Una caricia espacial recorre nuestros oídos con la melodía de las estrellas brillando en unos ojos de cristal que se cierran para deslizarse por las cálidas mejillas, enrojecidas frente al inmenso paso del tiempo emocional que inunda un pecho saturado de sensaciones e imágenes, recuerdos de una vida imaginada y realizada entremezclados en el pasado convertido en presente a través de las palabras que, solas pero acompañadas, surgen de los labios que fueron besados por quienes ya no están, pero viven en la memoria de quien posa los dedos sobre el tierno césped y alza la vista al cielo nocturno para suspirar, fundiéndose con la calmada oscuridad que acoge su cuerpo, con cariño, en el delicado ocaso –de aquel porvenir que aún está por llegar.
Mostrando entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
lunes, 1 de febrero de 2021
domingo, 4 de junio de 2017
Añoro esos días de arena...
Añoro esos días de arena en los que no importaba cuántos granos cayeran, deslizándose
por el cristal, hacia abajo, hacia abajo, como gotas en una ventana un día
levemente tormentoso, mientras las palabras brotaban de nuestros labios,
ardientes, ansiosos, anhelantes de los del otro, en un pequeño abismo de
intimidad, de miradas fijas y manos entrelazadas; donde las caricias temían ser
las últimas, ser olvidadas.
Añoro
las letras, los juegos sin importancia, añoro aquella búsqueda insaciable del
afecto, del contacto, del cuerpo ajeno y, con él, de su conocimiento, de su
sentimiento, de aquel interior tan recóndito que daba hasta vértigo y miedo;
donde el compartir secretos abría puertas de unas corazas oxidadas y viejas,
puertas que, cual fortalezas, escondían pequeños brillos, únicos, que
desaparecían si se intentaban tocar. Huyendo como esas pupilas que, sin querer
ser vistas, buscan las que le son opuestas.
Pues añoro aquel tiempo donde, precisamente éste, era inexistente.
Donde los relojes sólo marcaban lugares, donde las agujas sólo puntualizaban el
llegar tarde. Donde cualquier número sólo era un dato aparte. Añoro, y con el
añorar contemplo un pasado remoto, un pasado lejano, más distanciado que
cualquier centelleo de antaño; imposible de alcanzar, imposible de rozar, ni
siquiera con las puntas desgastadas de estos dedos agrietados. Ni siquiera con
todo el afán de este exhausto imaginario…
domingo, 6 de noviembre de 2016
XXXII - 43
Las flores de espinas clavadas en las ramas de sus brazos atravesaban
la piel de quien intentaba acariciar su rostro, envuelto en hojas. Las raíces
de aquellos dedos, en antaño carnosos, profundizaban en el fango de una
superficie tan incorpórea como el alma de sus fuentes de vida, de las cuales
extraía el néctar para mantener la llama de su vista; para evitar que el cardo
que brotaba de sus finos labios se convirtiera en ceniza y volase propagando
una desdicha no escrita. Pues el tronco palpitante de aquella descrita no
guardaba otra cosa que tósigo disuelto en un sinfín de órganos descompuestos.
¡Y era tósigo, sí, lo que emanaba de esa ranura cerrada en párpados
escarlatas! Tósigo y ponzoña que brillaban bajo el peso de la gota que recorría
la mejilla ignota de ese semblante cubierto por hojas, cubierto por hojas y un
velo de espera, de espera eterna ante una muerte tan efímera como duradera
frente a las garras salvajes que arañaron sus piernas retorcidas con una
enredadera mustia.
Por
eso las caricias y dulzuras dieron paso a la marchita amargura, a la escasa
lluvia y a la brisa fría, que recorrían todos los rasguños de aquella corteza
cada vez más áspera y esquiva al efecto que pudo recibir algún remoto día;
convirtiendo tal corteza casi en piedra y maleza, en escollo y cantil a un
abismo sin fin y negrura eterna extendida a lo largo de las gélidas venas de
ajado cristal. Pues no había mano, ni siquiera temerosa, que se acercase ya a
ese Ídolo carcomido en vacío; ¡tal había sido la fractura que dicho ente había
padecido! Fractura perenne y constante en una ampliación de diversas variantes
que fecundan las ramas dignificantes de esa desoladora aflicción que, en sus
brazos, parece desarrollarse a través de unas ligeras semillas punzantes, de
las cuales, más adelante, acaba por surgir La flor que sus adversidades contrae.
domingo, 13 de julio de 2014
¿Imaginario?
–Qué
tiempos, ¿eh?
–Ajá…
–Pero
supongo que tarde o temprano debía ocurrir, nada es eterno.
–No
viniste al funeral.
–Me
surgió un imprevis…
–Julia
también tenía planes y los aplazó todos con tal de venir.
–Ella
siempre ha sentido debilidad por ti… –dijo a lo bajini, más para él mismo que
para Sam–. Lo sé. Me llamó al finalizar el funeral y me contó cómo fue.
–Silencioso.
–Lo sé.
–Andrew
lloró y se fue. Julia no lo detuvo.
–Sobre
eso me gustaría hablarte.
–¿Sobre
Andrew?
–Más
bien sobre todo lo que a ti respecta.
–¿A qué
te refieres?
–Julia
me llamó porque estaba preocupada por ti.
Sam alzó
la vista de la fotografía que sostenía entre sus manos para mirar a John, quien
para variar tenía parte del rostro oculto por la sombra de uno de sus sombreros.
¿Quizá quería esconder su dolor para que no se desmoronase?
–El
ataúd estaba vacío, Sam. Ben, al igual que Andrew, han sido siempre producto de
tu imaginación.
–¡Vosotros
los veíais!
–Éramos
críos. Te seguíamos el juego. Julia se ha preocupado porque opina que esto
empieza a ir demasiado…
–¡Mientes!
–Ya me
gustaría a mí estar mintiendo… Lo pasábamos bien.
–P-pero…
–Volvió a bajar la vista, sus ojos estaban llorosos.
–Shh…,
tranquilo. –Respiró hondo–. He traído conmigo a una persona. Puede ayudarte.
–¡No
necesito ayuda!
–Oh,
Samuel, cálmese por favor –dijo un tipo que acababa de entrar.
–Él es
el doctor Matthew.
–Usted
puede llamarme Matt, si así lo prefiere.
–Te
ayudará. Te llevará con él y…
–¿¡Q-quieres
ingresarme en un loquero!?
–No, no,
Sam. En absoluto. ¿Qué clase de amigo haría esto? Simplemente será hacerle unas
visitas, hablar con él de vez en cuando y ya está. Nada más.
–Exactamente.
Es parecido a quien hace recuperación por un hueso roto. No tiene ninguna
complicación, ya verá.
–¿Por
qué haces esto, John…?
–Por ti
–calló un momento–. Y por Julia.
Sam
tragó saliva. La verdad es que Julia parecía afectada en el funeral. ¿Sería por
él en lugar de Ben? La verdad es que recordaba haberla pillado mirándole mucho
esa mañana durante el entierro. Tenía lógica, pensó. Quizá sí era lo mejor.
Volvió a tragar saliva y dejó el marco encima de la cómoda.
–Por
Julia… –repitió Sam.
–Venga
por aquí. Le llevaré en mi coche para llegar antes.
Matthew le rodeó con su brazo y lo acercó a él para
ayudarle a caminar hasta la salida. John se quedó a solas y miró la fotografía.
En ella aparecían ellos tres: Sam, Julia y él. Junto a dos siluetas más: Ben y
Andrew.
jueves, 30 de enero de 2014
Gotas de alusión
¡Buenas noches, queridos lectores! Me gustaría avisar de que creo que a partir del mes que viene a excepción de casos contados, me dedicaré a poner los relatos directamente, sin presentación previa ni "despedida", pues creo que ya sabéis de sobra lo que suelo decir. Además de que miraré de hacer un apartado arriba donde pondré los relatos basados en sueños y/o pesadillas. Pero bueno, dicho esto, os dejo con el último relato de este mes. Espero que lo disfrutéis.
Arrugas
profundas como grietas en la tierra, todas y cada una de ellas marcas de duras
batallas ganadas contra la muerte y el tiempo, invadiendo por completo su
rostro. Su ya anciano rostro.
Cabellos
de luz blanca y plateada, ondeándose cual bandera en el estandarte de su
cabeza. Agitados por una fría brisa que hiela poco a poco el hierro que es su
cuerpo, pero que no es capaz de asemejarse al témpano que guarda en su
interior.
Mirada
extraviada, absorta al frente observando sin ver, como si un ciego contemplase
un hermoso paisaje. Con los ojos distraídos, más bien perdidos, en un mar
tormentoso de gritos proporcionados por las mudas voces de su mente. Navegando
en una nave olvidada que desconoce pese a aferrarse a sus mástiles para evitar
caer a esa negra agua que parece estar llamándole. Para cebarse con él.
