Mostrando entradas con la etiqueta violencia leve. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia leve. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de junio de 2013

La llanura

¡Buenas tardes queridos lectores! Siento no haber podido subir nada estos días, pues fui a la BLC de Madrid que se celebraba junto a la Feria del Libro (no iba a perdérmela teniendo la oportunidad de ir), así que como ayer llegué a casa y hoy ya dispongo del ordenador, empezaré con las subidas habituales de relatos.
Aunque, lo principal, será subir los relatos dedicados atrasados (que de momento son dos, pero tengo que ponerme con más) y luego actualizar la serie de Un bar cualquiera (que también he tenido que dejarla un poco de lado por los últimos acontecimientos) y finalmente volver a la subida de relatos nuevos.
Pero bueno, mejor ponerse ya a ello y, hoy, subiré uno de los primeros relatos dedicados.
En este caso es para el seguidor nº 80, @Cinereus_, quien eligió tres palabras para basarse en el relato: unicornios, cementerio y psicotrópicos. Además, como reto personal (que ella misma puede garantizar) debía terminarlo en una semana. Pues bien, lo logré (a pesar de no poder subirla por todo lo del viaje y demás), se lo pasé y ella revisó que le gustara (como siempre hago con los relatos dedicados, pasárselo a esa persona y que me dé su aprobación antes de subirlo al blog) así que, una vez hecho esto, nada más estar en un pc iba a subirlo. Y aquí estoy.
Espero que disfrutéis de la lectura.


Se levantó del blando y enfangado suelo y miró a su alrededor.
Todo estaba oscurecido por las nubes del cielo y a duras penas podía divisar alguna figura más allá de la silueta de algún que otro árbol o arbusto en mitad de ese solitario descampado.
Abrió su palma y se percató de que había estado aferrando un pequeño frasco con un líquido, pero no recordaba de donde procedía. Aún así lo destapó y, sin dudarlo ni un instante, se bebió todo su contenido de un trago.
Al inició sintió un ligero mareo y cierta fatiga, pero no duró demasiado, pues una luz que se empezó a abrir paso entre las nubes la distrajo, pudiendo contemplar como se empezaba a iluminar el campo en el que se encontraba.
No vaciló ni un momento y empezó a correr por la fresca y verdosa hierba, aunque se detuvo a los pocos metros recorridos pues, en un arroyo, descubrió no una, sino tres fantásticas criaturas que jamás pensaría ver con sus propios ojos. Se trataban de unicornios, dos blancos y uno de negro.
Ella, tras pensarlo un poco, decidió acercarse y ellos la recibieron sin ningún tipo de molestia. Pero en cuanto intentó acariciar al de oscuro pelaje, éste se apartó mientras percibía, dentro de su cabeza, como ese ser le decía que por su bien no se le acercara.
La muchacha se tomó el mensaje como un reto en lugar de una amenaza y, tras jugar y cabalgar sobre los dos unicornios blanquecinos, se lanzó encima del negruzco. Intentando domarlo.
Pero no pudo. Y fue arrojada al suelo.
“Te lo advertí”, escuchó directamente en su mente y, acto seguido, recibió una coz del unicornio.

Inmediatamente abrió los ojos y vio la realidad.
Se encontraba en el fangoso suelo, en mitad de un cementerio mientras padecía una serie de convulsiones.
A su lado había una botella de cristal rota y, mientras empezaba a sufrir un paro cardiorespiratorio, recordó como unos muchachos le vendieron la ibogaína líquida diciéndole que le serviría para dejar sus adicciones, pero para ello debía tomar un trago en el lugar en el que se encontraba ahora, para así poder lograrlo. Aunque ella, para asegurarse, no bebió un trago, sino que decidió beberse todo el psicotrópico de golpe. Provocando su muerte tras las alucinaciones en ese camposanto.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿El relato dedicado ha logrado "superar" el desafío impuesto según vuestro criterio? Ya sabéis que podéis comentarlo, compartirlo y demás aquí abajo y espero que disfrutéis con las lecturas que encontréis por aquí los recién venidos desde la BLC2013.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 8 de abril de 2013

Viernes

¡Buenas tardes queridos lectores!
Como bien os prometí, el relato que hoy subiré no es para nada como el resto que están subidos por ahora. ¿Por qué? Fácil, en esta ocasión el relato está dedicado a mi seguidor nº40 de Twitter, que lo anuncié por ahí mismo que éste tendría relato dedicado, escribiéndolo sobre el tema o lo que él quisiera y luego lo subiría al blog (además, así incentivo a la nueva sección que anuncié anteriormente).
Pero aquí no acaba la cosa, a partir de ahora cada 10 seguidores, el que tenga la siguiente posición, podrá elegir que tipo de relato quiere y demás y se subirá al blog (seguramente el lunes) ya que así me sirve también para tocar diversas temáticas, llegar más al lector y mejorar mis capacidades como escritor. Eso sí, para que el relato se haga, no será justo que cierto seguidor me siga, ocupe el lugar y luego ya no me siga, sino el relato no estará dedicado ni nada, es más, ni siquiera me molestaré en hacerlo. Así que creo que los requisitos son pocos a cambio de un relato en el blog.
Así que os dejo con el relato dedicado a @MediaMarkGND, mi seguidor nº 40 en Twitter, que eligió como tema/lugar del relato Brooklyn.


El agudo teléfono sonó otra vez. No tenía ganas de cogerlo, estaba ya cansado, más bien harto, de que no parase de sonar una y otra vez para siempre lo mismo: o broncas de mi superior o pistas inútiles del caso que llevaba abierto más de dos semanas. Pero ahí seguía el pitido, incesante, como si supiera que acabaría cediendo si persistía. Y así ocurrió, acabé cogiéndolo, asqueado, por su perseverancia.
Me preparé para morderme la lengua contra los gritos de J, incluso saqué las cartas por si era otro oficial novato que había encontrado un gusano muerto en la escena del crimen. Pero no fue nada de eso. Ni mucho menos. Esta vez volvía a ser algo gordo, como pasó el anterior viernes.
Un nuevo asesinato en Brooklyn.

