Mostrando entradas con la etiqueta lucha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lucha. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de julio de 2013

Llama

¡Buenas tardes, queridos lectores! He de advertir que este mes he estado bastante ocupado, la verdad. Y, además, mañana voy de viaje hasta el día 30. Así que dudo poder subir algo a pesar de que haré lo que pueda. Aunque ya veréis vosotros mismos recibiendo alguna notificación y demás.
Así que bueno, os dejo con este texto y, si puedo, esta noche os subo otro cuando ya sea viernes. Los cuales espero que disfrutéis con sus lecturas y no me demore demasiado en poder subir algo nuevo. Y, dicho esto, os dejo con el relato.


La llama estaba prendida. Ya no había vuelta atrás. Costó lo suyo encenderse, pero ya no se iba a apagar. Nunca más.
Una idea, un pensamiento. En millones de cabezas, en el mismo lugar, en el mismo momento. No como autómatas, ni siquiera como soldados. Sino como seres, ya hartos y cansados. De recibir los golpes, pagándolo desde sus antepasados.
La llama ya estaba prendida. No en el estandarte. No en sus manos. Ni siquiera en sus ideales. Estaba en sus corazones, llenos de rabia contenida.
Y no dudarían, no dudarían en proseguir. Continuar, hasta el fin. Luchando, por lo que más querrían. La libertad, ansiada en este día.
Se alzaron, de golpe, juntos. Cogidos de las manos en sus mentes, alzaron las cabezas. Hacia el opresor, hacia los tiranos. Quienes les sometieron con los golpes de sus títeres, de su armas.
Pero esos ya no estaban con ellos. Sus muñecos… desaparecieron.
No estaban con los sometidos, no estaban con los gobernantes. Simplemente se fueron, no querían estar bajo ningún servicio pedante. Simplemente cerrar los ojos, que todo pasase.
Y la llama se extendió. De corazón en corazón. Haciendo que las cabezas se alzaran, para observar su miedo. El miedo de la derrota, de lo que más temieron.
Haciendo que por sus actos, al final pagaran un precio. No un precio bajo, no un precio alto. Uno de justo, por todo lo acarreado.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Espero que pese a su brevedad se os haya hecho intenso. Cabe destacar que creo que es el textos con más "aire revolucionario" que he escrito hasta el momento. Pero bueno, eso debéis juzgarlo vosotros mismos. Así que cualquier cosa, ya sabéis que podéis opinar, comentar, compartir y demás aquí abajo (que nunca va mal, la verdad).

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 21 de mayo de 2013

Divinidades

¡Buenas tardes queridos lectores! Siento la demora, pues estaba pensando en una cosita que hacer con los microrrelatos, que ya veréis más adelante. Pero bueno, esta vez si que no me andaré con rodeos y os dejo con un relato


Una oleada de viento le obligó a entrecerrar los ojos. Acto seguido un ser de enormes dimensiones ocultó el sol, sumiéndole en la total oscuridad. Y, tras unos breves segundos, la criatura bajó sus gigantescas alas según descendía al suelo.
No se dejó llevar por la primera impresión. Ni siquiera dejaría que notara su sorpresa al verlo. Desenfundó rápidamente la espada que llevaba a la espalda y saltó, propinando inmediatamente un tajo de abajo arriba.
Unas gotas perladas de color rojizo brillaron en el aire. El silencio absoluto se hizo de golpe. Pero ningún cuerpo cayó.
La angelical criatura había desenfundado también su arma y había atravesado el hombro izquierdo del joven. Clavándolo en la espada y sosteniéndolo.
Aún así, éste, había logrado un golpe efectivo. Antes de que el divino ser se diera cuenta, una línea horizontal rojiza se formó en su pecho y, en unos segundos, empezó a brotar la sangre a chorros.
El ángel se sorprendió al ver la recta en un inicio, pero luego su rostro se llenó de terror y sorpresa. No comprendió como había podido. Pero mientras se distraía con su herida, el muchacho aprovechó para librarse del arma enemiga.
En apenas unos segundos, estaba de nuevo en el suelo, desplegando unas oscuras alas que habían aparecieron en su espalda mientras sonreía levemente.
Cogió una perla roja que aún flotaba en el aire con la yema de su dedo y se la llevó a la boca.
-Delicioso –dijo.
En otro rápido movimiento, de apenas un abrir y cerrar de ojos, saltó de nuevo y proporcionó los últimos cortes necesarios para abatir a su oponente, quien cayó al suelo. A pedazos.