Gotas
salpicando su cuerpo débil debido al viento, bañándolo en recuerdos descarriados con
el paso del tiempo. Haciéndole ver cómo ha sobrevivido a todo y a todos durante
sus largos períodos. Rememorando esos momentos felices, llenos de satisfacción,
junto a los dolorosos que van golpeándole, provocando que se arrodille por su
aflicción.
Y la
embarcación, sacudida por la oscura oleada de la memoria que reclama el viejo
evocador, empieza a tambalearse, oscilando y llenando su cubierta de sombrías
aguas que hacen desaparecerla según la tempestad aumenta. Hasta que el
desgastado calzado del hombre se hunde en esa negrura líquida mientras sus
frágiles manos se aferran a la madera del mastelero. Desesperado pero calmado.
Hasta
dar el parpadeo definitivo, humedeciendo su ya cansada vista por última vez
antes de que su tenaz semblante de triste sonrisa caiga hacia adelante involuntariamente. Viendo
cómo en lo más profundo de su cabeza, poco a poco la inmensidad del océano de su
mente acaba engulléndolo. Sin prisa.
¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema. Además de que para cualquier cosa, está el apartado de Contacto. Por lo que dicho esto...
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
cansancio,
dolor,
felicidad,
memoria,
mente,
miedo,
navegación,
olvido,
paciencia,
pasado,
vejez
viernes, 10 de enero de 2014
Un último trago bajo el puente
¡Buenas noches, queridos lectores! ¿Qué tal el inicio de las clases? ¿Bien? Supongo que habrá quienes sí y quienes no, pero eso como con todo. Hace tiempo que no subo ningún relato dedicado que haya hecho por Twitter y tenía este pendiente que iba para kkornehope por ser la seguidora número 300 en cuanto di las bienvenidas que suelo dar por ahí a los nuevos seguidores. Pero bueno, no os entretengo más y aquí os dejo con el relato que pidió que fuera "El punto de vista más positivo de la persona más desgraciada. O que sería lo mismo, cómo seguir manteniéndose positivo a pesar de la adversidad." (que quizá no lo he logrado de manera completa, pero un servidor lo ha hecho de la manera en que lo ha interpretado).
Quizá
ahora estaba solo. Quizá ahora ya no tenía nada. Quizá ahora le miraban con
desprecio. Quizá ahora había perdido contacto con todo aquel que llegó a
considerar una amistad. Quizá sus hijos no quisieran saber más de él mientras
le culpaban de la muerte de su madre, su difunta esposa, que murió en un
accidente donde ni él mismo conducía el vehículo. Quizá le echaban las culpas
de absolutamente todas las cosas y las pocas palabras que le llegaban,
normalmente en forma de carta, no eran las mejores del mundo. ¿Pero qué más
daba? ¿Qué importaba ya? ¿Realmente tenía alguna importancia todo eso? ¿De
verdad?
Hizo una
mueca, torciendo los labios. ¿Pretendían hundirle con todo eso? Bien, ya ocurrió
en su día. Ya se sintió culpable de todo. Ya se sintió lo peor del mundo. Ya
sintió que quizá lo mejor sería que él fuese quien estuviera muerto en lugar de
su mujer, que quizá muerto muchas cosas se solucionarían. Ya sintió que quizá
debería intentar recobrar todo lo que había perdido a cualquier precio, incluso
humillándose, con tal de que así pudiera rehacer parte de su vida perdida. Ya
sintió todo eso y más. ¿Pero qué más daba? ¿Qué importaba ya? ¿Realmente tenía
alguna importancia todo eso? ¿De verdad?
Cogió
aire y suspiró. A veces hay imprevistos. A veces no siempre todo ocurre según
los planes. A veces lo que creemos correcto realmente no es lo correcto y
debemos aprender a mirar más allá. A veces debemos expiarnos por todos nuestros
actos y ser conscientes de ello para aprender la lección. A veces hay que
aprender que lo primero es sentirse bien con uno mismo y luego ya vendrá lo que
opinen los demás. A veces hay que asentir y resignarse a escuchar lo que ya se
han escuchado mil veces antes, aunque todas esas palabras sean meras mentiras y
habladurías que quieren creerse unos individuos inconscientes de lo que
realmente dicen. A veces, simplemente, hay que encogerse de hombros. Pues no
siempre llueve a gusto de todos.
Río levemente
y sonrío. Sí, a veces hay que ignorar lo que nos rodea, pues no siempre lo que
se cree como cierto es la verdad. Y lo importante es saber que tú sí posees esa
verdad. Sobre todo si es referente a uno mismo. Ignorando lo ajeno, haciendo
caso únicamente a lo propio. Y zarandear con la cabeza, en forma de negación,
para luego echar una risotada antes de dar el último trago a esa botella de
licor desde debajo de aquel sucio puente en el que todos, tarde o temprano, nos
encontramos alguna vez antes de levantarnos y emprender un nuevo camino.
¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Parece cumplir mínimamente los requisitos de la petición? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, compartir y opinar aquí abajo sin ningún tipo de problemas y espero que os haya gustado.
¡Un saludo y hasta la próxima!
martes, 10 de diciembre de 2013
No, no la había.
¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os trago otro relato con una banda sonora incluida (pues hacía tiempo que no ponía ninguna entrada así) a pesar de que quizá se termine de leer el relato antes de que acabe la música. Aun así, espero que disfrutéis de la lectura.
“Miraste
sus rostros, observaste sus ojos y viste la desgracia que sus miradas transmitían.
Entonces, ¿por qué lo hiciste?”, se repetía una y otra vez las palabras que le
dijeron en su día. Cada noche, cada día, en cada momento, despierto o dormido.
Siempre, siempre se repetían esas palabras. Persiguiéndole hasta los confines
más recónditos de su cabeza. Por mucho que intentara esconderlas. Y siempre
contestaba de la misma manera, intentando justificarse alegando “no había
alternativa”.
Él no
quería hacerlo. Él no quiso tener que llegar a ese punto. Pero a veces no somos
dueños de nuestros actos, sino simples marionetas del azar y del destino que
nos utilizan a su gusto, como meros juguetes, para que cumplamos ciertos
objetivos que nos son desconocidos.
¿Por qué
lo hizo? Él también se lo preguntaba. Una y otra vez. Era por ello que la
cuestión nunca abandonaba su mente. Pues la consciencia le torturaba,
haciéndole padecer una muerte en vida que ni él mismo hubiera imaginado. ¿No
era entonces eso suficiente castigo por sus actos? ¿No lo estaba pagando ya?
¿Por qué tenían que atormentarle más?
Y lo que
en un día fueron miradas de orgullo, ahora lo eran de desprecio. Lo que en un
día fueron halagos, ahora eran insultos y silencios. Lo que en un día fue,
ahora se había convertido en unas cenizas que nadie querría ser.
Pues siempre
hay una alternativa, le llegaron a decir. “Claro, siempre hay una alternativa a
todo para quienes no se ven involucrados”, quería contestar. Pero su voz había
pasado a formar parte del olvido. Y todo lo que dijera pasaría a ser erróneo.
Entonces,
¿cómo hablar sin palabras? ¿Cómo decir nada sin voz ni voto? Simplemente le era
imposible.
Por lo
que tenía que callar, guardando silencio mientras en su cabeza le atormentaba la
misma pregunta y otra vez: ¿por qué lo hizo? ¿De verdad no había alternativa?
Y él se
contestaba sin dudar: no, no la había.
¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y ya sabéis que podéis comentar, compartir, opinar y valorar aquí abajo, incluso proponer alguna cosa sin ningún tipo de problema.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
arrepentimiento,
azar,
consciencia,
decisión,
destino,
marioneta,
pasado,
pregunta,
rabia,
remordimiento,
tormento,
Universal Trailer Series - Saturn Rising
viernes, 6 de diciembre de 2013
Un cuento
¡Buenas tardes, queridos lectores! ¿Qué os pareció el anterior relato? ¿Os gustó? Espero que así fuese. Hoy os traigo un relato que me pidieron (la petición es tal cual el primer diálogo, el relato es lo que le procede después, a partir de dónde se especifica quién hace la petición de tal narración). Así que deseo que disfrutéis con la lectura.
—He oído que contáis cuentos… ¿Tendríais algún buen cuento para este cansado viajero? Una línea de cuentos o un cuento de una línea… –dijo un anciano, acercándoseme.
—¿Que cuento cuentos, escuchasteis? –pregunté–. ¿O que los cuentos me usaban para ser contados? Fuese lo que fuese, cierto es que las narraciones salen de mi ser.
