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sábado, 2 de julio de 2016

XV

Caricias en una piel muerta que no va a volver, las manos se marchitan como las últimas flores que resistieron la tempestad del invierno. Las hojas caen por unas mejillas pálidas como aquellas plumas de aves extraviadas que alzaron el vuelo y huyeron hace tiempo, las gotas del viento golpearon el silencio y quebrantaron el hueso, hueco de tuétano.
La lluvia no se ha ido, pero tampoco es capaz de mojar. Los truenos persisten en la lejanía, en el eco de una cueva sin final, donde ningún relámpago es capaz de alumbrar, y los ojos confunden la profunda pupila con la realidad.
Una húmeda lágrima roza el oscuro cansancio de una mirada perdida en el abismo de su propio reflejo, en un espejo fragmentado que estalló bajo la presión de unas yemas titubeantes. Vidriosos ojos multiplicados y cristalinas lágrimas que se dividen incrementan la fatiga que allí reside. El suspiro no producido ahoga el gemido en un cuello de cuerdas mustias, incapaces de sonar ante un pensamiento acribillante de voces que chillan mudas, y las manos se cierran en un vano intento de aferrar aquello fugaz, de guardar, por unos instantes, un brillo que se desvanece en sus propias palmas.
El roce de los dedos por un cuerpo extraño pero conocido, envuelto en memoria, no ha sido capaz de soñar la realidad y sus puntas se desgastan. Como el sentimiento que guardan. Gotean sensaciones perdidas en fantasías irreales incapaces de cumplirse y la ilusión se consume en su propio anhelo zozobrante. Ya no hay nada más que caricias incapaces, falsos dedos amantes que luchan por alzarse sin poder moverse, y el murmullo ululante de quien padece temporales más allá de los nubarrones inamovibles.
Las manos despojadas de carne y pétalos caen enterradas bajo el fangoso suelo y, sepultadas por el propio desconsuelo, se tornan olvido en su ahora inherente abatimiento.

lunes, 1 de julio de 2013

Gisel

Buenas noches, queridos lectores. Esta semana he estado fuera y no recuerdo si lo comenté. En caso de no haberlo hecho, pido disculpas, pues me fui creyendo tener Internet en el hotel y al final resultó que no había wifi ni nada, así que no pude subir nada. Aún así, os dejo hoy con un relato que me inspiró una niñita a la que vi jugar en un parque mientras cenaba. Espero que os guste y disfrutéis con la lectura.


Sus manitas apartaron las hojas que tenía enfrente. Abrió bien los ojos y la ilusión se apoderó de su rostro.
Su mirada estaba clavada enfrente, hacia el majestuoso bosque que se expandía ante ella y, antes de que nadie le pudiera decir nada, echó a correr.
El verde invadía el lugar con cierto tinte marrón en algún que otro sitio. Pero sus inocentes ojos veían más allá de eso. Veían como la luz se filtraba entre las hojas, como las sombras tomaban espléndidas formas, como todo cobraba vida a su alrededor.
Y entonces lo vio. Vio el enorme árbol que se alzaba en el centro. Y no dudó ni un instante, pues ya estaba empezando a trepar por sus ramas. Yendo arriba, hasta la copa. Desde donde pudo observar como la arboleda se extendía hasta límites insospechados.
Un pequeño pájaro se posó en la rama en la cual ella estaba sentada y, curiosa, se acercó a él. Pero éste alzó el vuelo y ella lo intentó coger. Fallando y precipitándose abajo mientras soltaba un gritito de terror.
Alguien lo escuchó y se levantó de la silla en la que estaba.
La buscó con la mirada pero no la encontró. Luego observó la floresta y lo comprendió y, mientras el pequeño gritito seguía sonando en su cabeza, corrió hacia donde creía que provenía.
No tardó en llegar. Y justo en el momento adecuado, pues la niña cayó entre sus brazos.
La madre, preocupada y enfadada, la miró dispuesta a regañarla. Pero ella sonrió y la miró con sus pequeños e inocentes ojos mientras esbozaba una sonrisa. Haciendo que cualquier enfado de su madre desapareciera de inmediato.
Provocándole también una sonrisa e incitándola a subir con ella.


Bueno, ¿qué os parece? Espero que os haya gustado y, además, para quien le guste leer relatos con algún Soundtrack de fondo creo que hay bastantes que encajarían a la perfección para este relato.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!