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jueves, 6 de junio de 2013

Muñequito

¡Buenas noches queridos lectores! Creo que al final haré lo de ir subiendo relatos cada X tiempo sin avisar ni nada, que viene a ser casi lo que hago últimamente (eso sí, siempre habría mínimo algo nuevo para cada semana). Pero bueno, esta vez se trata del relato "siniestro" que prometí dedicar al seguidor nº 90 pero que, a pesar de que dijera que por el tema está bien, a dicho seguidor no le gustó demasiado, por lo que creo que es mejor obviar quién es (a no ser que me indique lo contrario, en ese caso editaré la entrada para nombrarlo).
Pues lo dicho, aquí os dejo con éste relato y espero que lo disfrutéis. Aunque aviso que, antes de leerlo, quizá no sea mucho de vuestro agrado. Así que ya he avisado.


¿Me estás leyendo? Oh, cielo santo. Alguien me está leyendo. A mí. A un mero narrador de unas palabras que quizá vas a querer olvidar. No, no vas a quererlo, lo desearás. Así que antes de que empieces a leer este texto, que haré tan breve como me sea permitido, piénsalo dos veces. No por mí, sino por ti.
Porque lo que hoy será desvelado, mañana podría ser clausurado…


Era noche cerrada. Estaba en mi casa, observando por la ventana. Había tanta vida ahí afuera, abajo, a unos metros de mi posición. Tanta vida, inconsciente de lo que ocurría realmente. Tanta vida, prisionera de su ética y moral.
No, ahí no había vida. Ahí sólo había muñecos.
Y los muñecos están hechos para jugar, ¿no?

Me giré y observé su rostro. Un rostro cansado que expresó una mueca de terror al ver que volvía a tener mi atención.
Estaba medio desnudo, atado en una silla de madera y amordazado.
Me acerqué a él, sonriente, y acaricié su magullada barbilla mal afeitada, pues tenía diversos cortes de navajazos en un intento fallido de recortar esa horrible barba.
Miré a sus ojos, temerosos y llenos de pánico. Suplicantes.
Yo negué con la cabeza, sonriente, y le cogí del escroto con fuerza.
-Hoy toca el plato fuerte –dije.
Él lo captó a la primera y probó a rogar, inútilmente.
Yo cogí las tenazas que había a su lado, en una mesita, y las bajé hacia allí. Cogí la envoltura con ellas y empecé a tirar mientras escuchaba sus lamentos y ahogados gritos. Deleitándome con ello hasta que la arranqué, observando como empezaba a desangrarse.

“Ojalá”, pensé mirando por la ventana. “Ojalá”. Y me giré, observando la silla de madera manchada y vacía al lado de la mesita con una caja de herramientas.
“Ojalá llegue ese día, el día donde los que vivimos podamos jugar con los muñecos.”


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que es corto, pero creo que lo suficiente intenso además de dejar claro cierto mensaje. Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar, compartir, etcétera aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 21 de mayo de 2013

Divinidades

¡Buenas tardes queridos lectores! Siento la demora, pues estaba pensando en una cosita que hacer con los microrrelatos, que ya veréis más adelante. Pero bueno, esta vez si que no me andaré con rodeos y os dejo con un relato


Una oleada de viento le obligó a entrecerrar los ojos. Acto seguido un ser de enormes dimensiones ocultó el sol, sumiéndole en la total oscuridad. Y, tras unos breves segundos, la criatura bajó sus gigantescas alas según descendía al suelo.
No se dejó llevar por la primera impresión. Ni siquiera dejaría que notara su sorpresa al verlo. Desenfundó rápidamente la espada que llevaba a la espalda y saltó, propinando inmediatamente un tajo de abajo arriba.
Unas gotas perladas de color rojizo brillaron en el aire. El silencio absoluto se hizo de golpe. Pero ningún cuerpo cayó.
La angelical criatura había desenfundado también su arma y había atravesado el hombro izquierdo del joven. Clavándolo en la espada y sosteniéndolo.
Aún así, éste, había logrado un golpe efectivo. Antes de que el divino ser se diera cuenta, una línea horizontal rojiza se formó en su pecho y, en unos segundos, empezó a brotar la sangre a chorros.
El ángel se sorprendió al ver la recta en un inicio, pero luego su rostro se llenó de terror y sorpresa. No comprendió como había podido. Pero mientras se distraía con su herida, el muchacho aprovechó para librarse del arma enemiga.
En apenas unos segundos, estaba de nuevo en el suelo, desplegando unas oscuras alas que habían aparecieron en su espalda mientras sonreía levemente.
Cogió una perla roja que aún flotaba en el aire con la yema de su dedo y se la llevó a la boca.
-Delicioso –dijo.
En otro rápido movimiento, de apenas un abrir y cerrar de ojos, saltó de nuevo y proporcionó los últimos cortes necesarios para abatir a su oponente, quien cayó al suelo. A pedazos.


¿Qué os ha parecido? Espero que esté a la altura para remediar todos estos días en los que no he podido subir nada (y que espero que la normalidad vuelva por aquí cuanto antes). Además, si puedo, mañana os colgaré un relato un tanto especial.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!