El atardecer me recuerda a ella. El sol poniéndose tras la tierra y las nubes, brillando aún en el cielo azulado, según ella espera, a mi encuentro, frente al museo. La noto cerca y lejana, fuera de mi alcance si intento rozarla, y aun así dispuesta a yacer en mi cama. ¿Cómo, si es que lo hay, y cuándo podré entrelazar mis dedos con los suyos fuera del lecho? ¿En qué momento nuestras miradas se fundirán en un cálido beso? Añoro su fragancia impregnando mi deseo, como su tierno cuerpo abrazado a mi pecho, pero por mucho que anhele no puedo hallarla más allá de en mis recuerdos, cual dulce memoria estancada en unos labios entreabiertos.
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domingo, 12 de mayo de 2019
jueves, 30 de enero de 2014
Gotas de alusión
¡Buenas noches, queridos lectores! Me gustaría avisar de que creo que a partir del mes que viene a excepción de casos contados, me dedicaré a poner los relatos directamente, sin presentación previa ni "despedida", pues creo que ya sabéis de sobra lo que suelo decir. Además de que miraré de hacer un apartado arriba donde pondré los relatos basados en sueños y/o pesadillas. Pero bueno, dicho esto, os dejo con el último relato de este mes. Espero que lo disfrutéis.
Arrugas
profundas como grietas en la tierra, todas y cada una de ellas marcas de duras
batallas ganadas contra la muerte y el tiempo, invadiendo por completo su
rostro. Su ya anciano rostro.
Cabellos
de luz blanca y plateada, ondeándose cual bandera en el estandarte de su
cabeza. Agitados por una fría brisa que hiela poco a poco el hierro que es su
cuerpo, pero que no es capaz de asemejarse al témpano que guarda en su
interior.
Mirada
extraviada, absorta al frente observando sin ver, como si un ciego contemplase
un hermoso paisaje. Con los ojos distraídos, más bien perdidos, en un mar
tormentoso de gritos proporcionados por las mudas voces de su mente. Navegando
en una nave olvidada que desconoce pese a aferrarse a sus mástiles para evitar
caer a esa negra agua que parece estar llamándole. Para cebarse con él.
Gotas
salpicando su cuerpo débil debido al viento, bañándolo en recuerdos descarriados con
el paso del tiempo. Haciéndole ver cómo ha sobrevivido a todo y a todos durante
sus largos períodos. Rememorando esos momentos felices, llenos de satisfacción,
junto a los dolorosos que van golpeándole, provocando que se arrodille por su
aflicción.
Y la
embarcación, sacudida por la oscura oleada de la memoria que reclama el viejo
evocador, empieza a tambalearse, oscilando y llenando su cubierta de sombrías
aguas que hacen desaparecerla según la tempestad aumenta. Hasta que el
desgastado calzado del hombre se hunde en esa negrura líquida mientras sus
frágiles manos se aferran a la madera del mastelero. Desesperado pero calmado.
Hasta
dar el parpadeo definitivo, humedeciendo su ya cansada vista por última vez
antes de que su tenaz semblante de triste sonrisa caiga hacia adelante involuntariamente. Viendo
cómo en lo más profundo de su cabeza, poco a poco la inmensidad del océano de su
mente acaba engulléndolo. Sin prisa.
¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema. Además de que para cualquier cosa, está el apartado de Contacto. Por lo que dicho esto...
¡Un saludo y hasta la próxima!
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domingo, 24 de febrero de 2013
Un bar cualquiera - Recordando
¡Buenos días queridos lectores! Como indiqué por Twitter, hoy os subo el siguiente capítulo de Un bar cualquiera, a pesar del poco tiempo que dispongo este fin de semana (aunque seguramente no lograré hacer todo lo que tenía propuesto...), pero bueno, uno hace lo que puede. Además, con esta entrada voy a probar lo de añadir Sangría a todas las entradas sin tenerlo ya que hacer yo manualmente (así que quizá, los párrafos más antiguos que este, los relatos seguramente tendrán una sangría más larga, cosa que me dedicaré a reducir un día que disponga de tiempo).
