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martes, 10 de septiembre de 2013

Pum pum, pum pum.

¡Buenos días, queridos lectores! Hoy os traigo un relato diferente. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque éste tipo de relatos los considero una especie de "relatos visuales". Estos relatos no se basan en los detalles ni demás, sino en los sucesos, es decir, son como si vieras una escena de televisión pero en letras. Lo importante es lo que ocurre y cómo. Los hechos, uno a uno de manera directa, clara y rápida. Nada más.
También he de decir que estoy con una novela que debo intentar terminar en un mes y medio y eso, se crea o no, implica bastante trabajo y dedicación (pese a que esté comunicativo en las redes y demás, eso no significa que no esté pensando en hechos que suceden, escribiendo y demás), es por ello que me he visto algo reducido a nivel de poder subir cosas en el blog, aunque mejor un relato a la semana que nada, creo.
Dicho esto, dejo aquí el relato y os recomiendo que, para este relato, si tenéis alguna canción de ritmo rápido y demás, quizá os ayude a poneros más en la situación, pero eso ya es a gusto de cada persona.


Un disparo al frente. Falló. Adrede. ¿Para qué iba a querer matarlo a la primera? ¿Dónde estaría el espectáculo? Y lo más importante, ¿y la diversión? El disparo, claramente, era para avisarle de que estaba allí y, él, iba a ser su nuevo juguetito hasta que se aburriese. Y lo matara.
El tipo de pelo oscuro, el “juguete”, al ver el disparo en la pared se tiró a un lado y cogió el revólver que llevaba en la cintura para inmediatamente buscar al causante del tiro fallido.
En un inicio pensó que podría haber sido un francotirador debido al disparo, pero lo descartó de inmediato. Si lo hubiera sido seguramente no hubiera errado. Entonces se le iluminó el rostro y pareció comprender que, quien fuera que fuese el pistolero, quería darle un aviso de que estaba allí. Pero esa cara le duró bien poco pues, al ocurrírsele tal “genialidad”, alzó la cabeza y recibió un golpe directo a la nariz de la culata del arma. Instintivamente se llevó las manos a la cara, comprobando efectivamente que se la había roto. Enfurecido miró adelante y vio al otro tipo, joven, de pelo rubio oscuro y una barba mal afeitada de un par de días. Al devolverle la mirada sonrió, provocando al juguete una rabia interior que hizo que se abalanzara hacia él, tirándolo al suelo, y poniéndole el cañón en la sien. Él se rió más.
-¿¡De qué te ríes, gilipollas!?
-De que no te has dado cuenta que te llevo apuntando los huevos todo este rato –y se volvió a reír.
-¿Qué coj…?
No acabó su pregunta. Otro disparo. Esta vez directo a su objetivo. Le reventó el escroto de un solo tiro, haciendo que juguetito se apartara, gritando. El rubiales se levantó y lo miró. Luego le pisó la mano donde llevaba el arma hasta que la soltó y pudo chutarla bien lejos.
-Resolvamos esto a la antigua –dijo, lanzando su pistola también lejos-. A puño limpio, ¿te parece?
-Hijo de put…
No le dejó acabar de nuevo la frase. Le pateó la boca mientras le recriminaba sus malos modales con una risilla estúpida, infantil. El juguete no aguantó más y se tiró encima de él de nuevo, golpeándole directamente sin dudar un momento. Empezó por darle puñetazos directamente a la cara y luego en los costados, pero él se reía más y más. Lo tomó por loco, pero le había reventado los cojones y no iba a perdonárselo. Así que le siguió golpeando, de nuevo en la cara.
Hasta que el pelirrubio paró uno de los golpes tras escupirle sangre a la cara y lo miró serio. Dejando de reírse. Eso intimidó a juguete y recibió de lleno su imprevisible cabezazo. Luego lo giró y se puso él encima. Su mirada le intimidaba.
Le volvió a propinar un cabezazo y volvió a su rostro esa sonrisa burlona, pero como si pretendiera ocultarla. Aunque al siguiente cabezazo no pudo evitar volver a reírse.
Juguete, trastornado, no aguantó más y sacó una navaja de un bolsillo interior de su americana para clavársela inmediatamente en el costillar del supuesto trastornado. Éste se detuvo de golpe y lo miró con los ojos como platos. Juguete sonrió.
El muchacho acercó su cara a él y lo miró directamente a los ojos. Luego lo besó. Juguete se apartó de inmediato, empujándolo, y él se rió de nuevo.
-Bueno, bueno –soltó una descabellada carcajada-. Ya me has entretenido suficiente, pero me aburres –bostezó, exageradamente-. Así que te acabo de dar, como algunos dicen, el beso de la muerte –volvió a reír.
-¿Pero qué mierdas dices?
-Shh, shh. Ahora verás.
Sus ojos brillaban como una estrella y juguete no entendía nada. Aunque a los pocos segundos sintió como su pecho se oprimía, para luego notar un dolor punzante en su corazón. A los pocos segundos, éste reventó.
-Y por eso yo no estoy quieto, juguetito mío –volvió a reír-. Porque si me detengo me pasaría lo mismo.
Dicho esto, el joven lleno de moratones y heridas pasó tranquilamente por el vestíbulo, pulsó el botón y entró al ascensor mientras daba golpecitos con el pie de manera inquieta. Para que su corazón no explotase.


¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Yo a estos relatos los considero casi como los típicos esbozos rápidos que puede hacer un dibujante en una libreta, sin pensarlo demasiado. Pero ya sabéis que podéis opinar, valorar, compartir y demás aquí abajo sin ninguna clase de problemas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 26 de agosto de 2013

Victoria

¡Buenas noches queridos lectores! Hoy, a las tantas de la madrugada, os traigo un relato que he escrito hará cosa de unas escasas horas el cual lo adjuntaré con una banda sonora abajo (como ya he hecho en más de una ocasión) pero por el hecho de que me ha inspirado este relato. Aunque, esta vez, a diferencia de las otras, la banda sonora tiene diversas partes, como el relato, y cada una está ligada con una parte del relato (que, leído a velocidad más o menos normal, debería encajar en el tiempo). Pero bueno, aquí os dejo el relato y abajo el vídeo.


Sus rodillas se hundieron en el suelo, junto a la hoja de su espada. Sus manos se posaron sobre su regazo, mientras agachaba la cabeza. El silencio inundaba el lugar y sólo se podía percibir la brisa ululando por el interior de su dañado casco.
La sangre corría por el descampado, formando nuevos ríos y charcos, manchando de rojo el verde prado. Tintando de granate los estandartes clavados. Fluyendo de los cuerpos del suelo, la mayoría sin poder volver a ser reconocidos nunca más.
Alzó la cabeza al cielo y miró con sus pequeños ojos las nubes, buscando una respuesta mientras se enfrascaba en sus recuerdos, rememorando como había ocurrido todo, recordando el crepitar del fuego en la chimenea incitándole a ir a la guerra, a hacerse un nombre batallando.

