El corazón tiembla ante la verdad: no puede más, no
puede más. El dolor que lo agujerea, lo desangra hasta el final. Toda emoción,
toda lucha, toda intención, es vana esperanza que perfora su interior. Ahogado,
en sangre, su propia sangre, suplica piedad. Y no hay nadie que se digne a
quererle, ni siquiera a escuchar.
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domingo, 21 de mayo de 2017
jueves, 20 de febrero de 2014
Naufragio interno
Como una
marea en calma tras la tormenta. Embarcaciones de sensaciones saliendo a flote,
indolentes. Náufragos de una desolación emocional que los ha hecho zozobrar,
precipitándolos al oscuro fondo de esa mar. Perdiéndose para siempre,
ahogándose.
Sobreviven
los más fuertes, los más resistentes. Pese a que todo sea escogido por un caprichoso
azar. Quien, guerreando contra la fuerza de voluntad, decide a cuáles no salvar.
Pues incluso los más arraigados en el interior de su ser, acabaron
arriesgándose a desaparecer.
Una
bruma de confusión y desorientación. Mezcla de salmuera y atmósfera sin haber
ningún punto de unión. Nadando con esfuerzo en ese gélido líquido que conforma
el firmamento. Fundado por pequeñas luces de esperanza que brillan a lo lejos.
Ajenas de todos esos sentimientos revueltos, tercos y descontentos que se
aferran, fatigados, a ese lejano sueño. Imaginando llegar pronto a buen puerto,
donde estén seguros y cobijados para despedir a sus viejos compañeros
extraviados, a sus antiguos camaradas que ahora surcan los mares de los pasados
muertos, formando únicamente parte del recuerdo. Y, pese a lo ocurrido, anhelando
reanudar la travesía. Zarpando con una nueva compañía. Volviendo así hacia esa
peligrosa mar desconocida, cargada de riquezas vivas que aguardan ser
descubiertas… algún día.
sábado, 3 de agosto de 2013
Doble víctima
¡Buenos días queridos lectores! Siento no haber subido nada cuando llegué ya a casa, aún así aquí os dejo un pequeño relato y supongo que en breves retomaré la serie de Un bar cualquiera. Mientras espero que disfrutéis con la lectura que encontraréis a continuación.
La lluvia empapaba la calle, resbalando por las paredes, resbalando por las aceras, arrastrando la inmundicia del suelo hasta las cloacas, pero dejando aún más negro el suelo.
Las gotas repiqueteaban contra las ventanas, chocando en ellas, incansables. Como si esperasen a que alguien les abriese.
Una pequeña, escurridiza y salada, se fusionaba con las dulces encima de los poros de aquel rostro oculto bajo la sombra de su mojado sombrero.
La gabardina, antaño marrón y ahora negruzca, ya no le protegía del clima, de la tempestad. Se pegaba a su cuerpo, como si formase parte de su piel, a la cual le costaba transpirar.
Un brillo en el cielo, una estrella fugaz.
No pidió deseo alguno, ya que como él, era un cometa errante con un pasado triste y un futuro más oscuro. Destinado a ir a la deriva, sin rumbo. Como le ocurría a su observador nocturno.
Se agachó levemente, notando los zapatos llenos de agua, y miró enfrente, al pavimento ensangrentado.
Estaba solo en el lugar, no quedaba nadie con vida en esa callejuela. Pues lo que más quería yacía a sus pies. Sucio, húmedo e inerte. Como su alma, despedazada.
Estiró la mano y acarició el rostro del difunto. Pasó los dedos por su castaño pelo y se mordió el labio inferior.
Impotencia, rabia y mil sensaciones más. Explotando desde lo más recóndito de su interior, ansiando salir. Pero debía mantenerlo dentro, guardado, esperando.
Para cuando llegase el momento de la represalia poder hacerlo como mandaba.
Pues se vengaría de los causantes, acabando con quienes creyeron acabar con él.
Cogió el cuerpo entre sus brazos y miró de nuevo al cometa del cielo, el cual, por unos instantes, iluminó los dos rostros idénticos.