Bien, no nos desviemos y os haré una pequeña y breve introducción al capítulo: esta vez e intentado que sea más largo que los últimos, es por ello que seguramente vaya a constar con dos partes (para no hacer entradas demasiado extensas), aunque eso no quita que vaya subiendo los capítulos cada dos semanas como dije en su día. Lo siento, pero no adelantaré las cosas, que luego todo son prisas (aunque ya me gustaría a mi poder hacer la serie semanal de verdad...). Pero bueno, os dejo ya con el capítulo y espero que os guste.
Me levanté del suelo rascándome la nuca, dolorida, y miré
a mí alrededor. Todo parecía haberse detenido. En un solo parpadeo toda la
estancia quedó en blanco y negro y recordé como James me miraba mientras un
enorme cansancio se apoderaba de mi cuerpo, haciéndome perder las fuerzas y
desfallecer cayendo al suelo mientras Jack acababa de sacar el extraño aparato
de la caja.
Pero yo seguía en esa estancia, me había levantado y Jack
estaba aún con las manos dentro de la caja metálica y James todavía me
observaba.
-Estás en un recuerdo –dijo una conocida voz a mis
espaldas.
Me giré inmediatamente y observé, de nuevo, a Harry. A
pesar del poco contacto que había mantenido con él y, que quizá fuera el
miembro más desconocido y misterioso para mí, hasta el momento era el único que
me había caído realmente bien.
-Ahora mismo tu cuerpo físico, tu verdadero cuerpo, se
encuentra en otra habitación. Acompáñame, así lo verás.
No dudé y le seguí, entrando por una puerta tras de él.
Pero nada más pasarla volvió a pasar lo de la otra vez: veía desde los ojos de
Harry, no los míos. Pues mi cuerpo se encontraba en una silla metálica, atado
por los tobillos y las muñecas, además de la frente a esa silla. Pero tenía los
ojos cerrados, como si durmiese.
James estaba a mi lado, a punto de ponerme un extraño
casco mientras Jack parecía activar la máquina que había encima de la mesa de
delante de mi cuerpo. La escena todavía seguía inmóvil, en blanco y negro.
-¿Todavía seguimos en un recuerdo? –mi voz resonó en mi
cabeza, pues no fue pronunciada por mis labios.
-Sí. Pero esta vez en uno mío, es por ello que lo ves
desde mis ojos. En esta ocasión no hay ningún truquillo de James por en medio como
la otra vez.
En el fondo tenía su lógica, pues no podría recordar nada
de esto si realmente estaba dormido. Aún así seguía sin saber del todo que
ocurría. Harry pareció escucharme los pensamientos, pues de pronto la escena
fue desapareciendo hasta volver a estar ambos en un solo sitio. Solo que esta
vez era un lugar completamente blanco.
-¿Entonces, tú estás en la sala conmigo?
-Ajá, incluso también llevo en la cabeza el mismo aparato
que viste que te estaban poniendo. A mí me dejaron consciente para poder
mostrártelo como acabo de hacer –su voz seguía igual de amable que siempre, eso
era otra cosa que me gustaba de él-. Además que como yo ya conozco “mi don” no
corro riesgo alguno con esta máquina –sonrió-. Es por ello que debo encargarme
también de que tú no lo corras.
-Entiendo… Pero, ¿qué es este lugar exactamente?
-Un almacén, podría decirse.
-¿Un almacén? ¿De qué? ¿Para qué…?
-De tus vivencias, por decirlo de alguna manera.
Harry pasó su pulgar derecho por el monóculo, como
limpiándolo, y luego lo giró lentamente hacia la izquierda. Una tanda de
imágenes empezaron a invadir el lugar, pero no imágenes delante de nosotros
sino como si rebobinaran una cinta de vídeo y nosotros nos quedáramos quietos
en el mismo lugar. Hasta que al final se detuvo en una escena. La que recordé
cuando James hurgó en mi cabeza. Solo que esta vez, en lugar de estar en mi
cuerpo de trece años, me veía a mí mismo. Veía a mí yo pasado detenido en el
tiempo a escasos metros de distancia.
