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miércoles, 2 de octubre de 2013

Inocencia

¡Buenas noches, queridos lectores! Sé que últimamente estaba subiendo un relato semanal, pero he escrito unos cuantos "tweets" mientras escuchaba una canción (que pondré al final, por si os interesa) que han dado como origen a este pequeño relato, el cual he querido compartir aquí. Aunque, de buen inicio, pensé en repartirlo en el Salón del Manga de Barcelona de este año y subirlo luego. Así que si os gusta quizá lo reparta, pero eso ya se vería según gustase o no. Y no me entretengo más, aquí os dejo el cuento.


Quisiste entrar en mi cabeza, ver los mundos que guardaba.
Yo te lo negué y te enfadaste.
¿Por qué no entendías que estos también ardían?

Todas las historias albergaban vida, maravillas. Y lo sabías.
Pero también poseían muerte, pesadillas. Y no me creías.

No te negaba la entrada por gusto, lo hacía por tu felicidad. Yo me guardaba el sufrimiento, y tú me lo aliviabas con una sonrisa. Una de tus magníficas sonrisas que eran mejor que cualquier historia que yo jamás inventara. Pues lo que me transmitía no lo lograba ningún relato, ni con miles de palabras.
Tú te preguntabas porque no te lo mostraba todo y yo te decía que en la vida había intriga, misterios que debían resolverse con el tiempo. Tú hinchabas los mofletes y, entre enfada y divertida, asentías.
Oh, si tú supieras, querida… Si supieras que tu corazoncito era más frágil que el mío. Que yo debía cuidarme de guardártelo, de protegértelo de todo el mal que habitaba fuera. De las llamas abrasadoras del dolor y la desgracia...
Te contaba narraciones fantásticas, con miles de aventuras, viajes y hazañas que debían llevar a cabo unos protagonistas. Te contaba cuentos de tierras lejanas, dominadas por la ficción y la magia.
Pero siempre preguntabas: ¿y luego qué pasaba?
Un nudo se formaba en mi garganta. ¿Qué respuesta esperabas? ¿La verdadera o la falsa? No lo sabía y con un “vivían felizmente” acababa.
No quería decirte la incertidumbre de su vida. El azar que existía. No quería que supieras que no se sabía cómo terminaba.
Y te contaba esa piadosa mentira, que podía ser tan cierta como errónea.
Tú sonreías y cerrabas los ojos, soñando con fábulas. Yo apagaba la luz y besaba tu frente mientras te arropaba. Esperando a que te durmieras, quedándome en tu cama atento a que ningún temor nocturno te aterrara.
Pues pese a todo siempre serías mi pequeña.
A quien protegería y cuidaría.
Hasta el fin de los días.




¿Qué tal? ¿Os ha gustado? Ya sabéis que podéis comentar, compartir, valorar y opinar entre muchas cosas más aquí abajo sin ningún tipo de problemas. Además de que quizá ponga música al blog, pero no sé si sería molesto para algunas personas y mejor ponerla únicamente en las entradas con los relatos que crea que lo requieran.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 1 de julio de 2013

Gisel

Buenas noches, queridos lectores. Esta semana he estado fuera y no recuerdo si lo comenté. En caso de no haberlo hecho, pido disculpas, pues me fui creyendo tener Internet en el hotel y al final resultó que no había wifi ni nada, así que no pude subir nada. Aún así, os dejo hoy con un relato que me inspiró una niñita a la que vi jugar en un parque mientras cenaba. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Sus manitas apartaron las hojas que tenía enfrente. Abrió bien los ojos y la ilusión se apoderó de su rostro.
Su mirada estaba clavada enfrente, hacia el majestuoso bosque que se expandía ante ella y, antes de que nadie le pudiera decir nada, echó a correr.
El verde invadía el lugar con cierto tinte marrón en algún que otro sitio. Pero sus inocentes ojos veían más allá de eso. Veían como la luz se filtraba entre las hojas, como las sombras tomaban espléndidas formas, como todo cobraba vida a su alrededor.
Y entonces lo vio. Vio el enorme árbol que se alzaba en el centro. Y no dudó ni un instante, pues ya estaba empezando a trepar por sus ramas. Yendo arriba, hasta la copa. Desde donde pudo observar como la arboleda se extendía hasta límites insospechados.
Un pequeño pájaro se posó en la rama en la cual ella estaba sentada y, curiosa, se acercó a él. Pero éste alzó el vuelo y ella lo intentó coger. Fallando y precipitándose abajo mientras soltaba un gritito de terror.
Alguien lo escuchó y se levantó de la silla en la que estaba.
La buscó con la mirada pero no la encontró. Luego observó la floresta y lo comprendió y, mientras el pequeño gritito seguía sonando en su cabeza, corrió hacia donde creía que provenía.
No tardó en llegar. Y justo en el momento adecuado, pues la niña cayó entre sus brazos.
La madre, preocupada y enfadada, la miró dispuesta a regañarla. Pero ella sonrió y la miró con sus pequeños e inocentes ojos mientras esbozaba una sonrisa. Haciendo que cualquier enfado de su madre desapareciera de inmediato.
Provocándole también una sonrisa e incitándola a subir con ella.