No tardé demasiado en llegar a la escena del crimen, mi oficina estaba relativamente cerca de los asesinatos de este último caso. Concretamente, ahora se encontraba casi en medio, pues el primero fue en Borough Park, una pareja de ancianos que volvían de hacer la compra. El segundo fue en Prospect Park, concretamente en el lago, una joven ahogada y asesinada. Sin señales de violación pero con muestras de que el culpable le habría hecho algunas fotos para divertirse en su intimidad. El tercero, y actual, había sido en Paerdegat Park. Y eso dejaba mi despacho en el medio del radio de asesinatos.
Esta vez había sido un muchacho joven de raza negra. Estatura media y con un ligero problema de obesidad. El cuerpo fue encontrado en la pista de básquet, pero no se sabe cómo llegó ahí, ya que nadie vio nada. Como siempre.
También, como en los otros casos, tampoco había rastro alguno del asesino, por lo que tras comprobar toda la zona y llevar el cuerpo al forense, volví a mi oficina. Ahí, para variar, me recibió J a gritos y preguntándome porque no había resuelto el caso todavía. Lo ignoré hasta llegar a mi despacho, donde me encerré.
Empecé a repasar todas las pistas de nuevo, crimen por crimen, buscando al menos un lazo entre los asesinatos, pero ninguna de las víctimas tenía relación con la otra. Ni tan solo su vivienda, pues la muchacha y el jovenzuelo no eran ni siquiera de Brooklyn.
Todo empezaba a ser raro y los días iban pasando, uno a uno y de manera tan rápida que, cuando llegaba a casa, no me daba ni tiempo a jugar con mi hijo o atender a mi mujer que nada más tirarme al sofá me dormía inmediatamente.

Ya era miércoles. Ni una novedad sobre el caso. Ni un incidente, ni siquiera un desliz por parte del misterioso asesino. Y todavía más raro, ni una llamada de los novatos (cosa que, en el fondo, agradecí).
Pero alguna extraña presión empezó a oprimir mi cabeza, como si hubiera algo que se me escapara. Algún detalle insignificante que había pasado por alto y no viera.
Aunque ya era demasiado tarde, el reloj de mi mesa acabó marcando la una de la madrugada y ya hacía más de una hora que debería haber ido a casa. Por lo que me despedí de Kent, el guardia nocturno, y fui directo a mi hogar donde, como las últimas dos semanas y media, me dormí en el primer lugar mullido en el que me tumbé. Solo que esta vez, al poco rato me desperté, pues esa opresión en mi cerebro me producía insomnio. Un insomnio que me torturó toda la noche.

Jueves. Llegué a la oficina a primera hora, cosa poco habitual. J todavía no había llegado, por lo que me escaqueé en mi despacho y no salí de ahí en todo el día, ya que la comida y la cena me la había llevado de casa, aunque mi alimentación se basó básicamente en cafés, uno detrás de otro.
Algo me dijo que rebuscara en el archivo. Y eso hice, pero ya a hora tardía, pues solo hacía que posponerlo una y otra vez.
Al mirar dentro, instintivamente saqué un mapa de la ciudad y, como siempre hacía, recorrí con mi dedo la trayectoria de los asesinatos, marcando con una chincheta el lugar concreto de donde se cometieron.
Aún así, hasta que el reloj no marcó las doce de la noche, no caí en lo que mis ojos observaban pero no veían. Pues a esa hora mi mente me dijo instantáneamente la palabra “viernes”. ¿Por qué pensaba en el día que era?, me preguntaba. Pero entonces giré el plano y la opresión de mi cabeza cesó.
Había estado tan ciego estas tres semanas que el precio parecía que me iba a salir caro. Muy caro. Pues los tres puntos, con el mapa a la inversa, formaban una V. Una V que señalaba un lugar concreto. Mi piso.


¿Os ha gustado el relato dedicado? Si es así, ya sabéis que podéis hacer para tener vosotros también uno sin problemas 100% original. Pero bueno, como siempre, podéis votarlo, compartirlo, opinar y demás aquí abajo o en la dirección de correo (como soléis hacer) dada en el apartado de Contacto.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 8 de febrero de 2013

Confusión

¡Buenas tardes queridos lectores! Hoy os traigo como prometí el sueño que tuve.. El jueves de la semana pasada, el cual he intentado escribir de la manera más comprensible que me ha sido posible pero que, aún así, tiene alguna que otra cosa que... podría requerir releerse.
Por cierto, en la página de Facebook (ni Tuenti ni Twitter) iré colgando algún fragmento de cosas que esté escribiendo o tenga entre manos, así podréis ver algunas cositas de mi trabajo que todavía sea inédito  y, además, podréis opinar o comentar lo que os parezca, ya que me gusta saber la opinión de mis lectores (que ya se empieza a escuchar más sus voces por el e-mail de contacto).
Pero bueno, os dejo con el sueño-relato y, como siempre, espero que disfrutéis de la lectura y, si hay algo confuso (como ya indica el propio título), releedlo, que es normal, ya que el sueño fue muy, pero que muy, raro.


