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martes, 12 de diciembre de 2017

Noche

Una caricia en mitad de la oscuridad, repasando una espalda desnuda como una silueta fantasmagórica en mitad de la ilusión imaginaria que cubre unos ojos cansados, ocultos tras los párpados. La mano rozando el contorno de aquello soñado, tanteando con los dedos, susurrando con las yemas, en medio de una piel ajena, que respira, lenta, en un anochecer que -ojalá- no parece cesar jamás. Los labios medio secos, medio húmedos, buscando una lengua que logre aclarar su confusión, agrietada por frías brisas y carencias, y un estremecimiento que contrae el cuerpo en un escalofrío desgarrador. La noche hace presencia con su repentino despertar.
La mano, ajena, aferrada a unos dedos, ajenos también, sin distinguirse entre el absoluto de la negrura que engloba y cubre las miradas de las pupilas, como si no hubiera nunca, jamás, o inicio siquiera. Donde las sábanas, como único refugio, fundido de oscuro, manto de negror, ocultan el cuerpo como si no estuviera ya unido a ello, fundido también, junto al sonido inquietante del silencio que deja a solas la mente.
Un respirar lento, unos parpadeos imperceptibles que no cambian la realidad y unos ojos que contemplan sin mirar. La noche observa a quien intenta observar y la compañía innata, presente, ausente, carente, de quien está sin estar, parece ser el único sitio al que aferrarse en mitad de esta oscuridad. Deseando regresar al sueño lo antes posible, donde, al menos, aunque quizá tampoco nada se distinguiera, uno no tendría conciencia de esta tiniebla.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Sueña?

¿Sueño? ¿Si sueño, pregunta? Bueno, la verdad es que sí. A veces, sueño.
¿Con qué? ¿Con qué, quiere saber? Si insiste… La verdad es que la mayoría de esas veces sueño con cosas que cualquiera podría clasificar de desagradables. Para mí, al menos una vez despierto, no son más que fantasiosas ficciones muy alejadas de la realidad. No veo por qué deberían tener relación alguna conmigo si sé diferenciar bien… Oh, vale, no quiere que explique estas cosas. Que me limite únicamente al sueño, dice. Bien, bien, si usted lo pide, que así sea.
A veces, o mejor dicho, la mayoría de veces, sueño con un gramófono. Y se preguntará: ¿qué tiene eso de desagradable? ¡Nada, por supuesto! El gramófono, como la música que sale de él, es exquisito. Bach. Creo que suele sonar Bach en el gramófono. Y su melodía invade mis oídos. No, no de forma penetrante y violenta, sino de forma suave y relajada, y yo siento cómo me balanceo poco a poco con los ojos cerrados. Siguiendo la música. Pero en un momento se detiene de golpe y yo los abro. ¿Y qué veo, me pregunta? Pues oscuridad. No veo más que oscuridad. Como si no hubiera abierto los ojos. Pero sé que los párpados están separados. ¡Por supuesto! Pues la oscuridad no es igual nunca: si miras a la derecha, quizá ahí es más oscura que en la izquierda. ¡Y viceversa! Pero eso no es lo importante, en absoluto. Lo importante llega cuando tras buscar con la mirada aquello que ha detenido la música, una luz me ciega y me veo obligado a ponerme la mano enfrente para protegerme de esa especie de foco que se cuela entre las ranuras de mis dedos. Y a lo lejos parezco distinguir una sonrisa. Demasiada ancha y descuidada para ser humana. Demasiado rota para poder proceder de un supuesto cristal. Aunque todo cobra un poco más de sentido cuando dicho cristal estalla en un estruendo que activa de nuevo el gramófono y mi cabeza es consciente de que debe huir de allí. ¿Y qué haces cuando huyes? Ir en la dirección contraria, por supuesto. Sin dudar. Aunque no importe que no sepas dónde estás, aunque igual por ahí no haya salida alguna, aunque no importe nada. Se va en esa dirección como si no fuera una posible trampa del perseguidor que pretende atraerte allí. Se corre, sintiendo una presencia a pocos centímetros de tu espalda. Sintiendo que, si uno se gira, ésta presencia te agarrará y despedazará. Se corre. Y nada más.
¡Pero oh!, el sueño no termina ahí, ni mucho menos. Sería imposible. Correr y correr por una oscuridad infinita, ¡no habría modo de despertar! Siempre debe haber algo que active la realidad, un botón que te mueva a respirar hondo y te encuentres de nuevo en tu habitación. Por eso yo corro mientras la oscuridad se va difuminando poco a poco y el pasillo se hace más claro. Más claro y rojizo. Como unos intestinos de metal que sangran. Se remueven, chirrían, padecen a cada paso que doy. Pero no puedo detenerme. Sigo adelante, sintiendo la desconocida presencia más cerca. Sintiendo tanto su hálito en mi nuca como sus dientes ansiosos de atravesarla y arrancarme la cabeza. La siento. Pero por mucho que el pasillo esté libre de oscuridad no se ve puerta alguna, ni siquiera una pared que me obligue a detenerme. No. Por eso sigo corriendo mientras el pasillo se estrecha, chirría, gime y sangra desde sus oxidadas paredes. Hasta que uno, no sabe cómo, tropieza y cae. Cae y cae, aprovechando los instantes antes para ladear leve y lentamente la mirada en un intento de observar aquella presencia que le persigue. Pero sólo se es capaz de ver, otra vez, la sonrisa. Ahora burlona. Como si todo fuera un juego, una prueba, un entretenimiento para satisfacerla. Pero eso ya no es lo importante, pues ahora caigo y caigo. Y el túnel es pegajoso, más bien viscoso, y oscuro. Pero pese a ello puedo ver cómo gotean rubíes líquidos de su techo y cómo unos bultos carnosos se acumulan en las paredes. Y algo me dice que, si no vigilo, yo me uniré a ellos. Por lo que me muevo, como puedo, según caigo más y más hondo. Evitando tocar las paredes llenas de sangre y óxido. Hasta que finalmente veo a lo lejos un fondo negro. Otro agujero dentro del agujero. Por el cual no puedo evitar caer; mis intentos de agarrarme a algo son vanos y siento cómo mi cuerpo vuela unos instantes. Floto en el aire y aspiro como puedo algo de ese húmedo y empobrecido oxígeno que ahí se encuentra, hasta hundirme de golpe en una superficie caliente y densa. Quizá más bien espesa. Y granate también. ¿Y qué hago allí? ¡Pues muevo los brazos! Intento nadar a la superficie aunque ni siquiera sea consciente de dónde queda ésta. Y cuando parece que al final la alcanzo, que podré salir de aquella masa líquida, al notar que mis manos se abren paso a una luz parpadeante y naranja para luego intentarlo con mi rostro, me veo en la cama cogiendo aire como si se me estuviera acabando para luego soltarlo en un suspiro y quedarme mirando al techo. Como si no hubiera vivido nada de esto hace unos momentos.




martes, 9 de junio de 2015

Hoy he soñado

Hoy he soñado que estaba contigo, otra vez. He soñado que te amaba, que me querías, y que inundábamos nuestros cuerpos de caricias. He soñado que recorría tu piel fina con la yema de mis dedos, saboreando tu tacto con ellos, mientras una ligera sonrisa rompía tus comisuras. He soñado que tu cuerpo, suave, se moldeaba en mis manos, adaptándose, como el mármol al escultor y que encajaban, mis huecos con tus miembros, durante todo el proceso.
Hoy he soñado que nos encontrábamos, otra vez. He soñado que te quería, que nos amábamos, y que los besos inundaban esos recovecos tan difícil de verlos por culpa de las cicatrices del tiempo. He soñado que tu espalda se posaba en el suelo mientras tus labios se separaban y, con un suspiro, rompían tu garganta… según mis dientes marcaban tus pechos que, endurecidos, sólo pedían más y más mordiscos. He soñado que nos apretábamos, nos arañábamos y luego nos besábamos, acariciándonos y lamiéndonos aquellas heridas que, inocentemente, nos producíamos.
Hoy he soñado contigo, y con tu cuerpo, otra vez. He soñado que hacíamos bellos cuadros de poesía, con nuestro afecto, sin ni siquiera ser conscientes de ello mientras, a lo lejos, nos desvanecíamos en un sueño.

jueves, 20 de marzo de 2014

Musa onírica

"Últimamente sueño con ella.
Y sueño y anhelo se mezcla.
Deseando tenerla cerca,
cumpliendo esas fantasías oníricas
repletas de delicadeza."