Bueno, ¿qué os parece? Espero que os haya gustado y, además, para quien le guste leer relatos con algún Soundtrack de fondo creo que hay bastantes que encajarían a la perfección para este relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 15 de abril de 2013

Miedo

¡Buenas tardes-noches, queridos lectores!
Hoy es traigo un microrrelato escrito hace algo de tiempo el cual dejé a una compañera de clase que no sabía en que basar una redacción, pero bueno, eso son otros temas. También he de decir que, para los que venís del Salón del Cómic de Barcelona hasta aquí, el inicio de los cuatro finales lo colgaré en un par de semanas (lo bueno se hace esperar, suelen decir) y para los que no pudisteis asistir, he de decir que en éste repartí algunos panfletos con relatos míos (como he hecho otras veces), aunque en esta ocasión he contado con ayuda extra de unos conocidos/amigos. Y siento decir que estos relatos solo los repartiré en mano, pero que como suelo viajar por algunas ciudades de España que no os sorprenda encontrarlo por Valencia, Sevilla, Madrid, etcétera, etcétera. Aunque al final subiría los relatos al blog, pero sería en ocasiones especiales... sino perdería toda la gracia.
Pero bueno, no me andaré más por las ramas y aquí os dejo el microrrelato, diciendo que la próxima vez, aunque sea una entrada sin relato, avisaré también por el blog dónde y cuándo volveré a repartir relatos (entre los cuales, como he dicho, algunos no estarán en el blog) y, dicho ésto, aquí tenéis la narración

   Tenía miedo. Mi madre parecía firme pero a la vez derrotada. Los dos, nos encontrábamos en una pequeña habitación que no había visto antes. Me dijo que íbamos a jugar a algo parecido al escondite, pero que no debíamos dar pistas sobre nuestro escondrijo. Fuera se escuchaba mucho ruido, incluso sonidos que no sabía de que eran. Pero los gritos llenaban mis oídos. ¿Por qué grita la gente, mamá?, quería preguntar. Pero me había dicho que si hablaba perdíamos...
   Papá aún no había vuelto y Marc, ya hacía más de dos días que se había ido y no sabíamos nada de él. ¿También jugarían al escondite? ¿Nos estarían buscando? Lo único que sabía era que debía hacer caso a mamá. Ella siempre sabía que hacer y, además, éste era su juego. Pero los ruidos de afuera eran extraños y yo... tenía miedo.


   ¿Qué os ha parecido el microrrelato? ¿Os ha gustado? Supongo que, sin dar muchos detalles, ya os podréis imaginar el contexto y demás, sino en caso de dudas o cualquier cosa sabéis de más que podéis contactar conmigo sin problema alguno. Pero bueno, abajo podéis comentar, opinar, valorar, etcétera, etcétera y espero que os haya gustado (a pesar de que he tenido que reescribirlo de nuevo en el blog debido a un problema que, al copiarlo del word, sin motivo aparente parecía que tuviera subrayado blanco, pero bueno, son males menores). Así que esto es todo por hoy.


      ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Te quiero

Buenas noches queridos lectores. Por decirlo de alguna manera, pensé que esta semana debía colgar dos relatos en lugar de uno (por lo de la semana pasada), y eso haré. Os colgaré ahora mismito un relato que acabo de escribir y que espero que os guste.
Aunque antes de nada, quisiera aclarar que, como el anterior, está escrito todavía teniendo fiebre (y a lo mejor alguien, cuando lo lea, puede pensar que está relacionado, quién sabe...). También cabe destacar que no soy propenso a publicar aquí en el blog relatos como el que voy a publicar ahora, pero no me refiero a temática concretamente, sino a la manera de escribirlo (ya lo veréis cuando lo empecéis a leer) y, por último, esta vez la cursiva no aparecerá en todo el relato ya que hay una frase en cursiva que es importante (y, francamente, en cursiva y negrita quedaría algo mal). Así que bueno, os cuelgo ya el relato, aunque a nivel de "darlo a la luz" (página de Tuenti, Twitter, Facebook, Bubok, etcétera), seguramente lo colgaría mañana (además de que empieza ya a ser algo tarde).
Pero no me enrollo más (creo que esta será la frase que aparezca más veces en mi blog, no sé, es solo un presentimiento) y os dejo ya con la lectura. Espero que la disfrutéis.


