¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os traigo un relato que he escrito a través de un pequeño reto que he pedido por Twitter. Las palabras claves han sido "Asesinato, amor, inteligencia, frío y carcajadas" (como bien indica este tweet), así que de eso ha tratado el relato. Pero el escrito me ha generado dos posibles finales: uno de no ficción y otro de ficción/fantasía. Aunque al no decidirme por cuál de ambos dejar, he decidido por una vez subir un relato con dos posibles finales y que vosotros, lectores, os quedéis con el que más os guste. Dicho esto, os dejo con el relato.
Una
carcajada rompió el silencio de esa oscura noche de invierno. El frío helaba
sus desnudos dedos y su enrojecida nariz. Se relamía los labios para
humedecerlos, pero eso sólo provocaba que se agrietasen más. Y, tras otra
carcajada, la comisura de estos se partió levemente. Pero ya nada le importaba.
Miro al
suelo, iluminando con su farol la blanquecina nieve salpicada de rojo, y ladeó
la cabeza.
Se
agachó, poniéndose de cuclillas, y apartó los rizos de oro de su cara. Era tan
bella. Parecía que durmiese, como otras veces la había visto en su cama, tras
amarse apasionadamente. Pero él sabía perfectamente que ya no era así. No
dormía. O al menos no como todo el mundo suele entender el hecho de dormir.
Chasqueó
con la lengua a modo de negativa.
-Si
hubieras sido más buena –empezó a reprocharle en un susurro en su oreja
mientras el vaho se escapaba de sus rasgados labios y volvía a lamerlos-. Si
hubieras sido más buena, quizá ahora vivirías –ladeó la cabeza y miró
directamente sus párpados cerrados-. Yo te quería. Y lo sabías. Pero tú me
obligaste –suspiró sobre su pálido cuello-. No quería llegar a esto. Deberías
haber sido más buena. Debiste haber sido más buena…
Se
levantó y se río tristemente para luego negar con la cabeza y murmurar la
palabra “mujeres…”.
Clavó en
el suelo la pala, con la que momentos antes había golpeado su cabeza para
dejarla inconsciente y que no sufriera por el disparo directo a su pecho, y
empezó a cavar. Tenía toda la noche, pues no eran ni siquiera las once.
Notaba
como su sudor rociaba su piel por el esfuerzo. No estaba demasiado acostumbrado
a los esfuerzos físicos continuos y eso le costaría unas agujetas durante una
semana. Pero él estaba alegre. “El mejor plan del mundo”, se había dicho muchas
veces antes de llevarlo a cabo.
-Te lo
di todo –empezó a hablar, desahogando parte de su ira-. No tenías nada. Ni a
nadie. Y yo te lo di todo –le echó en cara mientras clavaba con más fuerza la
pala en el suelo congelado-. Un trabajo, un hogar, incluso una familia que te
apreciaba. Y tú, desagradecida, así me lo pagaste –salió del hoyo y miró de
nuevo el cadáver-. Pero tranquila, nadie notará tu ausencia. Porque eras una
don nadie.
Cogió el
cuerpo por los pies y lo arrastró al agujero, arrojándolo con cuidado. Miró de
nuevo su cara y acercó su boca a sus labios. Besándolos por última vez.
-Yo te
quería. Y lo sabías. Pero tú me obligaste –besó su mejilla-. No quería llegar a
esto. Deberías haber sido más buena –besó su cuello-. Debiste haber sido más
buena. Y quizá ahora vivirías…
Juntó su
frente con la suya y cerró los ojos, despidiéndose en su mente de ella.
Final 1 (no-ficción):
Salió del foso y empezó a cubrir el cuerpo con la tierra sacada previamente junto a la nieve. Una vez cubierto, cogió la luz e iluminó el segundo cuerpo.
-Y a ver qué cojones hago ahora yo con este perro –dijo mirando con rabia a un joven castaño.
Final 2 (ficción):
Un dolor
punzante atravesó su cuello mientras sus ojos se abrían como platos y se ponían
en blanco mientras su boca intentaba gritar auxilio sin salirle ningún sonido.
En
cuestión de segundos cayó de lado, justo en el agujero donde debía estar la
joven, quien ahora se encontraba firme limpiando su boca llena de sangre.
-Lo
siento, querido –dijo con una voz dulce-. Yo también te quería, pero en este
amor debes permitirme algún que otro capricho… o te convertirás en mero ganado.
Sonrió
melancólicamente y salió del hoyo con la ayuda de otra mano. La de su amante al
que su recién ex-novio también creyó haber matado.
¿Y bien?, ¿qué final os ha gustado más, el primero o el segundo? Ya sabéis de más que aquí abajo podéis comentar sin problemas lo que creáis conveniente, expresando vuestra opinión, además de valorarlo, compartirlo y demás.
¡Buenas noches, queridos lectores! ¿Cómo van los últimos exámenes? Espero que todo bien, tanto los de Selectividad como los de recuperación. Pero bueno, hoy os traigo un nuevo relato que escribí hace poco y casi que se podría decir que es "recién salido del horno". Aún así, espero que disfrutéis con la lectura.
Corría y
corría. No sabía hacia donde, ni siquiera tenía claro el motivo cuando cambiaba
de dirección. Lo único importante era correr. Correr antes de ser alcanzado.
Antes de ser atrapado.
Las
ramas de los árboles arañaban mi cara y mis ropajes. Los arbustos los
destrozaban y me causaban cortes. Pero no podía detenerme. Debía correr. Correr
y no parar bajo ninguna condición.
El
agotamiento pesaba en todo mi cuerpo, pero la adrenalina y el miedo de lo que
me perseguía le obligaban a continuar y no mirar atrás. No podía mirar atrás,
porque si lo hacía… ya sería demasiado tarde.
Di un
salto, cayendo por una colina rodando. Me levanté de inmediato y seguí hacia
adelante. Viendo el sol a lo lejos, ocultándose tras las enormes montañas que
escondían infinitas ciudades y maravillas entre sus valles y sus cimas.
Haciendo que la sombra se me cerniera tanto por detrás como por delante. Que me
rodease hasta ocultarme.
Grité
que no lo hiciera, que no se fuera. No debía hacerlo, no podía hacérmelo. No,
no y no. Por nada del mundo. No podía dejarme aquí en medio, abandonado, sin
faro alguno que me guiase.
Escuché
un cuchicheo a mis espaldas, cercano y frívolo. Mierda, ¡mierda! Me había
detenido sin darme cuenta al ver mi única esperanza desaparecer delante de mis
narices. Emprendí de nuevo la marcha, pero sabía perfectamente que ya no
serviría de nada. Me atraparía y no podría huir. No podría escapar de sus frías
garras y haría conmigo lo que quisiera. Formaría parte de mí, aferrándose hasta
lo más profundo de mi alma. Y todo por mi culpa y desesperanza.
Una
sonrisa de formó en la comisura de mis labios y una sonora carcajada salió de
ellos. Una risa tan profunda que parecía provenir desde las mismísimas entrañas
de mi ser mientras abría los ojos como platos y miraba al frente.
Me había
atrapado, sí. Me había atrapado y me envolvía. Me dijeron que no debía dejar
que eso ocurriese. ¡Pero necios quienes lo dijeron! ¡No querían que viera una
nueva visión de la realidad! Una visión nueva, plena y llena de cosas que
cualquier otro no hubiera ni podido imaginar.
Pues lo
que vosotros nombrasteis como locura, a mí se me presentó como una visión mucho
más perfecta de la realidad. Donde las emociones son más fuertes e intensas.