¿Qué os ha parecido? Espero que esté a la altura para remediar todos estos días en los que no he podido subir nada (y que espero que la normalidad vuelva por aquí cuanto antes). Además, si puedo, mañana os colgaré un relato un tanto especial.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 11 de enero de 2013

Guerra

¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.


   Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
   Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
   Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
   Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
   No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.


¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 3 de diciembre de 2012

Camino al infierno - Parte II

¡Buenas noches queridos lectores! Sé que es algo tarde ya, pero dicen que lo bueno se hace esperar... A ver si consideráis que es verdad.
Hoy, o más bien esta noche, os traigo la continuación y final del relato "Camino al infierno" con la segunda parte. Espero que no os defrauden los acontecimientos. Las imágenes de mi imaginación no lo hicieron, espero poderlas expresar para que a vosotros tampoco.
Informando sobre mi estado, ya me encuentro muchísimo mejor, aunque el moqueo siga siendo persistente, pero se puede llevar sin problemas. Además de que sigo mirando el HTML para intentar corregir lo de las reacciones (aunque ya sabéis que la oculta es "melancólico") y he puesto un complemento más en la barra lateral derecha donde, con un único clic, votaríais el blog dentro de una web de blogs españoles.
Pero es tarde y tampoco son horas, así que os dejo ya con la continuación y conclusión del relato. Espero que os guste.