   No sabía nada del exterior. Me parecía que llevaba décadas encerrado en esas oscuras habitaciones, donde de tanto en tanto me sacaban para hacerme un análisis de sangre y poco más antes de volverme a encerrar.
   Pero esta vez fue distinto. Tras sacarme de mi sombrío habitáculo, me llevaron cogido de los brazos por un pasillo fuera de lo habitual. Quizá ya no les era útil e iban a descartarme, eliminarme. Aunque según avanzaban los dos hombres, llevándome a rastras, pasamos por un pasillo que las paredes laterales era de plástico, y allí se podía apreciar algún tipo de museo o almacén arqueológico, aunque poco pude ver, pues no tardamos demasiado en entrar en otro oscuro pasillo, como el del inicio.
   Al final de dicho pasadizo se podían apreciar unas pequeñas luces anaranjadas, las cuales mostraban tres celdas donde solo la de la derecha parecía tener espacio. La de la izquierda y la del centro estaban rebosantes de unos individuos desconocidos.
   Cuando me echaron dentro de esa prisión pude observar que allí había cuatro personas más. Un tipo estaba sentado en una esquina, otro cogido de los barrotes, observándome, y luego una chica abrazada a un chico sentados en la cama.
   Cuando los dos supuestos guardias se fueron, el tipo cogido a los barrotes se acercó a mí, como inspeccionándome, para luego coger una barra de la puerta y ver que esta estaba abierta. Pero no se atrevió a salir y nos quedamos así hasta dormirnos.
   Cuando desperté, mis nuevos compañeros hacía tiempo que lo estaban y observaban fijamente la puerta. Estaba abierta. Y el rarito que me observó en nuestro primer encuentro ya no estaba allí.
   La luz naranja empezó a parpadear, emulando las señales de alarma.
   Las personas de las celdas vecinas empezaron a removerse, nerviosos, y a hablar entre ellos.
  Un sonido extraño provino del interior del oscuro pasillo.
 Con más curiosidad que miedo, me asomé levemente, y pude ver como algo blanquecino brillaba en la oscuridad. Acto seguido, esa cosa corrió hacia mí mientras veía a los otros presos intentando hacer un agujero en la pared con una cucharilla, como hacía la celda del centro y, la de la izquierda, parecía que querían abrir el agujero a puñetazo limpio.
  Fallo mío por despistarme, pues esa extraña criatura se abalanzó hacia mí, tirándome contra la pared y mordiéndome el antebrazo derecho con el que me había cubierto por acto reflejo.
  El muchacho que parecía ser conocido de la chica cerró la puerta mientras esta gritaba que me deshiciera de esa cosa, que parecía tratarse de los huesos de un dinosaurio raptor con vida propia. Así que, como pude, sin que este soltara mi antebrazo, coloqué su cabeza bajo mi axila izquierda y, mientras hacía presión con esta, moví el brazo derecho hasta conseguir desnucarlo y arrancar su cráneo del resto del cuerpo. Los huesos se desplomaron al instante y la mandíbula dejó de ejercer presión.
  Al final el resto del “equipo” logró hacer el agujero y salimos por allí. Fuera encontramos a nuestra izquierda el grupo del medio y, bajando por unas escaleras de delante nuestro, el grupo ruso de la izquierda.
  El grupo central, seguramente americano, no dudó y bajó cuando los rusos acabaron, pero no llegaron muy lejos, ya que esos tipos les dispararon flechas con unas cerbatanas que parecieron encontrar abajo.
  Nosotros esperamos pacientes a que se fueran y, cuando eso pareció, el individuo que parecía vivir en la esquina, bajó rápidamente.
  Por lo visto, uno del grupo debía estar quedándose de guardia, pues nuestro “amigo” no dio más de dos zancadas antes de encontrar la muerte por una cerbatana.
  Miré a la derecha y pude ver una puerta, así que se lo indiqué a la pareja que no dudó ni un instante, pues el chaval abrió la puerta entrando en un dormitorio y siguió recto, hasta la siguiente puerta, donde se trataba de otro dormitorio pero más serio; el primero parecía ser de algún adolescente y el del final de sus padres.
   El desconocido llamó a la chica después de echarse en la cama de más al fondo, pero esta no vino, sino que entrecerró la puerta y se tumbó en la cama. Nada más hacerlo, alzó la cadera y me miró, sugerente. Vacilé unos instantes, pero al final cedí. Al final no acabamos manteniendo relaciones completamente ya que, mientras estábamos en ello, un ruido extraño de la otra habitación nos distrajo.
   Ella se levantó para mirar por la ventana de la habitación y vio la ciudad en ruinas, con un grupo de extraños individuos alrededor de un barril en llamas. Yo no tardé en levantarme, curioso, e ir hacia allí mientras me subía los pantalones.
   Fui corriendo a la otra habitación, para avisar al muchacho, pero al entrar vi como estaba de rodillas en la cama, con la boca abierta y los ojos desorbitados. Unas alas negras surgieron de repente, rompiendo la parte de atrás de su camiseta, mientras escuchaba una especie de grito proveniente de su boca.
   Ahora todo vino a mi mente: después de ese desastre nuclear a niveles internacionales, casi toda la superficie resultó ser inhabitable para el ser humano, así que vivimos bajo tierra mientras arriba algunos seres iban mutando. Debido a las mutaciones, los residentes del subsuelo tuvimos que ir haciéndonos pruebas para garantizar que no mutáramos y, los que tenían riesgo de ello, eran encerrados.
  Por lo visto, aunque ni la muchacha ni yo hubiéramos mutado, el chaval pareció que sí y, según entendí, por el shock emocional de que la chica me hubiera elegido a mí en lugar de a él.
  Girándome de golpe le grité a la chica que corriera y se escondiera, pero que no fuera ni a la celda ni bajara las escaleras y eso hizo, salió corriendo por la puerta mientras yo volvía a girar la cabeza para mirar al muchacho. Por lo visto ahora tenía su mirada clavada en mí, sin haber cambiado de postura. Y me miraba fijamente. Me miraba a los ojos, con una furia y sed de sangre indescriptibles. 


Bueno, espero que os haya gustado y lo hayáis entendido después de todo. El final es bastante claro y concluyente, por lo que creo que leyendo solo eso ya se puede entender de que va el sueño que tuve, aunque claro, la gracia de las historias es leerlas totalmente de pa a pe. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar por comentarios, votando o marcando las casillas que creáis, compartiéndolo por los medios que tengáis o contactar directamente conmigo por los medios expuestos en el apartado de Contacto.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 18 de diciembre de 2012

¡Noticias!

¡Buenas tardes queridos lectores! Hoy me adelanto a la entrada que tocaría pero no para subir algún relato o capítulo de Un bar cualquiera por adelanto, sino por unas nuevas.
He publicado mi primer libro: Un mundo de sombras: El oscuro amanecer, que es la primera parte de una saga. El link os llevará directamente en donde se vende, que es Bubok. Pero bueno, os pongo a continuación la portada del libro y debajo la sinopsis, además de informaros que en el link os podréis descargar gratuitamente las primeras 22 páginas.


"Pesadilla o realidad, ¿qué más dará? Mira a tú alrededor, humano, 
mira y dime qué diferencia ves. ¿Acaso tus pesadillas
se diferencian mucho a esto?".

Alex no podía imaginarse que todo lo que conocía se derrumbaría con
la llegada de los seres, pues ¿quién iba a intuir sus verdaderas intenciones?
Nadie. Nadie podía. Y eso, estimado lector, fue lo que logró desatar las
pesadillas en la tierra misma para que sembraran su oscuridad.


¿Qué os parece? ¿Llama vuestra atención la sinopsis? Espero que si. Además, por si no fuera poco, aquí os cuelgo un panfleto que ando poniendo en varios locales:


Deberéis pulsar encima para que se vea mejor, pero el grupo de Tuenti, Facebook y el Twitter (además del mío) subirán la imagen. En este panfleto indica que habrá un descuento del 10% en formato papel y un 15% en formato digital para ordenadores y ebooks. Así que en lugar de costar 15.50€ y 3.50€, costará 13.95€ y 3€. Esto solo será hasta el 27 de diciembre, así que aprovechad cuanto antes.

