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sábado, 9 de marzo de 2013

Un bar cualquiera - Recordando (II)

¡Buenos días queridos lectores! Es sábado, sigo enfermo, pero creo que ya me he acostumbrado a esto. Ni idea. Pero bueno, no dejemos que esta maldita fiebre me impida publicar relatos y capítulos en el blog. Por lo que, como toca, hoy os cuelgo de buena mañana la continuación del capítulo anterior (os dejo el link por si no lo habéis leído todavía). Además, seguramente use un poquito más Wattpad (que lo tengo algo abandonado, francamente) y cuelgue ahí también la serie semanal (pero claro, solo sería algún que otro fragmento, porque lo que me interesa es el blog, no Wattpad. Sí, pondría el típico "para leer más, dale al siguiente link" o algo por el estilo. Ya veré).
Pero bueno, como he dicho, os dejo con el capítulo que toca y, por último, espero que disfrutéis de la lectura.


La imagen volvió a desaparecer poco a poco, haciéndose pedazos hasta quedarme de nuevo en ese habitáculo blanquecino. Mis mejillas estaban húmedas y sentía un extraño dolor en el pecho. Harry me llamó y ladeé levemente mi cabeza.
-Matt, algunos recuerdos pueden ser dolorosos… Pero no te dejes llevar por las emociones o la cosa se podría poner fea.
-Acabo de ver como ha muerto mi madre –le reproché, todavía sin girarme-. Y como yo tuve en parte la culpa.
-Eras un niño, no podías hacer nada…
-¡Aún así! ¿¡Por qué a mí no me ocurrió nada!?
-Eso es lo que vamos a investigar, Matt. Pero para ello debes calmarte.
Respiré hondo y le indiqué que ya me había calmado. Él asintió con la cabeza y volvimos a mi escuela. Por lo visto creía que ahí debía haber algo que se me escapaba de mi entendimiento.
Harry, con el recuerdo detenido, empezó a observar detenidamente toda la clase. Como si buscara alguna pista, alguna señal. Por mi parte, yo seguía observando a mi yo pasado y, un destello en su mirada, hizo que me entrara la curiosidad, por lo que me acerqué y puse mi mano sobre su mejilla.
-¡Matt, no!
La voz de Harry provino del fondo, pero cuando me giré para observarle el lugar se había vuelto a despedazar y estaba en mi cuerpo de niño otra vez. Solamente que esta vez estaba delante de mi nuevo hogar, en mitad de la mudanza con mi padre.
Esta vez no escuché la voz de Harry en mi cabeza, pero supuse que debía dejar que el recuerdo fluyese con normalidad, como en el accidente. Pero algo extraño sucedía. Yo estaba quieto en la calle, observando a mi padre como cargaba y descargaba las cosas del camión en silencio junto a dos trabajadores de mudanzas, pero todo iba rápido. Muy rápido. Y mi cuerpecito seguía ahí quieto, observando.
Hasta que una mano tocó mi hombro y me giré. Era mi padre que me indicaba que la cena ya estaba servida y que entrara ya, debido a que empezaba a refrescar.
Por lo visto, en unos segundos, había pasado de la mañana a la noche y, al entrar, el piso ya estaba casi completamente amueblado.
Fui a la nueva cocina y me comí la cena precocinada lentamente, mientras mi padre volvía a moverse rápidamente. Pero no sólo él, sino todo alrededor: la noche se iba volviendo más oscura, las noticias del televisor eran apenas entendibles debido a la velocidad en la que hablaban… Pero parecía que a mi yo pasado eso no le importaba. Ni siquiera lo notaba. Miraba todo el rato al frente mientras iba comiendo lentamente de su bandeja.
Y así hasta irse a la cama, que se tumbó boca abajo, mirando al despertador y, lo que uno consideraría los cinco minutos para dormirse, según el reloj fueron casi un par de horas.
Cuando abrí los ojos, al despertarme, volvía a estar en la clase. Me giré, hacia la pizarra, pero Harry ya no estaba. Volví a mirar a mi yo pasado y atrás, pero tampoco estaba ahí.
-¿Matt? –Preguntó una voz a mis espaldas.
-¿Si? –Me giré y pude observar a Harry, solo que tenía algo cambiado y no sabía identificar el que-. ¿Dónde te habías metido?
-Te fui a buscar –su voz era algo más grave, apenas perceptible-, pero no te encontré.
-Entiendo… Pero ¿qué es lo que acaba de suceder?
-¡Ah, nada del otro mundo! Solamente te has metido en otro de tus recuerdos dentro de este recuerdo sin que yo me hubiera podido anexar.
-Ajá…
-Pero creo que he descubierto como arreglar las cosas –dijo, sonriente-, Matt. Y creo que esto te alegrará.
-Enséñamelo, pues.
-Claro. Coge mi mano.
Extendió su brazo y yo le cogí de la mano. Acto seguido volvimos juntos al recuerdo del accidente, pero no volviéndolo a vivir todo de nuevo. Solamente momentos antes de la explosión y, cuando esta tuvo lugar, Harry que parecía estar sentado atrás como podía, me indicó que abrazara a mi madre.
Y así hice, dejando de obedecer la norma que me impuso en un inicio de dejar que las cosas fluyeran, controlé mi cuerpo infantil y abracé a mi madre, quien también me abrazó a mí.
Cuando la cosa pareció calmarse, abrí los ojos y miré de reojo atrás. Harry ya no parecía estar. Luego miré arriba, observando a mi madre que ya había dejado de abrazarme tan fuerte, y vi como la comisura de sus labios formaban una pequeña sonrisa.


