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domingo, 7 de agosto de 2016

Hipocresía marchita

Hipocresía marchita que resaltas en tus oros, que en tus grietas y deploros destapas tu verdad, no eres capaz, siquiera, de mentirte a ti misma y pretendes mentir a los demás, creando una falsa esperanza de verdades que nunca más se sostendrán.
Hipocresía marchita que te desmoronas con la brisa, rompiéndote en mil pedazos formados de lágrimas que en el pecho ajeno anidan. ¿Cómo vas a mantenerte, si ya nada te cree? ¿Cómo vas a disfrazarte, si el ácido de tus palabras y apariencias corroyó tu mantel?
Huye, corre, hipócrita máscara que lucha sin armas pero haciendo trampas, que engaña, que miente, que dice y no siente cómo sienta aquello que supuestamente ofrece. Vete, si eres capaz, de allí donde naciste, de donde te formaste, desde la inocencia aparente, destruyendo, arrancando, este suelo firme –que tanto agrietaste–, con esas raíces deformes que se alimentan de podredumbre.
Pues si no lo haces, no habrá otra opción; un hacha, de doloroso doble filo, deberá atravesar ese rudo corazón que se resguarda retorciéndose en un tronco ya roto por tu insaciable escozor.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Necesidades

Necesito besar tu piel, y romperme con cada beso que en mi memoria se grabará a fuego mientras que para tu cuerpo sólo será algo pasajero. Necesito posar mis labios sobre los tuyos y bajar por tu cuello hasta donde la mirada alcanza; yendo por los hombros, con suerte los pechos, y puede que quizá por ese vientre que mis dedos desean acariciar lentamente mientras mis ojos descienden, tan cerrados como en los sueños.
Necesito hundir mis manos en tu carne, agarrarla tan bien como querrían hacer mis dientes, lamer tu excitación palpitante manifestada con una boca que se muerde y unir tu jadeo al mío, con nuestras pupilas observando nuestros mutuos y oscuros vacíos. Pues necesito amarte, aunque tú no lo hagas, y chocar así con la realidad que tus muslos guardan, para perderme al fin en ese mar de suspiros según mi vida se escapa con tu hálito querido.