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domingo, 4 de junio de 2017

Añoro esos días de arena...

Añoro esos días de arena en los que no importaba cuántos granos cayeran, deslizándose por el cristal, hacia abajo, hacia abajo, como gotas en una ventana un día levemente tormentoso, mientras las palabras brotaban de nuestros labios, ardientes, ansiosos, anhelantes de los del otro, en un pequeño abismo de intimidad, de miradas fijas y manos entrelazadas; donde las caricias temían ser las últimas, ser olvidadas.
Añoro las letras, los juegos sin importancia, añoro aquella búsqueda insaciable del afecto, del contacto, del cuerpo ajeno y, con él, de su conocimiento, de su sentimiento, de aquel interior tan recóndito que daba hasta vértigo y miedo; donde el compartir secretos abría puertas de unas corazas oxidadas y viejas, puertas que, cual fortalezas, escondían pequeños brillos, únicos, que desaparecían si se intentaban tocar. Huyendo como esas pupilas que, sin querer ser vistas, buscan las que le son opuestas.
Pues añoro aquel tiempo donde, precisamente éste, era inexistente. Donde los relojes sólo marcaban lugares, donde las agujas sólo puntualizaban el llegar tarde. Donde cualquier número sólo era un dato aparte. Añoro, y con el añorar contemplo un pasado remoto, un pasado lejano, más distanciado que cualquier centelleo de antaño; imposible de alcanzar, imposible de rozar, ni siquiera con las puntas desgastadas de estos dedos agrietados. Ni siquiera con todo el afán de este exhausto imaginario…

martes, 23 de mayo de 2017

Corazón fragmentado en miles de cristales...

Corazón fragmentado en miles de cristales despedazados entre ellos, que bombea entre unas palmas sangrientas, atravesadas por sus punzantes ariscas, por apretarlo demasiado en un vano intento de juntarlo, de restaurarlo, ¿por qué sigues respirando? ¿Por qué no te detienes y provocas tu paro cardíaco, terminando así con este lastimero espectáculo? Los brazos están cansados, agotados de cargar con tu cadáver atrofiado, marchito en una primavera muerta. Tu tos no hace más que golpear y la cabeza se desespera con una mirada que busca salidas –o más bien huidas– sin llegar nunca a encontrar nada. ¿Por qué no paras? Los ojos, las pupilas, se cristalizan y difuminan, y tú sigues jadeante, con este esfuerzo, como si fuera a servir de algo. ¿Por qué lo haces, órgano, por qué? ¿Acaso no ves cómo no se te quiere? ¿Acaso no percibes que solo un servidor se preocupa por tu bienestar? Pero ni siquiera así te puedo ayudar, ni siquiera así. Te mueres, entre mis manos, y no eres capaz de aceptarlo; no eres capaz de comprender que no sé cuidarte como lo hicieron en su tiempo, antaño, antaño… Y te mueres entre unas manos frías, vacías de caricias, que buscan tu calor y no encuentran más que un sabor amargo, que un ácido corrosivo que consume tu hálito mientras mis suspiros y susurros procuran hacerte dormir, plácido, para que duermas y descanses sin sufrir demasiado. Mientras mis rodillas caen y, en el húmedo suelo, me acurruco a tu lado buscando darte la escasa calidez que queda en este pecho desgarrado…

domingo, 26 de marzo de 2017

Sin título – XVIII

Generaba podredumbre allí donde tocaba, con sus yemas, infectas, convirtiendo toda caricia en martirio, en tortura, incluso para su piel, ponzoñosa, que gritaba con alaridos de ardor frente a sus dedos virulentos.
No fue de extrañar, pues, que si toda flor arrancada de su tierra nativa terminaba marchita entre sus palmas nocivas, antes de convertirse en grisácea ceniza, todo buen sentimiento que quisiera rozar acabase escupiendo bilis infesta y purulencia tóxica, corrompido por esa carroña viva indigna de todo lo que pudiera generarle, aunque fuera por unos breves instantes, cualquier tipo de dicha o cosa saludable.

jueves, 16 de febrero de 2017

Temores

I

Temo afirmar quererte por si te desvaneces. Temo afirmar quererte por si no es lo que tú quieres. Temo afirmar cualquier cosa que pueda ahuyentar tu persona, hacerla correr lejos de mí, huyendo de todo lo que pueda representar el hecho de que, precisamente yo, pueda sentir algo hacia ti. Temo, y temo el temor que me produce este sentimiento. Pues no hay otra sensación que, ahora mismo, provoque tales escalofríos sobre mi cuerpo.