Golpes de escudos, los unos con los otros y contra los pechos de sus portadores. Jinetes en altivas monturas centelleando bajo la luz del día, como estrellas en mitad del firmamento, por sus armaduras pulidas. Guerreros, soldados todos ellos, de mismas condiciones e igualdades. Héroes para sus seres queridos, monstruos para sus enemigos.
Miró la explanada que se extendía frente a él y observó los otros combatientes. Luego suspiró, dejando que el viento acariciara su rostro y cabellera antes de colocarse el yelmo, justo al sonar a lo lejos el gran cuerno. Indicando el comienzo del gran acontecimiento.

Cerró los ojos, relajando todo su cuerpo, y revivió otro momento, uno de más cercano. El último vivido.

Recordó el acero brillar bajo los soles. Las chispas saliendo con su choque y los gritos eufóricos de los batallantes, disfrutando ser portadores de la muerte. Rememoró las lecciones aprendidas de joven llevadas a la práctica, manejando el hierro en lugar de la madera. Y la euforia, la alegría, el bienestar tras insertar la hoja de su arma en el pecho de quien momentos antes le intentaba matar.
Un encuentro de espadas, un resplandor momentáneo entre ellas, en el cielo, y un cuerpo cayendo al suelo. Un vencedor avanzando a por otro vencedor, luchando sin descanso hasta convertir a uno de ellos en perdedor. Muriendo y matando honradamente en un combate hasta el final.
Sin importar nada más que la gloria y el honor por ser el campeón de campeones.

Las nubes amenazaron en el cielo para dar paso a la lluvia. Las gotas repiquetearon en su magullada armadura, oscurecieron el color de su capa y empaparon su piel, limpiándola de toda mancha y suciedad.
Regaron la hierba y lavaron la tierra de todo mal producido. Y finalmente respondió al invicto, dándole un claro mensaje, pues pese a ser el mejor de todos ya no quedaba nadie para alabarle, más allá del cielo y los Dioses, que fueron meros espectadores.




Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que haya sido de vuestro agrado y se haya podido compaginar bien la música con el relato, pese a que quizá alguna parte de la narración es demasiado breve para esa "sección" dentro del soundtrack, pero creo que si se escucha antes la música y luego se lee con ésta se sabrá compaginar bien. Además, ya sabéis que aquí abajo podéis valorar, comentar, compartir y demás sin ningún problema.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 17 de agosto de 2013

El hombre que cayó de las estrellas

¡Buenas noches queridos lectores! Esta semana he estado fuera (otra vez) y acabo de volver a casa. Así que una vez acomodado y demás, os cuelgo aquí un pequeño cuento/relato que escribí en su día y espero que disfrutéis leyéndolo.


Sintió su cuerpo frágil. Ligero, como si pudiera flotar. Pesado, como si jamás hubiera descansado. Atrapado y a la vez libre.
Una mirada vacía que observaba todo, sin ver nada. Una boca abierta, dispuesta a hablar, pero tan seca que no era capaz de pronunciar palabra alguna. Una mente brillante, rebosante de ideas, pero detenida. Como una maquina sin aceite.
Y así se mantuvo, en el suelo, como el primer resplandor en el oscuro cielo. Un resplandor que ni siquiera las miradas más curiosas y atentas pudieron percibir.
Cerró sus pesados párpados. Pero no podía dormir a pesar de sentir su cuerpo agotado. Notó como las gotas empezaron a caer sobre él, mojando su áspero cuerpo y enterrándolo bajo el barro que caía en el cráter que él mismo había provocado.
Un suspiro se escapó de sus labios. No de desolación, ni de alivio. Sino de fuga. Pues su alma abandonó su cuerpo antes de ser enterrado. Un cuerpo que había sido rechazado, por no ser como los demás.
Un cuerpo que llegó del cielo, cayendo de él. Una noche sin estrellas, pues le abandonaron a su suerte. Y buscó ayuda. Pero no, no era un hombre como los demás. Era un extraño que buscaba indicaciones tras salir de un enorme agujero provocado en un estruendo. Un ser singular, nada particular. El desconocido que resplandecía.
Y todos quisieron ese esplendor.
Así que ignorando sus peticiones, se abalanzaron hacia él. Por ser diferente, por ser especial. En mitad de tanta gente corriente, en mitad de gente normal. Pero no pudieron quitarle su luz, pues la llevaba pegada a su aura, a su alma.
Y lo echaron. A pedradas y bastonazos. Golpeado por los ignorantes mientras los demás observaban, en silencio.
Hasta que su brillo parpadeó en el aire, saliendo de su boca, de su tos.
Todos miraron al suelo, a las gotas brillantes que se apagaron al momento. Y luego miraron al ser, sonrientes, mientras prosiguieron. Golpeándolo, hasta que huyó.
Corriendo por las callejuelas, yendo al exterior. Hasta su cráter, en el que se tiró.
Y miró al cielo, incomprendido y suplicando, mientras poco a poco su luz se iba atenuando. Hasta cerrar los ojos y suspirar.
Entonces fue, cuando en el cielo, todos los individuos lo vieron. Vieron en el cielo un centelleo. El de una única estrella, solitaria, brillar.


Y bien, ¿qué os ha parecido? Espero que hayáis disfrutado de la lectura y ya sabéis que, como siempre, podéis comentar, valorar, compartir y demás aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 3 de agosto de 2013

Doble víctima

¡Buenos días queridos lectores! Siento no haber subido nada cuando llegué ya a casa, aún así aquí os dejo un pequeño relato y supongo que en breves retomaré la serie de Un bar cualquiera. Mientras espero que disfrutéis con la lectura que encontraréis a continuación.


