Mostrando entradas con la etiqueta susurro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta susurro. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de marzo de 2018

Miradas perdidas

Te observo esta noche donde tus pupilas no se cruzan con las mías y pienso “Efialtes...” en voz baja, queriendo que tus ojos se fijen en los míos en mitad de una oscuridad estática, en medio de un pedazo de tiempo congelado en papel, como si ese imposible fuera realizable a través del susurro de una palabra.

La noche se ha posado sobre tu cuerpo en forma de sábanas y acaricia tu piel mientras las manos, invisibles, aprietan sus dedos anhelantes. Tus yemas reposan sobre la nada y las mías sobre el recuerdo; si al menos pudieran cruzarse durante un breve momento... quizá de esa forma las pupilas chocarían entre ellas y los labios quedarían entreabiertos, sin necesidad de hablar, mientras las miradas contemplan lo ajeno y el murmuro precede al suave e intangible beso.

domingo, 8 de marzo de 2015

Quiero que me susurres al oído...

Quiero que me susurres al oído, tras acercarte con sigilo, y que te sientes en mi falda, sin camisa y contra mi pecho bien apretada; que muevas ligeramente la cadera, como si te acomodases pero con unos roces tan explícitos que ambos sepamos su verdadero objetivo, y que tu mano me acaricie la espalda, mientras tus susurros siguen de tal forma que lo único que quiera es que tus labios se deslicen a los míos en lugar de quedarse ahí, susurrándome al oído.

miércoles, 30 de abril de 2014

Brillo

Y si el tiempo pudiera detenerse ahora, en esta oscura noche de negro cielo, mis dedos recorrerían eternamente esa espalda de tenue brillo, con ligeras caricias que simularían susurros al oído. Murmullos que recordaría tu mente cuando el reloj retomase su labor, haciendo desaparecer mi presencia de tu habitación y quedando únicamente en ese difuso y apenas perceptible recuerdo. Como el escalofrío que erizó el vello de tu cuerpo.
Y si el tiempo se hubiera detenido, quizá ahora acariciarías inconscientemente una de tus mejillas, arrugada por una leve y desconocida sonrisa. Repasando con tus yemas el mismo lugar donde mis labios se posaron antes de marchar, despidiéndose prometiendo volver siempre que el tiempo volviera a suspenderse.
Pero el tiempo no se detiene. Y me mantiene a raya, observante. Entreabriéndome una puerta en la oscuridad para permitir que vea tu fina luz grisácea, creciendo y disminuyendo como el fuego de una vela, pero yendo acorde a una respiración suave y serena. Rodeada de disimuladas chispas que mueren y resurgen como suspiros, perdidos en ese lejano y extraño vacío pensativo. Incitando a detenerse y contemplar a escondidas, admirando aquel sutil fulgor que tu delicada esencia exterioriza. 

viernes, 4 de abril de 2014

Susurro nocturno

Dos siluetas, tendidas sobre la fresca hierba, húmeda por algunas gotas de rocío que empiezan a posarse encima de ella. Un pequeño mantel a un lado, de fina tela a cuadros rojos y blancos; apenas perceptibles bajo la escasa luz de la luna y las estrellas.
Dos manos, encajadas la una con la otra, sintiéndose como dos piezas de un puzle al fin unidas. Pero con las miradas de sus dueños perdidas, extraviadas en la infinidad del firmamento.
Un reflejo, visto de soslayo, provoca que los ojos de él contemplen el blanquecino rostro de la joven, iluminada con los rayos lunares, los cuales provocan que su mirada centellee. Más incluso que el propio lago que a su mismo lado se extiende.
Se le acerca, tímidamente, mientras la muchacha aún fascinada, pareciendo por el cielo hechizada, no se percata de cómo él, lentamente, aproxima ambos semblantes. Hasta que finalmente, ella, como si de vuelta a la tierra cayera, mira a su lado izquierdo, donde el rapazuelo.
Un ligero rubor se asoma en su faz, pero no se aparta, no lo empuja, sólo cierra su mirada. Esperando que el puzle de sus manos ocurra con sus labios. Disfrutando del encaje, del tímido ajuste en forma de beso que hace que se deje caer suavemente en el lienzo. Apegándose, el uno al otro. Concordando cada parte según aumenta el contacto. Sin dudar, directo. Pero lentamente, disfrutando del juego. Hasta que ella abre los ojos y suspira, observando arriba. Y él, en un susurro, hace que vuelva a cerrar los párpados y goce. Disfrutando de aquel sutil momento alejado de todo, cubiertos bajo el manto de luceros.

Nota: Éste es un texto escrito a mitades de 2013, aunque contiene algunos ligeros retoques para que quede más pulido. Por esta razón quizá se noten algunas diferencias con los relatos más actuales.