran conformar un conjunto.

La luz encallada en la vista, en la pupila, que ciega la mente, quema su acuosa prisión y derrite sus barrotes salados que caen, lentamente, deslizándose cual granos de arena atrapados en un cristal que se estrecha. ¿Dónde está aquello que se anhela? ¿Dónde está aquello que se halla sin buscarse? ¿Dónde se encuentran las caricias del viento, del tiempo, del invierno y el infierno, rozando el cuerpo, la piel y el hueso en arañazos de suspiros rotos en espejos clavados por en la carne e-tierna? ¿Dónde, dónde se encuentra, si no es en este órgano que bombea, entumecido, morado y deformado, lleno de golpes, magullado, por una presencia que vive inerte en su interior, pese a sus rasguños, o a sus zarpazos más bien, exteriores? ¿Dónde…, dónde se encuentra?

II

El brillo que se filtra entre las comisuras de los dedos revienta el rostro que resulta ajeno. La inmensidad despierta (en) el veneno corrosivo que se diluye en óxido entre las raíces internas. Y el retorcimiento de las formas grotescas quiebra la huesuda sombra del blanco polvo, ahora rojizo en perlas rubíes, compactado.
Ya nada espera al todo.
Las tinieblas se han dilatado en un éxtasis provocado por un carámbano ingerido por un torso malherido a su causa. Las zarpas aferradas a la nada han soltado aquello que las sostenía en el cielo. Y la caída ha matado al cerebro antes de que éste colisionase contra el suelo, reventando en mil fragmentos. Porciones de un intelecto destrozado dentro de su vacío. Pedazos de pensamiento que se evaporan cual gases nocivos, huyendo del cuerpo corroído, del gris pútrido que los ha engendrado en su nido, para dejar atrás un semblante de nulas facciones que se deshace en su cabeza antes pensante. Que se deshace, como si al disolverse lograse por fin fundirse con algo que le pertenece y no fuera solamente con ese hueco absolutamente de caído en un cuadro lleno de precipicios.

III

La muerte ha sonreído en su oscuridad.


(A partir del segundo 0:05)

Seguramente, inacabado.

martes, 17 de diciembre de 2013

Chica raposa

¡Buenas tardes-noches, queridos lectores! ¿Cómo van estos últimos días de clase? ¿Mucho trabajo? Entonces... ¿qué mejor que una pequeña lectura en forma de cuento fantástico para despejar un poco la cabeza? Pues bien, esto es lo que os dejo esta semana. Un pequeño cuento que escribí en su día y que espero que disfrutéis con su lectura.


Mi vista escalaba su piel de nieve, alcanzando la cima y clavándose en su grana cabellera. Pero no concluyó allí su trayectoria, pues descendió hasta perderse en su astuta y única mirada, en su iris verdoso y la profundidad de sus pupilas.
Buscó acercarse, perdiéndose aún más en su negrura, hasta percibir un pequeño centelleo. Parecía una chispa, ¿pero de dónde provenía? ¿Habría percibido ansias de aventura, de viajes y travesías?
Una sonrisa inigualable, pícara como ella sola pero sin malicia alguna, deshizo el hechizo que me apresaba. ¿Qué decía? ¿Qué guardaba? ¿Qué escondía?
Unos pasos inseguros, haciéndome avanzar hacia su ser, junto a un fugaz y rápido movimiento de mi mano agarrando la suya para empezar a correr. Sin importar dónde íbamos a parar.
Corría y corría, con ella detrás de mí, atravesando juntos la espesa arboleda. Escuchando las ramas y las hojas secas chasquear bajo nuestros pies, el río fluir a lo lejos y el piar de aves que hacían de meras observadoras.
¿Pero qué era esa sensación que nos envolvía? ¿Qué quería decir? ¿Cuál era el secreto que sus labios mantenían en el sello del silencio?
Me giré y, en un abrazo, la puse delante mientras mi boca susurraba “guíame”.
Sus ojos sonrieron, mas la comisura de sus labios apenas se movió. ¿Por qué me confundía? ¿Cómo, ese rostro de tan finos rasgos y sencilla belleza, podía embaucarme tan fácilmente?
Se giró y corrió antes de que yo pudiera atrapar siquiera sus dedos, los cuales acariciaron mi palma sin llegar a ser sujetos.
La estupefacción me mantuvo detenido demasiado tiempo. Para cuando me apresuré a ir tras ella, su pista se había perdido entre troncos idénticos a mis ojos.
Busqué y busqué, pero no conseguía encontrarla. Y no logré hallar nada más que una peluda cola, que entre los arbustos destacaba.
Rojizo pelaje de blanca punta. Orejas puntiagudas y oscuras, como sus patas peludas. Y un húmedo hocico que parecía preguntarme qué hacía observándola. Pero su ladina mirada la delataba.
–No, no me guíes –murmuré–. Acompáñame –mi voz disminuía–. Acompáñame siempre…
Ladeó su cabeza y una brisa meció las copas de los árboles. Parpadeé y me encontré en mitad del bosque, sin compañía alguna. Y suspiré.
Un crujido de ramas a mis espaldas hizo girarme. Y ahí la vi, con su ligero y simple ropaje, con su bello y misterioso rostro observándome, esperando en silencio para ser mi acompañante.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que así sea. Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar aquí abajo sin ningún tipo de problemas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El océano de la mente

¡Buenas noches, queridos lectores! Sé que no suelo hacer más de una entrada por semana, pero esta es diferente al resto. Hoy os expondré un relato que escribí en el tren (es la segunda vez que escribo en un sitio público) y la verdad es que lo hago con la esperanza de recibir algún comentario acerca del resultado. Pero bueno, aquí os dejo con la lectura, la cual espero que disfrutéis.