Espero que hayáis disfrutado con el relato y ya sabéis que podéis comentarlo, valorarlo, compartirlo y demás aquí abajo, cosa que siempre se agradece.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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domingo, 23 de junio de 2013
Shh...
¡Buenas noches, queridos lectores! Como estos días la mayoría de vosotros estaréis de celebración por San Juan, fin de curso, iniciación de vacaciones y demás, he decidido colgar el relato ahora, en estos momentos (todo y que será mañana cuando avise por las páginas y demás) para quien quiera leerlo ya.
Además, viendo las últimas temáticas que protagonizaban los últimos relatos subidos al blog, pensé que este gustaría y rompería un poco con lo último leído por vosotros. Sin olvidar que también espero que sea de vuestro agrado. Así que aquí os dejo con el nuevo relato. Espero que disfrutéis con la lectura.
Quiero
estar contigo, sentir tu cuerpo pegado al mío, abrazados sin mirarnos.
Quiero
deslizar tus suaves prendas al suelo, como tú harías con las mías, desnudarnos
poco a poco, sin mirarnos.
Sintiendo
cada vez más el calor del uno con el de otro, hasta que, desnudos,
nuestros cuerpos se encuentren y vuelvan a entrelazarse en un abrazo. Y, con
delicadeza, el agua (también caliente), empiece a caer sobre nuestras cabezas,
deslizándose por nuestros hombros, por nuestra espalda, por nuestro cuerpo. Y
tú te gires, dándome ésta, pero aferrando mis manos para que no te suelte.
Aferrando mis manos contra tu vientre, por el cual se van deslizando poco a
poco las gotas que están cayendo sobre nosotros. Y yo, guiado por ellas,
empiece a acariciar con delicadeza tu cuerpo, ayudando a repartir el agua pura
por todo éste. Desde tu cuello, tu escote, tus pechos, hasta tu vientre, tu
cintura, tus muslos. Lentamente, sin mirarnos.
Quiero
notar como abres tu boquita, tímidamente, para soltar un suspiro que se
convierta en vaho, y dejes mis dedos deslizarse con libertad. Subiendo de tus
muslos. Pero no para ir a esos lugares, sino para ir a tu espalda y acariciarla.
Frotarla. Suavemente. Sin que tú te gires, sin que tú me mires.
Quiero
bañar tu cuerpo desnudo junto al mío, con caricias líquidas, caricias que te transmitan mil sensaciones, que te hagan suspirar a pesar de estar tocando levemente tu
desnuda piel.
Quiero
que entonces te gires y alces la cabeza, para mirar a mis ojos directamente, y
acercar tus húmedos labios a los míos. Atrapándolos en un suave beso de apenas
unos segundos. Y luego me abraces, sin mirarme, para acariciar tiernamente mi
dura espalda, y susurres unas palabras que yo acallaré con un “Shh…”
Bueno, espero que hayáis disfrutado con esta lectura. Y cabe añadir que quizá me plantee de subir los relatos sin introducción ni nada de por medio a no ser que deba comunicar algo expresamente, dejando así las entradas sólo con la lectura. Pero bueno, ya sabéis que cualquier cosa la podéis comentar donde creáis oportuno, además de valorar y opinar sobre los relatos.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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miércoles, 13 de marzo de 2013
¡Dejadme despertar!
¡Buenas noches queridos lectores! Hoy os traigo otro sueño que tuve. Concretamente esta mañana cuando estaba medio despierto - medio dormido y que han sido los primeros tuits que he publicado en Twitter. Aún así, para quien no los haya leído o, simplemente, para quien quiera releerlo pero todo narrado mejor y repasado como hago con los sueños relatados antes de publicarlos en el blog, aquí lo podréis encontrar.
¡Pero antes de eso tengo que notificaros algo importante! El jueves de la semana que viene me voy a Londres de viaje de fin de curso y no volvería hasta el domingo (tarde, muy tarde) y dependiendo de las notas no sé si el lunes siguiente o el martes viajaría a cierto lugar (muy especial para mi, siendo francos), hasta el siguiente domingo o, incluso, hasta el lunes. Es por ello que si tengo tiempo publicaré el siguiente capítulo de Un bar cualquiera por anticipado, pero como podréis ver algunos que me sigan en Twitter tengo exámenes por doquier (y aun gracias que encuentro tiempo para escribir), así que intentaré hacer lo que pueda. Aunque al menos ya he cumplido al avisar, pero eso si, una vez finalizada la semana santa o por ahí ya os digo que el blog volvería a funcionar con total normalidad.