La lluvia empapaba la calle, resbalando por las paredes, resbalando por las aceras, arrastrando la inmundicia del suelo hasta las cloacas, pero dejando aún más negro el suelo.
Las gotas repiqueteaban contra las ventanas, chocando en ellas, incansables. Como si esperasen a que alguien les abriese.
Una pequeña, escurridiza y salada, se fusionaba con las dulces encima de los poros de aquel rostro oculto bajo la sombra de su mojado sombrero.
La gabardina, antaño marrón y ahora negruzca, ya no le protegía del clima, de la tempestad. Se pegaba a su cuerpo, como si formase parte de su piel, a la cual le costaba transpirar.
Un brillo en el cielo, una estrella fugaz.
No pidió deseo alguno, ya que como él, era un cometa errante con un pasado triste y un futuro más oscuro. Destinado a ir a la deriva, sin rumbo. Como le ocurría a su observador nocturno.
Se agachó levemente, notando los zapatos llenos de agua, y miró enfrente, al pavimento ensangrentado.
Estaba solo en el lugar, no quedaba nadie con vida en esa callejuela. Pues lo que más quería yacía a sus pies. Sucio, húmedo e inerte. Como su alma, despedazada.
Estiró la mano y acarició el rostro del difunto. Pasó los dedos por su castaño pelo y se mordió el labio inferior.
Impotencia, rabia y mil sensaciones más. Explotando desde lo más recóndito de su interior, ansiando salir. Pero debía mantenerlo dentro, guardado, esperando.
Para cuando llegase el momento de la represalia poder hacerlo como mandaba.
Pues se vengaría de los causantes, acabando con quienes creyeron acabar con él.
Cogió el cuerpo entre sus brazos y miró de nuevo al cometa del cielo, el cual, por unos instantes, iluminó los dos rostros idénticos.


Espero que hayáis disfrutado con el relato y ya sabéis que podéis comentarlo, valorarlo, compartirlo y demás aquí abajo, cosa que siempre se agradece.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 17 de junio de 2013

Raposo

¡Buenas tardes, queridos lectores! Por fin subiré el relato (que pensé haber subido el lunes pasado) del sorteo que dije que celebraría mediante Twitter por los 100 seguidores (el que llevaba el hashtag de "#Relato100Followers"). Y el ganador fue Manu Raposo al acercarse más al número ganador (ya que nadie acertó el 78). Así que, como bien se dijo, el ganador de dicho sorteo podía poner todas las condiciones que quisiera para el relato y él pidió que en el relato hubiera un dragón, muerte y almas perdidas pero sin ningún héroe que salvase nada (como podréis encontrar aquí). Así que bueno, en eso basé el relato y esto es lo que ha salido. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Un rugido a lo lejos le despertó de golpe, pero no dudó ni un instante. Ya sabía que se escondía tras él.
Alzó la cabeza, se levantó y se sacudió sus peludas orejas. Luego estiró sus patas y desperezó los músculos, inactivos durante demasiado tiempo.
Miró al cielo.
No había duda.
Tarde o temprano las profecías debían cumplirse y ya había pasado demasiado tiempo desde la primera.
Cogió su fino chaleco negro y se lo colocó junto al cinturón del cual colgaba la funda de su espada. Luego se puso a la espalda el carcaj y el arco que los ancianos le dieron.
No tenía tiempo para más cosas, así que ante la incertidumbre de que más llevarse cogió un pequeño saco de cuero que ató a la correa del carcaj. Y, sin perder más tiempo, echó a correr siguiendo la corriente de las azuladas formas que transitaban por encima de los árboles.
Una ráfaga de viento le advirtió de que algo no iba bien así que saltó y, agarrándose de la rama de un árbol, empezó a trepar mientras iba saltando entre ellos.
No tardó demasiado en llegar a la explanada y, desde la rama del último árbol en el que se encontraba, lo observó.
Observó como la hierba era pasto de las llamas y el fértil suelo se convertía en dura roca.
Observó como el flujo en un principio azulado iban hacia esas llamas y, al salir de ellas, se volvía grisáceo.
Observó como una gigantesca forma, oculta por su propia sombra, estaba cara a él.
Y no vaciló. Cogió el arco y cargó la primera flecha, apuntando a algo que parecía cobrar vida del flujo grisáceo.
Un disparo certero disipó al humanoide de humo, pero eso provocó que delatase su posición pues, inmediatamente, notó como los rojizos ojos de la gigantesca criatura se clavaban en él.
Un miedo atroz invadió su cuerpo, obligándole a sacudir su cuerpo para quitárselo. Pero en ese intervalo de tiempo vio como se habían formado más humanoides. E iban hacia él.
Disparó algunas flechas, pero seguían avanzando y él no ganaba terreno. Por lo que guardó el arco y saltó desenvainando la espada.
Una vez en el suelo, empezó a correr en sus dos patas traseras, dando tajos a todos los humanoides que se encontraba de camino. Pero cada vez habían más y eso le impedía apenas avanzar, por lo que envainó la espada y, con un cuchillo que llevaba en el chaleco el cual se puso en la boca, empezó a correr a cuatro patas, dando tajos solamente a los que se cruzaran de frente.
Ahora sí que había logrado avanzar. Pero el fuego le cortó el paso.
Miró hacia arriba y vio al oscuro gigante, que abrió la boca mostrando una blanquecina sonrisa llena de colmillos.
Pisó el fuego y este se apagó de golpe, pero a partir de ese pisotón se formó un círculo entre los dos contrincantes.
El gigante desplegó sus alas y, ahora, con el fuego rodeándole, el joven zorro pudo verlo con claridad. Pudo ver con claridad como se trataba del dragón de las profecías.
Y, por ello, significando que los humanoides de humo eran las únicas representaciones terrenales de las almas absorbidas por este ser. Esclavos inútiles que vagan sin razón. Almas perdidas.
El zorro torció el morro y arrolló el cuchillo al gigantesco dragón, que lo apartó de un coletazo.
Enseñó sus dientes y el gigante pareció reírse de él, de su pequeño tamaño y su fuerza insignificante, pero no hizo nada. Como si esperase su ataque. Cosa que no tardó demasiado en suceder.
La plateada espada fue desenvainada de nuevo y, al alzarla como si fuera a dar un tajo, con una de sus patas traseras levantó la flecha del suelo que había lanzado por primera vez y la bateó con la parte plana de la hoja.
El inesperado proyectil dio de lleno a la coraza de escamas de la enorme criatura, haciéndola sangrar por su estómago. Haciendo que la rabia se apoderase de él.
Echó una llamarada hacia el zorro, pero éste la esquivó.
Intentó aplastarlo con su pata, pero rodó.
Un coletazo, también fallido, que él aprovechó para subirse a él y escalar por su espalda.
Rajó una de sus alas, impidiéndole empezar a volar como parecía que iba a intentar y siguió trepando hacia su cabeza, con la espada en la pata y ocasionándole cortes siempre que podía.
El dragón se movía, agitaba e intentaba cogerlo, pero no llegaba, hasta que él se colocó en su hombro.
Entonces, para su sorpresa, la cola le agarró por la cintura cuando saltó a un lado evitando un manotazo y lo tiró al suelo.
La enorme zarpa se colocó en su abdomen y los rojizos ojos se clavaron en sus castañas pupilas.
-Eres un enclenque. Débil e inútil. Nunca alguien como tú podría derrotarme.
El zorro calló.
-Depositaron sus esperanzas en ti. Y por ello han fallado.
Pareció que iba a abrir la boca para contestarle, pero notó como la zarpa empezó a presionar sobre él.
Liberó su pata con la espada de la presión y clavó la hoja en el centro.
El dragón ahogó un grito y le dijo que como prefiriera, que acabaría rápido.
Fue por ello que, en lugar de ir apretando lentamente, dejó caer todo su peso sobre su brazo. Aplastando por completo el frágil cuerpo del zorro.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que sea de vuestro agrado y seguramente para los 200 seguidores haga algo similar (ya que la verdad es que vi una participación medianamente activa en el hashtag).
Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar y demás aquí abajo o por donde creáis oportuno. Además de que tengo entre manos otro pequeño proyecto para quien le gustase los relatos algo macabros como el que colgué hace unos días titulado "Muñequito".

