¡Buenas tardes queridos lectores! Quiero empezar con otras disculpas. Sé que me disculpo mucho y tal, pero de verdad, lo siento. Os explicaré el caso: llegué el día 5 por la mañana, tuve que preparar algunos regalos para el día siguiente, que estuve en familia y quise tomarme entonces el día 7 "libre" por así decirlo. Luego empezaron las clases y no encontré el momento ideal para colgar un relato, además de que deberé ponerme más enserio con el tema. Así que propongo un pequeño cambio que hará más fácil llevar el blog y seguramente más cómodo: alternaré los días. Los fin de semana colgaré un capítulo de Un bar cualquiera y, de lunes a viernes, intentaré ir colgando algún que otro relato suelto. A ver si así me resulta más sencillo.
Pensé en seguir "desaparecido" hasta el lunes que viene, pues este fin de semana tampoco dispongo de demasiado tiempo (así que empezaré con la nueva idea a partir del lunes que viene), por lo que dudo poder colgar algo. Aún así, para la semana que viene esto ya volverá a ser lo que era (además de que me daba cosa el ver como la gente seguía visitando el blog y no debía encontrar nada nuevo).
Bueno, pues creo que esto es todo. Aunque no os dejaré sin relato, al menos hoy publicaré uno que escribí ayer por la noche en un pequeño momento de "inspiración" y que lo titulé como "Guerra". Espero que os guste.
Esplendorosa en un día, gloriosa en otro, magnificente en los demás. Quién diría que podría acabar de esa manera. Quién, siquiera, pudiese imaginar como sus marfileños muros terminarían de tal manera junto al resto del lugar.
Nadie pudiera nunca imaginarse tal cosa, pues la suntuosidad de este emplazamiento nunca había sido mancillada en ningún momento. Pero como las viejas lenguas dijeran, todo tiene su primera vez. Desgraciadamente, para esta situación fuera la primera y última.
Grandiosa desde el momento primero hasta el último, se mantuvo en pie y resistió todos los golpes y, aunque claramente quedó dañada, su memoria perduraría. Perduraría en un recuerdo de cuando los más lejanos viajantes paseaban por sus patios y pasadizos en busca de conocimiento. Perduraría en un recuerdo donde los más jóvenes preguntaban a los ancianos, ansiosos por el saber. Perduraría en un recuerdo donde las respuestas a todas las preguntas se encontraban entre los muros blanquecinos.
Infausta noticia de que la guerra se perdía y no había remedio alguno para evitar ese hecho trágico. Infausta porque los vencedores, por muchas horas que sus gentes anteriormente hubieran visitado dicha localidad en busca de comprensión, no tuvieron respeto alguno. No, no lo tuvieron y no les bastó con sitiar el lugar, asesinando y violando allá por donde pisaran. Sin olvidar las hogueras, las hogueras donde la sabiduría reunida se convertía en grisáceo humo que ascendiera hacia su origen, el hogar de los dioses en los cielos.
No hubo lugar donde no ultrajaran el honor de los inocentes, tanto doncellas como infantes. No hubo lugar donde las perlas rojizas de la vida no mancharan suelo y paredes al salpicar de los cuerpos indefensos de los rendidos y derrotados. Y, una vez el exterminio y la cremación de la sapiencia fuera acabada, empezaron con la de los hombres. Desdichados aquellos que no murieron en contienda o en asedio, pues sus resquebrajadas mentes sufrieron el peor de los horrores. Vieron como en el foso los fueran echando. A ellos y al resto. Para luego calcinarles bajo las intensas flamas, tan intensas como el color rojizo hambriento de sangre en las pupilas de las bestias que observan la ocurrencia de su líder con festividad por la victoria en otro lugar. Un lugar desarmado y casto. Un lugar que jamás tuviera culpa alguna sobre la batalla librada entre imperios.