  Ya habían cruzado dos largos y silenciosos pasillos y no había ni rastro de esas bestias, exceptuando los cadáveres esqueléticos de los que habían habitado la colonia. Número nueve era silencioso, cosa que en un principio agradeció Kilian, aunque a la larga lo era demasiado y, eso, también le ponía de los nervios. Llevaba días incomunicado y suponía que él también, ¿entonces por qué no entablaba conversación? Bufó y pisó una calavera, rompiéndola en mil pedazos.
   -Este lugar parece interminable –empezó Kilian.
   -Según el mapa solo quedan unos pocos metros más para llegar a la próxima sala.
   -Me alegro. ¿Recuerdas el plan?
   -Perfectamente.
  -Así me gusta. En caso de que aparezcan de golpe –narró de nuevo-, tú te pones al frente disparando y yo en la retaguardia encargándome de los que sobrevivan a los disparos.
   -Te dije que lo recuerdo.
   Calló, por no decirle más de una cosa ofensiva, y giró a la derecha, yendo al último pasillo.
   Según se acercaban un creciente olor a azufre y podredumbre impregnaba el lugar, obligando a número dos que cogiera alguna pieza de ropa de algún cadáver para usarla de pañuelo.
   Debido a que el pasillo se iba oscureciendo, solo tuvieron como iluminación la luz verdosa del casco de número nueve y la espada láser. Aunque al final del pasillo se divisaba una luz anaranjada, como las de emergencias.
   Poco a poco, con calma, fueron avanzando. Sin darle importancia a los sonidos de los goteos de tuberías rotas ni a los chasquidos de los huesos y piedras que pisaban.
  Una vez cruzado el portal observaron la inmensa sala que se encontraba a sus pies, pues estaban situados en un pequeño balcón con un puente metálico que iba al otro lado. El recinto debía ser una zona de excavación, ya que se encontraban diversos instrumentos para esa función. Observando con más detenimiento, número nueve señaló un montón de cuerpos apilados debajo del puente, entre sus cimientos, cercanos a un gran hoyo que se encontraba al lado de uno de los pilares centrales.
   De tanto en tanto, algún que otro engendro salía del agujero, cogía uno de los cadáveres y se lo cargaba a la espalda para meterlo en la cueva. Kilian trazó un nuevo plan: iban a volar la madriguera de esos bichos.
  Cruzaron lentamente el puente pero un paso demasiado pesado de número nueve resonó por todo el lugar gracias al eco. Las criaturas que había en el suelo no tardaron en alzar sus cabezas y mirar hacía su posición.
   -Mierda…
   -Disculpa el tropiezo, no volverá a ocurrir.
   -¡Claro que no, estúpido! ¡Corre hacía aquí y vamos a acabar ya con esto!
   Número dos echó a correr, seguido por número nueve, que era algo más lento. Las bestias empezaron también a correr, hacía ellos. Trepaban las columnas más cercanas, clavando sus garras con ansias, y ascendían rápidamente. A número nueve no le dio tiempo a llegar al pilar del agujero. Se le habían echado encima.
  Kilian maldijo a lo bajini y dudó en si ir o no, pero luego recapacitó: él le había salvado el pellejo antes y, además, tenía las municiones. Así que, nada más pensarlo, corrió hacía allí disparando hasta agotar la munición, causando algunas bajas entre esos animalejos y que otros se centraran en él. Sin dudarlo, cogió un par de dagas de su cinturón y las arrojó a las cabezas de dos que se aproximaban, matándolos en un rápido y letal golpe.
   Estando a punto de llegar uno se lanzó hacía él, pero Kilian tenía buenos reflejos y, gracias a eso, activó la espada láser y lo decapitó. Luego fue matando y quitando de encima de número nueve el resto. Su compañero apenas se movía y tenía diversos arañazos por todo su cuerpo, haciendo que sangrara, aunque levemente. Su armadura le habría salvado la vida, pero había perdido la mitad del brazo izquierdo.
  Le extrañó que no sangrara y revisó el brazo aprovechando que las pocas criaturas que quedaban se habían dirigido al agujero, aunque sabía que eso solo significaba que en breve llegarían más. Al analizarlo vio que el brazo era robótico, así que decidió hacer un escáner completo del cuerpo de número nueve, utilizando un dispositivo que le hacía una silueta del cuerpo por debajo de la armadura.
   Por lo visto número nueve era un ciborg, teniendo casi todo el cuerpo robotizado. Solo le quedaba la mitad derecha de la cabeza y el torso como partes humanas, además de los huesos de ambas piernas, que estaban robotizadas a modo de mejora. Desgraciadamente la mitad humana de su cabeza parecía tener una fractura, haciendo que se mostrara inactiva en el escáner. Su parte humana había muerto, pero no por este ataque, sino desde hacía tiempo. Días, quizá. Por lo visto, lo único vivo que quedaba en su cuerpo era la parte robótica que contenía algunos conocimientos de su parte humana para hacerlo más aceptable entre la especie. Aún así, era muy objetivo y centrado en las cosas pues, al fin y al cabo, era una máquina que emulaba ser un hombre pero solo era eso: una máquina.
   Tras el análisis, al escuchar un gruñido proveniente de la gruta, dio un golpe fuerte al pecho de número nueve, reactivando el reactor que tenía como corazón y haciendo que se levantara de golpe.
   -Ya sé tú secreto, número nueve. Pero tranquilo, eso me ha dado una nueva idea.
   -Entiendo. ¿Cuál es el nuevo plan, número dos? Es decir, Kilian.
   Esta vez no le reprochó lo del nombre, sabía perfectamente que su cerebro vivo a base de chips hacía todo lo posible por parecer humano. Eso provocó una pequeña sonrisa triste en el rostro de Kilia, apiadándose de la condición de número nueve.
   Le indicó que se levantara y que fuera al frente, que los animales esos volverían donde había caído, así que él se quedaría más atrás para ir matándolos en caso de que avanzaran. Número nueve debía ir al pilar central y montar allí un soporte metálico con los materiales y suministros que le quedaban para que aguantara su peso.
   Así que volvieron a correr de nuevo hacía la posición del primer plan. El robot sin mirar atrás y el humano observando como las bestias surgían del hoyo para trepar e ir donde antes habían estado. Cuando llegaron y no vieron nada empezaron a rastrearles, encontrándoles finalmente y corriendo a cuatro patas hacia ellos. Kilian los esperaba y había dejado un par de minas por el camino, haciendo que explotaran en mil pedazos sin que el puente apenas se dañara. Aunque solo logró liquidar a un par.
  Cuando le quedaban unos pocos metros para alcanzar a número nueve, quien ya estaba montando el soporte a base de fundir armas pesadas que ya no tenían munición con un pequeño lanzallamas, uno de los bichos más enormes saltó encima de Kilian, tirándolo al suelo.
   Número nueve le miró por un momento, pero tenía la función de acabar el soporte y, como buen semirobot, lo primordial era finalizar su obligación. Kilian rápidamente atravesó la cabeza del atacante con la espada, antes de que ese le arrancara la suya de un desgarro, y se puso en pie de nuevo para llegar hasta su compañero.
   Una vez allí, cogió la cuerda metálica de su cinturón y se ató al soporte, para luego con el resto, atar al robot. El plan era descenderlo a una altura segura de las bestias y que soltara todos los explosivos, sellando la gruta que no debió excavarse jamás, para luego volver a subirle. El poste era para ayudarle a aguantar el peso, además de que así podría ir matando a los que se acercaran.
   Número nueve empezó a descender lentamente, lo suficiente lejos de la columna como para que no le cogieran. Mientras, número dos cargaba las últimas municiones de sus armas según disparaba a los que se acercaban.
  Cuando el autómata llevaba la mitad del descenso la munición se acabó, obligando que el humano luchara cuerpo a cuerpo, atravesando, cortando y degollando a todos los que se le acercaban y manchando todo de su azulada sangre. Aunque cada vez eran más en número y tamaño, además de la cantidad que salía del túnel.
  Número nueve iba mirando de arriba para abajo, observando a Kilian luchar con los seres que emanaban en mayor cantidad del agujero y como perdía terreno. Acercándose más al borde. Sus pensamientos humanos parecieron resurgir momentáneamente de entre todos los datos y no dudaron.
   -Adiós –dijo-. Kilian.
  -¿Qué…? –Miró hacia abajo después de matar a otro engendro-. ¿¡Qué haces!? ¡No! ¡Detente!
  Número nueve había sacado una pequeña daga y cortaba el cable que les unía. No tardó demasiado en lograr su objetivo y caer al vacío mientras se quitaba el casco, sonriéndole y poniendo su mano derecha en el pecho, donde se abrió una ranura para introducir sus dedos y girarla. Poco después las ranuras empezaron a brillar de color verde esmeralda y, en unos segundos, cuando su cuerpo entró por completo en el agujero, haciendo que muchas criaturas fueran a por la presa, un brillo cegador emergió del túnel, haciendo que el resto de criaturas ignoraran a Kilian y fueran allí.
   Una vez entraron todas se escuchó una ensordecedora explosión y la gruta quedó sellada por siempre. Con número nueve dentro, quien se había sacrificado sobrecargando su reactor nuclear para usarse él mismo como detonante.


