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jueves, 20 de febrero de 2014

Naufragio interno

Como una marea en calma tras la tormenta. Embarcaciones de sensaciones saliendo a flote, indolentes. Náufragos de una desolación emocional que los ha hecho zozobrar, precipitándolos al oscuro fondo de esa mar. Perdiéndose para siempre, ahogándose.
Sobreviven los más fuertes, los más resistentes. Pese a que todo sea escogido por un caprichoso azar. Quien, guerreando contra la fuerza de voluntad, decide a cuáles no salvar. Pues incluso los más arraigados en el interior de su ser, acabaron arriesgándose a desaparecer.
Una bruma de confusión y desorientación. Mezcla de salmuera y atmósfera sin haber ningún punto de unión. Nadando con esfuerzo en ese gélido líquido que conforma el firmamento. Fundado por pequeñas luces de esperanza que brillan a lo lejos. Ajenas de todos esos sentimientos revueltos, tercos y descontentos que se aferran, fatigados, a ese lejano sueño. Imaginando llegar pronto a buen puerto, donde estén seguros y cobijados para despedir a sus viejos compañeros extraviados, a sus antiguos camaradas que ahora surcan los mares de los pasados muertos, formando únicamente parte del recuerdo. Y, pese a lo ocurrido, anhelando reanudar la travesía. Zarpando con una nueva compañía. Volviendo así hacia esa peligrosa mar desconocida, cargada de riquezas vivas que aguardan ser descubiertas… algún día.

viernes, 8 de febrero de 2013

Confusión

¡Buenas tardes queridos lectores! Hoy os traigo como prometí el sueño que tuve.. El jueves de la semana pasada, el cual he intentado escribir de la manera más comprensible que me ha sido posible pero que, aún así, tiene alguna que otra cosa que... podría requerir releerse.
Por cierto, en la página de Facebook (ni Tuenti ni Twitter) iré colgando algún fragmento de cosas que esté escribiendo o tenga entre manos, así podréis ver algunas cositas de mi trabajo que todavía sea inédito  y, además, podréis opinar o comentar lo que os parezca, ya que me gusta saber la opinión de mis lectores (que ya se empieza a escuchar más sus voces por el e-mail de contacto).
Pero bueno, os dejo con el sueño-relato y, como siempre, espero que disfrutéis de la lectura y, si hay algo confuso (como ya indica el propio título), releedlo, que es normal, ya que el sueño fue muy, pero que muy, raro.