Alargar la mano en el vacío oscuro de la ficción somnolienta, buscando aferrar aquella que a lo lejos centellea, tirar de ella para acercarla a mi presencia y perderme en la inmensa negrura que las pupilas de su intensa mirada expresan, notando una fría calidez que acerca nuestros cuerpos, desnudos, a través de suaves e innatas ternuras que transmiten melancólica satisfacción ansiosa.
Besar nuestros cuerpos como si cada roce fuera el último. Acariciar con la yema de los dedos su piel como quien toca porcelana, temiendo que esa ilusión desaparezca, rompiéndose en mil pedazos y dejándome solo en mitad de las tinieblas que rodean la solitaria cama, insomne en ese sombrío desierto de gélidas sábanas. Muertas como lienzos olvidados por los pinceles.
Notar sus brazos rodeando mi torso, acariciando mi espalda para atraerme hacia ella mientras mis palmas recorren su silueta como quien palpa seda. Cerrando los ojos al sentir sus labios, susurrantes, contra los míos, suspirantes. Fundiéndose poco a poco, descansando juntos en ese abrazo despojado de ropa y realidad.
Entreabrir ligeramente los párpados y observar sobre mí sus ojos clavados en mi rostro, curiosos y satisfechos, para separarse lentamente con su fina elegancia, acariciando mi mejilla para tranquilizarme, indicándome que no es ninguna despedida. Y contemplo los primeros rayos del alba despuntando a través de sus tirabuzones, que se desprenden de mis dedos, levemente enredados en ellos. Se inclina y sonríe, murmurando en mi oído que duerma y descanse. Que cuando caiga la noche volverá, acompañándome de nuevo hasta la próxima madrugada.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Inocencia

¡Buenas noches, queridos lectores! Sé que últimamente estaba subiendo un relato semanal, pero he escrito unos cuantos "tweets" mientras escuchaba una canción (que pondré al final, por si os interesa) que han dado como origen a este pequeño relato, el cual he querido compartir aquí. Aunque, de buen inicio, pensé en repartirlo en el Salón del Manga de Barcelona de este año y subirlo luego. Así que si os gusta quizá lo reparta, pero eso ya se vería según gustase o no. Y no me entretengo más, aquí os dejo el cuento.


Quisiste entrar en mi cabeza, ver los mundos que guardaba.
Yo te lo negué y te enfadaste.
¿Por qué no entendías que estos también ardían?

Todas las historias albergaban vida, maravillas. Y lo sabías.
Pero también poseían muerte, pesadillas. Y no me creías.

No te negaba la entrada por gusto, lo hacía por tu felicidad. Yo me guardaba el sufrimiento, y tú me lo aliviabas con una sonrisa. Una de tus magníficas sonrisas que eran mejor que cualquier historia que yo jamás inventara. Pues lo que me transmitía no lo lograba ningún relato, ni con miles de palabras.
Tú te preguntabas porque no te lo mostraba todo y yo te decía que en la vida había intriga, misterios que debían resolverse con el tiempo. Tú hinchabas los mofletes y, entre enfada y divertida, asentías.
Oh, si tú supieras, querida… Si supieras que tu corazoncito era más frágil que el mío. Que yo debía cuidarme de guardártelo, de protegértelo de todo el mal que habitaba fuera. De las llamas abrasadoras del dolor y la desgracia...
Te contaba narraciones fantásticas, con miles de aventuras, viajes y hazañas que debían llevar a cabo unos protagonistas. Te contaba cuentos de tierras lejanas, dominadas por la ficción y la magia.
Pero siempre preguntabas: ¿y luego qué pasaba?
Un nudo se formaba en mi garganta. ¿Qué respuesta esperabas? ¿La verdadera o la falsa? No lo sabía y con un “vivían felizmente” acababa.
No quería decirte la incertidumbre de su vida. El azar que existía. No quería que supieras que no se sabía cómo terminaba.
Y te contaba esa piadosa mentira, que podía ser tan cierta como errónea.
Tú sonreías y cerrabas los ojos, soñando con fábulas. Yo apagaba la luz y besaba tu frente mientras te arropaba. Esperando a que te durmieras, quedándome en tu cama atento a que ningún temor nocturno te aterrara.
Pues pese a todo siempre serías mi pequeña.
A quien protegería y cuidaría.
Hasta el fin de los días.




¿Qué tal? ¿Os ha gustado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas cosas más aquí abajo sin ningún tipo de problemas. Además de que quizá ponga música al blog, pero no sé si sería molesto para algunas personas y mejor ponerla únicamente en las entradas con los relatos que crea que lo requieran.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 1 de septiembre de 2013

Un trayecto peculiar

¡Buenos días, queridos lectores! Hoy os traigo una parte de un sueño que he tenido esta misma noche y digo una parte porque en verdad está formado por diversas, pero eran como historias distintas cada una y, la verdad, es que ésta es la que más me ha gustado (pese a que había otra de un conejo que cocinaba y hacía ver que fumaba de una pipa). Así que espero que disfrutéis con la lectura de este sueño, pues hacía ya mucho que no subía ningún relato de este tipo.


El paisaje se fundía y mezclaba a través de la ventana. Aún gracias se podía apreciar lo que quedaba más lejos pero, cuando los árboles estaban demasiado cerca, se fusionaban en una masa uniforme de color verde.
El bosque y los prados empezaron a dar paso a las casas y más tarde a la zona industrializada de la ciudad. El tren era rápido, más de lo que hubiera esperado. Miré al asiento de delante, donde antes había un hombre con gabardina, y observé una enorme bolsa deportiva que estaba entreabierta.
Algo brilló en su interior y me fijé mejor. Eran unos ojos felinos, relucientes y amenazantes con salir de esa bolsa en cualquier momento para lanzarse a mi pescuezo.
Noté como empezaba a ponerme nervioso, hiperventilando, y golpeé con el codo al tipo que tenía a mi lado. Éste me miró y yo le indiqué con la cabeza el equipaje de enfrente. Al dirigir su mirada allí una mueca de terror también se reflejó en su rostro, para luego mirarme como si buscase una solución.
Ambos pensamos en lo mismo: cuando el tren se detuviese, cogeríamos la bolsa y la lanzaríamos fuera por el lado que estuviera el andén, alejándonos de lo que hubiera en su contenido que parecía atentar contra nuestras vidas. Pero cuando éste llegó a la siguiente estación vimos como iba por un carril central, haciendo que no tuviéramos ningún lado con corredor.
-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó el tipo, nervioso, mirándome al ver que a la izquierda teníamos otro tren y a la derecha una vía.
-Debemos librarnos de eso…
Asintió y no dudó un instante, tragó saliva y fue a por la mochila, la cogió y la tiró por el lado del raíl justamente cuando llegaba un nuevo tren por ese lado, pasando por encima de la bolsa y lo que hubiera en su interior.
Suspiramos al unísono, aliviados, pero dentro de mí una parte se sentía mal. ¿Y si habíamos matado a un ser inocente al que malinterpretamos su mirada? Aunque lo hecho, hecho estaba. Lo único que podía hacer era intentar relajarme y no pensar en ello hasta terminar con mi viaje.
Al rato noté un bufido entre mis piernas, provocando que me levantase de inmediato y mirase debajo del enorme asiento en el que me encontraba, ya que el tren se separaba por bancos que iban de pared a pared con un pasillo en el centro del tamaño justo de las puertas de cada sección. Pero lo que vi ahí me aceleró el corazón. No era un niño travieso, ni siquiera un minino o un can que se hubiera escapado. Nada de eso. Era un enorme tigre, un enorme y precioso tigre de Bengala.
Busqué con la mirada a mi compañero, pero recordé que hacía poco había bajado a una estación. Así que estaba solo en esa sección del tren marcada por dos bancos. Y el resto de la gente seguía tan tranquila, ajena de lo que veía.
El tigre me miró directamente a los ojos, provocándome un escalofrío en la espalda. No sabía qué debía hacer, pero recordé que me quedaba algo de comida en un pequeño macuto que llevaba. Lo abrí y saqué un pedazo de bizcocho, el cual rompí un poco y le ofrecí al tigre acercando mi temblorosa palma.
Sus ojos se clavaron en los míos, luego en mi mano y, cuando pensé que iba a arrancármela de cuajo debido a su gigantesca boca abierta llena de afilados dientes, dio un simple lametón que me empapó la mano de su caliente saliva mientras él se comía el bizcocho.
Inmediatamente se levantó y se acercó a mí, para empezar a acariciar su costado contra mis piernas, como si se tratase de un gato mientras yo le acariciaba el torso, cada vez más seguro y sonriente al ver lo afectivo que demostraba ser. Pero el miedo y la inseguridad volvieron cuando escuché un rugido proveniente del estómago de mi nuevo amigo.
Le fui dando más cachitos de bizcocho, pero eso no parecía saciar su hambre. Rebusqué en la mochila y sólo logré encontrar unas pocas galletas, cosa que para él no sería nada. Era hora de concienciar a las otras personas de lo que pasaba.
Carraspeé con fuerza y algunos de los presentes me miraron y, para mi asombro, no se sorprendieron ni alarmaron por la presencia del tigre.
-Tiene hambre… -dije, con cierto miedo- y yo no sé qué darle.
Una señora de tez morena se levantó y se acercó, abriendo su bolso y sacando un bol con un mejunje amarillo. “Natillas”, dijo sonriente. Yo cogí su ofrenda, agradeciéndoselo, y rompí las galletas para añadirlas al cuenco.
Se lo acerqué al tigre y este dio un único lametón. Luego me miró y me tensé al momento, temiendo que no le gustase. Él simplemente sacó la lengua y yo le entendí. “¡Sed! ¡También tiene sed!”, saqué la botella de agua y eché un poco a las natillas, para luego dejar el recipiente en el suelo y ver como el tigre empezaba a comer ansioso.
Ya poco quedaba para llegar a mi destino y finalizar mi trayecto, así que me puse frente a la puerta y el felino vino conmigo. El tren se detuvo y las puertas se abrieron, de las cuales salimos ambos hacia la luz que de afuera.


¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Os ha dicho alguna cosa en especial? Ya sabéis que podéis opinar, comentar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problemas, ya que todo lo que digáis o dejéis en constancia es bien recibido.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 26 de julio de 2013

Imagina

¡Buenos días queridos lectores! Siento la tardanza en subir una entrada, es más, todavía sigo en mi viaje (aunque volveré el día 31), aunque pude encontrar un ordenador en el cual subir la entrada que dije que intentaría subir antes de irme. Así que aquí os la dejo. Espero que os guste y disfrutéis con su lectura.


Imagina que tuvieras un mundo nuevo delante de ti. Para poder crear lo que quisieras; todas sus historias, todas sus vivencias. Incluso los seres que siempre soñaste o circularon por tu cabeza alguna vez, las situaciones que jamás ocurrieron más allá de tus pensamientos o que te gustaría que pasaran en una realidad única.
Imagina que te digo que puedes hacerlo. Crear todo eso y más. Ir hasta la frontera que delimita la propia realidad y cruzarla sin problemas. Caminar más allá de lo que antes habías caminado, creando senderos con tus propias manos.
Imagina que sólo necesitas dos instrumentos para hacerlo. Sencillos y fáciles, sin ningún secreto ni truco escondido tras ellos. Sólo ponerle la dedicación y las ansias de tu pensamiento. Y ver como el resto ya irá viniendo.
Imagina que esos instrumentos ya los tienes, de nacimiento. Sin tener que aprender en ningún sitio, ni que te eduquen en ello. Que sólo hace falta tu cabeza y un medio. Escrito o hablado, interpretado o pintado. Lo que encuentres más adecuado.
Imagina. Tan sólo eso: imagina.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que os haya gustado este pequeño relato y quien sabe, quizá os haya transmitido algo incluso. Y, en cuanto llegue a casa, añadiré un soundtrack que escuché mientras lo escribía y que creo que le da un toque más intenso.
Aún así, ya sabéis que como siempre aquí abajo podéis comentar, valorar, compartir y demás, cosa que siempre será bien recibida.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 6 de junio de 2013

Muñequito

¡Buenas noches queridos lectores! Creo que al final haré lo de ir subiendo relatos cada X tiempo sin avisar ni nada, que viene a ser casi lo que hago últimamente (eso sí, siempre habría mínimo algo nuevo para cada semana). Pero bueno, esta vez se trata del relato "siniestro" que prometí dedicar al seguidor nº 90 pero que, a pesar de que dijera que por el tema está bien, a dicho seguidor no le gustó demasiado, por lo que creo que es mejor obviar quién es (a no ser que me indique lo contrario, en ese caso editaré la entrada para nombrarlo).
Pues lo dicho, aquí os dejo con éste relato y espero que lo disfrutéis. Aunque aviso que, antes de leerlo, quizá no sea mucho de vuestro agrado. Así que ya he avisado.


¿Me estás leyendo? Oh, cielo santo. Alguien me está leyendo. A mí. A un mero narrador de unas palabras que quizá vas a querer olvidar. No, no vas a quererlo, lo desearás. Así que antes de que empieces a leer este texto, que haré tan breve como me sea permitido, piénsalo dos veces. No por mí, sino por ti.
Porque lo que hoy será desvelado, mañana podría ser clausurado…


Era noche cerrada. Estaba en mi casa, observando por la ventana. Había tanta vida ahí afuera, abajo, a unos metros de mi posición. Tanta vida, inconsciente de lo que ocurría realmente. Tanta vida, prisionera de su ética y moral.
No, ahí no había vida. Ahí sólo había muñecos.
Y los muñecos están hechos para jugar, ¿no?

Me giré y observé su rostro. Un rostro cansado que expresó una mueca de terror al ver que volvía a tener mi atención.
Estaba medio desnudo, atado en una silla de madera y amordazado.
Me acerqué a él, sonriente, y acaricié su magullada barbilla mal afeitada, pues tenía diversos cortes de navajazos en un intento fallido de recortar esa horrible barba.
Miré a sus ojos, temerosos y llenos de pánico. Suplicantes.
Yo negué con la cabeza, sonriente, y le cogí del escroto con fuerza.
-Hoy toca el plato fuerte –dije.
Él lo captó a la primera y probó a rogar, inútilmente.
Yo cogí las tenazas que había a su lado, en una mesita, y las bajé hacia allí. Cogí la envoltura con ellas y empecé a tirar mientras escuchaba sus lamentos y ahogados gritos. Deleitándome con ello hasta que la arranqué, observando como empezaba a desangrarse.

“Ojalá”, pensé mirando por la ventana. “Ojalá”. Y me giré, observando la silla de madera manchada y vacía al lado de la mesita con una caja de herramientas.
“Ojalá llegue ese día, el día donde los que vivimos podamos jugar con los muñecos.”


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que es corto, pero creo que lo suficiente intenso además de dejar claro cierto mensaje. Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar, compartir, etcétera aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 13 de mayo de 2013

No quiero "desilusionar"

¡Buenas tardes queridos lectores! Escribo esta entrada para avisar (aunque quizá algo tarde) y remarcar lo que dije en la anterior: no podré subir mucho hasta la semana que viene, así que pido que me disculpéis las molestias causadas (a pesar de no haber querido hacer esto, como ya dije hace tiempo). Aún así, como en la última entrada, como el poco tiempo que tengo para escribir algo es en Twitter (ya que es rápido, corto y conciso), os subiré los microrrelatos que publiqué por ahí con el tope de 140 carácteres ya que más vale poco que nada. Y, de nuevo, os pido disculpas.


La observaba cada día, cada noche...
Pero es que no podía evitarlo.
Por algo la tenía secuestrada.


Una caricia.
Dos palabras.
Tres besos apasionados.
Cuatro manos entrelazadas.
Infinitas sensaciones.


Cielo relampagueante.
Gotas resonando contra el cristal.
Tempestad en el exterior.
Calma en mi interior.


Fuente de melancolía.
Romántica y enamoradiza
pero salvaje y violenta.
Única ella sola.
Sencillamente lluvia.


Corre, corre y no mires atrás, pequeña.
Porque, si lo haces te detendrás. Y los malos sueños te cogerán.


Bueno, espero que disfrutéis de estas lecturas y, hasta que pase la semana, únicamente podré subir entradas así y las entradas irán en "packs" de 5 en 5 microrrelatos. Pero de verdad, lo siento muchísimo.

   Un saludo y hasta la próxima~

miércoles, 13 de marzo de 2013

¡Dejadme despertar!

¡Buenas noches queridos lectores! Hoy os traigo otro sueño que tuve. Concretamente esta mañana cuando estaba medio despierto - medio dormido y que han sido los primeros tuits que he publicado en Twitter. Aún así, para quien no los haya leído o, simplemente, para quien quiera releerlo pero todo narrado mejor y repasado como hago con los sueños relatados antes de publicarlos en el blog, aquí lo podréis encontrar.
¡Pero antes de eso tengo que notificaros algo importante! El jueves de la semana que viene me voy a Londres de viaje de fin de curso y no volvería hasta el domingo (tarde, muy tarde) y dependiendo de las notas no sé si el lunes siguiente o el martes viajaría a cierto lugar (muy especial para mi, siendo francos), hasta el siguiente domingo o, incluso, hasta el lunes. Es por ello que si tengo tiempo publicaré el siguiente capítulo de Un bar cualquiera por anticipado, pero como podréis ver algunos que me sigan en Twitter tengo exámenes por doquier (y aun gracias que encuentro tiempo para escribir), así que intentaré hacer lo que pueda. Aunque al menos ya he cumplido al avisar, pero eso si, una vez finalizada la semana santa o por ahí ya os digo que el blog volvería a funcionar con total normalidad.
Bueno, una vez hecho el comunicado, aquí os dejo el sueño de hoy.