Una marea en calma residiendo dentro de un único individuo dejándose llevar por las suaves y tranquilas olas de ésta. Dejándose llevar por el sosiego del recuerdo de la brisa acariciando su suave piel y alborotando ligeramente su pelo. Dejándose llevar por la blanca espuma que se produce en su pensamiento y lo arrastra poco a poco agua adentro, hasta sumergirlo por completo. Hasta zambullirle totalmente en las profundidades abismales de aquel océano.
Y, él, como si se tratase de un cuerpo inerte carente de vida, se deja llevar cual a títere.
Escucha las burbujas de oxígeno, cargadas de existencia y memorias, escaparse de su nariz y no de su cosida y acallada (desde hace años) boca.
Ve como esas transparentes pompas huyen hacia la luz, sin poder hacer nada, pues pese a intentar atraparlas, él se hunde cada vez más. Rozándolas levemente con la yema de sus dedos antes de perderlas para siempre.
Y la oscuridad lo envuelve más y más, quedando sumergido en una noche eterna. Una noche eternamente fría y desprovista de sensaciones, desprovista de sentido.
Notando entonces, en ese preciso instante, cómo se ahoga.
Provocándole desear, desde lo más profundo de su ser, una mano a la que aferrarse con tal de salir de allí y volver a la orilla. Una orilla en la que pueda recobrar el aire que le falta e impregnarlo de nuevos recuerdos.


¿Qué os ha parecido? La verdad es que me gustaría saberlo, por lo que todo comentario (como siempre) será bien recibido. Y ya sabéis que podéis opinar y valorar como veáis más oportuno, además de compartirlo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima! 

jueves, 17 de octubre de 2013

Música

¡Buenas noches, queridos lectores! Hoy os traigo un relato dedicado a lo que indica el propio título de la narración y, conociendo que hay un considerable número de músicos que leen mis relatos, espero que el escrito sea de su agrado. Así que no me demoraré más y ya os lo dejo aquí.


Suave caricia en la cabeza, filtrada a través de los oídos, que empapa tu cerebro de pequeñas gotas que van recorriéndolo por cada uno de sus rincones. Despacio, impregnando su sabor incluso en los más recónditos recovecos.
Susurros en un viento que resuena ululando en cuanto cierras los párpados. Una brisa interna que se filtra por todo tu ser, erizándote poco a poco el vello, provocándote sensaciones que sin su empuje jamás creerías sentir.
Experimentando un efecto totalmente nuevo y único según se acompañan y perfilan las notas, una tras de otra.
Escuchas, dejando la mente en blanco, dejando de cavilar. Solamente oyes, percibes y dejas que tu mente se filtre a través de cada sonido, entremezclándose con todos ellos. Sintiéndolos suyos mientras ellos, a la inversa, la cautivan haciéndola soñar cosas completamente extraordinarias y fantásticas. Cosas que en un principio parecían inimaginables.
Un pequeño oleaje se acumula en tu interior y, el cuerpo, incauto e inconsciente, lo estimula oscilándose de una manera casi imperceptible.
El ritmo aumenta, se intensifica, y la negrura de tu cabeza cobra más tonalidades y colores. Más formas y movimientos. Hasta crear un paraje completo alrededor de ti, pues también te dibujas en él.
Avanzas, sintiendo una extraña e inexplicable emoción hacia todo. Recorres cada camino trazado y sin explorar. E investigas más allá de lo que nunca irías si no fuera por esa melodía que suena de fondo en mitad de esa aventura.
Hasta que cesa. Y todo desaparece con ella.
Abres los ojos y encuentras una terrible exaltación dentro de ti por lo vivido, aunque al mismo tiempo también descubres la desilusión por el hecho de haberlo perdido. Y observas al músico con su instrumento, quien ha precisado cada uno de los detalles que has recorrido, a pesar de que aparenta no ser consciente de ello.
Sonríes levemente y te parece que asiente unos momentos antes de que empiece a tocar la pieza nuevamente mientras tú, sintiendo una extraña emoción crecer, cierras de nuevo los ojos para sumergirte otra vez en el mundo que tu mente te ofrece. Pese a saber que no será lo mismo que has vivido anteriormente.
Pero la novedad y lo desconocido te atrae de manera significante.
Haciendo que, aún así, te resulte totalmente excitante.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado o, incluso, se ha dado el caso de que alguien experimente la música de una manera similar a la detallada en la historia? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problemas y toda opinión siempre será bienvenida, además de que si hay alguna duda, se intentará aclarar.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 23 de septiembre de 2013

La promesa

¡Buenos tardes, queridos lectores! ¿Cómo están yendo las clases? ¿Todo bien por ahora? Eso espero. ¿Y qué os pareció el relato leído de la anterior entrada? Ojalá os gustase, pues estoy pensando en interpretar un poco algunas cosas en ese canal (cosa que ya veré cómo sale). Pero bueno, hoy os traigo un relato que diría que es el primero que escribo de tal manera que se puede interpretar tanto de manera heterosexual como homosexual. Pero no, no es erótico, ya veréis de qué trata. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Una caricia en su mejilla, rescatando la lágrima que se precipitaba en el vacío y expandiéndola por toda ella.
Un suave beso en sus labios, los mismos que había humedecido en miles de ocasiones antes por pasión, amor y deseo.
Unas suaves palabras en su oído que le prometían seguridad, que le prometían volver a reencontrarse.
Un “te quiero” tan fugaz como el centelleo del fuego al ser llevado por el viento.