Aún así, os mantendré informado de las próximas novedades sobre la novela, la saga y demás. Y si, esta era la pequeña sorpresa que tenía para vosotros que dejé caer hace algún tiempo (no sé si lo recordaréis).

Pero bueno, si os gusta como escribo y os interesaría ver a nivel más amplio (novela) o regalarlo a alguien que le guste la lectura, será un placer que lo compréis, además de que os lo agradecería. Y esto es todo por ahora, os mantendré informados como dije antes.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 17 de diciembre de 2012

Tiempo

¡Buenos días estimados lectores! Hoy os traigo un relato que presenté por los concursos entre usuarios de Bubok, solo que un pelín cambiado y creo que corregido. Aunque antes os he de informar que para el lunes o el martes seguramente tenga una pequeña sorpresa para vosotros y espero que os guste.
Pero bueno, avisando previamente, hay que estar atento a la lectura para poder seguir el hilo sin perderse (cosa que ha sucedido con algunas personas), pues no es un texto sencillo. Pues el tema principal es la manipulación del tema y, por ello, no es fácil de leer. Pero si lo lográis comprender entero y haceros el esquema y la imagen del orden y la línea cronológica del relato, me sentiré orgulloso. Además de que vosotros podréis disfrutar mucho más de la lectura. Y, como en algunos relatos utilizo la cursiva pero todos los publico en cursiva, lo que haré será poner negrita donde iría la cursiva, porqué muchas veces dicha palabra en cursiva suele ser importante.
Aunque no me iré más por las ramas y os dejaré ya el relato. Espero que os guste y recordad prestar atención.

   Sabía perfectamente que vendría a por mí desde el primer momento en que lo hice. Derrotar a sus versiones pasadas no me aseguraba la victoria. Solamente me daba más tiempo.
   ¿Te preguntas quién soy yo? Raro que a estas alturas no lo sepas. Vendrás de un futuro después de mi muerte o, quién sabe, quizá de un pasado en el que aún no he existido. Pero te responderé, curioso inquilino. Yo soy el amo y señor de lo que ahora estás viendo, has visto y verás. Incluso de lo que nunca llegarás a ver. Pues, querido inquilino, yo soy el Hegemón de todo lo que concierne a este Universo.
   Siéntate, no tengas miedo. No muerdo… demasiado. Te contaré como logré llegar hasta esta posición. Te contaré como, yo solo, logré engañar a esos bobos guardianes y les arrebaté el control. Te lo contaré, sin ningún compromiso por ello. ¡Eh! No, no te inquietes. No te mataré por saberlo, me gusta que se conozca mi historia. Al menos… antes de que desaparezca.