   No sabía nada del exterior. Me parecía que llevaba décadas encerrado en esas oscuras habitaciones, donde de tanto en tanto me sacaban para hacerme un análisis de sangre y poco más antes de volverme a encerrar.
   Pero esta vez fue distinto. Tras sacarme de mi sombrío habitáculo, me llevaron cogido de los brazos por un pasillo fuera de lo habitual. Quizá ya no les era útil e iban a descartarme, eliminarme. Aunque según avanzaban los dos hombres, llevándome a rastras, pasamos por un pasillo que las paredes laterales era de plástico, y allí se podía apreciar algún tipo de museo o almacén arqueológico, aunque poco pude ver, pues no tardamos demasiado en entrar en otro oscuro pasillo, como el del inicio.
   Al final de dicho pasadizo se podían apreciar unas pequeñas luces anaranjadas, las cuales mostraban tres celdas donde solo la de la derecha parecía tener espacio. La de la izquierda y la del centro estaban rebosantes de unos individuos desconocidos.
   Cuando me echaron dentro de esa prisión pude observar que allí había cuatro personas más. Un tipo estaba sentado en una esquina, otro cogido de los barrotes, observándome, y luego una chica abrazada a un chico sentados en la cama.
   Cuando los dos supuestos guardias se fueron, el tipo cogido a los barrotes se acercó a mí, como inspeccionándome, para luego coger una barra de la puerta y ver que esta estaba abierta. Pero no se atrevió a salir y nos quedamos así hasta dormirnos.
   Cuando desperté, mis nuevos compañeros hacía tiempo que lo estaban y observaban fijamente la puerta. Estaba abierta. Y el rarito que me observó en nuestro primer encuentro ya no estaba allí.
   La luz naranja empezó a parpadear, emulando las señales de alarma.
   Las personas de las celdas vecinas empezaron a removerse, nerviosos, y a hablar entre ellos.
  Un sonido extraño provino del interior del oscuro pasillo.
 Con más curiosidad que miedo, me asomé levemente, y pude ver como algo blanquecino brillaba en la oscuridad. Acto seguido, esa cosa corrió hacia mí mientras veía a los otros presos intentando hacer un agujero en la pared con una cucharilla, como hacía la celda del centro y, la de la izquierda, parecía que querían abrir el agujero a puñetazo limpio.
  Fallo mío por despistarme, pues esa extraña criatura se abalanzó hacia mí, tirándome contra la pared y mordiéndome el antebrazo derecho con el que me había cubierto por acto reflejo.
  El muchacho que parecía ser conocido de la chica cerró la puerta mientras esta gritaba que me deshiciera de esa cosa, que parecía tratarse de los huesos de un dinosaurio raptor con vida propia. Así que, como pude, sin que este soltara mi antebrazo, coloqué su cabeza bajo mi axila izquierda y, mientras hacía presión con esta, moví el brazo derecho hasta conseguir desnucarlo y arrancar su cráneo del resto del cuerpo. Los huesos se desplomaron al instante y la mandíbula dejó de ejercer presión.
  Al final el resto del “equipo” logró hacer el agujero y salimos por allí. Fuera encontramos a nuestra izquierda el grupo del medio y, bajando por unas escaleras de delante nuestro, el grupo ruso de la izquierda.
  El grupo central, seguramente americano, no dudó y bajó cuando los rusos acabaron, pero no llegaron muy lejos, ya que esos tipos les dispararon flechas con unas cerbatanas que parecieron encontrar abajo.
  Nosotros esperamos pacientes a que se fueran y, cuando eso pareció, el individuo que parecía vivir en la esquina, bajó rápidamente.
  Por lo visto, uno del grupo debía estar quedándose de guardia, pues nuestro “amigo” no dio más de dos zancadas antes de encontrar la muerte por una cerbatana.
  Miré a la derecha y pude ver una puerta, así que se lo indiqué a la pareja que no dudó ni un instante, pues el chaval abrió la puerta entrando en un dormitorio y siguió recto, hasta la siguiente puerta, donde se trataba de otro dormitorio pero más serio; el primero parecía ser de algún adolescente y el del final de sus padres.
   El desconocido llamó a la chica después de echarse en la cama de más al fondo, pero esta no vino, sino que entrecerró la puerta y se tumbó en la cama. Nada más hacerlo, alzó la cadera y me miró, sugerente. Vacilé unos instantes, pero al final cedí. Al final no acabamos manteniendo relaciones completamente ya que, mientras estábamos en ello, un ruido extraño de la otra habitación nos distrajo.
   Ella se levantó para mirar por la ventana de la habitación y vio la ciudad en ruinas, con un grupo de extraños individuos alrededor de un barril en llamas. Yo no tardé en levantarme, curioso, e ir hacia allí mientras me subía los pantalones.
   Fui corriendo a la otra habitación, para avisar al muchacho, pero al entrar vi como estaba de rodillas en la cama, con la boca abierta y los ojos desorbitados. Unas alas negras surgieron de repente, rompiendo la parte de atrás de su camiseta, mientras escuchaba una especie de grito proveniente de su boca.
   Ahora todo vino a mi mente: después de ese desastre nuclear a niveles internacionales, casi toda la superficie resultó ser inhabitable para el ser humano, así que vivimos bajo tierra mientras arriba algunos seres iban mutando. Debido a las mutaciones, los residentes del subsuelo tuvimos que ir haciéndonos pruebas para garantizar que no mutáramos y, los que tenían riesgo de ello, eran encerrados.
  Por lo visto, aunque ni la muchacha ni yo hubiéramos mutado, el chaval pareció que sí y, según entendí, por el shock emocional de que la chica me hubiera elegido a mí en lugar de a él.
  Girándome de golpe le grité a la chica que corriera y se escondiera, pero que no fuera ni a la celda ni bajara las escaleras y eso hizo, salió corriendo por la puerta mientras yo volvía a girar la cabeza para mirar al muchacho. Por lo visto ahora tenía su mirada clavada en mí, sin haber cambiado de postura. Y me miraba fijamente. Me miraba a los ojos, con una furia y sed de sangre indescriptibles. 