Recordó cuando los dos se fundieron en uno, abrazados.
Recordó cuando él besó todo su cuerpo, diciéndole bellas palabras mientras inundaba de mimos cada rincón de su piel y luego notaba la calidez de su boca en ella.
Recordó cuando se deslizaba hacia abajo, para hacer que disfrutase una oleada de sensaciones inolvidables que jamás hubiera imaginado.
Recordó como capturó, entre sus labios, cada uno de sus puntos débiles provocándole los jadeos necesarios hasta soltar un placentero suspiro al notar su unión. Haciendo que fuera suyo.

Miró al oscuro cielo, quien acompañaba su sentimiento de impotencia y sufrimiento.
Miró las gotas caer poco a poco, enmudeciendo a su llanto de ese fatídico día, que tuvo que vestir elegantes prendas oscuras.
Miró la caja de roble y, pese haberse prometido el mantenerse firme y aguantar, no pudo evitar abalanzarse sobre ella y abrazarla, hasta que una mano en su hombro le dijo que debía soltarla.
Miró a la oscuridad de su mente, cerrando los ojos, por no poder afrontar el dolor de esas últimas imágenes.

Sintió el viento en su viejo rostro, repasando una a una sus marcas de la edad.
Sintió su mano invisible aferrada a la suya, para que lo acompañara.
Sintió la comisura de sus labios, serios durante ya demasiado tiempo, volviendo a moverse ligeramente.
Sintió como su corazón, vacío y roto, volvía a ser llenado con una calidez inigualable.

Y vio su cuerpo, dormido en una mecedora, mientras se volvía a sentir joven al lado de su amante. Quien le había cuidado y esperado hasta su muerte, para volver a reunirse y así cumplir su promesa.


Porque una promesa, por muy difícil que sea, siempre debe intentar cumplirse.

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ya sabéis también que, aquí abajo, podéis comentar, valorar, compartir y opinar de diversas maneras. Sin olvidar que para cualquier cosa hay un apartado que facilita el contactar conmigo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 9 de agosto de 2013

Ambarino

¡Buenos días queridos lectores! Espero que estéis pasando bien el verano, como debe ser. Hoy os traigo un tipo de relato que creo que hacía tiempo que no subía. Espero que sea de vuestro agrado y disfrutéis de la lectura.


Sentir tu cálida piel bajo mis labios, como se eriza el vello con mis caricias y tu boquita entreabierta, suspirando.
Besar tus brazos y piernas, tu espalda y rostro, tu fuente de palabras y cerrar los ojos mientras ambos disfrutamos.
Un masaje con fuerza y delicadeza recorriendo tus muslos y provocando que me mires, con incertidumbre y a la vez seguridad. Para acercarme a ti y volverme a besar, mirando mis ojos castaños con los tuyos ambarinos y asintiendo con la cabeza, que siga, que no me retenga, que te haga gozar.
Una mano insegura, tocando donde te hace jadear. Suaves movimientos, agradables e inexplicables sensaciones que nos hace acercarnos, estremecernos y rozar nuestros labios mientras nos miramos con cariño y ternura.
Un jadeo leve y una afirmación con la mirada, indicándome que baje y te bese sobre la fina tela, una fina tela que no tarda en desprenderse para dejar que mis dedos masajeen y jugueteen libremente junto a mi lengua mientras tú gimoteas.
Te llevas mi mano libre a la boca para morderla de placer, temiendo que se te escuche por si gimes demasiado fuerte. Yo sonrío levemente y continúo mientras me aprietas cada vez más hacia ti hasta que no aguantas y, en un último suspiro, tu cuerpo se relaja.


¿Qué os ha parecido? ¿Ha sido de vuestro agrado? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo, valorarlo y demás aquí abajo y que todo es bien recibido.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 23 de junio de 2013

Shh...

¡Buenas noches, queridos lectores! Como estos días la mayoría de vosotros estaréis de celebración por San Juan, fin de curso, iniciación de vacaciones y demás, he decidido colgar el relato ahora, en estos momentos (todo y que será mañana cuando avise por las páginas y demás) para quien quiera leerlo ya.
Además, viendo las últimas temáticas que protagonizaban los últimos relatos subidos al blog, pensé que este gustaría y rompería un poco con lo último leído por vosotros. Sin olvidar que también espero que sea de vuestro agrado. Así que aquí os dejo con el nuevo relato. Espero que disfrutéis con la lectura.


