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domingo, 5 de enero de 2014

Despedida

¡Buenas tardes, queridos lectores! Siento la tardanza del relato de esta semana, pues me encontraba de viaje desde el día 28 hasta ayer, lo que me impidió poder subir nada. Pero eso no impidió que escribiera alguna cosa esos días, por lo que aquí os dejo algo que espero que os guste a pesar de su brevedad.


“Normalmente, cuando visitas a alguien que queda lejos, cuando vas de viaje a ver amistades o conoces a gente nueva con la que congenias, involuntariamente les entregas una parte de tu ser, una parte de tu afecto, una parte de tu cariño que, en la mayoría de los casos, te es devuelto en mayor o menor intensidad. Por ello, cuando toca la hora de despedirse, la hora de decir adiós (que en el fondo es un “hasta pronto” (o eso piensas en tu interior)), te duele. Y no te duele por la persona, no. Te duele por lo que representa para ti, por lo que ese alguien deja de ser (un desconocido, un extraño) y por lo que se convierte (una parte de ti). Es por esa razón que, cuando toca despedirse de quien has convertido en una pieza más de tu ser, duele tanto. A pesar de que, dentro de ti, te alegra el saber que ambos seáis importantes el uno para el otro.”
Leyó la nota susurrando cada palabra, recordando la voz de quien acababa de marcharse al imaginar cómo las pronunciaría. Era un día triste, sí. Llovía y las grises nubes cubrían el cielo. ¿Pero acaso el Sol no estaba tras ellas, brillando y dando calor a pesar de que no se pudiera ver? Fue justamente por esa razón que sonrió levemente a pesar de la tristeza que embriagaba su cuerpo, pues sabía que, como resplandecía ese astro tras los nubarrones, aquella persona también se encontraría ahí a pesar de los acontecimientos que pudieran suceder hasta poder volver a verse


Bueno, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado pese a su brevedad? Espero que así sea. Además de que ya sabéis que podéis comentar, valorar, opinar, compartir y demás aquí abajo sin ningún tipo de problema.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!

martes, 17 de septiembre de 2013

El escritor

¡Buenas tardes, queridos lectores! Hoy os traigo dos cosas nuevas: el relato presentado, es algo que me surgió hará unas pocas noches, espontáneo, sintiendo unas ganas de escribir que me podían y, al no poder satisfacerlas, sentí enfado hacía lo que provocaba la escritura en mí y lo expresé. Lo expresé de manera literaria en estas palabras que leeréis a continuación.
Y, la segunda cosa, es que quería grabar algunos relatos míos, interpretarlos incluso si me era posible, pero no tuve ocasión en verano. Aunque, para este relato, necesitaba hacerlo. Y lo hice. Así que, abajo del escrito, podréis encontrar un vídeo donde me grabo relatándolo (y espero que os guste la verdad). Dicho esto, os dejo el escrito, para que lo podáis leer recordando que pretende tener un toque de intensidad.


_____ noche_. No, no son malas. Ni son buenas. Ni son peculiares. Ni son normales. Ni siquiera son plurales. Es sólo eso, una noche.

Dio un largo sorbo a su taza. Era bien entrada la noche. Y ahí estaba, frente al escritorio con su vieja máquina de escribir y una hoja en blanco.
¿Qué iba a teclear a esas horas? ¿Qué merecía realmente la pena para que estuviera despierto? ¿Acaso esa hoja importaba más que el sueño?
“Eres un simple papel”, pensó. “Y si no fuera por mí, ni siquiera tendrías vida. ¿Entonces por qué yo, el escritor, soy esclavo del folio?”
Miró la hoja con desprecio. Él le daba la vida y ella lo esclavizaba. ¿Qué diablos quería? Él era su creador, debería hacer su voluntad. Y aún así, eran las letras. Las palabras, surgiendo desde su misma sangre, que manifestaban su deseo de vivir a través de sus dedos.
“¡Dejadme!”, gritaba en su mente. “¡Dejadme en paz!”. Pero él no deseaba eso. Las amaba. Eran su vida, su droga. El único lugar que le entendía.
¿Por qué escribía entonces? ¿Necesidad? ¿Esclavitud? ¿Busca de comprensión? No. Escribía para dar vida a mundos más allá de la realidad.
Escribía jugando a ser Dios.
Un Dios esclavo de su creación.
Y como esclavo, hacía la voluntad de alguien. Que era la tinta y el papel. Quienes le daban total libertad de crear, siempre que los usase.
Y así, el escritor, Dios de miles de mundos, pasó a ser el esclavo de algo tan simple como la hoja y la pluma.


Vídeo: El escritor

¿Qué os parece? ¿Y el vídeo relatado? Bueno, espero que os haya gustado y ya sabéis de más que podéis valorar, comentar, opinar, compartir y demás aquí abajo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima!