Mostrando entradas con la etiqueta comprensión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comprensión. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de enero de 2015

Abismo

Cierras los ojos, recorriendo las callejuelas que en tu interior albergas, escuchando cómo los adoquines resuenan bajo las pisadas de tus botas viejas, cada vez más rápidas, cada vez más pesadas, como si buscasen, como si persiguieran, como si fueran éstas las que están siendo acorraladas. Pero no hay nada más que una baja niebla, una fantasmagórica tiniebla que difumina todo lo que se encuentra más allá de dos palmos y deforma los gigantescos edificios de piedra que se funden en la negra bóveda, tornada noche sin estrellas.
Tus pupilas recorren raudas cada pasillo, cada callejón, y una risa resuena a lo lejos a pesar de parecer provenir de tu interior. Como un eco incesante que retumba entre los muros para clavarse en tus oídos, los cuales sangran una tinta oscura y pegajosa que delinean las grietas de tus huellas, impregnadas en las frías farolas polvorientas. ¿Será tu cordura machacada y licuada?, piensas, pero tu respiración aumenta y sabes que debes correr; no puede atraparte aquella risotada que te hace enloquecer.
Los charcos, medio congelados, se rompen bajo tu peso, como finos vidrios, como espejos maldecidos que reflejan tu figura en mil trayectos y posturas, según caen de nuevo al suelo y son salpicados por su esencia translúcida y líquida, que recorre su superficie como las cálidas lágrimas lo hacen en tus mejillas. Las risas se detuvieron hace tiempo, pero desconfías de aquel paraje que, por mucho que avances, gires o camines, permanece inmutable. Pues incluso tus dedos impresos siguen en los mismos puntos, iluminados bajo las blanquecinas luces parpadeantes de aquellos faroles mugrientos.
Y sólo ves una solución.
Tus párpados son separados por tus propios dedos. La confusión del momento te aturde de nuevo. Y exhalas grandes bocanadas de aire para recobrar el aliento. Pero todo está oscuro, sombrío, apagado, como si te encontrases detenido en la caída de un abismo. Como si esto fuera el delirio y lo anterior la realidad, aunque ambos lugares se vean cargados por la falsedad, una quimera de apariencia tan verdadera como el mordisco que te acabas de proporcionar en tu palma sangrienta.
Aprietas el puño, la sangre gotea. Te levantas del camastro, éste desaparece y la pesadilla te rodea. ¿Qué es real?, te preguntas, ¿qué es ficción?, gritas en tu mente. Y notas cómo tu pecho se oprime. Tu corazón, bombeante y latente, que ignorabas por completo que siguiera ahí presente, empieza a doler, retorciéndose como un nudo en las manos de un marinero. Y entonces comprendes.
Los demonios y monstruos que no son otra cosa que tus pensamientos macabros encerrados en un tarro rojo, escupen su bilis mientras lo arañan para intentar escapar, para intentar perforar tu torso mientras éste se desangra y despedaza. Y los cuervos que graznan y picotean desde el interior de tu cabeza, no quieren otra cosa que abrir una brecha por la cual salir chillando en una nube de plumas negras. Las heridas internas no sanan y sólo derraman más sangre y lágrimas, gritos ahogados en sogas falsas de las cuales penden cadáveres vivientes, todavía calientes a pesar de estar rellenos de un vacío congelante. Y las rodillas ceden ante la inmensa oscuridad, postrándose ante ella, desesperadas, aunque sea ésta la que las acune y envuelva como si fuera un manto envejecido por el tiempo, a pesar de no tener ningún desmejoramiento ni ninguna intención de atenuar tu sufrimiento, haciendo inútiles todos tus intentos de enfrentamiento.
Y abres un ojo y cierras el otro; uno lleno de oscuridad y el otro de calles lóbregas, ambos ciegos y ambos videntes, pero ninguno de ellos cuerdo lo suficiente.