¿Os gustó? Ojalá sea así. Ya sabéis de más que lo podéis compartir, valorar y demás con las opciones que hay abajo y repito que el capítulo de Un bar cualquiera lo subiré el fin de semana que viene y ruego que disculpéis las molestias, procuraré que esto no vuelva a pasar o pase en casos muy especiales. Así que esto es todo por el momento. Supongo que nos veremos de lunes a viernes en la semana que viene, sino, el fin de semana seguro. Además de que quizá haga algún retoque en el diseño de las entradas, pero eso ya se verá.
¡Buenas tardes queridos lectores! ¿Todo bien por ahí? Espero que si. Pero bueno, hoy os traigo lo prometido: una sorpresita prenavideña. Y aquí os la traigo, pues se trata de un relato original que escribí con 9 años (dispensad algunas faltas ortográficas por favor) y para que veáis que es original os colgaré la foto del escrito para que podáis leerlo vosotros mismos.
Aunque bueno, pensé en que esto no bastaría, por lo que os colgaré una renovación de este relato además de especificar ciertas cositas para que no quede tan confuso en algunos aspectos (lo dicho, en mi cabecita está bien claro, pero lo importante es que el lector lo entienda, pero en esa edad como yo lo entendía, para mí era suficiente). Aquí os dejo la nueva versión:
En un mundo de dragones y
demás criaturas mágicas, donde el hombre apenas tenía poder, ni siquiera en sus
propios reinos, nació un niño, un niño humano que más tarde sería capaz de
guiar a sus iguales para tomar las riendas de su civilización y alcanzar su
meta. Dicho joven sería conocido como el Elegido, pues su verdadero nombre se
desconocería debido a que no tendría importancia alguna ya que su importancia
recaería en sus actos.
Aún así, el Elegido
toparía un día con un rival digno. Tan digno y honrado sería, que este no
caería bajo su espada ni la de sus fieles, pues lograría vencerlo. Pero a costa
de algo preciado tanto para él como para su estirpe: su vida. Es por ello, que
en el momento de la verdad, la criatura capaz de derrotarlo deberá observar el
valor de su corazón y plantearse si este realmente se encontraba preparado para
el enfrentamiento pues, si no lo estaba, por mucho que lo intentase, perecería.
Y, es por ello, que muchos ineptos, creyentes de ser la criatura que acabaría
con la tiranía del hombre, morirían en vano.
-¿Qué ocurre, mago?
–Preguntó un consejero de la asamblea Dragonante.
-Se me ha aparecido una
visión.
-¿Una visión? –Preguntó
extrañado el anciano dragonante, que vestía con unas túnicas marrones algo
desgastadas.- ¿Cómo era la visión?
-Mataban a todos. Sin excepción.
Ellos se alzarán de sus mugrientas moradas y adoraran a un único ser, que será
capaz de aniquilar a toda criatura que encuentre a su paso.
-¿Quiénes son ellos,
mago?
-Los humanos. Un hombre
nacerá y, cuando crezca, ya nada importará, pues a todos nos matará. Pero, aún
así…
-¿Aún así qué?
El aún más viejo
dragonante, el cual poseía dotes mágicas y capacidades que otros dragonantes no
poseían, tosió y luego carraspeó, para acabar con su visión.
-Hay un dragón… O más
bien criatura… En este mundo que podrá detener su avance de conquista a costa
de nuestras muertes, pues no será el Elegido que se lo encontrará a su paso,
sino él que se encontrará al joven al suyo y por ello logrará vencerlo. Pero,
desgraciadamente, dicha criatura no está entre nosotros. Aunque, a pesar de
ello, muchos necios creerán poder, yendo al paso del hombre para cruzarse con
ellos, pero es por ello que no lo derrotarán, pues lo habrán buscado.
Tras hablar sin apenas
coger aire para respirar, el brujo cayó al empedrado suelo por faltas de
fuerzas mientras el consejero corría a la asamblea Dragonante, apresuradamente
por traer las nuevas.
Bueno, espero que les haya gustado este pequeña sorpresa que tenía reservada para vosotros como mi regalo anticipado de Navidad. Y añado que para mi, un dragonante, vendría a ser como una mezcla entre humano y dragón, es decir, como un humanoide réptil pero más parecido a los dragones que al resto de reptiles, además de que su parte humana solamente sería en el hecho de llevar vestimentas, tener sociedades y caminar a dos patas para usar las delanteras como manos. Pero aún así, si lo habéis imaginado diferente, dejadlo tal cual: sea libre la imaginación y el poder imaginar.