¿Pero qué clase de cuento le sorprendería? ¿Uno fantástico? ¿Uno triste? ¿Uno horripilante? ¿Uno de amores posibles e imposibles? Hay tantas variedades, tanta infinidad de ellos, todos con miles de historias que contar y cobrar vida una vez más a través de meras palabras...
¿Qué tal, entonces, un cuento sobre un cuento? Un cuento donde explique cómo en antaño las fábulas y leyendas no debían ser contadas, pues eran vistas con los propios ojos y percibidas con el resto de sentidos, haciendo que cada persona fuese parte de ese mito en que, generaciones más tarde, sería transmitido de boca a oído y de oído a boca, hasta ser plasmado en el papel con la tinta, tan rojiza como el fuego o tan negra como la noche o, incluso, con sustancias ocultas que sólo podrían ver quienes descubrieran los secretos de estas propias historias, escribiendo el verdadero cuento entre líneas.
¿Qué tal pues, un cuento sobre un cuento? Un cuento donde las criaturas jamás imaginadas eran reales más allá de donde alcanzaba la mirada, donde las aventuras (como las desventuras) aguardaban en cualquier rincón, a la espera de ser iniciadas y llevadas a cabo tanto por intrépidos aventureros como por jóvenes con ansias de ver mundo. Con esa necesidad de llenar sus vidas con andanzas y hazañas, aunque también con desdichas y adversidades que, finalmente, resultarían ser más valiosas que las primeras, puesto que les enseñarían que no hay verdadera recompensa sin un esfuerzo, que no hay mal que por bien no venga, que no hay amor sin desamor...
¿Qué tal un cuento sobre un cuento? Un cuento todavía sin escribir. Un cuento todavía sin pensar. Un cuento donde las posibilidades son infinitas. Un cuento donde el azar y la fortuna son sus únicos guías. Un cuento ya contado, pero que variará según a quien se lo cuentes.
Pues este es el cuento, que cada uno es libre de recrear según su mente sueñe.
¿Pero qué clase de cuento le sorprendería? ¿Uno fantástico? ¿Uno triste? ¿Uno horripilante? ¿Uno de amores posibles e imposibles? Hay tantas variedades, tanta infinidad de ellos, todos con miles de historias que contar y cobrar vida una vez más a través de meras palabras...
¿Qué tal, entonces, un cuento sobre un cuento? Un cuento donde explique cómo en antaño las fábulas y leyendas no debían ser contadas, pues eran vistas con los propios ojos y percibidas con el resto de sentidos, haciendo que cada persona fuese parte de ese mito en que, generaciones más tarde, sería transmitido de boca a oído y de oído a boca, hasta ser plasmado en el papel con la tinta, tan rojiza como el fuego o tan negra como la noche o, incluso, con sustancias ocultas que sólo podrían ver quienes descubrieran los secretos de estas propias historias, escribiendo el verdadero cuento entre líneas.
¿Qué tal pues, un cuento sobre un cuento? Un cuento donde las criaturas jamás imaginadas eran reales más allá de donde alcanzaba la mirada, donde las aventuras (como las desventuras) aguardaban en cualquier rincón, a la espera de ser iniciadas y llevadas a cabo tanto por intrépidos aventureros como por jóvenes con ansias de ver mundo. Con esa necesidad de llenar sus vidas con andanzas y hazañas, aunque también con desdichas y adversidades que, finalmente, resultarían ser más valiosas que las primeras, puesto que les enseñarían que no hay verdadera recompensa sin un esfuerzo, que no hay mal que por bien no venga, que no hay amor sin desamor...
¿Qué tal un cuento sobre un cuento? Un cuento todavía sin escribir. Un cuento todavía sin pensar. Un cuento donde las posibilidades son infinitas. Un cuento donde el azar y la fortuna son sus únicos guías. Un cuento ya contado, pero que variará según a quien se lo cuentes.
Pues este es el cuento, que cada uno es libre de recrear según su mente sueñe.
Bueno, ¿ha sido de vuestro agrado el cuento? Espero que sí. Ya sabéis que podéis comentar, compartir, opinar, valorar y demás aquí abajo sin ningún tipo de problemas y toda aportación suele ser bienvenida.
¡Un saludo y hasta la próxima!
sábado, 9 de marzo de 2013
Un bar cualquiera - Recordando (II)
¡Buenos días queridos lectores! Es sábado, sigo enfermo, pero creo que ya me he acostumbrado a esto. Ni idea. Pero bueno, no dejemos que esta maldita fiebre me impida publicar relatos y capítulos en el blog. Por lo que, como toca, hoy os cuelgo de buena mañana la continuación del capítulo anterior (os dejo el link por si no lo habéis leído todavía). Además, seguramente use un poquito más Wattpad (que lo tengo algo abandonado, francamente) y cuelgue ahí también la serie semanal (pero claro, solo sería algún que otro fragmento, porque lo que me interesa es el blog, no Wattpad. Sí, pondría el típico "para leer más, dale al siguiente link" o algo por el estilo. Ya veré).
Pero bueno, como he dicho, os dejo con el capítulo que toca y, por último, espero que disfrutéis de la lectura.
La imagen volvió a desaparecer poco a poco, haciéndose
pedazos hasta quedarme de nuevo en ese habitáculo blanquecino. Mis mejillas
estaban húmedas y sentía un extraño dolor en el pecho. Harry me llamó y ladeé
levemente mi cabeza.
-Matt, algunos recuerdos pueden ser dolorosos… Pero no te
dejes llevar por las emociones o la cosa se podría poner fea.
-Acabo de ver como ha muerto mi madre –le reproché,
todavía sin girarme-. Y como yo tuve en parte la culpa.
-Eras un niño, no podías hacer nada…
-¡Aún así! ¿¡Por qué a mí no me ocurrió nada!?
-Eso es lo que vamos a investigar, Matt. Pero para ello
debes calmarte.
Respiré hondo y le indiqué que ya me había calmado. Él
asintió con la cabeza y volvimos a mi escuela. Por lo visto creía que ahí debía
haber algo que se me escapaba de mi entendimiento.
Harry, con el recuerdo detenido, empezó a observar
detenidamente toda la clase. Como si buscara alguna pista, alguna señal. Por mi
parte, yo seguía observando a mi yo pasado y, un destello en su mirada, hizo
que me entrara la curiosidad, por lo que me acerqué y puse mi mano sobre su
mejilla.
-¡Matt, no!
La voz de Harry provino del fondo, pero cuando me giré
para observarle el lugar se había vuelto a despedazar y estaba en mi cuerpo de
niño otra vez. Solamente que esta vez estaba delante de mi nuevo hogar, en
mitad de la mudanza con mi padre.
Esta vez no escuché la voz de Harry en mi cabeza, pero
supuse que debía dejar que el recuerdo fluyese con normalidad, como en el
accidente. Pero algo extraño sucedía. Yo estaba quieto en la calle, observando
a mi padre como cargaba y descargaba las cosas del camión en silencio junto a
dos trabajadores de mudanzas, pero todo iba rápido. Muy rápido. Y mi cuerpecito
seguía ahí quieto, observando.
Hasta que una mano tocó mi hombro y me giré. Era mi padre
que me indicaba que la cena ya estaba servida y que entrara ya, debido a que
empezaba a refrescar.
Por lo visto, en unos segundos, había pasado de la mañana
a la noche y, al entrar, el piso ya estaba casi completamente amueblado.
Fui a la nueva cocina y me comí la cena precocinada
lentamente, mientras mi padre volvía a moverse rápidamente. Pero no sólo él,
sino todo alrededor: la noche se iba volviendo más oscura, las noticias del
televisor eran apenas entendibles debido a la velocidad en la que hablaban…
Pero parecía que a mi yo pasado eso no le importaba. Ni siquiera lo notaba.
Miraba todo el rato al frente mientras iba comiendo lentamente de su bandeja.
Y así hasta irse a la cama, que se tumbó boca abajo,
mirando al despertador y, lo que uno consideraría los cinco minutos para
dormirse, según el reloj fueron casi un par de horas.
Cuando abrí los ojos, al despertarme, volvía a estar en
la clase. Me giré, hacia la pizarra, pero Harry ya no estaba. Volví a mirar a
mi yo pasado y atrás, pero tampoco estaba ahí.
-¿Matt? –Preguntó una voz a mis espaldas.
-¿Si? –Me giré y pude observar a Harry, solo que tenía
algo cambiado y no sabía identificar el que-. ¿Dónde te habías metido?
-Te fui a buscar –su voz era algo más grave, apenas
perceptible-, pero no te encontré.
-Entiendo… Pero ¿qué es lo que acaba de suceder?