   Desde que nací supe perfectamente que tenía una función especial dentro de este mundo que habitábamos, pues ahora es inhabitable debido a la contaminación prologada a lo largo de los años. ¿Cómo lo supe? Mi mente privilegiada estaba atrapada en el cuerpo de un infante. Pero tenía paciencia, mucha, y el tiempo estaba a mi favor.
   Cuando pude manipular bien los objetos con mis pequeñas manos, simplemente me encargué de que mis padres no fueran un estorbo para mis propósitos. No, no los liquidé. ¿Qué clase de loco eliminaría a sus progenitores? Solamente los neutralicé.
   Manipulando el reloj central de la relojería que tenía mi padre, logré detener el tiempo completamente en todo el globo. Pero dicha tarea fue difícil, así que no lo logré hasta que mi cuerpo físico adquirió los diez años. Aunque una vez hecho fue coser y cantar.
  Mi mente privilegiada, que recordaba mis vidas, todas sus experiencias, todos sus conocimientos, me proporcionó la información para llamarlos y, mientras no venían, no los esperé sin más. Fui construyendo mis propias máquinas, a pesar que el material de este planeta fuera pobre y no diera para mucho en ese momento me fue de mucha utilidad.
    El planeta ya llevaba parado en el tiempo cinco años. Yo había crecido, mi tiempo físico no se había detenido, pero el resto del mundo seguía igual de joven que el primer día. Para que, pasado un año más, por fin viniesen. Por lo visto se habían hecho de rogar.
  Cuando se presentaron les dejé las pistas suficientes para que me encontraran; habían carteles de mi rostro por todas partes, por lo que solo debían seguir el orden cronológico de su colocación para dar con mi posición. Se supone que es una tarea de niños para ellos y no me defraudaron. Pero esperaba que fueran más perspicaces…
  No tardaron en llegar al almacén donde estaba metido, sentado en un sillón de cuero, esperándoles. Cosa de la que me enteré a través del chivatazo de un viejo conocido.
   Al llegar se encontraron todo a oscuras, pero avanzaron sin miedo. Estúpidos. Para cuando se encontraban en el centro del almacén encendí la luz. Eso los cegó y probaron a detener el tiempo, pero allí ya estaba detenido. Yo lo había detenido. Por eso en ese tiempo solamente mandaba yo.
   Esbocé una sonrisa. Ellos se sorprendieron de que su plan no funcionara. Luego me vieron y, sus caras, se convirtieron en una mueca de puro terror.
   Pulsé el botón, reactivando el tiempo y, las máquinas que les rodeaban y que previamente había programado para disparar a un objetivo, hicieron su sencilla labor. Masacraron a esos dos ingenuos. Aún así detuve el tiempo antes de que les hicieran papilla y caminé hacía sus dos futuros fiambres.
   Les arranqué de sus gélidas manos los relojes que poseían y les miré directamente a los ojos. Que desgracia el hecho de ser un Guardián del Tiempo. Te pueden congelar físicamente pero para tu alma seguirán corriendo los años, viendo lo que tus ojos te permitan ver. Y, los suyos, vieron como un niño de dieciséis años sacaba una pistola, les apuntaba, y les reventaba la cabeza en pedazos. Sin ni siquiera mancharse, debido a que la sangre estaba tan congelada en el tiempo como ellos.
   ¿Algo duro quizás? No. Eso fue solamente el inicio.
   Ya disponía de sus aparatos para, no solo controlar el tiempo, sino también viajar a través de él. Además contaba con una ventaja, conocía a mi enemigo y, él, no me conocía a mí. Todavía.
   ¿Qué hice después, preguntas? Veo que te ha entrado curiosidad. Proseguiré.
   Fue sencillo, fui viajando por los distintos tiempos, dejando la Tierra congelada, eliminando los Guardianes del Tiempo en sus tiempos pasados. Antes de ser seleccionados como tales. En algunos casos, antes siquiera de ser planificados para ser procreados. Sí. Maté a infantes, a padres y madres. Sí, también a mujeres embarazadas. Y a familias enteras.
   ¿Qué? ¿Si me arrepiento? No seas bobo, inquilino. Todo sea por la hegemonía del Universo. Bajo mi mandato.
  Llegué, en una ocasión, incluso a provocar un genocidio. Destruyendo el planeta natal de esos guardianes. Pero a esos no podía matarlos en el pasado, sino mi plan nunca hubiera funcionado en el presente. Eso lo hice en el futuro, claro está.
  Pero nunca llegaría a saber en qué tiempos y espacios estaba infiltrado un Guardián del Tiempo. Por eso mi yo del futuro se encargó precisamente de buscarlos y me mandó una lista a mi yo del pasado para que ahora, en la actualidad, ya estuvieran todos liquidados.
  Sé perfectamente que el tiempo tiene sus reglas. Sus normas. Y que no deben ser quebrantadas inquilino. ¿Pero acaso tú has seguido siempre todas las leyes al pie de la letra? Además, contando que era por una buena causa: Hegemonizar el Universo. No me mires así, ambos sabemos que tengo razón. Pero déjame continuar.
   Sí, llegó el momento en que no quedaba ningún guardián con vida. Todos estaban muertos y mis manos futuras, pasadas, presentes manchadas de sangre temporal. Pero no me importaba, ahora ya podía aprovechar la hegemonía lograda bajo mi único mandato y poder temporal. Yo era, y sigo siendo, el dueño del Tiempo. Y nadie más ha conseguido arrebatármelo. Ni siquiera esas escuadrillas idiotas.
   ¿Cuáles, preguntas? Te responderé con gusto.
   El Tiempo no es tonto del todo, así que al ver que se le había manipulado al antojo de alguien, creó el Don. Sí, el Don. Una capacidad que aparecía en unas pocas personas que les permitían viajar al pasado, pero sin poder regresar al futuro. Cosa que les hacía correr un gran riesgo, pues debían vigilar todos sus actos. Se hacían llamar los Restauradores del Tiempo. Y a mí me llamaban el “Aniquila Tiempos”. Y bueno, tuvieron parte de razón… Aniquilé su tiempo.
   Sólo tuve que capturar a uno, que lo hice con mis propias manos al venirme a la mente un recuerdo de mi yo pasado donde uno de ellos lo intentaba matar y, mis progenitores, lograban salvarme. Querían aprovechar que aún era un infante, pero no podían matarlos a ellos, podrían cambiar y alterar el Tiempo, convirtiéndose en "seres como yo". Cosa que se suponía que odiaban y tenían prohibido.
   Pues bien, una vez el recuerdo afloró en mi cabeza, viajé a ese tiempo y lo capturé. Luego conseguí que cantara y, los recuerdos que tuve al ver como lo decía todo, hicieron que desapareciera al rato. ¿Cómo? Sencillo. Mi yo futuro recibió los datos y, sencillamente, se encargó de que nunca nacieran. Si, cree otra paradoja en el Tiempo. ¿Pero qué más daría? Era el señor y amo de éste. Estaba incluso por encima de él.
   Pero supe que algún día acabarían mis días cuando recibí la nota de mi yo futuro. Una nota sencilla y clara. El Fin del Tiempo.
   Por lo visto, mi enemigo, al que utilicé para obtener la hegemonía del Universo y mi cargo como su Hegemón, decidió sacrificarse para derrotarme. Acabando, no solo con él y conmigo, sino con todo. Y, debido a esto, no sólo se convirtió en mí al querer eliminarme en el futuro con una medida tan drástica que incluso yo hubiera tomado, si hubiera sido necesario, eliminando en el pasado a los Guardianes del Tiempo. Sólo que él resultó ser más estúpido. En lugar de programar su fin en el pasado, para que esto nunca hubiera pasado, lo hizo en el futuro.
   ¿Cuándo es, preguntas? Dentro de dos horas, inquilino. Aunque desde el inicio que supe mi cometido en este lugar, tomé el riesgo de que, al quebrantar las leyes del Tiempo, éste, tarde o temprano, lograría el método para reparar su error. Aunque fuera radicalmente.
¿Y por qué no me preocupa? Es fácil, porqué aunque el Tiempo se acabe, habré ganado. Te habré ganado. Pues ahora es mi Tiempo y no el tuyo, inquilino.

Bueno, ¿habéis podido seguir bien el hilo y comprender el relato al 100%? Espero y deseo que si, al igual de que os haya gustado. Añado para deciros que pretendía colgar la entrada esta mañana, pero me tuve que ir a hacer un trabajo y lo dejé en un borrador, por eso os lo cuelgo ahora. Aún así disculpad la tardía hora. Os añado aquí, al final, una pequeña canción que me encantó nada más escucharla como la canta Malukah (si, si, acabo de hacer un poquitín de publicidad, pero canta de una manera..). Pero bueno, me despido ya.



   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 17 de noviembre de 2012

Buitres

¡Buenos días estimados lectores! A ver si puedo seguir esto de ir subiendo entradas de buena mañana más a menudo. Y al final no subí la continuación de la serie semanal (Un bar cualquiera) ya que las visitas y opiniones... No me pareció suficiente. Y no, no es por egoísmo, sino que a veces "lo que uno quiere, algo le cuesta" y, simplemente, pedía algún "twitteo" más. O, al menos, más de un par de votos en las reacciones. Pero en fin, este miércoles/jueves subiré la continuación y, como es también algo corta, quizá haga dos capítulos juntos. Pero ya veré, como bien sabéis eso depende de vosotros.
Pues bien, pasemos al relato de hoy, titulado "Buitres".
Este relato lo escribí el otro día, no hace mucho, y quizá bastantes vayáis a saber la temática con solo leer el titulo, aunque sino, una vez leído el relato, creo que quedará bastante claro...
Así que aquí os lo dejo, espero que os guste.


