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domingo, 4 de junio de 2017

Añoro esos días de arena...

Añoro esos días de arena en los que no importaba cuántos granos cayeran, deslizándose por el cristal, hacia abajo, hacia abajo, como gotas en una ventana un día levemente tormentoso, mientras las palabras brotaban de nuestros labios, ardientes, ansiosos, anhelantes de los del otro, en un pequeño abismo de intimidad, de miradas fijas y manos entrelazadas; donde las caricias temían ser las últimas, ser olvidadas.
Añoro las letras, los juegos sin importancia, añoro aquella búsqueda insaciable del afecto, del contacto, del cuerpo ajeno y, con él, de su conocimiento, de su sentimiento, de aquel interior tan recóndito que daba hasta vértigo y miedo; donde el compartir secretos abría puertas de unas corazas oxidadas y viejas, puertas que, cual fortalezas, escondían pequeños brillos, únicos, que desaparecían si se intentaban tocar. Huyendo como esas pupilas que, sin querer ser vistas, buscan las que le son opuestas.
Pues añoro aquel tiempo donde, precisamente éste, era inexistente. Donde los relojes sólo marcaban lugares, donde las agujas sólo puntualizaban el llegar tarde. Donde cualquier número sólo era un dato aparte. Añoro, y con el añorar contemplo un pasado remoto, un pasado lejano, más distanciado que cualquier centelleo de antaño; imposible de alcanzar, imposible de rozar, ni siquiera con las puntas desgastadas de estos dedos agrietados. Ni siquiera con todo el afán de este exhausto imaginario…

domingo, 7 de febrero de 2016

Se desvanece

Perdido en el tiempo de una destructora indiferencia. Aislado en un mundo de libros y letras. Te observo, a lo lejos, partir.
Veo tu sombra apartarse de mi mirada, girar la cabeza entre decidida y asustada, y escucho cómo, en un bello silencio, se parte mi alma. No puedo sostener mi mirada; los ojos caen y las lágrimas me encharcan. ¿Cómo puedo hablar si mi garganta ha sido cortada por unas tajantes y afiladas palabras? ¿Cómo puedo, siquiera, sostener tu presencia si fue creada con simple y vana niebla? Sencillamente, no puedo. Y admitir eso me destroza los dedos, que sangran desde todos sus recovecos. Y busco de nuevo las teclas del recuerdo.
Pues para mí, la belleza reside en el brillo de lo fugaz y una melodía de piano pronta a terminar. Y aquí, como ves, cada vez hay más silenciosa oscuridad. Las estrellas murieron hace ya tiempo, en explosiones de sentimiento, y el cielo se apagó bajo el infinito, aplastado por quimeras impropias de los mitos. Ahora sólo queda el mudo grito de quien escribe, como puede, desgarrándose (y la evidencia de una ausencia implacable). Los pies ya ni siquiera se dignan a levantarse y el agudo suelo se clava en mis carnes; alzo la cabeza en un último intento de verte, pero sólo me queda una mirada triste y un cansancio inagotable, pues tu sombra, a lo lejos, ya se ha vuelto inalcanzable.

martes, 12 de enero de 2016

II

Una silueta entre la bruma. Una silueta que, poco a poco, se desdibuja. Una silueta que, entre esta niebla que nos rodea, parece albergar todo aquello que mi mente desea. Y mi mano se estira hacia ella, mas no logra atraparla en la infinita distancia que nos separa. Y su figura se borra un poco más, como la noche por la mañana, como el sueño con el alba. Y la ilusión desilusionada se dispara, empapando el adoquinado de lágrimas. Lágrimas que caen de un cielo imperceptible; de un cielo tan invisible como mi figura para esa figura que, a lo lejos y poco a poco, se desdibuja entre la bruma.