Espero que os haya gustado. Creo que pocos os esperaríais esto (ni idea, si os lo esperabais... os aplaudiría, francamente), pero aún así ¿qué os ha parecido? Espero que os guste, además de seguiros dejándoos con la intriga de "¿qué pasará ahora?" para que sigáis leyendo esta pequeña serie. Así que, como siempre, podéis ir diciendo lo que os parece y demás comentando, valorando, opinando, etcétera, etcétera. Y hago un pequeño aviso de que, dentro de pocos capítulos (ya veréis porque), seguramente se modifique un poco el estilo de narración y el narrador, pero no os digo más.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 20 de febrero de 2013

El último (Carta - Final)

¡Buenas tardes queridos lectores! El otro día me pasé por Barcelona a repartir algunos relatos que he publicado por aquí, por lo que no sé si quienes lean esta entrada serán "novicios" en el blog o los de toda la vida. Aún así, me arriesgo dándoos la bienvenida y deseando que os guste lo que encontráis escrito por aquí. Además, he de añadir que se me ha ocurrido una idea a partir de lo que hice el martes, perfeccionada con un amigo dibujante (ya os contaré más adelante si eso, no hay que desvelar el pastel antes de hora), así que, cuando ya lo tenga preparado, intentaré avisaros con algo de antelación (supongo que una semana o por ahí).
Pero bueno, como siempre digo: no me andaré con rodeos (a pesar de que siempre lo haga en el inicio) y os dejaré con el relato de hoy, diciéndoos previamente un par de puntos a tener en cuenta.
En primer lugar, como bien indica el título, lo que se leerá a continuación vendría a representar ser una carta (para los curiosos del anterior relato, ya sabréis cual es), por lo que la he escrito y... ya está. Escrito y punto, sin corrección, sin maquetación, sin nada. Como cuando se escribe una carta a mano, con cierta prisa y lo importante es el contenido y el mensaje, nada más. Segundo, recomendaría leer previamente el anterior relato (El último) antes de leerse este relato. Solo es un consejo, por lo que podéis seguirlo o no. Así que, una vez dicho todo esto, os dejo ya con el escrito.


   Sabía que vendrías, siempre supe que estarías conmigo hasta el fin de los días. Pues, aunque ahora mismo no estés presente físicamente aquí, sé que querrías estarlo y eso me reconforta, dándome la sensación de que tu presencia sigue en este lugar, cuidándome y abrazándome cuando más lo necesito.
   Siento no haber estado yo allí cuando lo necesitabas, lo siento muchísimo. No me di cuenta de mi error hasta que fue demasiado tarde y, para entonces, temí haberlo estropeado tanto que no me decidí a dar paso alguno. A pesar de que tu siguieras siendo igual de persistente, igual de constante, igual de cuidadoso y cariñoso conmigo.
   Y te pido disculpas por todo ello, por mi comportamiento… Pero sé que no querrías que ahora entrase en este tema, sé de más que querrías leer lo que nunca me atreví a decirte y… temo no poder llegar a decírtelo nunca, y es por ello que escribo esta carta, es por ello que intento expresarme como puedo mediante este lápiz y este papel, en el cual escribo todo lo que me viene a la cabeza estos momentos.
   Es por eso que no puedo parar de pensar en pedirte disculpas, pero que sé firmemente que eso sería lo último que querrías leer ahora: una carta de despedida en una disculpa.
   Pero por alguna razón, no puedo escribir estas palabras que tanto ansías, a pesar de que en mi pecho arda una llama, agrandándose según pasan los días y no recibo noticias alguna sobre ti. Ni siquiera una respuesta por mensaje… Pero supuse que no funcionaría tu teléfono, por lo que dejé el mío bloqueado con el último mensaje que te mandé, para que lo leyeras cuando llegaras.
   Pues aquí no había pasado nada hasta un par de días atrás, con otra de esas extrañas ondas en el oscuro firmamento. Pero lo ignoramos y no tardó en llegar la catástrofe. Y ahora, con miedo por lo que pueda decidir, te escribo esta misma noche. La misma noche en la que esa extraña cosa surcó el cielo.
   Te escribo para decirte lo que he tenido miedo a decirte todo este tiempo, a pesar de todo lo que hemos pasado y vivido juntos. Te escribo para decirte, de una manera clara, lo mucho que te necesito a mi lado. El miedo que recorre mi cuerpo y, aunque te imagine conmigo, no pueda vencerlo si no eres tú quien me abraza realmente. Te escribo porque eres una pieza fundamental en mi vida. Eres esa pieza que yo he rechazado sin saber lo que hacía realmente. Eres la pieza clave. La pieza final y más importante.
   Pero a pesar de todo lo que escribo, de todo lo que te digo, sigo sin poder escribir lo que siento dentro de mí. Quizá por no obtener respuesta el día que te lo dije. Quizá por miedo a no volver a obtener respuesta. Y es por eso que como he dicho lo podrás encontrar en el teléfono móvil.
   Hasta pronto, ansío verdaderamente encontrarme entre tus brazos y sentir tu calor.

   Leyó la carta en voz baja, para él mismo mientras unas pequeñas lágrimas humedecían sus mejillas. Nada más acabar de leerla, miró de reojo el cuerpo inerte de la joven y encendió el teléfono, lo desbloqueó y leyó el mensaje.
  Sin poder aguantar más, abrazó a la muchacha con fuerza, pero intentando no apretar demasiado para no dañarla y lloró en un silencioso pero profundo llanto mientras el móvil se resbalaba de su mano, cayendo al suelo, al ladearse, dejando únicamente en su brillante pantalla el mensaje que le había enviado. “Te quiero”.


¿Qué os ha parecido? Este relato (incluyendo el final, ya que estaba puesto quise mantener el estilo de la carta) está escrito sin revisar para nada (a excepción de una lectura previa antes de publicarlo en el blog, claro está). Así que espero que os haya gustado y, si es así, ya sabéis que podéis compartirlo, opinar, comentar, etc... aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 14 de diciembre de 2012

Un bar cualquiera - Azul marino

¡Buenas noches estimados lectores! Sé que es un pelín tarde, pero es que hoy he tenido que hacer un examen aquí en casa (sí, sé que es un chollo, pero no era precisamente fácil). Pero dicen que lo bueno se hace esperar (ego por doquier), así que ahora os colgaré el capítulo que toca. Además de que supongo que ya habréis visto la nueva sección, la portada de la serie (espero que os guste) y el gadget en la barra lateral derecha para ir directamente a la sección correspondiente (por si os encontráis leyendo un capítulo que lleguéis antes al listado que ir subiendo y bajando). Aunque también he pesado en añadir links en cada entrad que ponga "Capítulo siguiente" - "Capítulo anterior". Pero bueno, ya veré.
Así que no os haré esperar mucho más de lo que ya habéis esperado y os dejo el capítulo titulado "Azul marino". Espero que lo disfrutéis.