Un sonido extraño me obligó a abrir los ojos y mirar mi mesilla de noche. No sabía qué era exactamente ese ruido, pero cuando miré el teléfono móvil me sorprendí; una enanita, como si de una duendecilla se tratara, estaba encima del aparato e iba bloqueando éste siempre que se encendía para que sonara el despertador y, así, me despertara.
Yo, curioso, bajé mi cabeza y le pregunté (consciente de que mi cuerpo real seguía dormido) "¿Por qué haces esto? ¿Por qué no quieres que me despierte?", a lo que ella me contestó con una fina y chillona vocecita "¡Estoy enfadada! Estoy enfadada porque, el tonto de mi novio, se ha atrevido a pedirme matrimonio en un restaurante muy triste con un anillo muy barato. ¡Mira que cutre puede llegar a ser!". Yo, extrañado, pensé en qué culpa tenía de eso, pero continuó hablando: "Y si tú no lo arreglas... ¡No dejaré que te despiertes nunca!", me amenazó.
Yo, que no tenía nada que ver con el asunto y sabía de más que si no me despertaba llegaría tarde a clase, la cogí del cuello del jersey, por la parte de atrás, y la puse frente al enanito que parecía algo tristón y, con un tono algo mosqueado, les repliqué "Ahora casaos, sed felices ¡y dejad de tocarme la moral!". Ambos enmudecieron inmediatamente y se miraron.
Por mi parte, volví al móvil, lo cogí y observé como sonaba el despertador. Despertándome.

Quizá os preguntéis qué pasó al final con esos dos. Pues francamente no tengo ni idea y tampoco me importa demasiado, no era mi problema.


Bueno, ¿qué os ha parecido? He de admitir que es la primera cosa que escribo directamente en el blog, sin usar word previamente ni nada, únicamente los cuatro tuits en que publiqué el sueño esta mañana. Nada más. Así que bueno, si os ha gustado, podéis comentarlo, opinar, valorar y demás abajo, como siempre. Y, francamente, este sueño casi podría escribirse como un cuento, quizá me lo plantee en un futuro. Quien sabe, pero tranquilos, ya os informaría sobre el caso. Pero bueno, me despido ya y espero que os haya gustado.


¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 8 de febrero de 2013

Confusión

¡Buenas tardes queridos lectores! Hoy os traigo como prometí el sueño que tuve.. El jueves de la semana pasada, el cual he intentado escribir de la manera más comprensible que me ha sido posible pero que, aún así, tiene alguna que otra cosa que... podría requerir releerse.
Por cierto, en la página de Facebook (ni Tuenti ni Twitter) iré colgando algún fragmento de cosas que esté escribiendo o tenga entre manos, así podréis ver algunas cositas de mi trabajo que todavía sea inédito  y, además, podréis opinar o comentar lo que os parezca, ya que me gusta saber la opinión de mis lectores (que ya se empieza a escuchar más sus voces por el e-mail de contacto).
Pero bueno, os dejo con el sueño-relato y, como siempre, espero que disfrutéis de la lectura y, si hay algo confuso (como ya indica el propio título), releedlo, que es normal, ya que el sueño fue muy, pero que muy, raro.


   No sabía nada del exterior. Me parecía que llevaba décadas encerrado en esas oscuras habitaciones, donde de tanto en tanto me sacaban para hacerme un análisis de sangre y poco más antes de volverme a encerrar.
   Pero esta vez fue distinto. Tras sacarme de mi sombrío habitáculo, me llevaron cogido de los brazos por un pasillo fuera de lo habitual. Quizá ya no les era útil e iban a descartarme, eliminarme. Aunque según avanzaban los dos hombres, llevándome a rastras, pasamos por un pasillo que las paredes laterales era de plástico, y allí se podía apreciar algún tipo de museo o almacén arqueológico, aunque poco pude ver, pues no tardamos demasiado en entrar en otro oscuro pasillo, como el del inicio.
   Al final de dicho pasadizo se podían apreciar unas pequeñas luces anaranjadas, las cuales mostraban tres celdas donde solo la de la derecha parecía tener espacio. La de la izquierda y la del centro estaban rebosantes de unos individuos desconocidos.
   Cuando me echaron dentro de esa prisión pude observar que allí había cuatro personas más. Un tipo estaba sentado en una esquina, otro cogido de los barrotes, observándome, y luego una chica abrazada a un chico sentados en la cama.
   Cuando los dos supuestos guardias se fueron, el tipo cogido a los barrotes se acercó a mí, como inspeccionándome, para luego coger una barra de la puerta y ver que esta estaba abierta. Pero no se atrevió a salir y nos quedamos así hasta dormirnos.
   Cuando desperté, mis nuevos compañeros hacía tiempo que lo estaban y observaban fijamente la puerta. Estaba abierta. Y el rarito que me observó en nuestro primer encuentro ya no estaba allí.
   La luz naranja empezó a parpadear, emulando las señales de alarma.
   Las personas de las celdas vecinas empezaron a removerse, nerviosos, y a hablar entre ellos.
  Un sonido extraño provino del interior del oscuro pasillo.
 Con más curiosidad que miedo, me asomé levemente, y pude ver como algo blanquecino brillaba en la oscuridad. Acto seguido, esa cosa corrió hacia mí mientras veía a los otros presos intentando hacer un agujero en la pared con una cucharilla, como hacía la celda del centro y, la de la izquierda, parecía que querían abrir el agujero a puñetazo limpio.
  Fallo mío por despistarme, pues esa extraña criatura se abalanzó hacia mí, tirándome contra la pared y mordiéndome el antebrazo derecho con el que me había cubierto por acto reflejo.
  El muchacho que parecía ser conocido de la chica cerró la puerta mientras esta gritaba que me deshiciera de esa cosa, que parecía tratarse de los huesos de un dinosaurio raptor con vida propia. Así que, como pude, sin que este soltara mi antebrazo, coloqué su cabeza bajo mi axila izquierda y, mientras hacía presión con esta, moví el brazo derecho hasta conseguir desnucarlo y arrancar su cráneo del resto del cuerpo. Los huesos se desplomaron al instante y la mandíbula dejó de ejercer presión.
  Al final el resto del “equipo” logró hacer el agujero y salimos por allí. Fuera encontramos a nuestra izquierda el grupo del medio y, bajando por unas escaleras de delante nuestro, el grupo ruso de la izquierda.
  El grupo central, seguramente americano, no dudó y bajó cuando los rusos acabaron, pero no llegaron muy lejos, ya que esos tipos les dispararon flechas con unas cerbatanas que parecieron encontrar abajo.
  Nosotros esperamos pacientes a que se fueran y, cuando eso pareció, el individuo que parecía vivir en la esquina, bajó rápidamente.
  Por lo visto, uno del grupo debía estar quedándose de guardia, pues nuestro “amigo” no dio más de dos zancadas antes de encontrar la muerte por una cerbatana.
  Miré a la derecha y pude ver una puerta, así que se lo indiqué a la pareja que no dudó ni un instante, pues el chaval abrió la puerta entrando en un dormitorio y siguió recto, hasta la siguiente puerta, donde se trataba de otro dormitorio pero más serio; el primero parecía ser de algún adolescente y el del final de sus padres.
   El desconocido llamó a la chica después de echarse en la cama de más al fondo, pero esta no vino, sino que entrecerró la puerta y se tumbó en la cama. Nada más hacerlo, alzó la cadera y me miró, sugerente. Vacilé unos instantes, pero al final cedí. Al final no acabamos manteniendo relaciones completamente ya que, mientras estábamos en ello, un ruido extraño de la otra habitación nos distrajo.
   Ella se levantó para mirar por la ventana de la habitación y vio la ciudad en ruinas, con un grupo de extraños individuos alrededor de un barril en llamas. Yo no tardé en levantarme, curioso, e ir hacia allí mientras me subía los pantalones.
   Fui corriendo a la otra habitación, para avisar al muchacho, pero al entrar vi como estaba de rodillas en la cama, con la boca abierta y los ojos desorbitados. Unas alas negras surgieron de repente, rompiendo la parte de atrás de su camiseta, mientras escuchaba una especie de grito proveniente de su boca.
   Ahora todo vino a mi mente: después de ese desastre nuclear a niveles internacionales, casi toda la superficie resultó ser inhabitable para el ser humano, así que vivimos bajo tierra mientras arriba algunos seres iban mutando. Debido a las mutaciones, los residentes del subsuelo tuvimos que ir haciéndonos pruebas para garantizar que no mutáramos y, los que tenían riesgo de ello, eran encerrados.
  Por lo visto, aunque ni la muchacha ni yo hubiéramos mutado, el chaval pareció que sí y, según entendí, por el shock emocional de que la chica me hubiera elegido a mí en lugar de a él.
  Girándome de golpe le grité a la chica que corriera y se escondiera, pero que no fuera ni a la celda ni bajara las escaleras y eso hizo, salió corriendo por la puerta mientras yo volvía a girar la cabeza para mirar al muchacho. Por lo visto ahora tenía su mirada clavada en mí, sin haber cambiado de postura. Y me miraba fijamente. Me miraba a los ojos, con una furia y sed de sangre indescriptibles. 