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 6 de junio de 2013

Muñequito

¡Buenas noches queridos lectores! Creo que al final haré lo de ir subiendo relatos cada X tiempo sin avisar ni nada, que viene a ser casi lo que hago últimamente (eso sí, siempre habría mínimo algo nuevo para cada semana). Pero bueno, esta vez se trata del relato "siniestro" que prometí dedicar al seguidor nº 90 pero que, a pesar de que dijera que por el tema está bien, a dicho seguidor no le gustó demasiado, por lo que creo que es mejor obviar quién es (a no ser que me indique lo contrario, en ese caso editaré la entrada para nombrarlo).
Pues lo dicho, aquí os dejo con éste relato y espero que lo disfrutéis. Aunque aviso que, antes de leerlo, quizá no sea mucho de vuestro agrado. Así que ya he avisado.


¿Me estás leyendo? Oh, cielo santo. Alguien me está leyendo. A mí. A un mero narrador de unas palabras que quizá vas a querer olvidar. No, no vas a quererlo, lo desearás. Así que antes de que empieces a leer este texto, que haré tan breve como me sea permitido, piénsalo dos veces. No por mí, sino por ti.
Porque lo que hoy será desvelado, mañana podría ser clausurado…


Era noche cerrada. Estaba en mi casa, observando por la ventana. Había tanta vida ahí afuera, abajo, a unos metros de mi posición. Tanta vida, inconsciente de lo que ocurría realmente. Tanta vida, prisionera de su ética y moral.
No, ahí no había vida. Ahí sólo había muñecos.
Y los muñecos están hechos para jugar, ¿no?

Me giré y observé su rostro. Un rostro cansado que expresó una mueca de terror al ver que volvía a tener mi atención.
Estaba medio desnudo, atado en una silla de madera y amordazado.
Me acerqué a él, sonriente, y acaricié su magullada barbilla mal afeitada, pues tenía diversos cortes de navajazos en un intento fallido de recortar esa horrible barba.
Miré a sus ojos, temerosos y llenos de pánico. Suplicantes.
Yo negué con la cabeza, sonriente, y le cogí del escroto con fuerza.
-Hoy toca el plato fuerte –dije.
Él lo captó a la primera y probó a rogar, inútilmente.
Yo cogí las tenazas que había a su lado, en una mesita, y las bajé hacia allí. Cogí la envoltura con ellas y empecé a tirar mientras escuchaba sus lamentos y ahogados gritos. Deleitándome con ello hasta que la arranqué, observando como empezaba a desangrarse.

“Ojalá”, pensé mirando por la ventana. “Ojalá”. Y me giré, observando la silla de madera manchada y vacía al lado de la mesita con una caja de herramientas.
“Ojalá llegue ese día, el día donde los que vivimos podamos jugar con los muñecos.”


Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que es corto, pero creo que lo suficiente intenso además de dejar claro cierto mensaje. Aún así, ya sabéis que podéis opinar, comentar, valorar, compartir, etcétera aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 21 de mayo de 2013

Divinidades

¡Buenas tardes queridos lectores! Siento la demora, pues estaba pensando en una cosita que hacer con los microrrelatos, que ya veréis más adelante. Pero bueno, esta vez si que no me andaré con rodeos y os dejo con un relato


Una oleada de viento le obligó a entrecerrar los ojos. Acto seguido un ser de enormes dimensiones ocultó el sol, sumiéndole en la total oscuridad. Y, tras unos breves segundos, la criatura bajó sus gigantescas alas según descendía al suelo.
No se dejó llevar por la primera impresión. Ni siquiera dejaría que notara su sorpresa al verlo. Desenfundó rápidamente la espada que llevaba a la espalda y saltó, propinando inmediatamente un tajo de abajo arriba.
Unas gotas perladas de color rojizo brillaron en el aire. El silencio absoluto se hizo de golpe. Pero ningún cuerpo cayó.
La angelical criatura había desenfundado también su arma y había atravesado el hombro izquierdo del joven. Clavándolo en la espada y sosteniéndolo.
Aún así, éste, había logrado un golpe efectivo. Antes de que el divino ser se diera cuenta, una línea horizontal rojiza se formó en su pecho y, en unos segundos, empezó a brotar la sangre a chorros.
El ángel se sorprendió al ver la recta en un inicio, pero luego su rostro se llenó de terror y sorpresa. No comprendió como había podido. Pero mientras se distraía con su herida, el muchacho aprovechó para librarse del arma enemiga.
En apenas unos segundos, estaba de nuevo en el suelo, desplegando unas oscuras alas que habían aparecieron en su espalda mientras sonreía levemente.
Cogió una perla roja que aún flotaba en el aire con la yema de su dedo y se la llevó a la boca.
-Delicioso –dijo.
En otro rápido movimiento, de apenas un abrir y cerrar de ojos, saltó de nuevo y proporcionó los últimos cortes necesarios para abatir a su oponente, quien cayó al suelo. A pedazos.


¿Qué os ha parecido? Espero que esté a la altura para remediar todos estos días en los que no he podido subir nada (y que espero que la normalidad vuelva por aquí cuanto antes). Además, si puedo, mañana os colgaré un relato un tanto especial.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 13 de mayo de 2013

No quiero "desilusionar"

¡Buenas tardes queridos lectores! Escribo esta entrada para avisar (aunque quizá algo tarde) y remarcar lo que dije en la anterior: no podré subir mucho hasta la semana que viene, así que pido que me disculpéis las molestias causadas (a pesar de no haber querido hacer esto, como ya dije hace tiempo). Aún así, como en la última entrada, como el poco tiempo que tengo para escribir algo es en Twitter (ya que es rápido, corto y conciso), os subiré los microrrelatos que publiqué por ahí con el tope de 140 carácteres ya que más vale poco que nada. Y, de nuevo, os pido disculpas.


La observaba cada día, cada noche...
Pero es que no podía evitarlo.
Por algo la tenía secuestrada.


Una caricia.
Dos palabras.
Tres besos apasionados.
Cuatro manos entrelazadas.
Infinitas sensaciones.