Espero que os haya gustado y cumpla con vuestras expectativas. Si queréis saber que pasó con Kilian, lo añadiré en la presentación de la entrada del próximo fin de semana. Pero bueno, ya sabéis que tenéis diversas opciones al final de cada entrada, además de ahora poder votar el blog. Así que nos vemos.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Camino al infierno

¡Buenas tardes queridos lectores! ¿Todo bien? Espero que si. Como dije os haré un pequeño spoiler sobre la serie semanal, pero pequeñito, así que no esperéis demasiado y, por si alguien no quiere leerlo, lo pondré en una letra algo más pequeña y de diferente letra.
Pues bien, en este pequeño avance os digo que se descubrirá más cosas sobre el peliblanco, además del pasado de Matt y su desconocida condición. Sin olvidar que se revelarán ciertas cosillas sobre el porqué de las habilidades y clasificaciones como humanos y no humanos. Pero todo esto lo veréis en ese capítulo, no lo explicaré por aquí. Será la serie quien lo explique.
Bueno, dicho esto, ya lo veréis el próximo miércoles/jueves si no ocurre nada que me impida subir el capítulo (ya sabéis que me excusaría lo antes posible). Y vamos ahora con el relato de hoy.
Es un relato futurista, ciencia ficción, que habla sobre cierto accidente en cierto lugar, cosa que descubriréis al leerlo. Además otras pequeñas cosillas que iréis viendo. Dicho relato tiene una continuación, es decir: lo divido en dos (ya que es bastante largo). Pero la continuación (que es más corta) dependerá de vosotros, los lectores, para variar. Y, por si os interesa, abajo del todo os dejo un pequeño soundtrack con el que hará la lectura... más intensa, emocionante.
Pero no me andaré con más rodeos y ya lo pongo. Espero que os guste.