Aún así, os añado un pequeño dibujo que hice detrás del folio en su momento. No lo recuerdo muy bien, pero creo que simboliza al Elegido guiando a los hombres por la conquista y arrasando con todas las criaturas que encuentran a su paso, en este caso, algo parecido a los dragones/monstruos que dibujaba en esa edad:
Nótese que la armadura del Elegido está escamada, como si fuera de escamas de dragón, además de la corona, que puede ser perfectamente hecha con colmillos de diversas bestias.
Y bueno, aprovecho para decir que ya puse el gadget en la columna lateral derecha. Espero que os haya gustado mi pequeño regalito casero y lleno de recuerdos, así que nos vemos.
¡Buenos días estimados lectores! Hoy os traigo un relato que presenté por los concursos entre usuarios de Bubok, solo que un pelín cambiado y creo que corregido. Aunque antes os he de informar que para el lunes o el martes seguramente tenga una pequeña sorpresa para vosotros y espero que os guste.
Pero bueno, avisando previamente, hay que estar atento a la lectura para poder seguir el hilo sin perderse (cosa que ha sucedido con algunas personas), pues no es un texto sencillo. Pues el tema principal es la manipulación del tema y, por ello, no es fácil de leer. Pero si lo lográis comprender entero y haceros el esquema y la imagen del orden y la línea cronológica del relato, me sentiré orgulloso. Además de que vosotros podréis disfrutar mucho más de la lectura. Y, como en algunos relatos utilizo la cursiva pero todos los publico en cursiva, lo que haré será poner negrita donde iría la cursiva, porqué muchas veces dicha palabra en cursiva suele ser importante.
Aunque no me iré más por las ramas y os dejaré ya el relato. Espero que os guste y recordad prestar atención.
Sabía perfectamente que vendría a por mí desde el primer momento en que lo hice. Derrotar a sus versiones pasadas no me aseguraba la victoria. Solamente me daba más tiempo.
¿Te preguntas quién soy yo? Raro que a estas alturas no lo sepas. Vendrás de un futuro después de mi muerte o, quién sabe, quizá de un pasado en el que aún no he existido. Pero te responderé, curioso inquilino. Yo soy el amo y señor de lo que ahora estás viendo, has visto y verás. Incluso de lo que nunca llegarás a ver. Pues, querido inquilino, yo soy el Hegemón de todo lo que concierne a este Universo.
Siéntate, no tengas miedo. No muerdo… demasiado. Te contaré como logré llegar hasta esta posición. Te contaré como, yo solo, logré engañar a esos bobos guardianes y les arrebaté el control. Te lo contaré, sin ningún compromiso por ello. ¡Eh! No, no te inquietes. No te mataré por saberlo, me gusta que se conozca mi historia. Al menos… antes de que desaparezca.
Desde que nací supe perfectamente que tenía una función especial dentro de este mundo que habitábamos, pues ahora es inhabitable debido a la contaminación prologada a lo largo de los años. ¿Cómo lo supe? Mi mente privilegiada estaba atrapada en el cuerpo de un infante. Pero tenía paciencia, mucha, y el tiempo estaba a mi favor.
Cuando pude manipular bien los objetos con mis pequeñas manos, simplemente me encargué de que mis padres no fueran un estorbo para mis propósitos. No, no los liquidé. ¿Qué clase de loco eliminaría a sus progenitores? Solamente los neutralicé.
Manipulando el reloj central de la relojería que tenía mi padre, logré detener el tiempo completamente en todo el globo. Pero dicha tarea fue difícil, así que no lo logré hasta que mi cuerpo físico adquirió los diez años. Aunque una vez hecho fue coser y cantar.
Mi mente privilegiada, que recordaba mis vidas, todas sus experiencias, todos sus conocimientos, me proporcionó la información para llamarlos y, mientras no venían, no los esperé sin más. Fui construyendo mis propias máquinas, a pesar que el material de este planeta fuera pobre y no diera para mucho en ese momento me fue de mucha utilidad.