Cielo relampagueante.
Gotas resonando contra el cristal.
Tempestad en el exterior.
Calma en mi interior.


Fuente de melancolía.
Romántica y enamoradiza
pero salvaje y violenta.
Única ella sola.
Sencillamente lluvia.


Corre, corre y no mires atrás, pequeña.
Porque, si lo haces te detendrás. Y los malos sueños te cogerán.


Bueno, espero que disfrutéis de estas lecturas y, hasta que pase la semana, únicamente podré subir entradas así y las entradas irán en "packs" de 5 en 5 microrrelatos. Pero de verdad, lo siento muchísimo.

   Un saludo y hasta la próxima~

domingo, 7 de abril de 2013

Un bar cualquiera (2ª Parte) - Storm

¡Buenos días queridos lectores! Hoy os traigo el nuevo capítulo de Un bar cualquiera, en el cual empezará, por así decirlo, la segunda parte (o 2ª Temporada, a gusto de lector) de la serie.
Los que sigáis la página de Facebook o me sigáis por Twitter habréis podido ver la introducción original a ésta, la cual colgaré en unos días como "extra" para quien no la haya visto, pues la que pondré a continuación es la introducción final más el capítulo I, titulado "Storm".
Así que bueno, espero que disfrutéis de la lectura a pesar del retraso que lleva por no haber podido subir antes el capítulo.

Introducción


Mi nombre es Matt Storm. Hace unas semanas mi vida todavía era normal: regentaba un bar al cual solían venir mis amistades, vivía con mi pareja en un buen apartamento e incluso podía permitirme algún lujo de tanto en tanto. Pero todo cambió cuando conocí a Jack, un tipo desconocido que entró en mi bar, mató a Richard (un cliente habitual) y luego me dijo que yo tenía habilidades… especiales de las cuales no sabía nada a excepción de las habladurías.
A día de hoy, solo he conocido a tres personas más que trabajen con Jack: Harry Dietrich, James y otro desconocido al que solo vi al entrar en su “escondrijo” y no volví a saber más de él. Y, hasta ahora, los dos “J”, parece que solo se han “divertido” a mi costa a pesar de que Jack intentara parecer amable, pero en realidad Harry ha sido el único que se ha comportado con cierta normalidad y quien me ha ayudado más en todo esto.
Quizá os preguntaréis a santo de qué viene ésta introducción. Pues sencillo, hoy mismo empieza un capítulo totalmente nuevo de mi vida. Hoy empieza un episodio donde mi pasado es alterado por completo debido a un extraño Harry que me indujo a modificar mis recuerdos. Hoy, el Matt Storm que vosotros conocéis, dejará de existir.


Capítulo I: Storm


Nos perseguían. Marcus y Andrew ya se habían ido por otros dos callejones, sabiendo que ese tipo de trabajos eran ideales para mí.
Ladeé levemente la cabeza, sin dejar de correr, y vi como los dos tipos ni se habían molestado en perseguir a mis compañeros. Parecía que sabían de más el objetivo que tenían. Pobres desgraciados, pensé al ver que no sabían realmente a que se enfrentaban.
Callejón sin salida. Bien, pensé, ahora actuaran como todos acaban actuando siempre.
Los dos hombres, con uniforme policiaco, sacaron sus pistolas y me apuntaron mientras me indicaban que me tirase al suelo y no ofreciera resistencia.
Yo puse las manos, con las palmas bien abiertas, hacia ellos. Unas perladas gotas de sudor se deslizaron por sus frentes y, rápidamente, vi como el más joven apretaba el gatillo. Pero no me dio. Claro que no.
Antes de que la bala del arma saliera disparada contra mi pecho, todo se detuvo y yo empecé a andar tranquilamente hacia ellos, cogí las manos del novato y las giré (lo que permitía la muñeca de manera natural) y puse la pistola apuntando su pecho. Luego volví a mi posición inicial y el tiempo volvió a fluir.
-¿¡Pero qué cojones!? –exclamó el compañero al ver que el novato estaba en el suelo, con el pecho agujereado con su propia bala y sangrando a más no poder.
No, no le había puesto el arma en el corazón. Éste no tenía la culpa, era inocente. Era el otro que si que acabaría mal.
-¡Hijo de puta! –me gritó, antes de empezar a disparar.
El tiempo no se volvió a detener, simplemente empezó a fluir con más lentitud, permitiéndome ver las balas rompiendo el aire y caminar entre ellas hasta el tipo que, al tenerme a escasos metros, abrió la boca de sorpresa (ya que él me vería como si mi cuerpo se moviera a una velocidad vertiginosa) y, aunque intentó llevarse las manos a la cara, no pudo detener el puñetazo que le asistí en la mandíbula. Partiéndole algún que otro diente y tirándolo al suelo.
Rápidamente, cuando el tiempo volvió a fluir con normalidad, saqué el revólver de mi cinturón y le disparé en toda la sien. Matándolo instantáneamente.
Una vez hecho esto, cogí el teléfono del todavía caliente cadáver y llamé a urgencias por el herido. Luego le tiré el aparato y me fui por donde había venido.

-¡Já! –exclamó Marcus- ¿Cómo no? ¡Storm llegando tarde pero con el botín!
-¿Acaso lo dudabas? –pregunté mientras desataba el maletín que llevaba atado a la espalda.
-Claro que no lo dudábamos –respondió el otro hermano Johnson-, Storm.
-Bien, bien –abrí el maletín-. Sino creo que os hubierais quedado sin vuestra parte.
Ambos sonrieron levemente y cogieron al vuelo el par de fajos de billetes que les lancé. Eso solamente era el extra, lo que se podían gastar para fulanas o lo que les viniera en gana. El resto, a excepción de mi parte, iba al fondo comunitario.
Nos encontrábamos en un bar de mala muerte donde solamente venían las almas perdidas y dejadas de esta ciudad. Quizá el lugar parecía un refugio para mendigos, pero las copas eran buenas, grandes y a buen precio. Además de que la dueña nos permitía llevar nuestros trapicheos sin problemas.
Fui a la barra, dejé un billete y la muchacha me sirvió un vaso bien cargado de Whisky, sin hielo. Me lo tomé de un trago, cargué el revólver con la bala que le faltaba y salí afuera, donde ambos hermanos me estarían esperando para ir a la verdadera Madriguera.