Los latidos de mi corazón iban acelerados, al igual que mi respiración, que incitaba a mi boca coger todo el aire posible y soltarlo rápido continuamente, como si me estuviera ahogando.
Mis ojos, abiertos como platos, se deslizaron hacía arriba de esa gentil sonrisa, buscando la mirada del tipo que tenía frente a mí.
-Tranquilo –dijo con un tono suave-. Lo que  te está sucediendo es normal. Aún no te has acostumbrado. Sería raro que lo estuvieras.
Su melodiosa voz entraba fácilmente en mis oídos, pero no lograban calmarme. Ni mucho menos después de haberlo visto morir delante de mí a quien ahora tenía enfrente. Es más, lo había matado yo mismo. No entendía nada y, eso, hacía que mi inquietud creciera, juntamente a mi nerviosismo y sensación de ahogo.
Puso una mano sobre mi cabeza y cerró sus ojos. Yo abrí todavía más los míos, al mismo tiempo que intentaba coger más aire con la boca. Pero parecía que el aire no quisiera entrar, así que mis ojos se deslizaban de una punta a otra, buscando algún lugar sin saber bien que pretendía encontrar.
Intenté levantarme, pero mi cuerpo parecía estar completamente congelado y, el hombre de delante, tampoco se movía.
En cuando noté que se me escapaba el poco aire que me quedaba todo volvió a la normalidad. Por lo visto solo había pasado un segundo.
-Creo haber descubierto algo importante, Jack.
-¿Importante para qué? –Logré gesticular al haber cogido de nuevo aire, cosa que consiguió tranquilizarme lo suficiente como para aventurarme a preguntar.
-Para todos.
Una puerta secundaria dentro de la estancia se abrió al cabo de un rato, cuando ya había logrado serenarme y el tipo se me había presentado con el nombre de James. Por ella entró Jack, que miró directamente al canoso sin reparar en mí, para preguntarle sobre el qué. Él simplemente le respondió que debíamos hablarlo los tres, en una mesa tranquilamente. Por lo que se levantó y salió por la puerta, dejándome a solas con Jack durante unos instantes antes de echarme una ojeada e irse por la puerta que había entrado.
Me quedé ahí quieto, esperando alguna indicación y, al poco rato, se abrió la puerta. Pensé en Harry, pero resultó ser Jack que asomaba la cabeza preguntándome si pensaba venir.
Afirmé con la cabeza lentamente y me levanté para salir de allí y entrar en otro habitáculo, el cual era más pequeño y tenía una mesa metálica parecida a las de oficina con cuatro sillas del mismo material y estilo. Me senté delante de James, estando en diagonal con Jack.
-Sé que estarás confundido por lo ocurrido antes. Tu sueño y el recuerdo dentro de ese sueño.
-¿Así que fue todo un sueño…?
-Sí. Podría decirse.
-¿A qué te refieres exactamente?
-No fue del todo un sueño. La parte del recuerdo se podría decir que sí, ya que eso fue algo personal tuyo. Aunque el resto ya no.
-¿Así que has indagado en mis recuerdos, James?
-Eso es lo de menos.
Mantuve la serenidad, callándome a pesar de que me hubiera provocado de nuevo la rabia que había sentido hacía él en ese supuesto sueño.
-Lo importante son las reacciones –soltó Jack-, Matt. No lo vivido.
-Tsk. Sigue.
-Bien. Todo sucedió dentro de tu cabeza, provocado por mi don.
-¿Así que me diste el lujo de reventarte la cabeza?
-En parte sí, en parte no. Yo cree la escena, luego se desarrolló según los acontecimientos. Pero lo más importante es que te dejaste guiar por unos instintos incorrectos.
-No pretendemos ser tus enemigos, Matt.
-Continúa.
Carraspeó un momento.
-Seguramente las cosas hubieran cambiado bastante en una situación real, pero quise hacer el lugar lo más “manso” posible. Pero no me andaré con rodeos; quería averiguar cómo te comportarías en determinadas situaciones. Es decir, intentaba manifestar tu don, pero me ha resultado imposible. ¿El por qué? Ni idea. Quizá el listado sea erróneo a pesar de que Jack defienda que no, pero sea lo que sea, no está a mi alcance psíquico por el momento. Eso sí, procura controlar un poco más tu genio.
-Descuida. ¿Y ahora qué?
-Si dejaras tu defensiva apartada por un tiempo quizá podríamos hablar con mayor normalidad.
Guardé silencio un largo rato, pero al final recapacité, ya que estando en la situación que me encontraba, lo más estúpido que podía hacer era lograr su enemistad. Además, por ahora no habían hecho nada con mala fe. Jack defendía su ideal en ese supuesto listado y James era algo huraño por naturaleza. Aunque aún desconocía mucho sobre el joven que nos recibió, sin olvidar otro hecho.
-Harry… ¿Era real?