El planeta ya llevaba parado en el tiempo cinco años. Yo había crecido, mi tiempo físico no se había detenido, pero el resto del mundo seguía igual de joven que el primer día. Para que, pasado un año más, por fin viniesen. Por lo visto se habían hecho de rogar.
Cuando se presentaron les dejé las pistas suficientes para que me encontraran; habían carteles de mi rostro por todas partes, por lo que solo debían seguir el orden cronológico de su colocación para dar con mi posición. Se supone que es una tarea de niños para ellos y no me defraudaron. Pero esperaba que fueran más perspicaces…
No tardaron en llegar al almacén donde estaba metido, sentado en un sillón de cuero, esperándoles. Cosa de la que me enteré a través del chivatazo de un viejo conocido.
Al llegar se encontraron todo a oscuras, pero avanzaron sin miedo. Estúpidos. Para cuando se encontraban en el centro del almacén encendí la luz. Eso los cegó y probaron a detener el tiempo, pero allí ya estaba detenido. Yo lo había detenido. Por eso en ese tiempo solamente mandaba yo.
Esbocé una sonrisa. Ellos se sorprendieron de que su plan no funcionara. Luego me vieron y, sus caras, se convirtieron en una mueca de puro terror.
Pulsé el botón, reactivando el tiempo y, las máquinas que les rodeaban y que previamente había programado para disparar a un objetivo, hicieron su sencilla labor. Masacraron a esos dos ingenuos. Aún así detuve el tiempo antes de que les hicieran papilla y caminé hacía sus dos futuros fiambres.
Les arranqué de sus gélidas manos los relojes que poseían y les miré directamente a los ojos. Que desgracia el hecho de ser un Guardián del Tiempo. Te pueden congelar físicamente pero para tu alma seguirán corriendo los años, viendo lo que tus ojos te permitan ver. Y, los suyos, vieron como un niño de dieciséis años sacaba una pistola, les apuntaba, y les reventaba la cabeza en pedazos. Sin ni siquiera mancharse, debido a que la sangre estaba tan congelada en el tiempo como ellos.
¿Algo duro quizás? No. Eso fue solamente el inicio.
Ya disponía de sus aparatos para, no solo controlar el tiempo, sino también viajar a través de él. Además contaba con una ventaja, conocía a mi enemigo y, él, no me conocía a mí. Todavía.
¿Qué hice después, preguntas? Veo que te ha entrado curiosidad. Proseguiré.
Fue sencillo, fui viajando por los distintos tiempos, dejando la Tierra congelada, eliminando los Guardianes del Tiempo en sus tiempos pasados. Antes de ser seleccionados como tales. En algunos casos, antes siquiera de ser planificados para ser procreados. Sí. Maté a infantes, a padres y madres. Sí, también a mujeres embarazadas. Y a familias enteras.
¿Qué? ¿Si me arrepiento? No seas bobo, inquilino. Todo sea por la hegemonía del Universo. Bajo mi mandato.
Llegué, en una ocasión, incluso a provocar un genocidio. Destruyendo el planeta natal de esos guardianes. Pero a esos no podía matarlos en el pasado, sino mi plan nunca hubiera funcionado en el presente. Eso lo hice en el futuro, claro está.
Pero nunca llegaría a saber en qué tiempos y espacios estaba infiltrado un Guardián del Tiempo. Por eso mi yo del futuro se encargó precisamente de buscarlos y me mandó una lista a mi yo del pasado para que ahora, en la actualidad, ya estuvieran todos liquidados.
Sé perfectamente que el tiempo tiene sus reglas. Sus normas. Y que no deben ser quebrantadas inquilino. ¿Pero acaso tú has seguido siempre todas las leyes al pie de la letra? Además, contando que era por una buena causa: Hegemonizar el Universo. No me mires así, ambos sabemos que tengo razón. Pero déjame continuar.