Donde todo cobra distintos sentidos y significados. Donde nunca nada está mal
porque no existe el bien. Y todo con una única sinfonía: una risa continuada
que nunca se apaga.
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que así sea y que el título no diera demasiadas pistas sobre lo que trataba el relato. Aún así, ya sabéis que aquí abajo podéis comentar, valorar, opinar, compartir y lo que vosotros creáis conveniente.
¡Buenos días, queridos lectores! Hoy os traigo una parte de un sueño que he tenido esta misma noche y digo una parte porque en verdad está formado por diversas, pero eran como historias distintas cada una y, la verdad, es que ésta es la que más me ha gustado (pese a que había otra de un conejo que cocinaba y hacía ver que fumaba de una pipa). Así que espero que disfrutéis con la lectura de este sueño, pues hacía ya mucho que no subía ningún relato de este tipo.
El
paisaje se fundía y mezclaba a través de la ventana. Aún gracias se podía
apreciar lo que quedaba más lejos pero, cuando los árboles estaban demasiado
cerca, se fusionaban en una masa uniforme de color verde.
El
bosque y los prados empezaron a dar paso a las casas y más tarde a la zona
industrializada de la ciudad. El tren era rápido, más de lo que hubiera
esperado. Miré al asiento de delante, donde antes había un hombre con
gabardina, y observé una enorme bolsa deportiva que estaba entreabierta.
Algo
brilló en su interior y me fijé mejor. Eran unos ojos felinos, relucientes y
amenazantes con salir de esa bolsa en cualquier momento para lanzarse a mi pescuezo.
Noté
como empezaba a ponerme nervioso, hiperventilando, y golpeé con el codo al tipo
que tenía a mi lado. Éste me miró y yo le indiqué con la cabeza el equipaje de
enfrente. Al dirigir su mirada allí una mueca de terror también se reflejó en
su rostro, para luego mirarme como si buscase una solución.
Ambos
pensamos en lo mismo: cuando el tren se detuviese, cogeríamos la bolsa y la
lanzaríamos fuera por el lado que estuviera el andén, alejándonos de lo que
hubiera en su contenido que parecía atentar contra nuestras vidas. Pero cuando éste llegó a la siguiente estación vimos como iba por un carril central, haciendo
que no tuviéramos ningún lado con corredor.
-¿Y
ahora qué hacemos? –preguntó el tipo, nervioso, mirándome al ver que a la izquierda
teníamos otro tren y a la derecha una vía.
-Debemos
librarnos de eso…
Asintió
y no dudó un instante, tragó saliva y fue a por la mochila, la cogió y la tiró
por el lado del raíl justamente cuando llegaba un nuevo tren por ese lado,
pasando por encima de la bolsa y lo que hubiera en su interior.
Suspiramos
al unísono, aliviados, pero dentro de mí una parte se sentía mal. ¿Y si
habíamos matado a un ser inocente al que malinterpretamos su mirada? Aunque lo
hecho, hecho estaba. Lo único que podía hacer era intentar relajarme y no
pensar en ello hasta terminar con mi viaje.
Al rato
noté un bufido entre mis piernas, provocando que me levantase de inmediato y
mirase debajo del enorme asiento en el que me encontraba, ya que el tren se
separaba por bancos que iban de pared a pared con un pasillo en el centro del
tamaño justo de las puertas de cada sección. Pero lo que vi ahí me aceleró el
corazón. No era un niño travieso, ni siquiera un minino o un can que se hubiera
escapado. Nada de eso. Era un enorme tigre, un enorme y precioso tigre de Bengala.
Busqué
con la mirada a mi compañero, pero recordé que hacía poco había bajado a
una estación. Así que estaba solo en esa sección del tren marcada por dos
bancos. Y el resto de la gente seguía tan tranquila, ajena de lo que veía.
El tigre
me miró directamente a los ojos, provocándome un escalofrío en la espalda. No
sabía qué debía hacer, pero recordé que me quedaba algo de comida en un pequeño
macuto que llevaba. Lo abrí y saqué un pedazo de bizcocho, el cual rompí un
poco y le ofrecí al tigre acercando mi temblorosa palma.
Sus ojos
se clavaron en los míos, luego en mi mano y, cuando pensé que iba a
arrancármela de cuajo debido a su gigantesca boca abierta llena de afilados
dientes, dio un simple lametón que me empapó la mano de su caliente saliva
mientras él se comía el bizcocho.
Inmediatamente
se levantó y se acercó a mí, para empezar a acariciar su costado contra mis
piernas, como si se tratase de un gato mientras yo le acariciaba el torso, cada
vez más seguro y sonriente al ver lo afectivo que demostraba ser. Pero el miedo
y la inseguridad volvieron cuando escuché un rugido proveniente del estómago de
mi nuevo amigo.
Le fui
dando más cachitos de bizcocho, pero eso no parecía saciar su hambre. Rebusqué
en la mochila y sólo logré encontrar unas pocas galletas, cosa que para él no
sería nada. Era hora de concienciar a las otras personas de lo que pasaba.
Carraspeé
con fuerza y algunos de los presentes me miraron y, para mi asombro, no se sorprendieron
ni alarmaron por la presencia del tigre.
-Tiene
hambre… -dije, con cierto miedo- y yo no sé qué darle.
Una
señora de tez morena se levantó y se acercó, abriendo su bolso y sacando un bol
con un mejunje amarillo. “Natillas”, dijo sonriente. Yo cogí su ofrenda,
agradeciéndoselo, y rompí las galletas para añadirlas al cuenco.
Se lo
acerqué al tigre y este dio un único lametón. Luego me miró y me tensé al
momento, temiendo que no le gustase. Él simplemente sacó la lengua y yo le
entendí. “¡Sed! ¡También tiene sed!”,
saqué la botella de agua y eché un poco a las natillas, para luego dejar el
recipiente en el suelo y ver como el tigre empezaba a comer ansioso.
Ya poco
quedaba para llegar a mi destino y finalizar mi trayecto, así que me puse
frente a la puerta y el felino vino conmigo. El tren se detuvo y las puertas se
abrieron, de las cuales salimos ambos hacia la luz que de afuera.
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Os ha dicho alguna cosa en especial? Ya sabéis que podéis opinar, comentar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problemas, ya que todo lo que digáis o dejéis en constancia es bien recibido.
¡Buenas noches queridos lectores! Hoy, a las tantas de la madrugada, os traigo un relato que he escrito hará cosa de unas escasas horas el cual lo adjuntaré con una banda sonora abajo (como ya he hecho en más de una ocasión) pero por el hecho de que me ha inspirado este relato. Aunque, esta vez, a diferencia de las otras, la banda sonora tiene diversas partes, como el relato, y cada una está ligada con una parte del relato (que, leído a velocidad más o menos normal, debería encajar en el tiempo). Pero bueno, aquí os dejo el relato y abajo el vídeo.
Sus
rodillas se hundieron en el suelo, junto a la hoja de su espada. Sus manos se
posaron sobre su regazo, mientras agachaba la cabeza. El silencio inundaba el
lugar y sólo se podía percibir la brisa ululando por el interior de su dañado casco.
La
sangre corría por el descampado, formando nuevos ríos y charcos, manchando de
rojo el verde prado. Tintando de granate los estandartes clavados. Fluyendo de
los cuerpos del suelo, la mayoría sin poder volver a ser reconocidos nunca más.