   Las garras arañaron su armadura, dejando una marca profunda, pero no lo suficiente para dañar al portador, el cual dio una patada a la bestia, lanzándola hacia atrás. Luego dio un rápido corte, partiéndola en dos, y escupió al cadáver.
   Estaba sólo en ese lugar. Todos los demás habían muerto o eso parecía, ya que no obtenía respuesta del otro grupo.
   Miró al frente, viendo como más criaturas se acercaban por el estrecho pasillo, y maldijo el momento en que aceptó la misión.
   Casi todas sus armas de fuego estaban agotadas. Las baterías que tenía no podía malgastarlas, eran su sustento vital para que el corazón siguiera bombeando y su cabeza activa en caso de recibir un golpe fatal. Su cuerpo estaba cansado, pero la adrenalina le mantenía en pie.
   Llevaba horas, días, semanas en ese espantoso lugar. Y, en ese tiempo, solamente había visto como esos seres se iban llevando las vidas de sus compañeros, uno a uno.
   ¿De donde aparecieron? ¿Por qué vinieron? No sabía la respuesta, simplemente sabía lo que las noticias habían dicho antes de ser llamado para la misión: la colonia número 47 había sufrido un ataque desconocido de unos atacantes también desconocidos. Solo hubo un superviviente y, este, tras contar lo sucedido murió la primera noche en que lo hospitalizaron. Dijeron que las pesadillas lo mataron. Pero él sabía que no era así, sino que debió hablar demasiado.
   No dudó y, al primer engendro que se lanzó hacía él, con las garras por delante de sus fauces, le disparó de lleno en el rostro con una de las pocas armas aún con munición. Su cara, si es que se le podía decir así la parte delantera de su mollera, solo constaba de una enorme mandíbula que ocupaba casi toda la pequeña cabeza y unos pequeños orificios que serían sus ojos. Además de que por encima, yendo de allí hasta el final de su abdomen, tenía diversos pinchos, aunque no eran demasiado afilados pues lo comprobó con su equipo al escanear el primero que mataron.
   El animal cayó al suelo, con el cráneo reventado por el laser. “Siempre a la cabeza. En caso de duda, siempre a la cabeza” les habían enseñado y, aunque no siempre funcionara, en esta ocasión no se equivocaron. Solo que a los más grandes había que estallarles también el torso, sino seguían atacando. A ciegas, pero seguían atacando.
   El resto se dirigió hacía su posición, tanto por las paredes como el techo, además del suelo. Eran como unos bichos escurridizos que nunca acabas por exterminar.
   Rápidamente cogió una de las plataformas circulares de su cinto, pulsó el botón del medio, y la lanzó frente a la entrada pentagonal. Nada más tocar el suelo se activó un escudo azulado hasta los límites de los muros. Esos seres no dudaron y siguieron avanzando, lanzándose de lleno a la zona azulada.
   Los primeros la lograron traspasar, pero muertos. Ese muro artificial daba una corriente eléctrica en la parte de quien lo tocara y, como el ser lo traspasó, lo electrocutó entero. Friéndolo vivo.
   El punto negativo es que ese dispositivo absorbía demasiada energía. Y él la necesitaba.
   Pasaron cinco más después del primero. También muertos. Pero el dispositivo empezó a brillar de color rojo, indicándole que empezaría a alimentarse de las baterías del usuario debido a que las del aparato ya se habían vaciado.
   Por eso, él, activó la defensa sólida. Haciendo que la pared eléctrica traspasable se volviera consistente, dejando almacenada allí la electricidad. Haciendo que fuera rompible.
   Las criaturas empezaron a embestir la defensa, llevándose descargas, mientras el pelilargo activaba su espada que constaba con un filo láser. Lo bueno de esas armas es que no gastaban su energía. Por ello tarde o temprano se vería obligado a usarlas. Arriesgándose a recibir más arañazos como el primero que marcó su armadura. Pero estaba preparado.
   Escuchó unas pisadas detrás de él, haciendo que se girara instantáneamente. Pero no por peligro, sino por alegría. Eran pasos de otro de los suyos, algún superviviente del segundo grupo, ya que en la primera bifurcación se vieron obligados a separar el grupo inicial en dos debido a lo amplia que era la colonia.
   En su hombro se podía ver claramente el número nueve, número que tenían los que se encargaban de las armas pesadas y las municiones.
   En su mente agradeció al Todopoderoso que le mandara una ayuda dentro de ese averno.
   El desconocido le saludó alzando la mano y él le señaló con el pulgar la acumulación de criaturas en el pasillo. El otro afirmó con la cabeza rápidamente y no tardó en llegar y poner a punto una ametralladora pesada que empezó a disparar nada más romperse el escudo.
   Los seres cayeron como moscas, reventados por la lluvia de balas que estaban recibiendo. Manchando todo de su sangre azul celeste.
   Los que lograron sobrevivir a tal ataque fueron atravesados por la espada láser.
   -Pensé que todos habían muerto –dijo quien portaba la espada mientras se limpiaba la sangre de su frente.
   -Número siete fue uno de los primeros en caer –dijo con una voz algo metálica, debido al casco que llevaba puesto-, por ello perdimos la comunicación. Yo también pensaba que estaba sólo.
   -Gracias a Dios llegaste a tiempo, no me quedan apenas recursos.
   -Entiendo, luego te suministraré lo que necesites número dos. Ahora debemos asegurar un perímetro y acabar con la misión.
   -Kilian, mi nombre es Kilian –se presentó el experto en lucha-. Estando en este abismo no creo que importen las designaciones. ¿Así que cuál es tu nombre?
   -No estoy autorizado para revelar mi identidad, al igual que tú. Número dos.
   -Llámame Kilian.                                                                                                                   
   -Como quieras, número dos. Si quieres que te apode Kilian, lo haré. Pero no esperes lo mismo de mi parte.
   -En fin… -escupió al suelo-. ¿Cuál es el plan?
   -Tu deber es encargarte de eso. Kilian. Los número dos no solo luchan. También planifican.
   El tipo lo sacaba de quicio, ahora entendía porque le mandó con el otro grupo. Pero aún así le indicó que pusiera cargas explosivas en el pasillo por el que había venido y en el que ahora cruzarían ya que, por lo visto, aunque él fuera el último superviviente no quedaban más bestias de esas en la zona de la que vino. Y, en caso de fallar, esas criaturas no saldrían del lugar accidentado.
   Número nueve obedeció y puso los explosivos, sincronizándolos con las baterías de emergencia aferradas a sus latidos. A los de ambos, por si uno de los dos moría que el otro pudiera escapar y detonarlo desde fuera. Tras eso, Kilian recibió los suministros y se inyectó un energizante en el cuello para recuperar fuerzas ahora que su nivel de adrenalina había disminuido.
   Sin perder más tiempo, se pusieron en marcha. Atravesando ese largo y oscuro pasadizo. Yendo directamente a las fauces de las bestias.