Bueno, espero que os haya gustado y lo hayáis entendido después de todo. El final es bastante claro y concluyente, por lo que creo que leyendo solo eso ya se puede entender de que va el sueño que tuve, aunque claro, la gracia de las historias es leerlas totalmente de pa a pe. Pero bueno, ya sabéis que podéis opinar por comentarios, votando o marcando las casillas que creáis, compartiéndolo por los medios que tengáis o contactar directamente conmigo por los medios expuestos en el apartado de Contacto.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

lunes, 3 de diciembre de 2012

Camino al infierno - Parte II

¡Buenas noches queridos lectores! Sé que es algo tarde ya, pero dicen que lo bueno se hace esperar... A ver si consideráis que es verdad.
Hoy, o más bien esta noche, os traigo la continuación y final del relato "Camino al infierno" con la segunda parte. Espero que no os defrauden los acontecimientos. Las imágenes de mi imaginación no lo hicieron, espero poderlas expresar para que a vosotros tampoco.
Informando sobre mi estado, ya me encuentro muchísimo mejor, aunque el moqueo siga siendo persistente, pero se puede llevar sin problemas. Además de que sigo mirando el HTML para intentar corregir lo de las reacciones (aunque ya sabéis que la oculta es "melancólico") y he puesto un complemento más en la barra lateral derecha donde, con un único clic, votaríais el blog dentro de una web de blogs españoles.
Pero es tarde y tampoco son horas, así que os dejo ya con la continuación y conclusión del relato. Espero que os guste.