Alzó la
cabeza al cielo y miró con sus pequeños ojos las nubes, buscando una respuesta
mientras se enfrascaba en sus recuerdos, rememorando como había ocurrido todo,
recordando el crepitar del fuego en la chimenea incitándole a ir a la guerra, a
hacerse un nombre batallando.
Golpes
de escudos, los unos con los otros y contra los pechos de sus portadores.
Jinetes en altivas monturas centelleando bajo la luz del día, como estrellas en
mitad del firmamento, por sus armaduras pulidas. Guerreros, soldados todos
ellos, de mismas condiciones e igualdades. Héroes para sus seres queridos,
monstruos para sus enemigos.
Miró la
explanada que se extendía frente a él y observó los otros combatientes. Luego
suspiró, dejando que el viento acariciara su rostro y cabellera antes de
colocarse el yelmo, justo al sonar a lo lejos el gran cuerno. Indicando el
comienzo del gran acontecimiento.
Cerró
los ojos, relajando todo su cuerpo, y revivió otro momento, uno de más cercano.
El último vivido.
Recordó
el acero brillar bajo los soles. Las chispas saliendo con su choque y los
gritos eufóricos de los batallantes, disfrutando ser portadores de la muerte.
Rememoró las lecciones aprendidas de joven llevadas a la práctica, manejando el
hierro en lugar de la madera. Y la euforia, la alegría, el bienestar tras
insertar la hoja de su arma en el pecho de quien momentos antes le intentaba
matar.
Un
encuentro de espadas, un resplandor momentáneo entre ellas, en el cielo, y un
cuerpo cayendo al suelo. Un vencedor avanzando a por otro vencedor, luchando
sin descanso hasta convertir a uno de ellos en perdedor. Muriendo y matando honradamente
en un combate hasta el final.
Sin
importar nada más que la gloria y el honor por ser el campeón de campeones.
Las
nubes amenazaron en el cielo para dar paso a la lluvia. Las gotas repiquetearon
en su magullada armadura, oscurecieron el color de su capa y empaparon su piel,
limpiándola de toda mancha y suciedad.
Regaron
la hierba y lavaron la tierra de todo mal producido. Y finalmente respondió al
invicto, dándole un claro mensaje, pues pese a ser el mejor de todos ya no
quedaba nadie para alabarle, más allá del cielo y los Dioses, que fueron meros
espectadores.
Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que haya sido de vuestro agrado y se haya podido compaginar bien la música con el relato, pese a que quizá alguna parte de la narración es demasiado breve para esa "sección" dentro del soundtrack, pero creo que si se escucha antes la música y luego se lee con ésta se sabrá compaginar bien. Además, ya sabéis que aquí abajo podéis valorar, comentar, compartir y demás sin ningún problema.
¡Buenas noches queridos lectores! Esta semana he estado fuera (otra vez) y acabo de volver a casa. Así que una vez acomodado y demás, os cuelgo aquí un pequeño cuento/relato que escribí en su día y espero que disfrutéis leyéndolo.
Sintió
su cuerpo frágil. Ligero, como si pudiera flotar. Pesado, como si jamás hubiera
descansado. Atrapado y a la vez libre.
Una mirada
vacía que observaba todo, sin ver nada. Una boca abierta, dispuesta a hablar, pero
tan seca que no era capaz de pronunciar palabra alguna. Una mente brillante,
rebosante de ideas, pero detenida. Como una maquina sin aceite.
Y así se
mantuvo, en el suelo, como el primer resplandor en el oscuro cielo. Un
resplandor que ni siquiera las miradas más curiosas y atentas pudieron
percibir.
Cerró
sus pesados párpados. Pero no podía dormir a pesar de sentir su cuerpo agotado.
Notó como las gotas empezaron a caer sobre él, mojando su áspero cuerpo y
enterrándolo bajo el barro que caía en el cráter que él mismo había provocado.
Un
suspiro se escapó de sus labios. No de desolación, ni de alivio. Sino de fuga.
Pues su alma abandonó su cuerpo antes de ser enterrado. Un cuerpo que había
sido rechazado, por no ser como los demás.
Un
cuerpo que llegó del cielo, cayendo de él. Una noche sin estrellas, pues le
abandonaron a su suerte. Y buscó ayuda. Pero no, no era un hombre como los
demás. Era un extraño que buscaba indicaciones tras salir de un enorme agujero
provocado en un estruendo. Un ser singular, nada particular. El desconocido que resplandecía.
Y todos
quisieron ese esplendor.
Así que
ignorando sus peticiones, se abalanzaron hacia él. Por ser diferente, por ser
especial. En mitad de tanta gente corriente, en mitad de gente normal. Pero no pudieron
quitarle su luz, pues la llevaba pegada a su aura, a su alma.
Y lo echaron.
A pedradas y bastonazos. Golpeado por los ignorantes mientras los demás
observaban, en silencio.
Hasta
que su brillo parpadeó en el aire, saliendo de su boca, de su tos.
Todos
miraron al suelo, a las gotas brillantes que se apagaron al momento. Y luego
miraron al ser, sonrientes, mientras prosiguieron. Golpeándolo, hasta que huyó.
Corriendo
por las callejuelas, yendo al exterior. Hasta su cráter, en el que se tiró.
Y miró
al cielo, incomprendido y suplicando, mientras poco a poco su luz se iba
atenuando. Hasta cerrar los ojos y suspirar.
Entonces
fue, cuando en el cielo, todos los individuos lo vieron. Vieron en el cielo un
centelleo. El de una única estrella, solitaria, brillar.
Y bien, ¿qué os ha parecido? Espero que hayáis disfrutado de la lectura y ya sabéis que, como siempre, podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo.
¡Buenas tardes, queridos lectores! Siento no haber subido tantas entradas como debería haber hecho, pero es que al final el martes bajé a Huelva y no estuve demasiado por el ordenador (supongo que quien me tenga/siga en alguna red social adivinará fácilmente el porqué). Pero aún así hoy pensé en subiros al menos un relato instantáneo (ya que no tengo a mano mi pendrive donde guardo mis escritos). Así que bueno, espero que os guste y lo disfrutéis.
Aunque antes un par de cosillas: el capítulo de Un bar cualquiera prometo subirlo el fin de semana que viene y otra cosa es que estoy dispuesto a aceptar imágenes/dibujos o incluso algún soundtrack que os gustase, me lo enviarais por algún mensaje privado o correo y, si me inspira algo, os dedicaría un escrito a dicha imagen o canción (como este mismo relato que acabo de escribir y que subiré el dibujo al final, además de poner el autor de dicho dibujo). Pero claro, eso lo haría cuando tuviera un momento y, si recibo unos cuantos, incluso abriría una sección/página nueva para este tipo de relatos, pero claro, para hacerlo debería recibir unos mínimos de peticiones cada X tiempo, es decir, las suficientes para ir actualizando esa sección y que tuviera bastantes entradas también. Aún así, por ahora es solamente un proyecto entre manos en el cual, si os gusta la idea, podéis empezar a enviar que yo lo recibiré la mar de contento o, si no es para relatar nada, vuestra opinión sobre éste tema también será bienvenido.
Pero bueno, ya os dejo con el relato instantáneo y, además, inspirado en un dibujo que me pasaron para que hiciera un relatillo.
La
impaciencia se hacía notar. Todos estaban pendientes de la decisión final. Y no
les defraudó.