Bueno, bueno, bueno, lo dejo aquí por el momento. Espero que os haya gustado y siento el retraso (además, la entrada la quería subir a las 0h, pero con los últimos retoques del capítulo, la intro, el final, etiquetas y demás... se me ha alargado. Lo siento.) Aún así ya sabéis que podéis opinar y demás, sin olvidar de que compartirlo y votar el blog nunca viene mal. Pero me despido ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 7 de diciembre de 2012

Un bar cualquiera - Descontrol

¡Buenos días estimados lectores! ¿Qué tal todo en este puente? Siento no haber subido nada ni el miércoles ni el jueves, despiste y que un servidor en un pequeño momento quería tomarse algún respiro. Pero os prometo que el material que os traigo para este nuevo capítulo no os defraudará.
También quería decir, que en parte estoy ayudando a un amigo con su historia y blog (acaba de empezar en este mundillo y claro, necesita una mano, por lo que eso me ocupa tiempo). Ya os pasaré su blog (que es todo una historia continua) en el que le ayudo un poco con las ideas y la estructura del texto cuando ya tenga algo más avanzada la historia.
Pero no nos vayamos por las ramas, el capítulo que hoy os traigo continua con las acciones de Matt. ¿Qué hará después de haber matado al tipo que tanta rabia le hacía? ¿Cómo actuará delante de Jack? ¡Todo esto lo descubriréis en este capítulo!


Mis manos temblaban, al igual que todo mi cuerpo. Jack tenía razón, ¿cómo podía haber hecho tal cosa? Pero lo hecho, hecho estaba.
Otra extraña sensación recorrió mi cuerpo. Seguía con el miedo y el temblor, pero el haber acabado con ese tipo, una sensación de poder también floreció en mi cuerpo.
Sabía que no debía descuidarme de las rarezas de Jack, ya que solo vi la garra que poseía. Pero a pesar de ello una pequeña sonrisa se formó en mi rostro.
-¿Qué estás pensado, Matt?
-Oh, no tengas miedo…
-Matt, mantén la calma. El asunto se te ha ido de las manos.
Quizá tuviera razón y debía calmarme, pero una voz interior me decía que debía acabar con lo que había empezado. Además, Harry seguía allí observando, sin decir nada. A lo mejor tenía su consentimiento. A lo mejor él también quería esto.
Sin dudarlo caminé lentamente hasta Jack. Él se levantó.
-Detente –me decía.
-¿O sino qué? –le respondía.
-Matt, este no eres tú.
Cuando estuvimos lo suficientemente cerca vi como sus dos manos se habían transformado en garras. ¿Se sentía amenazado? ¿Quería atacarme a traición? La rabia acabó por tomar el control y le asesté un puñetazo. El puñetazo que Richard nunca llegó a darle.
Iba a devolverme el golpe con un arañazo directo de sus garras a mi pecho, pero con un pequeño salto atrás lo esquivé, viendo como su lenta mano fallaba y acto seguido alzaba la vista, mirándome sorprendido.
En parte también me sorprendí yo por mi rapidez y la lentitud de Jack después de haber visto su actuación el primer día en mi bar. Pero no desaprovecharía la ocasión.
Velozmente lo cogí del pescuezo y lo empotré contra la pared, para asestarle unos cuantos puñetazos y rodillazos mientras de reojo observaba a Harry mirándonos con indiferencia.
Hice mal por mi parte, porqué me distraje y Jack casi me desgarra la cara, haciéndome una fea marca en el rostro de la cual no paraba de salir sangre. Eso me enfureció más y empecé a ahogarle mientras una tercera sensación recorría mi cuerpo, como si viera lo que sucedía desde tercera persona. Desde los ojos de Harry.
Y mi cuerpo, tras acabar con su víctima, iba hacía él descontrolado. Hacia mí. Para asestarle un fuerte cabezazo y dejarlo inconsciente. Dejándome a mí también.

Acto seguido desperté, levantando la cabeza de golpe y mirando a todos lados. Seguía en la sala de antes, sentado en la silla delante del tipo de ojos azules.
Lo miré, extrañado y desorientado por lo sucedido, pero él sonrió amablemente. Cosa que me confundió todavía más. ¿Qué diablos acababa de suceder?


Espero que os haya gustado. Y el enigma sigue ahí, incluso Matt lo dice claramente: ¿qué acaba de suceder? ¿Era un sueño? ¿No lo era? ¿Harry es real? Todas estas preguntas y más las descubriréis la semana que viene en el capítulo correspondiente. Pero mientras tanto podéis compartirlo con vuestras amistades, votar el blog o indicar que os parece el escrito.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 3 de diciembre de 2012

Camino al infierno - Parte II

¡Buenas noches queridos lectores! Sé que es algo tarde ya, pero dicen que lo bueno se hace esperar... A ver si consideráis que es verdad.
Hoy, o más bien esta noche, os traigo la continuación y final del relato "Camino al infierno" con la segunda parte. Espero que no os defrauden los acontecimientos. Las imágenes de mi imaginación no lo hicieron, espero poderlas expresar para que a vosotros tampoco.
Informando sobre mi estado, ya me encuentro muchísimo mejor, aunque el moqueo siga siendo persistente, pero se puede llevar sin problemas. Además de que sigo mirando el HTML para intentar corregir lo de las reacciones (aunque ya sabéis que la oculta es "melancólico") y he puesto un complemento más en la barra lateral derecha donde, con un único clic, votaríais el blog dentro de una web de blogs españoles.
Pero es tarde y tampoco son horas, así que os dejo ya con la continuación y conclusión del relato. Espero que os guste.