Bueno, espero que os haya gustado y lo hayáis entendido después de todo. El final es bastante claro y concluyente, por lo que creo que leyendo solo eso ya se puede entender de que va el sueño que tuve, aunque claro, la gracia de las historias es leerlas totalmente de pa a pe. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar por comentarios, votando o marcando las casillas que creáis, compartiéndolo por los medios que tengáis o contactar directamente conmigo por los medios expuestos en el apartado de Contacto.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 25 de enero de 2013

Aventura

¡Buenas noches queridos lectores! Estoy en proceso del capítulo, pues ha habido ciertos momentos donde me he quedado algo encallado con cosas bastante "malas" por así decirlo, haciendo que algún día no escribiera nada para que mi cabecita hiciera algún que otro reseteo, a ver si se le borraba alguna que otra idea mala. Pero bueno, como aún seguimos entre semana, os pongo el relato que toca, titulado "Aventura", el cual se me ocurrió hará un par de días, como inicio de una nueva aventura precisamente, es decir, novela, serie... Pero como por ahora estoy con lo de Un bar cualquiera, ya si eso escribiría algún capítulo según me viniera y, si eso, más adelante quizá lo haría público (eso de llevar varias series, novelas y demás al mismo tiempo, en mi cabeza no tengo problema, pero en el momento de escribirlo puede organizarse un follón... Además de que mejor ir pausado que en caso de necesidad se puede recurrir a estos ases en la manga).
Aunque bueno, ya os he entretenido bastante, os dejo con este pequeño relato que casi vendría a ser un mini prólogo. Espero que os guste.


   Se levantó rápidamente de su cama. Todavía era de noche, pero el sueño que tuvo logró disipar todas las dudas que había tenido hasta el momento.
   Exaltado y al mismo tiempo nervioso, buscó dentro del enorme baúl que tenía frente a su cama, sacando de allí la vieja espada que heredó de su padre y la funda que le fabricó su madre, atándosela así a su cintura.
 Seguía con los ropajes para dormir puestos, pero no le importaban, pues en ocasiones abrigaban incluso más que su ropa normal. Y, una vez metido algo de fruta y carne en sal dentro de una pequeña bolsa y algunas monedas de oro en otro saquito, salió de la vivienda sin olvidar cerrar la puerta con llave.
  Miró al cielo nocturno, estrellado como siempre, y se fijó en el astro que le indicó su abuelo cuando era pequeño, diciéndole que su brillo le guiaría a innumerables aventuras. Así que, haciendo caso de esas palabras, emprendió su travesía hacia lo inexplorado. Guiado solamente por un desconocido centelleo blanquecino.


Bueno, ¿qué os parece? Sé que es algo corto, pues vendría a ser un pequeño prólogo como he dicho antes, pero si os ha interesado o gustado ya es buena señal. Aún así, ya sabéis que podéis comentar y opinar aquí abajo lo que creáis conveniente. Por lo que nos vemos en uno o dos días con el capítulo de Un bar cualquiera.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 14 de diciembre de 2012

Un bar cualquiera - Azul marino

¡Buenas noches estimados lectores! Sé que es un pelín tarde, pero es que hoy he tenido que hacer un examen aquí en casa (sí, sé que es un chollo, pero no era precisamente fácil). Pero dicen que lo bueno se hace esperar (ego por doquier), así que ahora os colgaré el capítulo que toca. Además de que supongo que ya habréis visto la nueva sección, la portada de la serie (espero que os guste) y el gadget en la barra lateral derecha para ir directamente a la sección correspondiente (por si os encontráis leyendo un capítulo que lleguéis antes al listado que ir subiendo y bajando). Aunque también he pesado en añadir links en cada entrad que ponga "Capítulo siguiente" - "Capítulo anterior". Pero bueno, ya veré.
Así que no os haré esperar mucho más de lo que ya habéis esperado y os dejo el capítulo titulado "Azul marino". Espero que lo disfrutéis.


Los latidos de mi corazón iban acelerados, al igual que mi respiración, que incitaba a mi boca coger todo el aire posible y soltarlo rápido continuamente, como si me estuviera ahogando.
Mis ojos, abiertos como platos, se deslizaron hacía arriba de esa gentil sonrisa, buscando la mirada del tipo que tenía frente a mí.
-Tranquilo –dijo con un tono suave-. Lo que  te está sucediendo es normal. Aún no te has acostumbrado. Sería raro que lo estuvieras.
Su melodiosa voz entraba fácilmente en mis oídos, pero no lograban calmarme. Ni mucho menos después de haberlo visto morir delante de mí a quien ahora tenía enfrente. Es más, lo había matado yo mismo. No entendía nada y, eso, hacía que mi inquietud creciera, juntamente a mi nerviosismo y sensación de ahogo.
Puso una mano sobre mi cabeza y cerró sus ojos. Yo abrí todavía más los míos, al mismo tiempo que intentaba coger más aire con la boca. Pero parecía que el aire no quisiera entrar, así que mis ojos se deslizaban de una punta a otra, buscando algún lugar sin saber bien que pretendía encontrar.
Intenté levantarme, pero mi cuerpo parecía estar completamente congelado y, el hombre de delante, tampoco se movía.
En cuando noté que se me escapaba el poco aire que me quedaba todo volvió a la normalidad. Por lo visto solo había pasado un segundo.
-Creo haber descubierto algo importante, Jack.
-¿Importante para qué? –Logré gesticular al haber cogido de nuevo aire, cosa que consiguió tranquilizarme lo suficiente como para aventurarme a preguntar.
-Para todos.
Una puerta secundaria dentro de la estancia se abrió al cabo de un rato, cuando ya había logrado serenarme y el tipo se me había presentado con el nombre de James. Por ella entró Jack, que miró directamente al canoso sin reparar en mí, para preguntarle sobre el qué. Él simplemente le respondió que debíamos hablarlo los tres, en una mesa tranquilamente. Por lo que se levantó y salió por la puerta, dejándome a solas con Jack durante unos instantes antes de echarme una ojeada e irse por la puerta que había entrado.
Me quedé ahí quieto, esperando alguna indicación y, al poco rato, se abrió la puerta. Pensé en Harry, pero resultó ser Jack que asomaba la cabeza preguntándome si pensaba venir.
Afirmé con la cabeza lentamente y me levanté para salir de allí y entrar en otro habitáculo, el cual era más pequeño y tenía una mesa metálica parecida a las de oficina con cuatro sillas del mismo material y estilo. Me senté delante de James, estando en diagonal con Jack.
-Sé que estarás confundido por lo ocurrido antes. Tu sueño y el recuerdo dentro de ese sueño.
-¿Así que fue todo un sueño…?
-Sí. Podría decirse.
-¿A qué te refieres exactamente?
-No fue del todo un sueño. La parte del recuerdo se podría decir que sí, ya que eso fue algo personal tuyo. Aunque el resto ya no.
-¿Así que has indagado en mis recuerdos, James?
-Eso es lo de menos.
Mantuve la serenidad, callándome a pesar de que me hubiera provocado de nuevo la rabia que había sentido hacía él en ese supuesto sueño.
-Lo importante son las reacciones –soltó Jack-, Matt. No lo vivido.
-Tsk. Sigue.
-Bien. Todo sucedió dentro de tu cabeza, provocado por mi don.
-¿Así que me diste el lujo de reventarte la cabeza?
-En parte sí, en parte no. Yo cree la escena, luego se desarrolló según los acontecimientos. Pero lo más importante es que te dejaste guiar por unos instintos incorrectos.
-No pretendemos ser tus enemigos, Matt.
-Continúa.
Carraspeó un momento.
-Seguramente las cosas hubieran cambiado bastante en una situación real, pero quise hacer el lugar lo más “manso” posible. Pero no me andaré con rodeos; quería averiguar cómo te comportarías en determinadas situaciones. Es decir, intentaba manifestar tu don, pero me ha resultado imposible. ¿El por qué? Ni idea. Quizá el listado sea erróneo a pesar de que Jack defienda que no, pero sea lo que sea, no está a mi alcance psíquico por el momento. Eso sí, procura controlar un poco más tu genio.
-Descuida. ¿Y ahora qué?
-Si dejaras tu defensiva apartada por un tiempo quizá podríamos hablar con mayor normalidad.
Guardé silencio un largo rato, pero al final recapacité, ya que estando en la situación que me encontraba, lo más estúpido que podía hacer era lograr su enemistad. Además, por ahora no habían hecho nada con mala fe. Jack defendía su ideal en ese supuesto listado y James era algo huraño por naturaleza. Aunque aún desconocía mucho sobre el joven que nos recibió, sin olvidar otro hecho.
-Harry… ¿Era real?