-¡Ah, nada del otro mundo! Solamente te has metido en
otro de tus recuerdos dentro de este recuerdo sin que yo me hubiera podido
anexar.
-Ajá…
-Pero creo que he descubierto como arreglar las cosas
–dijo, sonriente-, Matt. Y creo que esto te alegrará.
-Enséñamelo, pues.
-Claro. Coge mi mano.
Extendió su brazo y yo le cogí de la mano. Acto seguido
volvimos juntos al recuerdo del accidente, pero no volviéndolo a vivir todo de
nuevo. Solamente momentos antes de la explosión y, cuando esta tuvo lugar,
Harry que parecía estar sentado atrás como podía, me indicó que abrazara a mi
madre.
Y así hice, dejando de obedecer la norma que me impuso en
un inicio de dejar que las cosas fluyeran, controlé mi cuerpo infantil y abracé
a mi madre, quien también me abrazó a mí.
Cuando la cosa pareció calmarse, abrí los ojos y miré de
reojo atrás. Harry ya no parecía estar. Luego miré arriba, observando a mi
madre que ya había dejado de abrazarme tan fuerte, y vi como la comisura de sus
labios formaban una pequeña sonrisa.
Espero que os haya gustado. Creo que pocos os esperaríais esto (ni idea, si os lo esperabais... os aplaudiría, francamente), pero aún así ¿qué os ha parecido? Espero que os guste, además de seguiros dejándoos con la intriga de "¿qué pasará ahora?" para que sigáis leyendo esta pequeña serie. Así que, como siempre, podéis ir diciendo lo que os parece y demás comentando, valorando, opinando, etcétera, etcétera. Y hago un pequeño aviso de que, dentro de pocos capítulos (ya veréis porque), seguramente se modifique un poco el estilo de narración y el narrador, pero no os digo más.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
accidente,
continuación,
decisión,
ficción,
madre,
Matt Storm,
miedo,
modificación,
narración,
padre,
pasado,
recuerdo,
un bar cualquiera
domingo, 24 de febrero de 2013
Un bar cualquiera - Recordando
¡Buenos días queridos lectores! Como indiqué por Twitter, hoy os subo el siguiente capítulo de Un bar cualquiera, a pesar del poco tiempo que dispongo este fin de semana (aunque seguramente no lograré hacer todo lo que tenía propuesto...), pero bueno, uno hace lo que puede. Además, con esta entrada voy a probar lo de añadir Sangría a todas las entradas sin tenerlo ya que hacer yo manualmente (así que quizá, los párrafos más antiguos que este, los relatos seguramente tendrán una sangría más larga, cosa que me dedicaré a reducir un día que disponga de tiempo).
Bien, no nos desviemos y os haré una pequeña y breve introducción al capítulo: esta vez e intentado que sea más largo que los últimos, es por ello que seguramente vaya a constar con dos partes (para no hacer entradas demasiado extensas), aunque eso no quita que vaya subiendo los capítulos cada dos semanas como dije en su día. Lo siento, pero no adelantaré las cosas, que luego todo son prisas (aunque ya me gustaría a mi poder hacer la serie semanal de verdad...). Pero bueno, os dejo ya con el capítulo y espero que os guste.
Me levanté del suelo rascándome la nuca, dolorida, y miré
a mí alrededor. Todo parecía haberse detenido. En un solo parpadeo toda la
estancia quedó en blanco y negro y recordé como James me miraba mientras un
enorme cansancio se apoderaba de mi cuerpo, haciéndome perder las fuerzas y
desfallecer cayendo al suelo mientras Jack acababa de sacar el extraño aparato
de la caja.
Pero yo seguía en esa estancia, me había levantado y Jack
estaba aún con las manos dentro de la caja metálica y James todavía me
observaba.
-Estás en un recuerdo –dijo una conocida voz a mis
espaldas.
Me giré inmediatamente y observé, de nuevo, a Harry. A
pesar del poco contacto que había mantenido con él y, que quizá fuera el
miembro más desconocido y misterioso para mí, hasta el momento era el único que
me había caído realmente bien.
-Ahora mismo tu cuerpo físico, tu verdadero cuerpo, se
encuentra en otra habitación. Acompáñame, así lo verás.
No dudé y le seguí, entrando por una puerta tras de él.
Pero nada más pasarla volvió a pasar lo de la otra vez: veía desde los ojos de
Harry, no los míos. Pues mi cuerpo se encontraba en una silla metálica, atado
por los tobillos y las muñecas, además de la frente a esa silla. Pero tenía los
ojos cerrados, como si durmiese.
James estaba a mi lado, a punto de ponerme un extraño
casco mientras Jack parecía activar la máquina que había encima de la mesa de
delante de mi cuerpo. La escena todavía seguía inmóvil, en blanco y negro.
-¿Todavía seguimos en un recuerdo? –mi voz resonó en mi
cabeza, pues no fue pronunciada por mis labios.
-Sí. Pero esta vez en uno mío, es por ello que lo ves
desde mis ojos. En esta ocasión no hay ningún truquillo de James por en medio como
la otra vez.
En el fondo tenía su lógica, pues no podría recordar nada
de esto si realmente estaba dormido. Aún así seguía sin saber del todo que
ocurría. Harry pareció escucharme los pensamientos, pues de pronto la escena
fue desapareciendo hasta volver a estar ambos en un solo sitio. Solo que esta
vez era un lugar completamente blanco.
-¿Entonces, tú estás en la sala conmigo?
-Ajá, incluso también llevo en la cabeza el mismo aparato
que viste que te estaban poniendo. A mí me dejaron consciente para poder
mostrártelo como acabo de hacer –su voz seguía igual de amable que siempre, eso
era otra cosa que me gustaba de él-. Además que como yo ya conozco “mi don” no
corro riesgo alguno con esta máquina –sonrió-. Es por ello que debo encargarme
también de que tú no lo corras.
-Entiendo… Pero, ¿qué es este lugar exactamente?
-Un almacén, podría decirse.
-¿Un almacén? ¿De qué? ¿Para qué…?
-De tus vivencias, por decirlo de alguna manera.
Harry pasó su pulgar derecho por el monóculo, como
limpiándolo, y luego lo giró lentamente hacia la izquierda. Una tanda de
imágenes empezaron a invadir el lugar, pero no imágenes delante de nosotros
sino como si rebobinaran una cinta de vídeo y nosotros nos quedáramos quietos
en el mismo lugar. Hasta que al final se detuvo en una escena. La que recordé
cuando James hurgó en mi cabeza. Solo que esta vez, en lugar de estar en mi
cuerpo de trece años, me veía a mí mismo. Veía a mí yo pasado detenido en el
tiempo a escasos metros de distancia.
-¿Qué recordabas en estos momentos, Matt? –Me preguntó
mirándome de reojo un instante, luego pareció volver a analizar a mí yo
infantil.
-Recordé… –me rasqué la barbilla, haciendo memoria-
Recordé el accidente, la mudanza y… todo lo relacionado con el porqué repetí
curso. ¿Acaso es importante?
-Puede que sí, puede que no –dio suaves golpecitos en su
monóculo, como si estuviera concentrado-. Vayamos al recuerdo inicial.
Harry me indicó mirar a mis propios ojos y estos
parecieron agrandarse hasta adentrarnos en la negra pupila. Adentrándonos en el
recuerdo.
Esta vez sí que volví a mi cuerpo infantil, concretamente
de siete años. Y todavía más concretamente en el asiento de copiloto en el
coche de mi madre.
Sé perfectamente que a esta edad debería estar sentado
atrás, pero llevábamos los paquetes de unos nuevos muebles que habíamos
comprado, por lo que no tenía espacio y me senté delante.
“No fuerces nada,
deja que las cosas sucedan” las palabras de Harry resonaron en mi cabeza,
pues no se encontraba por ninguna parte. Así que le hice caso y el recuerdo
avanzó.
Miraba por la ventana, tanto la de la puerta como por el
vidrio de la luna, aprovechando que era la primera vez que montaba enfrente y
tenía una mejor visión que desde lo que veía siempre desde atrás.
Cada dos por tres llamaba la atención de mi madre,
indicándole las formas que cobraban las nubes en el azulado cielo y ella reía
diciéndome que las veía y señalándome de vez en cuando alguna que ella veía.
-Veo, veo –dije.
-¿Qué ves?
-Una cosita.
-¿De qué color es?
-De color… De color… ¡Naranja!
-¿Naranja…? ¿Tu suéter? –preguntó mirándome.
-No, no. Frío, frío.
-Uhm… -empezó a mirar por todos lados, mientras yo veía
que nos acercábamos a lo que había visto-. ¿Quizá tu maquinita?
Negué y ella siguió buscando, aunque no tardé en avisarla
de que nos estábamos acercando.