¿Os gustó? Espero que si, tanto como a mi escribirlo. Además de que opino que leerlo con la canción hace que se intensifique la escena, pero eso es a gusto de cada uno. Como el hecho de que a mi muchas veces me gusta escribir escuchando música (mejor soundtracks que canciones, francamente. Aunque desconozca de donde sea dicha música). Así que bueno, ya sabéis; si os gusta podéis votarlo, compartirlo, expresarlo y todo lo que queráis. Y me despediré ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 17 de noviembre de 2012

Buitres

¡Buenos días estimados lectores! A ver si puedo seguir esto de ir subiendo entradas de buena mañana más a menudo. Y al final no subí la continuación de la serie semanal (Un bar cualquiera) ya que las visitas y opiniones... No me pareció suficiente. Y no, no es por egoísmo, sino que a veces "lo que uno quiere, algo le cuesta" y, simplemente, pedía algún "twitteo" más. O, al menos, más de un par de votos en las reacciones. Pero en fin, este miércoles/jueves subiré la continuación y, como es también algo corta, quizá haga dos capítulos juntos. Pero ya veré, como bien sabéis eso depende de vosotros.
Pues bien, pasemos al relato de hoy, titulado "Buitres".
Este relato lo escribí el otro día, no hace mucho, y quizá bastantes vayáis a saber la temática con solo leer el titulo, aunque sino, una vez leído el relato, creo que quedará bastante claro...
Así que aquí os lo dejo, espero que os guste.