miércoles, 16 de enero de 2013

Amor

¡Buenas tardes queridos lectores! Como prometí, traigo un relato esta semana y el fin de semana continuaré con la serie semanal (espero no defraudaros). Aún así, como ya dije, los relatos sueltos los iría colgando cuando encontrara un hueco de lunes a viernes, sin día fijo para ponerlo, así si me venía la "inspiración" en algún momento y el relato me gustaba, quizá os lo enseñaba tal cual.
Pero yendo al relato, en este el título seguramente no se asemejará demasiado al contenido que estarías pensando al leerlo, si alguien tenía una ligera idea, me sorprendería en parte, pero tampoco es muy complicado. Aunque mejor no digo nada más y dejo que juzguéis vosotros mismos al leer este relato breve el cual decidí no retocar apenas nada (solo corregir) después de escribirlo (hace relativamente poco). Espero que os guste.


   Las guerras terminaron, las peleas cesaron, las disputas se solucionaron. En esos momentos, el odio y la muerte por parte del hombre para los hombres terminó. En esos momentos, la comprensión y la estima afloró, dejándose ver para todos los hombres que no habían visto la luz hasta ese día.
   Lástima que eso solo sucediera cuando los días de su reinado fueran a terminar finalmente, pues el gigantesco astro que se precipitaba hacía su mundo era imparable.
  Lástima que, el sentimiento más sincero y al mismo tiempo más oculto del hombre, solo surgiera en los momentos de desesperación. Cuando ya estaba todo perdido.
  Pues, si dicho sentimiento de colaboración y prosperidad guiada por la estima colectiva hubiera brotado antes de sus corazones, quizá ese fatídico día hubiera podido ser evitado. Quizá, ese fatídico día pudiera ser arreglado. Quizá.
   Pero ese quizá nunca llegó y su gloriosa era acabó.


Bueno, espero que os haya gustado a pesar de su brevedad y, como dije, ando mirando un poco el retoque del estilo de los relatos y tal, aunque me gusta demasiado el tipo de letra Georgia en cursiva. Así que por ahora, de aquí en adelante, lo que haré será poner de otro color lo que sea el relato.
Volviendo al escrito, ¿os esperabais que fuera de este estilo? Espero poder pillaros de improvisto, pues no sabía muy bien que título ponerle al relato.
Y creo que quizá últimamente escribo sobre hechos catastróficos y demás, eso puede a deberse a que ando en mitad de la escritura de leyendas, sucesos, profecías y demás para una novela fantástica-medieval (por ejemplo, el relato de Guerra o el cuento de Pequeña estrella tendrían influencia o formarían parte de ese mundo que estoy construyendo a base de líneas y líneas de palabras, pues no es lo mismo que esté en mi cabeza que transmitirlo en el texto y, espero, que en esos dos ejemplos os guste lo que hayáis visto por ahora).
Aunque bueno, creo que ya me estoy alargando un poquitín y estoy indagando sobre un proyecto futuro que de momento está bastante lejos de terminarse, así que me despido ya, diciendo que nos veremos este fin de semana con un nuevo capítulo de Un bar cualquiera y me voy que tengo todavía muchos quehaceres.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!


Edit: Quise modificar lo de las reacciones, conseguí poner 5 y que se vieran bien sin cortarse. ¿El precio? Se han perdido casi todas los votos (excepto los de "divertido", que al ser el primero no lo toqué y quizá por ello no se han perdido). Así que francamente, no sé si he pagado un precio bastante alto con tal de solucionar el problema... Así que agradecería si pudierais volver a hacer vuestras pequeñas contribuciones en las Reacciones otra vez, os lo agradecería muchísimo..

