El corazón tiembla ante la verdad: no puede más, no
puede más. El dolor que lo agujerea, lo desangra hasta el final. Toda emoción,
toda lucha, toda intención, es vana esperanza que perfora su interior. Ahogado,
en sangre, su propia sangre, suplica piedad. Y no hay nadie que se digne a
quererle, ni siquiera a escuchar.
domingo, 21 de mayo de 2017
domingo, 26 de marzo de 2017
Sin título – XVIII
Generaba podredumbre allí donde tocaba, con sus yemas, infectas,
convirtiendo toda caricia en martirio, en tortura, incluso para su piel,
ponzoñosa, que gritaba con alaridos de ardor frente a sus dedos virulentos.
No fue de extrañar, pues, que si toda flor arrancada de su tierra
nativa terminaba marchita entre sus palmas nocivas, antes de convertirse en
grisácea ceniza, todo buen sentimiento que quisiera rozar acabase escupiendo
bilis infesta y purulencia tóxica, corrompido por esa carroña viva indigna de
todo lo que pudiera generarle, aunque fuera por unos breves instantes,
cualquier tipo de dicha o cosa saludable.
viernes, 17 de marzo de 2017
Sin título
Quiero escribirte esta noche, tranquila, paciente, mientras los astros
tiemblan, parpadeantes, en la oscuridad lejana. Quiero recorrer con mis dedos
ficticios acabados en grafito tu blanca espalda, manchándola tenuemente de
palabras dibujadas que signifiquen todo y al mismo tiempo nada.
Quiero poder besar, sin temer al porvenir, el alba que asoma entre la
comisura de tus dedos, en el precipicio de la caricia y el deseo, mientras tus
ojos se clavan, tiernamente, en mi cuerpo y la sombra que compone su forma en
medio de esta nocturnidad de eterna apariencia.
Pues si eso ocurriera, bien sé que la calma vendría, sin necesidad de
tormenta. Vendría, lo sé, por mucho que gritasen los cristales exteriores,
azotados por gotas y vendavales. Lo sé.
Y sería una calma tan dichosa como el extravío en la pupila confundida
con la silueta del párpado fundido con el resto de la habitación. Digna del
merecido reposo que tanto anhela este mecanismo incansable que suelen llamar “corazón”.
Pues la pequeña explosión insonora, indolora, haría que pudiera
descansar, al fin, en el pecho ajeno y su reconfortante calor. Mientras las
palabras se funden, poco a poco, con el anochecer y su borroso sueño.
(En teoría no debería alargarse más del minuto 1:15
para tener leído el relato.)
viernes, 10 de marzo de 2017
Efialtes es una rosa en llamas (detenida en el tiempo)
Efialtes es una rosa en llamas detenida en el tiempo, ardiendo, sin
cesar, en perenne destrucción, mientras la belleza, aún no ceniza, centellea
junto al resplandor de la flama.
Belleza es aquello que no se acapara, que se escapa, que se filtra
entre los dedos de la vista y el alma, rozando, con caricias, aquello que
impregna, sin ser nunca apresada, ni siquiera en palabra.
Palabra es lo huidizo, rosa de instante, instante que roza, que busca
una imagen exacta en la inexactitud de la contradictoria fantasía, ajena,
mientras la fotografía mental de quien la graba se difumina… y estalla, en
letras igualmente grabadas.
Caricia de alma, de alma acariciada, Efialtes no vive ni muere, pero
tampoco ama, la inmortalidad la llama y la noche, oscuridad difamada, se posa
en la tinta de quien la define pero no habla.
Efialtes es una rosa en llamas detenida en el tiempo, ardiendo, sin
cesar, en perenne destrucción, mientras la belleza, aún no ceniza, centellea
junto a su resplandor.
Es ojos, es manos, es caricia de ébano blanco, que susurra en silencio
marmóreo y observa con los párpados cerrados.
Es sensación de sentimiento no encontrado, de vocablo perdido,
extraviado, de mente difusa en paradojas mudas, que languidecen y contemplan el
aire de un porvenir inminente por no llegar, mientras la yema de la caricia no
encuentra qué acariciar y la entelequia provoca la añoranza.
Ilusión de ilusión, ilusión sin ilusionismo, delirio mimético que
resbala en quimeras de largas zarpas, rotas, limitadas y limadas, Efialtes
escribe, pero no habla, queda cautivada en un cielo de escarcha, en el frío de
un témpano de ese tiempo que no avanza; paralizada, paralizada, en una estación
abandonada.
Efialtes es una rosa en llamas que estalla, en pétalo y flama, y la
dimensión exagerada la atrapa en una
precipitada congelación fotográfica.
miércoles, 1 de marzo de 2017
Estado anímico
El cristal se despedaza bajo mis pies y el suelo, invisiblemente
fragmentado, se agrieta y extiende por una superficie infinita pronta a estallar
y a permitir una caída colosal. Los sueños, las pequeñas fuerzas esperanzadoras
que sostenían aquel parqué invisible, cedieron y suspiraron “¿Para qué?”
mientras su techo temblaba, aterrado, atentando en caer sobre sus indefensos
cráneos, para partirlos, sin ruido ni grito alguno. Sin más suspiro que el mudo
sonido de mi garganta antes de cortarse, inevitablemente, con algún trozo de
cristal y caer al abismo inerte de profundidad.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Y yo le hago caso.
La búsqueda de la libertad comienza al final de esta botella, me digo,
con credulidad. Y es entonces cuando la apuro, cuando la observo, cuando el
contenido, ya vertido desde hace largos minutos, me susurra por el cuerpo que
quizá su prisión no sea la adecuada, que quizá debiera buscar en otra celda,
liberar otra tapa, y meter su líquido por la ya ardiente garganta, insensible
al escozor.
jueves, 16 de febrero de 2017
Temores
I
Temo afirmar quererte por si te desvaneces. Temo afirmar quererte por
si no es lo que tú quieres. Temo afirmar cualquier cosa que pueda ahuyentar tu
persona, hacerla correr lejos de mí, huyendo de
todo lo que pueda representar el hecho de que, precisamente yo, pueda sentir
algo hacia ti. Temo, y temo el temor que me produce este sentimiento. Pues no
hay otra sensación que, ahora mismo, provoque tales escalofríos sobre mi
cuerpo.
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