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domingo, 7 de abril de 2013

Un bar cualquiera (2ª Parte) - Storm

¡Buenos días queridos lectores! Hoy os traigo el nuevo capítulo de Un bar cualquiera, en el cual empezará, por así decirlo, la segunda parte (o 2ª Temporada, a gusto de lector) de la serie.
Los que sigáis la página de Facebook o me sigáis por Twitter habréis podido ver la introducción original a ésta, la cual colgaré en unos días como "extra" para quien no la haya visto, pues la que pondré a continuación es la introducción final más el capítulo I, titulado "Storm".
Así que bueno, espero que disfrutéis de la lectura a pesar del retraso que lleva por no haber podido subir antes el capítulo.

Introducción


Mi nombre es Matt Storm. Hace unas semanas mi vida todavía era normal: regentaba un bar al cual solían venir mis amistades, vivía con mi pareja en un buen apartamento e incluso podía permitirme algún lujo de tanto en tanto. Pero todo cambió cuando conocí a Jack, un tipo desconocido que entró en mi bar, mató a Richard (un cliente habitual) y luego me dijo que yo tenía habilidades… especiales de las cuales no sabía nada a excepción de las habladurías.
A día de hoy, solo he conocido a tres personas más que trabajen con Jack: Harry Dietrich, James y otro desconocido al que solo vi al entrar en su “escondrijo” y no volví a saber más de él. Y, hasta ahora, los dos “J”, parece que solo se han “divertido” a mi costa a pesar de que Jack intentara parecer amable, pero en realidad Harry ha sido el único que se ha comportado con cierta normalidad y quien me ha ayudado más en todo esto.
Quizá os preguntaréis a santo de qué viene ésta introducción. Pues sencillo, hoy mismo empieza un capítulo totalmente nuevo de mi vida. Hoy empieza un episodio donde mi pasado es alterado por completo debido a un extraño Harry que me indujo a modificar mis recuerdos. Hoy, el Matt Storm que vosotros conocéis, dejará de existir.


Capítulo I: Storm


Nos perseguían. Marcus y Andrew ya se habían ido por otros dos callejones, sabiendo que ese tipo de trabajos eran ideales para mí.
Ladeé levemente la cabeza, sin dejar de correr, y vi como los dos tipos ni se habían molestado en perseguir a mis compañeros. Parecía que sabían de más el objetivo que tenían. Pobres desgraciados, pensé al ver que no sabían realmente a que se enfrentaban.
Callejón sin salida. Bien, pensé, ahora actuaran como todos acaban actuando siempre.
Los dos hombres, con uniforme policiaco, sacaron sus pistolas y me apuntaron mientras me indicaban que me tirase al suelo y no ofreciera resistencia.
Yo puse las manos, con las palmas bien abiertas, hacia ellos. Unas perladas gotas de sudor se deslizaron por sus frentes y, rápidamente, vi como el más joven apretaba el gatillo. Pero no me dio. Claro que no.
Antes de que la bala del arma saliera disparada contra mi pecho, todo se detuvo y yo empecé a andar tranquilamente hacia ellos, cogí las manos del novato y las giré (lo que permitía la muñeca de manera natural) y puse la pistola apuntando su pecho. Luego volví a mi posición inicial y el tiempo volvió a fluir.
-¿¡Pero qué cojones!? –exclamó el compañero al ver que el novato estaba en el suelo, con el pecho agujereado con su propia bala y sangrando a más no poder.
No, no le había puesto el arma en el corazón. Éste no tenía la culpa, era inocente. Era el otro que si que acabaría mal.
-¡Hijo de puta! –me gritó, antes de empezar a disparar.
El tiempo no se volvió a detener, simplemente empezó a fluir con más lentitud, permitiéndome ver las balas rompiendo el aire y caminar entre ellas hasta el tipo que, al tenerme a escasos metros, abrió la boca de sorpresa (ya que él me vería como si mi cuerpo se moviera a una velocidad vertiginosa) y, aunque intentó llevarse las manos a la cara, no pudo detener el puñetazo que le asistí en la mandíbula. Partiéndole algún que otro diente y tirándolo al suelo.
Rápidamente, cuando el tiempo volvió a fluir con normalidad, saqué el revólver de mi cinturón y le disparé en toda la sien. Matándolo instantáneamente.
Una vez hecho esto, cogí el teléfono del todavía caliente cadáver y llamé a urgencias por el herido. Luego le tiré el aparato y me fui por donde había venido.