jueves, 20 de febrero de 2014

Naufragio interno

Como una marea en calma tras la tormenta. Embarcaciones de sensaciones saliendo a flote, indolentes. Náufragos de una desolación emocional que los ha hecho zozobrar, precipitándolos al oscuro fondo de esa mar. Perdiéndose para siempre, ahogándose.
Sobreviven los más fuertes, los más resistentes. Pese a que todo sea escogido por un caprichoso azar. Quien, guerreando contra la fuerza de voluntad, decide a cuáles no salvar. Pues incluso los más arraigados en el interior de su ser, acabaron arriesgándose a desaparecer.
Una bruma de confusión y desorientación. Mezcla de salmuera y atmósfera sin haber ningún punto de unión. Nadando con esfuerzo en ese gélido líquido que conforma el firmamento. Fundado por pequeñas luces de esperanza que brillan a lo lejos. Ajenas de todos esos sentimientos revueltos, tercos y descontentos que se aferran, fatigados, a ese lejano sueño. Imaginando llegar pronto a buen puerto, donde estén seguros y cobijados para despedir a sus viejos compañeros extraviados, a sus antiguos camaradas que ahora surcan los mares de los pasados muertos, formando únicamente parte del recuerdo. Y, pese a lo ocurrido, anhelando reanudar la travesía. Zarpando con una nueva compañía. Volviendo así hacia esa peligrosa mar desconocida, cargada de riquezas vivas que aguardan ser descubiertas… algún día.

domingo, 5 de enero de 2014

Despedida

¡Buenas tardes, queridos lectores! Siento la tardanza del relato de esta semana, pues me encontraba de viaje desde el día 28 hasta ayer, lo que me impidió poder subir nada. Pero eso no impidió que escribiera alguna cosa esos días, por lo que aquí os dejo algo que espero que os guste a pesar de su brevedad.


“Normalmente, cuando visitas a alguien que queda lejos, cuando vas de viaje a ver amistades o conoces a gente nueva con la que congenias, involuntariamente les entregas una parte de tu ser, una parte de tu afecto, una parte de tu cariño que, en la mayoría de los casos, te es devuelto en mayor o menor intensidad. Por ello, cuando toca la hora de despedirse, la hora de decir adiós (que en el fondo es un “hasta pronto” (o eso piensas en tu interior)), te duele. Y no te duele por la persona, no. Te duele por lo que representa para ti, por lo que ese alguien deja de ser (un desconocido, un extraño) y por lo que se convierte (una parte de ti). Es por esa razón que, cuando toca despedirse de quien has convertido en una pieza más de tu ser, duele tanto. A pesar de que, dentro de ti, te alegra el saber que ambos seáis importantes el uno para el otro.”
Leyó la nota susurrando cada palabra, recordando la voz de quien acababa de marcharse al imaginar cómo las pronunciaría. Era un día triste, sí. Llovía y las grises nubes cubrían el cielo. ¿Pero acaso el Sol no estaba tras ellas, brillando y dando calor a pesar de que no se pudiera ver? Fue justamente por esa razón que sonrió levemente a pesar de la tristeza que embriagaba su cuerpo, pues sabía que, como resplandecía ese astro tras los nubarrones, aquella persona también se encontraría ahí a pesar de los acontecimientos que pudieran suceder hasta poder volver a verse


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado pese a su brevedad? Espero que así sea. Además de que ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Ominoso elixir de Ambrosia

¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os traigo un relato diferente a los demás (cosa que notaréis al leerlo) que espero que os guste (y, francamente, se agradecerían los comentarios al respecto de éste). Dicho esto, aquí os dejo con él:


Maldita copa que me aguardas en la lejanía, ya bebí de ti en su día. Dulce sabor y amarga sensación. ¿Por qué me tientas en esta ocasión?
¿No te regodeaste suficiente cuando besé tu frío acero? ¿Por qué pretendes que lo haga de nuevo? Me causaste dolor mas lo escondiste en placer. Un error momentáneo que debería aborrecer.
¿Por qué entonces me siento tan atraído? ¿Qué le has echado esta vez a tu contenido?
No, no lo digas. No picaré. Haré caso omiso de lo que pusieras. No lo probaré.
Evitaré esa tentación que deleita mis sentidos. ¿Mas será empalagoso el líquido que en tu interior has vertido? No debo preguntármelo, seguro que provoca hastío. Se tratará de otro engaño, ¿pretendes poseerme con tu brío?
Pues ahora soy mío. Mío, mío y mío. Yo escojo mi camino, mi destino. Y, ni aunque las fuerzas del azar te pusieran en mitad de éste, yo no me detendría para libarte.
Así que huye, vete, desaparece. Fuera de mi vista, seguiré en mis trece.
Pero ahora me asalta una duda… ¿Y si ya te he consumido sin que mi mente esté segura?


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Qué opináis al respecto del relato y su significado? Ya sabéis que podéis opinar, comentar, compartir y valorar aquí abajo sin ningún tipo de problemas.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!