Con un
rápido gesto alzó su brazo, pero no el derecho, sino el izquierdo. En el cual
portaba su arma. El cual daba la señal que estaban esperando. La señal para
lanzarse a la batalla.
Y
mientras los demás jinetes espoleaban a sus monturas aladas, ella siguió sentada,
tranquilizando a la revoltosa criatura en la cual montaba. Pues también ansiaba
el fragor de la batalla.
Pero
todavía no era el momento. Debía esperar. Debían esperar, ambos seres, jinete y
montura, a su llegada mientras sus compañeros batallaban.
Y fue
así, mientras éstos combatían con fiereza en los cielos, jinetes con hierro,
monturas con fuego, ellas esperaron.
Hasta
que una flecha negra surgió del suelo y oscureció el cielo a sus espaldas
gracias a sus inmensas alas.
Había
llegado él.
Por lo
que la muchacha espoleó a la criatura y ésta desplegó sus alas. Mostrando por
fin su esplendorosa forma dragoniana y alzando el vuelo. Alzando el vuelo
contra el gigantesco dragón que había empezado a masacrar a sus camaradas sin
miramiento alguno.
Aunque
para llegar hacia él tuvieron que sortear tanto a éstos como a los adversarios
que se abalanzaban hacia ellas.
Desgraciadamente,
en una distracción donde muchacha y dragón miraron atrás por la muerte del
último de sus cofrades, al volver la mirada al frente la enorme bestia había
desaparecido. Pero solamente por unos segundos, pues inmediatamente aparecieron
ante ellas sus descomunales fauces bien abiertas.
Y bueno, por si no fuera poco os añado también el Soundtrack que escuchaba mientras estaba escribiendo el relato, cosa que creo que le da más emoción a la lectura, pero claro, eso ya sería a gusto de lector.
Así que ¿qué os ha parecido este relato recién sacado del horno inspirado en el dibujo mostrado? ¿Os ha gustado? Pues vendría a ser lo que os dije en la presentación de la idea que tuve, por lo que si os gusta, ya sabéis que hacer. Y esto es todo por ahora. Nos vemos en la siguiente entrada.
¡Buenos días queridos lectores! Ayer no pude subir el capítulo debido a que tuve que hacer un trabajo bastante extenso y, cuando llegué a casa, ya era muy tarde, por lo que pensé en levantarme temprano hoy y, si tenía tiempo, colgarlo de buena mañana el capítulo. Así que aquí os lo dejo.
Espero que os guste y no os defraude, aunque ya sabéis que podéis expresaros al final del todo.
Pero bueno, os dejo ya el capítulo antes de que me vaya y esto se quede en un simple borrador en el blog.
Pasamos
por diversas calles y avenidas antes de detenernos delante de una pequeña plaza
transitada por todo tipo de individuos. Parecía que había alguna pequeña feria
mercantil, pues estaba rebosante de gente y se podía apreciar algún que otro
puesto. Ya sé que debería estar más al tanto sobre dichos eventos al vivir por
allí, pero francamente mi vida se había centrado básicamente en mi bar, Alice
y, lo que me quedaba de tiempo, hacer alguna cosilla en casa. Era por eso que
no salía demasiado. Aún así, Jack nos indicó de bajar y me dijo que siguiera e
hiciera caso a James mientras él iba a por un encargo.
Asentí
y caminé junto a James, quien parecía haberse empeñado en recorrerse todo el
lugar, mirando por todos sitios y observando a cada una de las personas y, para
ello, no parecía importarle dar algún que otro empujón, provocando alguna queja
de las cuales me encargaba yo de pedir disculpas. Cosa que no sabía ni siquiera
porque lo hacía, ya que ese tipo aún no había logrado ganarse mi amistad y, a
este paso, ni siquiera mi confianza.
No
tardamos mucho en detenernos delante de un pequeño espectáculo en el cual se
habían reunido bastantes personas alrededor de un hombre elegante que se
encontraba en el centro. Por lo visto el motivo de la atención era que ese
individuo estaba haciendo algún tipo de truco de magia con sus manos, pues con
algunos gestos lograba hacer cosas que no había visto nunca, como mover y
apartar objetos con un simple movimiento de dedos sin que pudiera haber truco
alguno, ya que los objetos se encontraban a una distancia considerable.
-Ahora
nos vamos a divertir un rato –me susurró mi compañero cuando el “mago” pareció
pedir un voluntario.
Pensé
que haría alguno de sus trucos todavía desconocidos para mí y no me defraudó,
pues me sorprendió, solo que no como yo esperaba debido a que me empujó en
medio del círculo para que fuera el voluntario.
El
trajeado sonrió y me pidió que sujetara un par de cajas, las cuales pude
revisar y enseñó ante todo el público que estaban vacías. Incluso las dobló
para que quedaran finas y luego las volvió a montar.
Me
pidió que extendiera los brazos, teniendo así las cajas lejos de mi cuerpo, y
empezó con su espectáculo.
Se
agachó, haciendo algo de mímica, y pareció rebuscar en un baúl invisible. De
ese supuesto cofre, hizo ver que cogía un detonador de los explosivos de los edificios
en demolición pero inmediatamente desechó el “objeto” tirándolo sin decir nada.
Por lo que siguió rebuscando hasta que pareció coger dos detonadores, uno para
cada mano, de esos que solo hace falta pulsar el botón con el pulgar.
Antes
de hacer nada, abrió sus palmas al público para que viera que no escondía nada,
y volvió a imitar que cogía dichos detonadores.
Con
un rápido movimiento pulsó uno, pero no ocurrió nada. Luego pulsó el otro. Aún
nada. Luego hizo ver que se iluminaba, viniéndole una idea a la cabeza, y pulsó
los dos a la vez. Instantáneamente las cajas detonaron en mis manos, sin que me
lo pudiera creer. Él sonrió de medio lado y, cerrando el puño izquierdo y, de
la mano derecha, dejando solamente rectos el dedo índice y corazón, apartó los
pedacitos de caja de mis manos, tirándolos al suelo, al hacer ver que los
apartaba.
Quizá
lo que acababa de hacer fuera magia de verdad o, quizá, él, al igual que Jack o
James, tenía alguna capacidad fuera de lo común. Pero no tuve tiempo suficiente
para descubrirlo, pues unos gritos y quejas de diversas personas empezaron a
inundar el lugar.
James
había desaparecido y no sabía por dónde ir, pero de repente apareció Jack,
sonriendo pícaramente, con una bolsa entre sus manos que me lanzó antes de
perderse de nuevo entre la multitud.
Al
poco rato apareció un grupo de hombres, tras la pista de mi compinche, pero uno
se detuvo al verme.
Pelo
corto y oscuro en una cabeza algo pequeña, pero con un cuerpo de armario. Si no
me sacaba dos cabezas, me sacaba tres.
Cuando
bajó la mirada a mis manos, donde se encontraba esa bandolera que me había dado
Jack, su ceño se frunció y sus ojos enfurecieron.
Yo,
lentamente, sin saber porqué, me la coloqué sin dejar de mirarle. Eso pareció
ser peor, pues se abalanzó hacia mí con toda su furia.
Unas
gotas de sangre mezcladas con saliva salpicaron el suelo. El sabor a óxido de
ese rojizo fluido inundó las papilas gustativas mientras alzaba la cabeza para
mirar, rabioso y directamente, los ojos de su rival, expresando a su vez la
incomprensión de cómo un enclenque podía haberle propinado semejante golpe. Ni
siquiera yo lo sabía. Y justamente era ese enclenque.