  Ya habían cruzado dos largos y silenciosos pasillos y no había ni rastro de esas bestias, exceptuando los cadáveres esqueléticos de los que habían habitado la colonia. Número nueve era silencioso, cosa que en un principio agradeció Kilian, aunque a la larga lo era demasiado y, eso, también le ponía de los nervios. Llevaba días incomunicado y suponía que él también, ¿entonces por qué no entablaba conversación? Bufó y pisó una calavera, rompiéndola en mil pedazos.
   -Este lugar parece interminable –empezó Kilian.
   -Según el mapa solo quedan unos pocos metros más para llegar a la próxima sala.
   -Me alegro. ¿Recuerdas el plan?
   -Perfectamente.
  -Así me gusta. En caso de que aparezcan de golpe –narró de nuevo-, tú te pones al frente disparando y yo en la retaguardia encargándome de los que sobrevivan a los disparos.
   -Te dije que lo recuerdo.
   Calló, por no decirle más de una cosa ofensiva, y giró a la derecha, yendo al último pasillo.
   Según se acercaban un creciente olor a azufre y podredumbre impregnaba el lugar, obligando a número dos que cogiera alguna pieza de ropa de algún cadáver para usarla de pañuelo.
   Debido a que el pasillo se iba oscureciendo, solo tuvieron como iluminación la luz verdosa del casco de número nueve y la espada láser. Aunque al final del pasillo se divisaba una luz anaranjada, como las de emergencias.
   Poco a poco, con calma, fueron avanzando. Sin darle importancia a los sonidos de los goteos de tuberías rotas ni a los chasquidos de los huesos y piedras que pisaban.
  Una vez cruzado el portal observaron la inmensa sala que se encontraba a sus pies, pues estaban situados en un pequeño balcón con un puente metálico que iba al otro lado. El recinto debía ser una zona de excavación, ya que se encontraban diversos instrumentos para esa función. Observando con más detenimiento, número nueve señaló un montón de cuerpos apilados debajo del puente, entre sus cimientos, cercanos a un gran hoyo que se encontraba al lado de uno de los pilares centrales.
   De tanto en tanto, algún que otro engendro salía del agujero, cogía uno de los cadáveres y se lo cargaba a la espalda para meterlo en la cueva. Kilian trazó un nuevo plan: iban a volar la madriguera de esos bichos.
  Cruzaron lentamente el puente pero un paso demasiado pesado de número nueve resonó por todo el lugar gracias al eco. Las criaturas que había en el suelo no tardaron en alzar sus cabezas y mirar hacía su posición.
   -Mierda…
   -Disculpa el tropiezo, no volverá a ocurrir.
   -¡Claro que no, estúpido! ¡Corre hacía aquí y vamos a acabar ya con esto!
   Número dos echó a correr, seguido por número nueve, que era algo más lento. Las bestias empezaron también a correr, hacía ellos. Trepaban las columnas más cercanas, clavando sus garras con ansias, y ascendían rápidamente. A número nueve no le dio tiempo a llegar al pilar del agujero. Se le habían echado encima.
  Kilian maldijo a lo bajini y dudó en si ir o no, pero luego recapacitó: él le había salvado el pellejo antes y, además, tenía las municiones. Así que, nada más pensarlo, corrió hacía allí disparando hasta agotar la munición, causando algunas bajas entre esos animalejos y que otros se centraran en él. Sin dudarlo, cogió un par de dagas de su cinturón y las arrojó a las cabezas de dos que se aproximaban, matándolos en un rápido y letal golpe.
   Estando a punto de llegar uno se lanzó hacía él, pero Kilian tenía buenos reflejos y, gracias a eso, activó la espada láser y lo decapitó. Luego fue matando y quitando de encima de número nueve el resto. Su compañero apenas se movía y tenía diversos arañazos por todo su cuerpo, haciendo que sangrara, aunque levemente. Su armadura le habría salvado la vida, pero había perdido la mitad del brazo izquierdo.
  Le extrañó que no sangrara y revisó el brazo aprovechando que las pocas criaturas que quedaban se habían dirigido al agujero, aunque sabía que eso solo significaba que en breve llegarían más. Al analizarlo vio que el brazo era robótico, así que decidió hacer un escáner completo del cuerpo de número nueve, utilizando un dispositivo que le hacía una silueta del cuerpo por debajo de la armadura.
   Por lo visto número nueve era un ciborg, teniendo casi todo el cuerpo robotizado. Solo le quedaba la mitad derecha de la cabeza y el torso como partes humanas, además de los huesos de ambas piernas, que estaban robotizadas a modo de mejora. Desgraciadamente la mitad humana de su cabeza parecía tener una fractura, haciendo que se mostrara inactiva en el escáner. Su parte humana había muerto, pero no por este ataque, sino desde hacía tiempo. Días, quizá. Por lo visto, lo único vivo que quedaba en su cuerpo era la parte robótica que contenía algunos conocimientos de su parte humana para hacerlo más aceptable entre la especie. Aún así, era muy objetivo y centrado en las cosas pues, al fin y al cabo, era una máquina que emulaba ser un hombre pero solo era eso: una máquina.
   Tras el análisis, al escuchar un gruñido proveniente de la gruta, dio un golpe fuerte al pecho de número nueve, reactivando el reactor que tenía como corazón y haciendo que se levantara de golpe.
   -Ya sé tú secreto, número nueve. Pero tranquilo, eso me ha dado una nueva idea.
   -Entiendo. ¿Cuál es el nuevo plan, número dos? Es decir, Kilian.
   Esta vez no le reprochó lo del nombre, sabía perfectamente que su cerebro vivo a base de chips hacía todo lo posible por parecer humano. Eso provocó una pequeña sonrisa triste en el rostro de Kilia, apiadándose de la condición de número nueve.
   Le indicó que se levantara y que fuera al frente, que los animales esos volverían donde había caído, así que él se quedaría más atrás para ir matándolos en caso de que avanzaran. Número nueve debía ir al pilar central y montar allí un soporte metálico con los materiales y suministros que le quedaban para que aguantara su peso.
   Así que volvieron a correr de nuevo hacía la posición del primer plan. El robot sin mirar atrás y el humano observando como las bestias surgían del hoyo para trepar e ir donde antes habían estado. Cuando llegaron y no vieron nada empezaron a rastrearles, encontrándoles finalmente y corriendo a cuatro patas hacia ellos. Kilian los esperaba y había dejado un par de minas por el camino, haciendo que explotaran en mil pedazos sin que el puente apenas se dañara. Aunque solo logró liquidar a un par.
  Cuando le quedaban unos pocos metros para alcanzar a número nueve, quien ya estaba montando el soporte a base de fundir armas pesadas que ya no tenían munición con un pequeño lanzallamas, uno de los bichos más enormes saltó encima de Kilian, tirándolo al suelo.
   Número nueve le miró por un momento, pero tenía la función de acabar el soporte y, como buen semirobot, lo primordial era finalizar su obligación. Kilian rápidamente atravesó la cabeza del atacante con la espada, antes de que ese le arrancara la suya de un desgarro, y se puso en pie de nuevo para llegar hasta su compañero.
   Una vez allí, cogió la cuerda metálica de su cinturón y se ató al soporte, para luego con el resto, atar al robot. El plan era descenderlo a una altura segura de las bestias y que soltara todos los explosivos, sellando la gruta que no debió excavarse jamás, para luego volver a subirle. El poste era para ayudarle a aguantar el peso, además de que así podría ir matando a los que se acercaran.
   Número nueve empezó a descender lentamente, lo suficiente lejos de la columna como para que no le cogieran. Mientras, número dos cargaba las últimas municiones de sus armas según disparaba a los que se acercaban.
  Cuando el autómata llevaba la mitad del descenso la munición se acabó, obligando que el humano luchara cuerpo a cuerpo, atravesando, cortando y degollando a todos los que se le acercaban y manchando todo de su azulada sangre. Aunque cada vez eran más en número y tamaño, además de la cantidad que salía del túnel.
  Número nueve iba mirando de arriba para abajo, observando a Kilian luchar con los seres que emanaban en mayor cantidad del agujero y como perdía terreno. Acercándose más al borde. Sus pensamientos humanos parecieron resurgir momentáneamente de entre todos los datos y no dudaron.
   -Adiós –dijo-. Kilian.
  -¿Qué…? –Miró hacia abajo después de matar a otro engendro-. ¿¡Qué haces!? ¡No! ¡Detente!
  Número nueve había sacado una pequeña daga y cortaba el cable que les unía. No tardó demasiado en lograr su objetivo y caer al vacío mientras se quitaba el casco, sonriéndole y poniendo su mano derecha en el pecho, donde se abrió una ranura para introducir sus dedos y girarla. Poco después las ranuras empezaron a brillar de color verde esmeralda y, en unos segundos, cuando su cuerpo entró por completo en el agujero, haciendo que muchas criaturas fueran a por la presa, un brillo cegador emergió del túnel, haciendo que el resto de criaturas ignoraran a Kilian y fueran allí.
   Una vez entraron todas se escuchó una ensordecedora explosión y la gruta quedó sellada por siempre. Con número nueve dentro, quien se había sacrificado sobrecargando su reactor nuclear para usarse él mismo como detonante.