-¡Já! –exclamó Marcus- ¿Cómo no? ¡Storm llegando tarde pero con el botín!
-¿Acaso lo dudabas? –pregunté mientras desataba el maletín que llevaba atado a la espalda.
-Claro que no lo dudábamos –respondió el otro hermano Johnson-, Storm.
-Bien, bien –abrí el maletín-. Sino creo que os hubierais quedado sin vuestra parte.
Ambos sonrieron levemente y cogieron al vuelo el par de fajos de billetes que les lancé. Eso solamente era el extra, lo que se podían gastar para fulanas o lo que les viniera en gana. El resto, a excepción de mi parte, iba al fondo comunitario.
Nos encontrábamos en un bar de mala muerte donde solamente venían las almas perdidas y dejadas de esta ciudad. Quizá el lugar parecía un refugio para mendigos, pero las copas eran buenas, grandes y a buen precio. Además de que la dueña nos permitía llevar nuestros trapicheos sin problemas.
Fui a la barra, dejé un billete y la muchacha me sirvió un vaso bien cargado de Whisky, sin hielo. Me lo tomé de un trago, cargué el revólver con la bala que le faltaba y salí afuera, donde ambos hermanos me estarían esperando para ir a la verdadera Madriguera.


¿Os ha gustado? Sé que el capítulo es "breve", pero esa es la intención: breve pero intenso. Además de que se note el cambio y demás, pero no hablaré mucho sobre el tema, ya iréis viendo en los próximos capítulos.
Así que si os ha gustado, ya sabéis que se puede opinar, valorar, comentar, etcétera, etcétera. Pero bueno, nos vemos el lunes con un nuevo relato que también será algo especial, ya lo veréis.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 8 de noviembre de 2012

Un bar cualquiera - ¿Respuestas?

¡Buenas tardes estimados lectores! Como os dije, hoy os cuelgo la continuación de Un bar cualquiera ya que resultó ser el relato victorioso en la encuesta (3-1). Anda que... Podríais ser un poquitín más participativos, que la literatura no muerde. Al menos no más allá de la imaginación.
Pero antes, quería avisar de que seguramente las entradas las subiré por la tarde debido a que, básicamente, me es más cómodo y fácil subirlas. Además de que me da algo más de tiempo para echar un último repaso a los escritos antes de subirlos, aunque claro, los que ya tenía escritos de antes, suelo dejar un poco la esencia del momento. Al menos eso intento. Y este es el caso de este capítulo de la nueva serie semanal, que ya lo tenía escrito (como algunas continuaciones de Un día más en la rutina), por lo que seguramente se notará un poco la diferencia cuando sea un relato recién escrito a uno guardado de antaño.
Bueno, no me enrollo más. Esta vez, el relato no es tan "movidito", es más bien pausado, aunque espero que eso no sea motivo para que os deje de gustar. Además de que se presentaran a un par de personajes nuevos, pero no os adelantaré más cosas; leedlo mejor vosotros.
Y, dicho esto, aquí tenéis el relato:

Las palabras de Jack me habían desconcertado, confundiéndome y poniéndome nervioso por ello. ¿Cómo podía ser yo uno de esos mutantes cuando nunca había mostrado ninguna anomalía? Ni siquiera en las muchas visitas al médico u hospital. Lo que decía no podía ser verdad, me estaría mintiendo o se lo estaría inventando. No había otra explicación.
-Matt, sé que quizá no entiendas lo que está pasando -su voz estaba calmada-, pero debes confiar en mí -su mano volvió a la normalidad-. Te iré contando por el camino.
Al escuchar su voz mi mente encontró una respuesta a todos los interrogantes que surgían en ella. Él. Debía aceptar acompañarlo o apartarlo completamente de mí, pero sabía perfectamente que si escogía una cosa eliminaría por completo la segunda opción. No dudé y le respondí, rápidamente, sin pensarlo dos veces.
-Quiero saberlo todo.
Torció sus labios, a muestra de sonrisa, y se dio la vuelta para abrir la puerta y salir por esta. Tomé esa sonrisa como una señal para que le siguiera, así que lo hice tras coger mi chaqueta de cuero marrón y ponérmela, además de coger las llaves del piso para cerrar la puerta. Cuando me giré para seguirlo ya estaba bajando las escaleras, a punto de llegar al vestíbulo.
A pesar de rozar los treintaicuatro años siempre he sido bastante perezoso cosa que hace que, a pesar de estar en un tercer piso, use el ascensor para subir y bajar cuando seguramente cualquier otra persona de mi edad hubiera podido alcanzarlo con un par de saltos. Así que, mientras él acababa de llegar abajo, yo fui hacia el ascensor, pulse el botón, esperé a que llegara dando golpecitos con el pie. Al llegar subí nada más abrirse las puertas y estuve esperando, tras pulsar la letra correspondiente, a que bajara al vestíbulo. Como en las películas, en este ascensor sonaba una musiquita de espera mientras funcionaba. El ding del ascensor indicó su llegada y se abrieron las puertas. Nada más salir me dirigí a la puerta de entrada.
Jack estaba fuera, en un deportivo. Me miraba fijamente, serio, esperando a que subiera. Con toda la calma me dirigí al vehículo, abrí la puerta del copiloto y me senté.
-Has tardado -se limitó a decirme con tono molesto.
No respondí a su clara afirmación, así que prosiguió.
-Lo prometido es deuda. Te contaré lo que ocurre y cual es el problema en el que necesito de tu colaboración -se crujió los dedos, mientras estiraba los brazos adelante, y puso el coche en marcha-. El caso es que no se conoce claramente tu mutación, pero no debe ser demasiado significativa, la habríamos notado mucho antes. Aún así ha sido mejor que lo notáramos nosotros a que hubieras sido tu mismo o cualquier… otro -aceleró el automóvil-. Por lo que no tienes debes preocuparte de nada. Alice ha desaparecido si, pero es mejor por el momento ya que…
-¿¡Cómo puede ser mejor que mi mujer haya desaparecido!? -Le interrumpí echándole eso en cara, pues ya me había callado suficiente con preguntas que seguramente me fuera a responder más adelante. Aceleró.
-No te sulfures –dijo con una calma odiosa-. Todo a su tiempo. Déjame terminar –suspiró-. Que haya desaparecido garantizará que no nos interrumpa, además de que sabemos su posición y, antes de que digas nada, por ahora no podemos llegar hasta ella –respiró hondo-. Siguiendo con el tema principal, te llevaré a un lugar donde conocerás a unos cuantos más del equipo. Intenta ser paciente.
El coche frenó de golpe. Habíamos llegado muchísimo más rápido de lo que imaginaba. Jack salió del coche y yo le seguí. Puso el seguro pulsando un botoncito de las llaves y se dirigió hacia un callejón al comprobar que iba hacía él.
Después de caminar un buen trazo, bajó por unas pequeñas escaleras que parecían dar al sótano del bloque de pisos del lado izquierdo. Al llegar a una puerta tachonada con algunas tablas de madera dio tres golpes en estas. Estaba a punto de reprocharle el hecho de que allí no había nadie, pero la puerta se abrió hacia dentro. Por lo visto habían recortado los tablones clavados, tras ser colocados, a la medida justa de la puerta para que pudiera abrirse con normalidad.