Su olor impregnó mi olfato.
Su piel rozó mis labios. Provocándome un suspiro.
Sus ojos entrecerrados me observaron.
Su boca se abrió levemente, también jadeó. Al contacto de mis dedos.
Mis manos vagaron por su cuerpo. Acariciándolo.
Mis labios se deslizaron por su piel. Besándola.
Mis ojos se iban cerrando. Inmortalizando este momento.
Mi respiración se enlentecía mientras mis pulsaciones aumentaban.
Un gemido ahogado.
Sus dedos se enredaron en mi cabello, apretando con algo de fuerza.
Mis manos masajeaban suavemente sus muslos. Interiormente.
Sus labios se entreabrían, jadeantes.
Mis besos aumentaban la intensidad. Como el calor del momento.
Otro gemido. Esta vez más sonoro.
Mi humedecida lengua recorrió su vientre. Lentamente.
Sus manos acariciaban, con ternura y ansias, mi espalda.
Me detuve. En sus pechos. Provocando que jadeara más.
Abrí, lentamente, mis ojos. Mirándola al alzar la vista.
Ella me sonrío. Jadeante. Y yo continué.
Un tercer gemido. De sorpresa. De placer.
Ahogado rápidamente, a causa de un beso.
Un beso donde se entremezclaron, lentamente, ambas lenguas. Uniéndose.
Uniéndose pasionalmente.
Abrió los ojos de golpe. Otro gemido.
Luego los cerró. Y me abrazó con fuerza.
Acompañándome en ese compás.
Un compás donde nuestros cuerpos se unían en uno solo.
Un compás donde nuestras almas, individualizadas, pasaban a ser una.
Un compás que marcaba el ritmo de la pasión del momento.
Que marcaba el ritmo de nuestro amor.
Acompañado de jadeos.
Acompañado de palabras.
Acompañado de gimoteos.
Pero, siempre, guiado e impulsado por una frase:
Te quiero.


Bueno, ¿qué os parece? Espero que os haya gustado y, francamente, después de unos anteriores relatos algo más chocantes, poner algo (que al menos yo considero) bonito, de vez en cuando no está de más. ¿Vosotros que opináis? Y sobre la manera en que lo he escrito (¡que está pensado como narrativa, es decir, relato, no verso, eh!), ¿qué os parece? Francamente es un asunto que me gustaría recibir vuestras opiniones aunque fueran vía e-mail como ya he recibido más de una. Aunque podéis hacerlo también mediante comentarios o, simplemente, hacer unos rápidos clics y listo (aunque en este caso prefiero la primera opción, no sé).
Y bueno, ahora si que creo que me despediré hasta el fin de semana que subiré la continuación del último capítulo de Un bar cualquiera (a no ser que esto empeore, que en todo caso os intentaré avisar con más antelación que esta última vez).


Así que... Hasta la próxima y un saludo~

domingo, 3 de febrero de 2013

Sin palabras

¡Buenos días queridos lectores! Sé que esta semana no he subido ningún relato, pues quería subir algo que hiciera tiempo que no subía y el jueves soñé algo que creo que es merecedor de ser anotado, pero claro, como casi todos los escritos, deben ser revisados una y otra vez y aún más los sueños, para intentar que no sean confusos para el lector (y es por ello que está en revisión). Así que lo tendréis para la semana que viene.
Bien, también sé que hoy tocaría un capítulo de la serie Un bar cualquiera, pero me acaba de venir un poquito la inspiración y también hacía tiempo que no colgaba un relato así, por lo que he decidido ponerlo a cuenta del relato semanal. Además he pensado que, si dedico los capítulos de la serie dos semanas en lugar de una, quizá sean más extensos y mejores que dedicándoles solo una (mirad sino el cambio que hubo entre el último que colgué y los demás, y no solo en extensión). Así que seguramente haga que la serie sea cada dos semanas (a no ser que me venga la "santa inspiración").
Pero no es cuestión de que me "enrolle" demasiado, así que os dejo con este relato titulado "Sin palabras" y espero que os guste. Además de que creo que hacía mucho que no publicaba por el blog algo de este estilo.