Espero que os haya gustado y cumpla con vuestras expectativas. Si queréis saber que pasó con Kilian, lo añadiré en la presentación de la entrada del próximo fin de semana. Pero bueno, ya sabéis que tenéis diversas opciones al final de cada entrada, además de ahora poder votar el blog. Así que nos vemos.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 30 de noviembre de 2012

Un bar cualquiera - Explosión

Buenos días queridos lectores. Hoy me encuentro mejor, pero los días anteriores (martes a jueves) si que estuve para el arrastre, francamente. Espero recuperarme por completo este fin de semana, pero tranquilos, si nada va mal os subiré la continuación y desenlace del pasado relato (Camino al infierno).
También me preguntaba qué os parecía el hecho de que pusiera a veces algunas de las canciones que me da por ir escuchando y, a veces, para inspirar alguna parte de algún relato y demás o, simplemente, para hacer más fluida la lectura de los textos. Pero bueno, si no llegan opiniones al respecto seguiré como ahora: haciéndolo de tanto en tanto, sin abusar tampoco. Aunque he pesado en añadir al blog alguna lista de soundtracks que pegarían o quedarían bien con algún relato. Pero eso ya se vería más adelante.
Pero no me alargaré más, que no estamos para ello; ni yo por como me encuentro ni vosotros después de haber retraso con la entrega (que francamente he pensado en hacer algún dibujito cuando tenga tiempo para ponerlo en caso de que vuelva a ocurrir, pero de momento hay demasiadas cosas por hacer).
Así que bien, os dejo aquí la continuación de la última parte de Un bar cualquiera. Disfrutadla.


La luz de la habitación conjunta me cegó por unos instantes, pero mi vista se adaptó fácilmente y clavé la mirada hacía el lugar de donde percibía que me observaban. No fallé, allí estaba el desconocido de pelo canoso observándome de nuevo. Aunque esta vez su mirada no logró bajar mi guardia. Y, al devolverme la mirada, sonrió como si se hubiera dado cuenta de ello.
Lentamente giré la cabeza hacía la izquierda, ya que el tipo estaba sentado frente a una mesa, y en el otro lado se encontraba Jack invitándome a acercarme y tomar su asiento. Sin dudar ni un instante fui hacía allí y me senté donde me indicaba mientras él se sentaba delante de mí, al lado del otro. Solo nos separaba una pequeña y algo estrecha mesa metálica.
-Querrás respuestas –se aventuró Jack.
-Sí.
-Normal, después de todo…
-Me has dicho que me darías respuestas.
-No te sulfures –dijo el peligris-, Storm.
Le dediqué una mirada de reojo y sonrió de nuevo, como si se burlara de mí al no descubrir lo que me ocultaba.
-Tiene razón –Jack reclamó de nuevo mi atención-, deberías tomarte las cosas con más calma. Y más en estas situaciones.
-¿Qué situaciones? Hasta el momento has matado a uno en mi bar,…
-Eso es lo que tú crees… -murmuró a lo bajini, apenas perceptible, por lo que casi no escuché lo que decía y seguí hablando.
-…mi querida Alice ha desaparecido aunque decís que sabéis donde está, habéis dicho también que no soy humano y de momento sólo tú, Jack, pareces no serlo y, finalmente, me habéis dejado KO a saber por cuánto tiempo.
-Shh…
-¿¡Cómo que “shh”!?
Me levanté de inmediato, tirando la silla atrás y haciendo que cayera por el suelo, mientras daba un fuerte golpe con las manos sobre la mesa. Mis ojos estaban fijos en el extraño, aunque en el fondo todos lo eran.
Al fondo, aún en la puerta por la que había llegado allí, estaba Harry, observando toda la situación sin decir nada. Como si analizara todo lo que se iba sucediendo. Como si fuera un simple juego.
-Siéntate y relájate.
Las palabras de ese hombre me hartaban cada vez más. Aunque parecía haber una lucha interna en mi cabeza como si en parte quisiera hacer caso a sus órdenes, pero por otra quisiera asestarle un puñetazo y descargar toda la ira. Seguramente sería una disputa entre lo que era lo correcto y el instinto, así que al final decidí decantarme por lo correcto y me giré para recoger la silla.
Al agacharme vi como sonreía, con su característica sonrisa pícara de medio lado. Una sonrisa triunfante. Eso colmó el vaso.
Cogí la silla tranquilamente y, cuando la tenía alzada, se la lancé directamente a la cabeza de ese tipo.
Una extraña sensación invadió mi cuerpo, pero fue leve. Como si me hubiera pasado un escalofrío en el que solo había ocupado uno de mis parpadeos. Un parpadeo en el que formé una pequeña sonrisa al ver como la silla iba disparada hacía mi objetivo y, el proyectil que había lanzado, acertaba de lleno. Incluso me pareció verlo en cámara lenta debido a la euforia del momento.
Pero, cuando la silla metálica chocó contra su cabeza, aplastándola contra la pared y manchando todo de sangre, incluso en parte a Jack, el miedo empezó a apoderarse de mí.
Miré a los ojos de Jack, pero estos solo me transmitían un mensaje: ¿cómo se me había ocurrido hacer tal salvajez?