Dentro reinaba  la oscuridad, aunque al poco rato una bombilla de techo, con su respectiva cuerdecilla, se encendió, dejándonos así ver al tipo que había justo delante de mí.
-Oh, parece que has traído una nueva amistad la cual supondré que es de merecer nuestra confianza, pues ha sido conducido aquí por un viejo conocido. ¿Me equivoco?
-No, no te equivocas.
-Bien -hizo una sonrisa gentil y abrió la puerta de detrás suyo para dejarnos pasar.
El chico parecía rondar por los veinte y pocos, aunque iba vestido de manera muy formal, al igual que sus maneras. Incluso su peinado era de ese estilo. El traje, por lo que pude ver con esa poca luz, debía ser caro, pues en las tiendas convencionales nunca había visto trajes parecidos a esos. Incluso parecía que fuera de otra época, rondando el siglo diecinueve.
Pasé tras de Jack y el joven desconocido detrás mío. El sótano, que antes me había parecido una jaula para pájaros, se ampliaba muchísimo más tras esa segunda puerta, además de que estaba mucho mejor iluminado. Disponía de unos pocos fluorescentes colocados estratégicamente para iluminar solamente las partes que parecían más útiles, como las pocas mesas y sillas que había por allí.
La mayoría de las paredes estaban cubiertas por archivadores y habían un par de ordenadores encendidos en las mesas del fondo, pero estos solo disponían de la iluminación azulada de sus pantallas. Para ser un simple sótano con un par de cosas sencillas me pareció que el espacio estaba bien aprovechado.
-¿Para qué tantos archivadores? -Pregunté intrigado.
-Ah, no tienen nada de especial: papeles, folletos, algún que otro mapa… Nada del otro mundo -respondió Jack como si le aburriera el tema y se dirigió a la cafetera que había en una mesita. Se sirvió un café y luego fue a la mesa metálica más apartada del lugar, justamente a la otra punta de los ordenadores-. ¿Más preguntas?
-No, creo que no…
-Bien -habló un tipo alto, con el pelo despeinado de color grisáceo y barba de un par de días mal afeitada. Me miró de arriba abajo y se sentó al lado de Jack. Sus ojos tenían un color azul mar, el cual daba una agradable calma y serenidad.
A pesar de su aspecto, el agradable sosiego que producía el color de sus ojos daba la impresión de que se pudiera confiar en él; no daba señal alguna de peligro o motivo para molestarse. Al contrario, daba una sensación de confianza.
-¿Quién es? -Preguntó a Jack sosteniendo todavía su mirada en la mía.
-Matt, se llama Matt Storm. Él también tiene… cualidades.
-Entiendo… -esbozó una pequeña sonrisa, apenas visible-. Y bien, Matt Storm, ¿sabes tus cualidades?
Antes de poder responder a la pregunta sentí un pequeño mareo que, aunque duró poco, provocó que casi fuera de narices al suelo si no me hubiera sujetado a una mesa.
-Por lo visto no las sabe y, si es que tiene, deben estar bien escondidas –se auto respondió-. ¿Estás seguro de que este sirve?
Jack me echó una mirada antes de responder.
-No tengo ninguna duda.
 -Bien.
Se levantó, vino a mi lado y me miro fijamente. Su acción me inquietó pero fue solo un momento, ya que esa sensación de nervios fue sustituida por una agradable y suave calma que hacia descansar cada rincón de mi, antes tenso, cuerpo. Tras eso me indicó que lo acompañara. Y eso hice, sin saber muy bien el porqué, pero lo hice.
Pude observar de reojo como Jack asentía con la cabeza de manera confirmatoria a lo que estaba haciendo. Tras eso volví la mirada al frente y ese tipo me abrió una puerta metálica que había entre dos archivadores, marcándome que pasara primero.
La estancia era pequeña y estaba iluminada con un solo fluorescente algo fundido, haciendo que estuviéramos casi a oscuras. Me señaló la silla de la pared del fondo y me senté ahí. Minutos después de que el tipo cerrara la puerta, cogiera una silla de plástico para ponerla enfrente de la mía de metal y se sentara, perdí la consciencia.


