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miércoles, 1 de mayo de 2013

Dolor de cabeza

¡Buenas noches, queridos lectores!
Espero que habéis disfrutado del día de hoy o lo hayáis aprovechado bien. Hoy, como en mi caso ha sido un dolor de cabeza constante, un no parar, he decidido dedicarle a este "bendito" estar un relato. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


La cabalgata de las Valkirias de Wagner de fondo. Una marcha militar con pasos firmes y pesados, marcando cada pisada en el duro suelo que resuena por las calles. Un eco seco que se va incrementando según se aleja del lugar de la marcha. Disparos de fondo según la música aumenta de intensidad. Primero pistolas, luego escopetas, finalmente cañones. Y más pasos.
Una breve calma. Algo ascendiendo al cielo. Una explosión. La prosigue otra y otra a continuación. Un sinfín de explosiones en el cielo de diversos colores. Cohetes. Y los pasos vuelven, bien firmes por encima el andén.
Una última pisada. Golpean con la culata del rifle el suelo. Hacen maniobras con éste. Haciendo el mayor ruido posible mientras las explosiones prosiguen, tanto en el cielo como a las afueras. Tanto por los petardos como por los cañonazos.
Y de repente un silencio sepulcral.
Ruido de motores. Hélices de aviones. Cada vez más cercanos. Sonido de sorpresa mirando al cielo. El zumbido de los propulsores se escucha con mayor claridad. Aviones navegando el azulado cielo, de aquí para allá. Dejando rastros de humo blanco, luego de colores, para finalmente pasar un avión más grande que los demás, haciendo un mayor estruendo.
Abre las compuertas de su “estómago” y la suelta.
Otro silencio. Precedido de gritos. Los soldados firmes, dando sus pasos entre los gritos y los cañonazos. Una enorme explosión en el centro del lugar.
Y luego silencio.
Mucho silencio.
Hasta que vienen, finalmente, los compañeros del primer avión y empiezan con el bombardeo. Uno tras otro. Uno tras otro. Soltando bombas y más bombas. Sin parar. Mientras sigue sonando La cabalgata de las Valkirias de Wagner.
Y así, amigos, es cómo está mi cabeza.



Creí oportuno dejaros La cabalgata de las Valkirias de Wagner en la entrada para quien no conociera la sinfonía o no recordase exactamente cual es. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar, valorar y demás aquí abajo. Y añado, como nota, que lo acabo de escribir ahora mismo, así que es otro de esos relatos instantáneos. Me atrevería a decir que, en esta ocasión, sin ni siquiera una revisión previa antes de subirlo al blog. Así que bueno, a ver que os parece.


   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 3 de diciembre de 2012

Camino al infierno - Parte II

¡Buenas noches queridos lectores! Sé que es algo tarde ya, pero dicen que lo bueno se hace esperar... A ver si consideráis que es verdad.
Hoy, o más bien esta noche, os traigo la continuación y final del relato "Camino al infierno" con la segunda parte. Espero que no os defrauden los acontecimientos. Las imágenes de mi imaginación no lo hicieron, espero poderlas expresar para que a vosotros tampoco.
Informando sobre mi estado, ya me encuentro muchísimo mejor, aunque el moqueo siga siendo persistente, pero se puede llevar sin problemas. Además de que sigo mirando el HTML para intentar corregir lo de las reacciones (aunque ya sabéis que la oculta es "melancólico") y he puesto un complemento más en la barra lateral derecha donde, con un único clic, votaríais el blog dentro de una web de blogs españoles.
Pero es tarde y tampoco son horas, así que os dejo ya con la continuación y conclusión del relato. Espero que os guste.