¿Os ha gustado? Sé que el capítulo es "breve", pero esa es la intención: breve pero intenso. Además de que se note el cambio y demás, pero no hablaré mucho sobre el tema, ya iréis viendo en los próximos capítulos.
Así que si os ha gustado, ya sabéis que se puede opinar, valorar, comentar, etcétera, etcétera. Pero bueno, nos vemos el lunes con un nuevo relato que también será algo especial, ya lo veréis.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 20 de marzo de 2013

La verdadera sinceridad

¡Buenas tardes queridos lectores! Mañana, a las 6:30, me voy ya para Londres (viaje de fin de curso de 2º de Bach.), y no volvería hasta el domingo (tarde, muy tarde). Cosa que impediría que pudiera subir el capítulo de un bar cualquiera el fin de semana, así que lo aplazaré al siguiente si no se produce ningún imprevisto (digo imprevisto por el hecho de que será Semana Santa, vacaciones, y no sé todavía si iré hacia algún lado, por eso). Pero como sé que os hago esperar muchas veces, durante este viaje y estas vacaciones prometo no dejaros sin nada. ¿Que cómo lo haré? Sencillo, muchas veces cuando me viene la bendita inspiración o alguna idea y me pilla fuera de casa y sin papel y bolígrafo a mano... escribo en la aplicación de "Notas" del móvil y ahí se quedan (por los siglos de los siglos). Por lo que, gracias a esto, subiré en el viaje al menos uno de los relatos que están en mi móvil y haré la entrada desde allí (por eso seguramente no me extenderé demasiado y la subiría por la tarde-noche o de buena mañana, ya que el resto del día... será un no parar de un lado a otro). Así que bueno, prometo al menos subiros un relato como compensación del capítulo que no podrá ser.
Pasando al segundo punto, relacionado con el viaje, desde el móvil no sé si podré publicar la subida del nuevo relato al Facebook, pero si podría avisar mediante un tuit, así que estad más atentos al Twitter que al Facebook estos cuatro días, porqué este si que no fallará.
Como tercer punto, he de decir que estoy reutilizando Wattpad, si, pero no para subir cosas nuevas, sino solamente para subir la serie semanal, pero capítulos que ya están en el blog, así que tranquilos, el blog siempre tiene prioridad ante todo (excepto fragmentos de escritos que no vaya a hacer públicos totalmente, entonces Facebook manda).
Y como cuarto y último punto, pero que creo que es el más importante o que más os puede interesar en el momento: el relato. Sí, que ya os dejo leer el relato (o más bien microrrelato) tranquilamente. Pues eso, ya está todo dicho y ahora a disfrutar con esta narración que escribí el otro día en un momento de algo de indignación, por lo cual entra en el "género" de "relatos espontáneos", ya que lo importante es cuando se escribe y lo que transmite (eso no significa, como bien sabéis, para añadir faltas ortográficas y demás, eso es un error  que no tiene excusa posible dentro de la escritura a no ser que sea un lapsus momentáneo). Pero bueno, aquí os lo dejo:


Ahí estaba yo, en mitad del suelo de ese oscuro callejón, tirado de cualquier manera encima de un rojizo charco que se iba diluyendo gracias a la lluvia que empapaba el suelo y hacía que la mugre manchara mi húmedo y frío cuerpo.
Sí, estaba muerto.
Pero no había muerto de cualquier manera, no señor. Había sido asesinado. Porqué, os preguntaréis. Pues la razón es sencilla: hablé demasiado. Pero no, no os confundáis. No hablé como en las películas de gánsteres, policías corruptos o presos, nada de eso. Cuando digo que hablé demasiado, sencillamente, me refiero al hecho de que fui demasiado sincero para esta sociedad en la que vivimos.
Cómo puede ser eso, quizá también os preguntaréis. “Vivimos en la época de la verdad”, algunos afirmaréis. Otros, directamente, pasaréis de continuar escuchando mi relato alegando que soy un simple mendigo más que ha muerto, alguien sin nombre, alguien sin importancia. Pero para quien quiera escuchar la razón de mi desdicha, prometo que su visión del mundo actual cambiará por completo…
Dicha razón fue la sinceridad. Os volveréis a preguntar, cómo es eso posible, pues bien queridos oyentes. Hay gente en el mundo que solamente es capaz de escuchar elogios, por muy patéticos o fingidos que sean estos. Hay gente que no sabe encajar una crítica, por muy acertada que sea. Y, esa gente, si se conoce y tienen un enemigo común, a veces es capaz de hacer cosas inimaginables.
Y así es como sucedió; de camino a mi hogar, dichas personas se aliaron, para tenderme la emboscada y, cual al antiguo emperador romano, las dagas volaron hacia mí. Atravesando mi cuerpo con un millar de puñaladas. Pero no fue eso lo que me mató, pues rápidamente todos huyeron y yo caí al suelo, moribundo. Y ahí fue donde morí, desangrado, en un callejón alejado de todo, mientras el sonido de la lluvia y los truenos ahogaba mis alaridos y súplicas de ayuda.
Y todo eso por una sencilla razón: ser verdaderamente sincero.


¿Os ha gustado? Como dije antes, lo importante es imaginar y recrear los hechos y ponerse en la situación, imaginar las cosas, más que lo que hay escrito, ya que la intención de muchos "relatos espontáneos" es que la imaginación del lector brote en la historia, pero imaginando lo que el escritor pretende narrar con pocas palabras. Así que bueno, si he conseguido eso, entonces se podría decir que mi objetivo con éste tipo de relatos ha tenido éxito. Y, como siempre, ya sabéis que podéis compartirlo, valorarlo, comentarlo, opinar, etcétera, etcétera de mil y una maneras (vale, quizá no tantas, pero hay muchas opciones). Así que venga, no seáis tímidos, que me gusta tener opiniones, valoraciones y demás más allá de los correos electrónicos que suelo recibir. Pero bueno, aún así...

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Profesionalidad ante todo

Buenas tardes queridos lectores, hoy me encuentro algo mejor (a pesar de seguir con fiebre y tal), así que os cuelgo un relato que escribí ayer (y hoy he repasado, no fuera que hubiera alguna "locura" al tener fiebre y tal. Pero por lo que he visto, creo que no. Solamente he cambiado un pelín de cosillas pero apenas perceptible.
Así que bueno, aquí os dejo con el relato y espero que lo disfrutéis. Y de veras, cuando esté al 100% de mis facultades (ya más me gustaría a mi colgar tantos relatos como pudiera sin retraso alguno debido a esta dichosa fiebre junto al dolor de cabeza, mareo y demás que llevo encima desde el viernes de la semana pasada...), por lo que no me enrollaré más y os dejaré con el relato. Espero que os guste y lo disfrutéis.