Sí, llegó el momento en que no quedaba ningún guardián con vida. Todos estaban muertos y mis manos futuras, pasadas, presentes manchadas de sangre temporal. Pero no me importaba, ahora ya podía aprovechar la hegemonía lograda bajo mi único mandato y poder temporal. Yo era, y sigo siendo, el dueño del Tiempo. Y nadie más ha conseguido arrebatármelo. Ni siquiera esas escuadrillas idiotas.
¿Cuáles, preguntas? Te responderé con gusto.
El Tiempo no es tonto del todo, así que al ver que se le había manipulado al antojo de alguien, creó el Don. Sí, el Don. Una capacidad que aparecía en unas pocas personas que les permitían viajar al pasado, pero sin poder regresar al futuro. Cosa que les hacía correr un gran riesgo, pues debían vigilar todos sus actos. Se hacían llamar los Restauradores del Tiempo. Y a mí me llamaban el “Aniquila Tiempos”. Y bueno, tuvieron parte de razón… Aniquilé su tiempo.
Sólo tuve que capturar a uno, que lo hice con mis propias manos al venirme a la mente un recuerdo de mi yo pasado donde uno de ellos lo intentaba matar y, mis progenitores, lograban salvarme. Querían aprovechar que aún era un infante, pero no podían matarlos a ellos, podrían cambiar y alterar el Tiempo, convirtiéndose en "seres como yo". Cosa que se suponía que odiaban y tenían prohibido.
Pues bien, una vez el recuerdo afloró en mi cabeza, viajé a ese tiempo y lo capturé. Luego conseguí que cantara y, los recuerdos que tuve al ver como lo decía todo, hicieron que desapareciera al rato. ¿Cómo? Sencillo. Mi yo futuro recibió los datos y, sencillamente, se encargó de que nunca nacieran. Si, cree otra paradoja en el Tiempo. ¿Pero qué más daría? Era el señor y amo de éste. Estaba incluso por encima de él.
Pero supe que algún día acabarían mis días cuando recibí la nota de mi yo futuro. Una nota sencilla y clara. El Fin del Tiempo.
Por lo visto, mi enemigo, al que utilicé para obtener la hegemonía del Universo y mi cargo como su Hegemón, decidió sacrificarse para derrotarme. Acabando, no solo con él y conmigo, sino con todo. Y, debido a esto, no sólo se convirtió en mí al querer eliminarme en el futuro con una medida tan drástica que incluso yo hubiera tomado, si hubiera sido necesario, eliminando en el pasado a los Guardianes del Tiempo. Sólo que él resultó ser más estúpido. En lugar de programar su fin en el pasado, para que esto nunca hubiera pasado, lo hizo en el futuro.
¿Cuándo es, preguntas? Dentro de dos horas, inquilino. Aunque desde el inicio que supe mi cometido en este lugar, tomé el riesgo de que, al quebrantar las leyes del Tiempo, éste, tarde o temprano, lograría el método para reparar su error. Aunque fuera radicalmente.
¿Y por qué no me preocupa? Es fácil, porqué aunque el Tiempo se acabe, habré ganado. Te habré ganado. Pues ahora es mi Tiempo y no el tuyo, inquilino.
Bueno, ¿habéis podido seguir bien el hilo y comprender el relato al 100%? Espero y deseo que si, al igual de que os haya gustado. Añado para deciros que pretendía colgar la entrada esta mañana, pero me tuve que ir a hacer un trabajo y lo dejé en un borrador, por eso os lo cuelgo ahora. Aún así disculpad la tardía hora. Os añado aquí, al final, una pequeña canción que me encantó nada más escucharla como la canta Malukah (si, si, acabo de hacer un poquitín de publicidad, pero canta de una manera..). Pero bueno, me despido ya.
¡Buenas noches estimados lectores! ¿Pensabais que os ibais a quedar sin relato de fin de semana? Pues no, quizá algo tarde, pero dicen que lo bueno se hace esperar.
Me he dado cuenta que la ranura de "Melancólico" de reacciones ha quedado tapado por el dichoso "twittear". Esta semana que viene intentaré ir mirando como solucionar el problema.