  Ya habían cruzado dos largos y silenciosos pasillos y no había ni rastro de esas bestias, exceptuando los cadáveres esqueléticos de los que habían habitado la colonia. Número nueve era silencioso, cosa que en un principio agradeció Kilian, aunque a la larga lo era demasiado y, eso, también le ponía de los nervios. Llevaba días incomunicado y suponía que él también, ¿entonces por qué no entablaba conversación? Bufó y pisó una calavera, rompiéndola en mil pedazos.
   -Este lugar parece interminable –empezó Kilian.
   -Según el mapa solo quedan unos pocos metros más para llegar a la próxima sala.
   -Me alegro. ¿Recuerdas el plan?
   -Perfectamente.
  -Así me gusta. En caso de que aparezcan de golpe –narró de nuevo-, tú te pones al frente disparando y yo en la retaguardia encargándome de los que sobrevivan a los disparos.
   -Te dije que lo recuerdo.
   Calló, por no decirle más de una cosa ofensiva, y giró a la derecha, yendo al último pasillo.
   Según se acercaban un creciente olor a azufre y podredumbre impregnaba el lugar, obligando a número dos que cogiera alguna pieza de ropa de algún cadáver para usarla de pañuelo.
   Debido a que el pasillo se iba oscureciendo, solo tuvieron como iluminación la luz verdosa del casco de número nueve y la espada láser. Aunque al final del pasillo se divisaba una luz anaranjada, como las de emergencias.
   Poco a poco, con calma, fueron avanzando. Sin darle importancia a los sonidos de los goteos de tuberías rotas ni a los chasquidos de los huesos y piedras que pisaban.
  Una vez cruzado el portal observaron la inmensa sala que se encontraba a sus pies, pues estaban situados en un pequeño balcón con un puente metálico que iba al otro lado. El recinto debía ser una zona de excavación, ya que se encontraban diversos instrumentos para esa función. Observando con más detenimiento, número nueve señaló un montón de cuerpos apilados debajo del puente, entre sus cimientos, cercanos a un gran hoyo que se encontraba al lado de uno de los pilares centrales.
   De tanto en tanto, algún que otro engendro salía del agujero, cogía uno de los cadáveres y se lo cargaba a la espalda para meterlo en la cueva. Kilian trazó un nuevo plan: iban a volar la madriguera de esos bichos.
  Cruzaron lentamente el puente pero un paso demasiado pesado de número nueve resonó por todo el lugar gracias al eco. Las criaturas que había en el suelo no tardaron en alzar sus cabezas y mirar hacía su posición.
   -Mierda…
   -Disculpa el tropiezo, no volverá a ocurrir.
   -¡Claro que no, estúpido! ¡Corre hacía aquí y vamos a acabar ya con esto!
   Número dos echó a correr, seguido por número nueve, que era algo más lento. Las bestias empezaron también a correr, hacía ellos. Trepaban las columnas más cercanas, clavando sus garras con ansias, y ascendían rápidamente. A número nueve no le dio tiempo a llegar al pilar del agujero. Se le habían echado encima.
  Kilian maldijo a lo bajini y dudó en si ir o no, pero luego recapacitó: él le había salvado el pellejo antes y, además, tenía las municiones. Así que, nada más pensarlo, corrió hacía allí disparando hasta agotar la munición, causando algunas bajas entre esos animalejos y que otros se centraran en él. Sin dudarlo, cogió un par de dagas de su cinturón y las arrojó a las cabezas de dos que se aproximaban, matándolos en un rápido y letal golpe.
   Estando a punto de llegar uno se lanzó hacía él, pero Kilian tenía buenos reflejos y, gracias a eso, activó la espada láser y lo decapitó. Luego fue matando y quitando de encima de número nueve el resto. Su compañero apenas se movía y tenía diversos arañazos por todo su cuerpo, haciendo que sangrara, aunque levemente. Su armadura le habría salvado la vida, pero había perdido la mitad del brazo izquierdo.
  Le extrañó que no sangrara y revisó el brazo aprovechando que las pocas criaturas que quedaban se habían dirigido al agujero, aunque sabía que eso solo significaba que en breve llegarían más. Al analizarlo vio que el brazo era robótico, así que decidió hacer un escáner completo del cuerpo de número nueve, utilizando un dispositivo que le hacía una silueta del cuerpo por debajo de la armadura.