  Ya habían cruzado dos largos y silenciosos pasillos y no había ni rastro de esas bestias, exceptuando los cadáveres esqueléticos de los que habían habitado la colonia. Número nueve era silencioso, cosa que en un principio agradeció Kilian, aunque a la larga lo era demasiado y, eso, también le ponía de los nervios. Llevaba días incomunicado y suponía que él también, ¿entonces por qué no entablaba conversación? Bufó y pisó una calavera, rompiéndola en mil pedazos.
   -Este lugar parece interminable –empezó Kilian.
   -Según el mapa solo quedan unos pocos metros más para llegar a la próxima sala.
   -Me alegro. ¿Recuerdas el plan?
   -Perfectamente.
  -Así me gusta. En caso de que aparezcan de golpe –narró de nuevo-, tú te pones al frente disparando y yo en la retaguardia encargándome de los que sobrevivan a los disparos.
   -Te dije que lo recuerdo.
   Calló, por no decirle más de una cosa ofensiva, y giró a la derecha, yendo al último pasillo.
   Según se acercaban un creciente olor a azufre y podredumbre impregnaba el lugar, obligando a número dos que cogiera alguna pieza de ropa de algún cadáver para usarla de pañuelo.
   Debido a que el pasillo se iba oscureciendo, solo tuvieron como iluminación la luz verdosa del casco de número nueve y la espada láser. Aunque al final del pasillo se divisaba una luz anaranjada, como las de emergencias.
   Poco a poco, con calma, fueron avanzando. Sin darle importancia a los sonidos de los goteos de tuberías rotas ni a los chasquidos de los huesos y piedras que pisaban.
  Una vez cruzado el portal observaron la inmensa sala que se encontraba a sus pies, pues estaban situados en un pequeño balcón con un puente metálico que iba al otro lado. El recinto debía ser una zona de excavación, ya que se encontraban diversos instrumentos para esa función. Observando con más detenimiento, número nueve señaló un montón de cuerpos apilados debajo del puente, entre sus cimientos, cercanos a un gran hoyo que se encontraba al lado de uno de los pilares centrales.
   De tanto en tanto, algún que otro engendro salía del agujero, cogía uno de los cadáveres y se lo cargaba a la espalda para meterlo en la cueva. Kilian trazó un nuevo plan: iban a volar la madriguera de esos bichos.
  Cruzaron lentamente el puente pero un paso demasiado pesado de número nueve resonó por todo el lugar gracias al eco. Las criaturas que había en el suelo no tardaron en alzar sus cabezas y mirar hacía su posición.
   -Mierda…
   -Disculpa el tropiezo, no volverá a ocurrir.
   -¡Claro que no, estúpido! ¡Corre hacía aquí y vamos a acabar ya con esto!
   Número dos echó a correr, seguido por número nueve, que era algo más lento. Las bestias empezaron también a correr, hacía ellos. Trepaban las columnas más cercanas, clavando sus garras con ansias, y ascendían rápidamente. A número nueve no le dio tiempo a llegar al pilar del agujero. Se le habían echado encima.
  Kilian maldijo a lo bajini y dudó en si ir o no, pero luego recapacitó: él le había salvado el pellejo antes y, además, tenía las municiones. Así que, nada más pensarlo, corrió hacía allí disparando hasta agotar la munición, causando algunas bajas entre esos animalejos y que otros se centraran en él. Sin dudarlo, cogió un par de dagas de su cinturón y las arrojó a las cabezas de dos que se aproximaban, matándolos en un rápido y letal golpe.
   Estando a punto de llegar uno se lanzó hacía él, pero Kilian tenía buenos reflejos y, gracias a eso, activó la espada láser y lo decapitó. Luego fue matando y quitando de encima de número nueve el resto. Su compañero apenas se movía y tenía diversos arañazos por todo su cuerpo, haciendo que sangrara, aunque levemente. Su armadura le habría salvado la vida, pero había perdido la mitad del brazo izquierdo.
  Le extrañó que no sangrara y revisó el brazo aprovechando que las pocas criaturas que quedaban se habían dirigido al agujero, aunque sabía que eso solo significaba que en breve llegarían más. Al analizarlo vio que el brazo era robótico, así que decidió hacer un escáner completo del cuerpo de número nueve, utilizando un dispositivo que le hacía una silueta del cuerpo por debajo de la armadura.