Alzó
su enorme puño y me golpeó con fuerza en la barriga, impulsándome a retorcerme
en mi mismo y, mientras veía de reojo como sonreía victorioso, me tiré como
pude a un lado para evitar un rodillazo en plena frente. La ira volvió a su
rostro.
Con
un rápido movimiento de piernas, que desde mi punto de vista había sido de lo
más lento y torpe posible, enredé sus piernas con las mías, tumbándolo en el
suelo.
No
pensaba desaprovechar esa oportunidad, así que me levanté y corrí entre la
multitud como había hecho Jack antes y como seguramente habría hecho James.
Miré
de reojo y vi que el gorila mostraba cierta dificultad para levantarse. Quizá
al caerse se había golpeado la cabeza y, ahora, estaba medio aturdido, aunque
no lo sabía con ninguna exactitud, por lo que no dejé de correr empujando a la
gente y apartando todo cuanto me encontraba de por medio.
Sin
querer, al girar por un callejón, elegí mal al ir por la derecha en lugar de la
izquierda, ya que allí había dos tipos que parecían haber perdido el rastro de
Jack pero que, al verme a mí llevando el paquete que deberían buscar, empezaron
a perseguirme.
Ahora
no solo apartaba y empujaba, sino que debía tirar cosas atrás para evitar que
me pillaran. Además de que, como ya dije, no estaba en demasiada forma física y
era por ello que estaba empezando a cansarme.
Me
pregunté para que servirían las habilidades de Jack o de James si no las usaban
para espabilarse en arreglárselas con tipos así en esta clase de situaciones,
porque hasta el momento no las habían usado para completamente nada. Pero no
tenía tiempo para pensar demasiado, eso hacía que me ralentizara todavía más.
Así que corrí, dejando las preocupaciones y cuestiones para otra ocasión.
En
un momento encontré una rampa y, sin saber porqué, me dio por querer hacer como
las típicas películas de acción y persecución, así que subí haciendo un esprín con mis últimos esfuerzos y salté encontrándome en unos instantes a una altura
considerable entre dos casas de por allí.
Una
sensación de vértigo y de que me iba a caer inundó mi cuerpo, por lo que lo
siguiente vino el miedo y, a causa de esto, por poco que no caí al vacío. Ya
que logré aterrizar en el otro tejado, pero rodando por este hasta casi caerme
si no me hubiera agarrado de una chimenea.
Cuando
la cabeza paró de darme vueltas y me situé de nuevo, esos dos tipos estaban en
esa rampa, vacilantes sobre qué hacer. Yo me levanté y, al ver que lo hacía,
cogieron cada uno una pistola de dentro de sus chaquetas y me apuntaron.
Uno
disparó, dándole a la piedra de la chimenea como advertencia, aunque yo me cubrí
instintivamente con la bolsa, cerrando los ojos.
Al
abrirlos y apartarla un poco de mi cabeza, vi como habían bajado las armas,
como si lo que llevara encima fuera demasiado importante como arriesgarse a que
sufriera el más mínimo rasguño. Inconscientemente se dibujó una pequeña sonrisa
en mi rostro, pues acababa de encontrar mi salvoconducto a la huída.
Es
por ello que les saludé, burlándome en parte, y empecé a andar para irme de
allí mientras veía al gigante del principio llegar para hablar con esos dos
hombres y darles algunas órdenes que se escaparon de mi oído.
Bueno, ¿qué os ha parecido? A lo mejor algunos esperabais algo más extenso, otros quizá no. Pero no suelo ser de esas personas que les gusta dar vueltas a una cosa mil y una vez, sino de, normalmente, intentar ir al grano. Quizá por ello, algunos penséis que esto es corto, aunque no sé, como he dicho, podéis haceros oír (o leer) aquí abajo al dar vuestra opinión comentando o votando.
¡Ah! y los espacios que dejo entre párrafo y párrafo (la sangría), a veces la copia bien del Word y otras no, así que es normal que algunas veces no esté bien hecha como ahora en esta entrada ya que en el documento Word procura que quede recto, pero desde las entradas de blog no lo hace, por lo que si os fijáis podríais notar cuales lo copió bien y cuales no. Pero bueno, me voy ya antes de llegar demasiado tarde.
¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.
Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.
¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.
¡Buenos días estimados lectores! Hoy os traigo un relato que presenté por los concursos entre usuarios de Bubok, solo que un pelín cambiado y creo que corregido. Aunque antes os he de informar que para el lunes o el martes seguramente tenga una pequeña sorpresa para vosotros y espero que os guste.
Pero bueno, avisando previamente, hay que estar atento a la lectura para poder seguir el hilo sin perderse (cosa que ha sucedido con algunas personas), pues no es un texto sencillo. Pues el tema principal es la manipulación del tema y, por ello, no es fácil de leer. Pero si lo lográis comprender entero y haceros el esquema y la imagen del orden y la línea cronológica del relato, me sentiré orgulloso. Además de que vosotros podréis disfrutar mucho más de la lectura. Y, como en algunos relatos utilizo la cursiva pero todos los publico en cursiva, lo que haré será poner negrita donde iría la cursiva, porqué muchas veces dicha palabra en cursiva suele ser importante.
Aunque no me iré más por las ramas y os dejaré ya el relato. Espero que os guste y recordad prestar atención.
Sabía perfectamente que vendría a por mí desde el primer momento en que lo hice. Derrotar a sus versiones pasadas no me aseguraba la victoria. Solamente me daba más tiempo.
¿Te preguntas quién soy yo? Raro que a estas alturas no lo sepas. Vendrás de un futuro después de mi muerte o, quién sabe, quizá de un pasado en el que aún no he existido. Pero te responderé, curioso inquilino. Yo soy el amo y señor de lo que ahora estás viendo, has visto y verás. Incluso de lo que nunca llegarás a ver. Pues, querido inquilino, yo soy el Hegemón de todo lo que concierne a este Universo.
Siéntate, no tengas miedo. No muerdo… demasiado. Te contaré como logré llegar hasta esta posición. Te contaré como, yo solo, logré engañar a esos bobos guardianes y les arrebaté el control. Te lo contaré, sin ningún compromiso por ello. ¡Eh! No, no te inquietes. No te mataré por saberlo, me gusta que se conozca mi historia. Al menos… antes de que desaparezca.
Desde que nací supe perfectamente que tenía una función especial dentro de este mundo que habitábamos, pues ahora es inhabitable debido a la contaminación prologada a lo largo de los años. ¿Cómo lo supe? Mi mente privilegiada estaba atrapada en el cuerpo de un infante. Pero tenía paciencia, mucha, y el tiempo estaba a mi favor.
Cuando pude manipular bien los objetos con mis pequeñas manos, simplemente me encargué de que mis padres no fueran un estorbo para mis propósitos. No, no los liquidé. ¿Qué clase de loco eliminaría a sus progenitores? Solamente los neutralicé.
Manipulando el reloj central de la relojería que tenía mi padre, logré detener el tiempo completamente en todo el globo. Pero dicha tarea fue difícil, así que no lo logré hasta que mi cuerpo físico adquirió los diez años. Aunque una vez hecho fue coser y cantar.
Mi mente privilegiada, que recordaba mis vidas, todas sus experiencias, todos sus conocimientos, me proporcionó la información para llamarlos y, mientras no venían, no los esperé sin más. Fui construyendo mis propias máquinas, a pesar que el material de este planeta fuera pobre y no diera para mucho en ese momento me fue de mucha utilidad.