   Por lo visto número nueve era un ciborg, teniendo casi todo el cuerpo robotizado. Solo le quedaba la mitad derecha de la cabeza y el torso como partes humanas, además de los huesos de ambas piernas, que estaban robotizadas a modo de mejora. Desgraciadamente la mitad humana de su cabeza parecía tener una fractura, haciendo que se mostrara inactiva en el escáner. Su parte humana había muerto, pero no por este ataque, sino desde hacía tiempo. Días, quizá. Por lo visto, lo único vivo que quedaba en su cuerpo era la parte robótica que contenía algunos conocimientos de su parte humana para hacerlo más aceptable entre la especie. Aún así, era muy objetivo y centrado en las cosas pues, al fin y al cabo, era una máquina que emulaba ser un hombre pero solo era eso: una máquina.
   Tras el análisis, al escuchar un gruñido proveniente de la gruta, dio un golpe fuerte al pecho de número nueve, reactivando el reactor que tenía como corazón y haciendo que se levantara de golpe.
   -Ya sé tú secreto, número nueve. Pero tranquilo, eso me ha dado una nueva idea.
   -Entiendo. ¿Cuál es el nuevo plan, número dos? Es decir, Kilian.
   Esta vez no le reprochó lo del nombre, sabía perfectamente que su cerebro vivo a base de chips hacía todo lo posible por parecer humano. Eso provocó una pequeña sonrisa triste en el rostro de Kilia, apiadándose de la condición de número nueve.
   Le indicó que se levantara y que fuera al frente, que los animales esos volverían donde había caído, así que él se quedaría más atrás para ir matándolos en caso de que avanzaran. Número nueve debía ir al pilar central y montar allí un soporte metálico con los materiales y suministros que le quedaban para que aguantara su peso.
   Así que volvieron a correr de nuevo hacía la posición del primer plan. El robot sin mirar atrás y el humano observando como las bestias surgían del hoyo para trepar e ir donde antes habían estado. Cuando llegaron y no vieron nada empezaron a rastrearles, encontrándoles finalmente y corriendo a cuatro patas hacia ellos. Kilian los esperaba y había dejado un par de minas por el camino, haciendo que explotaran en mil pedazos sin que el puente apenas se dañara. Aunque solo logró liquidar a un par.
  Cuando le quedaban unos pocos metros para alcanzar a número nueve, quien ya estaba montando el soporte a base de fundir armas pesadas que ya no tenían munición con un pequeño lanzallamas, uno de los bichos más enormes saltó encima de Kilian, tirándolo al suelo.
   Número nueve le miró por un momento, pero tenía la función de acabar el soporte y, como buen semirobot, lo primordial era finalizar su obligación. Kilian rápidamente atravesó la cabeza del atacante con la espada, antes de que ese le arrancara la suya de un desgarro, y se puso en pie de nuevo para llegar hasta su compañero.
   Una vez allí, cogió la cuerda metálica de su cinturón y se ató al soporte, para luego con el resto, atar al robot. El plan era descenderlo a una altura segura de las bestias y que soltara todos los explosivos, sellando la gruta que no debió excavarse jamás, para luego volver a subirle. El poste era para ayudarle a aguantar el peso, además de que así podría ir matando a los que se acercaran.
   Número nueve empezó a descender lentamente, lo suficiente lejos de la columna como para que no le cogieran. Mientras, número dos cargaba las últimas municiones de sus armas según disparaba a los que se acercaban.
  Cuando el autómata llevaba la mitad del descenso la munición se acabó, obligando que el humano luchara cuerpo a cuerpo, atravesando, cortando y degollando a todos los que se le acercaban y manchando todo de su azulada sangre. Aunque cada vez eran más en número y tamaño, además de la cantidad que salía del túnel.
  Número nueve iba mirando de arriba para abajo, observando a Kilian luchar con los seres que emanaban en mayor cantidad del agujero y como perdía terreno. Acercándose más al borde. Sus pensamientos humanos parecieron resurgir momentáneamente de entre todos los datos y no dudaron.
   -Adiós –dijo-. Kilian.
  -¿Qué…? –Miró hacia abajo después de matar a otro engendro-. ¿¡Qué haces!? ¡No! ¡Detente!
  Número nueve había sacado una pequeña daga y cortaba el cable que les unía. No tardó demasiado en lograr su objetivo y caer al vacío mientras se quitaba el casco, sonriéndole y poniendo su mano derecha en el pecho, donde se abrió una ranura para introducir sus dedos y girarla. Poco después las ranuras empezaron a brillar de color verde esmeralda y, en unos segundos, cuando su cuerpo entró por completo en el agujero, haciendo que muchas criaturas fueran a por la presa, un brillo cegador emergió del túnel, haciendo que el resto de criaturas ignoraran a Kilian y fueran allí.
   Una vez entraron todas se escuchó una ensordecedora explosión y la gruta quedó sellada por siempre. Con número nueve dentro, quien se había sacrificado sobrecargando su reactor nuclear para usarse él mismo como detonante.