Quiero estar contigo, sentir tu cuerpo pegado al mío, abrazados sin mirarnos.
Quiero deslizar tus suaves prendas al suelo, como tú harías con las mías, desnudarnos poco a poco, sin mirarnos.
Sintiendo cada vez más el calor del uno con el de otro, hasta que, desnudos, nuestros cuerpos se encuentren y vuelvan a entrelazarse en un abrazo. Y, con delicadeza, el agua (también caliente), empiece a caer sobre nuestras cabezas, deslizándose por nuestros hombros, por nuestra espalda, por nuestro cuerpo. Y tú te gires, dándome ésta, pero aferrando mis manos para que no te suelte. Aferrando mis manos contra tu vientre, por el cual se van deslizando poco a poco las gotas que están cayendo sobre nosotros. Y yo, guiado por ellas, empiece a acariciar con delicadeza tu cuerpo, ayudando a repartir el agua pura por todo éste. Desde tu cuello, tu escote, tus pechos, hasta tu vientre, tu cintura, tus muslos. Lentamente, sin mirarnos.
Quiero notar como abres tu boquita, tímidamente, para soltar un suspiro que se convierta en vaho, y dejes mis dedos deslizarse con libertad. Subiendo de tus muslos. Pero no para ir a esos lugares, sino para ir a tu espalda y acariciarla. Frotarla. Suavemente. Sin que tú te gires, sin que tú me mires.
Quiero bañar tu cuerpo desnudo junto al mío, con caricias líquidas, caricias que te transmitan mil sensaciones, que te hagan suspirar a pesar de estar tocando levemente tu desnuda piel.
Quiero que entonces te gires y alces la cabeza, para mirar a mis ojos directamente, y acercar tus húmedos labios a los míos. Atrapándolos en un suave beso de apenas unos segundos. Y luego me abraces, sin mirarme, para acariciar tiernamente mi dura espalda, y susurres unas palabras que yo acallaré con un “Shh…”


Bueno, espero que hayáis disfrutado con esta lectura. Y cabe añadir que quizá me plantee de subir los relatos sin introducción ni nada de por medio a no ser que deba comunicar algo expresamente, dejando así las entradas sólo con la lectura. Pero bueno, ya sabéis que cualquier cosa la podéis comentar donde creáis oportuno, además de valorar y opinar sobre los relatos.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 6 de junio de 2013

Muñequito

¡Buenas noches queridos lectores! Creo que al final haré lo de ir subiendo relatos cada X tiempo sin avisar ni nada, que viene a ser casi lo que hago últimamente (eso sí, siempre habría mínimo algo nuevo para cada semana). Pero bueno, esta vez se trata del relato "siniestro" que prometí dedicar al seguidor nº 90 pero que, a pesar de que dijera que por el tema está bien, a dicho seguidor no le gustó demasiado, por lo que creo que es mejor obviar quién es (a no ser que me indique lo contrario, en ese caso editaré la entrada para nombrarlo).
Pues lo dicho, aquí os dejo con éste relato y espero que lo disfrutéis. Aunque aviso que, antes de leerlo, quizá no sea mucho de vuestro agrado. Así que ya he avisado.


¿Me estás leyendo? Oh, cielo santo. Alguien me está leyendo. A mí. A un mero narrador de unas palabras que quizá vas a querer olvidar. No, no vas a quererlo, lo desearás. Así que antes de que empieces a leer este texto, que haré tan breve como me sea permitido, piénsalo dos veces. No por mí, sino por ti.
Porque lo que hoy será desvelado, mañana podría ser clausurado…


Era noche cerrada. Estaba en mi casa, observando por la ventana. Había tanta vida ahí afuera, abajo, a unos metros de mi posición. Tanta vida, inconsciente de lo que ocurría realmente. Tanta vida, prisionera de su ética y moral.
No, ahí no había vida. Ahí sólo había muñecos.
Y los muñecos están hechos para jugar, ¿no?

Me giré y observé su rostro. Un rostro cansado que expresó una mueca de terror al ver que volvía a tener mi atención.
Estaba medio desnudo, atado en una silla de madera y amordazado.
Me acerqué a él, sonriente, y acaricié su magullada barbilla mal afeitada, pues tenía diversos cortes de navajazos en un intento fallido de recortar esa horrible barba.
Miré a sus ojos, temerosos y llenos de pánico. Suplicantes.
Yo negué con la cabeza, sonriente, y le cogí del escroto con fuerza.
-Hoy toca el plato fuerte –dije.
Él lo captó a la primera y probó a rogar, inútilmente.
Yo cogí las tenazas que había a su lado, en una mesita, y las bajé hacia allí. Cogí la envoltura con ellas y empecé a tirar mientras escuchaba sus lamentos y ahogados gritos. Deleitándome con ello hasta que la arranqué, observando como empezaba a desangrarse.

“Ojalá”, pensé mirando por la ventana. “Ojalá”. Y me giré, observando la silla de madera manchada y vacía al lado de la mesita con una caja de herramientas.
“Ojalá llegue ese día, el día donde los que vivimos podamos jugar con los muñecos.”


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que es corto, pero creo que lo suficiente intenso además de dejar claro cierto mensaje. Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar, compartir, etcétera aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 4 de junio de 2013

La llanura

¡Buenas tardes queridos lectores! Siento no haber podido subir nada estos días, pues fui a la BLC de Madrid que se celebraba junto a la Feria del Libro (no iba a perdérmela teniendo la oportunidad de ir), así que como ayer llegué a casa y hoy ya dispongo del ordenador, empezaré con las subidas habituales de relatos.
Aunque, lo principal, será subir los relatos dedicados atrasados (que de momento son dos, pero tengo que ponerme con más) y luego actualizar la serie de Un bar cualquiera (que también he tenido que dejarla un poco de lado por los últimos acontecimientos) y finalmente volver a la subida de relatos nuevos.
Pero bueno, mejor ponerse ya a ello y, hoy, subiré uno de los primeros relatos dedicados.
En este caso es para el seguidor nº 80, @Cinereus_, quien eligió tres palabras para basarse en el relato: unicornios, cementerio y psicotrópicos. Además, como reto personal (que ella misma puede garantizar) debía terminarlo en una semana. Pues bien, lo logré (a pesar de no poder subirla por todo lo del viaje y demás), se lo pasé y ella revisó que le gustara (como siempre hago con los relatos dedicados, pasárselo a esa persona y que me dé su aprobación antes de subirlo al blog) así que, una vez hecho esto, nada más estar en un pc iba a subirlo. Y aquí estoy.
Espero que disfrutéis de la lectura.