Ella se extrañó y miró al frente de nuevo, pues se había
despistado de la conducción, y frenó de golpe, pues por poco nos chocamos con
la cisterna roja de un camión.
-¡Que susto! ¡Podías haber avisado antes a mamá!
-Lo siento… Pensé que si no te decía nada verías antes lo
naranja...
-¿Lo naranja? El camión es rojo, cielo.
-Yo no digo el camión, mami.
-¿Entonces? –volvió a preguntar mientras observaba de
reojo hacía donde mi pequeña manita indicaba.
No tuvo tiempo a reaccionar, pues su cara lo expreso
todo. Nada más girar el rostro para ver lo que señalaba el camión explotó a
causa del fuego producido en el motor.
Yo la miré a ella, quien se giró rápidamente hacia mí y
me indicaba que me agachase. Todo sucedía muy lento y, cuando un trozo de metal
rompió el cristal y me cortó en la mejilla cerré los ojos con fuerza.
Desapareciendo de mi vista toda la escena.
Cuando ya no escuché nada abrí los ojos, poco a poco. Con
miedo. Y miré a mi madre.
-¿Mamá? –pregunté-. ¿Mamá…?
Cogí su mano, aferrada al volante, y la puse entre mis
manitas. Al instante vi como una pieza metálica atravesaba su abdomen, pero
seguía sin entender porqué no reaccionaba cuando la llamaba. Seguía sin
entender porqué estaba quieta, mirando al frente. No supe que era la muerte
hasta ese instante.
Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que el final es algo... "chocante" por así decirlo, aunque es mejor que opinéis vosotros sobre esto, cosa que podéis hacer comentando, opinando, valorando... etcétera, etcétera. Pero bueno, nos vemos en la próxima entrada. Ya sabéis que por cualquier cosa, podéis contactar conmigo sin problemas.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
accidente,
ficción,
Harry Dietrich,
Jack,
James,
Matt Storm,
memoria,
narración,
pasado,
pérdida,
recuerdo,
sensaciones,
serie,
un bar cualquiera
viernes, 11 de enero de 2013
Guerra
¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.
Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.
¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
asedio,
conquista,
desgracia,
exterminio,
ficción,
guerra,
impotencia,
incomprensión,
inocencia,
inocentes,
lucha,
masacre,
memoria,
narración,
pasado,
recuerdo,
relato,
viaje,
violencia
domingo, 23 de diciembre de 2012
Elegido
¡Buenas tardes queridos lectores! ¿Todo bien por ahí? Espero que si. Pero bueno, hoy os traigo lo prometido: una sorpresita prenavideña. Y aquí os la traigo, pues se trata de un relato original que escribí con 9 años (dispensad algunas faltas ortográficas por favor) y para que veáis que es original os colgaré la foto del escrito para que podáis leerlo vosotros mismos.
Aunque bueno, pensé en que esto no bastaría, por lo que os colgaré una renovación de este relato además de especificar ciertas cositas para que no quede tan confuso en algunos aspectos (lo dicho, en mi cabecita está bien claro, pero lo importante es que el lector lo entienda, pero en esa edad como yo lo entendía, para mí era suficiente). Aquí os dejo la nueva versión:
En un mundo de dragones y
demás criaturas mágicas, donde el hombre apenas tenía poder, ni siquiera en sus
propios reinos, nació un niño, un niño humano que más tarde sería capaz de
guiar a sus iguales para tomar las riendas de su civilización y alcanzar su
meta. Dicho joven sería conocido como el Elegido, pues su verdadero nombre se
desconocería debido a que no tendría importancia alguna ya que su importancia
recaería en sus actos.
Aún así, el Elegido
toparía un día con un rival digno. Tan digno y honrado sería, que este no
caería bajo su espada ni la de sus fieles, pues lograría vencerlo. Pero a costa
de algo preciado tanto para él como para su estirpe: su vida. Es por ello, que
en el momento de la verdad, la criatura capaz de derrotarlo deberá observar el
valor de su corazón y plantearse si este realmente se encontraba preparado para
el enfrentamiento pues, si no lo estaba, por mucho que lo intentase, perecería.
Y, es por ello, que muchos ineptos, creyentes de ser la criatura que acabaría
con la tiranía del hombre, morirían en vano.
-¿Qué ocurre, mago?
–Preguntó un consejero de la asamblea Dragonante.
-Se me ha aparecido una
visión.
-¿Una visión? –Preguntó
extrañado el anciano dragonante, que vestía con unas túnicas marrones algo
desgastadas.- ¿Cómo era la visión?
-Mataban a todos. Sin excepción.
Ellos se alzarán de sus mugrientas moradas y adoraran a un único ser, que será
capaz de aniquilar a toda criatura que encuentre a su paso.
-¿Quiénes son ellos,
mago?
-Los humanos. Un hombre
nacerá y, cuando crezca, ya nada importará, pues a todos nos matará. Pero, aún
así…
-¿Aún así qué?
El aún más viejo
dragonante, el cual poseía dotes mágicas y capacidades que otros dragonantes no
poseían, tosió y luego carraspeó, para acabar con su visión.
-Hay un dragón… O más
bien criatura… En este mundo que podrá detener su avance de conquista a costa
de nuestras muertes, pues no será el Elegido que se lo encontrará a su paso,
sino él que se encontrará al joven al suyo y por ello logrará vencerlo. Pero,
desgraciadamente, dicha criatura no está entre nosotros. Aunque, a pesar de
ello, muchos necios creerán poder, yendo al paso del hombre para cruzarse con
ellos, pero es por ello que no lo derrotarán, pues lo habrán buscado.
Tras hablar sin apenas
coger aire para respirar, el brujo cayó al empedrado suelo por faltas de
fuerzas mientras el consejero corría a la asamblea Dragonante, apresuradamente
por traer las nuevas.
Bueno, espero que les haya gustado este pequeña sorpresa que tenía reservada para vosotros como mi regalo anticipado de Navidad. Y añado que para mi, un dragonante, vendría a ser como una mezcla entre humano y dragón, es decir, como un humanoide réptil pero más parecido a los dragones que al resto de reptiles, además de que su parte humana solamente sería en el hecho de llevar vestimentas, tener sociedades y caminar a dos patas para usar las delanteras como manos. Pero aún así, si lo habéis imaginado diferente, dejadlo tal cual: sea libre la imaginación y el poder imaginar.
Aún así, os añado un pequeño dibujo que hice detrás del folio en su momento. No lo recuerdo muy bien, pero creo que simboliza al Elegido guiando a los hombres por la conquista y arrasando con todas las criaturas que encuentran a su paso, en este caso, algo parecido a los dragones/monstruos que dibujaba en esa edad:
![]() |
| Nótese que la armadura del Elegido está escamada, como si fuera de escamas de dragón, además de la corona, que puede ser perfectamente hecha con colmillos de diversas bestias. |
Y bueno, aprovecho para decir que ya puse el gadget en la columna lateral derecha. Espero que os haya gustado mi pequeño regalito casero y lleno de recuerdos, así que nos vemos.
¡Un saludo y hasta la próxima!
lunes, 17 de diciembre de 2012
Tiempo
¡Buenos días estimados lectores! Hoy os traigo un relato que presenté por los concursos entre usuarios de Bubok, solo que un pelín cambiado y creo que corregido. Aunque antes os he de informar que para el lunes o el martes seguramente tenga una pequeña sorpresa para vosotros y espero que os guste.
Pero bueno, avisando previamente, hay que estar atento a la lectura para poder seguir el hilo sin perderse (cosa que ha sucedido con algunas personas), pues no es un texto sencillo. Pues el tema principal es la manipulación del tema y, por ello, no es fácil de leer. Pero si lo lográis comprender entero y haceros el esquema y la imagen del orden y la línea cronológica del relato, me sentiré orgulloso. Además de que vosotros podréis disfrutar mucho más de la lectura. Y, como en algunos relatos utilizo la cursiva pero todos los publico en cursiva, lo que haré será poner negrita donde iría la cursiva, porqué muchas veces dicha palabra en cursiva suele ser importante.
Aunque no me iré más por las ramas y os dejaré ya el relato. Espero que os guste y recordad prestar atención.
Sabía perfectamente que vendría a por mí desde el primer momento en que lo hice. Derrotar a sus versiones pasadas no me aseguraba la victoria. Solamente me daba más tiempo.
¿Te preguntas quién soy yo? Raro que a estas alturas no lo sepas. Vendrás de un futuro después de mi muerte o, quién sabe, quizá de un pasado en el que aún no he existido. Pero te responderé, curioso inquilino. Yo soy el amo y señor de lo que ahora estás viendo, has visto y verás. Incluso de lo que nunca llegarás a ver. Pues, querido inquilino, yo soy el Hegemón de todo lo que concierne a este Universo.