   Un golpe. Luego otro. Seguido de un tercero. Continuando por un cuarto. Así, día a día. Momento por momento. Recibiendo golpes, una y otra vez. Un no parar. Hasta que, uno de esos días, decidió detenerlo.
   Al principio no le funcionó para nada. Salió aún más malparado, ya que los golpes se doblaron en cantidad y fuerza. Haciendo que se replanteara la idea de volver a rebotarse. Pero, aún así, volvió a hacerlo.
   Se alzó de nuevo, deteniendo uno de sus porrazos. Dicha acción les pilló por sorpresa, ya que pensaba que con la última vez lo habían dejado suficientemente claro pero, al ver que no fue así, volvieron otra vez con una reprimenda mayor a la anterior. Esta vez no se acható. La recibió con todas las cabezas bien altas.
   Cayó más de uno ante esa fuerza y opresión, pero muchos aguantaron. Y, cuando los golpes parecieron suavizarse, detenerse momentáneamente, actuaron.
   Los guardias habían comprendido que no podrían oprimirlos por siempre, aunque fuera a las órdenes de otro. Comprendieron que, aquellos que recibían los golpes, sus golpes, también los recibían por ellos. Así que, no solo les dejaron pasar, sino que se unieron a ellos.
   Hubo más golpes, si. Pues no todos se unieron. Aún había fieles y creyentes a sus mandatos, a su ley y orden. Gente que no veía más allá de eso y, por ello, lastimosamente recibieron. Recibieron, por primera vez, los golpes que habían proporcionado siempre.
   No todos estaban a favor de pagarles con la misma moneda, pero otros querían desahogar todo lo comprimido. Por lo que más de un revés se soltó durante el asalto, inicialmente, pacífico. Pero quienes les habían golpeado de buen inicio solo sabían hacer eso, apalear. Y, por ello, algunos se les unían.
   Hasta que llegaron a la gran sala. Donde se encontraban ellos. Los que controlaban mucho más allá de hasta donde la vista alcanzaba.
   Al principio temblaron. Sus caras estaban desfiguradas. Mostraban un pánico y terror puro. Lo único sincero que les habían mostrado hasta ahora.
   Los pueblerinos se acercaron. Ellos, como liebres, retrocedieron asustados. Ninguno de los presentes alzó la mano. Simplemente bastaron unas miradas. Unas miradas que decían “por fin hemos logrado llegar aquí y, ahora, ya sabéis que podemos volver a llegar”. No hizo falta nada más que un paso para que, esas ratas corrompidas por el poder, se empezaran a pelear entre ellas. Traicionándose por salvar su pellejo.
   Uno de la muchedumbre les escupió y, ellos, volvieron a mirar al pueblo. A su pueblo. Y observaron la imagen que sus mentes nunca olvidarían, pues a la mañana siguiente fueron desterrados. Exiliados de sus propios dominios.
   ¿Su crimen? No tener nunca suficiente.


Bueno, ¿les gustó? Espero que si, además de haber leído entrelineas. Pero bueno, cada uno a su gusto. Aún sigo mirando de como "arreglar" lo de melancólico en Reacciones, que me está costando más de lo que pensaba, pero sino ya sabéis: lo que aparece cortado es "Melancólico" y está dentro de las reacciones para valorar la entrada y el relato.
Así que esto es todo por hoy, nos vemos el siguiente día con la continuación de la serie que, espero, que os esté gustando.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 28 de octubre de 2012

Un día más en la rutina

¡Buenos días estimados lectores! Por fin un domingo que puedo hacer una entrada sin disculparme por el retraso, que gratificante. Bueno, como dije en la anterior entrada, hoy os traigo esa pequeña sorpresa nombrada: una serie continua. Pero no, no la que a mí me de la gana y ya está, sino que vosotros decidiréis.
El anterior relato acaba de manera abierta porqué no termina ahí, sino que continua, al igual que el que leeréis a continuación (si, es un pequeño spoiler, pero no desvela nada crucial del relato el saber que continua). Así que lo dicho, vosotros, en una encuesta que pondré en la barra lateral derecha, votaréis que relato os gusta más y os gustaría saber como continua, para hacer la serie de este que seguramente subiría los miércoles-jueves, esto ya lo aclararía en la próxima entrada.
La votación durará de este domingo al lunes que viene no, el siguiente (una semanita casi). Una vez hechos los votos, esa semana miraré que día hago el relato de la serie (ya os lo intentaré anticipar) y listo, ese día sera serie y el otro relato "aleatorio" por decirlo de alguna manera.
Pero bueno, me centro en la presentación de este relato.
Esta vez estamos en un futuro no demasiado lejano, situado en el año 2030-2050 (ya que entre esas fechas ocurrieron los hechos más notables en la historia de la serie), pero los protagonistas se sitúan sobre el año 2040-2045. Elvên es un joven ya bien entrado en los veinte y Jack ya ronda la treintena de años (para que os hagáis a una idea de como pueden ser).
Pero bueno, mejor no os digo nada más y os dejo con el relato. En caso de que lo votéis ya descubriréis más acerca de estos personajes y de futuros, al igual de que si votáis el de Un bar cualquiera ya veréis que ocurre con Matt.
¡Ah! Añado que el nombre de Jack, John, y demás parecidos son nombres que me gustan, por lo que pueden aparecer en más de un relato pero (¡ojo!) eso no implica que sea el mismo personaje: Para nada.
Bueno, aquí lo tenéis:


   Hoy era otro día más en la rutina, sin novedades apenas.
  Los experimentos diarios con mutaciones genéticas y las pruebas con nuevos mecanismos robóticos seguían viento en popa, o eso decían las noticias. Los trabajadores, exhaustos de trabajar, volvían a sus respectivos hogares; la mayoría para reunirse con su familia después de un día duro de trabajo, otros directamente se pasaban por el bar a tomar una última copa antes de irse a dormir.
   Esa gente solían ser solteros, personas anónimas, sin nombre ni pasado, en ocasiones sin esperanza de futuro, pues también se encontraban entre la muchedumbre algún viudo o divorciado. Raramente se encontraba a algún tipo casado en estos garitos de mala muerte.
   Jack Slayer no era uno de esos trabajadores, por supuesto que no lo era, nunca se le había dado la investigación, ni siquiera el trabajo de oficina. Él siempre había sido demasiado impaciente para casi cualquier cosa y, eso, en esta sociedad con los trabajos que habían, no era demasiado bueno. Aún así, seguía teniendo algo en común con todo el gentío que rondaba por allí, pues él, también a la misma hora que ellos, iba al mismo bar de siempre a tomarse una copa, haciéndole uno más en ese grupo.
   -¿Qué tal el día, Jack? –Dijo su fiel y único amigo, Elvên León, sentándose a su lado.
   -Ninguna novedad… -se limitó a responder- ¿Tú?
   -Pues nada, seguimos con esos experimentos para las nuevas mascotas que publicitan por televisión, aunque no logramos avanzar mucho –suspiró-. El lado bueno –sonrió levemente-, es que al menos la financiación sigue aportando dinero.
   -Jé… ¿No eres tonto, eh?
   -¿Qué esperabas del investigador jefe? ¿Que lo fuera?
   La conversación entre estos viejos amigos fue alargándose, recordando antiguas anécdotas y riendo por ellas. Era uno de los pocos momentos donde Jack se encontraba cómodo, seguro y, además, libre de poder expresarse, ya que con Elvên podía bajar todos los escudos que ponía ante el resto de personas con su característica rudeza.
   Pero dicha plática no duró demasiado, pues en un abrir y cerrar de ojos se pudo escuchar una explosión proveniente del exterior.
   -¿¡Qué coño ha sido eso!? –exclamó Jack, corriendo hacia la salida del bar.
   Su amigo suspiró, dejó el dinero sobre la barra, donde habían estado previamente tomando algunas cervezas, y se dispuso a seguirle. Cuando salió pudo contemplar, junto a Jack, que un edificio enorme, uno de los laboratorios donde él trabajaba, había estallado en llamas mientras salía una gran cantidad de humo negruzco de su interior.
   -¡Le dije a ese estúpido que no trabajase hasta tan tarde –gritó Elvên en mitad de la calle-, que tenía que descansar!
   -Cálmate –le dijo Jack, mirándolo de reojo-. O, al final, serás tú el centro de atención.
   -Vale, vale… -refunfuñó.
   Los bomberos no tardaron en llegar y se dispusieron a apagar las brasas de la edificación de inmediato. Por suerte no hubo ningún muerto, solamente encontraron a un joven, casi de la edad de Elvên, con quemaduras de segundo grado debido a que se había encontrado en el origen de la detonación.
   -Le dije que se fuera a su casa…
   -Bueno, entonces será mejor que nosotros hagamos lo que tú le dijiste a ese chaval y volvamos a nuestros respectivas moradas. Ya no veremos mañana, como siempre –se despidió Jack, poniendo su mano en el hombro de su antiguo compañero-. Adiós.
   Elvên se despidió de él con un simple gesto.
  El treintañero, vestido con un chaquetón oscuro y unos tejanos azules, empezó su rumbo hacia su vivienda, pero según se alejaba del lugar de los hechos pudo notar como alguien le seguía. Se iba volteando de vez en cuando, esperando ver a alguien detrás de él que le observara, pero solamente habían más personas, transitando las calles, sin reparar en él.
   Llegó a su piso sin problema alguno y puso su palma en el identificador de huellas de su puerta correspondiente, pues en ese bloque había una entrada para cada piso. El identificador hizo un pitido afirmativo, confirmando la huella, y se encendió una lucecita verde.
   Alzó la cabeza, para acabar de abrir la puerta que solía quedarse atascada, pero nada más hacerlo algo le golpeó con fuerza la cabeza, haciendo que perdiera el conocimiento.


Bueno, ¿qué os pareció? Ya sabéis que podéis comentarlo abajo, enviando un correo electrónico o dándole a algún botoncito de abajo. ¡Y no olvidéis votar en la encuesta que relato preferís!
AVISO: El relato está basado también en un rol que hice hace tiempo, por lo que se narrarán hechos ocurridos en ese rol y, también, de inventados. Al haber sido un rol creado por mí en su día, todos los hechos ocurridos, vendrían a ser de mi "propiedad" para usarlos de la manera que creyera oportuna.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 22 de octubre de 2012

Un bar cualquiera

¡Buenas noches estimados lectores! (A no ser que leáis esta entrada en otro momento, claro está.)
He de admitir que debido a los estudios y demás, haciendo que tenga exámenes y trabajos por hacer, modificaré los días de publicación de relatos: los relatos de los lunes pasarán a publicarse entre miércoles y jueves y, los relatos de los sábados, se mantendrán ese día aunque en caso de no poder subirlo, lo publicaré el domingo, que ahora entrará en el plazo (así me ahorro excusarme en caso de no poder subir nada el sábado, jeje).
Bien, dicho esto, he pensado en hacer una pequeña encuesta a esta gentecilla tan especial que sigue el blog sobre un tema que detallaré el próximo fin de semana, con la próxima entrada, pero os adelanto que la de hoy estará relacionada, por si queréis empezar a sacar vuestras propias conclusiones.
Y bueno, como el aviso lo doy esta semana, no os dejaré sin relato el lunes (aunque ya sea hora tardía), por lo que esta nueva distribución empezará a hacerse desde este "finde".
Hoy os traigo un pequeño relato que escribí hace ya su tiempo también, el cual simplemente he hecho algunos retoques pero he querido mantener un poco la esencia del original (supongo que lo podréis notar). Pero no me andaré con más rodeos, aquí lo tenéis.