   Un golpe. Luego otro. Seguido de un tercero. Continuando por un cuarto. Así, día a día. Momento por momento. Recibiendo golpes, una y otra vez. Un no parar. Hasta que, uno de esos días, decidió detenerlo.
   Al principio no le funcionó para nada. Salió aún más malparado, ya que los golpes se doblaron en cantidad y fuerza. Haciendo que se replanteara la idea de volver a rebotarse. Pero, aún así, volvió a hacerlo.
   Se alzó de nuevo, deteniendo uno de sus porrazos. Dicha acción les pilló por sorpresa, ya que pensaba que con la última vez lo habían dejado suficientemente claro pero, al ver que no fue así, volvieron otra vez con una reprimenda mayor a la anterior. Esta vez no se acható. La recibió con todas las cabezas bien altas.
   Cayó más de uno ante esa fuerza y opresión, pero muchos aguantaron. Y, cuando los golpes parecieron suavizarse, detenerse momentáneamente, actuaron.
   Los guardias habían comprendido que no podrían oprimirlos por siempre, aunque fuera a las órdenes de otro. Comprendieron que, aquellos que recibían los golpes, sus golpes, también los recibían por ellos. Así que, no solo les dejaron pasar, sino que se unieron a ellos.
   Hubo más golpes, si. Pues no todos se unieron. Aún había fieles y creyentes a sus mandatos, a su ley y orden. Gente que no veía más allá de eso y, por ello, lastimosamente recibieron. Recibieron, por primera vez, los golpes que habían proporcionado siempre.
   No todos estaban a favor de pagarles con la misma moneda, pero otros querían desahogar todo lo comprimido. Por lo que más de un revés se soltó durante el asalto, inicialmente, pacífico. Pero quienes les habían golpeado de buen inicio solo sabían hacer eso, apalear. Y, por ello, algunos se les unían.
   Hasta que llegaron a la gran sala. Donde se encontraban ellos. Los que controlaban mucho más allá de hasta donde la vista alcanzaba.
   Al principio temblaron. Sus caras estaban desfiguradas. Mostraban un pánico y terror puro. Lo único sincero que les habían mostrado hasta ahora.
   Los pueblerinos se acercaron. Ellos, como liebres, retrocedieron asustados. Ninguno de los presentes alzó la mano. Simplemente bastaron unas miradas. Unas miradas que decían “por fin hemos logrado llegar aquí y, ahora, ya sabéis que podemos volver a llegar”. No hizo falta nada más que un paso para que, esas ratas corrompidas por el poder, se empezaran a pelear entre ellas. Traicionándose por salvar su pellejo.
   Uno de la muchedumbre les escupió y, ellos, volvieron a mirar al pueblo. A su pueblo. Y observaron la imagen que sus mentes nunca olvidarían, pues a la mañana siguiente fueron desterrados. Exiliados de sus propios dominios.
   ¿Su crimen? No tener nunca suficiente.


Bueno, ¿les gustó? Espero que si, además de haber leído entrelineas. Pero bueno, cada uno a su gusto. Aún sigo mirando de como "arreglar" lo de melancólico en Reacciones, que me está costando más de lo que pensaba, pero sino ya sabéis: lo que aparece cortado es "Melancólico" y está dentro de las reacciones para valorar la entrada y el relato.
Así que esto es todo por hoy, nos vemos el siguiente día con la continuación de la serie que, espero, que os esté gustando.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Y todo acabó