   Por lo visto número nueve era un ciborg, teniendo casi todo el cuerpo robotizado. Solo le quedaba la mitad derecha de la cabeza y el torso como partes humanas, además de los huesos de ambas piernas, que estaban robotizadas a modo de mejora. Desgraciadamente la mitad humana de su cabeza parecía tener una fractura, haciendo que se mostrara inactiva en el escáner. Su parte humana había muerto, pero no por este ataque, sino desde hacía tiempo. Días, quizá. Por lo visto, lo único vivo que quedaba en su cuerpo era la parte robótica que contenía algunos conocimientos de su parte humana para hacerlo más aceptable entre la especie. Aún así, era muy objetivo y centrado en las cosas pues, al fin y al cabo, era una máquina que emulaba ser un hombre pero solo era eso: una máquina.
   Tras el análisis, al escuchar un gruñido proveniente de la gruta, dio un golpe fuerte al pecho de número nueve, reactivando el reactor que tenía como corazón y haciendo que se levantara de golpe.
   -Ya sé tú secreto, número nueve. Pero tranquilo, eso me ha dado una nueva idea.
   -Entiendo. ¿Cuál es el nuevo plan, número dos? Es decir, Kilian.
   Esta vez no le reprochó lo del nombre, sabía perfectamente que su cerebro vivo a base de chips hacía todo lo posible por parecer humano. Eso provocó una pequeña sonrisa triste en el rostro de Kilia, apiadándose de la condición de número nueve.
   Le indicó que se levantara y que fuera al frente, que los animales esos volverían donde había caído, así que él se quedaría más atrás para ir matándolos en caso de que avanzaran. Número nueve debía ir al pilar central y montar allí un soporte metálico con los materiales y suministros que le quedaban para que aguantara su peso.
   Así que volvieron a correr de nuevo hacía la posición del primer plan. El robot sin mirar atrás y el humano observando como las bestias surgían del hoyo para trepar e ir donde antes habían estado. Cuando llegaron y no vieron nada empezaron a rastrearles, encontrándoles finalmente y corriendo a cuatro patas hacia ellos. Kilian los esperaba y había dejado un par de minas por el camino, haciendo que explotaran en mil pedazos sin que el puente apenas se dañara. Aunque solo logró liquidar a un par.
  Cuando le quedaban unos pocos metros para alcanzar a número nueve, quien ya estaba montando el soporte a base de fundir armas pesadas que ya no tenían munición con un pequeño lanzallamas, uno de los bichos más enormes saltó encima de Kilian, tirándolo al suelo.
   Número nueve le miró por un momento, pero tenía la función de acabar el soporte y, como buen semirobot, lo primordial era finalizar su obligación. Kilian rápidamente atravesó la cabeza del atacante con la espada, antes de que ese le arrancara la suya de un desgarro, y se puso en pie de nuevo para llegar hasta su compañero.
   Una vez allí, cogió la cuerda metálica de su cinturón y se ató al soporte, para luego con el resto, atar al robot. El plan era descenderlo a una altura segura de las bestias y que soltara todos los explosivos, sellando la gruta que no debió excavarse jamás, para luego volver a subirle. El poste era para ayudarle a aguantar el peso, además de que así podría ir matando a los que se acercaran.
   Número nueve empezó a descender lentamente, lo suficiente lejos de la columna como para que no le cogieran. Mientras, número dos cargaba las últimas municiones de sus armas según disparaba a los que se acercaban.
  Cuando el autómata llevaba la mitad del descenso la munición se acabó, obligando que el humano luchara cuerpo a cuerpo, atravesando, cortando y degollando a todos los que se le acercaban y manchando todo de su azulada sangre. Aunque cada vez eran más en número y tamaño, además de la cantidad que salía del túnel.
  Número nueve iba mirando de arriba para abajo, observando a Kilian luchar con los seres que emanaban en mayor cantidad del agujero y como perdía terreno. Acercándose más al borde. Sus pensamientos humanos parecieron resurgir momentáneamente de entre todos los datos y no dudaron.
   -Adiós –dijo-. Kilian.
  -¿Qué…? –Miró hacia abajo después de matar a otro engendro-. ¿¡Qué haces!? ¡No! ¡Detente!
  Número nueve había sacado una pequeña daga y cortaba el cable que les unía. No tardó demasiado en lograr su objetivo y caer al vacío mientras se quitaba el casco, sonriéndole y poniendo su mano derecha en el pecho, donde se abrió una ranura para introducir sus dedos y girarla. Poco después las ranuras empezaron a brillar de color verde esmeralda y, en unos segundos, cuando su cuerpo entró por completo en el agujero, haciendo que muchas criaturas fueran a por la presa, un brillo cegador emergió del túnel, haciendo que el resto de criaturas ignoraran a Kilian y fueran allí.
   Una vez entraron todas se escuchó una ensordecedora explosión y la gruta quedó sellada por siempre. Con número nueve dentro, quien se había sacrificado sobrecargando su reactor nuclear para usarse él mismo como detonante.