Espero que os haya gustado y cumpla con vuestras expectativas. Si queréis saber que pasó con Kilian, lo añadiré en la presentación de la entrada del próximo fin de semana. Pero bueno, ya sabéis que tenéis diversas opciones al final de cada entrada, además de ahora poder votar el blog. Así que nos vemos.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

viernes, 30 de noviembre de 2012

Un bar cualquiera - Explosión

Buenos días queridos lectores. Hoy me encuentro mejor, pero los días anteriores (martes a jueves) si que estuve para el arrastre, francamente. Espero recuperarme por completo este fin de semana, pero tranquilos, si nada va mal os subiré la continuación y desenlace del pasado relato (Camino al infierno).
También me preguntaba qué os parecía el hecho de que pusiera a veces algunas de las canciones que me da por ir escuchando y, a veces, para inspirar alguna parte de algún relato y demás o, simplemente, para hacer más fluida la lectura de los textos. Pero bueno, si no llegan opiniones al respecto seguiré como ahora: haciéndolo de tanto en tanto, sin abusar tampoco. Aunque he pesado en añadir al blog alguna lista de soundtracks que pegarían o quedarían bien con algún relato. Pero eso ya se vería más adelante.
Pero no me alargaré más, que no estamos para ello; ni yo por como me encuentro ni vosotros después de haber retraso con la entrega (que francamente he pensado en hacer algún dibujito cuando tenga tiempo para ponerlo en caso de que vuelva a ocurrir, pero de momento hay demasiadas cosas por hacer).
Así que bien, os dejo aquí la continuación de la última parte de Un bar cualquiera. Disfrutadla.


La luz de la habitación conjunta me cegó por unos instantes, pero mi vista se adaptó fácilmente y clavé la mirada hacía el lugar de donde percibía que me observaban. No fallé, allí estaba el desconocido de pelo canoso observándome de nuevo. Aunque esta vez su mirada no logró bajar mi guardia. Y, al devolverme la mirada, sonrió como si se hubiera dado cuenta de ello.
Lentamente giré la cabeza hacía la izquierda, ya que el tipo estaba sentado frente a una mesa, y en el otro lado se encontraba Jack invitándome a acercarme y tomar su asiento. Sin dudar ni un instante fui hacía allí y me senté donde me indicaba mientras él se sentaba delante de mí, al lado del otro. Solo nos separaba una pequeña y algo estrecha mesa metálica.
-Querrás respuestas –se aventuró Jack.
-Sí.
-Normal, después de todo…
-Me has dicho que me darías respuestas.
-No te sulfures –dijo el peligris-, Storm.
Le dediqué una mirada de reojo y sonrió de nuevo, como si se burlara de mí al no descubrir lo que me ocultaba.
-Tiene razón –Jack reclamó de nuevo mi atención-, deberías tomarte las cosas con más calma. Y más en estas situaciones.
-¿Qué situaciones? Hasta el momento has matado a uno en mi bar,…
-Eso es lo que tú crees… -murmuró a lo bajini, apenas perceptible, por lo que casi no escuché lo que decía y seguí hablando.
-…mi querida Alice ha desaparecido aunque decís que sabéis donde está, habéis dicho también que no soy humano y de momento sólo tú, Jack, pareces no serlo y, finalmente, me habéis dejado KO a saber por cuánto tiempo.
-Shh…
-¿¡Cómo que “shh”!?
Me levanté de inmediato, tirando la silla atrás y haciendo que cayera por el suelo, mientras daba un fuerte golpe con las manos sobre la mesa. Mis ojos estaban fijos en el extraño, aunque en el fondo todos lo eran.
Al fondo, aún en la puerta por la que había llegado allí, estaba Harry, observando toda la situación sin decir nada. Como si analizara todo lo que se iba sucediendo. Como si fuera un simple juego.
-Siéntate y relájate.
Las palabras de ese hombre me hartaban cada vez más. Aunque parecía haber una lucha interna en mi cabeza como si en parte quisiera hacer caso a sus órdenes, pero por otra quisiera asestarle un puñetazo y descargar toda la ira. Seguramente sería una disputa entre lo que era lo correcto y el instinto, así que al final decidí decantarme por lo correcto y me giré para recoger la silla.
Al agacharme vi como sonreía, con su característica sonrisa pícara de medio lado. Una sonrisa triunfante. Eso colmó el vaso.
Cogí la silla tranquilamente y, cuando la tenía alzada, se la lancé directamente a la cabeza de ese tipo.
Una extraña sensación invadió mi cuerpo, pero fue leve. Como si me hubiera pasado un escalofrío en el que solo había ocupado uno de mis parpadeos. Un parpadeo en el que formé una pequeña sonrisa al ver como la silla iba disparada hacía mi objetivo y, el proyectil que había lanzado, acertaba de lleno. Incluso me pareció verlo en cámara lenta debido a la euforia del momento.
Pero, cuando la silla metálica chocó contra su cabeza, aplastándola contra la pared y manchando todo de sangre, incluso en parte a Jack, el miedo empezó a apoderarse de mí.
Miré a los ojos de Jack, pero estos solo me transmitían un mensaje: ¿cómo se me había ocurrido hacer tal salvajez?