Siéntate, no tengas miedo. No muerdo… demasiado. Te contaré como logré llegar hasta esta posición. Te contaré como, yo solo, logré engañar a esos bobos guardianes y les arrebaté el control. Te lo contaré, sin ningún compromiso por ello. ¡Eh! No, no te inquietes. No te mataré por saberlo, me gusta que se conozca mi historia. Al menos… antes de que desaparezca.
Desde que nací supe perfectamente que tenía una función especial dentro de este mundo que habitábamos, pues ahora es inhabitable debido a la contaminación prologada a lo largo de los años. ¿Cómo lo supe? Mi mente privilegiada estaba atrapada en el cuerpo de un infante. Pero tenía paciencia, mucha, y el tiempo estaba a mi favor.
Cuando pude manipular bien los objetos con mis pequeñas manos, simplemente me encargué de que mis padres no fueran un estorbo para mis propósitos. No, no los liquidé. ¿Qué clase de loco eliminaría a sus progenitores? Solamente los neutralicé.
Manipulando el reloj central de la relojería que tenía mi padre, logré detener el tiempo completamente en todo el globo. Pero dicha tarea fue difícil, así que no lo logré hasta que mi cuerpo físico adquirió los diez años. Aunque una vez hecho fue coser y cantar.
Mi mente privilegiada, que recordaba mis vidas, todas sus experiencias, todos sus conocimientos, me proporcionó la información para llamarlos y, mientras no venían, no los esperé sin más. Fui construyendo mis propias máquinas, a pesar que el material de este planeta fuera pobre y no diera para mucho en ese momento me fue de mucha utilidad.
El planeta ya llevaba parado en el tiempo cinco años. Yo había crecido, mi tiempo físico no se había detenido, pero el resto del mundo seguía igual de joven que el primer día. Para que, pasado un año más, por fin viniesen. Por lo visto se habían hecho de rogar.
Cuando se presentaron les dejé las pistas suficientes para que me encontraran; habían carteles de mi rostro por todas partes, por lo que solo debían seguir el orden cronológico de su colocación para dar con mi posición. Se supone que es una tarea de niños para ellos y no me defraudaron. Pero esperaba que fueran más perspicaces…
No tardaron en llegar al almacén donde estaba metido, sentado en un sillón de cuero, esperándoles. Cosa de la que me enteré a través del chivatazo de un viejo conocido.
Al llegar se encontraron todo a oscuras, pero avanzaron sin miedo. Estúpidos. Para cuando se encontraban en el centro del almacén encendí la luz. Eso los cegó y probaron a detener el tiempo, pero allí ya estaba detenido. Yo lo había detenido. Por eso en ese tiempo solamente mandaba yo.
Esbocé una sonrisa. Ellos se sorprendieron de que su plan no funcionara. Luego me vieron y, sus caras, se convirtieron en una mueca de puro terror.
Pulsé el botón, reactivando el tiempo y, las máquinas que les rodeaban y que previamente había programado para disparar a un objetivo, hicieron su sencilla labor. Masacraron a esos dos ingenuos. Aún así detuve el tiempo antes de que les hicieran papilla y caminé hacía sus dos futuros fiambres.
Les arranqué de sus gélidas manos los relojes que poseían y les miré directamente a los ojos. Que desgracia el hecho de ser un Guardián del Tiempo. Te pueden congelar físicamente pero para tu alma seguirán corriendo los años, viendo lo que tus ojos te permitan ver. Y, los suyos, vieron como un niño de dieciséis años sacaba una pistola, les apuntaba, y les reventaba la cabeza en pedazos. Sin ni siquiera mancharse, debido a que la sangre estaba tan congelada en el tiempo como ellos.
¿Algo duro quizás? No. Eso fue solamente el inicio.
Ya disponía de sus aparatos para, no solo controlar el tiempo, sino también viajar a través de él. Además contaba con una ventaja, conocía a mi enemigo y, él, no me conocía a mí. Todavía.
¿Qué hice después, preguntas? Veo que te ha entrado curiosidad. Proseguiré.
Fue sencillo, fui viajando por los distintos tiempos, dejando la Tierra congelada, eliminando los Guardianes del Tiempo en sus tiempos pasados. Antes de ser seleccionados como tales. En algunos casos, antes siquiera de ser planificados para ser procreados. Sí. Maté a infantes, a padres y madres. Sí, también a mujeres embarazadas. Y a familias enteras.
¿Qué? ¿Si me arrepiento? No seas bobo, inquilino. Todo sea por la hegemonía del Universo. Bajo mi mandato.
Llegué, en una ocasión, incluso a provocar un genocidio. Destruyendo el planeta natal de esos guardianes. Pero a esos no podía matarlos en el pasado, sino mi plan nunca hubiera funcionado en el presente. Eso lo hice en el futuro, claro está.
Pero nunca llegaría a saber en qué tiempos y espacios estaba infiltrado un Guardián del Tiempo. Por eso mi yo del futuro se encargó precisamente de buscarlos y me mandó una lista a mi yo del pasado para que ahora, en la actualidad, ya estuvieran todos liquidados.
Sé perfectamente que el tiempo tiene sus reglas. Sus normas. Y que no deben ser quebrantadas inquilino. ¿Pero acaso tú has seguido siempre todas las leyes al pie de la letra? Además, contando que era por una buena causa: Hegemonizar el Universo. No me mires así, ambos sabemos que tengo razón. Pero déjame continuar.
Sí, llegó el momento en que no quedaba ningún guardián con vida. Todos estaban muertos y mis manos futuras, pasadas, presentes manchadas de sangre temporal. Pero no me importaba, ahora ya podía aprovechar la hegemonía lograda bajo mi único mandato y poder temporal. Yo era, y sigo siendo, el dueño del Tiempo. Y nadie más ha conseguido arrebatármelo. Ni siquiera esas escuadrillas idiotas.
¿Cuáles, preguntas? Te responderé con gusto.
El Tiempo no es tonto del todo, así que al ver que se le había manipulado al antojo de alguien, creó el Don. Sí, el Don. Una capacidad que aparecía en unas pocas personas que les permitían viajar al pasado, pero sin poder regresar al futuro. Cosa que les hacía correr un gran riesgo, pues debían vigilar todos sus actos. Se hacían llamar los Restauradores del Tiempo. Y a mí me llamaban el “Aniquila Tiempos”. Y bueno, tuvieron parte de razón… Aniquilé su tiempo.
Sólo tuve que capturar a uno, que lo hice con mis propias manos al venirme a la mente un recuerdo de mi yo pasado donde uno de ellos lo intentaba matar y, mis progenitores, lograban salvarme. Querían aprovechar que aún era un infante, pero no podían matarlos a ellos, podrían cambiar y alterar el Tiempo, convirtiéndose en "seres como yo". Cosa que se suponía que odiaban y tenían prohibido.
Pues bien, una vez el recuerdo afloró en mi cabeza, viajé a ese tiempo y lo capturé. Luego conseguí que cantara y, los recuerdos que tuve al ver como lo decía todo, hicieron que desapareciera al rato. ¿Cómo? Sencillo. Mi yo futuro recibió los datos y, sencillamente, se encargó de que nunca nacieran. Si, cree otra paradoja en el Tiempo. ¿Pero qué más daría? Era el señor y amo de éste. Estaba incluso por encima de él.
Pero supe que algún día acabarían mis días cuando recibí la nota de mi yo futuro. Una nota sencilla y clara. El Fin del Tiempo.
Por lo visto, mi enemigo, al que utilicé para obtener la hegemonía del Universo y mi cargo como su Hegemón, decidió sacrificarse para derrotarme. Acabando, no solo con él y conmigo, sino con todo. Y, debido a esto, no sólo se convirtió en mí al querer eliminarme en el futuro con una medida tan drástica que incluso yo hubiera tomado, si hubiera sido necesario, eliminando en el pasado a los Guardianes del Tiempo. Sólo que él resultó ser más estúpido. En lugar de programar su fin en el pasado, para que esto nunca hubiera pasado, lo hizo en el futuro.
¿Cuándo es, preguntas? Dentro de dos horas, inquilino. Aunque desde el inicio que supe mi cometido en este lugar, tomé el riesgo de que, al quebrantar las leyes del Tiempo, éste, tarde o temprano, lograría el método para reparar su error. Aunque fuera radicalmente.
¿Y por qué no me preocupa? Es fácil, porqué aunque el Tiempo se acabe, habré ganado. Te habré ganado. Pues ahora es mi Tiempo y no el tuyo, inquilino.