Espero que os haya gustado y cumpla con vuestras expectativas. Si queréis saber que pasó con Kilian, lo añadiré en la presentación de la entrada del próximo fin de semana. Pero bueno, ya sabéis que tenéis diversas opciones al final de cada entrada, además de ahora poder votar el blog. Así que nos vemos.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Camino al infierno

¡Buenas tardes queridos lectores! ¿Todo bien? Espero que si. Como dije os haré un pequeño spoiler sobre la serie semanal, pero pequeñito, así que no esperéis demasiado y, por si alguien no quiere leerlo, lo pondré en una letra algo más pequeña y de diferente letra.
Pues bien, en este pequeño avance os digo que se descubrirá más cosas sobre el peliblanco, además del pasado de Matt y su desconocida condición. Sin olvidar que se revelarán ciertas cosillas sobre el porqué de las habilidades y clasificaciones como humanos y no humanos. Pero todo esto lo veréis en ese capítulo, no lo explicaré por aquí. Será la serie quien lo explique.
Bueno, dicho esto, ya lo veréis el próximo miércoles/jueves si no ocurre nada que me impida subir el capítulo (ya sabéis que me excusaría lo antes posible). Y vamos ahora con el relato de hoy.
Es un relato futurista, ciencia ficción, que habla sobre cierto accidente en cierto lugar, cosa que descubriréis al leerlo. Además otras pequeñas cosillas que iréis viendo. Dicho relato tiene una continuación, es decir: lo divido en dos (ya que es bastante largo). Pero la continuación (que es más corta) dependerá de vosotros, los lectores, para variar. Y, por si os interesa, abajo del todo os dejo un pequeño soundtrack con el que hará la lectura... más intensa, emocionante.
Pero no me andaré con más rodeos y ya lo pongo. Espero que os guste.