Bueno, una vez hecho el comunicado, aquí os dejo el sueño de hoy.
Un sonido extraño me obligó a abrir los ojos y mirar mi mesilla de noche. No sabía qué era exactamente ese ruido, pero cuando miré el teléfono móvil me sorprendí; una enanita, como si de una duendecilla se tratara, estaba encima del aparato e iba bloqueando éste siempre que se encendía para que sonara el despertador y, así, me despertara.
Yo, curioso, bajé mi cabeza y le pregunté (consciente de que mi cuerpo real seguía dormido) "¿Por qué haces esto? ¿Por qué no quieres que me despierte?", a lo que ella me contestó con una fina y chillona vocecita "¡Estoy enfadada! Estoy enfadada porque, el tonto de mi novio, se ha atrevido a pedirme matrimonio en un restaurante muy triste con un anillo muy barato. ¡Mira que cutre puede llegar a ser!". Yo, extrañado, pensé en qué culpa tenía de eso, pero continuó hablando: "Y si tú no lo arreglas... ¡No dejaré que te despiertes nunca!", me amenazó.
Yo, que no tenía nada que ver con el asunto y sabía de más que si no me despertaba llegaría tarde a clase, la cogí del cuello del jersey, por la parte de atrás, y la puse frente al enanito que parecía algo tristón y, con un tono algo mosqueado, les repliqué "Ahora casaos, sed felices ¡y dejad de tocarme la moral!". Ambos enmudecieron inmediatamente y se miraron.
Por mi parte, volví al móvil, lo cogí y observé como sonaba el despertador. Despertándome.
Quizá os preguntéis qué pasó al final con esos dos. Pues francamente no tengo ni idea y tampoco me importa demasiado, no era mi problema.
Bueno, ¿qué os ha parecido? He de admitir que es la primera cosa que escribo directamente en el blog, sin usar word previamente ni nada, únicamente los cuatro tuits en que publiqué el sueño esta mañana. Nada más. Así que bueno, si os ha gustado, podéis comentarlo, opinar, valorar y demás abajo, como siempre. Y, francamente, este sueño casi podría escribirse como un cuento, quizá me lo plantee en un futuro. Quien sabe, pero tranquilos, ya os informaría sobre el caso. Pero bueno, me despido ya y espero que os haya gustado.
¡Un saludo y hasta la próxima!
miércoles, 20 de febrero de 2013
El último (Carta - Final)
¡Buenas tardes queridos lectores! El otro día me pasé por Barcelona a repartir algunos relatos que he publicado por aquí, por lo que no sé si quienes lean esta entrada serán "novicios" en el blog o los de toda la vida. Aún así, me arriesgo dándoos la bienvenida y deseando que os guste lo que encontráis escrito por aquí. Además, he de añadir que se me ha ocurrido una idea a partir de lo que hice el martes, perfeccionada con un amigo dibujante (ya os contaré más adelante si eso, no hay que desvelar el pastel antes de hora), así que, cuando ya lo tenga preparado, intentaré avisaros con algo de antelación (supongo que una semana o por ahí).
Pero bueno, como siempre digo: no me andaré con rodeos (a pesar de que siempre lo haga en el inicio) y os dejaré con el relato de hoy, diciéndoos previamente un par de puntos a tener en cuenta.
En primer lugar, como bien indica el título, lo que se leerá a continuación vendría a representar ser una carta (para los curiosos del anterior relato, ya sabréis cual es), por lo que la he escrito y... ya está. Escrito y punto, sin corrección, sin maquetación, sin nada. Como cuando se escribe una carta a mano, con cierta prisa y lo importante es el contenido y el mensaje, nada más. Segundo, recomendaría leer previamente el anterior relato (El último) antes de leerse este relato. Solo es un consejo, por lo que podéis seguirlo o no. Así que, una vez dicho todo esto, os dejo ya con el escrito.