El planeta ya llevaba parado en el tiempo cinco años. Yo había crecido, mi tiempo físico no se había detenido, pero el resto del mundo seguía igual de joven que el primer día. Para que, pasado un año más, por fin viniesen. Por lo visto se habían hecho de rogar.
Cuando se presentaron les dejé las pistas suficientes para que me encontraran; habían carteles de mi rostro por todas partes, por lo que solo debían seguir el orden cronológico de su colocación para dar con mi posición. Se supone que es una tarea de niños para ellos y no me defraudaron. Pero esperaba que fueran más perspicaces…
No tardaron en llegar al almacén donde estaba metido, sentado en un sillón de cuero, esperándoles. Cosa de la que me enteré a través del chivatazo de un viejo conocido.
Al llegar se encontraron todo a oscuras, pero avanzaron sin miedo. Estúpidos. Para cuando se encontraban en el centro del almacén encendí la luz. Eso los cegó y probaron a detener el tiempo, pero allí ya estaba detenido. Yo lo había detenido. Por eso en ese tiempo solamente mandaba yo.
Esbocé una sonrisa. Ellos se sorprendieron de que su plan no funcionara. Luego me vieron y, sus caras, se convirtieron en una mueca de puro terror.
Pulsé el botón, reactivando el tiempo y, las máquinas que les rodeaban y que previamente había programado para disparar a un objetivo, hicieron su sencilla labor. Masacraron a esos dos ingenuos. Aún así detuve el tiempo antes de que les hicieran papilla y caminé hacía sus dos futuros fiambres.
Les arranqué de sus gélidas manos los relojes que poseían y les miré directamente a los ojos. Que desgracia el hecho de ser un Guardián del Tiempo. Te pueden congelar físicamente pero para tu alma seguirán corriendo los años, viendo lo que tus ojos te permitan ver. Y, los suyos, vieron como un niño de dieciséis años sacaba una pistola, les apuntaba, y les reventaba la cabeza en pedazos. Sin ni siquiera mancharse, debido a que la sangre estaba tan congelada en el tiempo como ellos.
¿Algo duro quizás? No. Eso fue solamente el inicio.
Ya disponía de sus aparatos para, no solo controlar el tiempo, sino también viajar a través de él. Además contaba con una ventaja, conocía a mi enemigo y, él, no me conocía a mí. Todavía.
¿Qué hice después, preguntas? Veo que te ha entrado curiosidad. Proseguiré.
Fue sencillo, fui viajando por los distintos tiempos, dejando la Tierra congelada, eliminando los Guardianes del Tiempo en sus tiempos pasados. Antes de ser seleccionados como tales. En algunos casos, antes siquiera de ser planificados para ser procreados. Sí. Maté a infantes, a padres y madres. Sí, también a mujeres embarazadas. Y a familias enteras.
¿Qué? ¿Si me arrepiento? No seas bobo, inquilino. Todo sea por la hegemonía del Universo. Bajo mi mandato.
Llegué, en una ocasión, incluso a provocar un genocidio. Destruyendo el planeta natal de esos guardianes. Pero a esos no podía matarlos en el pasado, sino mi plan nunca hubiera funcionado en el presente. Eso lo hice en el futuro, claro está.
Pero nunca llegaría a saber en qué tiempos y espacios estaba infiltrado un Guardián del Tiempo. Por eso mi yo del futuro se encargó precisamente de buscarlos y me mandó una lista a mi yo del pasado para que ahora, en la actualidad, ya estuvieran todos liquidados.
Sé perfectamente que el tiempo tiene sus reglas. Sus normas. Y que no deben ser quebrantadas inquilino. ¿Pero acaso tú has seguido siempre todas las leyes al pie de la letra? Además, contando que era por una buena causa: Hegemonizar el Universo. No me mires así, ambos sabemos que tengo razón. Pero déjame continuar.
Sí, llegó el momento en que no quedaba ningún guardián con vida. Todos estaban muertos y mis manos futuras, pasadas, presentes manchadas de sangre temporal. Pero no me importaba, ahora ya podía aprovechar la hegemonía lograda bajo mi único mandato y poder temporal. Yo era, y sigo siendo, el dueño del Tiempo. Y nadie más ha conseguido arrebatármelo. Ni siquiera esas escuadrillas idiotas.
¿Cuáles, preguntas? Te responderé con gusto.
El Tiempo no es tonto del todo, así que al ver que se le había manipulado al antojo de alguien, creó el Don. Sí, el Don. Una capacidad que aparecía en unas pocas personas que les permitían viajar al pasado, pero sin poder regresar al futuro. Cosa que les hacía correr un gran riesgo, pues debían vigilar todos sus actos. Se hacían llamar los Restauradores del Tiempo. Y a mí me llamaban el “Aniquila Tiempos”. Y bueno, tuvieron parte de razón… Aniquilé su tiempo.
Sólo tuve que capturar a uno, que lo hice con mis propias manos al venirme a la mente un recuerdo de mi yo pasado donde uno de ellos lo intentaba matar y, mis progenitores, lograban salvarme. Querían aprovechar que aún era un infante, pero no podían matarlos a ellos, podrían cambiar y alterar el Tiempo, convirtiéndose en "seres como yo". Cosa que se suponía que odiaban y tenían prohibido.
Pues bien, una vez el recuerdo afloró en mi cabeza, viajé a ese tiempo y lo capturé. Luego conseguí que cantara y, los recuerdos que tuve al ver como lo decía todo, hicieron que desapareciera al rato. ¿Cómo? Sencillo. Mi yo futuro recibió los datos y, sencillamente, se encargó de que nunca nacieran. Si, cree otra paradoja en el Tiempo. ¿Pero qué más daría? Era el señor y amo de éste. Estaba incluso por encima de él.
Pero supe que algún día acabarían mis días cuando recibí la nota de mi yo futuro. Una nota sencilla y clara. El Fin del Tiempo.
Por lo visto, mi enemigo, al que utilicé para obtener la hegemonía del Universo y mi cargo como su Hegemón, decidió sacrificarse para derrotarme. Acabando, no solo con él y conmigo, sino con todo. Y, debido a esto, no sólo se convirtió en mí al querer eliminarme en el futuro con una medida tan drástica que incluso yo hubiera tomado, si hubiera sido necesario, eliminando en el pasado a los Guardianes del Tiempo. Sólo que él resultó ser más estúpido. En lugar de programar su fin en el pasado, para que esto nunca hubiera pasado, lo hizo en el futuro.
¿Cuándo es, preguntas? Dentro de dos horas, inquilino. Aunque desde el inicio que supe mi cometido en este lugar, tomé el riesgo de que, al quebrantar las leyes del Tiempo, éste, tarde o temprano, lograría el método para reparar su error. Aunque fuera radicalmente.
¿Y por qué no me preocupa? Es fácil, porqué aunque el Tiempo se acabe, habré ganado. Te habré ganado. Pues ahora es mi Tiempo y no el tuyo, inquilino.
Bueno, ¿habéis podido seguir bien el hilo y comprender el relato al 100%? Espero y deseo que si, al igual de que os haya gustado. Añado para deciros que pretendía colgar la entrada esta mañana, pero me tuve que ir a hacer un trabajo y lo dejé en un borrador, por eso os lo cuelgo ahora. Aún así disculpad la tardía hora. Os añado aquí, al final, una pequeña canción que me encantó nada más escucharla como la canta Malukah (si, si, acabo de hacer un poquitín de publicidad, pero canta de una manera..). Pero bueno, me despido ya.