-¿Qué recordabas en estos momentos, Matt? –Me preguntó
mirándome de reojo un instante, luego pareció volver a analizar a mí yo
infantil.
-Recordé… –me rasqué la barbilla, haciendo memoria-
Recordé el accidente, la mudanza y… todo lo relacionado con el porqué repetí
curso. ¿Acaso es importante?
-Puede que sí, puede que no –dio suaves golpecitos en su
monóculo, como si estuviera concentrado-. Vayamos al recuerdo inicial.
Harry me indicó mirar a mis propios ojos y estos
parecieron agrandarse hasta adentrarnos en la negra pupila. Adentrándonos en el
recuerdo.
Esta vez sí que volví a mi cuerpo infantil, concretamente
de siete años. Y todavía más concretamente en el asiento de copiloto en el
coche de mi madre.
Sé perfectamente que a esta edad debería estar sentado
atrás, pero llevábamos los paquetes de unos nuevos muebles que habíamos
comprado, por lo que no tenía espacio y me senté delante.
“No fuerces nada,
deja que las cosas sucedan” las palabras de Harry resonaron en mi cabeza,
pues no se encontraba por ninguna parte. Así que le hice caso y el recuerdo
avanzó.
Miraba por la ventana, tanto la de la puerta como por el
vidrio de la luna, aprovechando que era la primera vez que montaba enfrente y
tenía una mejor visión que desde lo que veía siempre desde atrás.
Cada dos por tres llamaba la atención de mi madre,
indicándole las formas que cobraban las nubes en el azulado cielo y ella reía
diciéndome que las veía y señalándome de vez en cuando alguna que ella veía.
-Veo, veo –dije.
-¿Qué ves?
-Una cosita.
-¿De qué color es?
-De color… De color… ¡Naranja!
-¿Naranja…? ¿Tu suéter? –preguntó mirándome.
-No, no. Frío, frío.
-Uhm… -empezó a mirar por todos lados, mientras yo veía
que nos acercábamos a lo que había visto-. ¿Quizá tu maquinita?
Negué y ella siguió buscando, aunque no tardé en avisarla
de que nos estábamos acercando.
Ella se extrañó y miró al frente de nuevo, pues se había
despistado de la conducción, y frenó de golpe, pues por poco nos chocamos con
la cisterna roja de un camión.
-¡Que susto! ¡Podías haber avisado antes a mamá!
-Lo siento… Pensé que si no te decía nada verías antes lo
naranja...
-¿Lo naranja? El camión es rojo, cielo.
-Yo no digo el camión, mami.
-¿Entonces? –volvió a preguntar mientras observaba de
reojo hacía donde mi pequeña manita indicaba.
No tuvo tiempo a reaccionar, pues su cara lo expreso
todo. Nada más girar el rostro para ver lo que señalaba el camión explotó a
causa del fuego producido en el motor.
Yo la miré a ella, quien se giró rápidamente hacia mí y
me indicaba que me agachase. Todo sucedía muy lento y, cuando un trozo de metal
rompió el cristal y me cortó en la mejilla cerré los ojos con fuerza.
Desapareciendo de mi vista toda la escena.
Cuando ya no escuché nada abrí los ojos, poco a poco. Con
miedo. Y miré a mi madre.
-¿Mamá? –pregunté-. ¿Mamá…?
Cogí su mano, aferrada al volante, y la puse entre mis
manitas. Al instante vi como una pieza metálica atravesaba su abdomen, pero
seguía sin entender porqué no reaccionaba cuando la llamaba. Seguía sin
entender porqué estaba quieta, mirando al frente. No supe que era la muerte
hasta ese instante.
Bueno, ¿qué os ha parecido? Sé que el final es algo... "chocante" por así decirlo, aunque es mejor que opinéis vosotros sobre esto, cosa que podéis hacer comentando, opinando, valorando... etcétera, etcétera. Pero bueno, nos vemos en la próxima entrada. Ya sabéis que por cualquier cosa, podéis contactar conmigo sin problemas.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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viernes, 11 de enero de 2013
Guerra
¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.
Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.
¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.
¡Un saludo y hasta la próxima!
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