Esta mañana empieza un poco apagada. No sé el día que hace fuera de las
pocas paredes que me rodean, pero la luz aquí apenas entra. Imagino que las
nubes deben tapar el Sol, quien se debe revolver por proyectar su luz entre los
pequeños huecos que le dejen, mientras la calle se mantiene de un color
grisáceo. Supongo que el viento debe aullar entre los callejones y las pequeñas
oberturas de las paredes, arrastrando algunas hojas muertas, pero tampoco puedo
estar seguro de ello; aquí no hay sonido alguno más allá del de mi respiración.
Quizá, y sólo quizá, algún pájaro vuele a lo lejos, entre un cielo blanco
esponjoso y una niebla que difumina su silueta. Pero ni siquiera de eso estoy
seguro. Puede que no sea así, puede que ni siquiera las nubes impidan la luz y
la calle no sea gris, pero esa es la impresión que me da a mí, quien se
encuentra encerrado entre unas pocas paredes y una ventana que parece pintada.
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lunes, 22 de febrero de 2016
domingo, 5 de enero de 2014
Despedida
¡Buenas tardes, queridos lectores! Siento la tardanza del relato de esta semana, pues me encontraba de viaje desde el día 28 hasta ayer, lo que me impidió poder subir nada. Pero eso no impidió que escribiera alguna cosa esos días, por lo que aquí os dejo algo que espero que os guste a pesar de su brevedad.
“Normalmente,
cuando visitas a alguien que queda lejos, cuando vas de viaje a ver amistades o
conoces a gente nueva con la que congenias, involuntariamente les entregas una
parte de tu ser, una parte de tu afecto, una parte de tu cariño que, en la
mayoría de los casos, te es devuelto en mayor o menor intensidad. Por ello,
cuando toca la hora de despedirse, la hora de decir adiós (que en el fondo es
un “hasta pronto” (o eso piensas en tu interior)), te duele. Y no te duele por
la persona, no. Te duele por lo que representa para ti, por lo que ese alguien
deja de ser (un desconocido, un extraño) y por lo que se convierte (una parte
de ti). Es por esa razón que, cuando toca despedirse de quien has convertido en
una pieza más de tu ser, duele tanto. A pesar de que, dentro de ti, te alegra
el saber que ambos seáis importantes el uno para el otro.”
Leyó la nota susurrando cada palabra, recordando la
voz de quien acababa de marcharse al imaginar cómo las pronunciaría. Era un día
triste, sí. Llovía y las grises nubes cubrían el cielo. ¿Pero acaso el Sol no estaba
tras ellas, brillando y dando calor a pesar de que no se pudiera ver? Fue
justamente por esa razón que sonrió levemente a pesar de la tristeza que
embriagaba su cuerpo, pues sabía que, como resplandecía ese astro tras los
nubarrones, aquella persona también se encontraría ahí a pesar de los acontecimientos
que pudieran suceder hasta poder volver a verse
Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado pese a su brevedad? Espero que así sea. Además de que ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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lunes, 4 de noviembre de 2013
Cuando el corazón sangra
¡Buenas tardes, queridos lectores! Por una serie de imprevistos (básicamente por la falta de disponibilidad de papel y tinta), este año no he podido entregar relatos en el Salón del Manga (una pena, la verdad). Por lo que bueno, espero que la próxima vez haya más suerte (y yo sea más previsor, también). Así que, por ahora, os dejo con este breve relato (aunque casi podría considerarse microrrelato) que espero que os guste y disfrutéis con su lectura.
Cuando
el corazón sangra, sin ninguna herida física de por medio, no son gotas rojizas
visibles al ojo humano. Son lágrimas puras, saliendo de sus vasos.
Es una
herida, invisible para todo el mundo. Pero más dolorosa que la que cualquier
criatura podría ver con sus pupilas.
Es una
sensación, indescriptiblemente agonizante. Apoderándose de tu ser, desde el
lugar más profundo de tus entrañas. Haciéndose fuerte dentro y volviendo débil
a su huésped.
Es una
muerte en vida, lenta y agónica, que te reconcome poco a poco con tal de poseerte
hasta el último rincón. Por más recóndito que sea.
Y
solamente hay un único pensamiento en tu cabeza, preguntándose lo mismo
siempre. Preguntándose el porqué, preguntándose por qué tú…
¿Qué os ha parecido? Espero que hayáis entendido el significado y, pese a su corta extensión, haya sido de vuestro agrado (a pesar del amargo sabor de boca que pueda haber dejado). Ya sabéis que podéis comentar aquí abajo sin problemas, además de compartir, valorar y demás.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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