Bueno, ¿habéis podido seguir bien el hilo y comprender el relato al 100%? Espero y deseo que si, al igual de que os haya gustado. Añado para deciros que pretendía colgar la entrada esta mañana, pero me tuve que ir a hacer un trabajo y lo dejé en un borrador, por eso os lo cuelgo ahora. Aún así disculpad la tardía hora. Os añado aquí, al final, una pequeña canción que me encantó nada más escucharla como la canta Malukah (si, si, acabo de hacer un poquitín de publicidad, pero canta de una manera..). Pero bueno, me despido ya.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
aniquilación,
ciencia ficción,
conquista,
control,
desconcierto,
futuro,
guardianes,
Hegemón,
hegemonía,
inquilino.,
Malukah,
masacre,
narración,
pasado,
presente,
relato,
tiempo,
Universo,
violencia leve
domingo, 9 de diciembre de 2012
Recuerdo
¡Buenas tardes estimados lectores! Esta vez si que no me retrasaré con el relato correspondiente al fin de semana. Aunque he de admitir que me he tomado un pequeño respiro y tonto de mi, ahora tengo acumulado todo.
Pero bueno, el relato que hoy os traigo está escrito ahora en un momentito. Creo que haré eso de tanto en tanto, chasquear los dedos y dejar que surja de mi mente lo que haya en ese momento y escribirlo. A ver si os gusta también mis improvisaciones, aunque sé perfectamente que todo depende de la inspiración en estos casos y, por ello, habrá relatos mejores y otros de peores. Pero espero que nunca consideréis ninguno como "malo".
También he estado pensando en abrir alguna pequeña sección donde suba algunas de las canciones (básicamente soundtracks, si no lo son todas...) que más me han gustado, y creo que gustarían, para escribir algún relato o alguna parte de ese. Aunque eso ya se verá.
Otra cosa que he pensado es que, al haber jugado estos días un poco a un juego llamado Spore, intentar usar el creador de criaturas de este juego para moldear muchas de las que caminan y rondan por mi cabecita, paseandose de arriba abajo. Alguna vez para acompañarlas de un relato, otras de su historia y, otras, simplemente de una descripción y explicación, además de si fueron planteadas para algún relato. Pero eso ya lo miraré y seguramente sería en el mismo hueco de los relatos de fin de semana, el de miércoles-jueves de la serie semanal no lo tocaré.
Pero bueno, volviendo al relato, espero que os guste y disfrutéis de la lectura.
El columpio iba disminuyendo su velocidad, deteniéndose, en mitad de ese
solitario parque y esa también solitaria tarde. No hacía mucho que había
empezado a ponerse el sol, causando la oscuridad del lugar. Aunque las luces
blanquecinas de las farolas que había por la calle iluminaron de nuevo ese
lugar gracias a su tenue brillo.
Puso los pies en el suelo, cosa que no había hecho desde que subió encima
de ese pequeño y oscuro asiento. Antes solía ir al balancín, pero desde que él
no estaba allí no era lo mismo. Ni siquiera visitar ese parque que hicieron
suyo, reparándolo y construyéndolo ambos. Juntos.
No tenía demasiadas cosas, pero la sencillez del lugar hacía que fuera más
especial. Hasta que ocurrió ese infortunado accidente automovilístico, donde le
perdió. Por culpa de alguien que más tarde salió impune.
Apretó los dientes. Apretó con más fuerza las cadenas que había en sus
pequeñas y delicadas manos. Pisó con más fuerza el suelo.
Estaba cabizbaja, con la mirada oculta por la sombra de su cabeza causada
por un pequeño farol que había a su espalda. Un ligero brillo se deslizó por su
blanquecina mejilla hasta la barbilla, donde se precipitó a la arena del suelo.
Tras ese diminuto destello, más gotas húmedas y resplandecientes, por contraste
a la perlina luz, fueron bajando, lentamente.
Odiaba lo que había sucedido. Siempre se preguntaba el porqué y nunca obtenía
respuesta. Aunque lo deseara desde lo más profundo de su alma. Aunque deseara
que las tornes se hubieran intercambiado. Pero por mucho que deseara, lo
sucedido no cambiaría.
Se levantó, sin ganas de hacer nada a excepción de llorar y, por ello, le
brotaba una rabia interna. No quería llorar, prometió no hacerlo. Se lo
prometió. Pero fue una promesa que nunca pudo cumplir.
Otra vez su mente se preguntó cómo podía haber ocurrido tal cosa. Porque la
dejó sola a pesar de todas las promesas. Miró al cielo, enfadada. Pero algo, pequeño
y frío, hizo disipar todas esas ideas de su cabeza.
Un pequeño copo blanco de nieve había tocado su pequeña y fina nariz,
haciendo que se volviera agua por su calor corporal. Después de ese, más copos
pequeños empezaron a caer del cielo y un arrepentimiento invadió su ser
mientras sus ojos grandes y azules centelleaban levemente debido a que seguían
húmedos.
Se preguntó cómo le había podido culpar de abandonarla si nunca lo quiso
hacer. Otra lágrima se deslizó mejilla abajo. Se preguntó también cómo le había
podido acusar de abandono, pues nunca la había abandonado.
Espero que os haya gustado el relato "instantáneo". Ya sabéis que podéis opinar aquí abajo, comentar qué tal o compartirlo. Hay un gran número de posibilidades y ninguna restricción. Así que adelante, que no muerde. Pero bueno, nos vemos en la entrada que tocará para el siguiente capítulo de la serie.
¡Un saludo y hasta la próxima!
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Un bar cualquiera - Recuerdos
¡Buenos días queridos lectores! Cuanto tiempo sin hacer una entrada de buena mañana, ¿eh? Bueno, he de admitir que esta vez me permito el lujo por lo de la vaga general (sé que debería estar manifestándome y todo eso, pero aún tengo muchas cosas que hacer y, francamente, no hay nada como poder publicar algo de buena mañana.
Así que bueno, hoy no tengo demasiadas cosas que contar, ya que es una entrada publicada de "buena mañana". Así que os explicaré algunas cosas que tenía pensadas:
Para empezar, seguramente utilice lo de Wattpad (y alguna web por el estilo) donde colgaré el inicio de esta serie (si le gusta a la gente... Que lo lean directamente del blog, jeje) y algún relato más. Pero tranquilos, el blog será el único lugar exclusivo donde colgaré mis escritos (a no ser que se presenten para un concurso y deban ser inéditos, claro está).
Así que bueno, vayamos al relato. Hoy es un capítulo corto, como toda serie, tiene sus capítulos más largos y más cortos, pero creo que este no hacía falta alargarlo más. Una vez leído supongo que lo entenderéis. Pero no os entretendré más, aquí lo tenéis:
Volvía
a tener trece años, estaba en la escuela. Primaria aún, ya que tuve que repetir
un curso debido a las mudanzas al piso de soltero de mi padre desde que mi
madre murió en un accidente automovilístico, en el cual yo estuve. Esa mudanza se
debió a que él no ganaba lo suficiente para poder pagar la hipoteca de la casa
del campo donde habíamos decidido vivir hasta entonces, aunque fuera el sueño
de mi madre. Nunca mi padre me echó nada en cara, pero tampoco quiso hablar del
tema. Sabía perfectamente que le afectaba, pues todas las noches de mis once
años lo escuchaba llorar en la habitación de al lado. A pesar de que él no
dijera nada yo sabía por alguna razón, que su muerte había sido culpa mía. Yo
hubiera podido evitar ese accidente, pero era esa sensación que tienes de
pequeño de poder hacer todo pero no saber cómo.
Todo
eso pasó por mi mente durante, por mi mirada clavada en el reloj de aguja de
encima la pizarra, sólo dos minutos. Todo el accidente, el camión precipitándose
hacía nuestro coche, pareciendo que todo fuera a cámara lenta debido a la tensión.
Toda la mudanza, donde mi padre casi ni hablaba ni comía, solamente actuaba con
la mirada perdida. Todo ese año, que pareció no tener sentido alguno. Todo circuló
por mí mente en apenas dos minutos.
Algo
no cuadraba en eso. Todo un año vivido en dos minutos…
Vale, sé que puede ser bastante breve, así que me replantearé si mañana subir el siguiente capítulo, ya que también es cortito, eso sí. Me basaré en subirlo o no dependiendo de las visitas en el blog a partir de este relato corto y en las valoraciones que la gente deje abajo (reacciones y demás), sino... A esperar a la siguiente semana. Y no, no lo hago para obligaros a votarlo ni nada, sino para ver que os parece y, además, ver si os está gustando la serie.