¡Buenos días estimados lectores! ¿Qué tal todo en este puente? Siento no haber subido nada ni el miércoles ni el jueves, despiste y que un servidor en un pequeño momento quería tomarse algún respiro. Pero os prometo que el material que os traigo para este nuevo capítulo no os defraudará.
También quería decir, que en parte estoy ayudando a un amigo con su historia y blog (acaba de empezar en este mundillo y claro, necesita una mano, por lo que eso me ocupa tiempo). Ya os pasaré su blog (que es todo una historia continua) en el que le ayudo un poco con las ideas y la estructura del texto cuando ya tenga algo más avanzada la historia.
Pero no nos vayamos por las ramas, el capítulo que hoy os traigo continua con las acciones de Matt. ¿Qué hará después de haber matado al tipo que tanta rabia le hacía? ¿Cómo actuará delante de Jack? ¡Todo esto lo descubriréis en este capítulo!
Mis
manos temblaban, al igual que todo mi cuerpo. Jack tenía razón, ¿cómo podía
haber hecho tal cosa? Pero lo hecho, hecho estaba.
Otra
extraña sensación recorrió mi cuerpo. Seguía con el miedo y el temblor, pero el
haber acabado con ese tipo, una sensación de poder también floreció en mi
cuerpo.
Sabía
que no debía descuidarme de las rarezas de Jack, ya que solo vi la garra que
poseía. Pero a pesar de ello una pequeña sonrisa se formó en mi rostro.
-¿Qué
estás pensado, Matt?
-Oh,
no tengas miedo…
-Matt,
mantén la calma. El asunto se te ha ido de las manos.
Quizá
tuviera razón y debía calmarme, pero una voz interior me decía que debía acabar
con lo que había empezado. Además, Harry seguía allí observando, sin decir
nada. A lo mejor tenía su consentimiento. A lo mejor él también quería esto.
Sin
dudarlo caminé lentamente hasta Jack. Él se levantó.
-Detente
–me decía.
-¿O
sino qué? –le respondía.
-Matt,
este no eres tú.
Cuando
estuvimos lo suficientemente cerca vi como sus dos manos se habían transformado
en garras. ¿Se sentía amenazado? ¿Quería atacarme a traición? La rabia acabó
por tomar el control y le asesté un puñetazo. El puñetazo que Richard nunca
llegó a darle.
Iba
a devolverme el golpe con un arañazo directo de sus garras a mi pecho, pero con
un pequeño salto atrás lo esquivé, viendo como su lenta mano fallaba y acto
seguido alzaba la vista, mirándome sorprendido.
En
parte también me sorprendí yo por mi rapidez y la lentitud de Jack después de
haber visto su actuación el primer día en mi bar. Pero no desaprovecharía la
ocasión.
Velozmente
lo cogí del pescuezo y lo empotré contra la pared, para asestarle unos cuantos
puñetazos y rodillazos mientras de reojo observaba a Harry mirándonos con
indiferencia.
Hice
mal por mi parte, porqué me distraje y Jack casi me desgarra la cara, haciéndome
una fea marca en el rostro de la cual no paraba de salir sangre. Eso me
enfureció más y empecé a ahogarle mientras una tercera sensación recorría mi
cuerpo, como si viera lo que sucedía desde tercera persona. Desde los ojos de
Harry.
Y
mi cuerpo, tras acabar con su víctima, iba hacía él descontrolado. Hacia mí.
Para asestarle un fuerte cabezazo y dejarlo inconsciente. Dejándome a mí también.
Acto
seguido desperté, levantando la cabeza de golpe y mirando a todos lados. Seguía
en la sala de antes, sentado en la silla delante del tipo de ojos azules.
Lo
miré, extrañado y desorientado por lo sucedido, pero él sonrió amablemente. Cosa
que me confundió todavía más. ¿Qué diablos acababa de suceder?
Espero que os haya gustado. Y el enigma sigue ahí, incluso Matt lo dice claramente: ¿qué acaba de suceder? ¿Era un sueño? ¿No lo era? ¿Harry es real? Todas estas preguntas y más las descubriréis la semana que viene en el capítulo correspondiente. Pero mientras tanto podéis compartirlo con vuestras amistades, votar el blog o indicar que os parece el escrito.
¡Buenas noches queridos lectores! Sé que es algo tarde ya, pero dicen que lo bueno se hace esperar... A ver si consideráis que es verdad.
Hoy, o más bien esta noche, os traigo la continuación y final del relato "Camino al infierno" con la segunda parte. Espero que no os defrauden los acontecimientos. Las imágenes de mi imaginación no lo hicieron, espero poderlas expresar para que a vosotros tampoco.
Informando sobre mi estado, ya me encuentro muchísimo mejor, aunque el moqueo siga siendo persistente, pero se puede llevar sin problemas. Además de que sigo mirando el HTML para intentar corregir lo de las reacciones (aunque ya sabéis que la oculta es "melancólico") y he puesto un complemento más en la barra lateral derecha donde, con un único clic, votaríais el blog dentro de una web de blogs españoles.
Pero es tarde y tampoco son horas, así que os dejo ya con la continuación y conclusión del relato. Espero que os guste.
Ya habían cruzado dos
largos y silenciosos pasillos y no había ni rastro de esas bestias, exceptuando
los cadáveres esqueléticos de los que habían habitado la colonia. Número nueve
era silencioso, cosa que en un principio agradeció Kilian, aunque a la larga lo
era demasiado y, eso, también le ponía de los nervios. Llevaba días
incomunicado y suponía que él también, ¿entonces por qué no entablaba
conversación? Bufó y pisó una calavera, rompiéndola en mil pedazos.
-Este lugar parece
interminable –empezó Kilian.
-Según el mapa solo
quedan unos pocos metros más para llegar a la próxima sala.
-Me alegro. ¿Recuerdas el
plan?
-Perfectamente.
-Así me gusta. En caso de
que aparezcan de golpe –narró de nuevo-, tú te pones al frente disparando y yo
en la retaguardia encargándome de los que sobrevivan a los disparos.
-Te dije que lo recuerdo.
Calló, por no decirle más
de una cosa ofensiva, y giró a la derecha, yendo al último pasillo.
Según se acercaban un
creciente olor a azufre y podredumbre impregnaba el lugar, obligando a número
dos que cogiera alguna pieza de ropa de algún cadáver para usarla de pañuelo.
Debido a que el pasillo se
iba oscureciendo, solo tuvieron como iluminación la luz verdosa del casco de
número nueve y la espada láser. Aunque al final del pasillo se divisaba una luz
anaranjada, como las de emergencias.
Poco a poco, con calma,
fueron avanzando. Sin darle importancia a los sonidos de los goteos de tuberías
rotas ni a los chasquidos de los huesos y piedras que pisaban.
Una vez cruzado el portal
observaron la inmensa sala que se encontraba a sus pies, pues estaban situados
en un pequeño balcón con un puente metálico que iba al otro lado. El recinto
debía ser una zona de excavación, ya que se encontraban diversos instrumentos
para esa función. Observando con más detenimiento, número nueve señaló un
montón de cuerpos apilados debajo del puente, entre sus cimientos, cercanos a un
gran hoyo que se encontraba al lado de uno de los pilares centrales.
De tanto en tanto, algún
que otro engendro salía del agujero, cogía uno de los cadáveres y se lo cargaba
a la espalda para meterlo en la cueva. Kilian trazó un nuevo plan: iban a volar
la madriguera de esos bichos.