¿Qué tal? ¿Os gustó? Espero que si y, vale, siendo franco.. ¡me encanta dejaros con la miel en la boca! Prometo no hacerlo... siempre, pero alguna que otra vez más si. Ahí está la gracia del escritor: que deje con ganas de más al lector. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar, votar, compartir, enviar y muchas cosas más. Nos vemos en uno o dos días si todo va bien.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 28 de octubre de 2012

Un día más en la rutina

¡Buenos días estimados lectores! Por fin un domingo que puedo hacer una entrada sin disculparme por el retraso, que gratificante. Bueno, como dije en la anterior entrada, hoy os traigo esa pequeña sorpresa nombrada: una serie continua. Pero no, no la que a mí me de la gana y ya está, sino que vosotros decidiréis.
El anterior relato acaba de manera abierta porqué no termina ahí, sino que continua, al igual que el que leeréis a continuación (si, es un pequeño spoiler, pero no desvela nada crucial del relato el saber que continua). Así que lo dicho, vosotros, en una encuesta que pondré en la barra lateral derecha, votaréis que relato os gusta más y os gustaría saber como continua, para hacer la serie de este que seguramente subiría los miércoles-jueves, esto ya lo aclararía en la próxima entrada.
La votación durará de este domingo al lunes que viene no, el siguiente (una semanita casi). Una vez hechos los votos, esa semana miraré que día hago el relato de la serie (ya os lo intentaré anticipar) y listo, ese día sera serie y el otro relato "aleatorio" por decirlo de alguna manera.
Pero bueno, me centro en la presentación de este relato.
Esta vez estamos en un futuro no demasiado lejano, situado en el año 2030-2050 (ya que entre esas fechas ocurrieron los hechos más notables en la historia de la serie), pero los protagonistas se sitúan sobre el año 2040-2045. Elvên es un joven ya bien entrado en los veinte y Jack ya ronda la treintena de años (para que os hagáis a una idea de como pueden ser).
Pero bueno, mejor no os digo nada más y os dejo con el relato. En caso de que lo votéis ya descubriréis más acerca de estos personajes y de futuros, al igual de que si votáis el de Un bar cualquiera ya veréis que ocurre con Matt.
¡Ah! Añado que el nombre de Jack, John, y demás parecidos son nombres que me gustan, por lo que pueden aparecer en más de un relato pero (¡ojo!) eso no implica que sea el mismo personaje: Para nada.
Bueno, aquí lo tenéis:


   Hoy era otro día más en la rutina, sin novedades apenas.
  Los experimentos diarios con mutaciones genéticas y las pruebas con nuevos mecanismos robóticos seguían viento en popa, o eso decían las noticias. Los trabajadores, exhaustos de trabajar, volvían a sus respectivos hogares; la mayoría para reunirse con su familia después de un día duro de trabajo, otros directamente se pasaban por el bar a tomar una última copa antes de irse a dormir.
   Esa gente solían ser solteros, personas anónimas, sin nombre ni pasado, en ocasiones sin esperanza de futuro, pues también se encontraban entre la muchedumbre algún viudo o divorciado. Raramente se encontraba a algún tipo casado en estos garitos de mala muerte.
   Jack Slayer no era uno de esos trabajadores, por supuesto que no lo era, nunca se le había dado la investigación, ni siquiera el trabajo de oficina. Él siempre había sido demasiado impaciente para casi cualquier cosa y, eso, en esta sociedad con los trabajos que habían, no era demasiado bueno. Aún así, seguía teniendo algo en común con todo el gentío que rondaba por allí, pues él, también a la misma hora que ellos, iba al mismo bar de siempre a tomarse una copa, haciéndole uno más en ese grupo.
   -¿Qué tal el día, Jack? –Dijo su fiel y único amigo, Elvên León, sentándose a su lado.
   -Ninguna novedad… -se limitó a responder- ¿Tú?
   -Pues nada, seguimos con esos experimentos para las nuevas mascotas que publicitan por televisión, aunque no logramos avanzar mucho –suspiró-. El lado bueno –sonrió levemente-, es que al menos la financiación sigue aportando dinero.
   -Jé… ¿No eres tonto, eh?
   -¿Qué esperabas del investigador jefe? ¿Que lo fuera?
   La conversación entre estos viejos amigos fue alargándose, recordando antiguas anécdotas y riendo por ellas. Era uno de los pocos momentos donde Jack se encontraba cómodo, seguro y, además, libre de poder expresarse, ya que con Elvên podía bajar todos los escudos que ponía ante el resto de personas con su característica rudeza.
   Pero dicha plática no duró demasiado, pues en un abrir y cerrar de ojos se pudo escuchar una explosión proveniente del exterior.
   -¿¡Qué coño ha sido eso!? –exclamó Jack, corriendo hacia la salida del bar.
   Su amigo suspiró, dejó el dinero sobre la barra, donde habían estado previamente tomando algunas cervezas, y se dispuso a seguirle. Cuando salió pudo contemplar, junto a Jack, que un edificio enorme, uno de los laboratorios donde él trabajaba, había estallado en llamas mientras salía una gran cantidad de humo negruzco de su interior.
   -¡Le dije a ese estúpido que no trabajase hasta tan tarde –gritó Elvên en mitad de la calle-, que tenía que descansar!
   -Cálmate –le dijo Jack, mirándolo de reojo-. O, al final, serás tú el centro de atención.
   -Vale, vale… -refunfuñó.
   Los bomberos no tardaron en llegar y se dispusieron a apagar las brasas de la edificación de inmediato. Por suerte no hubo ningún muerto, solamente encontraron a un joven, casi de la edad de Elvên, con quemaduras de segundo grado debido a que se había encontrado en el origen de la detonación.
   -Le dije que se fuera a su casa…
   -Bueno, entonces será mejor que nosotros hagamos lo que tú le dijiste a ese chaval y volvamos a nuestros respectivas moradas. Ya no veremos mañana, como siempre –se despidió Jack, poniendo su mano en el hombro de su antiguo compañero-. Adiós.
   Elvên se despidió de él con un simple gesto.
  El treintañero, vestido con un chaquetón oscuro y unos tejanos azules, empezó su rumbo hacia su vivienda, pero según se alejaba del lugar de los hechos pudo notar como alguien le seguía. Se iba volteando de vez en cuando, esperando ver a alguien detrás de él que le observara, pero solamente habían más personas, transitando las calles, sin reparar en él.
   Llegó a su piso sin problema alguno y puso su palma en el identificador de huellas de su puerta correspondiente, pues en ese bloque había una entrada para cada piso. El identificador hizo un pitido afirmativo, confirmando la huella, y se encendió una lucecita verde.
   Alzó la cabeza, para acabar de abrir la puerta que solía quedarse atascada, pero nada más hacerlo algo le golpeó con fuerza la cabeza, haciendo que perdiera el conocimiento.


Bueno, ¿qué os pareció? Ya sabéis que podéis comentarlo abajo, enviando un correo electrónico o dándole a algún botoncito de abajo. ¡Y no olvidéis votar en la encuesta que relato preferís!
AVISO: El relato está basado también en un rol que hice hace tiempo, por lo que se narrarán hechos ocurridos en ese rol y, también, de inventados. Al haber sido un rol creado por mí en su día, todos los hechos ocurridos, vendrían a ser de mi "propiedad" para usarlos de la manera que creyera oportuna.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