Se levantó del blando y enfangado suelo y miró a su alrededor.
Todo estaba oscurecido por las nubes del cielo y a duras penas podía divisar alguna figura más allá de la silueta de algún que otro árbol o arbusto en mitad de ese solitario descampado.
Abrió su palma y se percató de que había estado aferrando un pequeño frasco con un líquido, pero no recordaba de donde procedía. Aún así lo destapó y, sin dudarlo ni un instante, se bebió todo su contenido de un trago.
Al inició sintió un ligero mareo y cierta fatiga, pero no duró demasiado, pues una luz que se empezó a abrir paso entre las nubes la distrajo, pudiendo contemplar como se empezaba a iluminar el campo en el que se encontraba.
No vaciló ni un momento y empezó a correr por la fresca y verdosa hierba, aunque se detuvo a los pocos metros recorridos pues, en un arroyo, descubrió no una, sino tres fantásticas criaturas que jamás pensaría ver con sus propios ojos. Se trataban de unicornios, dos blancos y uno de negro.
Ella, tras pensarlo un poco, decidió acercarse y ellos la recibieron sin ningún tipo de molestia. Pero en cuanto intentó acariciar al de oscuro pelaje, éste se apartó mientras percibía, dentro de su cabeza, como ese ser le decía que por su bien no se le acercara.
La muchacha se tomó el mensaje como un reto en lugar de una amenaza y, tras jugar y cabalgar sobre los dos unicornios blanquecinos, se lanzó encima del negruzco. Intentando domarlo.
Pero no pudo. Y fue arrojada al suelo.
“Te lo advertí”, escuchó directamente en su mente y, acto seguido, recibió una coz del unicornio.

Inmediatamente abrió los ojos y vio la realidad.
Se encontraba en el fangoso suelo, en mitad de un cementerio mientras padecía una serie de convulsiones.
A su lado había una botella de cristal rota y, mientras empezaba a sufrir un paro cardiorespiratorio, recordó como unos muchachos le vendieron la ibogaína líquida diciéndole que le serviría para dejar sus adicciones, pero para ello debía tomar un trago en el lugar en el que se encontraba ahora, para así poder lograrlo. Aunque ella, para asegurarse, no bebió un trago, sino que decidió beberse todo el psicotrópico de golpe. Provocando su muerte tras las alucinaciones en ese camposanto.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿El relato dedicado ha logrado "superar" el desafío impuesto según vuestro criterio? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo y demás aquí abajo y espero que disfrutéis con las lecturas que encontréis por aquí los recién venidos desde la BLC2013.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 24 de febrero de 2013

Un bar cualquiera - Recordando

¡Buenos días queridos lectores! Como indiqué por Twitter, hoy os subo el siguiente capítulo de Un bar cualquiera, a pesar del poco tiempo que dispongo este fin de semana (aunque seguramente no lograré hacer todo lo que tenía propuesto...), pero bueno, uno hace lo que puede. Además, con esta entrada voy a probar lo de añadir Sangría a todas las entradas sin tenerlo ya que hacer yo manualmente (así que quizá, los párrafos más antiguos que este, los relatos seguramente tendrán una sangría más larga, cosa que me dedicaré a reducir un día que disponga de tiempo).
Bien, no nos desviemos y os haré una pequeña y breve introducción al capítulo: esta vez e intentado que sea más largo que los últimos, es por ello que seguramente vaya a constar con dos partes (para no hacer entradas demasiado extensas), aunque eso no quita que vaya subiendo los capítulos cada dos semanas como dije en su día. Lo siento, pero no adelantaré las cosas, que luego todo son prisas (aunque ya me gustaría a mi poder hacer la serie semanal de verdad...). Pero bueno, os dejo ya con el  capítulo y espero que os guste.