Cruzaron lentamente el
puente pero un paso demasiado pesado de número nueve resonó por todo el lugar
gracias al eco. Las criaturas que había en el suelo no tardaron en alzar sus
cabezas y mirar hacía su posición.
-Mierda…
-Disculpa el tropiezo, no
volverá a ocurrir.
-¡Claro que no, estúpido!
¡Corre hacía aquí y vamos a acabar ya con esto!
Número dos echó a correr,
seguido por número nueve, que era algo más lento. Las bestias empezaron también
a correr, hacía ellos. Trepaban las columnas más cercanas, clavando sus garras
con ansias, y ascendían rápidamente. A número nueve no le dio tiempo a llegar
al pilar del agujero. Se le habían echado encima.
Kilian maldijo a lo
bajini y dudó en si ir o no, pero luego recapacitó: él le había salvado el
pellejo antes y, además, tenía las municiones. Así que, nada más pensarlo,
corrió hacía allí disparando hasta agotar la munición, causando algunas bajas
entre esos animalejos y que otros se centraran en él. Sin dudarlo, cogió un par
de dagas de su cinturón y las arrojó a las cabezas de dos que se aproximaban,
matándolos en un rápido y letal golpe.
Estando a punto de llegar
uno se lanzó hacía él, pero Kilian tenía buenos reflejos y, gracias a eso,
activó la espada láser y lo decapitó. Luego fue matando y quitando de encima de
número nueve el resto. Su compañero apenas se movía y tenía diversos arañazos
por todo su cuerpo, haciendo que sangrara, aunque levemente. Su armadura le
habría salvado la vida, pero había perdido la mitad del brazo izquierdo.
Le extrañó que no
sangrara y revisó el brazo aprovechando que las pocas criaturas que quedaban se
habían dirigido al agujero, aunque sabía que eso solo significaba que en breve
llegarían más. Al analizarlo vio que el brazo era robótico, así que decidió
hacer un escáner completo del cuerpo de número nueve, utilizando un dispositivo
que le hacía una silueta del cuerpo por debajo de la armadura.
Por lo visto número nueve
era un ciborg, teniendo casi todo el cuerpo robotizado. Solo le quedaba la
mitad derecha de la cabeza y el torso como partes humanas, además de los huesos
de ambas piernas, que estaban robotizadas a modo de mejora. Desgraciadamente la
mitad humana de su cabeza parecía tener una fractura, haciendo que se mostrara
inactiva en el escáner. Su parte humana había muerto, pero no por este ataque,
sino desde hacía tiempo. Días, quizá. Por lo visto, lo único vivo que quedaba
en su cuerpo era la parte robótica que contenía algunos conocimientos de su
parte humana para hacerlo más aceptable entre la especie. Aún así, era muy
objetivo y centrado en las cosas pues, al fin y al cabo, era una máquina que
emulaba ser un hombre pero solo era eso: una máquina.
Tras el análisis, al
escuchar un gruñido proveniente de la gruta, dio un golpe fuerte al pecho de
número nueve, reactivando el reactor que tenía como corazón y haciendo que se
levantara de golpe.
-Ya sé tú secreto, número
nueve. Pero tranquilo, eso me ha dado una nueva idea.
-Entiendo. ¿Cuál es el
nuevo plan, número dos? Es decir, Kilian.
Esta vez no le reprochó
lo del nombre, sabía perfectamente que su cerebro vivo a base de chips hacía
todo lo posible por parecer humano. Eso provocó una pequeña sonrisa triste en
el rostro de Kilia, apiadándose de la condición de número nueve.
Le indicó que se
levantara y que fuera al frente, que los animales esos volverían donde había caído,
así que él se quedaría más atrás para ir matándolos en caso de que avanzaran. Número
nueve debía ir al pilar central y montar allí un soporte metálico con los
materiales y suministros que le quedaban para que aguantara su peso.
Así que volvieron a
correr de nuevo hacía la posición del primer plan. El robot sin mirar atrás y
el humano observando como las bestias surgían del hoyo para trepar e ir donde
antes habían estado. Cuando llegaron y no vieron nada empezaron a rastrearles,
encontrándoles finalmente y corriendo a cuatro patas hacia ellos. Kilian los
esperaba y había dejado un par de minas por el camino, haciendo que explotaran
en mil pedazos sin que el puente apenas se dañara. Aunque solo logró liquidar a
un par.
Cuando le quedaban unos pocos
metros para alcanzar a número nueve, quien ya estaba montando el soporte a base
de fundir armas pesadas que ya no tenían munición con un pequeño lanzallamas,
uno de los bichos más enormes saltó encima de Kilian, tirándolo al suelo.
Número nueve le miró por
un momento, pero tenía la función de acabar el soporte y, como buen semirobot,
lo primordial era finalizar su obligación. Kilian rápidamente atravesó la
cabeza del atacante con la espada, antes de que ese le arrancara la suya de un desgarro,
y se puso en pie de nuevo para llegar hasta su compañero.
Una vez allí, cogió la
cuerda metálica de su cinturón y se ató al soporte, para luego con el resto,
atar al robot. El plan era descenderlo a una altura segura de las bestias y que
soltara todos los explosivos, sellando la gruta que no debió excavarse jamás,
para luego volver a subirle. El poste era para ayudarle a aguantar el peso, además
de que así podría ir matando a los que se acercaran.
Número nueve empezó a
descender lentamente, lo suficiente lejos de la columna como para que no le
cogieran. Mientras, número dos cargaba las últimas municiones de sus armas
según disparaba a los que se acercaban.
Cuando el autómata llevaba
la mitad del descenso la munición se acabó, obligando que el humano luchara
cuerpo a cuerpo, atravesando, cortando y degollando a todos los que se le
acercaban y manchando todo de su azulada sangre. Aunque cada vez eran más en
número y tamaño, además de la cantidad que salía del túnel.
Número nueve iba mirando
de arriba para abajo, observando a Kilian luchar con los seres que emanaban en
mayor cantidad del agujero y como perdía terreno. Acercándose más al borde. Sus
pensamientos humanos parecieron resurgir momentáneamente de entre todos los
datos y no dudaron.
-Adiós –dijo-. Kilian.
-¿Qué…? –Miró hacia abajo
después de matar a otro engendro-. ¿¡Qué haces!? ¡No! ¡Detente!
Número nueve había sacado
una pequeña daga y cortaba el cable que les unía. No tardó demasiado en lograr
su objetivo y caer al vacío mientras se quitaba el casco, sonriéndole y
poniendo su mano derecha en el pecho, donde se abrió una ranura para introducir
sus dedos y girarla. Poco después las ranuras empezaron a brillar de color
verde esmeralda y, en unos segundos, cuando su cuerpo entró por completo en el
agujero, haciendo que muchas criaturas fueran a por la presa, un brillo cegador
emergió del túnel, haciendo que el resto de criaturas ignoraran a Kilian y
fueran allí.
Una vez entraron todas se
escuchó una ensordecedora explosión y la gruta quedó sellada por siempre. Con
número nueve dentro, quien se había sacrificado sobrecargando su reactor
nuclear para usarse él mismo como detonante.
Espero que os haya gustado y cumpla con vuestras expectativas. Si queréis saber que pasó con Kilian, lo añadiré en la presentación de la entrada del próximo fin de semana. Pero bueno, ya sabéis que tenéis diversas opciones al final de cada entrada, además de ahora poder votar el blog. Así que nos vemos.