sábado, 20 de octubre de 2012

El quesito

¡Buenas tardes-noches estimados lectores! No pude colgar el relato de buena mañana debido a que he tenido que acompañar a mi hermano menor (de cinco añitos) a la fiesta del Super 3 que hacían en Barcelona, haciéndome madrugar para llegar cuanto antes. Así que bueno, antes de que se diga que últimamente tardo en colgar las cosas (más quisiera yo tener tiempo para publicar mis escritos de buena mañana para que los leyerais mientras os tomáis una tacita de café o de leche con colacao) os lo cuelgo ahora y, si no tenéis tiempo, pues mañana por la mañana a leerlo.
Aprovecho también para decir que quizá ponga alguna opción más en las opiniones para "votar" los relatos, diciendo que les parece, poniendo alguna cosita como "triste, conmovedor, inesperado..." y según vaya surgiendo porqué quizá lo de "divertido, interesante, guay" no encajará en algunos relatos que cuelgo en el blog, pues no siempre serán historias... felices, por así decirlo.
Pero yendo al grano, hoy les publicaré un pequeño relato que se me ocurrió justamente estando en la cocina y escuchando a la lejanía el sonido de un avión pues muchas veces me ocurre que, a partir de un solo instante, sonido, vista, etcétera, puedo irme más allá de esa imagen real yendo a mi mundo personal dentro de mi cabecita y ver más cosas que, en la realidad, no están allí. Supongo que se me entenderá, pues dudo que nunca nadie haya imaginado cosas en su mundo interno. Así que a continuación, después de haber hecho esta no tan pequeña introducción, les dejo con el relato.


   Unos pasos lentos, rozando la suela de las zapatillas contra el suelo debido a lo poco que se levantaban los pies, avanzaron, poco a poco, del pasillo del comedor hasta la cocina.
   Una mano infantil abrió, con fuerza, la puerta de la nevera. Sus ojos marrones miraron por todos lados, lentamente, hasta dar con una cajita azul. Alzó su mano izquierda hacia esta y cogió un cuadradito de queso, envuelto en papel de aluminio. Luego volvió a cerrar la puerta del frigorífico.
   Se quedó de cara la encimera mientras, con lentitud, iba tirando del cordel rojo que salía del papel, dejando así la mayoría del quesito al descubierto. Bajó el lado izquierdo, procurando no partirlo. Bajó el lado derecho, con las mismas intenciones, aunque no pudo evitar que una de sus puntas se rompiera levemente, apenas perceptible.
   Cogió con delicadeza ese pedacito de queso tierno y se lo llevó a la boca, comiéndoselo de un lento bocado.
   El sonido de un avión sonó desde fuera, mezclándose con el ruido de otros niños jugando y adultos entablados en su conversación, pero dicha sonoridad quedó apagada tras el rotundo estruendo que sonó a la lejanía.
   Miró por la gran ventana que había en la cocina, viendo así como el cielo se volvía anaranjado y una extraña forma de humo surgía de la nada. Los árboles de afuera se movieron, meciéndose. El sonido de las otras personas se acalló. Él siguió mirando.
   La ventana estaba abierta, por lo que la onda de viento meció su castaño cabello, e hizo que achinara los ojos.
  Según pasaban los segundos, la ventosa ola cogía potencia. Haciendo que el papelito que quedaba en su mano se fuera volando, como hacían poco a poco el resto de cosas, mientras él se quedaba ahí quieto, sin inmutarse. Mirando la enorme seta de humo.
  Las paredes temblaron, llegando a resquebrajarse y romperse parte de ellas, que fueron arrastradas atrás. Por suerte, la que estaba enfrente al niño, seguía en pie.
   Otro sonido de avión. Miró de donde provenía. Estaba a unos escasos metros de su posición a pesar de que la altura fuera quilométrica. Algo salió de su interior, dejándolo caer mientras este seguía su trayectoria.
   El objeto cayó relativamente cerca de él. Nada más tocar el suelo, detonó.

  Todo el lugar quedó arrasado, hecho escombros dentro de un gran hueco. Excepto una pared de una cocina, que seguía en pie, pegada a su suelo. Y, encima de este, un niño con la ropa rasgada, pero vivo, que observaba el lugar del impacto desde dentro de un aura azulada, apenas perceptible, que rodeaba su cuerpecillo.


Bien, espero que les haya gustado. Este relato también es relativamente nuevo, publicado nada más enfriarse después de salir del horno. Por lo que ya saben que pueden opinar lo que les venga en gusto en un comentario o enviando un e-mail al correo electrónico proporcionado, además de votarlo, twittearlo o, incluso, darle a un "Me gusta" o enviarlo.

   ¡Un cordial saludo y hasta la próxima!