Me levanté del suelo rascándome la nuca, dolorida, y miré a mí alrededor. Todo parecía haberse detenido. En un solo parpadeo toda la estancia quedó en blanco y negro y recordé como James me miraba mientras un enorme cansancio se apoderaba de mi cuerpo, haciéndome perder las fuerzas y desfallecer cayendo al suelo mientras Jack acababa de sacar el extraño aparato de la caja.
Pero yo seguía en esa estancia, me había levantado y Jack estaba aún con las manos dentro de la caja metálica y James todavía me observaba.
-Estás en un recuerdo –dijo una conocida voz a mis espaldas.
Me giré inmediatamente y observé, de nuevo, a Harry. A pesar del poco contacto que había mantenido con él y, que quizá fuera el miembro más desconocido y misterioso para mí, hasta el momento era el único que me había caído realmente bien.
-Ahora mismo tu cuerpo físico, tu verdadero cuerpo, se encuentra en otra habitación. Acompáñame, así lo verás.
No dudé y le seguí, entrando por una puerta tras de él. Pero nada más pasarla volvió a pasar lo de la otra vez: veía desde los ojos de Harry, no los míos. Pues mi cuerpo se encontraba en una silla metálica, atado por los tobillos y las muñecas, además de la frente a esa silla. Pero tenía los ojos cerrados, como si durmiese.
James estaba a mi lado, a punto de ponerme un extraño casco mientras Jack parecía activar la máquina que había encima de la mesa de delante de mi cuerpo. La escena todavía seguía inmóvil, en blanco y negro.
-¿Todavía seguimos en un recuerdo? –mi voz resonó en mi cabeza, pues no fue pronunciada por mis labios.
-Sí. Pero esta vez en uno mío, es por ello que lo ves desde mis ojos. En esta ocasión no hay ningún truquillo de James por en medio como la otra vez.
En el fondo tenía su lógica, pues no podría recordar nada de esto si realmente estaba dormido. Aún así seguía sin saber del todo que ocurría. Harry pareció escucharme los pensamientos, pues de pronto la escena fue desapareciendo hasta volver a estar ambos en un solo sitio. Solo que esta vez era un lugar completamente blanco.
-¿Entonces, tú estás en la sala conmigo?
-Ajá, incluso también llevo en la cabeza el mismo aparato que viste que te estaban poniendo. A mí me dejaron consciente para poder mostrártelo como acabo de hacer –su voz seguía igual de amable que siempre, eso era otra cosa que me gustaba de él-. Además que como yo ya conozco “mi don” no corro riesgo alguno con esta máquina –sonrió-. Es por ello que debo encargarme también de que tú no lo corras.
-Entiendo… Pero, ¿qué es este lugar exactamente?
-Un almacén, podría decirse.
-¿Un almacén? ¿De qué? ¿Para qué…?
-De tus vivencias, por decirlo de alguna manera.
Harry pasó su pulgar derecho por el monóculo, como limpiándolo, y luego lo giró lentamente hacia la izquierda. Una tanda de imágenes empezaron a invadir el lugar, pero no imágenes delante de nosotros sino como si rebobinaran una cinta de vídeo y nosotros nos quedáramos quietos en el mismo lugar. Hasta que al final se detuvo en una escena. La que recordé cuando James hurgó en mi cabeza. Solo que esta vez, en lugar de estar en mi cuerpo de trece años, me veía a mí mismo. Veía a mí yo pasado detenido en el tiempo a escasos metros de distancia.
-¿Qué recordabas en estos momentos, Matt? –Me preguntó mirándome de reojo un instante, luego pareció volver a analizar a mí yo infantil.
-Recordé… –me rasqué la barbilla, haciendo memoria- Recordé el accidente, la mudanza y… todo lo relacionado con el porqué repetí curso. ¿Acaso es importante?
-Puede que sí, puede que no –dio suaves golpecitos en su monóculo, como si estuviera concentrado-. Vayamos al recuerdo inicial.
Harry me indicó mirar a mis propios ojos y estos parecieron agrandarse hasta adentrarnos en la negra pupila. Adentrándonos en el recuerdo.
Esta vez sí que volví a mi cuerpo infantil, concretamente de siete años. Y todavía más concretamente en el asiento de copiloto en el coche de mi madre.
Sé perfectamente que a esta edad debería estar sentado atrás, pero llevábamos los paquetes de unos nuevos muebles que habíamos comprado, por lo que no tenía espacio y me senté delante.
“No fuerces nada, deja que las cosas sucedan” las palabras de Harry resonaron en mi cabeza, pues no se encontraba por ninguna parte. Así que le hice caso y el recuerdo avanzó.
Miraba por la ventana, tanto la de la puerta como por el vidrio de la luna, aprovechando que era la primera vez que montaba enfrente y tenía una mejor visión que desde lo que veía siempre desde atrás.
Cada dos por tres llamaba la atención de mi madre, indicándole las formas que cobraban las nubes en el azulado cielo y ella reía diciéndome que las veía y señalándome de vez en cuando alguna que ella veía.
-Veo, veo –dije.
-¿Qué ves?
-Una cosita.
-¿De qué color es?
 -De color… De color… ¡Naranja!
-¿Naranja…? ¿Tu suéter? –preguntó mirándome.
-No, no. Frío, frío.
-Uhm… -empezó a mirar por todos lados, mientras yo veía que nos acercábamos a lo que había visto-. ¿Quizá tu maquinita?
Negué y ella siguió buscando, aunque no tardé en avisarla de que nos estábamos acercando.
Ella se extrañó y miró al frente de nuevo, pues se había despistado de la conducción, y frenó de golpe, pues por poco nos chocamos con la cisterna roja de un camión.
-¡Que susto! ¡Podías haber avisado antes a mamá!
-Lo siento… Pensé que si no te decía nada verías antes lo naranja...
-¿Lo naranja? El camión es rojo, cielo.
-Yo no digo el camión, mami.
-¿Entonces? –volvió a preguntar mientras observaba de reojo hacía donde mi pequeña manita indicaba.
No tuvo tiempo a reaccionar, pues su cara lo expreso todo. Nada más girar el rostro para ver lo que señalaba el camión explotó a causa del fuego producido en el motor.
Yo la miré a ella, quien se giró rápidamente hacia mí y me indicaba que me agachase. Todo sucedía muy lento y, cuando un trozo de metal rompió el cristal y me cortó en la mejilla cerré los ojos con fuerza. Desapareciendo de mi vista toda la escena.
Cuando ya no escuché nada abrí los ojos, poco a poco. Con miedo. Y miré a mi madre.
-¿Mamá? –pregunté-. ¿Mamá…?
Cogí su mano, aferrada al volante, y la puse entre mis manitas. Al instante vi como una pieza metálica atravesaba su abdomen, pero seguía sin entender porqué no reaccionaba cuando la llamaba. Seguía sin entender porqué estaba quieta, mirando al frente. No supe que era la muerte hasta ese instante.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que el final es algo... "chocante" por así decirlo, aunque es mejor que opinéis vosotros sobre esto, cosa que podéis hacer comentando, opinando, valorando... etcétera, etcétera. Pero bueno, nos vemos en la próxima entrada. Ya sabéis que por cualquier cosa, podéis contactar conmigo sin problemas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 14 de diciembre de 2012