¿Y bien? ¿Os ha gustado? Espero que si y lo expreséis donde las reacciones y, si no es así, siempre podéis comentarlo o mandar algún mensaje al correo electrónico proporcionado. Espero que no se os haya hecho demasiado largo la continuación (son un par de páginas a word). Pero bueno, me despido ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 22 de octubre de 2012

Un bar cualquiera

¡Buenas noches estimados lectores! (A no ser que leáis esta entrada en otro momento, claro está.)
He de admitir que debido a los estudios y demás, haciendo que tenga exámenes y trabajos por hacer, modificaré los días de publicación de relatos: los relatos de los lunes pasarán a publicarse entre miércoles y jueves y, los relatos de los sábados, se mantendrán ese día aunque en caso de no poder subirlo, lo publicaré el domingo, que ahora entrará en el plazo (así me ahorro excusarme en caso de no poder subir nada el sábado, jeje).
Bien, dicho esto, he pensado en hacer una pequeña encuesta a esta gentecilla tan especial que sigue el blog sobre un tema que detallaré el próximo fin de semana, con la próxima entrada, pero os adelanto que la de hoy estará relacionada, por si queréis empezar a sacar vuestras propias conclusiones.
Y bueno, como el aviso lo doy esta semana, no os dejaré sin relato el lunes (aunque ya sea hora tardía), por lo que esta nueva distribución empezará a hacerse desde este "finde".
Hoy os traigo un pequeño relato que escribí hace ya su tiempo también, el cual simplemente he hecho algunos retoques pero he querido mantener un poco la esencia del original (supongo que lo podréis notar). Pero no me andaré con más rodeos, aquí lo tenéis.