   Las garras arañaron su armadura, dejando una marca profunda, pero no lo suficiente para dañar al portador, el cual dio una patada a la bestia, lanzándola hacia atrás. Luego dio un rápido corte, partiéndola en dos, y escupió al cadáver.
   Estaba sólo en ese lugar. Todos los demás habían muerto o eso parecía, ya que no obtenía respuesta del otro grupo.
   Miró al frente, viendo como más criaturas se acercaban por el estrecho pasillo, y maldijo el momento en que aceptó la misión.
   Casi todas sus armas de fuego estaban agotadas. Las baterías que tenía no podía malgastarlas, eran su sustento vital para que el corazón siguiera bombeando y su cabeza activa en caso de recibir un golpe fatal. Su cuerpo estaba cansado, pero la adrenalina le mantenía en pie.
   Llevaba horas, días, semanas en ese espantoso lugar. Y, en ese tiempo, solamente había visto como esos seres se iban llevando las vidas de sus compañeros, uno a uno.
   ¿De donde aparecieron? ¿Por qué vinieron? No sabía la respuesta, simplemente sabía lo que las noticias habían dicho antes de ser llamado para la misión: la colonia número 47 había sufrido un ataque desconocido de unos atacantes también desconocidos. Solo hubo un superviviente y, este, tras contar lo sucedido murió la primera noche en que lo hospitalizaron. Dijeron que las pesadillas lo mataron. Pero él sabía que no era así, sino que debió hablar demasiado.
   No dudó y, al primer engendro que se lanzó hacía él, con las garras por delante de sus fauces, le disparó de lleno en el rostro con una de las pocas armas aún con munición. Su cara, si es que se le podía decir así la parte delantera de su mollera, solo constaba de una enorme mandíbula que ocupaba casi toda la pequeña cabeza y unos pequeños orificios que serían sus ojos. Además de que por encima, yendo de allí hasta el final de su abdomen, tenía diversos pinchos, aunque no eran demasiado afilados pues lo comprobó con su equipo al escanear el primero que mataron.
   El animal cayó al suelo, con el cráneo reventado por el laser. “Siempre a la cabeza. En caso de duda, siempre a la cabeza” les habían enseñado y, aunque no siempre funcionara, en esta ocasión no se equivocaron. Solo que a los más grandes había que estallarles también el torso, sino seguían atacando. A ciegas, pero seguían atacando.
   El resto se dirigió hacía su posición, tanto por las paredes como el techo, además del suelo. Eran como unos bichos escurridizos que nunca acabas por exterminar.
   Rápidamente cogió una de las plataformas circulares de su cinto, pulsó el botón del medio, y la lanzó frente a la entrada pentagonal. Nada más tocar el suelo se activó un escudo azulado hasta los límites de los muros. Esos seres no dudaron y siguieron avanzando, lanzándose de lleno a la zona azulada.
   Los primeros la lograron traspasar, pero muertos. Ese muro artificial daba una corriente eléctrica en la parte de quien lo tocara y, como el ser lo traspasó, lo electrocutó entero. Friéndolo vivo.
   El punto negativo es que ese dispositivo absorbía demasiada energía. Y él la necesitaba.
   Pasaron cinco más después del primero. También muertos. Pero el dispositivo empezó a brillar de color rojo, indicándole que empezaría a alimentarse de las baterías del usuario debido a que las del aparato ya se habían vaciado.
   Por eso, él, activó la defensa sólida. Haciendo que la pared eléctrica traspasable se volviera consistente, dejando almacenada allí la electricidad. Haciendo que fuera rompible.
   Las criaturas empezaron a embestir la defensa, llevándose descargas, mientras el pelilargo activaba su espada que constaba con un filo láser. Lo bueno de esas armas es que no gastaban su energía. Por ello tarde o temprano se vería obligado a usarlas. Arriesgándose a recibir más arañazos como el primero que marcó su armadura. Pero estaba preparado.
   Escuchó unas pisadas detrás de él, haciendo que se girara instantáneamente. Pero no por peligro, sino por alegría. Eran pasos de otro de los suyos, algún superviviente del segundo grupo, ya que en la primera bifurcación se vieron obligados a separar el grupo inicial en dos debido a lo amplia que era la colonia.
   En su hombro se podía ver claramente el número nueve, número que tenían los que se encargaban de las armas pesadas y las municiones.
   En su mente agradeció al Todopoderoso que le mandara una ayuda dentro de ese averno.
   El desconocido le saludó alzando la mano y él le señaló con el pulgar la acumulación de criaturas en el pasillo. El otro afirmó con la cabeza rápidamente y no tardó en llegar y poner a punto una ametralladora pesada que empezó a disparar nada más romperse el escudo.
   Los seres cayeron como moscas, reventados por la lluvia de balas que estaban recibiendo. Manchando todo de su sangre azul celeste.
   Los que lograron sobrevivir a tal ataque fueron atravesados por la espada láser.
   -Pensé que todos habían muerto –dijo quien portaba la espada mientras se limpiaba la sangre de su frente.
   -Número siete fue uno de los primeros en caer –dijo con una voz algo metálica, debido al casco que llevaba puesto-, por ello perdimos la comunicación. Yo también pensaba que estaba sólo.
   -Gracias a Dios llegaste a tiempo, no me quedan apenas recursos.
   -Entiendo, luego te suministraré lo que necesites número dos. Ahora debemos asegurar un perímetro y acabar con la misión.
   -Kilian, mi nombre es Kilian –se presentó el experto en lucha-. Estando en este abismo no creo que importen las designaciones. ¿Así que cuál es tu nombre?
   -No estoy autorizado para revelar mi identidad, al igual que tú. Número dos.
   -Llámame Kilian.                                                                                                                   
   -Como quieras, número dos. Si quieres que te apode Kilian, lo haré. Pero no esperes lo mismo de mi parte.
   -En fin… -escupió al suelo-. ¿Cuál es el plan?
   -Tu deber es encargarte de eso. Kilian. Los número dos no solo luchan. También planifican.
   El tipo lo sacaba de quicio, ahora entendía porque le mandó con el otro grupo. Pero aún así le indicó que pusiera cargas explosivas en el pasillo por el que había venido y en el que ahora cruzarían ya que, por lo visto, aunque él fuera el último superviviente no quedaban más bestias de esas en la zona de la que vino. Y, en caso de fallar, esas criaturas no saldrían del lugar accidentado.
   Número nueve obedeció y puso los explosivos, sincronizándolos con las baterías de emergencia aferradas a sus latidos. A los de ambos, por si uno de los dos moría que el otro pudiera escapar y detonarlo desde fuera. Tras eso, Kilian recibió los suministros y se inyectó un energizante en el cuello para recuperar fuerzas ahora que su nivel de adrenalina había disminuido.
   Sin perder más tiempo, se pusieron en marcha. Atravesando ese largo y oscuro pasadizo. Yendo directamente a las fauces de las bestias.



¿Os gustó? Espero que si, tanto como a mi escribirlo. Además de que opino que leerlo con la canción hace que se intensifique la escena, pero eso es a gusto de cada uno. Como el hecho de que a mi muchas veces me gusta escribir escuchando música (mejor soundtracks que canciones, francamente. Aunque desconozca de donde sea dicha música). Así que bueno, ya sabéis; si os gusta podéis votarlo, compartirlo, expresarlo y todo lo que queráis. Y me despediré ya.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!