Un bar cualquiera - Azul marino

¡Buenas noches estimados lectores! Sé que es un pelín tarde, pero es que hoy he tenido que hacer un examen aquí en casa (sí, sé que es un chollo, pero no era precisamente fácil). Pero dicen que lo bueno se hace esperar (ego por doquier), así que ahora os colgaré el capítulo que toca. Además de que supongo que ya habréis visto la nueva sección, la portada de la serie (espero que os guste) y el gadget en la barra lateral derecha para ir directamente a la sección correspondiente (por si os encontráis leyendo un capítulo que lleguéis antes al listado que ir subiendo y bajando). Aunque también he pesado en añadir links en cada entrad que ponga "Capítulo siguiente" - "Capítulo anterior". Pero bueno, ya veré.
Así que no os haré esperar mucho más de lo que ya habéis esperado y os dejo el capítulo titulado "Azul marino". Espero que lo disfrutéis.


Los latidos de mi corazón iban acelerados, al igual que mi respiración, que incitaba a mi boca coger todo el aire posible y soltarlo rápido continuamente, como si me estuviera ahogando.
Mis ojos, abiertos como platos, se deslizaron hacía arriba de esa gentil sonrisa, buscando la mirada del tipo que tenía frente a mí.
-Tranquilo –dijo con un tono suave-. Lo que  te está sucediendo es normal. Aún no te has acostumbrado. Sería raro que lo estuvieras.
Su melodiosa voz entraba fácilmente en mis oídos, pero no lograban calmarme. Ni mucho menos después de haberlo visto morir delante de mí a quien ahora tenía enfrente. Es más, lo había matado yo mismo. No entendía nada y, eso, hacía que mi inquietud creciera, juntamente a mi nerviosismo y sensación de ahogo.
Puso una mano sobre mi cabeza y cerró sus ojos. Yo abrí todavía más los míos, al mismo tiempo que intentaba coger más aire con la boca. Pero parecía que el aire no quisiera entrar, así que mis ojos se deslizaban de una punta a otra, buscando algún lugar sin saber bien que pretendía encontrar.
Intenté levantarme, pero mi cuerpo parecía estar completamente congelado y, el hombre de delante, tampoco se movía.
En cuando noté que se me escapaba el poco aire que me quedaba todo volvió a la normalidad. Por lo visto solo había pasado un segundo.
-Creo haber descubierto algo importante, Jack.
-¿Importante para qué? –Logré gesticular al haber cogido de nuevo aire, cosa que consiguió tranquilizarme lo suficiente como para aventurarme a preguntar.
-Para todos.
Una puerta secundaria dentro de la estancia se abrió al cabo de un rato, cuando ya había logrado serenarme y el tipo se me había presentado con el nombre de James. Por ella entró Jack, que miró directamente al canoso sin reparar en mí, para preguntarle sobre el qué. Él simplemente le respondió que debíamos hablarlo los tres, en una mesa tranquilamente. Por lo que se levantó y salió por la puerta, dejándome a solas con Jack durante unos instantes antes de echarme una ojeada e irse por la puerta que había entrado.
Me quedé ahí quieto, esperando alguna indicación y, al poco rato, se abrió la puerta. Pensé en Harry, pero resultó ser Jack que asomaba la cabeza preguntándome si pensaba venir.
Afirmé con la cabeza lentamente y me levanté para salir de allí y entrar en otro habitáculo, el cual era más pequeño y tenía una mesa metálica parecida a las de oficina con cuatro sillas del mismo material y estilo. Me senté delante de James, estando en diagonal con Jack.
-Sé que estarás confundido por lo ocurrido antes. Tu sueño y el recuerdo dentro de ese sueño.
-¿Así que fue todo un sueño…?
-Sí. Podría decirse.
-¿A qué te refieres exactamente?
-No fue del todo un sueño. La parte del recuerdo se podría decir que sí, ya que eso fue algo personal tuyo. Aunque el resto ya no.
-¿Así que has indagado en mis recuerdos, James?
-Eso es lo de menos.
Mantuve la serenidad, callándome a pesar de que me hubiera provocado de nuevo la rabia que había sentido hacía él en ese supuesto sueño.
-Lo importante son las reacciones –soltó Jack-, Matt. No lo vivido.
-Tsk. Sigue.
-Bien. Todo sucedió dentro de tu cabeza, provocado por mi don.
-¿Así que me diste el lujo de reventarte la cabeza?
-En parte sí, en parte no. Yo cree la escena, luego se desarrolló según los acontecimientos. Pero lo más importante es que te dejaste guiar por unos instintos incorrectos.
-No pretendemos ser tus enemigos, Matt.
-Continúa.
Carraspeó un momento.
-Seguramente las cosas hubieran cambiado bastante en una situación real, pero quise hacer el lugar lo más “manso” posible. Pero no me andaré con rodeos; quería averiguar cómo te comportarías en determinadas situaciones. Es decir, intentaba manifestar tu don, pero me ha resultado imposible. ¿El por qué? Ni idea. Quizá el listado sea erróneo a pesar de que Jack defienda que no, pero sea lo que sea, no está a mi alcance psíquico por el momento. Eso sí, procura controlar un poco más tu genio.
-Descuida. ¿Y ahora qué?
-Si dejaras tu defensiva apartada por un tiempo quizá podríamos hablar con mayor normalidad.
Guardé silencio un largo rato, pero al final recapacité, ya que estando en la situación que me encontraba, lo más estúpido que podía hacer era lograr su enemistad. Además, por ahora no habían hecho nada con mala fe. Jack defendía su ideal en ese supuesto listado y James era algo huraño por naturaleza. Aunque aún desconocía mucho sobre el joven que nos recibió, sin olvidar otro hecho.
-Harry… ¿Era real?