Ya eran sobre las diez de la noche y, como siempre a esa hora, el bar estaba en calma con los amigos de siempre. Solo se escuchaba el sonido de la lluvia repiquetear contra las ventanas y los truenos de afuera, mezclándose con el ruido de las bolas de billar que rodaban y chocaban entre ellas.
Hoy, era otro día más en este puesto de barman.
Lentamente, la puerta de entrada se fue abriendo hasta dejar paso a un extraño tipo vestido con una gran gabardina negra y un sombrero del mismo color, el cual solo permitía ver la mitad inferior de su rostro. Ambas piezas parecían estar húmedas, seguramente por la tormenta del exterior. Giró la cabeza a ambos lados, como si observara el local, y empezó a andar hacia la barra. Sus pisadas resonaban de manera férrea, pero mojadas; llevaría unas botas metálicas puestas, las cuales estarían empapadas.
Se sentó en un taburete de la barra, justo delante de mí y pidió algo de comida caliente y una cerveza. Sin dudarlo ni un instante se lo serví de inmediato. Él engulló todo en cuestión de segundos.
Richard, un habitual de por aquí, ya algo borracho por haber bebido demasiado, se dirigió hacia él. Mirándole con algo de desprecio, le insistió en que se quitara el sombrero para poder ver su cara. El extraño negó con la cabeza tras mirarle ladeando la cabeza. Richard desde siempre odiaba las negativas y, aún más, cuando iba borracho, por lo que eso hizo que se enfadara y agarrase un lado del sombrero del desconocido. Dio un tirón, pero antes de que pudiera quitárselo, ese hombre le golpeó con fuerza en el pecho, lanzándolo contra el suelo.
Mi borracho habitual se levantó de inmediato e hizo el intento de asestarle un puñetazo en la cara del hombre que lo había dejado en ridículo, pero él sacó rápidamente una pistola de debajo su chaqueta y la colocó en su pecho, a modo de amenaza de que si seguía molestándole, dispararía.
- ¡No tienes pelotas! –Vociferó Richard mientras le daba el golpe.
Sonó un trueno. Un rayo iluminó aun más el lugar al desprender su luz desde la ventana. Richard, por su parte, cayó al suelo, muerto.
Todos miraron con miedo el cadáver y luego al tipo de negro, pero de inmediato volvieron a sus cosas, disimulando, como si no hubieran visto nada, aunque no podían evitar mirarle de reojo, con miedo a lo que pudiera hacer a continuación.
- Disculpe las molestias por lo ocurrido -habló con una voz algo grave y a la vez extraña-, haré lo posible para que no le pase nada.
No contesté. Solo asentí con la cabeza sin apartar la mirada del cadáver.
Me temblaban las manos. Todo yo estaba temblando. Nunca antes había pasado algo así en mi bar, ni tampoco había visto una persona matar a otra y aún menos, a uno de mis amigos. Aunque bueno, amigo, amigo, no, más bien conocido.
Se levantó, cogió el cuerpo inerte de Richard y se lo cargó en el hombro izquierdo para dirigirse al cuarto de baño.
No salió de allí hasta haber pasado al menos media hora, a pesar de parecerme cada minuto una eternidad, pues iba mirando mi reloj de muñeca cada dos por tres. En esos momentos de espera, muchos de mis clientes aprovecharon para pagar sus cuentas e irse lo más rápido posible. 
Al volver me pidió un trapo húmedo que utilizó para limpiar la sangre del suelo y luego volver a sentarse. Sacó unos billetes de su cartera de cuero marrón y los dejó encima de la barra.
- Pronto nos volveremos a ver… -Me susurró mientras se levantaba.
Tras eso se dirigió a la puerta, la abrió y desapareció entre la lluvia de la misma manera de la que había aparecido.
Fui inmediatamente al cuarto de baño. No había ni rastro del cuerpo de Richard ni que hubiera pasado nada. Estaba igual que antes, sin ningún cambio, así que volví a mi sitio detrás de la barra.
El reloj marcó las doce de la noche, cosa que hizo que fuera despidiéndome de la gente  que quedaba, diciéndoles que no comentaran nada de lo ocurrido esta noche y emprendí el camino hacia mi apartamento.
Me extrañó no encontrar ninguna luz encendida como de costumbre, pero pensé que Alice ya estaría durmiendo, por lo que fui  a cambiarme. Tras eso me dispuse a tumbarme en la cama, pero no noté su presencia en ella. No le di importancia pues me encontraba demasiado cansado físicamente y mentalmente como para empezar a calentarme la cabeza con eso. Acabé de tumbarme y, tras hundir la cabeza en la suave y blanda almohada, me dormí.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, Alice no estaba en la cama. Cosa normal ya que era muy madrugadora.
Me vestí y caminé hasta a la cocina, donde siempre acostumbra a esperarme con su taza de café hasta que me levanto. Tampoco estaba, ni siquiera había indicios de que se hubiera preparado el desayuno. Decidí ir al salón a despejar mi cabeza, pensando dónde podría encontrarse. Nada más entrar, empezó a sonar el teléfono.
- Matt -una voz extraña, pero familiar, habló de golpe, seria-, tienen a Alice, y si no colaboras conmigo no podrás ayudarla. ¡Ah! Soy Jack –la seriedad de su tono disminuyó-, el de anoche en el bar.
No respondí nada.
- Supongo que ahora mismo no estás para muchas historias, así que dentro de nada voy a tu piso y hablamos allí si prefieres.
- Ajá… -Me limité a responder y colgó.
No tardó en llegar, aunque aún seguía atónito, pues ¿cómo sabía mi número de teléfono, mi nombre y, sobretodo, donde vivía? Llamó a la puerta dando dos golpes rápidos y otro más lento. Le abrí sin pensarlo dos veces.
Iba solo, vestido igual que anoche, pero esta vez no llevaba el sombrero, supongo que porqué no estaba lloviendo. O quizá porqué estábamos a solas.
Sus ojos eran algo extraños, tenían un color verdoso anaranjado y a la vez algunos tonos rojos. También tenía una marca en la cara, como la de un profundo corte en su mejilla derecha que parecía tener ya sus años, pues estaba bien cicatrizada. Su pelo era castaño, algo largo, pues le tapaba la mitad de la nuca y algo sus orejas. Tras analizarle de arriba a abajo, como creo que él también hizo conmigo, no me ande con rodeos y empecé directamente con mi ronda de preguntas, pues el tipo no me daba demasiada buena espina.
- ¿Cómo has sabido dónde vivo?
- Te estaba siguiendo el rastro desde hace tiempo y ahora tengo una excusa para trabajar contigo.
- ¿Para trabajar conmigo? ¿Qué tipo de trabajo?
Levantó una mano y me la enseñó. Era normal, de piel y huesos, con cinco dedos, como los humanos. Le miré directamente a la cara, expresando con una mueca si me estaba tomando el pelo, pero de repente su mano cambió y se recubrió de escamas, teniendo el aspecto de una garra de  alguna clase de réptil.
Eso hizo que aún me diera más miedo, además de inspirarme menos confianza.
- Supongo que a estas alturas lo sabrás -volvió su tono serio y su mirada se clavó en la mía-, pero por si acaso te refresco la memoria: no todos somos humanos.
- Había oído cosas de gente con poderes y parecido, pero siempre pensé que eran chorradas para los niños…
- No lo son. Y tú, Matt, tampoco estás calificado en el listado como humano.


Bueno, ¿qué os pareció? Para quitaros la intriga, os aviso de que tengo ya alguna continuación escrita (para a quienes les ha gustado). Y si, este relato ya es algo más larguito de los que iba presentando actualmente, ya avisé de que iría variando. ¡Ah! Esto me recuerda a que hace tiempo que no publico ningún sueño/pesadilla, así que si lo recuerdo, la semana que viene (después de lo que os adelanté del porvenir) intentaré colgar alguno~
Así que, como siempre digo, podéis opinar tanto por comentario como por correo electrónico o, simplemente, dar vuestra valoración con un simple clic en las opciones de abajo, aunque sea solamente twittearlo. ¡Y esto es todo (por hoy) amigos! (Lo admito, siempre quise decir esta frase).

   ¡Un cordial saludo y hasta la próxima!