Bien, bien, voy a empezar diciendo que el retraso tiene justificación: ando con la corrección y revisión final de la primera parte de una saga que ando haciendo. Por eso ando algo liadillo. Pero no os diré más detalles hasta llegada la estrena o este apunto de llegar.Así que bueno, centrémonos en el relato que hoy os traigo recién sacado del horno de mi inspiración (si, lo acabo de escribir para vosotros, estimados lectores. Me sentía inspirado.)
Es un relato breve, podría decirse que una historieta élfica, todo y que no lo es del todo. Una vez leído comprenderéis a que me refiero.
Esta recién sacado de mi cabeza mientras escuchaba algunas canciones que uso a veces para escribir. En este caso usé la de "After the Fall" de "Two Steps From Hell" (debajo del relato os dejaré el vídeo de Youtube, para quien la quiera escuchar mientras se lee el relato, cosa que recomiendo.)
Así que a continuación os dejo el relato, disfrutadlo:
Una guerra terminada. Unos
bandidos asaltando uno de sus pelotones. Unos guerreros cansados luchando por
sus vidas. Un arquero apuntando desde la copa del árbol. Una flecha con mi
nombre grabado en su punta. Un disparo certero. Un golpe mortal.
Había servido a mi rey
durante todos estos años de vida. Le había sido tan fiel como a mi esposa,
quien me esperaba en casa. Había luchado por su gloria y honor para extender su
reino al largo del continente. Para garantizar la protección del reino y de mi familia
de otros agresores. Pero ya había vivido mucho y la dama negra pareció darse
cuenta. Por ello grabó mi nombre en esa flecha del arquero más torpe de esa
escuadrilla de bandoleros. Desdichada mi fortuna en
ese instante. Pero benevolente en los instantes pasados, donde la gloria y el honor
me sobraba por tantas arduas victorias.
Vi al arquero. Un muchachuelo
joven, de cabellera rubia, algo oscura, y tez muy pálida. Ojos grandes, como
los de un niño, y pecas en sus mejillas. Orejas puntiagudas. Un Et’inei en la
vieja lengua. Un elfo común en la vulgar, la lengua humana. Seguramente sería un
ladronzuelo que se vio obligado a unirse a ese grupillo para tener algo que
llevarse a la boca. Lo vi un momento y lo comprendí. Él también me vio y me
entendió. Ambos supimos que luchábamos por unas causas justas. Ambos luchábamos
por poder volver a casa, con nuestros seres queridos y que la guerra dejara de
amenazar nuestro porvenir.
Saltó, hacia mí,
intentando coger la flecha al vuelo. Pero no llegó y cayó al suelo de bruces.
Como yo de mi montura. Se levantó como pudo, mientras yo le observaba desde el
suelo y mis compañeros, ignorándome, seguían enfrascados en la lucha.
Vino arrastrándose hacia
mí y me envolvió en sus brazos. Era joven, sí. Pero sólo de rostro. Debería
tener la misma edad que yo. Me miró y me habló en la vieja lengua. No lo
comprendí. Él lo entendió y, como pudo, tradujo unas disculpas.
–Yo… Siento –dijo.
Sonreí y cerré los ojos,
lentamente. Él me abrazó con más fuerza mientras repetía sus palabras,
entrecortadas. Lloraba. Lloraba por un desconocido. Y yo sonreía. Sonreía por un
desconocido. Y, mientras veía que mi vida se escapaba con mis últimos alientos,
él puso su cabeza en mi pecho herido, mezclando sus preciadas lágrimas con mi
sangre. Quién adivinaría que,
después de todo este tiempo batallando, no llegué a comprender a mis enemigos
hasta que, uno de ellos, me abatió sin desearlo realmente. Y que el mismo que
me abatió me comprendió. Nos comprendió a todos.
Bueno, ¿les gustó? Espero y deseo que si. Ya sabéis de sobra que podéis votarlo, comentarlo y demás en todas las opciones que tenéis al final de cada entrada. Pero bueno, esto es todo por ahora, intentaré arreglar lo de "melancólico" de las reacciones y a ver si sale todo bien. Así que me despido ya hasta la siguiente entrada que narrará la continuación de Un bar cualquiera, formando así la tercera parte de la serie.