Sabía que vendrías, siempre supe
que estarías conmigo hasta el fin de los días. Pues, aunque ahora mismo no
estés presente físicamente aquí, sé que querrías estarlo y eso me reconforta,
dándome la sensación de que tu presencia sigue en este lugar, cuidándome y
abrazándome cuando más lo necesito.
Siento no haber estado yo allí
cuando lo necesitabas, lo siento muchísimo. No me di cuenta de mi error hasta
que fue demasiado tarde y, para entonces, temí haberlo estropeado tanto que no
me decidí a dar paso alguno. A pesar de que tu siguieras siendo igual de
persistente, igual de constante, igual de cuidadoso y cariñoso conmigo.
Y te pido disculpas por todo
ello, por mi comportamiento… Pero sé que no querrías que ahora entrase en este
tema, sé de más que querrías leer lo que nunca me atreví a decirte y… temo no
poder llegar a decírtelo nunca, y es por ello que escribo esta carta, es por
ello que intento expresarme como puedo mediante este lápiz y este papel, en el
cual escribo todo lo que me viene a la cabeza estos momentos.
Es por eso que no puedo parar de
pensar en pedirte disculpas, pero que sé firmemente que eso sería lo último que
querrías leer ahora: una carta de despedida en una disculpa.
Pero por alguna razón, no puedo
escribir estas palabras que tanto ansías, a pesar de que en mi pecho arda una
llama, agrandándose según pasan los días y no recibo noticias alguna sobre ti.
Ni siquiera una respuesta por mensaje… Pero supuse que no funcionaría tu
teléfono, por lo que dejé el mío bloqueado con el último mensaje que te mandé,
para que lo leyeras cuando llegaras.
Pues aquí no había pasado nada
hasta un par de días atrás, con otra de esas extrañas ondas en el oscuro
firmamento. Pero lo ignoramos y no tardó en llegar la catástrofe. Y ahora, con
miedo por lo que pueda decidir, te escribo esta misma noche. La misma noche en
la que esa extraña cosa surcó el cielo.
Te escribo para decirte lo que he
tenido miedo a decirte todo este tiempo, a pesar de todo lo que hemos pasado y
vivido juntos. Te escribo para decirte, de una manera clara, lo mucho que te
necesito a mi lado. El miedo que recorre mi cuerpo y, aunque te imagine
conmigo, no pueda vencerlo si no eres tú quien me abraza realmente. Te escribo
porque eres una pieza fundamental en mi vida. Eres esa pieza que yo he
rechazado sin saber lo que hacía realmente. Eres la pieza clave. La pieza final
y más importante.
Pero a pesar de todo lo que
escribo, de todo lo que te digo, sigo sin poder escribir lo que siento dentro
de mí. Quizá por no obtener respuesta el día que te lo dije. Quizá por miedo a
no volver a obtener respuesta. Y es por eso que como he dicho lo podrás
encontrar en el teléfono móvil.
Hasta pronto, ansío
verdaderamente encontrarme entre tus brazos y sentir tu calor.
Leyó la
carta en voz baja, para él mismo mientras unas pequeñas lágrimas humedecían sus
mejillas. Nada más acabar de leerla, miró de reojo el cuerpo inerte de la joven
y encendió el teléfono, lo desbloqueó y leyó el mensaje.
Sin
poder aguantar más, abrazó a la muchacha con fuerza, pero intentando no apretar
demasiado para no dañarla y lloró en un silencioso pero profundo llanto
mientras el móvil se resbalaba de su mano, cayendo al suelo, al ladearse, dejando
únicamente en su brillante pantalla el mensaje que le había enviado. “Te quiero”.
¿Qué os ha parecido? Este relato (incluyendo el final, ya que estaba puesto quise mantener el estilo de la carta) está escrito sin revisar para nada (a excepción de una lectura previa antes de publicarlo en el blog, claro está). Así que espero que os haya gustado y, si es así, ya sabéis que podéis compartirlo, opinar, comentar, etc... aquí abajo.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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