Bueno, bueno, bueno, lo dejo aquí por el momento. Espero que os haya gustado y siento el retraso (además, la entrada la quería subir a las 0h, pero con los últimos retoques del capítulo, la intro, el final, etiquetas y demás... se me ha alargado. Lo siento.) Aún así ya sabéis que podéis opinar y demás, sin olvidar de que compartirlo y votar el blog nunca viene mal. Pero me despido ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 13 de octubre de 2012

Nuevas sensaciones

¡Buenos días estimados lectores! Hace un par de días que he estado pensando en abrir un par de secciones más en la barra de páginas del blog; una de "Sígueme" donde pondría todos los links para seguir al blog y vendría a ser como el de "contacto" y luego otro apartado mucho más interesante.
Debido a que muchas veces me pongo música para escribir alguna cosilla (normalmente para algún fragmento, si necesito algo que me relaje o me suba un poqutín la adrenalina), además de que con algunas imágenes soy capaz de escribir más allá de esta, pensé en abrir una sección donde quien quiera me puede mandar alguna imagen que este bien detallada, alguna canción con alguna imagen, etcétera, y yo miraría que puedo hacer con esto, pero ya lo detallaré más en el propio apartado, además de explicarlo mejor.
Si, lo sé, me estoy demorando ya en poner el relato, así que ya no tardo más, os dejo la pequeña introducción de siempre y luego el relatillo. Pues bien, esta vez es otro relato breve, que hice en un momentín, escribiendo casi lo que salía de mi mente ipso facto, por lo que se podría decir que es un relato recién salido del horno, ya que solo lo revisé para las faltas de puntuación y poco más.
¡Espero que les guste mis relatos aún calentitos del horno!


   La chica agachó la mirada, con una sonrisa tímida. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se comportaba así? Se preguntaba, pues nunca antes había tenido una reacción así por nadie.
   Había cerrado los ojos al bajar la mirada, pero no tardó en abrirlos, solo un poco, para poder mirar de reojo al causante de dicha reacción. Hacía mucho que no se reía, hacía tanto que hasta llegó a preguntarse si de verdad era capaz de sonreír de nuevo, pero él le demostró que sus pensamientos eran erróneos, solamente con decir una tontería sin sentido.
   Se acarició levemente su pelo largo y rubio, algo oscuro, para luego envolver su dedo índice en una de las puntas, dándole pequeñas vueltas, nerviosa por la situación.
   El muchacho se acercó a ella, se agachó un poco para ponerse a su altura, pues se encontraba sentada y él en pie, y la miró a los ojos.  Ella no pudo aguantar mucho, rápidamente apartó la mirada.
   De nuevo no sabía el por qué, simplemente lo había hecho, vergonzosa. El joven sonrió ante su reacción, tomándolo como un juego, aunque para ella no lo fuera, para ella todo esto era algo raro que la abordaba de inmediato.
   Otra vez, intentó buscar su mirada pero la muchacha apartó de nuevo la vista, ruborizándose levemente. Aunque, francamente, no podía evitar mirarlo de reojo.
   Él acarició su suave y fina mejilla. Ella notó que el corazón le daba un vuelco y se tiró algo atrás. Él se río. Ella hinchó los mofletes, sin saber cómo reaccionar.
   Hacía tiempo que se conocían, pero nunca habían entablado tanta confianza hasta hacía unos pocos días, donde el chico la ayudó abrazándola cuando ella le contó su miedo de creer haber perdido la felicidad. Verdaderamente no tenía a nadie realmente importante a quién decírselo, él tuvo la suerte de encontrarse cerca en ese momento y ella la suerte de que fuera comprensivo y de jurarle de que se encargaría de que ese pensamiento no volviera a su cabeza.
   Lo había logrado. Ahora su cabeza solo pensaba en él, lo tenía claro. Lo miró directamente a los ojos, la joven al joven. Él se sorprendió, pero sonrío. La muchacha se ruborizó un poco más. Él acercó su frente a la de ella, sin apartar su mirada, y le dijo que siempre estaría allí con ella, para lo que necesitara. Nunca la dejaría.
   Ella, sin saber el cómo ni el porqué, lo besó, cerrando sus ojos marrones tan lentamente como el roce de sus labios.


¿Y bien? ¿Les gustó? Espero que sí~
Ya saben que pueden votar que les parece, twittearlo, darle un Me gusta de Facebook o enviarlo por allí y todo eso, además de compartir su opinión en comentarios o por e-mail.

   ¡Un cordial saludo y hasta la próxima!