Dio un salto atrás y rodó a un lado mientras desenfundaba la cuchilla de su bota. Antes de que se pudiera girar completamente, la fina y brillante hoja le rebanó la garganta y la sangre empezó a brotar de su cuello cual a fuente.
El hombre, en un intento desesperado e inútil, se llevó las manos al cuello, intentando apretar la herida, pero lo único que conseguía hacer era asfixiarse además de seguir desangrándose. En unos segundos cayó al suelo. Inerte. Muerto.
En un giro de muñeca la cuchilla volvió al escondite de la bota tras limpiarse con la ropa del cadáver y la muchacha se levantó.
Miró al frente y calculó la distancia que le debía quedar para el siguiente objetivo. No demasiado lejos, le dieron los resultados. Por lo que, pulsando unos pequeños botoncitos de un panel de su brazo derecho, salió un gancho disparado de debajo de su antebrazo que atravesó la pared del frente y llegó al segundo objetivo, atravesándole el pecho.
Al confirmar que había dado de lleno al escuchar el grito de dolor, tiró el brazo hacia atrás con un movimiento brusco y el tipo salió disparado contra la pared, estampándolo de bruces. Sin dudar un instante, soltó la cadena de su traje y la clavó al cadáver del suelo, todavía caliente.
El tipo intentó librarse, empujándose hacia el lado contrario de la pared pero, para cuando se apartó lo suficiente para ver la cadena, la voz femenina de una mujer llenó sus pensamientos y, pocos segundos después, un grito ahogado se escapó de su boca, pues una daga le había atravesado la espalda, llegándole justamente al corazón.
Este cuerpo no llegó a caer al suelo gracias a la cadena. Pero a ella tanto le daba como quedaran los cuerpos. Lo importante era el objetivo final y, quien se interpusiera en el camino solamente era un estorbo que debía ser eliminado cuanto antes.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Sé que seguramente no será nada del otro mundo (y menos escribiendo enfermo, que he de admitir que me afecta...), pero al menos espero que os haya gustado. Ya sabéis de más que podéis opinar, comentar, etcétera, etcétera, aquí abajo. Y me despidiré ya, pero antes: gracias por vuestra paciencia y, de nuevo, disculpas por no poder estar al 100% con esto...


Un saludo y hasta la próxima~

lunes, 28 de enero de 2013

Un bar cualquiera - Frenesí

¡Buenos días queridos lectores! Ayer no pude subir el capítulo debido a que tuve que hacer un trabajo bastante extenso y, cuando llegué a casa, ya era muy tarde, por lo que pensé en levantarme temprano hoy y, si tenía tiempo, colgarlo de buena mañana el capítulo. Así que aquí os lo dejo.
Espero que os guste y no os defraude, aunque ya sabéis que podéis expresaros al final del todo.
Pero bueno, os dejo ya el capítulo antes de que me vaya y esto se quede en un simple borrador en el blog.


Pasamos por diversas calles y avenidas antes de detenernos delante de una pequeña plaza transitada por todo tipo de individuos. Parecía que había alguna pequeña feria mercantil, pues estaba rebosante de gente y se podía apreciar algún que otro puesto. Ya sé que debería estar más al tanto sobre dichos eventos al vivir por allí, pero francamente mi vida se había centrado básicamente en mi bar, Alice y, lo que me quedaba de tiempo, hacer alguna cosilla en casa. Era por eso que no salía demasiado. Aún así, Jack nos indicó de bajar y me dijo que siguiera e hiciera caso a James mientras él iba a por un encargo.
Asentí y caminé junto a James, quien parecía haberse empeñado en recorrerse todo el lugar, mirando por todos sitios y observando a cada una de las personas y, para ello, no parecía importarle dar algún que otro empujón, provocando alguna queja de las cuales me encargaba yo de pedir disculpas. Cosa que no sabía ni siquiera porque lo hacía, ya que ese tipo aún no había logrado ganarse mi amistad y, a este paso, ni siquiera mi confianza.
No tardamos mucho en detenernos delante de un pequeño espectáculo en el cual se habían reunido bastantes personas alrededor de un hombre elegante que se encontraba en el centro. Por lo visto el motivo de la atención era que ese individuo estaba haciendo algún tipo de truco de magia con sus manos, pues con algunos gestos lograba hacer cosas que no había visto nunca, como mover y apartar objetos con un simple movimiento de dedos sin que pudiera haber truco alguno, ya que los objetos se encontraban a una distancia considerable.
-Ahora nos vamos a divertir un rato –me susurró mi compañero cuando el “mago” pareció pedir un voluntario.
Pensé que haría alguno de sus trucos todavía desconocidos para mí y no me defraudó, pues me sorprendió, solo que no como yo esperaba debido a que me empujó en medio del círculo para que fuera el voluntario.
El trajeado sonrió y me pidió que sujetara un par de cajas, las cuales pude revisar y enseñó ante todo el público que estaban vacías. Incluso las dobló para que quedaran finas y luego las volvió a montar.
Me pidió que extendiera los brazos, teniendo así las cajas lejos de mi cuerpo, y empezó con su espectáculo.
Se agachó, haciendo algo de mímica, y pareció rebuscar en un baúl invisible. De ese supuesto cofre, hizo ver que cogía un detonador de los explosivos de los edificios en demolición pero inmediatamente desechó el “objeto” tirándolo sin decir nada. Por lo que siguió rebuscando hasta que pareció coger dos detonadores, uno para cada mano, de esos que solo hace falta pulsar el botón con el pulgar.
Antes de hacer nada, abrió sus palmas al público para que viera que no escondía nada, y volvió a imitar que cogía dichos detonadores.
Con un rápido movimiento pulsó uno, pero no ocurrió nada. Luego pulsó el otro. Aún nada. Luego hizo ver que se iluminaba, viniéndole una idea a la cabeza, y pulsó los dos a la vez. Instantáneamente las cajas detonaron en mis manos, sin que me lo pudiera creer. Él sonrió de medio lado y, cerrando el puño izquierdo y, de la mano derecha, dejando solamente rectos el dedo índice y corazón, apartó los pedacitos de caja de mis manos, tirándolos al suelo, al hacer ver que los apartaba.
Quizá lo que acababa de hacer fuera magia de verdad o, quizá, él, al igual que Jack o James, tenía alguna capacidad fuera de lo común. Pero no tuve tiempo suficiente para descubrirlo, pues unos gritos y quejas de diversas personas empezaron a inundar el lugar.
James había desaparecido y no sabía por dónde ir, pero de repente apareció Jack, sonriendo pícaramente, con una bolsa entre sus manos que me lanzó antes de perderse de nuevo entre la multitud.
Al poco rato apareció un grupo de hombres, tras la pista de mi compinche, pero uno se detuvo al verme.
Pelo corto y oscuro en una cabeza algo pequeña, pero con un cuerpo de armario. Si no me sacaba dos cabezas, me sacaba tres.
Cuando bajó la mirada a mis manos, donde se encontraba esa bandolera que me había dado Jack, su ceño se frunció y sus ojos enfurecieron.
Yo, lentamente, sin saber porqué, me la coloqué sin dejar de mirarle. Eso pareció ser peor, pues se abalanzó hacia mí con toda su furia.
Unas gotas de sangre mezcladas con saliva salpicaron el suelo. El sabor a óxido de ese rojizo fluido inundó las papilas gustativas mientras alzaba la cabeza para mirar, rabioso y directamente, los ojos de su rival, expresando a su vez la incomprensión de cómo un enclenque podía haberle propinado semejante golpe. Ni siquiera yo lo sabía. Y justamente era ese enclenque.
Alzó su enorme puño y me golpeó con fuerza en la barriga, impulsándome a retorcerme en mi mismo y, mientras veía de reojo como sonreía victorioso, me tiré como pude a un lado para evitar un rodillazo en plena frente. La ira volvió a su rostro.
Con un rápido movimiento de piernas, que desde mi punto de vista había sido de lo más lento y torpe posible, enredé sus piernas con las mías, tumbándolo en el suelo.
No pensaba desaprovechar esa oportunidad, así que me levanté y corrí entre la multitud como había hecho Jack antes y como seguramente habría hecho James.
Miré de reojo y vi que el gorila mostraba cierta dificultad para levantarse. Quizá al caerse se había golpeado la cabeza y, ahora, estaba medio aturdido, aunque no lo sabía con ninguna exactitud, por lo que no dejé de correr empujando a la gente y apartando todo cuanto me encontraba de por medio.
Sin querer, al girar por un callejón, elegí mal al ir por la derecha en lugar de la izquierda, ya que allí había dos tipos que parecían haber perdido el rastro de Jack pero que, al verme a mí llevando el paquete que deberían buscar, empezaron a perseguirme.
Ahora no solo apartaba y empujaba, sino que debía tirar cosas atrás para evitar que me pillaran. Además de que, como ya dije, no estaba en demasiada forma física y era por ello que estaba empezando a cansarme.
Me pregunté para que servirían las habilidades de Jack o de James si no las usaban para espabilarse en arreglárselas con tipos así en esta clase de situaciones, porque hasta el momento no las habían usado para completamente nada. Pero no tenía tiempo para pensar demasiado, eso hacía que me ralentizara todavía más. Así que corrí, dejando las preocupaciones y cuestiones para otra ocasión.
En un momento encontré una rampa y, sin saber porqué, me dio por querer hacer como las típicas películas de acción y persecución, así que subí haciendo un esprín con mis últimos esfuerzos y salté encontrándome en unos instantes a una altura considerable entre dos casas de por allí.
Una sensación de vértigo y de que me iba a caer inundó mi cuerpo, por lo que lo siguiente vino el miedo y, a causa de esto, por poco que no caí al vacío. Ya que logré aterrizar en el otro tejado, pero rodando por este hasta casi caerme si no me hubiera agarrado de una chimenea.
Cuando la cabeza paró de darme vueltas y me situé de nuevo, esos dos tipos estaban en esa rampa, vacilantes sobre qué hacer. Yo me levanté y, al ver que lo hacía, cogieron cada uno una pistola de dentro de sus chaquetas y me apuntaron.
Uno disparó, dándole a la piedra de la chimenea como advertencia, aunque yo me cubrí instintivamente con la bolsa, cerrando los ojos.
Al abrirlos y apartarla un poco de mi cabeza, vi como habían bajado las armas, como si lo que llevara encima fuera demasiado importante como arriesgarse a que sufriera el más mínimo rasguño. Inconscientemente se dibujó una pequeña sonrisa en mi rostro, pues acababa de encontrar mi salvoconducto a la huída.
Es por ello que les saludé, burlándome en parte, y empecé a andar para irme de allí mientras veía al gigante del principio llegar para hablar con esos dos hombres y darles algunas órdenes que se escaparon de mi oído.