¡Buenas tardes estimados lectores! Siento haberme retrasado con el relato, pero no puedo prometer que no volverá a pasar, porqué me conozco y... seguro que ocurre de nuevo, pero si que puedo decir que intentaré que pase la menor cantidad de veces posibles.
Bueno, ando perfilando los retoques de la idea que planteé en la última entrada, aunque lo de "Sígueme" lo haré seguro para el fin de semana que viene (estos días ando liado, que no os extrañe si me demoro también con la entrada del sábado, así que pido disculpas de adelantado).
Yendo ya al relato, esta vez traigo otro relato breve, que escribí hace tiempo en un momentín pensando en cierto asunto que le puede ocurrir a cualquiera, pero no adelanto más, ya sabréis a que me refiero una vez leído el escrito, así que os lo dejo a continuación.
El cielo, oscurecido por
culpa del humo de los edificios en llamas y las nubes de tormenta, se iluminaba
momentáneas veces por algún relámpago que lo cruzaba o rayo de luz solar proveniente del
atardecer, que se filtraba entre los nubarrones.
Los edificios estaban
derruidos y los coches en llamas, incluyendo muchísimos de policía.
Al final de la calle se
podía observar aún un edificio en pie, intacto, hasta que, tras una ruidosa
explosión, esa infraestructura, la del ayuntamiento, cayó al suelo, haciéndose
pedazos por completo.
Una figura trepó por las
ruinas de la edificación, dando pasos sonoros y pesados, hasta alzarse en el
único pilar que quedaba en pie.
-¡Por fin el mundo está
bajo mis pies! –Dijo el tipo- ¡Ahora ya nadie podrá oponerse a mí!
Esa silueta resultaba ser
el profesor Von Philkentor, quien se encontraba dentro de su nueva armadura
robótica que le cubría hasta el cuello, dejando a la vista su hermoso rostro,
con sus gafas que le daban un toque más elegante además de resaltar sus ojos
verdes mientras su cabello castaño claro, algo largo, hondeaba con la brisa de
la tormenta por venir. A pesar de llevar una armadura que aumentaba su tamaño,
su cuerpo estaba en buena forma debido a los intensos entrenamientos que hacia,
pues entrenamiento mental no necesitaba alguno, era un genio.
La armadura, de colores
oscuros que variaban entre el negro, azul verdoso y rojo granate, disponía de
una flexibilidad total y haciendo que Von Philkentor la pudiera manejar como si
se tratara parte de su propio cuerpo, aunque no perdía nada de protección
debido a eso, además de las múltiples armas que llevaba incorporada.
“¿Por fin Von Philkentor había derrotado a todas
las fuerzas de la justicia y la ley? ¿Por fin, tras todos sus intentos
frustrados, había logrado conquistar el mundo? Todas las preguntas parecían
tener una clara respuesta: Sí.”
Von Philkentor cogió el
cañón láser que colgaba de su espalda y disparó al cielo.
-Doblegaos ante mí
–exclamó-, ante vuestro nuevo líder y …
La pantalla se fue
apagando haciendo una forma de cruz blanca en el centro, cada vez mas pequeña,
hasta desaparecer y dejar que la negrura se apoderada totalmente del monitor.
-¡Mierda! ¡Mierda!
¡Mierda! –Gritó el jugador- ¡Todo lo que había logrado a la mierda!
Bueno, supongo que cualquiera que haya jugado a algún juego de alguna consola se sentirá identificado con la situación de que se haya ido la luz y no hayas guardado. Yo, al menos, no me excluyo, incluyendo de que se haya ido mientras andaba escribiendo alguna cosa y luego estuviera suplicando al Word para que lo hubiera guardado en el último instante.
Así que espero que os haya gustado, aunque hayáis sufrido esta "jodienda", y expreséis vuestras opiniones ya sea valorándolo, dándole a un "Me gusta" de Facebook, twittearlo, dejar un comentario o mandar un simple email al correo electrónico proporcionado~