¡Buenas noches estimados lectores! ¿Pensabais que os ibais a quedar sin relato de fin de semana? Pues no, quizá algo tarde, pero dicen que lo bueno se hace esperar.
Me he dado cuenta que la ranura de "Melancólico" de reacciones ha quedado tapado por el dichoso "twittear". Esta semana que viene intentaré ir mirando como solucionar el problema.
Bien, bien, voy a empezar diciendo que el retraso tiene justificación: ando con la corrección y revisión final de la primera parte de una saga que ando haciendo. Por eso ando algo liadillo. Pero no os diré más detalles hasta llegada la estrena o este apunto de llegar.Así que bueno, centrémonos en el relato que hoy os traigo recién sacado del horno de mi inspiración (si, lo acabo de escribir para vosotros, estimados lectores. Me sentía inspirado.)
Es un relato breve, podría decirse que una historieta élfica, todo y que no lo es del todo. Una vez leído comprenderéis a que me refiero.
Esta recién sacado de mi cabeza mientras escuchaba algunas canciones que uso a veces para escribir. En este caso usé la de "After the Fall" de "Two Steps From Hell" (debajo del relato os dejaré el vídeo de Youtube, para quien la quiera escuchar mientras se lee el relato, cosa que recomiendo.)
Así que a continuación os dejo el relato, disfrutadlo:


Una guerra terminada. Unos bandidos asaltando uno de sus pelotones. Unos guerreros cansados luchando por sus vidas. Un arquero apuntando desde la copa del árbol. Una flecha con mi nombre grabado en su punta. Un disparo certero. Un golpe mortal.
Había servido a mi rey durante todos estos años de vida. Le había sido tan fiel como a mi esposa, quien me esperaba en casa. Había luchado por su gloria y honor para extender su reino al largo del continente. Para garantizar la protección del reino y de mi familia de otros agresores. Pero ya había vivido mucho y la dama negra pareció darse cuenta. Por ello grabó mi nombre en esa flecha del arquero más torpe de esa escuadrilla de bandoleros.
Desdichada mi fortuna en ese instante. Pero benevolente en los instantes pasados, donde la gloria y el honor me sobraba por tantas arduas victorias.
Vi al arquero. Un muchachuelo joven, de cabellera rubia, algo oscura, y tez muy pálida. Ojos grandes, como los de un niño, y pecas en sus mejillas. Orejas puntiagudas. Un Et’inei en la vieja lengua. Un elfo común en la vulgar, la lengua humana.
Seguramente sería un ladronzuelo que se vio obligado a unirse a ese grupillo para tener algo que llevarse a la boca. Lo vi un momento y lo comprendí. Él también me vio y me entendió. Ambos supimos que luchábamos por unas causas justas. Ambos luchábamos por poder volver a casa, con nuestros seres queridos y que la guerra dejara de amenazar nuestro porvenir.
Saltó, hacia mí, intentando coger la flecha al vuelo. Pero no llegó y cayó al suelo de bruces. Como yo de mi montura. Se levantó como pudo, mientras yo le observaba desde el suelo y mis compañeros, ignorándome, seguían enfrascados en la lucha.
Vino arrastrándose hacia mí y me envolvió en sus brazos. Era joven, sí. Pero sólo de rostro. Debería tener la misma edad que yo. Me miró y me habló en la vieja lengua. No lo comprendí. Él lo entendió y, como pudo, tradujo unas disculpas.
–Yo… Siento –dijo.
Sonreí y cerré los ojos, lentamente. Él me abrazó con más fuerza mientras repetía sus palabras, entrecortadas. Lloraba. Lloraba por un desconocido. Y yo sonreía. Sonreía por un desconocido. Y, mientras veía que mi vida se escapaba con mis últimos alientos, él puso su cabeza en mi pecho herido, mezclando sus preciadas lágrimas con mi sangre.
Quién adivinaría que, después de todo este tiempo batallando, no llegué a comprender a mis enemigos hasta que, uno de ellos, me abatió sin desearlo realmente. Y que el mismo que me abatió me comprendió. Nos comprendió a todos.



Bueno, ¿les gustó? Espero y deseo que si. Ya sabéis de sobra que podéis votarlo, comentarlo y demás en todas las opciones que tenéis al final de cada entrada. Pero bueno, esto es todo por ahora, intentaré arreglar lo de "melancólico" de las reacciones y a ver si sale todo bien. Así que me despido ya hasta la siguiente entrada que narrará la continuación de Un bar cualquiera, formando así la tercera parte de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!