Bueno, ¿qué os ha parecido? A lo mejor algunos esperabais algo más extenso, otros quizá no. Pero no suelo ser de esas personas que les gusta dar vueltas a una cosa mil y una vez, sino de, normalmente, intentar ir al grano. Quizá por ello, algunos penséis que esto es corto, aunque no sé, como he dicho, podéis haceros oír (o leer) aquí abajo al dar vuestra opinión comentando o votando.
¡Ah! y los espacios que dejo entre párrafo y párrafo (la sangría), a veces la copia bien del Word y otras no, así que es normal que algunas veces no esté bien hecha como ahora en esta entrada ya que en el documento Word procura que quede recto, pero desde las entradas de blog no lo hace, por lo que si os fijáis podríais notar cuales lo copió bien y cuales no. Pero bueno, me voy ya antes de llegar demasiado tarde.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 22 de enero de 2013

Un bar cualquiera - Frenesí (adelanto)

¡Buenas noches queridos lectores! Siento tardar tanto con la subida del capítulo de la serie Un bar cualquiera, pero eso se debe a que este que viene será bastante largo, además de intenso y espero no defraudaros, además de que os guste, es por ello que estoy puliendo todos los detalles y perfeccionándolo a más no poder. Aún así, no os dejaré sin nada pidiendo unas simples disculpas, sino que os haré un adelante del capítulo que se titulará "Frenesí", para que no os quejéis y veáis que estoy en ello, no como las disculpas que hice hasta el momento donde no había enseñado demasiado, solo explicado.
Pero bueno, no me ando con rodeos y os lo dejó ya.


   Unas gotas de sangre mezcladas con saliva salieron de su boca, directas al suelo. El sabor a óxido de su rojizo fluido inundó sus papilas gustativas mientras alzaba la cabeza para mirarle rabioso a los ojos, pues no sabía como un enclenque le podía haber dado semejante golpe. Ni siquiera yo lo sabía. Y justamente era ese enclenque.
   Alzó su puño y me golpeó con fuerza en la barriga, impulsándome a retorcerme en mi mismo y, mientras veía de reojo como sonreía victorioso, me tiré como pude a un lado para evitar un rodillazo en toda la frente. La furia volvió a su rostro.
   Con un rápido movimiento con las piernas, que desde mi punto de vista había sido de lo más lento y torpe posible, enredé sus piernas con las mías y lo tumbé al suelo.
   No desaprovecharía esa oportunidad, así que me levanté y corrí entre la multitud como había hecho Jack antes de entregarme la bandolera que llevaba puesta desde hacía unos instantes.


Bueno, espero que os deje con asías de más, si queréis podéis opinar y expresar lo que os venga a la cabeza abajo, pero al ser un adelanto y tal no pido demasiado, por lo que como vosotros veáis.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!


NOTA: En el capítulo entero este adelanto puede modificarse un pelín para adecuarse más a la narrativa de la historia hasta el momento.

viernes, 11 de enero de 2013

Guerra

¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.


   Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
   Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
   Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
   Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
   No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.


¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!