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sábado, 18 de enero de 2014

¿Reloj de bolsillo o corazón con engranajes?

¡Buenos días, queridos lectores! Siento la demora con el relato de esta semana, pero espero que al menos el que subiré hoy al blog lo compense y os guste tanto como a mí (además de que sería interesante saber las interpretaciones que vosotros le dais al desenlace de la historia). Pero bueno, no os entretengo más y aquí os dejo el escrito:


"¿Reloj de bolsillo o corazón con engranajes?", le preguntaron en su día. ¿Qué respuesta era mejor? ¿Cuál era la solución? ¿Quizá debió escoger el contrario al que eligió finalmente y así ahorrarse el complicarse? Quizá... Quizá..., esa palabra que imagina futuros cambiando un imborrable pasado.
Pero su elección ya fue tomada hace tiempo, sí, mucho tiempo. ¿Por qué lo hizo? Sólo él lo sabe. Sólo él lo sabe. ¿Y si nunca lo comparte? Oh, eso es demasiado cuestionable. Sus labios dictaron sonrientes lo que mandó la mente. Y no erraron. No, no. Para nada fallaron.
¿Qué escogió? Algo que guarda con recelo, oculto. ¿El corazón entonces? Puede. Quién sabe. ¿El reloj? Caliente y frío. Qué juego más divertido, ¿eh? Divertido, divertido. Divertida le resultó su resolución. Quería ambas opciones y ninguna al mismo tiempo, al mismo momento. Tiempo y momento... ¿Eso no lo tenía que controlar el reloj? ¿Acaso ese no era su trabajo? ¡Pues no! Los relojes simplemente fueron ese invento que demostró la impotencia del ser humano. Sí, demostró su impotencia por intentar dominar algo que se escapaba de sus manos. Pues, ¿qué poder sobre el tiempo le da al hombre poseer semejante instrumento? Lo único que consigue es someterse bajo sus mandamientos.
¿Entonces rechazó el reloj, ese invento profano? ¡Para nada! O sí, quizá lo rehusó de él mandándolo a un lugar recóndito. "¿Qué escogió?", ¿preguntas? ¿Todavía no te has hecho a una idea sobre lo que ideó? Pues bien sencillo: simplemente puso un cronómetro a su corazón.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Ya sabéis que podéis compartir, opinar, valorar y comentar aquí abajo sin ningún tipo de problema y me entra curiosidad por las interpretaciones que le podáis dar.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 10 de diciembre de 2013

No, no la había.

¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os trago otro relato con una banda sonora incluida (pues hacía tiempo que no ponía ninguna entrada así) a pesar de que quizá se termine de leer el relato antes de que acabe la música. Aun así, espero que disfrutéis de la lectura.


“Miraste sus rostros, observaste sus ojos y viste la desgracia que sus miradas transmitían. Entonces, ¿por qué lo hiciste?”, se repetía una y otra vez las palabras que le dijeron en su día. Cada noche, cada día, en cada momento, despierto o dormido. Siempre, siempre se repetían esas palabras. Persiguiéndole hasta los confines más recónditos de su cabeza. Por mucho que intentara esconderlas. Y siempre contestaba de la misma manera, intentando justificarse alegando “no había alternativa”.

Él no quería hacerlo. Él no quiso tener que llegar a ese punto. Pero a veces no somos dueños de nuestros actos, sino simples marionetas del azar y del destino que nos utilizan a su gusto, como meros juguetes, para que cumplamos ciertos objetivos que nos son desconocidos.
¿Por qué lo hizo? Él también se lo preguntaba. Una y otra vez. Era por ello que la cuestión nunca abandonaba su mente. Pues la consciencia le torturaba, haciéndole padecer una muerte en vida que ni él mismo hubiera imaginado. ¿No era entonces eso suficiente castigo por sus actos? ¿No lo estaba pagando ya? ¿Por qué tenían que atormentarle más?

Y lo que en un día fueron miradas de orgullo, ahora lo eran de desprecio. Lo que en un día fueron halagos, ahora eran insultos y silencios. Lo que en un día fue, ahora se había convertido en unas cenizas que nadie querría ser.

Pues siempre hay una alternativa, le llegaron a decir. “Claro, siempre hay una alternativa a todo para quienes no se ven involucrados”, quería contestar. Pero su voz había pasado a formar parte del olvido. Y todo lo que dijera pasaría a ser erróneo.
Entonces, ¿cómo hablar sin palabras? ¿Cómo decir nada sin voz ni voto? Simplemente le era imposible.
Por lo que tenía que callar, guardando silencio mientras en su cabeza le atormentaba la misma pregunta y otra vez: ¿por qué lo hizo? ¿De verdad no había alternativa?
Y él se contestaba sin dudar: no, no la había.




¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y ya sabéis que podéis comentar, compartir, opinar y valorar aquí abajo, incluso proponer alguna cosa sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!