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sábado, 12 de diciembre de 2015

Necesidades

Necesito besar tu piel, y romperme con cada beso que en mi memoria se grabará a fuego mientras que para tu cuerpo sólo será algo pasajero. Necesito posar mis labios sobre los tuyos y bajar por tu cuello hasta donde la mirada alcanza; yendo por los hombros, con suerte los pechos, y puede que quizá por ese vientre que mis dedos desean acariciar lentamente mientras mis ojos descienden, tan cerrados como en los sueños.
Necesito hundir mis manos en tu carne, agarrarla tan bien como querrían hacer mis dientes, lamer tu excitación palpitante manifestada con una boca que se muerde y unir tu jadeo al mío, con nuestras pupilas observando nuestros mutuos y oscuros vacíos. Pues necesito amarte, aunque tú no lo hagas, y chocar así con la realidad que tus muslos guardan, para perderme al fin en ese mar de suspiros según mi vida se escapa con tu hálito querido.

martes, 17 de septiembre de 2013

El escritor

¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os traigo dos cosas nuevas: el relato presentado, es algo que me surgió hará unas pocas noches, espontáneo, sintiendo unas ganas de escribir que me podían y, al no poder satisfacerlas, sentí enfado hacía lo que provocaba la escritura en mí y lo expresé. Lo expresé de manera literaria en estas palabras que leeréis a continuación.
Y, la segunda cosa, es que quería grabar algunos relatos míos, interpretarlos incluso si me era posible, pero no tuve ocasión en verano. Aunque, para este relato, necesitaba hacerlo. Y lo hice. Así que, abajo del escrito, podréis encontrar un vídeo donde me grabo relatándolo (y espero que os guste la verdad). Dicho esto, os dejo el escrito, para que lo podáis leer recordando que pretende tener un toque de intensidad.


_____ noche_. No, no son malas. Ni son buenas. Ni son peculiares. Ni son normales. Ni siquiera son plurales. Es sólo eso, una noche.

Dio un largo sorbo a su taza. Era bien entrada la noche. Y ahí estaba, frente al escritorio con su vieja máquina de escribir y una hoja en blanco.
¿Qué iba a teclear a esas horas? ¿Qué merecía realmente la pena para que estuviera despierto? ¿Acaso esa hoja importaba más que el sueño?
“Eres un simple papel”, pensó. “Y si no fuera por mí, ni siquiera tendrías vida. ¿Entonces por qué yo, el escritor, soy esclavo del folio?”
Miró la hoja con desprecio. Él le daba la vida y ella lo esclavizaba. ¿Qué diablos quería? Él era su creador, debería hacer su voluntad. Y aún así, eran las letras. Las palabras, surgiendo desde su misma sangre, que manifestaban su deseo de vivir a través de sus dedos.
“¡Dejadme!”, gritaba en su mente. “¡Dejadme en paz!”. Pero él no deseaba eso. Las amaba. Eran su vida, su droga. El único lugar que le entendía.
¿Por qué escribía entonces? ¿Necesidad? ¿Esclavitud? ¿Busca de comprensión? No. Escribía para dar vida a mundos más allá de la realidad.
Escribía jugando a ser Dios.
Un Dios esclavo de su creación.
Y como esclavo, hacía la voluntad de alguien. Que era la tinta y el papel. Quienes le daban total libertad de crear, siempre que los usase.
Y así, el escritor, Dios de miles de mundos, pasó a ser el esclavo de algo tan simple como la hoja y la pluma.


Vídeo: El escritor

¿Qué os parece? ¿Y el vídeo relatado? Bueno, espero que os haya gustado y ya sabéis de más que podéis valorar, comentar, opinar, compartir y demás aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Tengo frío...

¡Buenos días queridos lectores! El verano empieza a acabar, pero eso no es motivo por dejar el blog de lado sin ninguna fuerza mayor de por medio, así que aquí os dejo otro relato que escribí hace tiempo, el cual espero que disfrutéis con su lectura.


Oh, blanquecina y suave mano, que repasa el contorno mi rostro con sus finos dedos, guiándome a alzarlo, a mirar hacia arriba, con la punta de sus huesudas falanges.
Oh, finas y frías caricias que recorren mi cuerpo, erizando mi vello, poniendo mi piel de gallina por dicho tacto, por tal sensación que envuelve mi cuerpo. Una sensación que emana desde lo más profundo de mi ser. Reconfortante pero a la vez solitaria.
Oh, dueña de dichos mimos, ¿por qué me incita a elevar mi semblante si no quiere que vea todavía el suyo? ¿Por qué repasa mis mejillas con sus afiladas puntas, como si de lágrimas cayendo por éstas se trataran?
Pero no, no pare. Continúe, por favor, continúe.
Necesito que siga con sus dulces carantoñas y cánticos que endulzan mis oídos en un susurro apenas perceptible. Necesito que me hable, en murmullos, calmándome a pesar de las palabras inquietantes que sus labios descarnados sueltan.
Oh, prosiga con su labor, dulce dama que me trata como su hijo, como su amante, a pesar de ser casi desconocidos. Quédese aquí, conmigo.
Porque, a pesar de que todo esté oscuro, como si mis ojos estuvieran cerrados, soy capaz de ver su preciada mano con total claridad.
Pero hace mucho frío, amada señora. ¿Por qué hace tanto frío? Parece que todo mi alrededor estuviera gélido. Como si todo el calor, que parecía provenir de mi cuerpo, hubiera desaparecido.
Oh, la necesito, la necesito tanto. Necesito que esté aquí, a mi lado.
Y se lo suplico, déjeme ver su pálida faz, déjeme besarla. Por favor.
Pero no, acompáñeme al menos hasta el final. No, no se vaya.
Oh, no, por favor no. No aparte su oscuro velo de mi cuerpo, pues éste me abriga y reconforta del frío. A pesar de la sentencia que conlleva.


¿Y bien? ¿Os ha gustado y/o habéis podido entender sin problemas el significado del relato? Espero que sí. Además, ya sabéis que podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!