 Sus labios rozaron levemente los suyos, con los ojos cerrados. Lentamente, según éstos iban separándose, sus párpados se abrían, para que las dos miradas se pudieran encontrar, expresando todo lo que sentían sin palabra alguna. Otra vez volvieron a besarse suavemente, pero sin cerrar los ojos, mirándose fijamente.
Sus manos acariciaron su espalda, las de él acariciaron sus mejillas, suaves y finas como la porcelana. Sin separar las miradas. Y juntaron sus frentes, mientras él bajaba sus manos por el cuello y brazos, para luego ir bajando su cabeza poco a poco, con besos lentos y suaves.
Besó su labio inferior, su cuello, su escote. Acarició sus brazos y sus manos, bajando y subiendo las yemas de sus dedos.
Con mucha lentitud se separó un poco de ella, despegando sus cuerpos que previamente habían estado unidos uno encima del otro. Y, con movimientos todavía más delicados, desabrochó el fino hilo que había entre ambos pechos, dejándolos libres, para que él pudiera seguir bajando, besándolos. Pero se detuvo un momento, tanto con los labios como con sus manos, para escuchar los suspiros de ella. Suaves y tímidos.
Siguió con su recorrido, besando y acariciando su vientre hasta llegar a sus muslos, los cuales masajeó mientras rozaba con sus labios cerca de su interior. Los suspiros se incrementaron, tratándose de jadeos, aún más tímidos. Aunque, cuando llegó allí y besó, ella no pudo retener un pequeño gemido, haciendo que rápidamente se mordiera el labio inferior por haberlo soltado y, él, sonriera tiernamente al haberla escuchado. Pero no abrió los ojos, ni alzó la cabeza, siguió con su labor, bajando esta vez la suave y fina tela que cubría la intimidad de su amada para volver a besarla mientras, ésta, le apretaba con fuerza sus hombros.
No tardó demasiado en subir, esta vez sin tanta lentitud y no solamente con sus carantoñas, pues una mano se había quedado abajo y su lengua ahora recorría su piel. Vientre arriba. Hasta alcanzar sus senos, donde esta vez, su húmeda lengua los recorrió poco a poco, incluyendo sus pezones. Sin embargo no se detuvo allí y, según iba subiendo, ella iba acariciando su espalda a pesar de temblarle el pulso.
Sus miradas se volvieron a encontrar. La de él tierna, la de ella jadeante y llena de cariño, pero no tardaron en perderse, al ser cerradas en un beso donde, él, aprovechó para que, lentamente, se unieran en uno solo.
Ella abrió los ojos, sin despegar sus labios, pues por un momento fue doloroso, pero por otro también placentero y no sólo por la sensación física, sino por quien era la otra persona.
Sin querer sus uñas arañaron su piel, mientras él le susurraba al oído las palabras que muchas otras veces le había dicho. De todo corazón.
Ella cerraba los ojos, atrapándole el hombro en su delicada boca, a pesar de los mordiscos que le proporcionaba para aguantar sus gimoteos más profundos. Pero él no tenía tanta vergüenza y, de tanto en tanto, sus jadeos invadían los oídos de ella.
Hasta que, con esos lentos y harmoniosos movimientos, ella inclinó la cabeza hacia atrás y dejó que un jadeo saliera de su boca, junto al suyo, para expresar el clímax al que había llegado. Al que habían llegado.
Sus labios rozaron levemente los suyos, con los ojos cerrados. Lentamente, según los labios iban separándose, sus pupilas se abrían, para que las dos miradas se pudieran encontrar, expresando todo lo que habían sentido sin decir palabra alguna.


Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo, pues francamente hacía mucho que no me salían relatos así de "tiernos", por decirlo de alguna manera (vosotros mismos lo podéis comprobar). Pero creo que no hace falta deciros que podéis opinar lo que creáis conveniente más abajo, además de comentar qué os ha parecido o simplemente el hecho de ampliar el plazo con los capítulos de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 11 de enero de 2013

Guerra

¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.


   Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
   Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
   Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
   Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
   No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.


¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 20 de octubre de 2012

El quesito

¡Buenas tardes-noches estimados lectores! No pude colgar el relato de buena mañana debido a que he tenido que acompañar a mi hermano menor (de cinco añitos) a la fiesta del Super 3 que hacían en Barcelona, haciéndome madrugar para llegar cuanto antes. Así que bueno, antes de que se diga que últimamente tardo en colgar las cosas (más quisiera yo tener tiempo para publicar mis escritos de buena mañana para que los leyerais mientras os tomáis una tacita de café o de leche con colacao) os lo cuelgo ahora y, si no tenéis tiempo, pues mañana por la mañana a leerlo.
Aprovecho también para decir que quizá ponga alguna opción más en las opiniones para "votar" los relatos, diciendo que les parece, poniendo alguna cosita como "triste, conmovedor, inesperado..." y según vaya surgiendo porqué quizá lo de "divertido, interesante, guay" no encajará en algunos relatos que cuelgo en el blog, pues no siempre serán historias... felices, por así decirlo.
Pero yendo al grano, hoy les publicaré un pequeño relato que se me ocurrió justamente estando en la cocina y escuchando a la lejanía el sonido de un avión pues muchas veces me ocurre que, a partir de un solo instante, sonido, vista, etcétera, puedo irme más allá de esa imagen real yendo a mi mundo personal dentro de mi cabecita y ver más cosas que, en la realidad, no están allí. Supongo que se me entenderá, pues dudo que nunca nadie haya imaginado cosas en su mundo interno. Así que a continuación, después de haber hecho esta no tan pequeña introducción, les dejo con el relato.


   Unos pasos lentos, rozando la suela de las zapatillas contra el suelo debido a lo poco que se levantaban los pies, avanzaron, poco a poco, del pasillo del comedor hasta la cocina.
   Una mano infantil abrió, con fuerza, la puerta de la nevera. Sus ojos marrones miraron por todos lados, lentamente, hasta dar con una cajita azul. Alzó su mano izquierda hacia esta y cogió un cuadradito de queso, envuelto en papel de aluminio. Luego volvió a cerrar la puerta del frigorífico.
   Se quedó de cara la encimera mientras, con lentitud, iba tirando del cordel rojo que salía del papel, dejando así la mayoría del quesito al descubierto. Bajó el lado izquierdo, procurando no partirlo. Bajó el lado derecho, con las mismas intenciones, aunque no pudo evitar que una de sus puntas se rompiera levemente, apenas perceptible.
   Cogió con delicadeza ese pedacito de queso tierno y se lo llevó a la boca, comiéndoselo de un lento bocado.
   El sonido de un avión sonó desde fuera, mezclándose con el ruido de otros niños jugando y adultos entablados en su conversación, pero dicha sonoridad quedó apagada tras el rotundo estruendo que sonó a la lejanía.
   Miró por la gran ventana que había en la cocina, viendo así como el cielo se volvía anaranjado y una extraña forma de humo surgía de la nada. Los árboles de afuera se movieron, meciéndose. El sonido de las otras personas se acalló. Él siguió mirando.
   La ventana estaba abierta, por lo que la onda de viento meció su castaño cabello, e hizo que achinara los ojos.
  Según pasaban los segundos, la ventosa ola cogía potencia. Haciendo que el papelito que quedaba en su mano se fuera volando, como hacían poco a poco el resto de cosas, mientras él se quedaba ahí quieto, sin inmutarse. Mirando la enorme seta de humo.
  Las paredes temblaron, llegando a resquebrajarse y romperse parte de ellas, que fueron arrastradas atrás. Por suerte, la que estaba enfrente al niño, seguía en pie.
   Otro sonido de avión. Miró de donde provenía. Estaba a unos escasos metros de su posición a pesar de que la altura fuera quilométrica. Algo salió de su interior, dejándolo caer mientras este seguía su trayectoria.
   El objeto cayó relativamente cerca de él. Nada más tocar el suelo, detonó.

  Todo el lugar quedó arrasado, hecho escombros dentro de un gran hueco. Excepto una pared de una cocina, que seguía en pie, pegada a su suelo. Y, encima de este, un niño con la ropa rasgada, pero vivo, que observaba el lugar del impacto desde dentro de un aura azulada, apenas perceptible, que rodeaba su cuerpecillo.


Bien, espero que les haya gustado. Este relato también es relativamente nuevo, publicado nada más enfriarse después de salir del horno. Por lo que ya saben que pueden opinar lo que les venga en gusto en un comentario o enviando un e-mail al correo electrónico proporcionado, además de votarlo, twittearlo o, incluso, darle a un "Me gusta" o enviarlo.

   ¡Un cordial saludo y hasta la próxima!