¿Qué tal? ¿Os gustó? Espero que si y, vale, siendo franco.. ¡me encanta dejaros con la miel en la boca! Prometo no hacerlo... siempre, pero alguna que otra vez más si. Ahí está la gracia del escritor: que deje con ganas de más al lector. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar, votar, compartir, enviar y muchas cosas más. Nos vemos en uno o dos días si todo va bien.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

jueves, 8 de noviembre de 2012

Un bar cualquiera - ¿Respuestas?

¡Buenas tardes estimados lectores! Como os dije, hoy os cuelgo la continuación de Un bar cualquiera ya que resultó ser el relato victorioso en la encuesta (3-1). Anda que... Podríais ser un poquitín más participativos, que la literatura no muerde. Al menos no más allá de la imaginación.
Pero antes, quería avisar de que seguramente las entradas las subiré por la tarde debido a que, básicamente, me es más cómodo y fácil subirlas. Además de que me da algo más de tiempo para echar un último repaso a los escritos antes de subirlos, aunque claro, los que ya tenía escritos de antes, suelo dejar un poco la esencia del momento. Al menos eso intento. Y este es el caso de este capítulo de la nueva serie semanal, que ya lo tenía escrito (como algunas continuaciones de Un día más en la rutina), por lo que seguramente se notará un poco la diferencia cuando sea un relato recién escrito a uno guardado de antaño.
Bueno, no me enrollo más. Esta vez, el relato no es tan "movidito", es más bien pausado, aunque espero que eso no sea motivo para que os deje de gustar. Además de que se presentaran a un par de personajes nuevos, pero no os adelantaré más cosas; leedlo mejor vosotros.
Y, dicho esto, aquí tenéis el relato:

Las palabras de Jack me habían desconcertado, confundiéndome y poniéndome nervioso por ello. ¿Cómo podía ser yo uno de esos mutantes cuando nunca había mostrado ninguna anomalía? Ni siquiera en las muchas visitas al médico u hospital. Lo que decía no podía ser verdad, me estaría mintiendo o se lo estaría inventando. No había otra explicación.
-Matt, sé que quizá no entiendas lo que está pasando -su voz estaba calmada-, pero debes confiar en mí -su mano volvió a la normalidad-. Te iré contando por el camino.
Al escuchar su voz mi mente encontró una respuesta a todos los interrogantes que surgían en ella. Él. Debía aceptar acompañarlo o apartarlo completamente de mí, pero sabía perfectamente que si escogía una cosa eliminaría por completo la segunda opción. No dudé y le respondí, rápidamente, sin pensarlo dos veces.
-Quiero saberlo todo.
Torció sus labios, a muestra de sonrisa, y se dio la vuelta para abrir la puerta y salir por esta. Tomé esa sonrisa como una señal para que le siguiera, así que lo hice tras coger mi chaqueta de cuero marrón y ponérmela, además de coger las llaves del piso para cerrar la puerta. Cuando me giré para seguirlo ya estaba bajando las escaleras, a punto de llegar al vestíbulo.
A pesar de rozar los treintaicuatro años siempre he sido bastante perezoso cosa que hace que, a pesar de estar en un tercer piso, use el ascensor para subir y bajar cuando seguramente cualquier otra persona de mi edad hubiera podido alcanzarlo con un par de saltos. Así que, mientras él acababa de llegar abajo, yo fui hacia el ascensor, pulse el botón, esperé a que llegara dando golpecitos con el pie. Al llegar subí nada más abrirse las puertas y estuve esperando, tras pulsar la letra correspondiente, a que bajara al vestíbulo. Como en las películas, en este ascensor sonaba una musiquita de espera mientras funcionaba. El ding del ascensor indicó su llegada y se abrieron las puertas. Nada más salir me dirigí a la puerta de entrada.
Jack estaba fuera, en un deportivo. Me miraba fijamente, serio, esperando a que subiera. Con toda la calma me dirigí al vehículo, abrí la puerta del copiloto y me senté.
-Has tardado -se limitó a decirme con tono molesto.
No respondí a su clara afirmación, así que prosiguió.
-Lo prometido es deuda. Te contaré lo que ocurre y cual es el problema en el que necesito de tu colaboración -se crujió los dedos, mientras estiraba los brazos adelante, y puso el coche en marcha-. El caso es que no se conoce claramente tu mutación, pero no debe ser demasiado significativa, la habríamos notado mucho antes. Aún así ha sido mejor que lo notáramos nosotros a que hubieras sido tu mismo o cualquier… otro -aceleró el automóvil-. Por lo que no tienes debes preocuparte de nada. Alice ha desaparecido si, pero es mejor por el momento ya que…
-¿¡Cómo puede ser mejor que mi mujer haya desaparecido!? -Le interrumpí echándole eso en cara, pues ya me había callado suficiente con preguntas que seguramente me fuera a responder más adelante. Aceleró.
-No te sulfures –dijo con una calma odiosa-. Todo a su tiempo. Déjame terminar –suspiró-. Que haya desaparecido garantizará que no nos interrumpa, además de que sabemos su posición y, antes de que digas nada, por ahora no podemos llegar hasta ella –respiró hondo-. Siguiendo con el tema principal, te llevaré a un lugar donde conocerás a unos cuantos más del equipo. Intenta ser paciente.
El coche frenó de golpe. Habíamos llegado muchísimo más rápido de lo que imaginaba. Jack salió del coche y yo le seguí. Puso el seguro pulsando un botoncito de las llaves y se dirigió hacia un callejón al comprobar que iba hacía él.
Después de caminar un buen trazo, bajó por unas pequeñas escaleras que parecían dar al sótano del bloque de pisos del lado izquierdo. Al llegar a una puerta tachonada con algunas tablas de madera dio tres golpes en estas. Estaba a punto de reprocharle el hecho de que allí no había nadie, pero la puerta se abrió hacia dentro. Por lo visto habían recortado los tablones clavados, tras ser colocados, a la medida justa de la puerta para que pudiera abrirse con normalidad.
Dentro reinaba  la oscuridad, aunque al poco rato una bombilla de techo, con su respectiva cuerdecilla, se encendió, dejándonos así ver al tipo que había justo delante de mí.
-Oh, parece que has traído una nueva amistad la cual supondré que es de merecer nuestra confianza, pues ha sido conducido aquí por un viejo conocido. ¿Me equivoco?
-No, no te equivocas.
-Bien -hizo una sonrisa gentil y abrió la puerta de detrás suyo para dejarnos pasar.
El chico parecía rondar por los veinte y pocos, aunque iba vestido de manera muy formal, al igual que sus maneras. Incluso su peinado era de ese estilo. El traje, por lo que pude ver con esa poca luz, debía ser caro, pues en las tiendas convencionales nunca había visto trajes parecidos a esos. Incluso parecía que fuera de otra época, rondando el siglo diecinueve.
Pasé tras de Jack y el joven desconocido detrás mío. El sótano, que antes me había parecido una jaula para pájaros, se ampliaba muchísimo más tras esa segunda puerta, además de que estaba mucho mejor iluminado. Disponía de unos pocos fluorescentes colocados estratégicamente para iluminar solamente las partes que parecían más útiles, como las pocas mesas y sillas que había por allí.
La mayoría de las paredes estaban cubiertas por archivadores y habían un par de ordenadores encendidos en las mesas del fondo, pero estos solo disponían de la iluminación azulada de sus pantallas. Para ser un simple sótano con un par de cosas sencillas me pareció que el espacio estaba bien aprovechado.
-¿Para qué tantos archivadores? -Pregunté intrigado.
-Ah, no tienen nada de especial: papeles, folletos, algún que otro mapa… Nada del otro mundo -respondió Jack como si le aburriera el tema y se dirigió a la cafetera que había en una mesita. Se sirvió un café y luego fue a la mesa metálica más apartada del lugar, justamente a la otra punta de los ordenadores-. ¿Más preguntas?
-No, creo que no…
-Bien -habló un tipo alto, con el pelo despeinado de color grisáceo y barba de un par de días mal afeitada. Me miró de arriba abajo y se sentó al lado de Jack. Sus ojos tenían un color azul mar, el cual daba una agradable calma y serenidad.
A pesar de su aspecto, el agradable sosiego que producía el color de sus ojos daba la impresión de que se pudiera confiar en él; no daba señal alguna de peligro o motivo para molestarse. Al contrario, daba una sensación de confianza.
-¿Quién es? -Preguntó a Jack sosteniendo todavía su mirada en la mía.
-Matt, se llama Matt Storm. Él también tiene… cualidades.
-Entiendo… -esbozó una pequeña sonrisa, apenas visible-. Y bien, Matt Storm, ¿sabes tus cualidades?
Antes de poder responder a la pregunta sentí un pequeño mareo que, aunque duró poco, provocó que casi fuera de narices al suelo si no me hubiera sujetado a una mesa.
-Por lo visto no las sabe y, si es que tiene, deben estar bien escondidas –se auto respondió-. ¿Estás seguro de que este sirve?
Jack me echó una mirada antes de responder.
-No tengo ninguna duda.
 -Bien.
Se levantó, vino a mi lado y me miro fijamente. Su acción me inquietó pero fue solo un momento, ya que esa sensación de nervios fue sustituida por una agradable y suave calma que hacia descansar cada rincón de mi, antes tenso, cuerpo. Tras eso me indicó que lo acompañara. Y eso hice, sin saber muy bien el porqué, pero lo hice.
Pude observar de reojo como Jack asentía con la cabeza de manera confirmatoria a lo que estaba haciendo. Tras eso volví la mirada al frente y ese tipo me abrió una puerta metálica que había entre dos archivadores, marcándome que pasara primero.
La estancia era pequeña y estaba iluminada con un solo fluorescente algo fundido, haciendo que estuviéramos casi a oscuras. Me señaló la silla de la pared del fondo y me senté ahí. Minutos después de que el tipo cerrara la puerta, cogiera una silla de plástico para ponerla enfrente de la mía de metal y se sentara, perdí la consciencia.


¿Y bien? ¿Os ha gustado? Espero que si y lo expreséis donde las reacciones y, si no es así, siempre podéis comentarlo o mandar algún mensaje al correo electrónico proporcionado. Espero que no se os haya hecho demasiado largo la continuación (son un par de páginas a word). Pero bueno, me despido ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!