domingo, 5 de julio de 2015

XXIII

Los ojos pesan, cansados de tanto sentimiento, y ruegan por cerrarse de una vez a este mundo emocional que llevan encadenado dentro. Las ojeras se suman a la carga y al vacío del interior que, pese a estar hueco, es mucho más pesado que si fuera llenado con eso que tanto anhela. Y el tiempo pasa en esa mirada exhausta, abandonada, suspirante por todo aquello que nunca obtendrá como quiere.
Los minutos se alargan, las horas se eternizan y los años mortifican, flagelando ese exhausto pecho tan necesitado de correspondencias; pues no hace otra cosa que lanzar cartas en botellas a mares tempestuosos, como si eso fuera a servir para algo más allá de para perder y romper sueños y deseos en miles de fragmentos que cortan como ese cristal roto que contenía aquel triste papel mal garabateado, ahora hundido y ahogado, gritando en burbujas bajo el océano.
El viento sopla, acaricia mi cabeza y la mirada se difumina. ¿Por qué las lágrimas se agarran a los párpados y se asoman? ¿De veras añoro tanto esos recuerdos de tacto y olfato?, ¿de veras añoro tanto los sabores del tiempo pasado? Pues es lo que noto en mis pupilas, que ahora sólo ven el mundo a través de un agua salada y cristalina. ¿Significará eso, pues, que yo también he saltado a nadar con esos mensajes, a buscar lo que ellos nunca lograron traerme? Pero en ese caso, ¿por qué lo habré hecho? Yo también voy a perderme como ellos. Aunque quizá, como mi esperanza, ahora sea lo único que quiero. Hundirme y ahogarme en la tempestad hasta que nadie encuentre mi cuerpo muerto desde hace tiempo, ahora sólo húmedo y medio descompuesto.
Así que los brazos golpean el agua sin ganas y las olas me devuelven las brazadas mal dadas según los pies crean una estela apenas percibida. Las estrellas del deseo brillan sobre mi testa observándome en esa noche, engañándome al rodearme con su reflejo, esperando que me lance de cabeza en alguno de esos espejismos al creer que al fin he logrado atrapar uno por mí mismo. Pero sólo nado y nado según mi llanto acrecienta ese vasto firmamento marino. Y las lágrimas brillan según se derraman, según descienden por mis mejillas hasta fundirse con esa marea que brama; brillan como reflejo de mi vida, brillan para indicar que ésta está siendo malgastada y perdida. Pero yo continúo, pues sólo puedo vivir de quimeras y deseos, de ensueños imposibles que apenas llego a rozar con los dedos y que se esfuman cuando mis labios se posan en ellos; convirtiéndose en humo, niebla y sueño, despertándome en la orilla de algún lugar desierto donde el sentimiento y la impotencia oprimen más mi pecho y yo vuelvo a lanzar mensajes embotellados y deshechos.



lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuando el corazón sangra

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por una serie de imprevistos (básicamente por la falta de disponibilidad de papel y tinta), este año no he podido entregar relatos en el Salón del Manga (una pena, la verdad). Por lo que bueno, espero que la próxima vez haya más suerte (y yo sea más previsor, también). Así que, por ahora, os dejo con este breve relato (aunque casi podría considerarse microrrelato) que espero que os guste y disfrutéis con su lectura.


Cuando el corazón sangra, sin ninguna herida física de por medio, no son gotas rojizas visibles al ojo humano. Son lágrimas puras, saliendo de sus vasos.
Es una herida, invisible para todo el mundo. Pero más dolorosa que la que cualquier criatura podría ver con sus pupilas.
Es una sensación, indescriptiblemente agonizante. Apoderándose de tu ser, desde el lugar más profundo de tus entrañas. Haciéndose fuerte dentro y volviendo débil a su huésped.
Es una muerte en vida, lenta y agónica, que te reconcome poco a poco con tal de poseerte hasta el último rincón. Por más recóndito que sea.
Y solamente hay un único pensamiento en tu cabeza, preguntándose lo mismo siempre. Preguntándose el porqué, preguntándose por qué tú…


¿Qué os ha parecido? Espero que hayáis entendido el significado y, pese a su corta extensión, haya sido de vuestro agrado (a pesar del amargo sabor de boca que pueda haber dejado). Ya sabéis que podéis comentar aquí abajo sin problemas, además de compartir, valorar y demás.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 11 de julio de 2013

Llama

¡Buenas tardes, queridos lectores! He de advertir que este mes he estado bastante ocupado, la verdad. Y, además, mañana voy de viaje hasta el día 30. Así que dudo poder subir algo a pesar de que haré lo que pueda. Aunque ya veréis vosotros mismos recibiendo alguna notificación y demás.
Así que bueno, os dejo con este texto y, si puedo, esta noche os subo otro cuando ya sea viernes. Los cuales espero que disfrutéis con sus lecturas y no me demore demasiado en poder subir algo nuevo. Y, dicho esto, os dejo con el relato.


La llama estaba prendida. Ya no había vuelta atrás. Costó lo suyo encenderse, pero ya no se iba a apagar. Nunca más.
Una idea, un pensamiento. En millones de cabezas, en el mismo lugar, en el mismo momento. No como autómatas, ni siquiera como soldados. Sino como seres, ya hartos y cansados. De recibir los golpes, pagándolo desde sus antepasados.
La llama ya estaba prendida. No en el estandarte. No en sus manos. Ni siquiera en sus ideales. Estaba en sus corazones, llenos de rabia contenida.
Y no dudarían, no dudarían en proseguir. Continuar, hasta el fin. Luchando, por lo que más querrían. La libertad, ansiada en este día.
Se alzaron, de golpe, juntos. Cogidos de las manos en sus mentes, alzaron las cabezas. Hacia el opresor, hacia los tiranos. Quienes les sometieron con los golpes de sus títeres, de su armas.
Pero esos ya no estaban con ellos. Sus muñecos… desaparecieron.
No estaban con los sometidos, no estaban con los gobernantes. Simplemente se fueron, no querían estar bajo ningún servicio pedante. Simplemente cerrar los ojos, que todo pasase.
Y la llama se extendió. De corazón en corazón. Haciendo que las cabezas se alzaran, para observar su miedo. El miedo de la derrota, de lo que más temieron.
Haciendo que por sus actos, al final pagaran un precio. No un precio bajo, no un precio alto. Uno de justo, por todo lo acarreado.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Espero que pese a su brevedad se os haya hecho intenso. Cabe destacar que creo que es el textos con más "aire revolucionario" que he escrito hasta el momento. Pero bueno, eso debéis juzgarlo vosotros mismos. Así que cualquier cosa, ya sabéis que podéis opinar, comentar, compartir y demás aquí abajo (que nunca va mal, la verdad).

   ¡Un saludo y hasta la próxima!