Pero bueno, esto es todo por ahora, así que nos volvemos a ver mañana o, sino, el fin de semana.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
accidente,
desconcierto,
ficción,
intriga,
madre,
Matt,
narración,
padre,
pasado,
recuerdo,
sospechas,
Storm,
un bar cualquiera
jueves, 1 de noviembre de 2012
Arachs
¡Buenas noches estimados lectores y... Feliz Halloween! (o castanyada, para los congéneres catalanes) Hoy empezaré informándoos de que han escrito ¡mi primera reseña! Universo La Maga ha sido quien se ha dedicado a redactarla y, francamente, ¡estoy eufórico, emocionado! Dicha reseña la podréis encontrar aquí. Espero que podáis echarle un vistazo, incluso han incluido uno de mis relatos.
Pero bueno, no me alargaré mucho más, a continuación trataré sobre el relato de hoy o, mejor dicho, sueño (ya dije que hacía tiempo que no subía ninguno y que ya era hora en una anterior entrada).
Pues bien, este sueño es algo raro y confuso y aparecen algunas personas y cosas concretas, por lo que he retocado y perfilado más esos detalles para que podáis imaginaros la lectura tal y como yo tuve el sueño. Pero bueno, aquí os lo dejo:
Me encontraba reunido en el interior de una clase de mi instituto, solo que esta vez las mesas individuales se encontraban formando un cuadrado, dejando vacío el centro. Todos hablaban a la suya, ignorando al resto, pero el tema era común: qué debíamos hacer.
¿Sobre qué? Sencillo. Por lo visto queríamos ir al pasado, a la boda de dos miembros de la reunión debido a que nadie había podido asistir en su debido momento y, desde ese día, habían sucedido unos extraños sucesos de los cuales no estaba demasiado bien informado.
La puerta se abrió y, desde el oscuro pasillo, entró un anciano encapuchado, vestido con una oscura túnica y llevando en su mano derecha un viejo cetro. Se trataba del guardián, que venía a informarnos de que los Aranchs estaban listos, por lo que debíamos darnos prisa en elegir las cuatro personas, como mucho seis, que iban a ir pues, si tardábamos demasiado, se acabarían poniendo nerviosos.
Empezamos a debatir y decidir quienes irían y, por precaución, se eligió solamente a cuatro jóvenes, de entre catorce y diecisiete años, por si ocurría algo. Yo, para variar, figuraba entre ellos, teniendo dieciséis años.
En dicho trayecto me iban a acompañar un viejo amigo, de pelo corto y castaño y piel ligeramente morena, llamado Rubén. También una tal Laia, si bien recuerdo, a quien no conocía de nada y sería más pequeña que yo. Finalmente, una chica nombrada Luna.
Los cuatro salimos al pasillo y cada uno tomó un rumbo distinto. Yo bajé por unas escaleras, llegando hacía el salón de mi casa. Allí, me puse unas botas de montaña, el reloj digital de muñeca, cogí el móvil y subí a mi habitación para coger una espada de madera, la cual me puse en uno de esos huecos de los vaqueros donde se pone el cinturón.
Acto seguido salí del garaje, donde habían unas especies de barcas. Me imaginé montado en una de estas con Rubén, mientras que en otra estarían Laia y Luna, para luego llevarnos a un mar oscuro, hundirnos y aparecer en el pasado. Pero me equivoqué.
El guardián nos indicó para subir, si, pero tras eso dio un golpe con el bastón y unas criaturas, negras como la noche de unos tres metros de altura, con un cuerpo delgado pero corpulento y unos brazos y piernas mucho más finos que su torso pero con garras y pies más grandes que sus brazos y patas. Tenían, además, unas alas algo desgarradas por las puntas y, su cabeza, parecía ser de un reptil, disponía de unas orejas que parecían pequeños cuernos y unos dientes afilados, a pesar de que solo uno abrió la boca y fue para emitir un sonido algo agudo.
Lo más inquietante eran sus ojos, sus diminutos ojos. Unos los tenían rojos. Otros verdes.
Parecían pequeños puntitos en sus enormes cabezas, sin pupila. Parecían que podían ver tu alma con un solo vistazo y, eso, hacía que te estremecieras y tu piel fuera recorrida por varios escalofríos.
Las criaturas, o Arachs como había dicho el guardián, se colocaron detrás de las balsas, uno por cada una. Luego, tres sobrantes, se colocaron enfrente y el guardián montó sobre el primero.
Tras eso caí inconsciente.
No me desperté hasta llegar a una cabaña de madera, o eso parecía, donde todavía era de noche. Allí, un señor me indicó que debía pasar por una puerta, para luego preguntar al dependiente. Y eso hice, crucé la puerta y vi a un tipo vendiendo figurillas, de todo tipo, incluso algunas de pesebre. Por acto reflejo quise comprar algunas, fueran las que fueran.
Tras llenar un pequeño barril de ellas, me avisó de que con el viaje se me podrían perder, pero yo ignoré ese comentario, pues ya había tomado rumbo al camino que me había indicado para llegar con el resto de personas.
Llegué a lo que parecía un muelle, solo que en lugar de barcos habían una especie de columpios de madera, colgando encima de una neblina que impedía ver lo que había debajo.
El guardián me indicó mi sitio; al lado de una niñita que estaba en el centro del columpio y que tenía a su otro lado a una señora mayor. Por lo visto esos "columpios" de madera eran para tres personas, separando los huecos de cada una con una raya roja pintada encima la madera.
Una vez me senté, la neblina fue ascendiendo, hasta que no pudimos ver los demás columpios y yo volví a perder la consciencia tras observar como a la señora también le pasaba.
Cuando desperté, solo estábamos la chiquilla y yo. Esta me empezó a dar prisas para que pasara a una madera horizontal, la cual parecía pertenecer al muelle que antes había habido detrás nuestro para subir al balancín.
Me coloqué con precaución y me senté. Tiré un poquito a la derecha y la niña también se colocó.
Pude observar como la gente se quitaba de los columpios y se ponía en postes iguales o, simplemente, desaparecía de mi campo de visión por culpa de la niebla.
Entonces vi a diversos Arachas, volando entre esta. Pero, a diferencia de los anteriores, estos eran más pequeños, de un metro y medio, y sus ojos eran anaranjados.
Estos, iban recogiendo cosas, al sumergirse en la niebla, y entregándoselas a personas, a sus respectivos dueños si recordaban de quien era y, sino, al primer individuo que encontraran, por eso a mí me dieron más dinero del que realmente llevaba encima y, como pude ver, la niñita se quiso aprovechar de ellos reclamando todavía más dinero del que ya le habían dado.
Uno, luego, me entregó mi barrilete de madera, que por dentro estaba afelpado de un color rojo, solo que ahora estaba completamente vacío. Por lo visto las figuritas se habían perdido por el camino.
Tras un rato ahí sentado, escuché como alguien me llamaba. Me giré y vi a la chica de pelo largo y oscuro llamada Luna, sentada en el mismo tablón que yo, solo que alejada unos metros, por lo que se fue acercando y me dijo que fuera hacía la derecha, ya que era la única manera de salir. Así que hice caso, pero en más de una ocasión estuve apunto de caer, cosa que hizo que mi miedo aumentase y me costara más seguir. Para rematarlo, la niña no paraba de dar prisas y quejarse.
Al final llegué a otro muelle de esos, me puse en pie y observé como Luna y la dichosa cría llegaban también, de una manera mucho más rápida.
Tras eso, Luna y yo salimos de allí por una puerta y nos encontramos en una sala en blanco. Un señor nos dijo que, como era la primera vez, nos habían llevado un día antes del previsto para tener más tiempo, como regalo. Aunque mi instinto me decía que algo había salido mal.
Acto seguido, el hombre desapareció junto a la sala, encontrándonos frente a uno de esos jardines laberínticos, el cual estaba en el sitio donde se iba a celebrar la boda al día siguiente.
Miré a Luna, que ahora iba con un elegante vestido, seguramente para la ocasión, y luego al todavía nocturno cielo. Algo, en mi interior, me decía que ese lugar no era para nada seguro.
Y bueno, después de ese último presentimiento, me desperté. Creo que es uno de mis sueños donde ocurren muchísimas cosas y las recuerdo todas (o casi todas) con bastante detalle, pero no logro entender el significado que tiene, si es que posee alguno. Pero bueno, espero que os haya gustado, si es así ya sabéis que podéis votarlo, twittearlo, comentarlo o, incluso, enviarlo. Además de que quedan 5 días para finalizar la votación de la serie semanal.
¡Ah! Si tenéis algo de tiempo, por favor, os pediría que votarais mi vídeo para el concurso, me harías un gran favor, de verdad.
Pero ya es tarde, así que me despido por hoy y nos vemos este sábado o domingo.
¡Un saludo y hasta la próxima!
Etiquetas:
aventura,
boda,
desconocido,
ficción,
guardián,
imaginación,
intriga,
narración,
niebla,
pasado,
relato,
relato breve,
reunión,
sueño
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