Bueno, bueno, bueno, lo dejo aquí por el momento. Espero que os haya gustado y siento el retraso (además, la entrada la quería subir a las 0h, pero con los últimos retoques del capítulo, la intro, el final, etiquetas y demás... se me ha alargado. Lo siento.) Aún así ya sabéis que podéis opinar y demás, sin olvidar de que compartirlo y votar el blog nunca viene mal. Pero me despido ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 4 de noviembre de 2012

Flashes

¡Buenas noches estimados lectores! Este puente he andado un pelín ocupado debido a estar con familia y al Salón del Manga de Barcelona, por lo que he estado bastante ocupado francamente. A pesar de esto, he podido ver que, por alguna extraña razón, los votos de la encuesta van y vienen, desapareciendo a veces y no sé el porqué (la última vez, antes de que se pusiera a 0 a mi vista, iban 2-1, a favor de "Un bar cualquiera"). Espero que para cuando acabe la encuesta los votos se vean, sino solo me podré basar en ese 2-1 que vi.
Cambiando de tema, seguramente los miércoles-jueves haga la serie semanal y los "findes" el relato suelto, además de cosas varias, pero esto ya se determinará mejor en la próxima entrada, de momento os dejo con el relato de hoy, que trata de otro sueño mío pero, este, es el más extraño que he tenido hasta ahora.
¿Por qué, os preguntáis? Pues eso se debe a que este sueño llega a continuar cuando incluso me despierto, aunque sea levemente (supongo que ya lo comprenderéis cuando lo leáis), además de que es uno de los más paranoicos que he tenido. Aunque, también, es uno donde incluye algún mensaje subliminal de mi subconsciente o, al menos, esto me ha llegado a transmitir. Otra cosa es que lo haya podido entender bien o no.
Pero bueno, no me iré por las ramas y os lo dejo a continuación para que podáis leerlo:


   Otro flash azulado invadió mi vista, mostrándome el rostro de un desconocido. Solo duró unos segundos por lo que seguí andando por la calle, como si nada, pero otro flash volvió. Otro desconocido, también parecía dormido, pero algo me decía que no lo estaba. Seguía caminando, intentando desviar mis pensamientos de estos flashes aunque estos parecían no gustarles la idea, pues otro ocupó mi visión y, este, no duró unos segundos.
  Esta vez podía ver perfectamente el rostro de los desconocidos. Algo me decía que eran personas, pero su aspecto no era del todo parecido a un ser humano: su cara tenía diversos bultos, sobretodo en mejillas y pómulos,  y el bello de su cara, pues esta cara masculina disponía de una espesa y oscura barba, seguramente castaña pero el liquido azul que la rodeaba le daba un tono más oscuro, parecía puntiaguda, como las púas de un puerco espín.
   La calle volvió a mi mirada y llegué a la puerta de mi casa. Puse la mano en el pomo y lo giré. Un nuevo flash, momentáneo, ocupó mi mente.
   El hombre abría la boca y los ojos exageradamente, como si intentara gritar, como si estuviera sufriendo y, mi vista, se iba alejando de su rostro, dejándome ver como este estaba desnudo, dentro de un tubo lleno de líquido azul y lleno de cables. A su lado había otro cuerpo, de una mujer. Al otro lado, otro hombre y, así, sucesivamente, haciendo una hilera de cuerpos masculinos y femeninos desnudos, dentro de tubos, despertándose poco a poco al abrir los ojos y la boca, intentando gritar. Intentando mostrar su sufrimiento.
   Volví a la realidad y pensé en el último flash. Parecía que estuvieran en un laboratorio. ¿Quizá eran experimentos? ¿Quizá intentaban mandarme algún mensaje? No lo sabía. No sabía absolutamente nada a, excepción, de que aunque esos cuerpos fueran unos seres un tanto extraños, algo me decía que eran personas.
   Una especie de déjà vu cruzó mi mente diciéndome que algo no encajaba en el lugar. Miré a mí alrededor, todo parecía normal, pero este parecía decirme que estaba allí por alguien, que esa no era mi verdadera vida.
   Entré en casa y mi madre me recibió, echándome la bronca por cualquier tontería, como solía pasar. Solo que, esta vez, esa extraña sensación, me decía que no era la verdadera, que había algo raro en ella que no lograba ver por mucho que intentara fijarme.
   Acabé subiendo a mi habitación, dando un portazo al encerrarme dentro debido al cabreo, y me tumbo en la cama.

   Acto seguido me despierto, tras haberme tumbado en la cama de esa supuesta realidad, debido al griterío de mi padre diciéndome que me despierte, que ya era hora. Yo le respondí, inconscientemente, que ya estaba despierto. Pero seguía con los ojos cerrados y, hacía nada, estaba soñando. Entonces, ¿cómo podría haber estado despierto si estaba dentro de un supuesto sueño?
   Bajo y voy al baño, donde me quedo mirándome al espejo. <<Esta rutina me está matando>> sale de mis labios, sin que yo lo pensara y, estas palabras, hace que mi mente asocie algunas palabras: “matando de consumiendo, me consume esta rutina”. Al pensar eso veo un rostro parecido al mío en el reflejo del espejo, pues me siento identificado, pero solo por los ojos ya que, el resto de la cara, es bastante distinta. Empezando por el hecho de que ese rostro era de un adulto. Me froto los ojos y miro de nuevo al espejo, donde ahora veo mi rostro normal solo que tiene unas ojeras enormes y, en la parte más cercana a la nariz del ojo derecho, tengo un pequeño arañazo que el día anterior no tenía.
   Suspiro y noto mis hombros y brazos cansados y pesados, como si me hubiera peleado o algo similar hacía relativamente poco. Miro de nuevo al espejo y veo unos ojos, mirando mi reflejo desde detrás de mí. Vigilándome.

   Nada más verlos me vuelvo a despertar, esta vez por culpa del despertador. Por lo visto, mi padre sigue durmiendo y aun quedaba algo de rato para tener que ir a clase.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha transmitido alguna cosa que se pueda pasar por alto? ¿Habéis podido entenderlo del todo? Me gustaría saber vuestras opiniones, ya sea comentándolo o por algún e-mail al correo electrónico del blog. Sino, al menos, ya sabéis que podéis valorarlo y compartirlo con vuestras amistades (que nunca está de más, francamente).
Así que esto es todo por el momento. No olvidéis, si tenéis tiempo, de votar el vídeo del concurso literario en el que participo, me haríais un gran favor. Os dejo de nuevo aquí el link del vídeo del concurso y bueno, esto es todo por ahora.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 1 de noviembre de 2012

Arachs

¡Buenas noches estimados lectores y... Feliz Halloween! (o castanyada, para los congéneres catalanes) Hoy empezaré informándoos de que han escrito ¡mi primera reseña! Universo La Maga ha sido quien se ha dedicado a redactarla y, francamente, ¡estoy eufórico, emocionado! Dicha reseña la podréis encontrar aquí. Espero que podáis echarle un vistazo, incluso han incluido uno de mis relatos.
Pero bueno, no me alargaré mucho más, a continuación trataré sobre el relato de hoy o, mejor dicho, sueño (ya dije que hacía tiempo que no subía ninguno y que ya era hora en una anterior entrada).
Pues bien, este sueño es algo raro y confuso y aparecen algunas personas y cosas concretas, por lo que he retocado y perfilado más esos detalles para que podáis imaginaros la lectura tal y como yo tuve el sueño. Pero bueno, aquí os lo dejo:


   Me encontraba reunido en el interior de una clase de mi instituto, solo que esta vez las mesas individuales se encontraban formando un cuadrado, dejando vacío el centro. Todos hablaban a la suya, ignorando al resto, pero el tema era común: qué debíamos hacer.
   ¿Sobre qué? Sencillo. Por lo visto queríamos ir al pasado, a la boda de dos miembros de la reunión debido a que nadie había podido asistir en su debido momento y, desde ese día, habían sucedido unos extraños sucesos de los cuales no estaba demasiado bien informado.
   La puerta se abrió y, desde el oscuro pasillo, entró un anciano encapuchado, vestido con una oscura túnica y llevando en su mano derecha un viejo cetro. Se trataba del guardián, que venía a informarnos de que los Aranchs estaban listos, por lo que debíamos darnos prisa en elegir las cuatro personas, como mucho seis, que iban a ir pues, si tardábamos demasiado, se acabarían poniendo nerviosos.
   Empezamos a debatir y decidir quienes irían y, por precaución, se eligió solamente a cuatro jóvenes, de entre catorce y diecisiete años, por si ocurría algo. Yo, para variar, figuraba entre ellos, teniendo dieciséis años.
   En dicho trayecto me iban a acompañar un viejo amigo, de pelo corto y castaño y piel ligeramente morena, llamado Rubén. También una tal Laia, si bien recuerdo, a quien no conocía de nada y sería más pequeña que yo. Finalmente, una chica nombrada Luna.
   Los cuatro salimos al pasillo y cada uno tomó un rumbo distinto. Yo bajé por unas escaleras, llegando hacía el salón de mi casa. Allí, me puse unas botas de montaña, el reloj digital de muñeca, cogí el móvil y subí a mi habitación para coger una espada de madera, la cual me puse en uno de esos huecos de los vaqueros donde se pone el cinturón.
   Acto seguido salí del garaje, donde habían unas especies de barcas. Me imaginé montado en una de estas con Rubén, mientras que en otra estarían Laia y Luna, para luego llevarnos a un mar oscuro, hundirnos y aparecer en el pasado. Pero me equivoqué.
   El guardián nos indicó para subir, si, pero tras eso dio un golpe con el bastón y unas criaturas, negras como la noche de unos tres metros de altura, con un cuerpo delgado pero corpulento y unos brazos y piernas mucho más finos que su torso pero con garras y pies más grandes que sus brazos y patas. Tenían, además, unas alas algo desgarradas por las puntas y, su cabeza, parecía ser de un reptil, disponía de unas orejas que parecían pequeños cuernos y unos dientes afilados, a pesar de que solo uno abrió la boca y fue para emitir un sonido algo agudo.
    Lo más inquietante eran sus ojos, sus diminutos ojos. Unos los tenían rojos. Otros verdes.
   Parecían pequeños puntitos en sus enormes cabezas, sin pupila. Parecían que podían ver tu alma con un solo vistazo y, eso, hacía que te estremecieras y tu piel fuera recorrida por varios escalofríos.
   Las criaturas, o Arachs como había dicho el guardián, se colocaron detrás de las balsas, uno por cada una. Luego, tres sobrantes, se colocaron enfrente y el guardián montó sobre el primero.
   Tras eso caí inconsciente.
  No me desperté hasta llegar a una cabaña de madera, o eso parecía, donde todavía era de noche. Allí, un señor me indicó que debía pasar por una puerta, para luego preguntar al dependiente. Y eso hice, crucé la puerta y vi a un tipo vendiendo figurillas, de todo tipo, incluso algunas de pesebre. Por acto reflejo quise comprar algunas, fueran las que fueran.
   Tras llenar un pequeño barril de ellas, me avisó de que con el viaje se me podrían perder, pero yo ignoré ese comentario, pues ya había tomado rumbo al camino que me había indicado para llegar con el resto de personas.
  Llegué a lo que parecía un muelle, solo que en lugar de barcos habían una especie de columpios de madera, colgando encima de una neblina que impedía ver lo que había debajo.
   El guardián me indicó mi sitio; al lado de una niñita que estaba en el centro del columpio y que tenía a su otro lado a una señora mayor. Por lo visto esos "columpios" de madera eran para tres personas, separando los huecos de cada una con una raya roja pintada encima la madera.
   Una vez me senté, la neblina fue ascendiendo, hasta que no pudimos ver los demás columpios y yo volví a perder la consciencia tras observar como a la señora también le pasaba.
   Cuando desperté, solo estábamos la chiquilla y yo. Esta me empezó a dar prisas para que pasara a una madera horizontal, la cual parecía pertenecer al muelle que antes había habido detrás nuestro para subir al balancín.
   Me coloqué con precaución y me senté. Tiré un poquito a la derecha y la niña también se colocó.
   Pude observar como la gente se quitaba de los columpios y se ponía en postes iguales o, simplemente, desaparecía de mi campo de visión por culpa de la niebla.
   Entonces vi a diversos Arachas, volando entre esta. Pero, a diferencia de los anteriores, estos eran más pequeños, de un metro y medio, y sus ojos eran anaranjados.
   Estos, iban recogiendo cosas, al sumergirse en la niebla, y entregándoselas a personas, a sus respectivos dueños si recordaban de quien era y, sino, al primer individuo que encontraran, por eso a mí me dieron más dinero del que realmente llevaba encima y, como pude ver, la niñita se quiso aprovechar de ellos reclamando todavía más dinero del que ya le habían dado.
   Uno, luego, me entregó mi barrilete de madera, que por dentro estaba afelpado de un color rojo, solo que ahora estaba completamente vacío. Por lo visto las figuritas se habían perdido por el camino.
   Tras un rato ahí sentado, escuché como alguien me llamaba. Me giré y vi a la chica de pelo largo y oscuro llamada Luna, sentada en el mismo tablón que yo, solo que alejada unos metros, por lo que se fue acercando y me dijo que fuera hacía la derecha, ya que era la única manera de salir. Así que hice caso, pero en más de una ocasión estuve apunto de caer, cosa que hizo que mi miedo aumentase y me costara más seguir. Para rematarlo, la niña no paraba de dar prisas y quejarse.
   Al final llegué a otro muelle de esos, me puse en pie y observé como Luna y la dichosa cría llegaban también, de una manera mucho más rápida.
   Tras eso, Luna y yo salimos de allí por una puerta y nos encontramos en una sala en blanco. Un señor nos dijo que, como era la primera vez, nos habían llevado un día antes del previsto para tener más tiempo, como regalo. Aunque mi instinto me decía que algo había salido mal.
Acto seguido, el hombre desapareció junto a la sala, encontrándonos frente a uno de esos jardines laberínticos, el cual estaba en el sitio donde se iba a celebrar la boda al día siguiente.
Miré a Luna, que ahora iba con un elegante vestido, seguramente para la ocasión, y luego al todavía nocturno cielo. Algo, en mi interior, me decía que ese lugar no era para nada seguro.


Y bueno, después de ese último presentimiento, me desperté. Creo que es uno de mis sueños donde ocurren muchísimas cosas y las recuerdo todas (o casi todas) con bastante detalle, pero no logro entender el significado que tiene, si es que posee alguno. Pero bueno, espero que os haya gustado, si es así ya sabéis que podéis votarlo, twittearlo, comentarlo o, incluso, enviarlo. Además de que quedan 5 días para finalizar la votación de la serie semanal.
¡Ah! Si tenéis algo de tiempo, por favor, os pediría que votarais mi vídeo para el concurso, me harías un gran favor, de verdad.
Pero ya es tarde, así que me despido por hoy y nos vemos este sábado o domingo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 29 de septiembre de 2012

Todo tiene un principio

¡Buenos días, tardes, noches (dependiendo de cuando lo leas), estimados lectores!
Hoy empezamos, al menos por aquí con un día lluvioso desde buena mañana y esto parece ir a largo (aunque bueno, siendo franco, a mi la lluvia siempre me ha gustado).
Bien, bien, hoy les traeré un breve relato que escribí hace tiempo. Este es de un ámbito más realista que los dos anteriores y, quizá, haya a alguien que no le guste, lo comprendería, al igual de que es posible que haya personas que le gusten más algunos relatos que otros. Es lógico; para gustos los colores.
Y bueno, a continuación les dejaré el escrito, el cual me estuvo rondando la cabeza una novela (la cual actualmente solo se encuentra en mi mente, no está redactada como otras) que puede llegar a ser algo "fuerte", aunque tranquilos, este fragmento apenas lo es.
Así que lo prometido es deuda, aquí os lo dejo:


Me desperté, sudoroso, pues ayer había tenido una noche movidita y eso hizo que volviera a tener una de las pesadillas que antes me frecuentaban, la noche en la que murió mi padre o, como dice la gente, en la que yo lo maté.
No fue mi culpa que él se abriera la cabeza, más bien, se lo merecía.
Ese día había estado buscando más maneras para provocar mi ira desde buena mañana, debido a la resaca de la borrachera que cogió por la noche, como siempre. Desde que mi madre desapareció o, como él dijo, le abandonó, cada noche iba a beber, quizá para olvidarla, quizá para olvidar algo que dijo, quizá para olvidar lo que pasó, quizá, simplemente, para matarse de una manera lenta.
Según él yo era el culpable de todo, me odiaba, se notaba en sus ojos, la rabia con la que me miraba, con el desprecio que me hablaba, era una decepción, sin motivo, para él. Nunca hacía nada que mereciera su aprecio después de que mi madre desapareciera o, como él dice, nos abandonara. Antes era un buen padre, un padre modelo, quién hubiera dicho lo que, en un solo día, puede cambiar una persona.
Mi padre era, ahora, después de que mi madre desapareciera o, como él dice, nos abandonara, un ser despreciable, una persona que merecía desaparecer, como yo digo que pasó con mi madre. Una persona que, si debía pasar así el resto de sus días y, yo, seguir a su cargo, debía dejar este lugar, este mundo, en definitiva... morir.
Yo ya era casi adulto, o eso me consideraba a pesar de que mi padre dijese que era un crío. Para el resto del mundo era un adolescente rebelde, normal al tener 15 años.
Pero bueno, como dije, mi padre tenía resaca de la borrachera nocturna, pero esta vez desde buena mañana ya se veían sus intenciones.
Cuando bajó al salón, de buena mañana, a las ocho creo recordar, hora en la que yo desayuno tras vestirme para, quince minutos después, dirigirme a mi institución que, más que un lugar público donde enseñan parece un lugar más siniestro. No, un internado no, sino una cárcel, o peor. Un sótano. Un sótano oscuro en el que estás encerrado y tú, cautivo, en este caso un grupo llamado profesorado, te dice cosas, no importantes, ya que si no las podrías usar en su contra, sino cosas para lavarte el cerebro y hacer que seas un borrego más de esta cosa que llamamos sociedad. Sí, era un sótano donde lavaban la mente a jóvenes, borrando sus esperanzas y diciéndoles que no llegarían a nada en esta vida, aunque se pudieran equivocar. Muchísimo.
Pero bueno, mi padre bajó por las escaleras, con unos tejanos y una camiseta blanca sin mangas. Tenía los ojos rojizos, seguramente de la resaca. Iba con una barba de dos o tres días y despeinado, para variar, con su pelo corto y castaño con alguna que otra cana asomando por la parte superior de sus orejas. No era gordo precisamente, se mantenía en forma, pero no por cuidarse, sino por su complexidad, cosa que, al menos, adquirí yo también. Quizá lo único bueno que adquirí de él.
Me miró con desdén desde su posición alzada y dijo, simplemente, "Café. Ya." a lo que me levanté de mi taburete y serví una taza blanca en la que decía "Al mejor papá", regalo que le hice cuando tenía cinco años. Aunque ahora lo de mejor se había ido borrando de las continuas lavadas, dichosa la casualidad.
Tras llenar la taza, la dejé en la mesa rectangular y volví a mi sitio, donde seguí con mi desayuno de tostadas con mermelada de arándanos junto a un zumo de pera y naranja, un zumo delicioso, pues era ácido cuando tocaba la punta de la lengua, luego pasaba a ser amargo, haciendo que salivaras, cuando empezaba a recorrer tu lengua y, para finalizar, tenía un sabor dulzón que te embriagaba a beber más. Delicioso.
Pero bueno, mi padre había desaparecido de mi campo de visión, no vino a la mesa, simplemente había ido a otro sitio. Supuse que había ido al baño pero, al escuchar los ladridos de mi perro, un ser que había tenido apenas hacia unas semanas, un animal que había querido mucho más que a mi padre al largo de estos años, supe qué iba a hacer ese cabrón. Supe que iba a desahogarse con él, ya que conmigo no obtenía la satisfacción de escucharme suplicar y pedir que parase, no. Yo ya me había acostumbrado.
Corrí afuera, donde mi pequeño husky tenia su casita. Un husky muy bonito por cierto, barriga blanca, como su morro y las patas y el resto iba de gris a negro, según iba subiendo del blanco, iba oscureciendo, pues cuando más cerca del blanco era más grisáceo claro, hasta volverse blanco y cuando más alejado, más oscuro, hasta volverse negro. Tenía los ojos azules, como yo, a excepción de que los míos tenían algún que otro tono marrón y, en la oscuridad, eran totalmente marrones, se necesitaba buena luz solar para verlos azul marino, como los de mi madre.
Corrí hacia allí y vi a mi padre, cogiendo al cachorro por el pescuezo. Se giró, para mirarme, seguramente por el hecho de escucharme correr. Me enseñó el perro y lo lanzó al suelo para empezar a patearlo. Yo lloré de rabia, observé como mi pequeño intentaba caminar hasta mí, pero que de una patada, mi padre, lo hacía retroceder. Yo me quedé quieto, impotente, hasta que recordé.
Entré en casa, gritando que se iba a enterar y, tras romper unos cristales, mi padre entró exaltado para ver, como yo, con su mejor palo de golf, rompía la estantería donde guardaba los trofeos de los que se sentía tan orgulloso de su época del instituto. Le miré de reojo y le solté un "Por hijo puta.", cosa que colmó el vaso y me embistió, tirándome al suelo para empezar a pegarme y patearme. Yo en lugar de defenderme seguí machacando sus trofeos como pude, hasta que me quedé sin fuerzas, sangrando por la boca y con mis ojos amoratados. Creo que también me partió la nariz. Luego me cogió del cuello de la camiseta, me miró, me escupió y me soltó, haciendo que me diera un cabezazo contra el suelo.
Me desperté media hora después, con mi pequeño a mi lado, lamiendo mi mejilla acurrucado a mi pecho. Lo miré y sonreí como pude. Ese día no pensaba ir a clase.
Tras lavar a mi pequeño conmigo, me dirigí hacia el veterinario al comprobar que mi padre se había ido a trabajar tras recoger sus trofeos, sin tocar su café.
Allí me atendieron de inmediato. Tom, el veterinario sabía lo que me ocurría, era el único que me comprendía. Era el único que escuchaba a este joven de pelo castaño claro de metro sesenta. Era el único que me trataba como a un igual.
Tom, tras curar a mi cachorro, me atendió como pudo a mí, cosa que solía hacer, ya que no podía ir al hospital, pues no tenía seguro.
Él siempre me decía que sería bienvenido en su casa si algún día decidía abandonar a mi padre, que se encargaría de todo, pero yo no podía irme, sabía que si me iba, él, mi padre, se encargaría de que volviera a estar bajo su tutela. Fuese como fuese.
Me quedé a su casa a comer y, tras despedirme por la tarde en un abrazo entre lágrimas sinceras, me fui a casa.
Llegué cuando faltaba poco para el atardecer, donde el sol se escondía para dar paso a la noche y, para variar, mi padre aún no había llegado.
Subí a mi habitación, me tumbé en la cama y di de comer a mi pequeño sin nombre, pues no había tenido tiempo a ponerle, y ninguno parecía el adecuado para él.
Mientras lo alimentaba escuché que la puerta de la entrada se abría y se cerraba de golpe. Ya sabía que había pasado.
Otro despido.
Y eso le hacía emborracharse más temprano, volver a casa más temprano, beber una última cerveza en el sofá y tener tiempo a que me diera una paliza que, para su suerte, podría fracturarme algo para que le hacía sentirse mejor con él mismo.
Aunque hoy, la cosa era distinta. Sí, escuché que abría la nevera a por la cerveza, pero al cabo de nada empezó a subir las escaleras, según los pasos que escuchaba, y, al subirlas, siguió el pasillo recto hacia mí habitación, la cual quedaba al final de éste.
Abrí y le miré con desprecio. Él sonrió con malicia, levantó la botella e intentó golpearme la cabeza con ella, pero yo, simplemente, puse el brazo de por medio. Me defendí. Cosa que le enfureció e hizo que me cogiera de los hombros, y yo de los suyos. Forcejeamos, acercándonos a las escaleras.
Me puso contra la pared, cercano a la escalera y parecía que me fuera a arrojar, pero entonces vino mi pequeño, corriendo, para morderle el tobillo, desgarrándoselo. Cosa que hizo que cayera de rodillas. Yo aproveché el momento y le di un rodillazo en toda su mandíbula, escuchando el crack de sus dientes partirse.
Alzo la mirada. Su despreciable mirada.
<<Ojalá nunca hubieras nacido. Ojalá hubieras muerto como la puta de tu madre.>>
Esas palabras me cabrearon. Muchísimo. Iba a golpearle hasta dejarlo inconsciente, pero mi pequeño actuó antes que yo, como si supiera lo que hubiera pasado a continuación y, que yo, no me llevara ninguna culpa por mis futuros actos.
Saltó hacia su cara, arañándolo y mordiéndolo, haciendo que mi padre gritara. Y cayó, de lado, hacia las escaleras, sujetando a mi pequeño para que cayera con él.
Todo pareció pasar muy lento tras ver como caían y, como mi padre, tras dar una voltereta, bajando, dejaba un hilo de sangre, aunque luego comprobé que la sangre provenía de su cabeza.
Corrí hacia abajo, cayendo de culo al tropezar con la resbaladiza sangre. Para coger a mi pequeño. Tenía una pata rota, pero peor que antes, el hueso se le salía de la carne. Debía llevarlo al veterinario, pero estaba cerrado y Tom quedaba a tres calles más abajo.
Mi padre levantó la cabeza como pudo, me escupió. Luego su cabeza cayó de golpe, en un sordo golpe, dando a entender que ya había dejado este mundo. Acerté, su pulso se había detenido. Y, yo, no pude evitar esbozar una pequeña y amarga sonrisa.
Tras eso corrí. Corrí abajo, hacia la casa de Tom. Corrí sin parar, supongo que por la adrenalina, y al final llegué. Nada más llamar a la puerta, la mujer de Tom me recibió y, cuando iba a abrazarla, me desperté del sueño. De la pesadilla. Del recuerdo.


NOTA: Este relato tendría una pequeña parte previa en el escrito original, al igual de que en la novela esta claro que no acabaría aquí, al igual de que pasarían cosas antes de llegar a este punto, pero ya lo veréis cuando tenga tiempo y me ponga a ello.
Por cierto, no siempre los relatos irán al por mayor. Entiendo que por el momento los relatos que voy publicando van de menor a mayor longitud, pero eso se debe a que estoy publicando por el momento algunos que ya tengo, otros que tenía en borrador y así, pero iré variando. A lo mejor publico algo largo el sábado como que el lunes publico solo un microrrelato o algo breve. Supongo que es comprensible.


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