Ya eran sobre las diez de la noche y, como siempre a esa hora, el bar estaba en calma con los amigos de siempre. Solo se escuchaba el sonido de la lluvia repiquetear contra las ventanas y los truenos de afuera, mezclándose con el ruido de las bolas de billar que rodaban y chocaban entre ellas.
Hoy, era otro día más en este puesto de barman.
Lentamente, la puerta de entrada se fue abriendo hasta dejar paso a un extraño tipo vestido con una gran gabardina negra y un sombrero del mismo color, el cual solo permitía ver la mitad inferior de su rostro. Ambas piezas parecían estar húmedas, seguramente por la tormenta del exterior. Giró la cabeza a ambos lados, como si observara el local, y empezó a andar hacia la barra. Sus pisadas resonaban de manera férrea, pero mojadas; llevaría unas botas metálicas puestas, las cuales estarían empapadas.
Se sentó en un taburete de la barra, justo delante de mí y pidió algo de comida caliente y una cerveza. Sin dudarlo ni un instante se lo serví de inmediato. Él engulló todo en cuestión de segundos.
Richard, un habitual de por aquí, ya algo borracho por haber bebido demasiado, se dirigió hacia él. Mirándole con algo de desprecio, le insistió en que se quitara el sombrero para poder ver su cara. El extraño negó con la cabeza tras mirarle ladeando la cabeza. Richard desde siempre odiaba las negativas y, aún más, cuando iba borracho, por lo que eso hizo que se enfadara y agarrase un lado del sombrero del desconocido. Dio un tirón, pero antes de que pudiera quitárselo, ese hombre le golpeó con fuerza en el pecho, lanzándolo contra el suelo.
Mi borracho habitual se levantó de inmediato e hizo el intento de asestarle un puñetazo en la cara del hombre que lo había dejado en ridículo, pero él sacó rápidamente una pistola de debajo su chaqueta y la colocó en su pecho, a modo de amenaza de que si seguía molestándole, dispararía.
- ¡No tienes pelotas! –Vociferó Richard mientras le daba el golpe.
Sonó un trueno. Un rayo iluminó aun más el lugar al desprender su luz desde la ventana. Richard, por su parte, cayó al suelo, muerto.
Todos miraron con miedo el cadáver y luego al tipo de negro, pero de inmediato volvieron a sus cosas, disimulando, como si no hubieran visto nada, aunque no podían evitar mirarle de reojo, con miedo a lo que pudiera hacer a continuación.
- Disculpe las molestias por lo ocurrido -habló con una voz algo grave y a la vez extraña-, haré lo posible para que no le pase nada.
No contesté. Solo asentí con la cabeza sin apartar la mirada del cadáver.
Me temblaban las manos. Todo yo estaba temblando. Nunca antes había pasado algo así en mi bar, ni tampoco había visto una persona matar a otra y aún menos, a uno de mis amigos. Aunque bueno, amigo, amigo, no, más bien conocido.
Se levantó, cogió el cuerpo inerte de Richard y se lo cargó en el hombro izquierdo para dirigirse al cuarto de baño.
No salió de allí hasta haber pasado al menos media hora, a pesar de parecerme cada minuto una eternidad, pues iba mirando mi reloj de muñeca cada dos por tres. En esos momentos de espera, muchos de mis clientes aprovecharon para pagar sus cuentas e irse lo más rápido posible. 
Al volver me pidió un trapo húmedo que utilizó para limpiar la sangre del suelo y luego volver a sentarse. Sacó unos billetes de su cartera de cuero marrón y los dejó encima de la barra.
- Pronto nos volveremos a ver… -Me susurró mientras se levantaba.
Tras eso se dirigió a la puerta, la abrió y desapareció entre la lluvia de la misma manera de la que había aparecido.
Fui inmediatamente al cuarto de baño. No había ni rastro del cuerpo de Richard ni que hubiera pasado nada. Estaba igual que antes, sin ningún cambio, así que volví a mi sitio detrás de la barra.
El reloj marcó las doce de la noche, cosa que hizo que fuera despidiéndome de la gente  que quedaba, diciéndoles que no comentaran nada de lo ocurrido esta noche y emprendí el camino hacia mi apartamento.
Me extrañó no encontrar ninguna luz encendida como de costumbre, pero pensé que Alice ya estaría durmiendo, por lo que fui  a cambiarme. Tras eso me dispuse a tumbarme en la cama, pero no noté su presencia en ella. No le di importancia pues me encontraba demasiado cansado físicamente y mentalmente como para empezar a calentarme la cabeza con eso. Acabé de tumbarme y, tras hundir la cabeza en la suave y blanda almohada, me dormí.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, Alice no estaba en la cama. Cosa normal ya que era muy madrugadora.
Me vestí y caminé hasta a la cocina, donde siempre acostumbra a esperarme con su taza de café hasta que me levanto. Tampoco estaba, ni siquiera había indicios de que se hubiera preparado el desayuno. Decidí ir al salón a despejar mi cabeza, pensando dónde podría encontrarse. Nada más entrar, empezó a sonar el teléfono.
- Matt -una voz extraña, pero familiar, habló de golpe, seria-, tienen a Alice, y si no colaboras conmigo no podrás ayudarla. ¡Ah! Soy Jack –la seriedad de su tono disminuyó-, el de anoche en el bar.
No respondí nada.
- Supongo que ahora mismo no estás para muchas historias, así que dentro de nada voy a tu piso y hablamos allí si prefieres.
- Ajá… -Me limité a responder y colgó.
No tardó en llegar, aunque aún seguía atónito, pues ¿cómo sabía mi número de teléfono, mi nombre y, sobretodo, donde vivía? Llamó a la puerta dando dos golpes rápidos y otro más lento. Le abrí sin pensarlo dos veces.
Iba solo, vestido igual que anoche, pero esta vez no llevaba el sombrero, supongo que porqué no estaba lloviendo. O quizá porqué estábamos a solas.
Sus ojos eran algo extraños, tenían un color verdoso anaranjado y a la vez algunos tonos rojos. También tenía una marca en la cara, como la de un profundo corte en su mejilla derecha que parecía tener ya sus años, pues estaba bien cicatrizada. Su pelo era castaño, algo largo, pues le tapaba la mitad de la nuca y algo sus orejas. Tras analizarle de arriba a abajo, como creo que él también hizo conmigo, no me ande con rodeos y empecé directamente con mi ronda de preguntas, pues el tipo no me daba demasiada buena espina.
- ¿Cómo has sabido dónde vivo?
- Te estaba siguiendo el rastro desde hace tiempo y ahora tengo una excusa para trabajar contigo.
- ¿Para trabajar conmigo? ¿Qué tipo de trabajo?
Levantó una mano y me la enseñó. Era normal, de piel y huesos, con cinco dedos, como los humanos. Le miré directamente a la cara, expresando con una mueca si me estaba tomando el pelo, pero de repente su mano cambió y se recubrió de escamas, teniendo el aspecto de una garra de  alguna clase de réptil.
Eso hizo que aún me diera más miedo, además de inspirarme menos confianza.
- Supongo que a estas alturas lo sabrás -volvió su tono serio y su mirada se clavó en la mía-, pero por si acaso te refresco la memoria: no todos somos humanos.
- Había oído cosas de gente con poderes y parecido, pero siempre pensé que eran chorradas para los niños…
- No lo son. Y tú, Matt, tampoco estás calificado en el listado como humano.


Bueno, ¿qué os pareció? Para quitaros la intriga, os aviso de que tengo ya alguna continuación escrita (para a quienes les ha gustado). Y si, este relato ya es algo más larguito de los que iba presentando actualmente, ya avisé de que iría variando. ¡Ah! Esto me recuerda a que hace tiempo que no publico ningún sueño/pesadilla, así que si lo recuerdo, la semana que viene (después de lo que os adelanté del porvenir) intentaré colgar alguno~
Así que, como siempre digo, podéis opinar tanto por comentario como por correo electrónico o, simplemente, dar vuestra valoración con un simple clic en las opciones de abajo, aunque sea solamente twittearlo. ¡Y esto es todo (por hoy) amigos! (Lo admito, siempre quise decir esta frase).

   ¡Un cordial saludo y hasta la próxima!