domingo, 11 de noviembre de 2012

Y todo acabó

¡Buenas noches estimados lectores! ¿Pensabais que os ibais a quedar sin relato de fin de semana? Pues no, quizá algo tarde, pero dicen que lo bueno se hace esperar.
Me he dado cuenta que la ranura de "Melancólico" de reacciones ha quedado tapado por el dichoso "twittear". Esta semana que viene intentaré ir mirando como solucionar el problema.
Bien, bien, voy a empezar diciendo que el retraso tiene justificación: ando con la corrección y revisión final de la primera parte de una saga que ando haciendo. Por eso ando algo liadillo. Pero no os diré más detalles hasta llegada la estrena o este apunto de llegar.Así que bueno, centrémonos en el relato que hoy os traigo recién sacado del horno de mi inspiración (si, lo acabo de escribir para vosotros, estimados lectores. Me sentía inspirado.)
Es un relato breve, podría decirse que una historieta élfica, todo y que no lo es del todo. Una vez leído comprenderéis a que me refiero.
Esta recién sacado de mi cabeza mientras escuchaba algunas canciones que uso a veces para escribir. En este caso usé la de "After the Fall" de "Two Steps From Hell" (debajo del relato os dejaré el vídeo de Youtube, para quien la quiera escuchar mientras se lee el relato, cosa que recomiendo.)
Así que a continuación os dejo el relato, disfrutadlo:


Una guerra terminada. Unos bandidos asaltando uno de sus pelotones. Unos guerreros cansados luchando por sus vidas. Un arquero apuntando desde la copa del árbol. Una flecha con mi nombre grabado en su punta. Un disparo certero. Un golpe mortal.
Había servido a mi rey durante todos estos años de vida. Le había sido tan fiel como a mi esposa, quien me esperaba en casa. Había luchado por su gloria y honor para extender su reino al largo del continente. Para garantizar la protección del reino y de mi familia de otros agresores. Pero ya había vivido mucho y la dama negra pareció darse cuenta. Por ello grabó mi nombre en esa flecha del arquero más torpe de esa escuadrilla de bandoleros.
Desdichada mi fortuna en ese instante. Pero benevolente en los instantes pasados, donde la gloria y el honor me sobraba por tantas arduas victorias.
Vi al arquero. Un muchachuelo joven, de cabellera rubia, algo oscura, y tez muy pálida. Ojos grandes, como los de un niño, y pecas en sus mejillas. Orejas puntiagudas. Un Et’inei en la vieja lengua. Un elfo común en la vulgar, la lengua humana.
Seguramente sería un ladronzuelo que se vio obligado a unirse a ese grupillo para tener algo que llevarse a la boca. Lo vi un momento y lo comprendí. Él también me vio y me entendió. Ambos supimos que luchábamos por unas causas justas. Ambos luchábamos por poder volver a casa, con nuestros seres queridos y que la guerra dejara de amenazar nuestro porvenir.
Saltó, hacia mí, intentando coger la flecha al vuelo. Pero no llegó y cayó al suelo de bruces. Como yo de mi montura. Se levantó como pudo, mientras yo le observaba desde el suelo y mis compañeros, ignorándome, seguían enfrascados en la lucha.
Vino arrastrándose hacia mí y me envolvió en sus brazos. Era joven, sí. Pero sólo de rostro. Debería tener la misma edad que yo. Me miró y me habló en la vieja lengua. No lo comprendí. Él lo entendió y, como pudo, tradujo unas disculpas.
–Yo… Siento –dijo.
Sonreí y cerré los ojos, lentamente. Él me abrazó con más fuerza mientras repetía sus palabras, entrecortadas. Lloraba. Lloraba por un desconocido. Y yo sonreía. Sonreía por un desconocido. Y, mientras veía que mi vida se escapaba con mis últimos alientos, él puso su cabeza en mi pecho herido, mezclando sus preciadas lágrimas con mi sangre.
Quién adivinaría que, después de todo este tiempo batallando, no llegué a comprender a mis enemigos hasta que, uno de ellos, me abatió sin desearlo realmente. Y que el mismo que me abatió me comprendió. Nos comprendió a todos.



Bueno, ¿les gustó? Espero y deseo que si. Ya sabéis de sobra que podéis votarlo, comentarlo y demás en todas las opciones que tenéis al final de cada entrada. Pero bueno, esto es todo por ahora, intentaré arreglar lo de "melancólico" de las reacciones y a ver si sale todo bien. Así que me despido ya hasta la siguiente entrada que narrará la continuación de Un bar cualquiera, formando así la tercera parte de la serie.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!